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SALTOS TECNOLÓGICOS Y LAS DIMENSIONES DE LA LIBERTAD

Por José María Dagnino Pastore

Este racconto ilustra cuanto los grandes inventos desde nuestra aparición en el mundo (homo sapiens, por ahora), vía saltos de los elementos esenciales de la comunicación humana, abren nuevas dimensiones y expanden magnitudes de nuestra libertad.  

Los elementos esenciales de la comunicación son:

#1 Alguien (el “Emisor”) que pueda pensar [cerebro] el contenido de un mensaje, y

#2 que pueda emitirlo [p.e.: gesticulación, vocalización, digitación];

#3 Algún mensaje (“Información”) con contenido [p.e.: amor], y

#4 con formato [p.e.: gesto, palabra, dibujo];

#5 Algún medio que pueda trasmitir un mensaje del(os) emisor(e)s al(os) receptor(es) [p.e. video, audio, libro];

#6 Alguien (el “Receptor”) que pueda recibirlo [p.e.: visión, audición, lectura];

#7 que pueda entender [cerebro] el contenido de un mensaje.

 

  1. GRANDES INVENTOS Y CAMBIOS ESENCIALES

DE LA COMUNICACIÓN

 

Tanto por los efectos de los inventos sobre la evolución de la humanidad como sobre la de los elementos esenciales de la comunicación, en este racconto distingo tres etapas: a) la lenta emergencia, desde nuestra, homo sapiens, aparición (~300.000 a.C.) hasta el fin de la 1* Revolución Industrial (1850); b) el despegue, desde la aplicación de la electricidad hasta el fin de la 2* Revolución (~1960); y, desde entonces, c) la explosión incontenible, con la 3* Revolución, la digital, y la emergente 4* Revolución, impulsada por la llamada[1] inteligencia artificial.

 

LA LENTA EMERGENCIA 

  • Con el homo sapiens, y su evolución cerebral[2], que llevó a la Revolución Cognitiva (~50.000 años a.C.), vino el lenguaje oral, que hizo aportes fundamentales a las comunicaciones gestual y gutural primitiva:
  1. Amplitud de pensamiento (conceptualización) [#1, #7],
  2. Contenidos y ordenamiento de mensajes (sustantivación, adjetivación, verbalización; gramática) [#3];
  3. El habla [#2, #5, #6].
  • La escritura (~3.000 años a.C.)[3] abrió posibilidades trascendentales[4]:
  1. La no improvisación del emisor en la expresión de los contenidos de los mensajes (y viceversa por parte del receptor: el tiempo de reflexión [#1, #7];
  2. La habilidad de escribir y de leer (alfabetización) mensajes escritos [#2, #6];
  3. Los mensajes escritos (tinta, papiro…papel), en adición a los gestuales y orales previos [#4], con su consecuente registro y conservación (bibliotecas) ¡El fin de la prehistoria y el comienzo de la historia! ¡La acumulación y transmisión inter temporal del conocimiento!;
  4. La no simultaneidad entre la emisión y la recepción de mensajes [#5]: la comunicación asincrónica;
  5. La no presencialidad entre el emisor y el receptor de mensajes [#5]: la comunicación a distancia;
  6. La portabilidad de los mensajes incorporó el transporte, con sus componentes de distancia y tiempo, como parte de la transmisión [#5].

Los cuasi coetáneos carros con ruedas y navegación a vela extendieron (viajes, correos) el alcance y redujeron los tiempos de la comunicación con entre emisores y receptores lejanos.

  • Desde el Siglo XV la imprenta (Gutenberg, 1455) aportó la reproducción múltiple de los escritos (vgr.: libros), lo que hizo posible su distribución a numerosos lectores en distintos lugares [#5]. El Correo moderno y la entrega de periódicos a domicilio empezó en el Siglo XVIII.

La máquina de vapor (1° Revolución Industrial, 1760-1840) expandió y aceleró (ferrocarriles, barcos), el alcance y los tiempos de la comunicación mundial.

