José Urtubey, dirigente industrial UIA , y Aldo Abram, director ejecutivo de Libertad y Progreso, participaron del duelo económico de Maldita Economía y manifestaron sus visiones acerca de la reforma tributaria, la política del Banco Central , el dólar y cómo ven el panorama a partir del gobierno anterior.
Urtubey opinó que dentro del paquete de medidas de reforma tributaria, "hay aspectos positivos", por ejemplo, la eliminación de los que llamó "impuestos extorsivos", como el impuesto al cheque, o la posibilidad de reinvertir en utilidades. Sin embargo, dijo que "hay luces amarillas" en relación al impuesto interno sobre la cadena de valor del azúcar.
Por su parte, Abram manifestó: "La reforma tributaria sin ninguna duda va en el rumbo correcto". Sin embargo, a modo de crítica dijo que "es bastante amarreta", ya que el Gobierno propone que baje muy poco la presión tributaria.
"El Banco Central no está subiendo la tasa de interés, la está bajando", señaló Abram. A su vez, argumentó que "la solución no pasa por que el Central siga emitiendo, sino que porque el Estado ajuste y no se chupe todo el crédito".
Respecto del dólar, Urtubey opinó que "es un error centrarse en esa variable económica" y dijo que hay que tener una visión sistémica de la economía. "Me preocupa más la falta de financiamiento. El dólar tiene que acompañar una política macroeconómica que se piense desde la producción", apuntó.
"Lo que necesita la Argentina es inversión y hoy el país no es competitivo", expresó Urtubey. Agregó que la economía todavía tiene los problemas estructurales que se experimentaron en los últimos años. Al respecto, Abram comentó que "durante el kirchnerismo no creció ni la economía ni en empleo porque la Argentina no es atractiva para la inversión".
El Liberal Digital - Según un cálculo de Manuel Solanet, director de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso, desde 1925 el gasto público por habitante en moneda de valor constante se multiplicó por 19 veces. Así, mientras el gasto público total en 1925 era de 915,5 millones de pesos moneda nacional (un equivalente a 34.773,8 millones de pesos actuales), el gasto público en 2016 trepó a $2.865.261 millones.
"En 1925 la población de la Argentina era de 10.079.876 habitantes. El gasto público anual por habitante resultaba de $3.450 a moneda de hoy. En 2016 el gasto público total fue de $2.865.261 millones para una población de 43.847.430 habitantes. El gasto por habitante fue de $65.346. De esto resulta que el gasto público por habitante, en moneda de valor constante se multiplicó por 19 veces!! Es un resultado tan insólito como grave", explicó Solanet.
De acuerdo al economista, un peso moneda nacional del año 1925 tenía un poder adquisitivo equivalente a 38 pesos de 2017. Esta cifra surge del promedio de las relaciones de cotizaciones de tres productos en 2017 y 1925 (una tonelada de maíz, una tonelada de trigo y un kilo vivo de novillo). Multiplicando por 38, el gasto de 1925 convertido a moneda de hoy fue de 34.773,8 millones.
"En 1925 la Argentina transitaba por una etapa auspiciosa. Gobernaba Marcelo T. de Alvear no había crisis internacional ni tampoco alguna burbuja incubándose. Las prácticas presupuestarias seguían siendo austeras, pero había un buen desarrollo de infraestructura, educación, justicia y seguridad. Es un año apropiado para tomarlo como base de comparación con el presente en cuanto al rol y el costo del estado", explicó Solanet.
Según el directivo de Libertad y Progreso, la carrera del aumento del gasto comenzó en realidad en 1944/45. Hasta entonces había crecido al mismo ritmo que la población. El incremento del gasto estatal por habitante fue luego gradual, con pocos altibajos, hasta el año 2003 cuando ya se había multiplicado por 9 veces respecto de 1925. "A partir de 2004 se aceleró notablemente con el resultado que ahora vemos. Además del notable aumento del empleo público, este desmadre debe reconocer el crecimiento del número de jubilados y pensionados, y la extensión de subsidios a más de 7 millones de personas. Así se ha llegado hoy a la insostenible relación de 20 a 8 entre los que reciben todos los meses un pago de Estado, y los que trabajan en el sector privado y pagan impuestos. Yo diría, Presidente Macri, que tiene un problema que corregir", destacó el experto.
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l ex ministro de Economía Ricardo López Murphy estuvo en Maldita Economía y opinó acerca del panorama económico actual. Habló de las diferencias con el año 2001 y dijo que la crisis de aquel entonces se dio "por negar la realidad".
"Han pasado las elecciones y el riesgo país no baja", manifestó López Murphy. Dijo que "los indicadores que duelen" están en las exportaciones que no crecen y en que no hay inversiones extranjeras significativas.
Por otra parte, dijo que existe un desequilibrio "muy profundo" por el "descalabro" del sector público y su financiamiento, que lo calificó como "la madre del problema que enfrentamos". De todas formas, dijo que la economía venía de una crisis muy profunda "producto del populismo".
