Skip to main content

Opinión y debate de ideas

Joseph Stiglitz, padrino del estatismo

La prensa
No debe extrañar que este premio Nobel en Economía haya ponderado la situación económica argentina de la actualidad basada en exacciones fiscales astronómicas, deudas colosales, inflaciones galopantes y regulaciones asfixiantes puesto que su posición es la de un estatista cabal.

David Gordon comenta el libro de Stiglitz titulado Power, People and Profits donde de entrada abre con su definición del problema:

“Mis estudios de economía me enseñaron que la idea de muchos conservadores [liberales en terminología estadounidense] están equivocados, su creencia religiosa en el poder de los mercados -tan grande que pueden confiar en que los mercados no intervenidos pueden administrar la economía- no tiene base alguna en la teoría ni en la evidencia.” (p. xii).

El profesor Gordon en su ensayo titulado Stiglitz, Enemy of the Free Market concluye que: “Para él, la codicia de los capitalistas y otros aprovechados explotan a la gente” y que en el sistema de mercados libres “los más afortunados son los que escriben las reglas en su favor” por lo que “solo los fundamentalistas de mercado creen que pueden operar sin controles firmes del gobierno” en cuyo contexto “sostiene que la mayor parte de las personas son irracionales que requieren control por parte de expertos como él.”

Por su parte, Frank Shoastak en su columna titulada Professor Stiglitz and Lord Keynes muestra su entusiasta adhesión a las recetas keynesianas y a su apoyo a instituciones como el Banco Mundial (de la que fue economista jefe) y el Fondo Monetario Internacional.

No es del caso repetir en esta ocasión los beneficios del mercado libre solo subrayamos que constituye el proceso para asignar como eficiente de los siempre escasos recursos a las áreas preferidas por la gente y que consecuentemente los operadores que aciertan con las demandas obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. En este contexto, las desigualdades de rentas y patrimonios son el resultado de lo anterior y, a su vez, los incrementos en las tasas de capitalización hacen que los salarios e ingresos se incrementen. Lo contario, es decir, el empobrecimiento ocurre cuando los empresarios se alían con el poder de turno y cuando los gobernantes se inmiscuyen en los arreglos contractuales libres y voluntarios entre las partes bloqueando el uso de la información fraccionada y dispersa para concentrar ignorancia que generan los conocidos faltantes y desajustes varios.

Conviene eso si recordar que instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial succionan coactivamente recursos de los contribuyentes de diversos países para financiar gobiernos fallidos que cuando están por reconocer sus estrepitosos fracasos reciben cuantiosos recursos que les permite seguir subsistiendo y jugando con incumplidores seriales a quienes les refinancian sus deudas siempre a costa de bolsillos ajenos.

También es del caso recordar lo escrito por el propio Keynes en el prólogo a la edición alemana, en 1936, en plena época nazi, de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero: “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”.

Por último solo señalamos que Stiglitz desdibuja los conceptos de bienes públicos, externalidades, el dilema del prisionero y la asimetría de la información, sobre lo que nos hemos detenido en otra oportunidad en Bienes públicos, externalidades y los free-riders: el argumento reconsiderado (Santiago de Chile, Estudios Públicos, invierno de 1998, No.71).

La libertad de prensa a raíz de Twitter y Trump

INFOBAE – Las resoluciones de los medios y plataformas están en manos de sus titulares, de modo similar a los dueños de casa que deciden quien entra y quien no entra a sus domicilios.

Dados los debates del momento, otra vez volvemos sobre la indispensable libertad de expresión. En una sociedad libre esta libertad resulta de una inmensa e insustituible importancia. El cuarto poder o el contrapoder por excelencia es más relevante y trascendental que los otros tres poderes. Este es el sentido de la sentencia de Thomas Jefferson en cuanto a que “frente a la posibilidad de libertad de prensa sin gobierno o ausencia de libertad de prensa con gobierno, me inclino por lo primero.”

Como es sabido el derecho primordial es el de la vida y la protección del propio cuerpo, le sigue el derecho a expresar los propios pensamientos y el uso y disposición de lo adquirido legítimamente. La libertad de decir lo que cada cual estime conveniente no solo es un derecho, sino que consiste en un procedimiento inexorable al efecto de adquirir conocimientos, un proceso que tiene la característica de la provisionalidad abierto a refutaciones. Esto último hace posible el progreso.