 

 

EL DESPEGUE

 

  • Con la aplicación de electricidad y luego, ya en la 2* Revolución (1870-1914), se produjeron inventos que ampliaron las comunicaciones.
  1. El telégrafo (Morse, 1844), aunque con limitaciones [#2], agregó formas hábiles para comunicar mensajes escritos a distancia de manera sincrónica [#5];
  2. El aporte del teléfono (Graham Bell, 1876) fue la comunicación oral a distancia -hasta en los hogares- [#6], sincrónica [#5];
  3. La radio (Marconi, 1879) trajo el envío simultáneo de mensajes orales, sincrónicos, a distintos destinos [#2], lo que posibilitó su acceso a multitud de escuchas por doquier [#4, #5];
  4. Los grabadores de sonido (Edison, 1877) [discos] contribuyeron la comunicación oral registrable y portátil [#4, #5], ergo asincrónica;
  5. El cinematógrafo (los Lumiere)[5] [pantalla, películas] resucitó la comunicación gestual, muda (1895) y mixta con la oral (1927) ahora a distancia, asincrónica, reproducible y portátil [#4, #5], aunque solo accesible donde hubiera cines;
  6. La televisión (1941) [pantalla] agregó a esta comunicación mixta, gestual y oral, a distancia, sincrónica [#5], la recepción desde los hogares [#6].

 

Las telecomunicaciones quitaron al transporte su rol clave en el alcance de las interacciones humanas [#5].

 

 

LA   EXPLOSIÓN INCONTENIBLE

 

  • A partir de los avances de la electrónica con los inventos de los transistores (Shockley, Bardeen y Brittain, 1947) y de los chips (Kilby y Noyce, 1959) se produjeron (3* Revolución, Digital, 1970- ¿2010?) dos grandes hitos del progreso informático:
  1. el empleo generalizado de las computadoras personales [PCs] (1980s), y
  2. de la World Wide Web, Internet, (1990s):

que superaron las limitaciones en la producción y en el acceso a mensajes escritos, orales [audios] y visuales [videos] sincrónicos a distancia [#4, #5, #6], llevándolos a los hogares.

 

Se popularizaron además los teléfonos móviles [celulares, smart], oral y escrita (SMS) que hicieron portátil las tres formas de comunicación.

 

La informática se fue apropiando de la transmisión de mensajes de todo tipo [#5].

 

  • Y estamos en los albores de la 4* Revolución (¿2010? - …) lanzada por la llamada inteligencia artificial [AI] -de machine learning (usado desde los 80s) a deep learning (desde ~2012)- y manifiesta en el Internet de las cosas [IoT], en Big Data y en la Nube.

 

 

  1. COMUNICACIÓN AMPLIADA Y

GRADOS DE LIBERTAD

 

Antes del sapiens, la comunicación de los homos era básicamente gestual-visual[6] y presencial. Ya con nosotros, sapiens cognitivos, el lenguaje primero y la escritura después desplegaron una dimensión esencial de la comunicación, la de sus formas, que ahora podía ser también hablada-escuchada y escrita-leída. Dos impactos sobre la libertad: la de poder expresar las conceptualizaciones de nuestros cerebros -una enorme expansión de posibles contenidos- y la de elegir por qué vía hacerlo.

 

La escritura, al permitir el registro y conservación de los mensajes, agregó una dimensión a la comunicación, la asincronía, el lapso entre el momento de la emisión y el de la recepción. La libertad de elegir cuando llegan y cuando se leen los mensajes.

Y adicionó, a la imperfecta tradición oral, la memoria escrita y acumulada de nuestro conocimiento, extendiendo los límites de nuestra libertad.

 

Además, al desligar de la presencialidad y ser portátil (vgr.: libros), aportó una dimensión más a la comunicación, la posibilidad de distancia entre el lugar de la emisión y el de la recepción de los mensajes. Desde entonces somos libres para comunicarnos con destinatarios no muy cercanos, sino también lejanos.

Los progresos en el transporte terrestre y acuático ampliaron las distancias alcanzables. La imprenta trajo la reproducción de los mensajes escritos, primer paso de la ubicuidad, otra prolongación de la libertad.

 

Las grabaciones7 (vgr.: discos) y el cine7 extendieron a la comunicación oral y gestual las dimensiones de asincronía y distancia. Nos dieron libertades de opción que solo teníamos con los mensajes escritos.

 

Hemos visto los inventos gracias a los cuales gozamos la libertad de comunicarnos oralmente y por escrito a distancia, mediando lapsos de tiempo.

