Skip to main content

Cuatro motivos explican la baja transitoria del dólar

Cepo cambiario

Las tapas de los distintos diarios nos muestran en los últimos días una baja en el dólar informal que sorprende a muchos analistas, sin embargo, analizando las tres variables centrales de este mercado podemos explicar su dinámica.

Oferta

En primer lugar, debemos analizar la mayor oferta de dólares que se observa en el mercado, dado por aquellos compradores de dólares formales que rápidamente los ofrecen en el mercado informal para obtener una ganancia por el diferencial.

Demanda

En segundo lugar, aparece una caída en la demanda, dada la crisis económica que vive la economía argentina, y la caída en la capacidad de ahorro de la clase media que acudía a este mercado para comprar divisas.

Sanciones

En tercer lugar, debe insistirse que la creciente persecución a quienes operan en el mercado, sancionándolos penalmente y clausurando a los operadores que infringen la legislación correspondiente, genera miedo en los demandantes del mercado, que postergan sus operaciones para cuando haya más calma.

Expectativas

En cuarto lugar, y quizás uno de los factores más importantes en un mercado pequeño como el “blue”, se debe analizar el cambio en las expectativas. Hace unos pocos meses las señales del gobierno mostraban poca voluntad de negociar con los Holdouts y de acudir al endeudamiento público a partir de enero para financiar el déficit fiscal.

Bajo ese escenario, la oferta de pesos seguiría en aumento, y dada la continua fuga de capitales sumado a la caída del precio de la soja y otros commodities, aseguraban que además la oferta de dólares estaría cada vez más restringida y que la inflación estaría en aumento, lo que potenciaría la demanda de divisas en el mercado informal.

Pero en la última semana, el Ministro de Economía abrió la puerta a una negociación en enero, y todo indica que el 2015 le reabrirá al gobierno las puertas al crédito internacional. Tómese como ejemplo el swap de monedas con China por el equivalente de 814 millones de dólares, o bien, la gestión del Banco Central por un nuevo crédito del Banco de Francia por otros 650 millones de dólares para fortalecer reservas.

Conclusión

El problema de fondo, sin embargo, persiste, a saber, el desequilibrio fiscal. Que Argentina suspenda su monetización, paradójicamente sólo puede conducir a estrangular a la economía por falta de crédito, y con ello virar hacia una recesión más profunda.

El acceso al crédito internacional puede ayudar, si de fondo se plantea un cambio estructural que elimine gradualmente el desequilibrio fiscal, pero en ausencia de este cambio se asume un costo que no genera ningún beneficio, más que temporal.

El 2015 es un año de elecciones, lo que hace pensar que Argentina seguirá expandiendo el nivel de gasto, y combinará el financiamiento externo con nuevas emisiones de dinero. Cuando el mercado comprenda que la expansión monetaria no se ha interrumpido, un nuevo cambio de expectativas alimentará una creciente inflación lo que presionará nuevamente sobre el dólar informal. De ser así, la baja del dólar es transitoria y este cambio en las expectativas es temporal.

En cualquier caso, lo más curioso de este desenlace sería que Axel Kicillof comience a virar a nuestra economía hacia el endeudamiento y el noventismo. Recordemos que ya traicionó al keynesianismo: mientras éste sugiere -como bien expone en su tesis doctoral- que ante una crisis económica o estancamiento, se reduzcan las tasas de interés, él promovió una suba, lo que sólo agrava el estado de cosas.

Publicado en Infobae Opinión

  • Visto: 1128

Entre el engaño y el disimulo, el fracaso

mentira_imgDos de las políticas más frecuentes instaladas en los países que andan a los tumbos (que son casi todos) consisten en las devaluaciones y los ajustes. De tanto en tanto aparecen indefectiblemente en escena debido a manipulaciones monetarias y desórdenes fiscales propiciados por gobiernos irresponsables (que, otra vez, son casi todos).

Milton Friedman se burla de lo primero en Dólares y déficit insistiendo en la imperiosa necesidad de liberar el mercado cambiario y “hacer que el gobierno desaparezca sencillamente de la escena” . Por su parte, Friedrich Hayek en Toward a Free-Market Monetary System subraya que “Siempre, desde que el privilegio de emitir moneda fue explícitamente representado como una prerrogativa real ha sido patrocinado porque el poder de emitir moneda era esencial para las finanzas del gobierno, no para brindar una moneda sólida sino para otorgarle al gobierno acceso al barril de donde puede obtener dinero por medio de su fabricación”.

