El ex ministro de Economía aseguró que "el Gobierno tiene que pensar en medidas alternativas que le permitan ahorrar a la gente", y que debe "reducir el déficit fiscal, que hoy está descontrolado".
El ex ministro de Economía Ricardo López Murphy abogó hoy por subir las tasas de interés para que "la gente ahorre en pesos en vez de en dólares", al tiempo que sostuvo que el gobierno tiene que reducir el "descontrolado" déficit fiscal.
"El Gobierno tiene que pensar en medidas alternativas que le permitan ahorrar a la gente. La opción es subir las tasas de interés y que la gente ahorre en pesos en vez de en dólares", sugirió.
Para López Murphy, "también sería bueno si existiera un depósito ligado al dólar, como el que tienen las cerealeras".
"Hoy el ahorrista teme que le saquen su dinero, que el peso no valga nada, por eso se vuelca al dólar", expresó en un comunicado.
Asimismo, el economista señaló que "el Gobierno tiene que reducir el déficit fiscal, que hoy está descontrolado".
"Esto último es precisamente lo que la Rosada evita hacer, porque considera que puede generar un enfriamiento de la economía. La incertidumbre enfría más la economía que cualquier otra cosa", fundamentó.
López Murphy alegó que "de no haberse implementado nunca el cepo cambiario de Cristina Fernández de Kirchner, (Guillermo) Moreno, (Axel) Kicillof, (Hernán) Lorenzino, (Ricardo) Echegaray y compañía, los problemas hubieran salido a la luz antes y no hubiéramos perdido 25 mil millones de dólares".
*PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA, 28 DE ENERO 2014.Las ideas expresadas en esta nota son de exclusiva responsabilidad del autor.
Si el gobierno canta falta envido con 4 y luego se va al mazo, entonces el blue podemos ir a buscarlo a júpiter...
Los kirchneristas apelan a las teorías conspirativas cuando en realidad vienen de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más.
Con cara desencajada, Kicillof tomó el micrófono el viernes pasado por la mañana y dijo, casi con furia: “los mismos que nos dijeron durante diez años que un dólar valía un peso, son los que ahora nos quieren convencer que ahora vale trece”. Una vez más los kirchneristas apelando a las teorías conspirativas cuando en realidad venían de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más.
En pocos días se fueron y vinieron con el tema de si se prorrogaba el blanqueo. Después, se produjo la gran interna del gabinete para ver si se importaban tomates o no se importaban. Antes se desautorizaron entre ellos por el impuesto a los bienes personales. Y como frutilla del postre, solo unos días antes de anunciar que se iba a permitir a la gente comprar dólares para ahorrar o atesorar habían establecido un máximo de U$S 25 por año para las compras por internet. Aunque a Kicillof no le guste, la realidad es que el precio del dólar no depende únicamente de las variables económicas. La credibilidad que tenga un gobierno, la confianza que genere, también influyen en la cotización de la divisa. Si un gobierno prohíbe comprar más de U$S 25 por año por internet, el mensaje que está mandando es que le queda muy poca pólvora en la santabárbara para aguantar una corrida contra el peso.
Medida tras medida el mismo gobierno fue generando desconfianza en la gente sobre la marcha de la economía y, sobre todo, en el peso. La gente advierte como se derriten los pesos y los inventos del INDEC sobre el IPC ya ni son considerados por la gente, salvo para hacer chistes al respecto.
Desde el primer día de gestión de Néstor Kirchner, se advirtió que esto terminaba mal. Duró mucho porque tuvieron la suerte de la soja y, además, se consumieron todo el stock de capital acumulado (rutas, sistema energético, stock ganadero, etc.) y terminaron de destrozar el patrimonio del BCRA.
¿Por qué se advertía que terminaba mal? Porque además de desatar venganzas y persecuciones, era claro que subordinaban toda la política económica en la búsqueda de poder hegemónico. Crear una borrachera de consumo para, mientras tanto, avasallar todas las instituciones funcionó. Emborracharon a la gente con el consumo de celulares, televisores, electrodomésticos, etc. y mientras tanto nos robaban la república, lo cual implica quedarse sin estado de derecho. Todos sometidos al capricho del mandamás de turno, el sistema ideal para que huyan los capitales.
El problema se presenta ahora que ya no tienen cómo seguir pagando emborrachando a la gente con más consumo. Ahora viene el dólar de cabeza después de la fiesta de la noche anterior.
La estampida del dólar no es otra cosa que la fiebre que refleja la infección. ¿Cuál es la infección? Un gasto público disparado al infinito que hay que financiarlo con emisión monetaria porque ni la salvaje presión tributaria alcanza para cubrir los gastos.
