Skip to main content

Educar para el futuro: ¿y si nos inspiramos en Montessori?

La Nación – (Imagen: fundacionmontessori.org)

Aprincipios del siglo XX, en el barrio marginal de San Lorenzo en Roma, la médica y educadora María Montessori transformó la educación al implementar su método revolucionario en la Casa dei Bambini. Trabajando con niños en condiciones de extrema pobreza, donde solo se esperaba mantenerlos ocupados y lejos del vandalismo, Montessori demostró que incluso en los entornos más desfavorecidos podían alcanzar niveles de excelencia superiores a los de las escuelas tradicionales, un hito conocido como el Milagro de San Lorenzo.

En la Casa dei Bambini, inaugurada el 6 de enero de 1907 en via dei Marsi 58, San Lorenzo, Roma, María Montessori transformó a 50 niños de 3 a 7 años, muchos analfabetos y de familias pobres, en estudiantes que, según pruebas prácticas confirmadas por observaciones de educadores y visitas prominentes, superaron en lectura, escritura y cálculo a sus pares de escuelas tradicionales.

Aplicando un método basado en el respeto por la autonomía del niño y el aprendizaje a través de experiencias prácticas, Montessori logró que sus alumnos -que venían de condiciones extremadamente adversas- obtuvieran mejores resultados que los estudiantes de escuelas altamente prestigiosas. La comparación dejó perplejos a los pedagogos de la época: niños que supuestamente tenían menos oportunidades no solo alcanzaban, sino que superaban en rendimiento a sus pares de clases más acomodadas. La revista McClure’s Magazine, en 1911, describía cómo niños de cuatro años aprendían a escribir en seis semanas. En ese mismo año, Suiza aprobó una ley para establecer el sistema Montessori en todas sus escuelas públicas, y surgieron escuelas similares en Inglaterra, India, China, México, Corea, Argentina y Hawái, lo que refleja el impacto global y el reconocimiento de los resultados observados.

Este fue un punto de inflexión que demostró empíricamente que la educación tradicional, con su rigidez, su dependencia de la memorización y su énfasis en la autoridad del maestro, no era el mejor camino para el aprendizaje.

¿Cuál era su secreto? Nunca lo ocultó, por el contrario, quiso divulgarlo al mundo entero. María Montessori dio conferencias y detalló los principios de su método en su libro El niño, el secreto de la infancia (The Secret of Childhood, 1936). Allí, analiza cómo los niños desarrollan sus habilidades cognitivas y emocionales a través de la exploración libre y el aprendizaje autónomo. Se basa en la idea de que los niños son naturalmente curiosos y pueden dirigir su propio aprendizaje con el entorno y los materiales adecuados. En este método, el docente crea un entorno preparado con materiales didácticos especialmente diseñados para que los niños aprendan de manera autónoma, eligiendo sus actividades y avanzando a su propio ritmo. Esto fomenta la autonomía y la automotivación; no se aprende por imposición sino por exploración. El maestro no actúa como una autoridad sino como guía que observa, apoya y motiva, asegurando que cada niño reciba una educación personalizada que se adapte a sus necesidades e intereses únicos. El maestro no transfiere el conocimiento, sino que facilita el aprendizaje.

Aprender en la decadencia: Argentina ante el vértigo tecnológico

Existe un consenso sobre el deterioro de la educación en la Argentina; basta ver los resultados de PISA 2022, que la posicionan en el puesto 61 entre 81 países, más cerca del fondo que del tope de la lista. El 72% de los estudiantes de 15 años no alcanzan niveles básicos en Matemática y cerca del 54% carece de una comprensión lectora mínima, lo que nos deja por detrás de naciones como Chile, Uruguay y Perú en América Latina.

El caso Montessori nos sirve de inspiración y guía para cambiar: el Estado debería solo sugerir currículas, no imponerlas por ley, liberando a la educación de corsés que frenan la innovación. Es hora de romper el monopolio estatal en la educación y dar a las familias el poder de elegir dónde y cómo educar a sus hijos. Las escuelas que hoy adoctrinan pueden transformarse en comunidades abiertas, con más protagonismo familiar y menor injerencia de sindicatos o burócratas.