Es curioso que haya economistas profesionales que entren por la variante si debe o no debe devaluarse y, más llamativo aun, es que se lancen a patrocinar el valor en que debería situarse la divisa en cuestión. Es similar a que el debate se suscitara respecto al valor que debería fijarse a los pollos en lugar de liberar los precios luego del tristemente célebre “control de precios” que desde Diocleciano en la antigua Roma han demostrado su reiterado fracaso. Pues con el dinero ocurre lo mismo, los precios máximos a la divisa extranjera y mínimos a la local invariablemente conducen al mismo callejón sin salida.

Incluso de mantienen calurosas discusiones sobre cual debería ser el nuevo valor después de la devaluación, lo cual resulta tragicómico. También los hay que niegan que sean partidarios de la devaluación en vista de los efectos que esa medida provoca.

Es inútil, la manía por incrementar el gasto público en un contexto en el que la presión tributaria resulta insoportable se financia con emisión monetaria si es que no puede disimularse el déficit fiscal con endeudamiento externo. He aquí otra postura incomprensible: la de los economistas que suscriben la supuesta necesidad de financiarse con préstamos internacionales sin percatarse que ese canal no solo compromete patrimonios de futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral que eligió al gobernante que contrajo la deuda, sino que facilita grandemente el derroche y en agrandamiento del aparato estatal.

Se suele esgrimir la conveniencia de la deuda pública externa para “la inversión” gubernamental. Pues, en primer lugar, no hay tal cosa como “inversión” por la fuerza ya que por su naturaleza significa abstención voluntaria de consumo para ahorrar cuyo destino es la inversión que opera debido a la preferencia temporal: la preferencia de lo futuro a lo presente. Ahorro forzoso o inversión por la fuerza constituyen contradicciones en los términos. En nuestro ejemplo, se trata de gastos no corrientes en el mejor de los casos.

Para no cargar tanto las tintas con nuestra profesión, tal vez debiera destacarse que muchos de los opinantes no son en verdad economistas. Usan esa etiqueta solo porque, por ejemplo, han opinado sobre la ley de la oferta y la demanda (generalmente mal formulada), es como si el que estas líneas escribe se autotitulara arquitecto porque alguna vez intentó levantar una pared (que, además, se derrumbó). Se trata de usurpación de título. En realidad es por eso que prefiero identificarme con mi grado de doctor en economía y no como economista.

En fin, dejando de lado esta digresión, la devaluación no es para nada una salida a los problemas creados por el Leviatán, se trata de un engaño transitorio. La solución en el mercado cambiario es liberarlo lisa y llanamente, lo cual reflejará la situación real de las paridades cambiarias. En realidad al aumentar la base monetaria, la banca central devaluó de facto lo cual se refleja en el mercado negro, solo que las exportaciones tienden a contraerse debido a que el “precio oficial” queda artificialmente rezagado y cuando no se lo quiere liberar se cambia la cotización de jure que naturalmente sigue atrasada. Esa es la devaluación.

El segundo tema de esta nota alude a lo que ha dado en llamarse “ajuste” que inexorablemente produce inmensos sufrimientos absolutamente inútiles (sea aquel solapado o explícito). Esto es así porque se trata de un parche que disimula el problema. Como he dicho antes, igual que en la jardinería la poda hace que la planta crezca con mayor vigor, el ajuste esconde la basura bajo la alfombra en lugar de erradicar de cuajo funciones estatales inútiles. Es como colocarle un corset a los efectos de ajustarle el abdomen a una persona excedida en su peso en lugar de encarar una dieta de fondo o de recurrir a la cirugía. Ajustar no es encarar el problema de fondo ya que el mal reaparecerá en el corto plazo.

Los padecimientos que se sufren por los ajustes son infinitamente mayores que los que ocurren cuando se adoptan con coraje y decisión las medias de fondo para desprenderse de reparticiones inconvenientes, las cuales sin duda generarán costos para algunos pero serán mucho más que compensados por el saneamiento perdurable.

Es lo mismo que si al enfermo grave en lugar de llevarlo al quirófano se le aplican inyecciones dolorosas que lo aliviarán temporalmente mientras el tumor crece.

En resumen, la extendida aplicación de las devaluaciones y los ajustes debieran sustituirse por la libertad cambiaria (no digo flotación porque está atada a la noción de “flotación administrada” o “sucia”) y por la eliminación de las funciones incompatibles con un gobierno republicano.

