Socialismo, público y privado
CATO Carlos Rodríguez Braun sostiene que la identificación entre lo público y la virtud es una pura falacia.
Ayer votaron los andaluces. En la campaña, los socialistas pusieron todo el énfasis en la idea de lo público como virtud amenazada por la privatización. Vi una foto que encabezaba una manifestación del PSOE con esta consigna: "Defiende lo público". Usted y yo hemos visto mil veces repetido este lema, lo sé. Pero igual convendría reflexionar sobre por qué resultaría inconcebible una pancarta que rezara: "Defiende lo privado".
La diferencia esencial entre lo público y lo privado no es la virtud, sino la coacción. En el mercado y en la sociedad civil usted, señora, elige libremente lo que quiere comprar, dentro de sus posibilidades, y lo paga con su dinero. En lo público, en cambio, hay mecanismos de elección colectiva que eligen por usted lo que usted va a recibir, y que la fuerzan a pagarlo. Si usted en el mercado elige no comprar en Zara, no compra y ya está. Si a Amancio Ortega se le ocurriera presionarla para que entre y compre en sus tiendas, terminaría en la cárcel, por muy multimillonario que sea. Ahora bien, si es usted la que elige no pagar los servicios públicos, la que puede terminar entre rejas es usted. En otras palabras, lo de "defender lo público" es defender aquello que los trabajadores están forzados a pagar.
En el mundo real, asimismo, vemos que a menudo los supuestos defensores de lo público lo utilizan como si fuera privado, hasta los extremos de la corrupción más descarada. Y al revés, lo privado sirve a menudo más eficientemente a la sociedad.
No le extrañará a usted que el culto a lo público como si fuera íntegro y justo es transversal en todo el espectro antiliberal. Nadie defendió lo público con más entusiasmo que los fascistas. No fue Lenin el que dijo "todo dentro del Estado". Fue Mussolini. Todos ellos, por cierto, tienen una profunda aversión a la privatización (y acusan absurdamente al PP de ser liberal), pero procuran que no percibamos que lo privado es el bolsillo de usted, señora, del que abusan sin rebozo. Este debe ser el famoso progresismo.
Por fin, la identificación entre lo público y la virtud es una pura falacia. Como afirmó Thomas Sowell: "Nunca entendí por qué es egoísta querer quedarte con el dinero que ganaste, y no es egoísta querer quedarte con el que ganaron otros".
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 17 de mayo de 2026.
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