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análisis político

"LA SITUACIÓN ES CATASTRÓFICA EN EDUCACIÓN"

Gastón Kelly, estuvo el día de hoy en el programa Enfoque Social, analizando el actual sistema de educación argentino, sus errores, y como mejorarlos bajo una perspectiva liberal. Los exámenes de evaluación muestran una educación en decadencia. 

 

"No me voy a subir a la ola de la catástrofe"

Iván Cachanosky conversón con Tato Young en Radio Mitre. Es importante bajar el riesgo país y recuperar la credibilidad en el mundo. El principal problema del gobierno hoy es político y la incertidumbre que genera. 

¿Apropiación imperialista del petróleo?

CATOIan Vásquez afirma que el mejor camino para Estados Unidos y Venezuela es dejar que las fuerzas del mercado determinen el futuro del sector petrolero venezolano bajo una democracia legítima.

Parece una caricatura inventada por un marxista: Estados Unidos realiza una intervención militar para apropiarse de los recursos de otro país.

Conforme el gobierno de Donald Trump continúe colaborando con el régimen chavista, enfatizando su mayor control sobre la industria petrolera venezolana y posponiendo la transición a una democracia soberana, se fortalecerá la narrativa de un imperio yanqui desaforado.

Puede ser que Trump, como los marxistas, tiene una concepción equivocada de la economía, según la cual la acumulación de los recursos naturales es necesaria para la riqueza y por lo tanto justifica las políticas imperialistas. Pero ese modo de pensar ha sido desacreditado por la experiencia y le ha dado la razón a Adam Smith, quien dijo que la riqueza se debe más bien a las reglas del juego y a las instituciones que sustentan la libertad. Hace 250 años el mismo Smith criticó al imperialismo británico por ser un sistema que le generaba pérdidas económicas a Inglaterra.

El caso venezolano no es diferente. No hay ninguna razón económica que justifique el apoderamiento forzoso del petróleo por Estados Unidos, a pesar de que Trump dice que tal intervención enriquecerá a Estados Unidos y Venezuela. En primer lugar, la mayoría de las empresas petroleras estadounidenses, que no fueron consultadas previo al plan de Trump, no muestra interés en Venezuela. El director ejecutivo de Exxon, por ejemplo, dijo que Venezuela no reúne las condiciones mínimas para invertir.

Tiene razón. El socialismo ha destruido la infraestructura de la industria petrolera venezolana, cuya producción se encuentra por debajo de un millón de barriles/día, menos de 1% de la producción mundial. Para llegar a producir tres millones de barriles/día, como fue el caso a principios del régimen chavista, se requerirá una inversión de por lo menos US$100.000 millones a lo largo de muchos años y en un ambiente político y legal sumamente volátil y riesgoso.

Es más, el precio del barril de petróleo está a niveles bajos (alrededor de US$60) y se pronostica que se mantendrá bajo por años. Sin embargo, por ser más pesado, el crudo venezolano vale unos US$20 menos que el petróleo estándar (el llamado Brent) y cuesta mucho más procesarlo. Se estima, además, que para que sean económicamente viables las inversiones petroleras en Venezuela, el precio del barril tiene que superar los US$80.

Ingresar hoy al mercado venezolano no tiene nada de atractivo para las empresas petroleras estadounidenses. Desde la perspectiva económica, la intervención tiene menos sentido cuando se toman en cuenta los millones de dólares al día que cuesta mantener las Fuerzas Armadas en la costa de Venezuela.

La verdad es que, en un mundo globalizado, la apropiación del petróleo difícilmente tiene sentido económico. Veamos el peor de los casos. En 1990, el gobierno del presidente George Bush justificó la guerra del pérsico al decir que Sadam Hussein “podría estrangular el orden económico mundial” al controlar buena parte del petróleo mundial.

