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Política Internacional

La situación del juicio internacional por la expropiación de YPF y el apoyo de Trump

En una entrevista con el programa Hola Chiche, el exsecretario de Energía, Emilio Apud, analizó la situación del juicio internacional por la expropiación de YPF y el posible impacto del apoyo expresado recientemente por el gobierno de los Estados Unidos a favor de la Argentina. Según su mirada, ese respaldo tiene un peso significativo en el plano político y puede colaborar con las apelaciones presentadas por el Estado argentino, dado que, si bien la Justicia norteamericana es independiente, el Ejecutivo puede ejercer cierto grado de influencia a través de gestos, argumentos o sugerencias indirectas.

Apud remarcó que la demanda está dirigida contra el Estado argentino y no contra YPF como empresa, y consideró que aún hay margen para reducir el monto de la condena si se enfoca correctamente la estrategia judicial.

Estimó que, teniendo en cuenta el momento en que se estableció la valuación de la indemnización, es posible lograr una reducción de entre seis mil y siete mil millones de dólares. Para él, la parte demandante tampoco espera cobrar la totalidad de los 16.100 millones más intereses que figuran en la sentencia, sino que estaría dispuesta a abrir un proceso de negociación para buscar formas alternativas de cobro.

Aunque aún no se puede negociar directamente porque hay una apelación en trámite, Apud sostuvo que podrían activarse mecanismos informales o contactos discretos a través de terceros que ya han participado de negociaciones similares en el pasado. 

Durante la entrevista, también se refirió al futuro de AYSA y confirmó que hay inversores interesados en una posible privatización, siempre y cuando el Estado cumpla con los compromisos básicos establecidos en los contratos, especialmente en lo relacionado con las tarifas.

Señaló que la experiencia de los años noventa fue positiva al principio, con una empresa francesa de primer nivel al frente del servicio, pero que todo comenzó a deteriorarse cuando las tarifas se congelaron y el Estado dejó de hacer los pagos correspondientes.

Apud advirtió que el problema de fondo no es solo financiero sino estructural. Consideró inaceptable que en un país como la Argentina apenas el 40 por ciento de la población tenga acceso a cloacas y solo el 70 por ciento cuente con agua corriente. Además, cuestionó la falta de medidores de consumo, lo que impide un uso racional del recurso.

¿Apropiación imperialista del petróleo?

CATOIan Vásquez afirma que el mejor camino para Estados Unidos y Venezuela es dejar que las fuerzas del mercado determinen el futuro del sector petrolero venezolano bajo una democracia legítima.

Parece una caricatura inventada por un marxista: Estados Unidos realiza una intervención militar para apropiarse de los recursos de otro país.

Conforme el gobierno de Donald Trump continúe colaborando con el régimen chavista, enfatizando su mayor control sobre la industria petrolera venezolana y posponiendo la transición a una democracia soberana, se fortalecerá la narrativa de un imperio yanqui desaforado.

Puede ser que Trump, como los marxistas, tiene una concepción equivocada de la economía, según la cual la acumulación de los recursos naturales es necesaria para la riqueza y por lo tanto justifica las políticas imperialistas. Pero ese modo de pensar ha sido desacreditado por la experiencia y le ha dado la razón a Adam Smith, quien dijo que la riqueza se debe más bien a las reglas del juego y a las instituciones que sustentan la libertad. Hace 250 años el mismo Smith criticó al imperialismo británico por ser un sistema que le generaba pérdidas económicas a Inglaterra.

El caso venezolano no es diferente. No hay ninguna razón económica que justifique el apoderamiento forzoso del petróleo por Estados Unidos, a pesar de que Trump dice que tal intervención enriquecerá a Estados Unidos y Venezuela. En primer lugar, la mayoría de las empresas petroleras estadounidenses, que no fueron consultadas previo al plan de Trump, no muestra interés en Venezuela. El director ejecutivo de Exxon, por ejemplo, dijo que Venezuela no reúne las condiciones mínimas para invertir.

Tiene razón. El socialismo ha destruido la infraestructura de la industria petrolera venezolana, cuya producción se encuentra por debajo de un millón de barriles/día, menos de 1% de la producción mundial. Para llegar a producir tres millones de barriles/día, como fue el caso a principios del régimen chavista, se requerirá una inversión de por lo menos US$100.000 millones a lo largo de muchos años y en un ambiente político y legal sumamente volátil y riesgoso.

Es más, el precio del barril de petróleo está a niveles bajos (alrededor de US$60) y se pronostica que se mantendrá bajo por años. Sin embargo, por ser más pesado, el crudo venezolano vale unos US$20 menos que el petróleo estándar (el llamado Brent) y cuesta mucho más procesarlo. Se estima, además, que para que sean económicamente viables las inversiones petroleras en Venezuela, el precio del barril tiene que superar los US$80.

Ingresar hoy al mercado venezolano no tiene nada de atractivo para las empresas petroleras estadounidenses. Desde la perspectiva económica, la intervención tiene menos sentido cuando se toman en cuenta los millones de dólares al día que cuesta mantener las Fuerzas Armadas en la costa de Venezuela.

La verdad es que, en un mundo globalizado, la apropiación del petróleo difícilmente tiene sentido económico. Veamos el peor de los casos. En 1990, el gobierno del presidente George Bush justificó la guerra del pérsico al decir que Sadam Hussein “podría estrangular el orden económico mundial” al controlar buena parte del petróleo mundial.

Pero el economista David Henderson mostró que no tenía sentido económico librar una guerra por el petróleo aun si Hussein hubiera tomado Arabia Saudita y los Emiratos Árabes, además de Kuwait. Para que le sea útil, Hussein siempre tendría que vender el petróleo a alguien, incluso si vendiera menos de lo que se vendió antes. Y dado que el mercado petrolero es un mercado global, Estados Unidos hubiera accedido a ese bien por otro lado. Henderson calculó que el costo de no hacer nada ante tal dominio petrolero de Hussein no hubiera superado el 0,5% del PBI estadounidense –algo completamente manejable y menor que el costo de las otras alternativas, como la misma guerra–.

El mejor camino para Estados Unidos y Venezuela es dejar que las fuerzas del mercado determinen el futuro del sector petrolero venezolano bajo una democracia legítima.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 13 de enero de 2026.

¿Nueva guerra contra los cárteles de la droga?

Ian Vásquez considera que caer en el intervencionismo militar para combatir los cárteles de la droga en América Latina sería un grave error.

El presidente Donald Trump, quien fue elegido con la promesa de terminar con las “guerras sin fin” en las que se ha metido Estados Unidos, ha escalado el combate contra los cárteles de la droga en América Latina. Ha declarado que varias son organizaciones terroristas y, de acuerdo con la prensa estadounidense, ha ordenado de manera secreta el uso de la fuerza militar en su contra.

Según Marco Rubio, el secretario de Estado estadounidense, a los cárteles “tenemos que empezar a tratarlos como organizaciones terroristas armadas, no simplemente como organizaciones dedicadas al tráfico de drogas”. Agregó que “ya no es un tema de aplicación de la ley, es un asunto de seguridad nacional. Podemos usar agencias de inteligencia, el Departamento de Defensa o cualquier otro elemento del poder estadounidense para atacarlos”.

Los republicanos han querido usar la fuerza militar en América Latina para estos propósitos por varios años. Pero el solo nombrar a cárteles mexicanos o al Cártel de los Soles de Venezuela como organizaciones terroristas no le da autoridad legal a Trump para usar la fuerza militar. Una acción militar en territorio soberano extranjero es un acto de guerra y requiere que el Congreso estadounidense se declare al respecto previamente.

No es creíble tampoco que Estados Unidos sufre de una emergencia de seguridad nacional a la que Trump tiene que responder unilateralmente. El país ha sido consumidor de drogas por décadas y, por más trágicas que sean las muertes por consumo de fentanilo, estas han caído estrepitosamente en Estados Unidos desde el 2023. En todo caso, sería un grave error caer en el intervencionismo militar. No lograría su objetivo final, dañaría las relaciones diplomáticas por mucho tiempo y podría arrastrar a Estados Unidos a inmiscuirse en otras guerras interminables.

Como ejemplo tomemos a México, donde varios republicanos han querido bombardear a los cárteles o enviar fuerzas armadas especiales. En primer lugar, cualquier incursión militar estadounidense sería rechazada por el pueblo y el gobierno mexicano, fortaleciendo el nacionalismo y dificultando no solo la lucha contra la criminalidad, sino también las relaciones comerciales y migratorias. Trump fácilmente podría amenazar con el uso de aranceles altos, como ya lo ha hecho, o el bloqueo comercial para presionar a México. Y México podría alentar una migración caótica hacia Estados Unidos en vez de cooperar con su país vecino. Peor aún, una lucha militar contra los cárteles tiene poca posibilidad de ser exitosa. México ha librado una guerra contra los cárteles por casi 20 años, capturando a capos y logrando muchos “éxitos” tácticos militares. Pero el resultado ha sido mayor violencia, un incremento de grupos criminales y un flujo de drogas constante hacia Estados Unidos.

