Skip to main content

Gasto público

"Hay que reducir el Estado en 2 millones de empleados públicos"

ÁMBITO FINANCIERO Agustín Etceherbare, cercano al Gobierno, asegura que bajar los puestos en el Estado permitirá aumentar sueldos. La mirada de largo plazo sobre el programa y el motivo por el que no se dolarizó.

Respecto a la reciente volatilidad del dólar y las tasas de interés, Etchebarne se muestra confiado en un panorama más estable a mediano plazo. Sin embargo, advierte: “Si dentro de dos años esta dinámica persiste, el plan habrá fracasado”.

Al trazar la hoja de ruta, el director de Libertad y Progreso subraya un factor clave para reducir distorsiones en la economía: el equilibrio fiscal. Para sostener el superávit, sostiene que “el gasto público tiene que seguir bajando” y que el número de empleados estatales debería reducirse de cuatro a dos millones en todo el país.

En ese marco, expresa su deseo de una alianza entre La Libertad Avanza y el PRO que permita alcanzar un triunfo electoral en 2027 con un piso del 60% de los votos.

Periodista: El tema central de los últimos días fue el desarme de las LEFIs y su impacto en las tasas de interés. ¿Cómo lee esta dinámica? ¿Hubo un error de timing, de implementación, o fue un acierto que no encontró respuesta por parte del sistema financiero?

Agustín Etchebarne: Tengo una mirada de más largo plazo. El Gobierno, en su momento, tenía dos opciones: ir por la dolarización o seguir el programa de Luis Caputo y su equipo. Yo estaba en el grupo que impulsaba la dolarización, pero, viéndolo un año y medio después, el resultado del plan actual ha sido muy exitoso. Tuvimos una reducción de la inflación muy fuerte -de 211% a una proyección de 25% o 26% anual-, un saneamiento importante del Banco Central, y una baja extraordinaria del gasto público del 25% en el primer mes de gestión. Ese ajuste permitió alcanzar el superávit fiscal y reducir el déficit cuasifiscal. Además, la pobreza bajó del 50% a niveles cercanos al 31%, según estimaciones de la UCA y la Universidad Torcuato Di Tella.

P.: Entonces, ¿la eliminación de las LEFIs no generó una respuesta financiera acorde?

A.E.: Lo que vimos son detalles de implementación. Estamos desarmando un esquema muy complejo -el cepo- con miles de regulaciones. El sistema financiero se va normalizando: la brecha cambiaria se redujo a cero o incluso negativa en algunos días. Hay intervención, claro, pero el tipo de cambio oficial hoy flota en una banda. La volatilidad es parte del proceso, porque ningún funcionario puede anticipar las decisiones de todos los actores económicos. Lo importante es que el ancla es el superávit fiscal.

P.: Si durante la campaña el programa era la dolarización, ¿qué pasó? ¿Por qué se terminó optando por otro esquema?

A.E.: Hubo una reunión donde estaba el equipo de Emilio Ocampo, que proponía la dolarización, y el de Caputo, con otro enfoque. Javier Milei quería que nos pusiéramos de acuerdo, pero eso no fue posible. Se optó por el camino de Caputo, y confieso que me equivoqué: creí que la caída inicial en “V”, iba a deteriorar la imagen presidencial. Lo sorprendente fue el respaldo social, incluso frente a medidas duras. Eso habla muy bien de los argentinos.

P.: ¿Qué aporta el programa de Caputo que no lo hace la propuesta de dolarización? ¿Es más pragmático, menos riesgoso?

A.E.: Ambos eran programas complejos. Hoy, con el diario del lunes, es fácil decir que este fue mejor, pero es cierto que el resultado es muy exitoso. Las libertades económicas de la Argentina mejoraron cerca de 60 posiciones en el Índice de Libertad Económica de Heritage Foundation. Estábamos entre los países más reprimidos del mundo. Hoy estamos a mitad de tabla. Falta mucho, pero la dirección es la correcta. Las reformas estructurales, el DNU 70, el recorte de ministerios, la desregulación que lleva adelante Sturzenegger... todo apunta al modelo que proponíamos desde Libertad y Progreso.

P.: ¿Qué falta para consolidar ese rumbo?

A.E.: La reforma laboral es clave, porque la mitad de la economía está en negro y eso impide que las empresas crezcan, accedan a crédito o salgan a la bolsa. Se trabó el camino de pyme a gran empresa. Además, la informalidad implica más volatilidad. En esta crisis, los salarios informales cayeron fuertemente, aunque ahora se están recuperando.

P.: ¿Esto que menciona explica también la baja inversión?

A.E.: Claro. Vivimos en un país con recursos naturales como la cordillera de los Andes, que compartimos con Chile, solo que el país vecino exporta u$s55.000 millones en minerales; nosotros apenas u$s4.000 o un poco más. El RIGI puede cambiar eso. Es un régimen que, si bien no es un esquema liberal puro, permite anticipar beneficios impositivos y atraer inversiones.

