El gas verde de Vaca Muerta

LA NACIÓN – Por Emilio Apud, Consejero Académico de LyP¿Cómo? ¿El gas natural que emite CO2 un gas de efecto invernadero es ecológico? A simple vista no, pero lo es. Entonces, de ser así, el título de esta nota necesita ser aclarado, no solo por lo de verde sino también por la referencia a Vaca Muerta. Hay dos conceptos que fundamentan esa aparente contradicción: transición y urgencia, sin los cuales ni el gas es verde ni Vaca Muerta prioritaria.

Empecemos por la transición. La comunidad mundial ha asumido que el C02 es uno de los principales gases de efecto invernadero. Ergo, reduciendo su emisión se mitigaría el fenómeno de calentamiento global que ocurre en nuestro planeta periódicamente desde antes de que existiera el hombre, ahora agravado por su presencia. En las múltiples conferencias ambiéntales, 26 COPs, que se vienen realizando en foros internacionales desde los años 90, sistemáticamente se aborda el problema del cambio climático.

Más allá de la escasa eficacia de esas multitudinarias conferencias, el fenómeno que en realidad está provocando el verdadero cambio en la matriz energética mundial es la presión de la opinión pública sobre los gobiernos y los mercados, exigiéndoles que intervengan en pos de una desaceleración del calentamiento global. Dado que un 80% de la energía se consume en países con sistema democrático, sus gobiernos están obligados a rendir examen periódicamente en elecciones libres y por lo tanto deben atender la voluntad ciudadana. El resto –prácticamente China, principal consumidor de energía del mundo– son totalitarismos donde la opinión pública es solo accesoria.

Pero aunque China, responsable de 30% de la emisión mundial de CO2, actúe con prescindencia de la opinión de sus ciudadanos, no lo puede hacer con el mercado internacional al que abastece. China es una factoría que le vende al mundo productos con elevada huella de carbón, es decir con gran emisión de CO2 durante el proceso productivo, debido a que su principal recurso energético es el carbón. Y esa huella de carbono, presente en el ADN de la mayoría de los productos chinos, significará un obstáculo creciente en su competitividad en los mercados del mundo libre. Ya sea por barreras paraarancelarias o simplemente porque la gente los rechazará por convicciones de tipo ambiental.

Sin embargo, el inexorable proceso global hacia una descarbonización de la atmósfera ya iniciado demandará un tiempo considerable, puesto que significa reemplazar la principal fuente de emisión de CO2, los hidrocarburos, HC, (carbón, petróleo y gas), por fuentes de energía limpias. Es decir, pasar de una matriz con 80 % de HC a otra sin HC y todo con energías eólica, solar, hídrica y nuclear, acompañando la demanda con una creciente electrificación del consumo. Es un proceso que implica desafíos tecnológicos, económicos y político y que requerirá entre 30 y 50 años. Es la transición.

En esa transición energética mundial convivirán dos procesos simultáneos: el de “mitigación” donde se reemplazará el uso remanente del carbón por gas natural y el de “sustitución efectiva” de HC por energías limpias. Mientras, continuarán los avances en investigación y desarrollo de nuevas fuentes de energía aún con limitaciones tecnológicas como la fusión nuclear y el hidrogeno verde, insólitamente puesto en la agenda por nuestro gobierno el año pasado en la COP de Glasgow.

Pero sigamos con el concepto de transición. Si aceptamos que el período de transición será de 40 años y que habrá un decrecimiento lineal de la demanda de HC, la transición requeriría de unos 120 TCF anuales de gas natural para reemplazar al carbón como combustible, ya que emite el doble de CO2. Para tener una idea de magnitud, 120 TCF es equivalente al consumo de gas en la Argentina durante 130 años. Recordemos que, a nivel mundial, el carbón es todavía la principal fuente de energía para múltiples actividades, y el 40% de la producción eléctrica mundial es a base de carbón.

Entonces, en la transición se espera un crecimiento extraordinario de la demanda de gas natural, especialmente en sus primeros 20 o 30 años, ya que con posterioridad el proceso de sustitución por energías limpias hará caer bruscamente la demanda de HC. Y es aquí donde se evidencia el segundo concepto, la urgencia, porque si la Argentina no logra ser competitiva en el mercado mundial del gas natural en su forma de LNG o gas natural licuado antes de 10 años, quedará afuera. De ser así, quedará un remanente desaprovechado de gas, solamente en VM, equivalente a más de tres PBI actuales considerando un precio del gas de USD 4 el MBTU. Aclarados los conceptos de transición y urgencia, resulta entendible la metáfora del gas verde y la prioridad de Vaca Muerta.

El gas natural en la transición reducirá a la mitad la emisión de CO2 producida por el carbón que sustituya, razón por la cual la Comisión Europea en su propuesta de taxonomía incluye al gas como energía verde, es decir que exportando gas haremos un aporte concreto a la reducción de gases de efecto invernadero. En cuanto a VM, su prioridad la establece la urgencia. Es el único yacimiento en condiciones de cumplir los exiguos plazos para entrar con nuestro gas en la transición. Vaca Muerta es el yacimiento de shale gas más importante del país que provee cerca de la mitad del gas que se consume en la Argentina. Representa el 67% del total del shale gas argentino y está ubicado en el corazón de la industria petrolera argentina. Concentra la actividad de las principales compañías del mundo, y la experiencia acumulada en los últimos 10 años en la explotación de shales, de gas y petróleo las hace competitivas a nivel internacional.

Son algunas de las razones por las que considero a VM el yacimiento con posibilidades concretas de incursionar con éxito antes de 10 años en el disputado mercado internacional de LNG, en particular el de China, India y, ahora, tras la invasión rusa a Ucrania, en la Unión Europea que ha tomado conciencia del error de depender en más del 40% del gas de Rusia y necesita con urgencia desarrollar fuentes alternativas de suministro confiables de LNG. La industria está en condiciones de encarar ese proyecto exportador que reducirá la cantidad de HC que inevitablemente quedará bajo tierra si no aprovechamos la oportunidad que nos presenta esa acotada transición energética previa al fin de la era del petróleo.

Pero debemos ser conscientes de que ni la experiencia adquirida en VM ni sus excepcionales condiciones geológicas son suficientes para el proyecto exportador del que hablamos. Un proyecto de esa naturaleza implica decuplicar la producción actual, adecuar la infraestructura y la logística desde Vaca Muerta hasta las plantas de licuefacción en los puertos de transferencia, e incorporar sistemas de comercialización a los que no estamos acostumbrados debido a la falta de mentalidad exportadora que caracterizó siempre a nuestra industria petrolera. Estamos hablado de unos USD 15.000 millones anuales de inversión, a la que nuestro país no tiene acceso en las actuales condiciones.

La actividad petrolera en la Argentina no es ajena a la macroeconomía ni a los avatares de la política. Para funcionar adecuadamente necesita de reglas de juego estables en el largo plazo. En consecuencia, un proyecto exportador del gas de VM a escala internacional como el propuesto es inviable con gobiernos populistas y por ende cortoplacistas, con una economía intervenida y cerrada, y una macro desquiciada por intereses políticos e ideológicos. La urgencia está indicando que el próximo gobierno tendrá la última oportunidad para aprovechar los beneficios de la transición energética.Sería saludable entonces que la oposición que aspire a reemplazar al kirchnerismo en 2023, vaya pensando los cambios de fondo que viabilicen este proyecto exportador con valor agregado y con significativo aporte a la mitigación del calentamiento global. Eso sí, queda muy poco tiempo.

Ingeniero consultor, exsecretario de Energía y Minería, exdirector de YPF

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