Los cárteles mexicanos cuentan con alrededor de 175.000 miembros, la mayoría armados y muchos con equipamiento avanzado de guerra. No es fácil rastrear sus actividades, sobre todo cuando se trata de drogas potentes como el fentanilo que no ocupa mucho espacio para ser producidas o traficadas. Esa tarea militar se tendría que hacer sobre en un territorio mexicano que es tres veces el de Afganistán e incluiría centros urbanos altamente poblados. Cualquier ataque implicaría muertes de mexicanos inocentes, lo cual, sin duda, resultaría en represalias letales contra ciudadanos estadounidenses.

Un reciente juego de guerra del grupo Win Without War Education Fund simuló un ataque de drones estadounidenses y llegó a semejantes conclusiones. No se redujo el flujo de fentanilo a largo plazo; “los ataques militares debilitaron a algunos cárteles, pero fortalecieron a sus rivales, provocaron conflictos internos y propagaron la violencia por todo México”; y México se sumió en “una recesión y devastó a los fabricantes de automóviles estadounidenses y otras industrias dependientes del comercio”. Toda una receta para una guerra interminable e imposible de ganar.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 12 de agosto de 2025.

Bolivia se aleja del socialismo

CATOIan Vásquez dice que Bolivia nos ha dado una prueba más de que el socialismo puesto en práctica no funciona y termina siendo rotundamente rechazado por el pueblo.

Por si hacía falta, Bolivia nos ha dado una prueba más de que el socialismo puesto en práctica no funciona y termina siendo rotundamente rechazado por el pueblo. Así fue el veredicto de ese país, que este domingo votó por poner fin al gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), partido que ha mandado la mayor parte de las últimas dos décadas.

El alejamiento del socialismo manifestado en las urnas es contundente. Los tres candidatos presidenciales más votados son de centro y de derecha, y recibieron casi el 80% de los votos. El candidato oficialista obtuvo apenas 3,2% y el candidato alternativo de izquierda, el 8,2%. La segunda vuelta se dará entre Rodrigo Paz (centro) y Jorge Quiroga (derecha).

El rechazo al MAS no es un misterio. El partido ha hundido al país en la peor crisis económica desde los años 80. Pero el cambio tardó y vino luego de un período en el que el partido de Evo Morales gozaba de popularidad. En su momento, algunos hasta hablaban del “milagro boliviano”.

Hubiera sido milagroso si el socialismo hubiera funcionado en Bolivia. El problema predecible fue que las políticas del MAS no eran sostenibles. Cuando Morales llegó al poder en el 2006, el mundo estaba viviendo el principio de un largo ‘boom’ de materias primas. Eso generó una ganancia tremenda que elevó el crecimiento y financió un incremento del gasto público.

Como en buena parte de América Latina, la pobreza cayó notablemente y se dieron mejoras en numerosos indicadores de bienestar. A la misma vez, Bolivia nacionalizó empresas y recursos naturales, aumentó la burocracia y la regulación, y redujo la libertad económica en general.

Cuando el ‘boom’ se acabó en el 2014, el MAS de Evo Morales no se disciplinó y mantuvo un alto nivel de gasto. Esto derivó en un aumento de la deuda pública, el uso de reservas del Banco Central para financiar el gasto y apoyar la moneda nacional, una creciente inflación y control de precios que, predeciblemente, han causado todo tipo de escasez.

Según el Fondo Monetario Internacional, los déficits fiscales del 2023-24 sobrepasaron el 10% del PBI y la deuda pública ha llegado al 95% del PBI. Las reservas en dólares han caído de US$15.000 millones en el 2014 a US$165 millones hace unos meses. La inflación ha llegado al 25%.

El premio Nobel de Economía Milton Friedman alguna vez dijo: “Si se pusiera al gobierno federal a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habría escasez de arena”. Hoy también hay escasez de gas y gasolina en Bolivia. La producción de gas ha caído por la mitad desde el 2014 y el Departamento de Comercio de Estados Unidos reporta que, “tras 30 años como país exportador de hidrocarburos, Bolivia se convirtió en importador neto de combustible a partir de abril del 2022”.

Las políticas socialistas no solo afectaron lo económico. Se han vulnerado también el Estado de derecho, y las libertades políticas, personales y civiles. Human Rights Watch, entre otras denuncias, acusó al gobierno de Morales de destituir arbitrariamente a casi 100 jueces, “lo cual debilita seriamente la independencia judicial en el país”. La Fundación Observatorio de Derechos Humanos documenta que hay al menos 173 presos políticos en Bolivia.

Establecer el Estado de derecho y reemplazar el sistema redistributivo por uno que genera riqueza requiere de reformas liberales sustanciales como un recorte del 25% en el gasto público. Por suerte, los candidatos tienen el ejemplo cercano de Argentina, que va por buen camino.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 19 de agosto de 2025.

El régimen venezolano se hunde más

CATOIan Vásquez explica la importancia que tiene el espectacular escape de los cuatro venezolanos, líderes de la oposición, que se encontraban secuestrados por el régimen bolivariano en la embajada argentina en Caracas.

Tras el escape espectacular de cuatro venezolanos –líderes opositores– de la embajada argentina en Caracas el mes pasado, el régimen bolivariano se ha puesto nervioso. Después de todo, Nicolás Maduro tenía la sede diplomática cercada y bajo estricta guardia, cortó el agua y la electricidad, prohibió visitas y negó otorgar salvoconductos en violación al derecho internacional –y aun así los rehenes lograron fugarse después de estar encerrados más de un año–.

Fue un golpe duro al régimen y una victoria importante de la oposición que representa prácticamente a todo el país. En cierto modo, el drama de los escapados simboliza la lucha de quienes viven en un país secuestrado y su escape les ha dado esperanza.

Según Pedro Urruchurtu, uno de los exrehenes y el coordinador de relaciones internacionales de la líder de la oposición, María Corina Machado, la hazaña muestra la vulnerabilidad de la dictadura que “es derrotable […] que no es monolítico ni fuerte como se hace ver, que siempre hay grietas, que siempre hay maneras de desafiarle y derrotarle”. Refiriéndose a los miembros del régimen, Urruchurtu nos recuerda que “hay juego de poder… entre ellos”.

Se presume que tenía que haber algo de eso para que se diera el escape. Pero esa victoria de la oposición no es la única que tiene nervioso al régimen. Según Machado, ha habido cuatro victorias seguidas. La primera se dio en octubre del 2023 con las primarias que organizó la oposición y en las que el pueblo votó masivamente. La segunda fue la victoria en las elecciones presidenciales el 28 de julio del 2024, cuando la oposición pudo comprobar que ganó con un 70% del voto y demostró que el régimen cometió fraude.

La tercera victoria fue el escape de los secuestrados en la embajada. La cuarta fue la falta de participación en las elecciones regionales organizadas por el régimen en mayo y a las cuales Machado pidió al pueblo no acudir. Todas esas victorias han mostrado la falta total de legitimidad del régimen y el liderazgo efectivo y legítimo de Machado.

Para ser efectiva, la oposición bajo Machado ha logrado ser extremadamente disciplinada, organizada y trabajadora. Urruchurtu explica que han usado mecanismos convencionales, como el voto presidencial, “cuya organización, despliegue y defensa fue no convencional”. Por ejemplo, para transmitir las actas y así mostrar el verdadero resultado electoral, se montaron 160 antenas de Starlink por todo el país. El escape de la embajada tampoco fue nada convencional, aunque esta es una historia que prometen contar en el futuro.

Ante estas victorias y el debilitamiento de la economía venezolana, el régimen ha respondido con “probablemente la represión más feroz que hemos vivido en 26 años de régimen”, según Urruchurtu. Se han allanado los hogares de los familiares de la oposición, se han encarcelado a otros líderes y se ha impuesto mayores controles económicos.

En las últimas semanas, por ejemplo, el régimen ha detenido por lo menos 50 personas por “delitos económicos”. Específicamente, los detenidos son gente que han operado en el mercado paralelo de divisas. En otras palabras, quienes hacen algún negocio con referencia al tipo de cambio libre, que es ilegal, en vez del tipo de cambio oficial, que sobrevalora la moneda local, están siendo perseguidos. Los agentes del Estado han entrado a los mercados para controlar precios de referencia al dólar y han detenido a quienes postean el tipo de cambio libre con el dólar.

Esas medidas económicas están destinadas a fracasar como han fracasado en todo lugar en toda la historia. Pero comprueban que el régimen está viviendo un momento de alta fragilidad. 

En el Caribe, Trump cruza otra línea

CATO Ian Vásquez dice que el bombardeo de un barco en el Caribe por parte del gobierno de Estados Unidos es una acción militar totalmente ilegal e innecesaria, y abre las puertas a abusos militares unilaterales, profundizando aún más la presidencia imperial.