Si se lesionaran derechos de terceros habrá que dirimir lo ocurrido en la Justicia, pero nunca y bajo ninguna circunstancia insinuar la censura previa lo cual significa que los aparatos estatales se inmiscuyen en el sagrado derecho de la libertad de expresión o toleran el uso de la fuerza de otros para bloquearla. En este contexto debe quedar claro que cada medio o plataforma decide con su propiedad lo que considera mejor a sus intereses.

Para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Como queda dicho, esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta valiosísima libertad resulta indispensable no solo por lo que acabamos de consignar sino para resguardar y limitar el poder político y abre cauces a información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitaciones y abusos de poder.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de las siempre pastosas leyes que apuntan a regular medios y la sandez de pretender que se exhiban las fuentes de la información, alegando “seguridad nacional”, “secretos de Estado” o esgrimiendo “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa oral y escrita.

Esto viene a cuento porque la plataforma Twitter y otras han decidido eliminar cuentas de algún personaje que a esta altura de este texto no viene al caso especificar para no entrar en otra discusión, aunque lo mencionaremos más abajo. La antedicha decisión ha generado airadas protestas por parte de algunos sectores alegando que se ha vulnerado la libertad de prensa. Nada más lejos de la verdad. Cada medio o plataforma digital decide con su propiedad lo que piensa es mejor sin que nadie pueda torcer por la fuerza su decisión. La libertad de prensa no significa que tal o cual medio o plataforma deba publicar o trasmitir lo que no quiere hacer. Los motivos por los que se procede de una u otra manera es una cuestión que podrá ser criticada por terceros, pero de ningún modo otorgarles la facultad de contradecir la decisión de los dueños. En el extremo, por ejemplo, un medio cualquiera podría establecer que solo publican los de ojos celestes o los que miden más de un metro ochenta, seguramente una norma de esta naturaleza no conducirá al éxito del emprendimiento, pero este es otro asunto. Lo dicho desde luego no significa que pueda incumplirse con lo eventualmente convenido con usuarios.

Si hay quienes no les gusta las normas de ciertos medios pueden establecer otros que compitan y si no cuentan con los suficientes recursos pueden vender parte de su iniciativa a otros y así lograr su objetivo y si nadie acepta aportar fondos para este emprendimiento quiere decir que, dados los siempre escasos factores productivos, hay otras prioridades y como todo no puede encararse simultáneamente, es proyecto en cuestión debe esperar su turno en mercados abiertos. Los monopolios perjudiciales son los legales, lo otro se traduce en el primero en prestar el servicio lo cual es indispensable desde el arco y la flecha para salir del garrote.Por sus dichos alentando la toma del Capitolio, Trump afronta su segundo juicio político en Estados Unidos (REUTERS/Stephen Lam)Por sus dichos alentando la toma del Capitolio, Trump afronta su segundo juicio político en Estados Unidos (REUTERS/Stephen Lam)

Hay líneas editoriales o forma de trasmitir noticias y columnas de opinión que uno puede o no compartir, pero esto es materia de otros debates que en ninguna circunstancia deben interferir con la libertad de prensa. Las resoluciones de los medios y plataformas están en manos de sus titulares, de modo similar a los dueños de casa que deciden quien entra y quien no entra a sus domicilios. Las decisiones pueden no agradar a terceros pero esto es otro asunto de naturaleza bien diferente.

Hacemos un paréntesis para apuntar que lo dicho es equivalente a lo ocurrido con la editorial Simon & Schuster, que decidió abandonar la publicación del libro del Senador republicano Josh Hawley debido a su aliento a los desmanes en el Congreso (dicho se de paso, obra que en su título refleja un absurdo en un mercado abierto: The Tyranny of Big Tech).

Twitter y otras plataformas se han referido a Donald Trump debido al riesgo que estiman los propietarios de acelerar la violencia en Estados Unidos, pero como hemos apuntado cada medio decide lo que hace o deja de hacer con su propiedad y los que no sean confiables por uno u otro motivo no serán consultados. No es del caso enfatizar en los antedichos motivos que esgrimieron los medios en cuestión porque como queda dicho podrían haber sido otros. Tengamos muy en cuenta que según la definición clásica la Justicia implica el “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad privada a lo que nos hemos referido más arriba al efecto de la decisión de cada dueño de medio o plataforma. De cualquier modo, dada la extensión y la intensidad que ha adquirido el debate, se hace necesario resumir lo que he consignado antes sobre el tema y a los efectos de este debate dejar de lado la confusa, oscura y controvertida Communications Decency Act de 1996, especialmente su sección 230.