En relación a lo consignado, conviene tener presente lo escrito por Octavio Paz en El ogro filantrópico en cuanto a que lo establecido por los aparatos estatales se traduce en “un arte oficial y una literatura de propaganda […] Hay que decirlo una y otra vez: el Estado burocrático totalitario ha perseguido y castigado [es el] cáncer del estatismo […] Las tentaciones faraónicas de la alta burocracia, contagiada de la manía planificadora de nuestro siglo […] ¿Cómo evitaremos la proliferación de proyectos gigantescos y ruinosos, hijos de la megalomanía de tecnócratas borrachos de cifras y estadísticas?”. Esto último deber resaltarse: no se trata de un concurso de estadísticas sino de contar con libertad para que cada uno pueda seguir su proyecto de vida como mejor le plazca sin lesionar derechos de terceros, puesto que como ha escrito Tocqueville, “el que le pide a la libertad más que ella misma tiene alma de esclavo”.

Y para que pueda revertirse la situación y salir del marasmo de devaluaciones y ajustes, los intelectuales que se dicen partidarios de la sociedad abierta deben apuntar a erradicar los sistemas estatistas, lo cual significa alejarse de medidas timoratas que pretenden solo cambiar el decorado con hombres distintos y cambios menores. Precisamente, en este sentido es que Octavio Paz en la obra mencionada concluye respecto a nuestra región (pero aplicable a todos lados) que “Si los intelectuales latinoamericanos desean realmente contribuir a la transformación política y social de nuestros pueblos, deberían ejercer la crítica”.

  • Visto: 730

Argentina y Venezuela: del gasto a la recesión con inflación

argentina-venezuela

ÁMBITO.- Si los pronósticos del último informe de Consensus Economics para Latinoamérica son acertados, la economía argentina caerá un 2,3% hasta el año 2015 (-1,6% en 2014 y -0,7% en 2015). Por su parte, el PBI de Venezuela caerá un considerable 3,6%, mientras que el de Colombia crecerá un 9,7%, el de Perú el 8,5% y el de Chile un 5,1%. Por el lado de los precios, las estimaciones indican que en Venezuela, en 2015, éstos serán un 181,2% más altos que los de 2013, mientras que en la Argentina la diferencia será del 64,1%. Chile, Colombia y Perú, en cambio, tendrán subas acumuladas, para el mismo período, inferiores al 8%.

Como se observa, mientras que algunos países de América Latina crecen con baja inflación, otros enfrentan períodos de recesión con inflación alta, un fenómeno no muy común en el mundo de hoy. Los motivos para esta gran diversidad en las economías de la región pueden encontrarse en el manejo de las cuentas fiscales. Si tomamos los datos del incremento del gasto público total en moneda local para todos estos países, nos encontramos con que Venezuela y la Argentina fueron los que más lo incrementaron durante los últimos años. Como era de esperarse, Venezuela encabeza la lista dado que -de 2003 a 2013- aumentó, en promedio, un 35,4% el gasto por año.

Esto quiere decir que si en 2002 el Gobierno venezolano gastaba 100 bolívares, en 2013 gastó la astronómica cifra de 2.804 bolívares, multiplicando el gasto público total por 28. En Argentina las cosas no son muy distintas, y tomando el gasto a precios corrientes, tenemos un aumento promedio del 29% anual, lo que hace que en 2013 el gasto haya sido 16 veces más grande que en 2002. El problema con este incremento exorbitante del gasto (además de su escasa productividad) es que no fue precedido de un incremento similar de la recaudación de impuestos y tanto el Gobierno venezolano como el argentino decidieron financiar la diferencia con emisión monetaria. Al enfrentarse con las consecuencias de ese incremento de la emisión, a saber, la inflación, ambos gobiernos buscaron combatirla con controles de precios y controles de cambio en lugar de revertir las políticas que habían emprendido en el pasado.

Los resultados están a la vista. Los precios siguen subiendo "por el ascensor", mientras que los controles y regulaciones sólo sirven para asfixiar al sector privado y destruir las perspectivas para la inversión. En Chile, Perú y Colombia el aumento promedio del gasto fue del 11% anual. Además, ese gasto en general estuvo en línea con la recaudación de impuestos, por lo que no hubo necesidad de acudir al banco central para financiar excesos. El resultado de esta prudencia fue un crecimiento económico menos acelerado en los primeros años, pero que sin lugar a dudas demostró ser un crecimiento más sostenible en el largo plazo.

Publicado en Ámbito Financiero

  • Visto: 1532

Cortes de luz y populismo energético

cortes-de-luz

CLARÍN.- La situación crítica que desde 2007 sufrimos los usuarios del servicio eléctrico obedece al populismo energético aplicado al sector por el kirchnerismo, en un todo de acuerdo con el Modelo de rimbombante título, “Matriz Productiva Diversificada con Inclusión Social”, pero cero resultado.

