Niños inteligentes y felices: otra visión de los vouchers educativos

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Agustín Etchebarne
Director General en Libertad y Progreso

Economista especializado en Desarrollo Económico, Marketing Estratégico y Mercados Internacionales. Profesor en la Universidad de Belgrano. Miembro de la Red Liberal de América Latina (RELIAL) y Miembro del Instituto de Ética y Economía Política de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. 

CLARÍN Al analizar los resultados de PISA y las pruebas Aprender, notamos un marcado declive en la calidad de nuestro sistema educativo. Por eso, durante esta agitada campaña presidencial, damos la bienvenida al debate sobre la implementación de vouchers educativos en Argentina.

La idea de los “vouchers educativos” fue presentada por el premio Nobel, Milton Friedman, en su influyente obra de 1962, “Capitalism and Freedom”. Su objetivo es nivelar las oportunidades. Esto amplía la gama de opciones para las familias de bajos ingresos y, a través de la competencia, mejora la calidad educativa.

No implica la eliminación de la escuela pública ni afecta a las zonas rurales o comunidades pequeñas. Dado el sistema federal de Argentina, la implementación de los vouchers comenzaría en los centros urbanos más grandes, siguiendo el ejemplo de estados como Wisconsin, Arkansas y Florida en EE. UU., donde esta estrategia ha logrado mejoras notables en las pruebas PISA, a pesar de que solo el 5% de las familias los utiliza.

Los vouchers son una parte importante de la reforma educativa, pero se necesita un enfoque más holístico. Los premios Nobel Gary Becker y James J. Heckman promueven la noción de “capital humano”, donde la educación y la capacitación impulsan la productividad y el rendimiento económico.

Heckman, en particular, subraya la inversión temprana desde el nacimiento hasta los cinco años, en familias desfavorecidas, como la manera más efectiva de lograr movilidad social ascendente y equidad de oportunidades.

En la misma línea, el Doctor Monckerberg, de Chile, destaca la importancia crítica de eliminar la desnutrición y fomentar la estimulación temprana durante la “ventana de los 1000 días”, que abarca desde el embarazo hasta los dos años, un período crucial para el desarrollo cerebral.

El objetivo es criar niños saludables, con cerebros estimulados y ricos en conexiones neuronales, preparados para el éxito en la vida adulta. La educación debe desarrollar mentes resilientes y cuerpos saludables, capaces de adaptarse y prosperar en un mundo en constante cambio. Más allá de los logros académicos, la educación debe formar individuos con pensamiento crítico, confianza, creatividad, imaginación, investigación, empatía e inteligencia emocional.

Argentina puede inspirarse en pedagogos como John Locke, María Montessori, Rudolf Steiner, Johan H. Pestalozzi, John Dewey, Jean Piaget, Ken Robinson y Sugata Mitra. También es fundamental aprender de modelos educativos exitosos, como las Sudbury Schools en EE. UU., las escuelas de Reggio Emilia en Italia y sistemas ejemplares como el de Estonia. Debemos considerar la experiencia de Suecia con los vouchers y el éxito educativo de Corea del Sur.

En particular, Finlandia ofrece inspiración al reintroducir el juego y fomentar la curiosidad natural de los niños como parte fundamental del proceso de aprendizaje. Redujeron las horas de clase, ampliaron los recreos y permitieron que los niños diseñen su propio recorrido educativo. Su enfoque destaca la importancia de contar con maestros sobresalientes que actúen como tutores y promuevan el desarrollo integral de los estudiantes..

En última instancia, el debate sobre los vouchers y la educación en Argentina representa una oportunidad para replantear la preparación de nuestras futuras generaciones. Mantener un diálogo abierto y reflexivo, sin llegar a conclusiones definitivas, es esencial para construir un sistema educativo que responda a los desafíos cruciales que enfrenta nuestro país.

Agustín Etchebarne es Director general de la Fundación Libertad y Progreso.

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