P.: El Gobierno sostiene que el superávit fiscal es inquebrantable, pero el Congreso aprobó erogaciones que atienden a las demandas de diversos sectores. ¿Es posible combinar ambos intereses?

A.E.: El gasto público tiene que seguir bajando. Las provincias y municipios no han hecho el ajuste. En muchos casos, el Estado provincial es más grande que el nacional. Hay municipios con consejos deliberantes que funcionan como feudos, donde el clientelismo se mantiene con empleo público innecesario. En total, tenemos 4 millones de empleados públicos. Hay que reducir al menos 2 millones. Cuando teníamos 2 millones, había mejor salud, educación e infraestructura: la palabra clave para subir los salarios es productividad.

P.: ¿En cuánto tiempo debería realizarse ese recorte de los empleados?

A.E.: No le pongo un plazo, pero hay que hacerlo. El Estado debe enfocarse en pocas cosas, pero bien hechas, y lo demás debe dejárselo al sector privado. Los ferrocarriles, por ejemplo, eran excelentes cuando eran privados, pero se estatizaron en 1949 y empezó la decadencia.

P.: ¿Coincide con la idea de una "Argentina dual", con sectores que acceden a importaciones baratas y otros que no llegan a comprar alimentos a fin de mes?

A.E.: No lo veo así. Los datos indican que la Tarjeta Alimentar y la AUH subieron y la pobreza bajó. Lo que sí existe es una diferencia entre trabajar en el sector privado o en el público. Los sueldos estatales crecieron menos y eso fue deliberado. Se buscó incentivar al empleo privado. Muchos jóvenes que antes se iban del país hoy están reconsiderando quedarse. Con salarios en dólares más altos, pueden volver a pensar en proyectos de vida acá.

P.: ¿Qué pasará con el dólar en el segundo semestre?

A.E.: La volatilidad preelectoral existe y puede continuar, pero el superávit fiscal es un ancla poderosa. La deuda consolidada bajó u$s25.000 millones respecto a noviembre de 2023. Además, el dólar se deprecia globalmente. No me animo a proyectar el corto plazo, pero hacia adelante veo estabilidad. Este año cerraría con 26%–27% de inflación; el año que viene podría ser del 8%. Con estas tasas, yo apuesto al peso, sin dudas. Tomar deuda en pesos hoy, con tasas muy altas, no es buena idea. Pero deuda en dólares al 7%, como algunas empresas están consiguiendo, sí lo es.

P.: ¿Y qué impacto tienen las tasas altas sobre la actividad?

A.E.: Las tasas altas son malas. Pero están bajando, cayeron a 30%. Subieron un poco por el desarme de las LEFIs, pero eso es coyuntural. Si dentro de dos años las tasas siguen iguales, el plan habrá fracasado. Pero no lo creo. Vamos hacia una inflación en un dígito bajo y tasas normales. Israel y Japón tardaron siete años en lograrlo. Acá se está logrando en mucho menos, en un año y medio.

P.: Sturzenegger dijo en La Rural que "no existe el riesgo país, existe el riesgo kuka" y usted asegura estar de acuerdo, aunque sostengan internas dentro del partido que le quitan competitividad. ¿Por qué?

A.E.: La política es un tema importante que no había salido en la entrevista. El peronismo ha nombrado a casi todos los jueces. Tiene poder sindical, territorial y en muchas provincias. Cuando ganó las PASO en 2019, la bolsa cayó 37% en un día. Ni una guerra logra eso. ¿Por qué? Porque su lógica es combatir al capital, y en ese sentido es más destructivo que una guerra. Las pymes y los ahorristas sufren; los amigos del poder se benefician. Es un modelo corporativista, casi fascista. Nosotros queremos un país libre, con iniciativa privada.

P.: ¿Cree que el oficialismo puede ganar las elecciones de 2027?

A.E.: Si la economía sigue mejorando, sí. Lo ideal sería un acuerdo sólido entre La Libertad Avanza y el PRO, con una campaña clara. Hay que evitar peleas internas. Yo apostaría a construir una mayoría del 60%. La mayoría de los argentinos quiere un país normal, con menos impuestos y más libertad. Argentina lo merece.

“Estamos en el menor nivel de gasto en subsidios de los últimos 10 años”

PERFIL Se instauró un debate sobre el escenario económico en relación al ajuste fiscal del Gobierno, la reducción de subsidios y el rol del dólar en la economía. En relación a este tema, este medio se puso en comunicación con el economista, Agustín Monteverde.

Agustín Monteverde explicó que el recorte de subsidios a los servicios públicos fue efectivo: “Cada vez han ido requiriendo menos nivel de subsidio. De todas formas, estamos en el menor nivel de erogación para el Estado en subsidios de los últimos 10 años”. Gracias a esta política, aseguró que se logró “un superávit este último mes, 23 veces el del año pasado, el mismo mes del año pasado”. Y enfatizó: “Esto es lo que posibilita seguir adelante con el plan económico”.