Según explicó, la diferencia con 2001 es que en aquella época la tasa de interés era de 14% y hoy es de 5%. "Está disponible la alternativa de vivir de prestado que antes no estaba", señaló.
En ese sentido, argumentó: "La crisis que tuvimos fue por negar la realidad". A su vez, justificó: "Era todo muy difícil en esa época, no había mercado.
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Agustín Etchebarne fue entrevistado en Canal Rural
La reforma impositiva no tiene lo necesario para que la Argentina despegue. Son demasiado graduales solo reducirá la presión fiscal en 1.5% del PBI en cinco años cuando necesita una baja del 15%.
También opinó sobre inflación y tasa de interés.
https://www.youtube.com/watch?v=oTghutYSQY4&feature=youtu.be
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INFOBAE - Daniel Arroyo publicó recientemente un libro titulado Las cuatro Argentinas y la grieta social, que presenta, en su primer capítulo, un diagnóstico preocupante de nuestro país. Hoy la Argentina presenta un nivel de pobreza del 28% de la población, y es aún más preocupante si focalizamos la población de niños, donde llega al 43 por ciento. Este 28% de la población "está fuera del mercado de trabajo", y estos niños "jamás vieron a sus padres trabajar".
El diagnóstico se completa con otros datos duros. La mitad de los jóvenes no termina la secundaria. La desocupación es del 9%, pero alcanza al 20% cuando concentramos la atención en los jóvenes. Hay un millón y medio de jóvenes que no trabaja ni estudia. Y si focalizamos la atención en el mercado laboral, el 35% de quienes obtienen empleo sólo consiguen trabajo informal, con la lógica "precarización laboral".
Para atender esta problemática social, la política económica ha ampliado sistemáticamente los planes sociales. Sin ánimo de ser exhaustivo, podemos ofrecer una síntesis cronológica. Tras el retorno a la democracia y a sólo seis meses de asumir, Raúl Alfonsín lanzó las cajas PAN. Carlos Saúl Menem agregó planes sociales, con políticas más focalizadas. Fernando de la Rúa buscó tercerizar la administración de los planes en determinadas organizaciones, pero también amplió el número. Eduardo Duhalde ofreció su plan para jefas y jefes de hogar desocupados, dejándonos con 2,2 millones de planes. Néstor Kirchner partió de esa base y ofreció créditos y microcréditos, mientras Cristina Kirchner agregó la asignación universal por hijo, entre otros muchos programas de ayuda. En estos 12 años de kirchnerismo explotó la oferta de planes sociales, y mientras muchos creían que Argentina crecía, pasamos de 2,2 a 8 millones de planes sociales. Mauricio Macri también los amplió, entre otras propuestas, con una asignación universal por hijo para los monotributistas, alcanzando hoy los nueve millones de planes.
Daniel Arroyo acepta que la lucha contra la pobreza estructural a través de planes sociales está agotada. Explica que el problema está en el funcionamiento de la economía. Plantea que no hay recetas escritas en ningún libro que nos vayan a ayudar a resolver este flagelo. "Necesitamos creatividad, nuevas propuestas", exclama.
Mi observación a este planteo es que la pobreza estructural es un mito. "Estructural" es un concepto que manifiesta la estabilidad del flagelo de la pobreza a lo largo del tiempo y tras el paso de sucesivos gobiernos. Esto deja una sensación pesimista, como si el problema de la pobreza no tuviera solución o fuera muy difícil de resolver. Pero lo cierto es que la pobreza será "estructural" si los gobiernos siguen intentando atacar el problema con las mismas recetas. En su diagnóstico, Arroyo ofrece la clave del asunto, y es que la pobreza sólo se resuelve si recuperamos el funcionamiento de la economía. Aunque aclara, al mismo tiempo, que no existe el derrame, y que le vaya bien hoy a ciertos sectores de la economía, como al sector agro, la minería o el sector financiero, sí podrá generar divisas, pero no derramará riqueza al resto de la sociedad. Debemos "cuidar", afirma, a ciertos sectores como la construcción y el área textil. Debemos ofrecer "créditos masivos a tasas de 1%" para que surjan microemprendimientos.
Expertos en el desarrollo, aún ignorados en la Argentina, como William Easterly o el premio Nobel Angus Deaton, nos enseñan que se plantean dos tipos de solución para la pobreza, desde arriba o desde abajo. Desde arriba, con una planificación centralizada del gobierno en atender a los necesitados mediante planes y créditos a tasas subsidiadas; o desde abajo, confiando en la planificación descentralizada de las personas que buscan salir de este flagelo. La pregunta es si seguimos tirando panes desde arriba, o si mejor arrojamos una escalera.