El experimento de San Lorenzo demostró que los niños pueden aprender más y mejor en un sistema educativo basado en la autonomía y la experiencia. Ahora bien, con la explosión de la AI hoy podemos amplificar ese método y adaptarlo precisamente a los sectores más desfavorecidos de la Argentina y hasta los más recónditos lugares gracias a StarLink.

Como sostuvo con acierto Isaac Asimov en su libro Science Past, Science Future, de 1975, “La autoeducación es el único tipo de educación que existe. La única función de una escuela es hacer la autoeducación más fácil; si no lo logra, no hace nada.”

Imaginemos una escuela comunitaria en el conurbano de Buenos Aires: con tablets donadas y conectividad vía Starlink, los niños usan IA adaptativa como Khan Academy para avanzar en matemáticas a su ritmo, mientras exploran materiales Montessori como tableros sensoriales. Padres y voluntarios capacitan a guías que observan y motivan, no dictan. En seis meses, los indicadores de lectura y cálculo mejoran, replicando el espíritu de San Lorenzo con herramientas del siglo XXI. Este modelo, financiado por redes locales y sin esperar al Estado, es un primer paso viable.

Ejemplos como Wildflower Schools en EE.UU., Bridge International Academies en África y las Escuelas en la Nube de Sugata Mitra han demostrado que combinar Montessori con tecnología puede transformar la educación en comunidades vulnerables.

En estas escuelas maestro actúa como guía, fomentando valores clave como el carácter, el pensamiento crítico y el amor por la verdad, la belleza y la bondad. Este enfoque promueve la autonomía del niño y previene su dependencia de los algoritmos.

El modelo Montessori enseñó también que no es necesario esperar una reforma educativa desde arriba, las redes de aprendizaje comunitario pueden implementar modelos híbridos, donde los niños aprendan tanto en espacios físicos diseñados con principios Montessori como a través de plataformas digitales.

El milagro de San Lorenzo nos demuestra que las condiciones adversas no limitan el potencial de un niño. Hoy, la fusión de la visión de Monterssori y la tecnología nos permite soñar con una Argentina donde cada comunidad sea un motor de innovación educativa. Es el momento de que padres, maestros y ciudadanos se unan para construir un sistema que inspire, motive y transforme la educación, abriendo las puertas a un futuro de libertad y autonomía.

Director de la Fundación Libertad y Progreso

Los niños no hacen huelgas, pero pierden su educación

Lunes 24 de febrero, comienzan las clases y, como siempre, también los paros docentes. Un escenario predecible frente a cualquier gobierno que no esté alineado políticamente con los jerarcas sindicales, con Roberto Baradel, con Sonia Alesso, con aquellos que contribuyeron a mantener cerradas las escuelas durante casi dos años en la pandemia, generando un daño a una generación de niños y jóvenes del cual jamás se habrán de recuperar.

¿Cómo lograr algo aparentemente tan elemental como que los niños puedan concurrir a la escuela, sino con la declaración de la educación como una actividad esencial? Pero eso, por sí solo, no alcanza.

El 14 de agosto pasado, la Cámara de Diputados dio media sanción al proyecto de ley presentado por el titular de la Comisión de Educación, Alejandro Finocchiaro, que declara a la educación como un servicio estratégico esencial y obliga a las escuelas a abrir los días de paro y contar con una guardia mínima de personal que garantice el derecho a la educación de los niños y adolescentes. Entre otros puntos, el proyecto estipula que el 30% del personal de la escuela deberá permanecer en sus puestos durante los dos primeros días de la medida de fuerza, para garantizar la continuidad de las clases. Si el paro se prolonga por más de dos días, este porcentaje se incrementará al 50%.

Si bien la aprobación del proyecto constituye un avance, es insuficiente para defender el derecho a la educación de los niños y jóvenes que asisten a escuelas de gestión pública, mayormente afectados por los paros docentes.

Un niño que asiste a clases en un establecimiento donde concurriría tan sólo el 30% de los docentes no puede desarrollar su proceso de aprendizaje con normalidad. Ello no garantiza su derecho a la educación.

Es imprescindible exigir una mayor asistencia docente, como lo estipulaba, por ejemplo, el DNU del gobierno nacional de diciembre de 2023. En su artículo 97, inciso f, definía la educación como uno de los servicios esenciales, y explicitaba que: “en lo que respecta a la prestación de servicios mínimos, en el caso de los servicios esenciales, en ningún caso podrá negociar o imponer las partes una cobertura menor al setenta y cinco (75%) de la prestación normal del servicio de que se tratare”.