Esa emisión monetaria es la que genera la inflación y hace que la gente huya del peso buscando refugio, entre otras cosas, en el dólar.
Ahora bien, a pesar que CFK negó infinidad de veces que hubiese un cepo, el Jefe de Gabinete y el ministro de Economía anunciaron, a las apuradas y sin muchas precisiones, que la gente podrá volver a comprar dólares para ahorrar o atesorar.
Si uno sigue la evolución de los acontecimientos, puede ver que, casi sorpresivamente Kicillof viajó a París. Volvió con las manos vacías el martes 21 y el miércoles 22 se desataron los demonios en el mercado de cambios. Casi recordando el famoso 6 de febrero de 1989, cuando el BCRA dejó de vender dólares y luego vino la hiperinflación, el miércoles 22 el Central se rindió y dejó subir el dólar oficial, lo cual continuó el jueves y el viernes se frenó por el anuncio mencionado.
Sobre lo que anunciaron caben algunas posibilidades: a) que el gobierno, perdido por perdido, esté cantando falta envido con 4. Con esto quiero decir que quieren ver si el mercado arruga, piensa que el Central tiene una tonelada de dólares para vender y baja el precio. Si a jugada la sale mal se abren dos posibilidades más, b) la AFIP no autoriza ninguna compra de dólares o compras mínimas o c) las autoriza y la gente le vacía las reservas que tiene el Central a precio de liquidación.
En el medio pueden intentar armar una bicicleta financiera. Esto es, subir la tasa de interés lo suficiente como para tentar a la gente a vender sus dólares y colocarse a tasa en pesos, con la expectativa que la tasa de interés le ganará al dólar. Así la gente devengaría una ganancia en dólares importante y el tipo de cambio se mantendría tranquilo durante un tiempo. Esto ya se hizo en varias oportunidades, particularmente con el plan primavera en 1988 y terminó muy mal. ¿Por qué?
Porque no existe el inversor que devengue indefinidamente una ganancia, sobre todo en el mercado financiero. Llegado un momento, el inversor se retira del juego, busca sus pesos y compra dólares nuevamente. Lo que se llama realizar la ganancia. El problema es que cuando el inversor retira los pesos del banco, lo hace por el capital invertido más los intereses ganados, lo cual genera una fenomenal presión sobre el mercado de cambios. Por ejemplo, supongamos que alguien vende sus dólares y deposita $ 100.000 a una tasa de interés anual del 30%. Si al año decide realizar su ganancia no compra dólares solo por el equivalente a $ 100.000, sino que compra por $ 100.000 más los intereses devengados, en este ejemplo, por $ 30.000. La demanda de dólares ahora no será por $ 100.000 sino que será por $ 130.000. Ahí estalla el mercado.
Por ahora, lejos de anunciar que elimina el cepo, lo que anunció el gobierno es que lo flexibiliza. Habrá que ver cuánto lo flexibiliza en la práctica y cómo le va. Mi impresión es que a $ 8 le compran todo.
Si el gobierno canta falta envido con 4 y luego se va al mazo, entonces el blue podemos ir a buscarlo a júpiter.
Es más, mientras no pongan orden fiscal, la infección que es la que genera la fiebre inflacionaria y la corrida contra el dólar no se va a curar. Así que esto tiene muchas facetas para ver qué hacen.
Última pregunta. ¿Con $ 8 por dólar lograron un tipo de cambio de equilibrio que les permita flexibilizar el cepo, como dijo Capitanich? En mi opinión, con el lío que tienen en los precios relativos y el desborde fiscal lejos están de haber alcanzado el nivel de convergencia, como lo denominó Capitanich y mucho más lejos cuando se a un “equipo” económico que lo único que sabe hacer es goles en contra.
Fuente: www.agrositio.com
EL CRONISTA.- El título de esta nota no se refiere a la tan reiterada caída de reservas, ni a la expansión de la base monetaria, ni a la crisis energética, ni a la asfixia que generan las mal llamadas retenciones (en verdad impuestos), ni a los precios obligados por el aparato estatal, ni a las idas y venidas en el mercado cambiario, ni a la creciente liquidación de los marcos institucionales, ni a la colosal presión tributaria, ni a los sucesos en el ámbito laboral, ni a los empresarios genuflexos y prebendarios, ni los astronómicos gastos gubernamentales y creciente deuda pública interna, ni el incontrolable déficit presupuestario, ni tantos otros temas que ocurren en nuestra tierra.