La semana pasada, Estados Unidos bombardeó un barco en el Caribe que el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró parte del grupo “narcoterrorista” Tren de Aragua, constituyendo una amenaza a la seguridad nacional. Las fuerzas militares de Estados Unidos mataron a 11 personas supuestamente narcotraficantes venezolanos.

La Casa Blanca justificó esta medida extraordinaria tras haber designado al Tren de Aragua y otros cárteles de la droga como organizaciones terroristas extranjeras. Prometió que Estados Unidos seguirá destruyendo objetivos similares que, según afirma, amenazan al país.

El problema es que este tipo de acción militar es completamente ilegal e innecesaria, y abre las puertas a abusos militares unilaterales, profundizando aún más la presidencia imperial.

El mero hecho de haber declarado que ciertos cárteles son organizaciones terroristas no le otorga al presidente Trump ninguna autoridad para ordenar ataques militares contra ellas. Esta acción sigue siendo un acto bélico que el Congreso debe autorizar, a menos que se haya presentado una amenaza inminente a Estados Unidos que no diera tiempo para solicitar el permiso de los legisladores.

Ese no ha sido el caso aquí. No existe tal autorización. Al menos después de los ataques terroristas en Estados Unidos en el 2001, el Congreso aprobó una “autorización para el uso de la fuerza militar” ese año y el siguiente. Con esa autoridad legal, a pesar de ser demasiado amplia, se permitió la lucha antiterrorista en Medio Oriente e incluso la guerra en Iraq.

Tampoco es creíble que Estados Unidos sufra repentinamente de un riesgo inminente de seguridad nacional. La demanda y el tráfico de drogas han sido una constante por décadas. Trump es un presidente que declara amenazas a la seguridad nacional de manera frívola. Así sucedió cuando proclamó que los déficits comerciales representaban una amenaza a la seguridad nacional y justificó así la imposición de aranceles contra el resto del mundo, a pesar de que Estados Unidos ha mantenido déficits por unos 50 años.

El abogado Ilya Somin observa que las fuerzas militares podrían haber detenido el barco, como es costumbre en este tipo de interdicciones, y arrestado a los sospechosos, pero decidieron no hacerlo. Se trataba de “una cuestión de aplicación ordinaria de la ley y no justifica matar a personas sin el debido proceso”. Hasta ahora, la Casa Blanca no ha explicado por qué no pudieron aplicar la ley en lugar de bombardear el barco.

Si aceptamos las justificaciones de Trump, tendríamos que aceptar ciegamente que quienes perdieron la vida estaban traficando drogas y formaban parte del Tren de Aragua. Pero no ha presentado ninguna prueba de ello, solo aseveraciones. No sabemos si en realidad se trataba de inmigrantes, delincuentes que se dirigían a otro país o disidentes huyendo del régimen venezolano.

Es posible que lo que dice la Casa Blanca sea cierto en este caso, pero no hay razón para tomar su palabra, sobre todo cuando ha hecho y sigue haciendo tantas afirmaciones falsas sobre los numerosos inmigrantes que han deportado por la fuerza. Incluso si no se equivocaron esta vez, es seguro que ocurrirá en el futuro.

En todo caso, es un acto de barbarie, como lo reconoce el senador Rand Paul: “[El vicepresidente] Vance afirma que matar a las personas a las que acusa de un delito es ‘el mejor y más elevado uso que se le puede dar al Ejército’ [...] ¿Se ha preguntado alguna vez qué pasaría si los acusados fueran ejecutados inmediatamente sin juicio ni representación legal? Qué sentimiento tan despreciable y desconsiderado es glorificar el asesinato de alguien sin juicio previo”.

Luego de considerar la jurisprudencia estadounidense, Somin concluye que estas fueron “ejecuciones extrajudiciales ilegales”. Esta es una fase nueva en la fútil guerra contra las drogas.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 9 de septiembre de 2025.

Estados Unidos entra en guerra

CATOIan Vásquez estima que el riesgo de que el conflicto con Irán se transforme en una guerra mayor no es menor.

El presidente de Estados UnidosDonald Trump, decidió bombardear tres instalaciones nucleares en Irán este fin de semana, uniendo a Estados Unidos así a la guerra que Israel inició contra ese país hace semanas.

Trump declaró que la operación fue un éxito total y que “aniquiló completa y totalmente” a los tres objetivos. Dijo que la meta era “destruir la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán y poner fin a la amenaza nuclear”. Según esa descripción, el ataque militar incapacita enormemente al régimen iraní, reduciendo o eliminando la necesidad de que Estados Unidos tenga que volver a tomar acciones bélicas allí.

La descripción de Trump, sin embargo, es exageradamente simplista y, por lo tanto, engañosa. Los retos de desarmar el programa nuclear iraní son complejos y la retórica de Trump no toma en cuenta los efectos secundarios o de largo plazo del bombardeo.

El bombardeo sin duda dañó las tres instalaciones nucleares iraníes, pero es dudoso que las haya destruido completamente. En todo caso no hay manera de que se sepa la magnitud de los daños inmediatamente. El experto Jeffrey Lewis señala que el ataque no arruinó de manera importante los materiales ni la infraestructura necesaria para que Irán continúe con su programa nuclear. Numerosos otros expertos están de acuerdo.

Según Jon Hoffman, por ejemplo, “incapacitar permanentemente las instalaciones nucleares iraníes no es una operación de una sola vez: destruirlas requeriría múltiples oleadas de ataques, lo que significa una operación militar estadounidense indefinida sobre el espacio aéreo iraní. Si bien los ataques a instalaciones individuales pueden hacer retroceder el programa, no pueden eliminarlo de forma permanente; el programa está ampliamente disperso en una plétora de instalaciones conocidas –y probablemente desconocidas–. […] la mayor parte del uranio enriquecido almacenado en estas instalaciones [bombardeadas] fue evacuado antes de los ataques”.

La idea de que el bombardeo presionaría al régimen iraní a llegar a una solución diplomática bajo los términos que impuso Trump tampoco fue realista. Cada vez que Irán ha sido atacado o amenazado, ha debilitado a los moderados dentro del régimen y fortalecido a los halcones, estimulando una respuesta agresiva.

De hecho, ayer Irán lanzó misiles a la base militar más grande de Estados Unidos en la región, ubicada en Qatar. Podría hacer lo mismo con varias o muchas de las 63 bases militares que Estados Unidos mantiene en el Medio Oriente. Varios países en el golfo Pérsico han cerrado su espacio aéreo ante posibles ataques iraníes. Irán podría además alentar ataques terroristas a los ciudadanos estadounidenses en la región.

Ojalá que ambos lados dejen de seguir atacándose y que el conflicto no se extienda. Pero es difícil pensar que allí terminará. Si Irán sigue atacando a Estados Unidos o provoca bajas estadounidenses, Estados Unidos responderá con fuerza, arrastrándolo a una guerra más intensa.

Por su parte, Israel, que bajo el liderazgo de su primer ministro Benjamín Netanyahu ha buscado por largo tiempo un cambio de régimen a la fuerza en Irán, seguirá atacando a Irán y provocándolo a que siga respondiendo de manera bélica, socavando las posibilidades de una solución diplomática.

Trump prometió que pondría fin al involucramiento de su país en “guerras eternas” en Medio Oriente y que no le interesaba un cambio de régimen en Irán. Ahora que aparentemente Israel y sus partidarios le han convencido de bombardear a ese país, Trump dice que no descarta cambiar el régimen iraní a la fuerza.

El riesgo de que el conflicto con Irán se transforme en una guerra mayor o que Estados Unidos se inmiscuya en un atolladero –contrario a sus intereses y a lo que prometió Trump– no es menor.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 24 de junio de 2025.

Estados Unidos: Entrada prohibida

CATO Ian Vásquez dice que la nueva prohibición también revierte la noble tradición estadounidense de dar refugio a los inmigrantes que huyen de todo tipo de tiranías.

“Otros países pueden intentar competir con nosotros, pero en un área vital, como faro de libertad y oportunidad que atrae a los pueblos del mundo, ningún país del mundo se nos acerca. Creo que esta es una de las fuentes más importantes de la grandeza de Estados Unidos”.

Esas palabras de Ronald Reagan describen lo que por buena parte de su historia los estadounidenses han mantenido como ideal respecto a la inmigración. Con la entrada en vigor esta semana de la prohibición de ingreso a Estados Unidos de los ciudadanos de una veintena de países, el presidente Donald Trump da un paso más para que su país se distinga de la manera opuesta.

El decreto de Trump restringe totalmente la visita de ciudadanos de 12 países –entre ellos HaitíAfganistán y Sudan– y prohíbe casi totalmente la entrada de los oriundos de nueve países adicionales, entre ellos Cuba y Venezuela. Las excepciones a las restricciones son mínimas.