El 1 de marzo de 2024, en su discurso de Apertura de las Sesiones Ordinarias del Congreso, el presidente Javier Milei expresó: “En una Argentina donde los chicos no saben leer y escribir, no podemos permitir más que Baradel y sus amigos usen a los estudiantes como rehenes para negociar paritarias con los gobiernos provinciales. Por eso, incluimos en el decreto de necesidad y urgencia a la educación como servicio esencial, lo cual le sacará el arma de la mano a los sindicatos y los obligará a prestar al menos un 70% del servicio educativo durante cualquier huelga”.

No tengo duda alguna de que el presidente tiene razón. Es necesario que el Senado, en su rol de Cámara Revisora, apruebe el proyecto de ley que hoy cuenta con media sanción de Diputados, pero elevando a un 75% el porcentaje de asistencia docente requerida, como lo establecía el DNU, y que dicha modificación sea ratificada por la cámara de origen.

Los niños no pueden hacer huelga ni protestar por su derecho a aprender. Si los adultos no priorizamos su educación, en pocos años muchos de ellos dependerán de planes sociales y vivirán atrapados en un ciclo de pobreza. ¿Vamos a seguir condenándolos a ese destino? Nuestros representantes en el Congreso tienen la posibilidad y responsabilidad de evitarlo. No pueden mirar para otro lado.

Miembro de la Academia Nacional de Educación y Rector de la Universidad del CEMA

Destacados

  • Hits: 505

Uno o muchos sistemas educativos: ¿cuál será el próximo?

Infobae.com – Martín Krause, Consejero académico en la fundación Libertad y Progreso

Se acerca el inicio del período escolar con temas que son recurrentes: el costo de los materiales requeridos a los alumnos y estudiantes, las presiones de los sindicatos y la entrada en vigor de nuevos planes educativos. Todos ellos generan sus correspondientes polémicas y debates.

El otro motivo es la incorporación de temas o metodologías que el gobierno de turno quiere imponer en los contenidos: “Hubo avances culturales y normativos (ESI, Cultura digital) que deben ser incorporados y le demandan a la escuela un cambio de perspectiva en relación con su organización y a la convivencia.”

En cuanto a la ciudad se refiere, el Plan Estratégico Buenos Aires Aprende señala que 4 de cada 10 estudiantes de 7º grado obtuvieron un desempeño básico o por debajo del básico en Lengua, también 4 de cada 10 en 3º año, y en Matemática 7 de cada 10 en 7º grado y 6 de cada 10 en 3º año.

Dentro de tres, cuatro u ocho años veremos el proceso repetirse con nuevos congresos, nuevas jornadas y nuevos planes que plantearán nuevas metodologías o nuevos contenidos teniendo en cuenta las preferencias ideológicas de futuros gobiernos o los inevitables cambios en las tecnologías.

En ningún momento alguien se pregunta sobre la planificación misma. Planificación siempre hay: planifica quien organiza sus vacaciones o las actividades que quiere desarrollar en los próximos meses, planifica el comerciante cuando estima cuánto comprar al mayorista, planifica la empresa su producción durante el año. Todo eso es muy útil y rinde sus frutos, pero más allá de cierto tamaño o volumen de información que es necesario tomar en cuenta, la planificación fracasa: el típico caso son las que fueran economías planificadas y los planes y presupuestos que se dictan los gobiernos.

El motivo de ese fracaso es que la planificación del sistema requiere información que en general no está disponible o no se puede transmitir a la cúpula planificadora para que tome decisiones y éstas vuelvan a quienes las tienen que aplicar. Algo similar ocurre en la educación: planifica la maestra o el profesor su clase; planifica el director de la escuela, pero más allá de eso fracasa porque demanda mucha información y porque las soluciones planificadas homogeneizan todo el proceso, ofrecen una solución general y única que no puede tomar en cuenta las características específicas de tiempo y de lugar.

Dentro de todo, al ser nuestro país federal hay 24 “sistemas” pero también hay leyes, normas y procesos para eliminar las diferencias. El último informe de Argentinos por la Educación sobre la Campaña Nacional de Alfabetización señala que “5 jurisdicciones adoptaron el método fonológico en sus escuelas, otras 3 están implementando enfoques basados en el constructivismo, 5 enfoques equilibrados, 1 integral y 5 mixtos. La Nación y otras 3 provincias no definen un enfoque específico.” Algo es algo, tal vez pueda obtenerse alguna información sobre sus distintos resultados, pero de todas formas no es suficiente para adaptarse a la gran diversidad de necesidades y preferencias.