No es admisible pretender jugar por reglas compartidas sobre la democracia y cuando los resultados electorales son adversos resulta que se desconocen. Este ha sido el caso luego de la ratificación por parte de los cincuenta estados y luego de haber sido rechazados una y otra vez las demandas por supuestos fraudes en distintas instancias, incluso ante la Corte Suprema de Justicia.

Luego de la bochornosa conversación telefónica de Trump con el Secretario de Estado de Georgia -Brad Raffensperger- oportunidad en la que le sugirió modificar el resultado electoral y luego de los episodios violentos en el Congreso resulta que nada menos que el Presidente de Estados Unidos les dice a los sediciosos que son personas muy especiales y que les tiene gran aprecio. Tuvo que renunciar la Secretaria de Educación -Betsy DeVos- y la Secretaria de Transportes -Elaine Chao- afirmando que Trump fue responsable de instigar a los que irrumpieron por la fuerza en la sede del Parlamento causando enormes destrozos y su ex Jefe de Gabinete John Kelly y el ex Secretario de Defensa Colin Powell propusieran que se lo destituya vía la Enmienda 25, recién entonces decimos es que Trump, tarde y a regañadientes por cierto, reconoció que había terminado su presidencia y manifestó que la transición de mando debía ser ordenada y pacífica. Luego renunció el Secretario de Interior Chad Wolf y el FBI estableció medidas de seguridad para evitar nuevos disturbios.

Peggy Nooman, la colaboradora del Wall Street Journal, de ABC y de NBC News y célebre speechwriter de Ronald Reagan ha escrito que “Al principal responsable, el Presidente de Estados Unidos, hay que desalojarlo del cargo a través de la Enmienda 25 o del juicio político, lo que resulte más rápido.” Debido al escaso tiempo disponible hasta el cambio de mando, es poco probable que puedan completarse en todos los pasos estas decisiones pero las menciono a los efectos de comprobar el clima del momento. De todos modos, Senadores republicanos como Mitt Romney, Patrick Toomey y Lisa Murkoski y miembos de la Cámara Baja como el también republicano Adam Kinzinger han pedido la inmediata renuncia de Trump. Ahora nada menos que el líder republicano en el Senado Mitch McConnell ha dicho que celebra que se le inicie un juicio político a Trump (por segunda vez).

Hasta el Vicepresidente Mike Pence tuvo que absorber el embate de Trump para que anule el recuento formal y final ante ambas Cámaras en el Congreso lo cual rechazó de plano y procedió a la confirmación del Presidente electo Joe Biden luego de ser certificado su triunfo como marcan las normas vigentes.El CEO de Twitter, Jack Dorsey (U.S. Senate Judiciary Committee via REUTERS)El CEO de Twitter, Jack Dorsey (U.S. Senate Judiciary Committee via REUTERS)

William Webster -ex Juez Federal, ex director del FMI y de la CIA- declara públicamente que está avergonzado de las actitudes de Trump. Y en el orden internacional las condenas no se hicieron esperar, por razones de espacio solo destacamos las declaraciones de Angela Merkel quien enfatizó: “lamento profundamente que el Presidente Trump no haya admitido su derrota”.

Desde la perspectiva económica el balance neto de la gestión de Trump ha resultado en el incremento sideral en el gasto público, el déficit y la deuda externa. Es cierto que ha disminuido algunos impuestos, pero como señalé en otra ocasión, esto me trae a la memoria cuando los conquistadores españoles les entregaban espejitos de colores a los indios para luego imponer las instituciones esclavistas de la mita y el yanaconazgo. Como bien ha apuntado reiteradamente su primer Secretario de Estado -Rex Tillerson, antes CEO de ExxonMobil, la tercer empresa de mayor facturación en el mundo- “Trump no tiene idea del significado del libre comercio y muchas de las cosas que afirma no se condicen con la realidad”.

La xenofobia de Trump se ha puesto de relieve varias veces a partir de los hechos de Charlottesville donde equiparó como “buenas personas” a los que marchaban bajo la insignia de la cruz esvástica y los emblemas de la así denominada “supremacía blanca”.