La política es cruel y extrema. Prohíbe, por ejemplo, la entrada de decenas de miles de parientes de ciudadanos estadounidenses y residentes legales, inclusive esposos y niños menores de edad. Durante los próximos cuatro años, la medida prohibirá la entrada de más de 100.000 inmigrantes y más de 500.000 visitantes que antes hubieran ingresado a Estados Unidos legalmente.

Dice Trump que sus restricciones son necesarias para proteger Estados Unidos de la amenaza de terrorismo proveniente de los países en cuestión y para resguardar la seguridad pública, pero la evidencia no respalda su aseveración. Dice además que las políticas migratorias que está reemplazando son deficientes, pero no presenta evidencia para respaldar su afirmación.

Según los expertos Alex Nowrasteh y David Bier, las nacionalidades prohibidas de entrar a Estados Unidos “representan sólo el 0,2% de todas las muertes de terroristas nacidos en el extranjero en los últimos 50 años. Solo se ha producido un atentado mortal desde 1981. En otras palabras, esta prohibición está notablemente desenfocada de las nacionalidades con antecedentes de atentados terroristas en Estados Unidos. Además, los inmigrantes de estos países tienen un 70% menos de probabilidades que los estadounidenses nacidos en Estados Unidos (de 18 a 54 años) de haber cometido delitos lo suficientemente graves como para ser encarcelados en Estados Unidos”.

Además, Trump asevera que muchos de los visitantes de los países en su lista se quedan más tiempo de lo que permite sus visas, pero Nowrasteh y Bier documentan que, en los últimos 50 años, ningún ciudadano de esos países que se sobreextendió en su visa ni causó alguna muerte por algún ataque terrorista. Felizmente, la nueva política exime a quienes ya tienen visas, pero ese mismo hecho debilita el argumento de que el otorgamiento de tales visas representa una amenaza.

La nueva prohibición también revierte la noble tradición estadounidense de dar refugio a los inmigrantes que huyen de todo tipo de tiranías, como las socialistas de Cuba y Venezuela. De hecho, son precisamente los cubanos y los venezolanos quienes serían los más afectados en términos absolutos. Tomando en cuenta todos los países en la lista prohibida, el 25% de las aplicaciones para la visa migratoria en los próximos cuatro años corresponde a los cubanos mientras que el 44% de los visitantes prohibidos corresponde a los venezolanos.

La evidencia le da razón a Reagan: la inmigración siempre ha beneficiado a Estados Unidos, económicamente, culturalmente y hasta en términos de seguridad pública. El cerrar las puertas a nacionalidades enteras es solo el más reciente, aunque significativo, paso de Trump hacia apagar el faro de libertad que Estados Unidos ha simbolizado para el mundo en los mejores momentos de su historia.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 10 de junio de 2025.

Estados Unidos: Hacia un capitalismo de estado

Ian Vásquez señala que alejarse del libre mercado que produjo la prosperidad estadounidense y las industrias más punteras trae numerosos problemas.

“El capitalismo en Estados Unidos está empezando a parecerse al de China”, aseveró el periodista Greg Ip del Wall Street Journal el mes pasado.

Desde entonces, los hechos han seguido dándole la razón a él y a muchos observadores de la economía estadounidense. Hace 10 días, el presidente Trump anunció que el gobierno federal adquirirá el 10% de las acciones de Intel, la empresa estadounidense que produce chips de computadora.

Que el Estado sea dueño de una empresa privada, por no hablar de convertirse en el mayor accionista de una de las principales empresas en la industria, representa un cambio importante en la política económica de Estados Unidos. En este caso, en vez de dejar que funcione el mercado libre según la tradición estadounidense, el gobierno se involucrará aún más en el manejo de una empresa que ha sufrido dificultades económicas por décadas. Tan solo el año pasado, Intel perdió casi US$19.000 millones.

Los subsidios masivos que otorgó el presidente Biden a Intel le dan a Trump la “palanca” para tal movida. Como si fuera un capo mafioso, don Trump amenazó al jefe de Intel y describió su reunión en la Casa Blanca con él así: “Entró con la intención de conservar su trabajo y terminó dándonos US$10.000 millones para Estados Unidos”. La Casa Blanca dice que está considerando adquirir acciones de otras empresas que han recibido ayudas federales.

Ejercer mayor control gubernamental sobre el manejo de las empresas privadas es un patrón que hemos visto en meses recientes. En junio, Trump anunció una “acción de oro” en la empresa U.S. Steel como parte de la compra por parte de Nippon. Esto le da al gobierno federal control decisivo sobre las decisiones gerenciales más importantes de la compañía.

En julio, el Departamento de Defensa se convirtió en el accionista principal de MP Materials, un productor de metales de tierras raras. La Casa Blanca también anunció que acordó proyectos de inversión con Japón y Corea del Sur, quienes proveerán US$550.000 millones y US$350.000 millones, respectivamente, montos sobre los que Trump tendrá mayor control.

En agosto, Trump forzó al jefe de Apple a invertir US$600.000 millones en Estados Unidos. Y luego de haber prohibido la exportación de ciertos chips hacia China por parte de Nvidia y AMD por ser un riesgo a la seguridad nacional, solo la permitió cuando esas empresas acordaron pagar el 15% de tales exportaciones. No importa que los impuestos a las exportaciones no sean constitucionales en Estados Unidos; es dudoso que estas empresas se vayan a quejar.

Alejarse del libre mercado que produjo la prosperidad estadounidense y las industrias más punteras trae numerosos problemas. El capitalismo de Estado politiza las decisiones económicas, socava la innovación, despilfarra recursos, y afecta negativamente a las empresas y los sectores que intenta beneficiar.

Desde ahora, por ejemplo, Intel deberá tener mucho más en cuenta prioridades políticas a la hora de tomar decisiones. ¿En qué estados invertir? ¿A quién contratar para tal y cual puesto? ¿Qué criterio usar a la hora de manejar las finanzas corporativas? Observa el experto Scott Lincicome que las respuestas a ese tipo de preguntas variarán, a veces notablemente, según el gobierno de turno.

En la medida en que las empresas reciban apoyo estatal, su incentivo será buscar cada vez más favoritismo estatal en vez de competir y el Estado buscará seguir con su apoyo, sobre todo si la empresa está fracasando. Según Lincicome, otras empresas podrán tomar decisiones que favorezcan a las compañías apoyadas por el Estado para obtener beneficios políticos propios. Los inversores, a su vez, dirigirán sus capitales no necesariamente a las empresas que más lo ameritan sino a las que mayor apoyo reciben del Estado.

Tristemente, como el socialismo –su pariente no muy lejano– el capitalismo de Estado está destinado a fracasar.

Guerra comercial, otra vez

CATOIan Vásquez dice que la persistencia de Trump con la idea de imponer aranceles a sus socios comerciales debería llevarnos a reconocer que al líder del país más poderoso del mundo simplemente le resulta atractivo el proteccionismo.

La semana pasada, el presidente Donald Trump confirmó algo que a estas alturas todo el mundo debería reconocer: al líder del país más poderoso del mundo simplemente le gusta el proteccionismo.

En abril, Trump anunció que aplicaría aranceles de 10% al mundo y tasas más altas a docenas de países. Luego de que los mercados reaccionaron negativamente, Trump anunció una pausa de 90 días durante los cuales su gobierno sugirió que negociaría 90 tratados comerciales con los países que Trump consideraba que estaban “robando” a Estados Unidos.

Por más que sus aliados políticos digan que Trump es un gran negociador y que su fin es un mundo de mercados más abiertos, no hay evidencia para tal aseveración. En los últimos 90 días, Estados Unidos solo ha podido completar tratados con dos países.

Ahora que esa pausa terminó, Trump dice que aplicará aranceles de hasta 50% a más de 50 países si no concluyen acuerdos para principios de agosto. Entre ellos están los socios comerciales más importantes de Estados Unidos –Canadá (con un arancel de 35%), México (30%), la Unión Europea (30%) y Japón (25%)–, que representan más de 50% de las importaciones a Estados Unidos.

Si los aranceles se llegaran a aplicar, representarían un impuesto enorme a los consumidores estadounidenses. Desde que Trump llegó al poder en enero, el arancel promedio de Estados Unidos subió de 2,5% a 16,6% y los nuevos aranceles amenazan con elevar la tasa promedio a 20,6%, el nivel más alto desde 1910 según el Budget Lab de la Universidad de Yale.

No debemos esperar que al final del proceso de negociaciones estaremos viviendo en un mundo de comercio más libre o “justo”. Tal como lo ha documentado el experto Scott Lincicome, desde los años 80, y a pesar de opiniones cambiantes en numerosos temas, Trump constante y repetidamente ha declarado que los aranceles son buenos y pueden crear empleos y revertir los déficits comerciales, que son una muestra de que Estados Unidos está perdiendo riqueza.

