“El principal riesgo no es económico, es político”
Newsweek Argentina entrevistó a economistas y actores del mercado que analizan el presente y el futuro de la economía argentina. En esta ocasión, Agustín Etchebarne, director general de la Fundación Libertad y Progreso, afirma que el programa económico logró ordenar variables clave como el gasto, la inflación y el frente fiscal, pero advierte que el desafío ahora es consolidar el crecimiento y que el principal riesgo para ese proceso es político.
-¿Cómo describiría el momento actual de la economía argentina y cuáles son las variables clave que explican la situación?
La Argentina está atravesando un programa de estabilización simultáneo con un programa de transformación estructural: un cambio de sistema económico, de un capitalismo de amigos, prebendario, proteccionista, estatista, con impuestos estrafalarios, endeudamiento insostenible crónico e inflacionario, tipo keynesiano; a una sociedad libre, abierta y competitiva; después de una larga decadencia y una crisis final muy profunda que duró 20 años, económica, social y moral.
La Argentina está atravesando un programa de estabilización simultáneo con un programa de transformación estructural
Hoy el cuadro es distinto: el Gobierno federal bajó 25% el gasto público y logró sostener el superávit financiero durante dos años. Al mismo tiempo, la inflación bajó fuerte: de 211% en 2023 a 118% en 2024 y a 32% en 2025. La pobreza cayó de 50% a 31%. Y la deuda sobre PBI bajó al 75%. Sin embargo, en los últimos 8 meses se complicó el programa por las elecciones de mitad de término, que provocaron una fuga del peso que se combatió con fuertes tasas de interés hasta que la reelección de Milei permitió retomar el descenso de las tasas de interés y del riesgo país. La actividad económica empieza a retomar lentamente el sendero de crecimiento que había logrado hasta abril del año pasado.
Entonces, las variables clave han sido la baja del gasto público y el superávit fiscal; además de la recomposición del balance del Banco Central y una paulatina salida ordenada del cepo y normalización cambiaria y monetaria progresivas. Finalmente, eso logrará recuperar la inversión. Yo diría que la economía dejó atrás la fase de emergencia, pero todavía no entró plenamente en una fase de crecimiento sostenido. Estamos atravesando el río.
-La Argentina convive hace décadas con alta inflación. ¿Por qué se convirtió en un problema crónico y qué condiciones estructurales deberían cambiar para resolverlo de manera definitiva?
La inflación argentina no es un fenómeno misterioso. Es la consecuencia de un Estado paquidermo y corrupto que durante décadas gastó sistemáticamente más de lo que la sociedad podía financiar de manera genuina. Cuando no pudo cobrar más impuestos ni conseguir más deuda, recurrió a la emisión y al default. La inflación fue, en el fondo, otra forma de expropiación. Por eso se volvió crónica: porque no era solo un problema monetario, sino institucional, político y moral.
La inflación argentina no es un fenómeno misterioso
Por eso, para resolverla de manera definitiva tenemos que, primero, mantener el equilibrio fiscal permanente. Segundo, eliminar la dominancia fiscal sobre el Banco Central. Tercero, avanzar hacia una moneda sana, con libertad de elección monetaria y sin controles de capital. El cuarto es reconstruir la demanda de activos en pesos sobre bases reales, no forzadas. Y el quinto, quizá el más importante, es cambiar la cultura y la moral política argentina: dejar de creer que el crecimiento nace del gasto público, del proteccionismo o de la manipulación monetaria. La inflación baja de verdad cuando el poder político pierde la capacidad de financiarse destruyendo la moneda.
-¿Cuál cree que es hoy el principal problema de la economía argentina?
Hoy el principal problema sigue siendo la herencia recibida. Pero ya no es igual que dos años atrás: en 2023 el problema era evitar una hiperinflación. Hoy el principal problema es cómo pasar de la estabilización al crecimiento sostenido y terminar el proceso de reformas estructurales.
El principal problema sigue siendo la herencia recibida
Dicho de otro modo: el ajuste macroeconómico era condición necesaria, pero no suficiente. Ahora la cuestión central es remover los obstáculos estructurales que impiden invertir, producir y contratar. Me refiero a la presión impositiva, la rigidez laboral —que se mejoró mucho con la reforma, pero no lo suficiente—, la falta de crédito de largo plazo, la inseguridad jurídica residual, el costo argentino, la baja calidad institucional y la debilidad del capital humano.
Si uno tuviera que resumirlo en una frase, diría: el principal problema de la Argentina hoy es que todavía no ha completado la transformación desde una economía estatista y cerrada hacia una economía normal, abierta, competitiva y confiable.
-¿Cuáles deberían ser las prioridades en las condiciones actuales y qué tan importante es el contexto político en lo económico?
Las prioridades son bastante claras. Primero, mantener el superávit fiscal. Segundo, terminar de sanear el Banco Central y avanzar en la normalización monetaria y cambiaria. Tercero, profundizar la desregulación. Cuarto, bajar impuestos distorsivos a medida que el equilibrio fiscal lo permita. Quinto, encarar reformas de segunda generación: laboral, previsional, tributaria y del Estado. Sexto, todo lo referido al capital humano: eliminar la desnutrición, mejorar la estimulación temprana, la educación y la capacitación.