Los cortes cada vez más frecuentes a los usuarios residenciales e industriales, los tiempos para reestablecer el servicio, la baja tensión, la falta de respuesta de las empresas, son manifestaciones directas del problema.

Desde su país de las maravillas, el responsable del sector, Julio de Vido, pontificaba: “la energía en la Argentina es abundante y barata”, y con esa premisa disparatada sostuvo el sistema ideado por Néstor Kirchner, basado en congelar las tarifas durante más de diez años. Sin embargo, luego de esta experiencia, de escala uno en uno con los 40 millones de argentinos, la realidad dio por tierra con esa hipótesis al demostrar que la energía es escasa y cara, como en cualquier parte del mundo.

Al igual que en otras áreas donde también se equivocaron, y no tuvieron más remedio que aceptar la realidad, ahora se inventan culpables o, con mayor claridad, chivos expiatorios.

En este caso las empresas “que se la llevaron en pala” que atienden al sector eléctrico en sus tres segmentos, Generación, Transporte y distribución y que no invierten. Aquí es necesario aclarar que ninguno de estos problemas existía en 2003, cuando aún las tarifas reflejaban los costos, es decir que la responsabilidad de la actual crisis corresponde al kirchnerismo.

Yendo al caso particular de los servicios de distribución de Edenor y Edesur que abastecen toda el área metropolitana de Capital y GBA, es necesario aclarar que de los miles de millones de pesos de subsidios que aporta el Estado- todos nosotros con impuestos e inflación- para sostener las tarifas congeladas, ni un peso fue a esas distribuidoras. Esa situación de tener que operar con tarifas del orden de una décima de los valores establecidos por los contratos de concesión, ya las hubiese llevado a la quiebra de no ser por nuevos aportes no aclarados del gobierno que les viene pagando los sueldos y la energía que reciben de la mayorista CAMESA.

También cabe preguntarse: ¿por qué la tarifa en esta área metropolitana es hasta 5 veces más barata que en la mayoría de las ciudades del país, siendo que ese conglomerado urbano ostenta ingresos medios superiores a los del interior?, ¿por qué es el único servicio que todavía depende del Estado nacional? La respuesta a ambas cuestiones es el rédito político electoral que significa un área que concentra el 40% del electorado del país. He aquí la razón, el leitmotiv, la musa inspiradora del congelamiento tarifario, diseñado para satisfacer al proyecto de poder del kirchnerismo en detrimento del bienestar ciudadano. Esa injusta decisión fue la causal principal del deterioro del servicio eléctrico al incentivar el derroche en la demanda y provocar la desinversión en la oferta.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=y9NtHiyyxrM]

Nada que ver con el relato del gobierno, en boca de sus lenguaraces, que sostiene que los problemas en el servicio eléctrico obedecen a un “crecimiento inusual de la demanda por el explosivo crecimiento de la actividad económica que originó el modelo”. Macanas. La oferta de energía entre 2003 y 2013 creció un 22,3% y la demanda en ese mismo período 45%. Pero esta demanda no fue explosiva ni mucho menos ya que entre 1992 y 2002 había crecido el 60% y la oferta la acompañó con un incremento del 62%. Estos datos son de CAMMESA.

Un proceso de desinversión no se revierte con parches como los que está ensayando el gobierno para evitar los cortes por fallas en las redes de distribución en su último verano, ni colocando grupos generadores móviles o de pequeña escala y con costos de producción elevados, por no haber equipado al sector adecuadamente durante 11 años

Esta política cortoplacista ha hecho que la generación de electricidad desde 2003 haya bajado su eficiencia y en consecuencia aumentado sus costos y la ha tornado más contaminante por la emisión a la atmósfera de toneladas extra de CO2, gas de efecto invernadero, que ha incorporado en ese lapso. En 2003 se producía electricidad con un 50% de generación térmica, en 2013 con 65%. Esta situación lleva a la paradoja de contar con un servicio eléctrico que produce una de las energías más caras del mundo y una demanda que paga una de las tarifas más bajas del mundo.

Esto nos debe llevar a reflexionar si es justo y lógico que sigamos pagando tarifas de luz que no cubren ni el 15% de lo que cuesta producir un KWh, cuando la diferencia la estamos pagando con creces a través de más impuestos, más inflación y un servicio lamentable.

Publicado en Clarin

  • Visto: 708

El día de la ira y la ilusión

murodeberlin

Hace 25 años ocurrió el entierro simbólico del comunismo. Una esperanzada muchedumbre de alemanes corrió hacia el Muro de Berlín y lo demolió a martillazos. Era como si golpearan las cabezas de Marx, Lenin, Stalin, Honecker, Ceaucescu y el resto de los teóricos y tiranos responsables de la peor y más larga dictadura de cuantas ha padecido el género humano. Por aquellos años una obra rigurosa pasó balance del experimento. Se tituló El libro negro del comunismo. Nuestra especie abonó los paraísos del proletariado con unos cien millones de cadáveres.