El telégrafo, el teléfono y la radio[7], y la televisión7 la ampliaron, para las tres formas de expresión, a la comunicación a distancia, pero sincrónica. 

Abrieron un nuevo mundo a la comunicación, la virtualidad.

 

Las computadoras personales y Internet extendieron el alcance de la ubicuidad a los hogares y oficinas, y los Smart phones la hicieron móvil.

 

El progreso tecnológico amplió también el ámbito de la libertad superando dificultades que limitaban nuestro acceso, a la información. Los diccionarios bilingües (Nebrija, 1492-5) facilitaron la libertad de comunicarse en distintos idiomas y hoy las aplicaciones de computación realizan la traducción oral y escrita instantánea.

 

La reproducción de los mensajes de todo tipo, al abrir la dimensión de ubicuidad, vía distribución geográfica, primero a los hogares y oficinas, y a Smart phones hoy, generalizó el acceso a la información a prácticamente toda la población.

 

Nuestra libertad de expresión dio un salto cuando la emergencia de la Red permitió que la difusión amplia de los mensajes no estuviera restringida a emisores estatales y corporativos, sino que estuviera abierta a nosotros, emisores individuales.

 

Finalmente, a nosotros, productores y usuarios de información de todo tipo, la nube nos provee el acceso a una riqueza de conocimientos acumulada que desborda todos los límites.

 

Como vimos, el progreso tecnológico, al descubrir nuevas dimensiones de la comunicación:

  1. Las formas de expresión;
  2. La distancia;
  3. La asincronía;
  4. La virtualidad;
  5. La ubicuidad;
  6. La movilidad;

y al extender sus magnitudes (p.e.: la asincronía, desde el principio hasta un futuro que vamos construyendo), va abriendo mundos a nuestra libertad de optar.

 

Hoy cualquiera de nosotros puede emitir y recibir, en medios fijos o móviles, mensajes orales, escritos y visuales y elegir sus destinatarios y remitentes, desde receptores individuales (e-mail), a grupos predeterminados - de amplitud menor (whats-app) a mayor (grupos por redes) - y abiertos, en todo el mundo. Comunicación instantánea o diferida. Y acceder al conocimiento acumulado de la humanidad (Wikipedia, AI, etc.).

 

El mundo y su historia, aquí y ahora, para todos, en nuestra mano. Esa libertad nos dio la tecnología.

 

 

José María Dagnino Pastore

Buenos Aires, mayo de 2025

 

[1] Ver Benegas Lynch, Alberto (h.) ¿Inteligencia artificial? Un apunte telegráfico, publicado por la Universidad del CEMA.

[2] Globularizacion, conectividad y microestructura cerebrales.

[3] La alfabética ~1.200 años a.C.

[4] Ver Vallejo, Irene El infinito en un junco, Siruela.

[5] Hablado desde 1927.

[6] Y precariamente gutural-auditiva.

[7] Cuyos mensajes son, además, replicables.

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La imagen del liberalismo económico en Argentina

Por Juan Francisco Alimena

No existe duda alguna, las ideas relacionadas a la libertad económica en Argentina tienden a ser, en el mejor de los casos, poco estimadas, y lo normal es que sean utilizadas para infundir miedo entre las gentes de volver a épocas de crisis que, según los políticos y una vasta mayoría de formadores de opinión, se debieron al liberalismo, aplicado por la malvada clase empresarial en alianza con “los de afuera”, en un intento de volver a colonizarnos de una manera más discreta.

En línea con lo antedicho, los fructíferos esfuerzos de la casta política para darle un aura maligna a las ideas liberales no se han limitado únicamente a tomar medidas contrarias a estas y simplemente criticarlas (y rara vez debatirlas), sino que también, han hecho de la educación en general una poderosa herramienta para, por supuesto, dejar al liberalismo fuera del espectro político nacional, bajando línea con el discurso de que el peronismo intervencionista ha sido el único motor de desarrollo de nuestro país, y que Argentina solo sucumbió ante intereses foráneos y de la élite en sus épocas liberales, que para ellos representan todo el período anterior a 1914, la última dictadura cívico-militar, el menemismo y el gobierno macrista.