No importa que el consenso abrumador de economistas favorece el libre comercio y considera que la perspectiva comercial de Trump es un sinsentido mayúsculo. No importa tampoco que Estados Unidos ha tenido un déficit comercial con el mundo por casi 50 años y ha podido multiplicar su ingreso per cápita por ocho. El presidente es un analfabeto económico que considera que el intercambio comercial es un juego de suma cero.

Por eso es imposible encontrar un argumento económico que justifique la política comercial de Trump. Dice que quiere revertir déficits comerciales, que está usando aranceles como herramientas negociadoras para ser reducidas luego de que se abran los mercados y que los aranceles son para recaudar ingresos. Es difícil sostener todas esas posturas de manera simultánea.

Además, Trump está usando la política arancelaria para promover fines no comerciales, como la inmigración y otros temas. A Brasil, por ejemplo, Trump amenaza con imponerle un arancel de 50%, a pesar de tener un superávit comercial con ese país. Dice que no le gusta cómo el presidente Lula da Silva y el sistema legal brasileño están tratando a Jair Bolsonaro.

La amenaza ha fortalecido a un Lula que se estaba debilitando y ha perjudicado a Bolsonaro, su aliado político. Tal resultado no parece habérsele ocurrido a Trump o quizá no le importa. De la misma manera, sus aranceles han fortalecido a los líderes de izquierda en Australia, México, Canadá y otros países.

Estados Unidos y el mundo será más pobre por la incertidumbre y el proteccionismo que Trump parece disfrutar imponer. Los socios comerciales de Estados Unidos ya están viendo cómo desviar buena parte de su comercio hacia otros países. Ojalá que se contengan las represalias comerciales para no hundir demasiado a la economía global.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 15 de julio de 2025.

Izquierda, robo y prostitución

CATOCarlos Rodríguez Braun dice que para los progresistas está mal robar si es para uno, pero está bien si es para el partido.

El progresismo no es simplemente una mentira. Es, asimismo, contradicción y vacío.

El caso más llamativo de la contradicción es, por supuesto, la hipocresía, que en ocasiones estalla y sume a las izquierdas en la zozobra y el desconcierto.

Los socialistas se declaran incompatibles con el saqueo, pero cualquiera sabe que el socialismo y el robo son primos consanguíneos, como lo es la falsa pretensión progresista de ser modelo de virtud. Los memoriosos recordarán las primeras elecciones democráticas de 1977, cuando el PSOE se presentó con la brillante consigna de "cien años de honradez", que el personal rápidamente modificó añadiéndole: "y ni un minuto más". Efectivamente, los socialistas empezaron a robar ya entonces con las contratas de los ayuntamientos, como denunció Alonso Puerta, que por tal motivo fue posteriormente expulsado del PSOE.

Las irregularidades continuaron con mayor o menor intensidad, y con la misma hipocresía. Para el PSOE, robar está mal si es para uno, pero no está mal si es para el partido. Por eso Roldán era malo, pero en cambio había que anular parte de las condenas a Chaves y Griñán.

El último capítulo de la contradicción de la izquierda lo protagonizó Gabriel Rufián, que anunció severamente que seguirá apoyando a Pedro Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, pero siempre que todos los cacos socialistas hayan practicado el pillaje para ellos solitos. En cambio, si se prueba que saquearon para el PSOE, entonces proclamó Rufián que el asunto cambiaría de "escala", porque en ese caso ardería Troya y se quemaría Pedro. Es decir, exactamente lo contrario de lo defendido por la tradición progresista hasta hoy.

En cuanto a la prostitución, la hipocresía ocupa todo el espacio en todos los partidos progres, con héroes del feminismo como Monedero, Errejón o Ábalos. Y casi ocupa toda la conversación y el escándalo.

Sin embargo, hay un aspecto que no ha sido subrayado, que es el vacío analítico de la propuesta estrella de la izquierda: abolir la prostitución. No se trata solo de la hipocresía. Es que no han dedicado estos líderes feministas ni un segundo a pensar en qué pasará después de la prohibición. Ese vacío podría ser llenado con numerosos ejemplos –desde la Ley Seca hasta las drogas, pasando por el contrabando– de controles y prohibiciones que desencadenan efectos notablemente nocivos, sin cumplir con el objetivo inicial.

Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 27 de julio de 2025.

La frivolidad de los BRICS

CATOIan Vásquez considera que el grupo los BRICS tiene un problema de credibilidad y se ha vuelto un club de dictaduras opuestas a los valores liberales asociados con Occidente.

El presidente brasileño, Lula da Silva, acaba de auspiciar una cumbre en Río de Janeiro de los BRICS, el grupo de países emergentes que se formó para contrarrestar el peso geopolítico de Occidente. En vez de respaldar su objetivo, sin embargo, la reunión mostró una vez más la frivolidad, irrelevancia e hipocresía de ese club.

Los BRICS se organizaron hace más de 15 años por países que tienen peso propio en asuntos internacionales y tomaron su nombre de los miembros originales –BrasilRusiaIndiaChina y Sudáfrica–. El grupo luego ha ido agregando miembros como IránEtiopíaEgiptoEmiratos Árabes Unidos, y miembros socios como CubaBielorrusiaTurquía y Vietnam, entre otros.

Nunca estuvo claro cómo los países miembros originales, entre ellos dictaduras y democracias, iban a compartir los mismos intereses. La India y China son rivales continentales, por ejemplo. Pero en la medida en que la membresía de los BRICS se ha ampliado, se ha vuelto más diversa y autocrática.

Por lo tanto, la falta de enfoque o eficacia de los BRICS no nos debe sorprender. La declaración que emitió el grupo desde Río, por ejemplo, contiene 126 compromisos internacionales en áreas tan diversas como la paz, el sistema financiero, la salud mundial y el desarrollo sostenible. Cuando hay tantas prioridades, ninguna lo es realmente.

El grupo se compromete a promover “un sistema internacional y multilateral más justo, equitativo, ágil, eficaz, eficiente, receptivo, representativo, legítimo, democrático y responsable, en un espíritu de amplias consultas, contribución conjunta y beneficios compartidos”. Incluso si uno cree que Rusia, China, Cuba y compañía son los países ideales para crear tal sistema, no se sabe qué hará el grupo para llegar a tal paraíso.

El grupo también se compromete a “apoyar activamente los esfuerzos para reforzar la arquitectura sanitaria mundial fomentando la igualdad, la inclusión, la transparencia y la capacidad de respuesta”. ¿Será que China, luego de ocultar el estallido de la última pandemia global e información al respecto, cambiará de actitud en este ámbito?

La declaración de Río nos asegura que los BRICS se mantienen comprometidos al “fomento y la protección de la democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales para todos, así como la cooperación basada en la solidaridad, el respeto mutuo, la justicia y la igualdad”. Por eso, el grupo condenó el bombardeo de Irán como una violación del derecho internacional. Por alguna razón, sin embargo, no criticó la invasión rusa de Ucrania a pesar de “condenar en los términos más enérgicos” los ataques de Ucrania en Rusia.

Por más que podamos criticar a las políticas de Estados Unidos bajo Donald Trump, los Brics no son el mejor foro para hacerlo. El grupo tiene un problema de credibilidad y se ha vuelto un club de dictaduras opuestas a los valores liberales asociados con Occidente. Hizo bien Javier Milei en retirar la candidatura argentina de los BRICS por esa razón.

Respecto a Brasil, no queda claro qué ventaja obtiene de ser miembro. Como dice Matias Spektor de la Fundación Getulio Vargas, “cuanto más transforme China a los BRICS en un instrumento de su política exterior, y cuanto más utilice Rusia a los BRICS para legitimar su guerra en Ucrania, más difícil le resultará a Brasil seguir diciendo que es un país no alineado”.

Al fin del día, la frivolidad y retórica vacía de los BRICS le ha restado credibilidad al grupo y disminuido a Brasil, su fundador latinoamericano y el supuesto gigante de la región.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 8 de julio de 2025.

La libertad de prensa a raíz de Twitter y Trump

INFOBAE – Las resoluciones de los medios y plataformas están en manos de sus titulares, de modo similar a los dueños de casa que deciden quien entra y quien no entra a sus domicilios.

Dados los debates del momento, otra vez volvemos sobre la indispensable libertad de expresión. En una sociedad libre esta libertad resulta de una inmensa e insustituible importancia. El cuarto poder o el contrapoder por excelencia es más relevante y trascendental que los otros tres poderes. Este es el sentido de la sentencia de Thomas Jefferson en cuanto a que “frente a la posibilidad de libertad de prensa sin gobierno o ausencia de libertad de prensa con gobierno, me inclino por lo primero.”

Como es sabido el derecho primordial es el de la vida y la protección del propio cuerpo, le sigue el derecho a expresar los propios pensamientos y el uso y disposición de lo adquirido legítimamente. La libertad de decir lo que cada cual estime conveniente no solo es un derecho, sino que consiste en un procedimiento inexorable al efecto de adquirir conocimientos, un proceso que tiene la característica de la provisionalidad abierto a refutaciones. Esto último hace posible el progreso.