El Procurador General -William Barr- ha consignado que “el Presidente ha traicionado su cargo” y el ex presidente de la Cámara de Representantes y ex candidato a la Vicepresidencia en la elecciones de 2012 -Paul Rayan- ha declarado que “Es difícil concebir un acto más antidemocrático y anticonservador que una intervención para anular los resultados de las elecciones certificadas por el estado y privar de sus derechos a millones de estadounidenses”.

Es muy cierto que buena parte de los equipos del Partido Demócrata apuntan a intensificar el tamaño ya desbordado del Leviatán pero esto en modo alguno justifica que se pretenda operar bajo ciertas normas para luego vulnerarlas cuando los resultados son adversos como ha sido a todas luces el caso de Donald Trump. No es cuestión de dejarse acuchillar por uno para no ser ametrallado por otros, especialmente cuando se declama sobre la democracia y, como queda dicho, una vez obtenidos los resultados se pretende desconocerlos.

El tema del tamaño del aparato estatal y los graves problemas que causa de modo especial sobre los más vulnerables es otro plano de discusión que debe dirimirse en el intercambio de ideas. En este sentido personalmente me ocupé del asunto en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos que publicó la edición original el Fondo de Cultura Económica, donde destaco los extraordinarios valores establecidos por los Padres Fundadores y como de un tiempo a esta parte se ha ido produciendo un deterioro manifiesto en esos valores. La esperanza radica en la cantidad de instituciones dedicadas al estudio y la difusión de esos principios, lo cual concentra una cantidad creciente de jóvenes que publican y se reúnen en seminarios para estudiar y difundir los principios de la sociedad libre.

Aparentemente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que pretenden dictaminar acerca de dominios privados de medios o plataformas, dan manotazos a Internet o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”.

La relevancia de respetar los derechos laborales

La Nación - El derecho significa la facultad de hacer o no hacer algo que no invada el del prójimo, y las relaciones laborales son especialmente importantes pues de allí resultan paridas vinculaciones cruciales.

Es frecuente escuchar la parla sobre derechos del trabajador circunscripto a obreros, peones, empleados en relación de dependencia o equivalentes. Pues eso constituye una primera sandez mayúscula, es una redundancia pero conviene reafirmar que trabajadores son todos los que trabajan, limitarlo a algunos y, por ejemplo, excluir a los comerciantes y empresarios en la práctica adhiere a la teoría marxista de la explotación donde unos trabajan y otros les succionan la sangre. De más está decir que en este contexto es necesario subrayar que no es empresario ni comerciante aquel que opera atado al poder de turno sobre la base de privilegios y mercados cautivos. Ellos son barones feudales o asaltantes de guante blanco. El genuino empresario es aquel que para mejorar su patrimonio debe atender las necesidades y demandas de sus congéneres; así, quienes aciertan obtienen ganancias y quienes yerran incurren en pérdidas.

Segunda sandez: se habla de derechos sociales que significan vulnerar derechos de terceros. Como bien ha explicado el premio Nobel en economía Friedrich Hayek, “el uso del adjetivo social frente a cualquier sustantivo convierte el concepto en su antónimo”, eso ocurre con el llamado constitucionalismo social que implica el abandono de preceptos constitucionales de limitación del poder, justicia social que se traduce en sacarles a unos el fruto de sus trabajos para coactivamente entregarlos a quienes no les pertenece el producto, el igualitarismo social que significa una guillotina horizontal que condena a la pobreza, y así sucesivamente.

Lamentablemente, de muchas facultades de derecho no egresan defensores del andamiaje jurídico que apunta al respeto irrestricto de espacios privados, sino memorizadores de numeración de leyes, párrafos e incisos, que desconocen los mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva. Esto es, suscriben el más crudo positivismo dejando de lado las propiedades y los atributos naturales del ser humano, con la absurda pretensión que no puede haber leyes injustas, aberración que en los hechos fue abandonada en los juicios de Nuremberg que desarmaron el entramado legislativo de los criminales nazis. Lo mismo va para la atrabiliaria noción del “abuso del derecho” una grosera logomaquia, puesto que un mismo acto no puede al mismo tiempo ser conforme y contrario al derecho. También es del caso destacar que la igualdad ante la ley es inescindible de la Justicia como “dar a cada uno lo suyo”, y lo suyo remite a la propiedad privada, puesto que no se trata de ser iguales ante la ley para ir a un campo de concentración.

