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política estados unidos

Guerra comercial, otra vez

CATOIan Vásquez dice que la persistencia de Trump con la idea de imponer aranceles a sus socios comerciales debería llevarnos a reconocer que al líder del país más poderoso del mundo simplemente le resulta atractivo el proteccionismo.

La semana pasada, el presidente Donald Trump confirmó algo que a estas alturas todo el mundo debería reconocer: al líder del país más poderoso del mundo simplemente le gusta el proteccionismo.

En abril, Trump anunció que aplicaría aranceles de 10% al mundo y tasas más altas a docenas de países. Luego de que los mercados reaccionaron negativamente, Trump anunció una pausa de 90 días durante los cuales su gobierno sugirió que negociaría 90 tratados comerciales con los países que Trump consideraba que estaban “robando” a Estados Unidos.

Por más que sus aliados políticos digan que Trump es un gran negociador y que su fin es un mundo de mercados más abiertos, no hay evidencia para tal aseveración. En los últimos 90 días, Estados Unidos solo ha podido completar tratados con dos países.

Ahora que esa pausa terminó, Trump dice que aplicará aranceles de hasta 50% a más de 50 países si no concluyen acuerdos para principios de agosto. Entre ellos están los socios comerciales más importantes de Estados Unidos –Canadá (con un arancel de 35%), México (30%), la Unión Europea (30%) y Japón (25%)–, que representan más de 50% de las importaciones a Estados Unidos.

Si los aranceles se llegaran a aplicar, representarían un impuesto enorme a los consumidores estadounidenses. Desde que Trump llegó al poder en enero, el arancel promedio de Estados Unidos subió de 2,5% a 16,6% y los nuevos aranceles amenazan con elevar la tasa promedio a 20,6%, el nivel más alto desde 1910 según el Budget Lab de la Universidad de Yale.

No debemos esperar que al final del proceso de negociaciones estaremos viviendo en un mundo de comercio más libre o “justo”. Tal como lo ha documentado el experto Scott Lincicome, desde los años 80, y a pesar de opiniones cambiantes en numerosos temas, Trump constante y repetidamente ha declarado que los aranceles son buenos y pueden crear empleos y revertir los déficits comerciales, que son una muestra de que Estados Unidos está perdiendo riqueza.

No importa que el consenso abrumador de economistas favorece el libre comercio y considera que la perspectiva comercial de Trump es un sinsentido mayúsculo. No importa tampoco que Estados Unidos ha tenido un déficit comercial con el mundo por casi 50 años y ha podido multiplicar su ingreso per cápita por ocho. El presidente es un analfabeto económico que considera que el intercambio comercial es un juego de suma cero.

Por eso es imposible encontrar un argumento económico que justifique la política comercial de Trump. Dice que quiere revertir déficits comerciales, que está usando aranceles como herramientas negociadoras para ser reducidas luego de que se abran los mercados y que los aranceles son para recaudar ingresos. Es difícil sostener todas esas posturas de manera simultánea.

Además, Trump está usando la política arancelaria para promover fines no comerciales, como la inmigración y otros temas. A Brasil, por ejemplo, Trump amenaza con imponerle un arancel de 50%, a pesar de tener un superávit comercial con ese país. Dice que no le gusta cómo el presidente Lula da Silva y el sistema legal brasileño están tratando a Jair Bolsonaro.

La amenaza ha fortalecido a un Lula que se estaba debilitando y ha perjudicado a Bolsonaro, su aliado político. Tal resultado no parece habérsele ocurrido a Trump o quizá no le importa. De la misma manera, sus aranceles han fortalecido a los líderes de izquierda en Australia, México, Canadá y otros países.

Estados Unidos y el mundo será más pobre por la incertidumbre y el proteccionismo que Trump parece disfrutar imponer. Los socios comerciales de Estados Unidos ya están viendo cómo desviar buena parte de su comercio hacia otros países. Ojalá que se contengan las represalias comerciales para no hundir demasiado a la economía global.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 15 de julio de 2025.