Pero el economista David Henderson mostró que no tenía sentido económico librar una guerra por el petróleo aun si Hussein hubiera tomado Arabia Saudita y los Emiratos Árabes, además de Kuwait. Para que le sea útil, Hussein siempre tendría que vender el petróleo a alguien, incluso si vendiera menos de lo que se vendió antes. Y dado que el mercado petrolero es un mercado global, Estados Unidos hubiera accedido a ese bien por otro lado. Henderson calculó que el costo de no hacer nada ante tal dominio petrolero de Hussein no hubiera superado el 0,5% del PBI estadounidense –algo completamente manejable y menor que el costo de las otras alternativas, como la misma guerra–.

El mejor camino para Estados Unidos y Venezuela es dejar que las fuerzas del mercado determinen el futuro del sector petrolero venezolano bajo una democracia legítima.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 13 de enero de 2026.

"Hay que DARLE LIBERTAD a la GENTE para NEGOCIAR"

Aldo Abram, estuvo en Feedback con Gustavo Idoyaga hablando sobre la necesidad de una reforma laboral que permita a los ciudadanos salir del trabajo no registrado. La ley actual no genera empleo privado en relación de dependencia hace 20 años, es necesario cambiarla. 

“Cuestionamos la relación con los EEUU, pero nunca en los últimos diez años se cuestionó la relación con China”

INFOBAEPara Constanza Mazzina, politóloga, investigadora y docente universitaria, China busca “cooptar elites políticas" en diferentes países, entre ellos Argentina, “para legitimar el modelo autoritario y juntar voces en las críticas al modelo de democracia liberal occidental”. En un informe publicado por Expediente Abierto, titulado “La estrategia de China de captura de élites y su impacto para la Argentina”, describe paso a paso el plan del gigante asiático para influir en el discurso público e intervenir en la toma de decisiones.

“Los chinos ponen sus propias condiciones, aprovechan la opacidad y la corrupción; las redes personales, clientelares y la facilidad para acercarse a elites políticas, académicas, y empresariales”, sostiene Mazzina, que se desempeña como directora de la carrera de Ciencia Política en la Universidad del CEMA, en diálogo con Infobae.

 

Cómo es el entramado complejo que refuerza la presencia china en el país, tanto en términos materiales como simbólicos. “Cuestionamos la relación con los Estados Unidos, pero nunca en los últimos diez años se cuestionó la relación con China”, aseguró.

- En su último trabajo publicado, habla de una estrategia de China para “capturar a las elites” de la Argentina, ¿cómo es ese proceso y qué impacto tiene en el país?

 

Cómo ese poder que en general no es ni hard power ni soft power. Es el sharp power que algunos lo traducen como poder inteligente y que tiene algunos instrumentos, que van desde la diplomacia partidaria, que son las relaciones entre el Partido Comunista Chino propiamente dicho y otros partidos políticos, hasta la formación en seminarios, las visitas, la cooperación ideológica. ¿Para qué? Para cooptar elites políticas y para legitimar el modelo autoritario y juntar voces en las críticas al modelo de democracia liberal occidental.

Después está el tema la propaganda y de todos los medios en español o de plataformas digitales que se han expandido en América Latina. Y esto viene también de la mano o en cooperación con otras autocracias, porque hay algo que no trabaja el libro, pero que sí me parece importante señalar, que es la cooperación autocrática. Cómo China coopera con otros países autocráticos. En esto cooperan mucho lo que tiene que ver con los medios de comunicación, con plataformas, y demás, para lavarle la cara a estas autocracias.

Finalmente está el tema del avance de las empresas chinas, que son empresas fundamentalmente estatales, que lo que intentan es no solo influir en la estructura económica de un país, sino también crear dependencia económica expandiendo la presencia geopolítica de China al mismo tiempo.

- Habla no sólo de elites políticas, sino de académicas e intelectuales... es decir, un relacionamiento en todos los sectores de la sociedad. ¿Cómo se materializa esa influencia?