 Entonces ¿Qué se podríamos hacer ante esta situación? (especialmente desde el lado de los más jóvenes) La respuesta es más simple de lo que parece, y esta es difundir los verdaderos principios del liberalismo y clarificar ciertos mitos presentes en el imaginario colectivo argentino, empezando mediante la aclaración de que políticas que tanto han dañado a nuestra economía, como que el endeudamiento, el capitalismo de amigos y el aumento de impuestos, llevados a cabo durante el PRN, el menemismo y en el gobierno de Macri (donde estas medidas llegaron a su máxima expresión), son en realidad preceptos totalmente anti-liberales, contrarios a la disciplina fiscal, la competencia justa y a los estímulos a la creación de empresas y al trabajo mediante la baja de impuestos que esta ideología pregona, y que seguramente todo liberal hecho y derecho defendería a capa y espada.

 Por supuesto, no hay que olvidar mencionar los éxitos del liberalismo en esta nación, como que, en 1914, la naciente industria nacional abastecía el 71,3 % del consumo de bienes industriales (1) (lo cual es un buen puntapié para desmentir la falacia de que la libertad económica es incompatible con el desarrollo industrial); que en 1900 el salario de un obrero argentino representaba el 100,1% de el de un británico (2) (un gran logro considerando que Gran Bretaña era la máxima potencia mundial en aquellos años); y que, incluso dejando solamente al percentil 10 más alto de PBI per cápita en el mundo, hasta antes de la llegada del peronismo, nos manteníamos entre los puestos más altos del planeta (llegando a estar en la cima en 1895 y 1896) (3) (4). En adición a esto no olvidemos que incluso hasta antes de la creación del BCRA, a excepción de la crisis de 1890, Argentina jamás había llegado a tener dos dígitos de inflación.

 Por lo que vemos, la Argentina verdaderamente liberal (al menos en el aspecto económico), en relación al contexto en el que estaba insertada, fue apabullantemente superior al resto del mundo, a diferencia del país en su actualidad, que posicionado en el puesto 149 de libertades económicas a nivel global de Heritage (5), lucha por no bajar del puesto 60 en el ranking de PBI per cápita y no tener una inflación de dos dígitos que destruya al 35%-40% de pobres del territorio nacional, a la clase media y que no ahuyente a los inversionistas.

Sin embargo, a pesar de que todo esto sea verídico, no podemos permitirnos pensar que esta información sea conocida por todos y que vaya a ser mágicamente difundida o que vaya a ser parte de las currículas educativas, ni siquiera en un mediano plazo, con lo cual, para limpiar la imagen del liberalismo, debemos aprovechar este auge que está viviendo entre algunos sectores de la población más joven, y dejar de acercarnos a personas de otras corrientes ideológicas con el simple motivo de “destruirlas” (frase típicamente incluida en los títulos de videos de debates), para comenzar a convencer e informar, entendiendo también que el liberalismo no es perfecto, para así demostrarle a gente con ideales poco afines a la libertad económica, que los liberales no somos unos “chetos” engreídos que no tienen empatía por los menos afortunados, sino que únicamente queremos que se pueda poner en práctica un modelo económico que ha generado mucha riqueza en una gran cantidad de países, como Hong Kong, Suiza, Australia o Nueva Zelanda. 

 Otro problema que ha influido en que la imagen del liberalismo sea bastante pobre en Argentina es que muchos de los que defendemos esta ideología, hemos caído en la trampa del famoso “liberalómetro”, por lo que no es raro encontrar a jóvenes liberales e incluso referentes discutiendo de manera absurda por quién es más liberal, en vez de estar enfocándose en crear alianzas que puedan llevar al liberalismo al escenario político real para que deje de ser la ideología que gana encuestas en Twitter, y empiece a ganar un lugar en la mente de los argentinos.

 Ciertamente el camino es difícil, y la difusión de ideas en un sistema controlado por aquellos que ante el avance de estas ideas se verían perjudicados económica y políticamente, hace de esta empresa una tarea más dificultosa, pero si queremos que las cosas cambien, debemos abandonar por completo la actitud tímida que recién estamos empezando a dejar de lado gracias a la creación de think-tanks y la aparición de referentes en las redes sociales, manchándonos las manos, informándonos por nuestra cuenta, difundiendo nuestros nuevos conocimientos y de vez en cuando debatiendo, con respeto pero sin miedo, debido a que una transformación requiere de acciones firmes, porque como dijo Moreno,“La moderación fuera de tiempo no es cordura, ni es una verdad; al contrario, es una debilidad”.