Perspectivas económicas después de las elecciones en Argentina

Aldo Abram en Radio Primium. "Las políticas económicas se mantendrán después de las elecciones. Si la gente voto al gobierno apoyando a su gestión, el plan se profundizará". "Se necesita del Congreso para que apoyen el sacrificio que estamos haciendo todos los argentinos para mejorar el país"

 

Un temblor en Nueva York

CATOIan Vásquez explica que el resultado de las primarias del Partido Demócrata en Nueva York es relevante no solo para la ciudad, sino para la política nacional.

Hubo un temblor político en Nueva York la semana pasada y se está sintiendo en todo el país: en las primarias del Partido Demócrata, un socialista salió muy por encima de los otros candidatos para la alcaldía de la ciudad más grande de Estados Unidos.

Dado que Nueva York tiende a votar por el Partido Demócrata, es probable que Zohran Mamdani será elegido alcalde en noviembre. El resultado es relevante no solo para la ciudad, sino también para la política nacional. Es particularmente importante para los demócratas, quienes no se recuperan de su derrota ante Trump y se están debatiendo cuál será la mejor estrategia para enfrentar a la nueva derecha: ¿moverse más al centro político o moverse todavía más a la izquierda?

Las primarias le han dado un fuerte apoyo al ala populista del Partido Demócrata. Después de todo, con su discurso socialista Mamdani le sacó siete puntos de ventaja al segundo más votado, Andrew Cuomo, un político tradicional y exgobernador de Nueva York.

¿Qué prometió Mamdani? Dijo que iba a hacer más justa y asequible a la ciudad. Lo haría duplicando el sueldo mínimo, congelando los alquileres de alrededor de un millón de departamentos, brindando atención infantil gratuita y universal, ofreciendo transporte gratis en autobuses, incrementando impuestos a las corporaciones y los ricos, y montando supermercados del pueblo, entre otras medidas.

A diferencia de muchos populistas que se guían por el oportunismo, Mamdani es un auténtico creyente de las ideas socialistas. Es miembro de los Socialistas Democráticos de América, un grupo activista nacional. El grupo dice que lucha por “conquistar un mundo organizado y gobernado por y para la inmensa mayoría, la clase obrera”.

Además de desfinanciar completamente a la policía, el grupo al que Mamdani pertenece propone la “nacionalización de empresas como ferrocarriles, servicios públicos y empresas manufactureras y tecnológicas críticas, junto con la regulación de los sectores corporativo, de comunicaciones, de datos y financiero”. Es una agenda de control económico y de la expresión.

El joven Mamdani (tiene 33 años) no propone explícitamente implementar tal agenda; ni siquiera podrá implementar todo lo que propone fácilmente. Pero el candidato no esconde el hecho de que es socialista, lo resalta. Para Estados Unidos, hacer eso y tener éxito político es novedoso y pudiera tener influencia sobre el Partido Demócrata a nivel nacional.

No importa que el control de alquileres en Nueva York como el que Mamdani está proponiendo ampliar haya causado escasez de viviendas, sobre todo para los más necesitados. No importa que el aumento del salario mínimo perjudique a los trabajadores menos calificados y crea desempleo o que los altos impuestos y costos de vivir en la ciudad han causado una caída notable de su población en años recientes. Tampoco importa que han sido las mismas políticas de los demócratas las que han causado los problemas que Mamdani pretende solucionar.

No importa porque parece que lo que llevó a Mamdani a la victoria fueron en gran parte los votantes blancos, bien educados y de clase media y alta. Perdió el voto de los afroamericanos y de la clase baja, quienes favorecieron a Cuomo. En cierto sentido, la elección respalda lo que el observador social Rob Henderson denomina “creencias de lujo” que son “opiniones que confieren estatus a la clase alta con poco o ningún costo para ellos, mientras que infligen un grave costo a las clases más bajas”. Agrega Henderson: “Los mismos que apoyan a Mamdani son los que más se parecen a él: acomodados, sobreeducados y deseosos de demostrar su virtud a costa de los demás”.

Si es así, y si el Partido Demócrata decide optar por una visión más extrema, Estados Unidos se apartará aún más de su tradición democrática liberal.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 1 de julio de 2025.

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