A través de muchas de las acciones que lleva adelante China a través de esto que decíamos, de este sharp power. Uno de sus instrumentos tiene que ver con los institutos Confucio, que hoy están en muchas universidades de América Latina. Y decíamos que son operaciones también más sutiles, pero que al mismo tiempo van de la mano de las enormes inversiones que hace China en estos países. Entonces, no es solo un instrumento, es un conjunto de instrumentos que van todos juntos, marcando de alguna manera el avance de China y de su crítica hacia el modelo de las democracias liberales occidentales. Y obviamente no presentan a China como una sociedad perfecta, sino que lo que tratan de demostrar, justamente, es el fracaso de los otros, ¿no? Porque son una alternativa, porque los otros justamente han fracasado. Esto es parte del relato y de la construcción de esta narrativa prochina.

- ¿Este proceso es transversal a todos los partidos políticos?

La influencia del Partido Comunista de China es completamente transversal a todos los partidos políticos. Obviamente, podemos arrancar por los años 70, cuando se restablecen las relaciones diplomáticas entre Argentina y China. Obviamente, el partido más cercano era el Partido Justicialista. Pero en los últimos años, dada la expansión de China, todos los partidos se han hecho un poco, no te diría “prochinos”, pero sí más permeables a la influencia y a la estrategia china. Y me parece que ser más permeables a la influencia de la estrategia es también olvidar cuáles son los peligros.

Por ejemplo, a pesar de todos los mensajes de campaña que hubo antes de que asumiera Mauricio Macri (en 2015), que parecía que se iba a distanciar, que tenían que ver con averiguar o dar información acerca de lo que pasaba con la base militar china de Neuquén, finalmente tuvo que ir para atrás con todo eso. Y si te fijás, en el libro está la descripción de cómo a partir del año 2016 hay tantos miembros del PRO acercándose, en esto que ellos tienen de diplomacia persona a persona, con el Partido Comunista Chino.

Obviamente, repito, en términos ideológicos, el partido más afín al Partido Comunista Chino no son los comunistas de acá, sino el Partido Peronista, por su magnitud, obviamente, y por su peso electoral desde ya. Pero sí, es una cuestión que atraviesa todos los partidos políticos.

-La influencia de China en un país como Argentina, ¿puede operar como una barrera para las relaciones políticas y comerciales con otros países?

A ver. Argentina tiene una relación tensa con los Estados Unidos, que atraviesa desde finales del siglo XIX hasta prácticamente hoy, con algunos paréntesis. Esta relación tensa empieza en la Primera Conferencia Panamericana en Washington, y podemos ver cómo sigue esa distancia a lo largo del siglo XX y termina en el fracaso del ALCA en la cumbre de Mar del Plata del año 2005. De la mano de eso tenemos, sí, una América Latina que, en general, es muy “antiyanki”, donde la frase preferida es “fuera yanquis”, o como se había escrito en las paredes en la cumbre de Mar del Plata, “yankees go home”.

 

Entonces, hay una simplificación, un reduccionismo: dado que los norteamericanos son malos, por lo tanto, si los chinos se oponen a los norteamericanos, los chinos van a ser buenos. Y de esta falacia empieza gran parte de la confusión, y la relación, y la facilidad también con la que China ha entrado en América Latina. Y cuando digo en América Latina es porque en los últimos 10 años ha reemplazado a Estados Unidos o a otros socios como el principal socio comercial en muchos de nuestros países.

- ¿Cómo se inscribe este proceso en un contexto donde la política exterior de Milei plantea un fuerte vínculo con Estados Unidos?

Frente a ese reduccionismo, y de la mano con la construcción de la narrativa “prochina”, lo que tenemos al final del día son cosas como las que están pasando ahora en la Argentina. Cuestionamos la relación con los Estados Unidos, pero nunca en los últimos diez años se cuestionó la relación con China. China también dio un swap durante el gobierno de Alberto Fernández. ¿Qué le dimos a los chinos? ¿Alguien lo preguntó? No. ¿Hubo pedido de informe? ¿Hubo interpelación al jefe de gabinete? No, nada de esto pasó. Simplemente pasó porque asumimos esta especie de falacia de “yanquis malos, chinos buenos”. Ese reduccionismo le permite, no solo en Argentina, sino en muchos países de la región, avanzar mucho más rápido con su agenda.

- Estos diferentes niveles de influencia, ¿pueden operar como un condicionamiento para los gobiernos de turno? ¿Qué condicione estructurales debe tener un país o una región para que suceda esto?