Pretender que una persona o un grupo de expertos sepa cuál es la mejor forma de educar a nuestros niños y jóvenes es arrogante y, en definitiva, al buscar imponerla a los demás, autoritario. Como hay distintas preferencias, capacidades, habilidades, tanto en los maestros como en los niños y jóvenes, hay una innumerable cantidad de alternativas para cada caso. Es imposible saberlo desde arriba.

Los tan mencionados sistemas de Finlandia o Estonia otorgan bastante autonomía a las escuelas para desarrollar sus propios modelos. Los directores pueden diseñar planes de estudio, establecer horarios, elegir métodos de enseñanza y materiales educativos.

Un orden abierto en la educación generaría innumerables opciones: algunas se adaptarían mejor a ciertas preferencias (Montessori o Waldorf por ejemplo) otras ensayarían nuevas metodologías y contenidos y podríamos de esa forma saber cuáles dan mejores resultados. No sería un “sistema” impuesto a nadie en particular o sería un sistema “flexible” que ensayaría y adoptaría todo tipo de novedades. Habría que considerar la posibilidad de que no hubiera un plan…, sino miles de planes.

  • Hits: 653

En educación, el presupuesto nunca habrá de ser todo

CLARÍN Como señala una nota de Clarín del pasado martes 16/9, de aprobarse la Ley de Presupuesto, en virtud de su artículo 27, se suspenderá, por un año, la obligación que tiene el Estado de invertir en educación el 6% del PBI. Esta obligación surge de la Ley de Educación Nacional vigente desde 2006, pero en los hechos cumplida solamente en 2015. Como era de esperar, esta decisión generó las más variadas críticas de diversos referentes del arco opositor.

Sin embargo, como remarca en dicha nota Mariano Narodowski: “Guste o no, Milei muestra lo que estaba oculto, suspendiendo por ley y acotando a un año solo y no a 14 como los gobiernos anteriores. Esta emergencia será virtuosa si en 2026 se implementa un plan serio de inversión, que aplique el 6% del PBI para educación y que asegure que los fondos lleguen eficientemente a las escuelas, los docentes y los estudiantes”.

Es claro que tiene razón. En septiembre de 2013, publiqué en este mismo espacio la primera de dos notas las cuales centraban su atención en el uso del presupuesto educativo, más allá de su magnitud. La nota titulada: “En educación el presupuesto no lo es todo,” lo ilustraba con el caso de Polonia, el cual es tan relevante hoy como lo fue hace más de 10 años. Veamos los hechos.

AD

Por entonces, Corea y Finlandia, líderes mundiales en educación, según la información generada por los exámenes PISA, llevaban años invirtiendo en el área, pero como señalaba BBC News, ningún otro país europeo había progresado tanto, desde 2000 hasta ese entonces, como lo había hecho Polonia, quien invertía en educación alrededor del 5% de su PBI.

Zbigniew Marciniak, ministro de Educación polaco en el año 2000, señaló que Polonia utilizó la información provista por la primera ronda de exámenes PISA para dar impulso a la reforma lanzada en 1999: “Sabíamos que teníamos problemas, pero la primera ronda de exámenes PISA nos mostró la magnitud de los mismos”.

En 1999, Polonia modificó el programa de estudios, el sistema de evaluación de los alumnos y los niveles mínimos que se les exigía. También cambió el proceso de formación y la carrera docente. Tres años después, en la ronda de PISA 2003, Polonia mostró una clara mejoría, la cual se corroboraría en las rondas 2006 y 2009. Hoy Polonia es un ejemplo de cómo un país pudo en tan sólo 10 años revertir su realidad educativa, reduciendo drásticamente el número de estudiantes de bajo rendimiento a pesar de invertir en educación menos que países mucho más ricos, transformándose en un país líder en las evaluaciones PISA; su rendimiento en las rondas 2018 y 2022 así lo atestigua.