Si realmente queremos ascenso social de los más postergados, necesitamos liberar la energía creativa de los empresarios. Y los empresarios no son los ricos. Empresarios podemos ser todos. Basta estar alerta en el mercado para descubrir las oportunidades de inversión. Sólo desde abajo podemos advertir el conocimiento de tiempo y lugar necesario para dar una solución al flagelo de la pobreza. Descentralizar los recursos desde nación hacia provincias y municipios ayudaría, pero sería aún mejor que el aparato estatal devolviera los recursos de donde los extrae, de la gente.
A mi modo de ver, hoy estos emprendedores están atados. Atados por la presión tributaria excesiva que se requiere para mantener precisamente la estructura actual del Estado. Los planes sociales no sólo están agotados, sino que son el problema de esta Argentina. Cuando se ofrece un empleo a algunas de estas nueve millones de personas, muchas veces surge el problema de que prefieren negarse a aceptarlo, ya que de otro modo perderían el plan. Sostienen: "El plan es estable, el empleo privado no lo es". Los planes son "derechos adquiridos". Ya nadie puede quitarlos. El kirchnerismo nos metió en una jaula de "pobreza estructural" y tiró la llave. Los gobiernos que le siguen entran en esta jaula y no ven la solución. Peor aún, por momentos mantienen la misma dinámica. Estamos encarcelados con impuestos, inflación y deuda.
No necesitamos buscar recetas creativas. Necesitamos tomar un par de manuales básicos de economía y finanzas públicas a los que por décadas les dimos la espalda. Sólo el equilibrio fiscal nos sacará de la inflación y la deuda. Y sólo con estabilidad monetaria y menor presión tributaria los emprendedores encontrarán los proyectos que pueden dar empleo a estos jóvenes postergados. La solución está en la base de la pirámide, quizás en los mismos necesitados, no arriba, en los gobiernos. Como decía Juan Bautista Alberdi: "¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra".
Arroyo nos muestra cuatro Argentinas. La primera es la de la pobreza estructural, que representa el 25% de la población; la segunda es la Argentina vulnerable, la del trabajo informal, que representa el 35% de la población; la tercera es la clase media, con empleo formal, que representa otro 35% de la población; y finalmente está la clase alta, con un 5% de la población. Esta desigualdad genera fragmentación, conflicto o, en definitiva, la grieta social.
¿Cómo integramos estas 4 Argentinas? El primer paso es dejar de expandir los planes. Macri ya creó un millón. Es un error. Quien adquiere un plan entra en una jaula de la que después no puede salir. Le tiramos un pan, pero no una escalera.
El segundo paso es flexibilizar la legislación laboral. Que los jóvenes puedan hacer pasantías en las empresas para aprender a trabajar, antes de exigir salarios mínimos elevados en relación con la productividad que pueden ofrecer. Esto no es precarización laboral, es el modo en que los jóvenes se insertan en el mercado laboral en todo el mundo. El Estado de bienestar europeo es aplicable a los países ricos de Europa, no a esta triste Argentina que arriba describimos. Tenemos que dejar de poner la carreta delante de los caballos. Pedirle a una empresa que tome jóvenes empleados para capacitarlos pagando el actual salario mínimo es no comprender el mundo empresarial. Las empresas simplemente no toman a estos jóvenes porque no suman suficiente valor a la empresa. Y no es una cuestión de falta de solidaridad. Simplemente no lo hacen, porque si lo hicieran, quebrarían.
El tercer paso es bajar los impuestos. Argentina tiene una estructura impositiva impagable. Esto inhibe la creación de emprendimientos, y a las pymes existentes las incentiva a evadir y mantenerse en la economía informal.
El cuarto paso es abrir la economía, porque, aislados del mundo, los productos en el mercado interno son extremadamente caros y elevan el costo de la canasta básica requerida para salir de la pobreza. Si queremos precios bajos, no necesitamos acuerdos con empresarios, necesitamos competencia. Claro que, sin una previa reducción de costo impositivo y laboral, abrir la economía sólo condenaría a las pymes a su destrucción.
El quinto paso es corregir el atraso cambiario. Insistir en que estamos ante un tipo de cambio libre, mientras la oferta de dólares proviene de la demanda del gobierno para evitar el ajuste del gasto, no parece muy sensato. Abrir la importación, con este atraso cambiario, es condenar a las empresas a la quiebra.
El sexto paso, que en la medida de lo posible debería ser el primero, es la reducción del gasto público. Así como dos millones de personas se sumaron al empleo público en la última década, el proceso debe revertirse gradualmente. Mientras el mercado se amplíe, con nuevos proyectos empresariales que generen empleo, podremos ir reduciendo el sobre-empleo estatal y prescindiendo del gasto social. Pero esto llevará tiempo. Argentina puede tomar deuda en la transición hacia un ordenamiento de su economía, pero esa pesada carga habrá que pagarla en el futuro.
Las cadenas productivas son las únicas que pueden corregir el flagelo de la pobreza, pero las cadenas impositivas y laborales evitan que las primeras puedan desarrollarse.