A esta altura, es necesario mirar desde otro ángulo, especialmente después del discurso por cadena nacional de la Presidente luego de una abstinencia de 35 días. Argentina está paralizada porque toda la llamada oposición y buena parte de la población se queda sin aliento y solo atina a marcar contradicciones en cuanto a que la titular de la Casa Rosada habló de los salarios en dólares cuando parece que no hay que hablar de esa divisa (serán oficiales?). Pero conjeturamos que prácticamente nadie criticará el anuncio de que el Estado, léase los contribuyentes, entregará sumas a jóvenes entre 18 y 24 años que reúnan ciertas características.
Esto es así porque la inmensa mayoría considera que el aparato estatal debe jugar al Papá Noel y entregar graciosamente el fruto del trabajo ajeno sin percatarse que, de ese modo, cada vez habrá más gente bajo la línea de la pobreza. La conjetura se basa en la lucha titánica de la mencionada oposición para atribuirse la paternidad de la asignación universal por hijo y, ahora, ya hemos escuchado a quienes sostienen que en su jurisdicción vienen aplicando el anunciado plan ProgresAr con otros nombres y hay otras voces que se ufanan que ejecutarán algo parecido en un futuro próximo.
Personalmente tengo una idea mejor: ¿porqué no agregar sumas dinerarias para la franja de 24 a 36 años de quienes están en dificultades, en una primera etapa para luego incorporar también a los que van de 36 a 62 y, finalmente, los que van de 62 a 92 (que no es un asunto menor) al efecto de cubrir todo el espectro de los que la pasan mal que son cada vez más. Creo que es una buena idea para ganar elecciones a pesar de encontrarnos en situación de quiebra.
¿No es acaso hora de darnos cuenta después de más de siete décadas de fracasos en los que papá Estado crea incentivos perversos al tiempo que se demuele el Estado de Derecho? ¿No es acaso el momento de hacer un alto en el camino y comprender que el respeto recíproco basado en la propiedad privada atrae inversiones que es lo único que permite elevar el nivel de vida de todos, muy especialmente de la de los más necesitados? ¿Es necesario recorrer el camino de Venezuela donde no hay ni papel higiénico o de Cuba donde los niños deben escribir en sus cuadernos con lápiz para que pueda borrar el siguiente alumno y anotar las instrucciones de lavado de cerebro que impone el maestro-comisario de turno?
¿No es conveniente repasar historia argentina para constatar que la visión alberdiana permitió que los salarios e ingresos en términos reales de los peones rurales y los obreros de la incipiente industria en este país eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia y España y que la gente venía a hacerse la América hasta que irrumpieron los fascismos populistas en los treinta acentuados en los cuarenta? ¿Porqué no ensayamos ser libres como en la época referida en la que competíamos con Estados Unidos hoy lamentablemente latinoamericanizado?
Por último, ya que se mencionó el llamado neoliberalismo en el discurso oficial de marras, reitero que es una etiqueta inexistente puesto que ningún intelectual serio de nuestra época en ninguna parte del mundo se reconoce bajo esa denominación. Se trata del liberalismo, desafortunadamente del que no hay ni vestigios desde que en el treinta, junto a la innecesaria quiebra del sistema institucional, el Leviatán inauguró el control de cambios, instaló la banca central, el impuesto progresivo y las juntas reguladoras en el contexto de una proyectada reforma constitucional fascista.
*PUBLICADO EN DIARIO EL CRONISTA, MIÉRCOLES 29 DE ENERO DE 2014.
Las ideas vertidas en esta nota son de exclusiva responsabilidad del autor.
En el día de viernes, luego de que el Banco Central dejara que el dólar en el regulado mercado oficial suba un 16% hasta los 8 pesos, el gobierno argentino anunció que volvería a autorizar la venta de dólares para atesoramiento por parte de las personas físicas. Esto hizo que muchos crean que se eliminaba el control de cambios vigente desde fines de octubre de 2011. Sin embargo, las palabras del Jefe de Gabinete Jorge Capitanich fueron: “Hemos decidido autorizar la compra de dólares para la tenencia de personas físicas de acuerdo al flujo de ingresos declarados”.
A partir de las declaraciones, queda claro que el control de cambios seguirá vigente. La herramienta legal (inconstitucional) que prohibía el ahorro en dólares y cualquier otra divisa extranjera era la comunicación “A 5318” que el Banco Central emitió el 5 de julio de 2012.