Referencias:

(1)http://www.eseade.edu.ar/wp-content/uploads/2016/07/Irigoin.pdf

(2)https://scholar.harvard.edu/jwilliamson/files/1853text.pdf

(3)https://puntodevistaeconomico.com/2019/06/26/el-ranking-argentino-en-pbi-per-capita/

(4)https://emilioocampoblog.wordpress.com/2019/06/28/sobre-la-decadencia-argentina-y-sus-negadores/(5)https://www.heritage.org/index/ranking?version=424

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Uno o muchos planes educativos: ¿por qué siempre fracasan?

Necesitamos un sistema educativo en el que las familias tengan el control, la calidad se mida con transparencia y las escuelas compitan por ofrecer la mejor formación

Infobae.com – Hace pocos días, Martín Krause publicó en este mismo espacio una interesante nota titulada: “Uno o muchos sistemas educativos: ¿cuál será el próximo? La misma es especialmente oportuna ante otro de los interminables cambios de planes educativos a los que nos tienen acostumbrados aquellos que coyunturalmente tienen la responsabilidad de la conducción del área, en las distintas jurisdicciones.

En este caso, tanto la provincia como la ciudad de Buenos Aires han puesto en marcha sus respectivos planes, ambos reconociendo que los anteriores no han dado buenos resultados y destacando los puntos débiles de la educación de sus distritos.

Como señala Krause: “Para la realización de estos planes se han realizado innumerables reuniones entre funcionarios, maestros, profesores, especialistas porque la existencia de un plan requiere del consenso si no completo al menos importante entre los que luego habrán de llevarlo adelante. Y una vez aprobado, otra tanta cantidad de reuniones para capacitarlos. Dentro de tres, cuatro u ocho años veremos el proceso repetirse con nuevos congresos, nuevas jornadas y nuevos planes que plantearán nuevas metodologías o nuevos contenidos teniendo en cuenta las preferencias ideológicas de futuros gobiernos o los inevitables cambios en las tecnologías”. Es claro que tiene razón: es un círculo vicioso.

Volver a empezar, una y otra vez. En el terreno de la educación, este fenómeno es especialmente evidente y, de sobremanera, costoso. Veamos si no lo que sucede cada vez que asume un nuevo gobierno. Lo primero que escuchamos es un diagnóstico sombrío: el estado del sistema educativo es desastroso, lo cual por cierto no dista de representar nuestra realidad; todo lo que se hizo antes está mal, y la tarea del nuevo gobierno será reformarlo. Esta narrativa de empezar desde cero se ha vuelto un ciclo interminable. Las nuevas autoridades critican las gestiones previas y proponen grandes reformas que sistemáticamente fracasan en lograr cambios sostenibles. Y mientras tanto, los estudiantes son las víctimas de un sistema que parece estar siempre en fase de reconstrucción. Lo irónico del caso es que ello no sólo ocurre entre gobiernos de partidos políticos opuestos, sino incluso entre administraciones del mismo signo político, como lo demuestra la actual reforma educativa del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Volviendo a la nota de Martín Krause, el autor señala con absoluta razón que “pretender que una persona o un grupo de expertos sepa cuál es la mejor forma de educar a nuestros niños y jóvenes es arrogante y, en definitiva, al buscar imponerla a los demás, autoritario. Como hay distintas preferencias, capacidades, habilidades, tanto en los maestros como en los niños y jóvenes, hay una innumerable cantidad de alternativas para cada caso. Es imposible saberlo desde arriba”. Por lo cual propone “un orden abierto en la educación, el cual generaría innumerables opciones: algunas se adaptarían mejor a ciertas preferencias (Montessori o Waldorf por ejemplo) otras ensayarían nuevas metodologías y contenidos y podríamos de esa forma saber cuáles dan mejores resultados. No sería un sistema impuesto a nadie en particular o sería un sistema flexible que ensayaría y adoptaría todo tipo de novedades”.