Era predecible. En la URSS, en 1989, fracasaban todos los esfuerzos de Gorbachov por rescatar el modelo marxista-leninista. En Hungría, un partido comunista, dirigido por Imre Pozsgay, un reformista  decidido a liquidar el sistema, abría sus fronteras para que los alemanes de la RDA pasaran a Austria y de ahí a la fulgurante Alemania Federal, la libre. En Checoslovaquia, Vaclav Havel y un puñado de intelectuales  valientes animaban el Foro Cívico como respuesta a la barbarie monocorde de Gustáv Husák.  En junio, cinco meses antes del derribo del Muro, los polacos habían participado en unas elecciones maquiavélicamente concebidas para arrinconar a Solidaridad, pero, liderados por Lech Walesa, la oposición democrática ganó 99 de los 100 escaños del senado. El dictador Jaruzelski les tendió una trampa y acabó cayendo en ella.

¿Qué había pasado? El sistema comunista, finalmente, había sido derrotado. Los países que primero lo implementaron, y que primero lo cancelaron, eran empobrecidas dictaduras, crueles e ineficaces, que se retrasaban ostensiblemente con relación a Occidente en todos los órdenes de la convivencia. Ese dato era inocultable. Bastaba comparar las dos Alemania, o a Austria con Hungría y Checoslovaquia, los restantes segmentos del Imperio austrohúngaro, para confirmar la inmensa superioridad del modelo occidental basado en la libertad, el mercado, la existencia de propiedad privada y el respeto por los Derechos Humanos. El día y la noche.

El comunismo era un horror del que escapaba todo el que podía, mientras los que se quedaban ya no creían en la teoría marxista-leninista, aunque aplaudieran automáticamente las consignas impuestas por la jefatura. Por eso Boris Yeltsin pudo disolver el Partido Comunista de la Unión Soviética en 1991, con sus veinte millones de miembros, sin que se registrara una simple protesta. La realidad, no la CIA ni la OTAN, había derrotado esa bárbara y contraproducente manera de organizar la sociedad. Me lo dijo con cierta melancolía Alexander Yakovlev, el teórico de la Perestroika, en su enorme despacho de Moscú, cuando le pregunté por qué se había hundido el comunismo: “porque no se adaptaba a la naturaleza humana”. Exacto.

¿Y los chinos? Los chinos, más pragmáticos, se habían dado cuenta antes. Les bastó observar el ejemplo impetuoso y triunfador de Taiwán, Hong Kong y Singapur. Eran los mismos chinos con diferente collar. Mao había muerto en 1976 y la estructura de poder inmediatamente rehabilitó a Deng Xiaoping para que comenzara la evasión general del manicomio colectivista instaurado por el Gran Timonel, un psicópata cruel dispuesto a sacrificar millones de compatriotas para poner en práctica sus más delirantes caprichos. Cuando el muro berlinés fue derribado, los chinos llevaban una década cavando silenciosamente en busca de la puerta de escape hacia una incompleta prosperidad sin libertades.

¿Por qué no cayeron o se transformaron las dictaduras comunistas de Cuba y Corea del Norte?  Porque estaban basadas en dinastías militares centralizadas que no permitían la menor desviación de la voz y la voluntad del caudillo. El Jefe controlaba totalmente el Partido, el parlamento, los jueces, militares y policías, más el 95% del miserable tejido económico, mientras mantenía firmemente las riendas de los medios de comunicación. El que se movía no salía en la foto. O salía preso, muerto o condenado al silencio. El aparato de poder era sólo la correa de transmisión de los deseos del amado líder. No cabían las discrepancias y mucho menos las disidencias. Eran coros afinados dedicados a ahogar los gritos de la población.

Esta terquead antihistórica ha tenido un altísimo costo. Cubanos y norcoreanos han perdido inútilmente un cuarto de siglo. Si las dos últimas tiranías comunistas hubieran iniciado a tiempo sus transiciones hacia la democracia, ya Cuba estaría en el pelotón de avanzada de América Latina, sin balseros, “damas de blanco” o presos políticos, y Corea del Norte sería otro de los tigres asiáticos. Lamentablemente, la familia de los Castro y la de los Kim optaron por mantenerse en el poder a cualquier costo. Los muros continuaban impasibles desafiando la razón y el signo de los tiempos.

  • Visto: 676
Doná