Sin embargo, desde mucho antes las compras de dólares se veían fuertemente restringidas gracias a la autorización previa que debía realizar la AFIP (la agencia recaudadora de impuestos). La AFIP debía supuestamente corroborar que los pesos con los que se querían comprar dólares tuvieran un origen lícito y no provinieran de la evasión impositiva. Sin embargo, luego se vio que era una simple excusa para frenar la demanda.
En este sentido, el anuncio de ayer vuelve a los argentinos a los largos meses previos a julio de 2012, cuando nadie era libre de comprar dólares y el acceso a ellos estaba arbitrariamente definido por la agencia impositiva gubernamental.
Por otro lado, la comunicación A 5318 también prohibía la compra de dólares por parte de empresas, y ningún cambio se ha anunciado respecto de este tema.
¿Qué cambió entonces?
En primer lugar, el tipo de cambio. El precio del dólar en el mercado oficial está hoy 90% por encima de cuando comenzaron los controles. Curioso dato puesto que el cepo se había implementadopara evitar una devaluación.
El problema es que ese tipo de cambio sigue siendo artificial dado que se sigue teniendo que restringir la demanda con regulaciones y controles. En este sentido, todos los problemas que el cepo le trajo a la economía (aparición del mercado paralelo, incremento de la inflación, reducción del ritmo de aumento de las exportaciones, necesidad de trabar aún más las importaciones) seguirán existiendo.
Por otro lado, a menos que el gobierno decida enfrentar la inflación de manera seria y no con controles y denuncias de conspiración y codicia empresaria, por más que autoricen algunas compras de dólares al tipo de cambio oficial, ese tipo de cambio seguirá atrasado respecto del resto de los bienes de la economía, lo que afectará nuevamente a las reservas internacionales, al tipo de cambio oficial y a la diferencia de éste con el tipo de cambio del mercado paralelo.
Finalmente, los problemas de fondo no se atacan y, aunque en una versión suavizada, el control de cambios sigue. Es muy pronto para festejar por el porvenir económico de Argentina.
Según los anuncios realizados el viernes a la mañana, el gobierno considera que la cotización del dólar oficial de ese día es de convergencia, o sea de equilibrio para ese mercado. Por lo tanto, lo que esperan es que de esta forma el Banco Central no tenga que intervenir masivamente perdiendo reservas. Para que esto sea así, deberían convencer a los exportadores, a los importadores y a aquellos potenciales demandantes de divisas que, a partir de ahora, el tipo de cambio “cepo” subirá en forma moderada, como sucedía hace unos meses. Así los primeros no tendrán incentivos a demorar las ventas de divisas o la colocación de sus productos en el exterior y, los segundos, para adelantar la compra para hacer frente a sus compromisos. De esta forma se aliviaría la presión sobre las reservas internacionales e, incluso, el Banco Central podría llegar a comprar algo de moneda extranjera.
Lo primero que hay que entender es que el “cepo” continúa. Sólo se habilita una nueva demanda en este mercado, la de la gente que quiere ahorrar en divisas. Sin embargo, para lograr comprarlas deberá demostrar que tiene capacidad contributiva con un sistema de pedido de permiso similar al que se aplica actualmente al dólar “turista”.
Es esperable que, en un inicio, la AFIP y el BCRA sean bastante flexibles a la hora de aprobar las operaciones, dentro de ciertas condiciones mínimas. Sin embargo, si no se resuelven los problemas de fondo que nos llevó a la situación límite de las últimas semanas, la pérdida de reservas se volverá a hacer presente y, entonces, las restricciones para acceder a divisas para atesorar se incrementarán, de la misma forma que pasó en similares situaciones pasadas con el acceso para el turismo en el exterior.
El problema es que el gobierno ha estado gastando de más y se financió exprimiendo al Banco Central. Este último obtiene los recursos que le transfiere emitiendo moneda que la gente no demanda y, por lo tanto, pierde valor. En definitiva, se apropia de parte del poder adquisitivo de nuestros ingresos y atesoramiento en pesos, con el impuesto inflacionario, y lo usan para pagar gasto público.
Sin embargo, esta devaluación no era reflejada plenamente en el dólar oficial. Es decir, se le fijaba un precio máximo que desincentivaba la oferta y alentaba la demanda. Conclusión, el faltante salía de las reservas.
Si no hay pronto señales que muestren que se controlará el gasto para disminuir la presión sobre los recursos del Banco Central, sólo viviremos una breve “primavera” para volver nuevamente a un “verano caliente”. Esperemos que el gobierno ya haya aprendido cual es el problema y lo encare. Si no, habrá que prepararse para vivir otra crisis más por repetir los mismos viejos errores.