Si se lesionaran derechos de terceros habrá que dirimir lo ocurrido en la Justicia, pero nunca y bajo ninguna circunstancia insinuar la censura previa lo cual significa que los aparatos estatales se inmiscuyen en el sagrado derecho de la libertad de expresión o toleran el uso de la fuerza de otros para bloquearla. En este contexto debe quedar claro que cada medio o plataforma decide con su propiedad lo que considera mejor a sus intereses.

Para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Como queda dicho, esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta valiosísima libertad resulta indispensable no solo por lo que acabamos de consignar sino para resguardar y limitar el poder político y abre cauces a información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitaciones y abusos de poder.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de las siempre pastosas leyes que apuntan a regular medios y la sandez de pretender que se exhiban las fuentes de la información, alegando “seguridad nacional”, “secretos de Estado” o esgrimiendo “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa oral y escrita.

Esto viene a cuento porque la plataforma Twitter y otras han decidido eliminar cuentas de algún personaje que a esta altura de este texto no viene al caso especificar para no entrar en otra discusión, aunque lo mencionaremos más abajo. La antedicha decisión ha generado airadas protestas por parte de algunos sectores alegando que se ha vulnerado la libertad de prensa. Nada más lejos de la verdad. Cada medio o plataforma digital decide con su propiedad lo que piensa es mejor sin que nadie pueda torcer por la fuerza su decisión. La libertad de prensa no significa que tal o cual medio o plataforma deba publicar o trasmitir lo que no quiere hacer. Los motivos por los que se procede de una u otra manera es una cuestión que podrá ser criticada por terceros, pero de ningún modo otorgarles la facultad de contradecir la decisión de los dueños. En el extremo, por ejemplo, un medio cualquiera podría establecer que solo publican los de ojos celestes o los que miden más de un metro ochenta, seguramente una norma de esta naturaleza no conducirá al éxito del emprendimiento, pero este es otro asunto. Lo dicho desde luego no significa que pueda incumplirse con lo eventualmente convenido con usuarios.

Si hay quienes no les gusta las normas de ciertos medios pueden establecer otros que compitan y si no cuentan con los suficientes recursos pueden vender parte de su iniciativa a otros y así lograr su objetivo y si nadie acepta aportar fondos para este emprendimiento quiere decir que, dados los siempre escasos factores productivos, hay otras prioridades y como todo no puede encararse simultáneamente, es proyecto en cuestión debe esperar su turno en mercados abiertos. Los monopolios perjudiciales son los legales, lo otro se traduce en el primero en prestar el servicio lo cual es indispensable desde el arco y la flecha para salir del garrote.Por sus dichos alentando la toma del Capitolio, Trump afronta su segundo juicio político en Estados Unidos (REUTERS/Stephen Lam)Por sus dichos alentando la toma del Capitolio, Trump afronta su segundo juicio político en Estados Unidos (REUTERS/Stephen Lam)

Hay líneas editoriales o forma de trasmitir noticias y columnas de opinión que uno puede o no compartir, pero esto es materia de otros debates que en ninguna circunstancia deben interferir con la libertad de prensa. Las resoluciones de los medios y plataformas están en manos de sus titulares, de modo similar a los dueños de casa que deciden quien entra y quien no entra a sus domicilios. Las decisiones pueden no agradar a terceros pero esto es otro asunto de naturaleza bien diferente.

Hacemos un paréntesis para apuntar que lo dicho es equivalente a lo ocurrido con la editorial Simon & Schuster, que decidió abandonar la publicación del libro del Senador republicano Josh Hawley debido a su aliento a los desmanes en el Congreso (dicho se de paso, obra que en su título refleja un absurdo en un mercado abierto: The Tyranny of Big Tech).

Twitter y otras plataformas se han referido a Donald Trump debido al riesgo que estiman los propietarios de acelerar la violencia en Estados Unidos, pero como hemos apuntado cada medio decide lo que hace o deja de hacer con su propiedad y los que no sean confiables por uno u otro motivo no serán consultados. No es del caso enfatizar en los antedichos motivos que esgrimieron los medios en cuestión porque como queda dicho podrían haber sido otros. Tengamos muy en cuenta que según la definición clásica la Justicia implica el “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad privada a lo que nos hemos referido más arriba al efecto de la decisión de cada dueño de medio o plataforma. De cualquier modo, dada la extensión y la intensidad que ha adquirido el debate, se hace necesario resumir lo que he consignado antes sobre el tema y a los efectos de este debate dejar de lado la confusa, oscura y controvertida Communications Decency Act de 1996, especialmente su sección 230.

No es admisible pretender jugar por reglas compartidas sobre la democracia y cuando los resultados electorales son adversos resulta que se desconocen. Este ha sido el caso luego de la ratificación por parte de los cincuenta estados y luego de haber sido rechazados una y otra vez las demandas por supuestos fraudes en distintas instancias, incluso ante la Corte Suprema de Justicia.

Luego de la bochornosa conversación telefónica de Trump con el Secretario de Estado de Georgia -Brad Raffensperger- oportunidad en la que le sugirió modificar el resultado electoral y luego de los episodios violentos en el Congreso resulta que nada menos que el Presidente de Estados Unidos les dice a los sediciosos que son personas muy especiales y que les tiene gran aprecio. Tuvo que renunciar la Secretaria de Educación -Betsy DeVos- y la Secretaria de Transportes -Elaine Chao- afirmando que Trump fue responsable de instigar a los que irrumpieron por la fuerza en la sede del Parlamento causando enormes destrozos y su ex Jefe de Gabinete John Kelly y el ex Secretario de Defensa Colin Powell propusieran que se lo destituya vía la Enmienda 25, recién entonces decimos es que Trump, tarde y a regañadientes por cierto, reconoció que había terminado su presidencia y manifestó que la transición de mando debía ser ordenada y pacífica. Luego renunció el Secretario de Interior Chad Wolf y el FBI estableció medidas de seguridad para evitar nuevos disturbios.

Peggy Nooman, la colaboradora del Wall Street Journal, de ABC y de NBC News y célebre speechwriter de Ronald Reagan ha escrito que “Al principal responsable, el Presidente de Estados Unidos, hay que desalojarlo del cargo a través de la Enmienda 25 o del juicio político, lo que resulte más rápido.” Debido al escaso tiempo disponible hasta el cambio de mando, es poco probable que puedan completarse en todos los pasos estas decisiones pero las menciono a los efectos de comprobar el clima del momento. De todos modos, Senadores republicanos como Mitt Romney, Patrick Toomey y Lisa Murkoski y miembos de la Cámara Baja como el también republicano Adam Kinzinger han pedido la inmediata renuncia de Trump. Ahora nada menos que el líder republicano en el Senado Mitch McConnell ha dicho que celebra que se le inicie un juicio político a Trump (por segunda vez).

Hasta el Vicepresidente Mike Pence tuvo que absorber el embate de Trump para que anule el recuento formal y final ante ambas Cámaras en el Congreso lo cual rechazó de plano y procedió a la confirmación del Presidente electo Joe Biden luego de ser certificado su triunfo como marcan las normas vigentes.El CEO de Twitter, Jack Dorsey (U.S. Senate Judiciary Committee via REUTERS)El CEO de Twitter, Jack Dorsey (U.S. Senate Judiciary Committee via REUTERS)

William Webster -ex Juez Federal, ex director del FMI y de la CIA- declara públicamente que está avergonzado de las actitudes de Trump. Y en el orden internacional las condenas no se hicieron esperar, por razones de espacio solo destacamos las declaraciones de Angela Merkel quien enfatizó: “lamento profundamente que el Presidente Trump no haya admitido su derrota”.

Desde la perspectiva económica el balance neto de la gestión de Trump ha resultado en el incremento sideral en el gasto público, el déficit y la deuda externa. Es cierto que ha disminuido algunos impuestos, pero como señalé en otra ocasión, esto me trae a la memoria cuando los conquistadores españoles les entregaban espejitos de colores a los indios para luego imponer las instituciones esclavistas de la mita y el yanaconazgo. Como bien ha apuntado reiteradamente su primer Secretario de Estado -Rex Tillerson, antes CEO de ExxonMobil, la tercer empresa de mayor facturación en el mundo- “Trump no tiene idea del significado del libre comercio y muchas de las cosas que afirma no se condicen con la realidad”.

La xenofobia de Trump se ha puesto de relieve varias veces a partir de los hechos de Charlottesville donde equiparó como “buenas personas” a los que marchaban bajo la insignia de la cruz esvástica y los emblemas de la así denominada “supremacía blanca”.

El Procurador General -William Barr- ha consignado que “el Presidente ha traicionado su cargo” y el ex presidente de la Cámara de Representantes y ex candidato a la Vicepresidencia en la elecciones de 2012 -Paul Rayan- ha declarado que “Es difícil concebir un acto más antidemocrático y anticonservador que una intervención para anular los resultados de las elecciones certificadas por el estado y privar de sus derechos a millones de estadounidenses”.