El contexto político es decisivo
El contexto político es decisivo. La economía no funciona en el vacío. Un programa de estabilización puede arrancar con decisión técnica, pero para sostenerse necesita poder político, apoyo social y credibilidad.
La inversión no depende solo de una planilla de Excel; depende también de si el inversor cree que las reglas van a durar. Argentina ha fracasado muchas veces no por falta de diagnósticos, sino porque a mitad de camino la política abandonó las reformas. Por eso el desafío económico está íntimamente ligado a la gobernabilidad, la capacidad legislativa y la construcción de una mayoría reformista durable. El principal riesgo de la Argentina, como se demostró una vez más entre las elecciones de septiembre y de octubre del año pasado, es el posible regreso del peronismo-kirchnerismo al poder.
-¿Qué sectores pueden convertirse en motores reales de crecimiento en los próximos cinco años? ¿Qué condiciones necesitan para aumentar el potencial?
Argentina tiene varios motores potenciales muy potentes. El primero es energía, especialmente Vaca Muerta, pero también las energías renovables. El segundo es minería, sobre todo litio, cobre, oro y plata. El tercero es agroindustria, que sigue siendo una enorme fuente de productividad, divisas e innovación. El cuarto es economía del conocimiento, donde Argentina tiene capital humano competitivo; pero especialmente la exportación de datos, instalando centros de datos en la Patagonia. Y agregaría turismo, logística, servicios globales y, en algún momento, el más importante será la construcción, cuando bajen fuertemente la inflación y las tasas de interés y tengamos por primera vez crédito hipotecario a tasas muy bajas y plazos muy largos.
Pero ningún sector despega por decreto. Todos necesitan más o menos las mismas condiciones: estabilidad macroeconómica, reglas claras, apertura al comercio, libertad cambiaria, acceso al financiamiento, reducción de impuestos distorsivos, infraestructura y seguridad jurídica. El punto central es este: Argentina no necesita inventar sectores; necesita dejar de ponerles una mochila encima a los sectores que ya son competitivos o podrían serlo muy rápidamente.
-En comparación con otros países de la región y emergentes, ¿Qué está haciendo mejor y qué peor la Argentina?
Hoy Argentina está haciendo mejor que muchos países algo muy importante: está corrigiendo de manera mucho más rápida y frontal los desequilibrios macroeconómicos. Muy pocos gobiernos en la región hicieron un ajuste fiscal de esta magnitud y, al mismo tiempo, lograron desacelerar la inflación tan rápidamente. Según la Fundación Heritage, es el país que más ha mejorado en libertades económicas en todo el mundo en los últimos dos años. Ahí hay un mérito claro del programa actual.
Sin embargo, nos falta mucho para alcanzar a la mayoría de los países emergentes y mucho más para llegar a ser un país desarrollado.
Tenemos menos profundidad financiera, menos crédito, peor historial de cumplimiento, más volatilidad regulatoria, una presión tributaria más distorsiva y un mercado laboral mucho más rígido e informal. Además, partimos de una pobreza y una descapitalización mucho mayores. O sea: en materia de corrección macro estamos mostrando una determinación destacable; en materia institucional todavía estamos muy atrás. Y la convergencia real no se logra solo con ajuste: se logra con instituciones previsibles y acumulación de capital durante muchos años.
-Si proyecta la economía a cinco años, ¿Qué escenario ve como el más probable y qué ve como principal riesgo?
Mi escenario más probable a cinco años es muy favorable. Veo a Javier Milei ganando las elecciones y eso generará un alivio inmenso; el riesgo país se aproximará rápidamente a 300 y progresivamente a 100 puntos básicos, siempre que Argentina sostenga el equilibrio fiscal, termine de liberar el régimen monetario y cambiario y continúe con muchas reformas estructurales.
Mi escenario más probable a cinco años es muy favorable. Veo a Javier Milei ganando las elecciones
Creo que entraremos en un ciclo de crecimiento significativo, con fuerte aumento de inversión, recuperación del salario real, expansión de exportaciones y caída de la pobreza. No me parece descabellado imaginar una Argentina creciendo por encima del promedio regional e incluso de China durante varios años, apoyada en los sectores que mencionamos.
El principal riesgo no es económico; es político: que gane el kirchnerismo, porque se divida el voto de centro-derecha el año próximo. Esto podría ocurrir si se demora el retorno al crecimiento este año. Sin embargo, yo creo que a partir del segundo trimestre, con una muy buena cosecha, vamos a obtener cierto alivio que va a permitir llegar bien a las elecciones del año próximo.
El principal riesgo no es económico; es político
El otro riesgo puede venir por algún cisne negro internacional: que se agrave o se alargue mucho la guerra de Irán o se desplomen las cotizaciones de las acciones vinculadas a la inteligencia artificial en EE. UU.