En lugar de retrotraer todo a fojas cero cada vez que cambia un gobierno, esta reforma permitiría a las instituciones educativas de gestión privada generar un ciclo continuo de mejora y evolución, basado en la experiencia acumulada y la capacidad de innovación. Serían los propios padres, ya no los expertos coyunturalmente a cargo de delinear las políticas educativas, quienes fiscalizarían a las escuelas a partir de la imprescindible publicidad de toda evaluación que se lleve a cabo.

¿No vale la pena evaluarlo? Yo creo que sí. De lo contrario, seguiremos atrapados en este laberinto de reformas estériles, donde cada nuevo gobierno borra de un plumazo lo anterior, sin generar soluciones reales.

El futuro de nuestros hijos no puede depender de la coyuntura política. Necesitamos un sistema educativo en el que las familias tengan el control, la calidad se mida con transparencia y las escuelas compitan por ofrecer la mejor formación, gracias a la autonomía que les permitiría innovar y responder a las verdaderas necesidades de los estudiantes.

No podemos seguir desperdiciando generaciones enteras en este sistema fallido. La educación debe liberarse de las ataduras políticas y convertirse en un motor de desarrollo basado en la innovación, la autonomía y la exigencia de calidad. Necesitamos romper definitivamente con este círculo vicioso y permitir que las escuelas de gestión privada gocen de la libertad necesaria para liderar el cambio. Solo así dejaremos de arrastrar la piedra de Sísifo y comenzaremos, de una vez por todas, a construir un futuro mejor para nuestros jóvenes.

Destacados

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Autonomía escolar, una herramienta clave

Por Marina Kienast

Infobae.com – La educación pública argentina enfrenta un desafío estructural que ya no podemos ignorar: su alta centralización. Las decisiones pedagógicas, administrativas y financieras suelen definirse lejos de las aulas, en escritorios ministeriales que desconocen las realidades específicas de cada escuela. En contraste, las instituciones privadas logran mayor flexibilidad para gestionar sus recursos y definir estrategias pedagógicas adaptadas a sus comunidades. El resultado está a la vista: mejores desempeños académicos y un clima escolar más favorable.

En un contexto educativo cada vez más complejo, donde los alumnos atraviesan crecientes problemáticas emocionales y de identidad, la autonomía escolar surge como una herramienta clave para transformar el día a día en las aulas. Permitir que cada escuela decida cómo asignar su presupuesto, diseñe estrategias pedagógicas ajustadas a su realidad y seleccione a su equipo docente no solo reduce la burocracia, sino que también fomenta un mayor compromiso por parte de la comunidad educativa. Cuando las decisiones se toman puertas adentro, directivos, docentes y familias sienten que la escuela es verdaderamente suya.

Sin embargo, en Argentina la discusión sobre autonomía escolar ha sido esquiva y superficial. No contamos con estudios locales que analicen de manera rigurosa cómo impacta la autonomía en el clima escolar, especialmente en escuelas que atienden a sectores vulnerables. Y esto es un error estratégico. El clima escolar, entendido como la calidad de los vínculos, las expectativas de aprendizaje y la seguridad emocional que perciben los estudiantes, es un factor determinante en su desempeño académico. Numerosas investigaciones internacionales lo han demostrado: un clima escolar positivo mejora la autoestima, reduce la deserción, disminuye el consumo problemático de sustancias y fortalece el sentido de pertenencia. No es un dato menor en un país con alarmantes tasas de abandono escolar en la secundaria.

La autonomía escolar, por sí sola, no es una fórmula mágica. La evidencia internacional muestra que su efectividad depende de condiciones clave: directores capacitados y empoderados, mecanismos claros de evaluación y rendición de cuentas, y comunidades escolares comprometidas. En países donde el sistema educativo establece objetivos de desempeño claros y mecanismos de auditoría transparentes, las escuelas con mayor autonomía logran resultados significativamente mejores en pruebas estandarizadas. Pero cuando estos controles fallan, la autonomía puede derivar en una gestión ineficiente o, peor aún, en una gestión arbitraria de la institución.

En nuestro país, el principal obstáculo es justamente ese: no hay una cultura de evaluación y rendición de cuentas. Las escuelas carecen de metas de desempeño claras y los resultados académicos no generan consecuencias reales, ni premios ni sanciones. Sin ese marco institucional, cualquier intento de dotar de mayor autonomía a las escuelas públicas corre el riesgo de convertirse en un mero traspaso de responsabilidades sin herramientas para gestionarlas.