Es muy cierto que buena parte de los equipos del Partido Demócrata apuntan a intensificar el tamaño ya desbordado del Leviatán pero esto en modo alguno justifica que se pretenda operar bajo ciertas normas para luego vulnerarlas cuando los resultados son adversos como ha sido a todas luces el caso de Donald Trump. No es cuestión de dejarse acuchillar por uno para no ser ametrallado por otros, especialmente cuando se declama sobre la democracia y, como queda dicho, una vez obtenidos los resultados se pretende desconocerlos.

El tema del tamaño del aparato estatal y los graves problemas que causa de modo especial sobre los más vulnerables es otro plano de discusión que debe dirimirse en el intercambio de ideas. En este sentido personalmente me ocupé del asunto en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos que publicó la edición original el Fondo de Cultura Económica, donde destaco los extraordinarios valores establecidos por los Padres Fundadores y como de un tiempo a esta parte se ha ido produciendo un deterioro manifiesto en esos valores. La esperanza radica en la cantidad de instituciones dedicadas al estudio y la difusión de esos principios, lo cual concentra una cantidad creciente de jóvenes que publican y se reúnen en seminarios para estudiar y difundir los principios de la sociedad libre.

Aparentemente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que pretenden dictaminar acerca de dominios privados de medios o plataformas, dan manotazos a Internet o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”.

La ofensiva conservadora contra Trump

CATOIan Vásquez dice que la realidad económica está animando una incipiente ofensiva política y legal contra sus aranceles que puede hacer recordar a los demás conservadores algunos principios básicos de la tradición conservadora.

Hay tres vías para contrarrestar los desastrosos aranceles recíprocos –que no tienen nada de recíproco– que impuso Donald Trump al mundo la semana pasada: a través de la presión política por los partidarios del presidente que están sufriendo los efectos económicos, por el Congreso que le puede reducir al presidente la autoridad de manejar la política comercial, y a través de las cortes.

Que las tres vías las están intentando algunos conservadores estadounidenses es muestra de un creciente descontento dentro de ese movimiento respecto de los aranceles.

El impacto más inmediato vendría de la presión política y económica. Los aranceles de Trump representan una enorme alza de impuestos y establecen el más elevado proteccionismo arancelario en más de 100 años. Los mercados globales se están derrumbando, los financistas que apoyaron al presidente están perdiendo enormes cantidades de riqueza y se espera una caída económica que golpeará la base política de Trump.

Algunos conservadores recién se están dando cuenta de lo que los liberales ya sabían: Trump no busca negociar con otros países para llegar a un mundo de comercio más libre; busca crear un país y un mundo más cerrado. El senador Republicano Ted Cruz, fiel seguidor del presidente, se ha puesto nervioso. Dijo que, si los aranceles en Estados Unidos y el mundo son altos después 30 o más días, sería un resultado “terrible”.

Por semejantes razones, el analista comercial de la conservadora Heritage FoundationAndrew Hale, está alarmado. Dijo que los aranceles bien podrán producir una recesióninflación alta, victorias electorales para los Demócratas, una guerra entre los conservadores, y el potencial de descarrilar toda la agenda de Trump.

Es llamativo que esa crítica venga de Heritage. El grupo en años recientes se ha transformado en el centro de pensamiento más cercano a Trump y su nacionalismo económico. El año pasado publicó un ensayo a favor del proteccionismo escrito por Peter Navarro, el ahora asesor comercial de Trump. La guerra entre los conservadores parece estar empezando dentro Heritage, cuyo presidente sigue siendo un defensor de los nuevos aranceles.

En el Senado, cuatro republicanos votaron con los demócratas en contra del uso de la declaración de emergencia en el que el presidente se apoyó para imponer aranceles contra Canadá. El senador republicano Chuck Grassley también presentó un proyecto de ley que requeriría que el Congreso apruebe aranceles propuestos por el presidente dentro de un período determinado de tiempo. Por ahora, ambas iniciativas tienen baja probabilidad de ser consideradas en la Cámara de Representantes, pero dan indicios del descontento en el mundo conservador.

¿Son constitucionales las medidas de Trump para erigir barreras comerciales tan extensas? Un grupo sin fines de lucro que se concentra en derechos civiles y litiga casos de interés público dice que no. El New Civil Liberties Alliance, financiado por conservadores, está liderando un juicio contra el gobierno y argumenta que la ley de poderes económicos de emergencia en la que se apoyó Trump para imponer aranceles a China no le da al presidente tal autoridad. Esa ley solo se ha usado para tomar medidas muy enfocadas como sanciones y nunca se ha usado para imponer aranceles.

Dice el grupo que el poder de imponer aranceles generalizados le corresponde al Congreso bajo la Constitución. Los argumentos legales del grupo son sólidos y también son relevantes para los aranceles “recíprocos” de Trump. En todo caso, otro grupo semejante, el Liberty Justice Center, está preparando otro juicio contra el gobierno precisamente sobre esos aranceles más extensos.

No hay una rebelión conservadora contra Trump, pero la realidad económica está animando una incipiente ofensiva política y legal contra sus aranceles que puede hacer recordar a los demás conservadores algunos principios básicos de la tradición conservadora.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 8 de abril de 2025.

Los 100 primeros días de Donald Trump: Su relación con China, América Latina y Argentina

CNN Radio Argentina —  Constanza Mazzina, analista internacional, analizó las medidas económicas del gobierno de Estados Unidos y su relación con China y con América Latina, especialmente con Argentina.

 

En CNN Primera Mañana afirmó que “estos 100 días de Donald Trump han sido una cosa atrás de la otra. Y es importante entenderlo en su lógica. Primero en términos de que esto fue lo que él dijo que iba a hacer, y finalmente efectivamente lo hizo”.

Explicó que “Trump parece ser un ejedrecista de esos que avanzan 5 movimientos para después retroceder 3. Pero en su lógica definitivamente termina avanzando 2. Y esa es la lógica que está marcando con el tema de los aranceles”.

La analista profundizó que “desde el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos tenía una política exterior de compromiso con el libre comercio. Lo que se ve es que se está rompiendo este consenso y el compromiso con la democracia también”.

En este sentido, aseguró que “va a tener consecuencias de largo plazo, no tanto por lo económico, sino por lo político y por lo que implica abandonar estos dos principios”.

Sobre la relación del gobierno de Donald Trump con China, aseguró que fue “el objetivo principal siempre”, pero remarcó que “estas decisiones no lo están ayudando en su guerra comercial porque muchas de las restricciones a instituciones que luchaban por la democracia, por los derechos humanos, le facilita el discurso y la entrada a China en América Latina”.

Destacó que “si querés llevar adelante una política para limitar a China, para hacerla retroceder, es en todos los frentes, no solamente en el económico, es en el político también, y me parece que ese frente se le está escapando a Donald Trump”.

Constanza Mazzina remarcó que “China, por otro lado, redobla la apuesta, que no es solo económico, de comercio, inversiones, de la ruta de la Franja, la ruta de la Seda. Es también cultural, político, intercambio de académicos, de diputados, visitas, etc. Y ese juego Donald Trump no lo está viendo, y China está influyendo mucho en la región”.

En este sentido, resaltó que “China está haciendo un trabajo muy fino en América Latina y en el mundo, y si solo nos quedamos con el tema de los aranceles nos estamos perdiendo mucho”.

La analista afirmó que “Trump está abandonando estos principios, estos valores que promovió los Estados Unidos desde el fin de la Guerra Fría, me parece que el resultado de eso va a ser que justamente no va a tener los resultados que él cree o espera tener en el corto y en el mediano plazo”.

Destacó que “va a tener consecuencias en la economía interna de los Estados Unidos, que está permanentemente girando entre consumo, ahorro e inversión, Pero si vos para consumir tenés que sacar plata de ahorro e inversión, obviamente va a tener consecuencias y va a generar recesión”.

Sobre la política exterior estadounidense con América Latina, afirmó que la región “es irrelevante en la agenda mundial. Es irrelevante con Joe Biden, es irrelevante con Trump. O sea, somos irrelevantes, no movemos la aguja de la política exterior de nadie”.

Con respecto a Argentina, Constanza Mazzina afirmó que se ve “una relación personal, afinidad, empatía, simpatía entre Trump y Javier Milei, y me parece que es un buen momento para que la Argentina lo aproveche”.

Concluyó que “en una América Latina fragmentada y con ideologías tan diversas y también tan corridas hacia los extremos, pero hacia ambos extremos, me parece que puede ser una oportunidad para que Argentina sea la voz de América Latina”.

Mitos del declive económico

CATOIan Vásquez indica que Trump se apoya en la narrativa del declive económico, la que por muchos años fue promovida por los demócratas para intervenir el mercado.

