No banalicemos el sistema de vouchers tan livianamente

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Agustín Etchebarne
Director General en Libertad y Progreso

Economista especializado en Desarrollo Económico, Marketing Estratégico y Mercados Internacionales. Profesor en la Universidad de Belgrano. Miembro de la Red Liberal de América Latina (RELIAL) y Miembro del Instituto de Ética y Economía Política de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. 

INFOBAE En una época donde las campañas electorales reducen ideas profundas a simples eslóganes, resulta crucial fomentar un debate serio en torno a lo que podría convertirse en la piedra angular de una genuina revolución educativa.

Desde el inicio, deseamos enfatizar que no buscamos meramente reformar la administración escolar. Tal como detallé en el artículo en Infobae en junio pasado, nuestra ambición es ofrecer un entorno donde estudiantes y sus familias puedan elegir la mejor opción educativa que se ajuste a sus distintas inteligencias, habilidades e intereses personales. Siguiendo el legado de Sir Ken Robinson, quien argüía que muchos sistemas educativos “matan la creatividad”, abogamos por una transformación radical que fomente el pensamiento crítico, la imaginación, la investigación y la inteligencia emocional. En ese sentido es importante explicar en qué consiste el sistema de lo vouchers, y por qué puede ser un camino para lograr introducir paulatinamente cambios que tiendan a liberar el “genio interior” que tiene cada niño a través de la libertad y la creatividad.

De acuerdo con las pruebas PISA, nuestro país se encuentra en el 10% inferior a nivel mundial

Es crucial entender qué es el sistema de vouchers y cómo puede servir como vía para liberar el “genio interior” que reside en cada niño. Desmitifiquemos primero la idea de que los vouchers significan el fin de las escuelas estatales o que impondrían costos a los padres: esto es un falso dilema diseñado para alarmar a los votantes.

En países como EEUU este sistema se complementa con otras opciones como las cuentas de ahorro educativas (ESA, por sus siglas en inglés), que son cuentas especiales a las que los padres pueden acceder para pagar distintas formas de educación para sus hijos. A diferencia de los vouchers, que son utilizables solo para el pago de la matrícula en una institución educativa, las ESA pueden emplearse para una variedad de gastos educativos, incluyendo material escolar, educación en el hogar, y clases particulares, entre otros.

Estos mecanismos amplían la libertad de elección y mejoran la calidad educativa

Un tercer elemento a considerar son las desgravaciones fiscales (tax credits) para la educación, que permiten que los individuos y empresas deduzcan de sus impuestos las donaciones realizadas a organizaciones sin fines de lucro que otorgan becas educativas. Estas becas luego se otorgan a estudiantes para cubrir el costo de la matrícula en la escuela de su elección, similar al sistema de vouchers. Estos mecanismos amplían la libertad de elección y mejoran la calidad educativa. Además, nivelan el campo de juego para los niños de sectores económicos menos favorecidos.

Cabe reiterar que la educación es, en primera instancia, responsabilidad de las familias, y el Estado debería actuar de manera subsidiaria. En el caso argentino, correspondería a las provincias adoptar este sistema, tal como ha ocurrido en estados de EEUU, como Florida y Wisconsin, donde la implementación de estos mecanismos ha resultado en mejoras significativas en las pruebas PISA. La nación solo puede impulsar e incentivar a las provincias para que empiecen a adoptar este sistema, sería interesante ver provincias como Córdoba, Mendoza o CABA empezar a utilizarlas progresivamente. Pero es interesante que aun siendo apenas un 5% el porcentaje de familias que utilizan el sistema en Florida, la competencia potencial parece tener un efecto beneficioso sobre todo el sistema.

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