En nuestro medio se ha repetido hasta el cansancio durante buena parte de nuestra historia reciente que había que intervenir en las relaciones expresadas en el mercado laboral e imponer “conquistas sociales” como por ejemplo el establecimiento de un salario mínimo, una de las ideas tomadas de la Carta del Lavoro de Mussolini junto con la agremiación obligatoria.

Los salarios e ingresos en términos reales son consecuencia inexorable de las tasas de capitalización, es decir, de herramientas, equipos, instalaciones, maquinarias y conocimiento relevante que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Esa es la diferencia entre los salarios de Uganda y Alemania, no se trata de climas, etnias ni de recursos naturales: son exclusivamente el resultado de marcos institucionales que garantizan derechos. Japón es un cascote donde es habitable solo el veinte por ciento, mientras que el continente africano reúne buena parte de los recursos naturales del planeta y sin embargo la mayoría de sus países se debaten en la miseria más espeluznante.

Los ingresos no son entonces consecuencia de voluntarismos ni de decretos trasnochados; como queda dicho, resultan del volumen de inversiones. Si los salarios de mercado son quinientos y se establece un salario mínimo de setecientos se producirá desempleo de los que más necesitan trabajar. El gerente general, de finanzas, administración y otros no serán afectados a menos que el salario mínimo supere sus honorarios en cuyo caso ellos se quedarán sin empleo. Lo dicho sin perjuicio de los fenomenales negociados en juicios laborales, también debidos a legislaciones estrafalarias en cuanto a despidos.

A veces se argumenta que reformas laborales civilizadas que vuelvan a cauces razonables son para que los que hoy se desenvuelven en negro porque han sido expulsados del blanco por leyes expropiatorias, deban regularizarse “para aportar al sistema jubilatorio”, como se fueran parte de un rebaño o carne de cañón que hay que usar para incrementar aportes a un sistema de reparto quebrado, en lugar de apuntar a reformas de fondo al efecto de revertir un mecanismo perverso que no necesita de actuarios o expertos en finanzas para percatarse del desatino.

La reforma laboral es para liberar a todos los que trabajan para que puedan encaminarse al cuidado de los derechos de cada uno y no ser sometidos a la burocracia política y sindical. En realidad, los llamados agentes de retención son una manifiesta inmoralidad, no debiera haber diferencia entre salario bruto y neto, a nadie debiera retenerse el fruto de su trabajo con la malsana idea de que si el empleado pudiera disponer de su salario en su integridad lo encaminaría de un modo distinto al que pretenden sindicalistas autoritarios y políticos descarriados.

También se ha insistido en que deben introducirse reparos al progreso tecnológico pues, según este criterio, tambíen conspirarían contra los puestos de trabajo. Esto se reitera sin tener en cuenta que en verdad los avances de la tecnología liberan trabajo para atender otras necesidades. Esto ocurríó con el hombre de la barra de hielo cuando se introdujo el refrigerador, con el fogonero de las locomotoras al irrumpir las máquinas Diesel y más modernamente con los carteros cuando apareció el email o los valijeros cuando se colocaron rueditas a las valijas etc. Las necesidades son ilimitadas y los recursos limitados, cuando se introducen mejoras en la productividad se libera trabajo para atender otras demandas y los empresarios siempre deseosos de encontrar nuevos arbitrajes son los primeros interesados en capacitaciones para nuevos destinos.

Por su parte, los sindicatos como asociaciones libres y voluntarias son necesarios para los fines que consideren pertinentes los afiliados voluntarios, lo que no es aceptable son los matones que imponen agremiaciones, unicatos y aportes que fuercen a conductas distintas de lo que las personas prefieren. El derecho a no trabajar es la contrapartida del derecho a hacerlo, pero lo que no es justificable es la obligación de adherir a huelgas bajo amenazas de ejercer violencias de distinta índole.

En otros términos, durante décadas nuestro país ha sido sometido a legislaciones autoritarias que han atentado contra los derechos más elementales de todos los que trabajan lo cual naturalmente condujo a empobrecimientos a escala exponencial. Ahora estamos frente a propuestas laborales que pretenden abandonar legislaciones fascistas siempre empobrecedoras para todos pero muy especialmente para los más necesitados.

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de tres academias nacionales

Donate