“Nos están robando”, dice el presidente Donald Trump al justificar su guerra comercial contra el mundo. Según el relato, la culpa la tiene el libre comercio que ha destruido la clase media, desindustrializado el país y estancado los salarios de la mayoría de los trabajadores estadounidenses por décadas.

Trump se apoya en la narrativa del declive económico, la que por muchos años fue promovida por los demócratas para intervenir el mercado. Los datos, sin embargo, nos cuentan otra historia.

Es verdad que la clase media estadounidense se está achicando, dice el economista Mark Perry. Pero explica que se debe a que los hogares están ascendiendo a niveles de renta mayor, en vez de descendiendo a niveles más bajos. El porcentaje de hogares que ganan más de US$100.000 al año se ha triplicado desde 1967.

En un libro nuevo sobre cómo el populismo está amenazando el “sueño americano” en Estados Unidos, el economista Norbert Michel documenta que los trabajadores que se encuentran en el 10% inferior de la distribución de ingresos experimentaron alzas salariales mayores que los de trabajadores de ingresos mayores durante décadas.

Las cifras oficiales muestran que los salarios reales aumentaron por 39% entre 1964 y el 2015. Michel dice que los populistas han tenido cierto éxito en aplicar trucos estadísticos para amparar su relato. Por ejemplo, una cifra que se escucha mucho es que entre 1975 y el 2015 los salarios solo han crecido por 1%. Michel explica que ese resultado solo se puede obtener al basarse sobre otro método de cálculo (no preferido por los estadísticos oficiales) y sobre ese año de inicio, lo que produce el peor resultado.

Hay muchas otras artimañas a las que recurren los populistas, pero también hay numerosas otras cifras que muestran que sigue vivo el sueño americano. Marian Tupy examinó el precio de 75 bienes (como la ropa, electrodomésticos, mueblería y demás) entre 1971 y el 2024. Tomando en cuenta el salario promedio del trabajador obrero, encontró que el precio promedio de tales bienes cayó en un 81% para esos trabajadores en términos de cuántas horas de trabajo les costó comprar esos bienes. En otras palabras, el aumento de ingresos reales no solo ha beneficiado a las clases media y alta.

Los estadounidenses siguen, además, viviendo con mucha movilidad social. “En los últimos 40 años”, explica Michel, “el 70% de los estadounidenses en edad de trabajar pasaron al menos un año entre el 20% de los que más ingresos percibían. Y el 80% nunca pasó más de dos años consecutivos en el 10% inferior”.

También es un mito que el libre comercio ha acabado con la industria manufacturera en Estados Unidos. Desde 1959, ha crecido la productividad por trabajador de ese sector. Un trabajador siderúrgico es 20 veces más productivo hoy que hace 40 años. Por eso, el empleo en ese sector como porcentaje del empleo total ha estado declinando constantemente desde los años cuarenta.

Es decir, esa tendencia empezó años antes de que Estados Unidos empezara a liberalizar su economía en los setenta y ochenta, antes de que entraran en efecto tratados de libre comercio con México y Canadá, antes de que China se incorporase a la economía global e incluso antes de que Estados Unidos en 1947 formara parte del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) que empezó a liberalizar la economía mundial.

Estados Unidos sigue siendo una potencia industrial donde los trabajadores de todos niveles se han beneficiado enormemente a lo largo de décadas. Negar el progreso y exagerar los problemas que sí tiene el país solo generarán políticas contraproducentes como el mismo proteccionismo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 13 de mayo de 2025.

Nace el nuevo eje austral  - Política

La visión compartida por ambos mandatarios sugiere que nuestros países están listos para convertirse en un corredor de libre mercado, seguridad jurídica y apertura comercial hacia el Pacífico y el Atlántico.

Lo que hoy presenciamos es la formación de un “Eje Austral” que prioriza tres pilares fundamentales: 1)Seguridad compartida: El combate al crimen transnacional y el control migratorio como base para la estabilidad social; 2) Soberanía energética y minera: La coordinación en la explotación de recursos estratégicos como el litio y el cobre, posicionando a la región no solo como exportadora de materias primas, sino como un socio confiable para las potencias occidentales; 3) Desregulación transfronteriza: La intención de reducir la burocracia en los pasos fronterizos y potenciar la infraestructura binacional.

La verdadera potencialidad de esta alianza reside en su capacidad de cambiar la agenda regional.

Durante años, los foros internacionales de la región estuvieron dominados por la queja y el asistencialismo.

Al abrazar ideas de libertad económica y orden institucional, Chile y Argentina pueden actuar como un imán para inversiones que hoy buscan destinos seguros y previsibles.

La conclusión es clara: la sintonía entre Milei y Kast ofrece una oportunidad histórica para demostrar que la prosperidad no es un accidente, sino una elección política.

Si esta alianza logra institucionalizarse y trascender los discursos, podríamos estar ante el nacimiento de la zona de mayor libertad económica de la historia sudamericana.

Picos históricos de la humanidad

Ian Vásquez reseña el libro más reciente del escritor sueco Johan Norberg, Peak human, que trata acerca de episodios históricos en los que los seres humanos lograron "épocas doradas".

 

Toda gran innovación tecnológica es “un acto de rebelión contra la sabiduría convencional y los intereses creados” dice el historiador económico Joel Mokyr. Podría haber dicho lo mismo respecto a la innovación artística, empresarial, científica, intelectual y demás.

 

El escritor sueco Johan Norberg acaba de publicar un libro oportuno (“Peak Human”) sobre episodios históricos en los que tales actos de rebelión producen civilizaciones sobresalientes. Destaca “épocas doradas” o picos históricos de la humanidad que van desde Atenas y la china bajo la dinastía Song (960-1279 d.C.) hasta la República Neerlandesa de los siglos XVI y XVII y la actual esfera anglosajona.

 

¿Qué se entiende como una época dorada? Según el autor, se trata de sociedades que se mantienen abiertas, especialmente al comercio, las personas, y el intercambio intelectual. Se caracterizan por el optimismo, el crecimiento económico y logros en numerosas áreas que las distinguen de otras sociedades contemporáneas.

 

Las civilizaciones que han creado estas épocas de oro imitan e innovan. Roma apropió y adaptó arquitectura y filosofía griega, pero también fue bastante inclusivo con los inmigrantes y forasteros: ser romano era una identidad política, no étnica. El califato abasí de hace 1.000 años fue el lugar más próspero del mundo. Ubicó su capital, Bagdad, en el “centro del universo” y de allí promovió la tolerancia intelectual, el conocimiento y el libre comercio para producir un verdadero florecimiento científico y artístico.

 

La China de la dinastía Song fue especialmente impresionante. “Ninguna civilización clásica estuvo tan cerca de desencadenar una revolución industrial y crear el mundo moderno como la China Song”, escribe Norberg.

 

Pero ese episodio, como las otras del pasado, no duraron: “Todas estas épocas doradas experimentaron un momento de muerte de Sócrates”, observa Norberg, “cuando abandonaron su compromiso previo con el intercambio intelectual abierto y abandonaron la curiosidad por el control”.

 

Las fuerzas del estatu quo siempre amenazan: “Las élites que se han beneficiado lo suficiente de la innovación que las encumbró quieren echar a patadas la escalera que tienen detrás, los grupos amenazados por el cambio intentan fosilizar la cultura en una ortodoxia”. La Italia renacentista terminó, por ejemplo, cuando los protestantes y los católicos de la contrarreforma se enfrentaron y se aliaron con respectivos Estados, lo cual facilitó la represión.

 

Hoy estamos viviendo en una era dorada que no ha terminado y que tiene su origen en la Inglaterra del siglo XVII, que a su vez se basó en la época dorada de la República Neerlandesa. Fue en la Inglaterra del siglo XVIII que se inició la Revolución Industrial que permitió una explosión de riqueza y el escape de la pobreza masiva de buena parte de Europa Occidental y Estados Unidos.

 

Y fue Estados Unidos que, desde el siglo pasado, ha apoyado un sistema internacional basado en la apertura y los principios que dieron lugar al éxito de la esfera anglosajona. Es así como la mayor parte del mundo está participando de la actual era dorada en la que las mejoras en términos de prosperidad y bienestar han sido dramáticas e inéditas en la historia humana.

 

Donald Trump dice que quiere iniciar una edad de oro y apela a viejos tiempos supuestamente mejores en Estados Unidos. Para lograr su meta, dice que no necesita a otros países y hace falta el proteccionismo que está imponiendo al mundo.

 

No ha aprendido las lecciones del libro de Norberg. Una de las más importantes es que los factores que determinan la continuación de una época dorada no son externos, como puede ser una pandemia o un supuesto choque de civilizaciones. Más bien, dice Norberg, se trata de un choque “dentro” de cada civilización, que tiene en sus manos la habilidad de decidir si continuar o no en el pico en el que se encuentra.

 

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 6 de mayo de 2025.

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