No hay dudas en que el Gobierno alcanzó el superávit fiscal

Sobre las críticas que niegan la existencia del superávit y la emisión cero, comentó: “Que hay emisión cero, absolutamente, eso es clarísimo”. A quienes sostienen que no hay superávit, respondió: “Están computando devengamiento de intereses. El fisco informa muy claramente las cosas. Hay superávit y eso es justamente lo que ha generado y ha posibilitado la baja de la inflación, la baja del riesgo país y la sostenibilidad general del plan económico”.

Respecto a las medidas que buscan inyectar dólares en la economía, Monteverde comentó: “Esto yo creo que es una segunda fase de la batalla cultural en que está embarcado el Gobierno”. Luego, manifestó que el objetivo es superar décadas de controles y mentalidades restrictivas: “La Argentina es única en el mundo, es el único país del mundo que lleva décadas refugiando a los argentinos en una moneda extranjera, una moneda dura que es el dólar”.

El rol de los gobiernos a lo largo de la historia con la compra de dólares

También criticó las normativas que penalizaban la compra de dólares: “Durante largos periodos, los gobiernos entraron en la inmoralidad ilícita de declarar ilegales las compras de dólares aunque se hicieran con fondos lícitos”. En ese sentido, señaló: “Hoy son dólares negros porque fueron comprados en lo que la gente llama cuevas”.

El economista recalcó que existe una persecución absurda: “Hoy en la Argentina hay causas de autolavado que afectan a particulares que nada tienen que ver con el lavado de dinero, simplemente dieron uso a dólares que compraron con sus genuinos ahorros”.

En cuanto a la idea de liberar al sector privado del control del origen de los dólares, aclaró: “Esto se trata de un verdadero combate cultural, el otro grillete mental es que los dólares son ahorro, los dólares no se tocan”.

Joseph Stiglitz, padrino del estatismo

La prensa
No debe extrañar que este premio Nobel en Economía haya ponderado la situación económica argentina de la actualidad basada en exacciones fiscales astronómicas, deudas colosales, inflaciones galopantes y regulaciones asfixiantes puesto que su posición es la de un estatista cabal.

David Gordon comenta el libro de Stiglitz titulado Power, People and Profits donde de entrada abre con su definición del problema:

“Mis estudios de economía me enseñaron que la idea de muchos conservadores [liberales en terminología estadounidense] están equivocados, su creencia religiosa en el poder de los mercados -tan grande que pueden confiar en que los mercados no intervenidos pueden administrar la economía- no tiene base alguna en la teoría ni en la evidencia.” (p. xii).

El profesor Gordon en su ensayo titulado Stiglitz, Enemy of the Free Market concluye que: “Para él, la codicia de los capitalistas y otros aprovechados explotan a la gente” y que en el sistema de mercados libres “los más afortunados son los que escriben las reglas en su favor” por lo que “solo los fundamentalistas de mercado creen que pueden operar sin controles firmes del gobierno” en cuyo contexto “sostiene que la mayor parte de las personas son irracionales que requieren control por parte de expertos como él.”

Por su parte, Frank Shoastak en su columna titulada Professor Stiglitz and Lord Keynes muestra su entusiasta adhesión a las recetas keynesianas y a su apoyo a instituciones como el Banco Mundial (de la que fue economista jefe) y el Fondo Monetario Internacional.

No es del caso repetir en esta ocasión los beneficios del mercado libre solo subrayamos que constituye el proceso para asignar como eficiente de los siempre escasos recursos a las áreas preferidas por la gente y que consecuentemente los operadores que aciertan con las demandas obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. En este contexto, las desigualdades de rentas y patrimonios son el resultado de lo anterior y, a su vez, los incrementos en las tasas de capitalización hacen que los salarios e ingresos se incrementen. Lo contario, es decir, el empobrecimiento ocurre cuando los empresarios se alían con el poder de turno y cuando los gobernantes se inmiscuyen en los arreglos contractuales libres y voluntarios entre las partes bloqueando el uso de la información fraccionada y dispersa para concentrar ignorancia que generan los conocidos faltantes y desajustes varios.

Conviene eso si recordar que instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial succionan coactivamente recursos de los contribuyentes de diversos países para financiar gobiernos fallidos que cuando están por reconocer sus estrepitosos fracasos reciben cuantiosos recursos que les permite seguir subsistiendo y jugando con incumplidores seriales a quienes les refinancian sus deudas siempre a costa de bolsillos ajenos.

También es del caso recordar lo escrito por el propio Keynes en el prólogo a la edición alemana, en 1936, en plena época nazi, de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero: “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”.

Por último solo señalamos que Stiglitz desdibuja los conceptos de bienes públicos, externalidades, el dilema del prisionero y la asimetría de la información, sobre lo que nos hemos detenido en otra oportunidad en Bienes públicos, externalidades y los free-riders: el argumento reconsiderado (Santiago de Chile, Estudios Públicos, invierno de 1998, No.71).

Donate