“El superávit comercial tiene cierta fragilidad”
LA PRENSA La balanza comercial superavitaria de la Argentina se sostiene sobre los dólares que genera el sector agropecuario. Otros lo secundan, a la distancia. Las variables exógenas, sin embargo, la vuelven frágil, subraya Tomás Amerio, economista de la Fundación Libertad y Progreso.
-Los datos del comercio exterior han sido muy positivos. Sin embargo, la consideración de la Fundación Libertad y Progreso es que existe cierta fragilidad. ¿Por qué?
-Sí, totalmente. Las fragilidades provienen de que crecen en volumen más que en precios los sectores primarios y de combustible, esencialmente hablamos de productos asociados al agro y la minería que tienen un gran componente exógeno. Este componente es muy volátil frente a cambios en los precios y malas cosechas. Es decir, todos factores que la economía no puede controlar de manera endógena, activa.
-¿Cómo observan la tendencia del intercambio comercial?
-El análisis va por el lado de que no es algo negativo tener una estructura productiva de este calibre. De hecho, nosotros observamos que Argentina tiene ventajas comparativas en esos sectores. Por lo tanto es óptimo que el país desarrollo esta estructura productiva. Sin embargo, hay que ponerle matices y mostrar que por su esencia son sensibles a este tipo de fenómenos que no controlamos.
-¿Llama la atención el dato del crecimiento de las exportaciones industriales?
-Lo que llama la atención de las exportaciones industriales es que crecen mucho por el factor precio, es decir lo hicieron un 19,3%. Sin embargo, en cantidades sólo crecieron un 3,7%. Tuvieron un desempeño magro y muy malo en relación a los productos primarios y combustibles, pero se vieron alentados por el factor del precio.
LOS PRECIOS
-¿El escenario de tensión internacional pone en alerta al comercio exterior argentino?
-Cuando hablamos del conflicto en Medio Oriente se abren muchas aristas. Cada vez que se abre un conflicto en un mundo globalizado se generan cuellos de botella. El camino de los insumos que usa la economía se ve afectado. Por otro lado hay un efecto positivo: subieron los precios de los combustibles, que tiene su contracara negativa, el impacto por el lado de la inflación. Es un arma de doble filo. Vemos que hacia futuro el fogonazo inflacionario, igualmente, va a mermar.
-Pese a lo ocurrido en marzo, ¿se retomará la senda del proceso de desinflación?
-Marzo es un mes con alta estacionalidad, encabezado por el sector escolaridad. El inicio del ciclo lectivo siempre trae aparejado el aumento de precios. Luego viene el conflicto en Medio Oriente y, además, teníamos una dinámica donde acumulábamos nueve meses sin bajas en la inflación. Sin embargo, vemos que a partir de abril habrá una caída significativa en la inflación.
-Las importaciones cayeron. ¿Se debe a que la economía no levanta vuelo?
-Las importaciones responden al ciclo económico. Una economía que consume más, importa más. Sin dudas que el frente externo se puede vincular con el interno, y estos meses de contracción en la actividad tuvieron un efecto. A esto hay que añadirle el efecto de los meses estivales, enero y febrero, cuando hay más receso y la demanda de bienes importados baja.
-Crecieron las cifras del desempleo y el trabajo no registrado. ¿Se enciende algún tipo de alarma?
-Estamos viendo una dinámica en la cual desde hace un año el empleo no registrado se ha vuelto más intensivo. No enciende alarmas pero habla de una nueva conformación de la fuerza laboral, de nuevas trayectorias. El empleo no registrado es el más sensible a la pobreza.
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