Por ello, como bien señala la secretaría de Educación Nacional: “La crisis educativa argentina tiene un historial de gastos de recursos dispersos en sucesivos programas educativos que redundaron poco en la mejora de los aprendizajes. Más que pensar en un número fijo, es importante invertir mejor”. Es imposible no coincidir con esta apreciación, el presupuesto no lo es todo; Polonia bien lo demuestra, su uso también importa.

Es hora de que en nuestro país la educación deje de ser tapa de los diarios por los días de clase perdidos en virtud de paros docentes, por las tomas de colegios por parte de alumnos que impiden su propia educación, y por otros tantos temas distantes de la calidad educativa y la exigencia académica; de ser así y dándole un mejor uso al presupuesto educativo, no hay motivo para que la Argentina no se convierta en la Polonia de la próxima década

Destacados, Prensa

  • Hits: 495

El Programa Vouchers Educativos no debería discriminar

EL ECONOMISTA  En marzo pasado publiqué en este mismo espacio una nota motivada por el lanzamiento del denominado Programa Vouchers Educativos.

Si bien el programa no constituye realmente un voucher educativo, sino un subsidio con fines específicos no podía ser más oportuno, dada la tremenda crisis económica heredada por el nuevo Gobierno, la cual había comenzado a poner a muchos padres en la disyuntiva de continuar pagando las cuotas en escuelas de gestión privada o emigrar a sus hijos a escuelas de gestión pública.

Por cierto, un éxodo similar sucedió luego de la crisis de 2001, pero en esta ocasión, de no haberse tomado una medida como la efectivizada, el efecto hubiese sido exponencial, dada la magnitud del evento que estamos viviendo.

Como señalé en aquella nota, la voluntad del presidente Javier Milei de enfrentar esta realidad era clara; ya lo expresaba en sus declaraciones en una entrevista radial realizada en febrero: “Vamos a incorporar un mecanismo de asistencia a la clase media para que los chicos no pierdan el colegio, porque la situación en la cual se te caen los ingresos y tenés que cambiar al chico de colegio no solo es traumatizante para los padres sino también para los chicos”, a lo que agregó: “Va a haber vouchers y financiamiento para alumnos”.

El pasado lunes 29 julio fue publicado en el Boletín Oficial la Resolución 488/2024 de la Secretaría de Educación, la cual extiende la vigencia del programa hasta diciembre; una decisión tan oportuna como lo fue su lanzamiento. Como se señala en los Considerandos de la Resolución: “Durante el mes de julio del corriente año, el Programa asistió a 833.211 estudiantes del nivel inicial, primario y secundario, asegurando así la continuidad en sus trayectorias educativas”, a los que se agrega: “Con el objeto de fortalecer el acompañamiento a las familias resulta necesario ampliar la cobertura del Programa”.

Por cierto, recordemos que el mismo consiste en “una prestación temporaria a favor de las familias cuyos hijos, de hasta 18 años, asisten a instituciones educativas públicas de gestión privada con al menos 75% de aporte estatal y cuyo ingreso familiar no supera los siete salarios mínimos, vitales y móviles.

Sin embargo, el programa continúa generando una discriminación innecesaria, la cual se refleja en los Considerandos de la Resolución 488/2024: “El Programa de Asistencia Vouchers Educativos fue creado para asistir a familias cuyos hijos concurren a instituciones de educación privada que reciben aporte estatal, con la finalidad de garantizar la permanencia de los alumnos en dichas instituciones”.

Yo me pregunto, ¿por qué si dos familias califican para el programa en virtud de su realidad económica, una de ellas se encuentra recibiendo el voucher dado que sus hijos concurren a un colegio que tiene una subvención estatal del 75% o más y la otra, cuyos hijos concurren a un colegio que recibe una menor subvención o ninguna, no?

¿No deberían las familias recibir el voucher, en función de su realidad económica, independientemente de la característica de la escuela a la que han optado por enviar a sus hijos? Definitivamente sí; no es a determinados colegios a los que se intenta apoyar, sino a familias que hacen grandes esfuerzos por la educación de sus hijos y son las víctimas inocentes del pasado vergonzoso que nos ha tocado vivir.

Pocas veces un Gobierno ha demostrado con los hechos su voluntad por cambiar la realidad educativa como la actual gestión del presidente Javier Milei. Modificar los requerimientos para calificar al Programa de Asistencia Vouchers Educativos constituiría un paso más en la dirección correcta.

Destacados, Prensa

  • Hits: 499
Donate