A pesar de estos desafíos, es momento de dar el debate. La autonomía escolar puede ser una de las llaves para mejorar la calidad educativa en Argentina, pero debe ir acompañada de un cambio profundo en la forma en que evaluamos, premiamos y corregimos. No alcanza con descentralizar; hay que construir una nueva cultura de gestión escolar, basada en la transparencia, el liderazgo pedagógico y la participación activa de las familias.

Con datos, equipos interdisciplinarios, y sobre todo voluntad política podremos salir de la discusión ideológica y avanzar hacia políticas basadas en evidencia. Porque si algo necesita nuestro sistema educativo es dejar atrás los discursos vacíos y animarse a probar soluciones innovadoras, con responsabilidad y compromiso.

Destacados, Educación

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El secreto mejor guardado de la educación argentina

CLARÍN En julio de 2013 publiqué, en este mismo espacio, la primera de numerosas notas que sostenían que resultaba indispensable modificar el Artículo 97 de la Ley 26.206 de Educación Nacional, a los fines de generar las condiciones para que la indignación de los mismos padres de los niños y jóvenes afectados por la tragedia educativa que, ya por entonces, vivía nuestro país le proveyese al gobierno de turno el apoyo sin el cual era imposible enfrentar a los sindicatos docentes, los más acérrimos defensores del statu quo.

Dicho artículo les impide a los padres conocer cómo le está yendo a la escuela donde se educan sus hijos, al establecer que “la política de difusión de la información sobre los resultados de las evaluaciones resguardará la identidad de los/as alumnos/as, docentes e instituciones educativas, a fin de evitar cualquier forma de estigmatización, en el marco de la legislación vigente en la materia”.

¿Estigmatización? Por supuesto se debe preservar la identidad de los alumnos y docentes, pero no así de las instituciones educativas. No era posible enfrentar la tremenda realidad que enfrentaba la educación argentina, y que su desmanejo durante la pandemia deterioró aún mucho más, sin la participación activa de los padres.

Si los resultados de las evaluaciones fueran accesibles a nivel escuela, los padres contarían con información clave para exigir mejoras concretas en la educación de sus hijos. Esta transparencia contribuirá a la equidad y calidad educativa al alinear las expectativas de aprendizaje con un diagnóstico realista y público.

A lo largo de los años se han realizado diversos esfuerzos por modificar un artículo que impide la participación de los padres como fiscalizadores de la educación que reciben sus propios hijos. Sin ir más lejos, el 27 de diciembre de 2023, el gobierno de Javier Milei incluyó en el Proyecto de Ley Bases el artículo 549, el cual sustituye el artículo 97 de la Ley 26.206 por el siguiente: “Artículo 97.- La Secretaría de Educación del Ministerio de Capital Humano y las jurisdicciones educativas promoverán la transparencia en el uso de los datos e indicadores a fin de contribuir a la buena gestión de la educación y la investigación educativa. La política de difusión de la información sobre los resultados de las evaluaciones resguardará la identidad de los/as alumnos/as, en el marco de la legislación vigente en la materia. Los padres y los docentes tendrán acceso a la información que les permita tomar decisiones a fin de mejorar la educación de sus hijos y alumnos”.

El texto que precede al proyecto de ley, enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, explicitaba: “Se impulsan cambios en el sistema educativo, con (…) la posibilidad que los padres puedan tener conocimiento de las notas de sus hijos, y de cómo estas y las de su colegio comparan con las del resto del país”. Lamentablemente, como tantas otras veces en nuestra historia reciente, una muy buena idea quedó en la nada.

Negarles a los padres el acceso a la información es perpetuar un sistema que no da respuestas y que deja a miles de niños y jóvenes, especialmente a los más vulnerables, sin las herramientas para un futuro mejor. Son nuestros representantes en el Congreso quienes deben asumir su responsabilidad y tomar la iniciativa. La resistencia a este cambio limita las oportunidades de miles de niños y jóvenes, profundizando la desigualdad y frustrando su futuro. La transparencia en la educación no es un privilegio, es una necesidad impostergable.

Destacados, Prensa

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