Lo ideal sería que ningún país te influencie en tu política interior. Lo cierto es que el otro factor que es importante de la influencia china en la Argentina es que somos un país federal y las provincias necesitan inversiones y necesitan dinero. Y ahí es donde también tenemos todo el recorrido de las inversiones que China está haciendo en nuestras provincias. No te olvides que las riquezas del subsuelo son de las provincias y todo lo que hoy se está explotando en muchas provincias del NOA a través de empresas chinas.

¿Podemos pensar a China como un socio comercial en igualdad de condiciones? No. Y esto me parece que acá está el peligro, ¿no? Porque los chinos ponen sus propias condiciones, aprovechan la opacidad y la corrupción de nuestros países. Esto es muy importante. El aprovechamiento de las redes personales, clientelares y de la facilidad para acercarse a elites políticas, académicas, y empresariales.

- ¿Que peligro advierte en establecer este tipo de relaciones?

Esto me parece que es un punto superimportante. No es solo una forma de hacer negocios, es también la construcción de un relato, de una narrativa que es afín a un determinado modelo de poder que nos aleja cada vez más del pluralismo y de la democracia, y donde se intenta imponer un relato favorable al Partido Comunista Chino, donde obviamente se tratan de socavar las voces críticas, fundamentalmente empezando por el periodismo, siguiendo por la oposición y siguiendo también por el mundo académico. Y el punto acá, que me parece también muy importante señalar, es que todo es parte de una estrategia para posicionar a China como un modelo alternativo frente al declive de la influencia que ha tenido los Estados Unidos en el mundo y en la región en las últimas décadas.

“Cuestionamos la relación con los EEUU, pero nunca en los últimos diez años se cuestionó la relación con China”

FM CORDILLERA  ParaConstanza Mazzina, politóloga, investigadora y docente universitaria, China busca “cooptar elites políticas >“Los chinos ponen sus propias condiciones, aprovechan la opacidad y la corrupción; las redes personales, clientelares y la facilidad para acercarse a elites políticas, académicas, y empresariales”, sostiene Mazzina, que se desempeña como directora de la carrera de Ciencia Política en la Universidad del CEMA, en diálogo con Infobae.

Cómo es el entramado complejo que refuerza la presencia china en el país, tanto en términos materiales como simbólicos. “Cuestionamos la relación con los Estados Unidos, pero nunca en los últimos diez años se cuestionó la relación con China”, aseguró.

 

- En su último trabajo publicado, habla de una estrategia de China para “capturar a las elites” de la Argentina, ¿cómo es ese proceso y qué impacto tiene en el país?

 

Cómo ese poder que en general no es ni hard power ni soft power. Es el sharp power que algunos lo traducen como poder inteligente y que tiene algunos instrumentos, que van desde la diplomacia partidaria, que son las relaciones entre el Partido Comunista Chino propiamente dicho y otros partidos políticos, hasta la formación en seminarios, las visitas, la cooperación ideológica. ¿Para qué? Para cooptar elites políticas y para legitimar el modelo autoritario y juntar voces en las críticas al modelo de democracia liberal occidental.

 

Después está el tema la propaganda y de todos los medios en español o de plataformas digitales que se han expandido en América Latina. Y esto viene también de la mano o en cooperación con otras autocracias, porque hay algo que no trabaja el libro, pero que sí me parece importante señalar, que es la cooperación autocrática. Cómo China coopera con otros países autocráticos. En esto cooperan mucho lo que tiene que ver con los medios de comunicación, con plataformas, y demás, para lavarle la cara a estas autocracias.

Finalmente está el tema del avance de las empresas chinas, que son empresas fundamentalmente estatales, que lo que intentan es no solo influir en la estructura económica de un país, sino también crear dependencia económica expandiendo la presencia geopolítica de China al mismo tiempo.

 

- Habla no sólo de elites políticas, sino de académicas e intelectuales... es decir, un relacionamiento en todos los sectores de la sociedad. ¿Cómo se materializa esa influencia?

 

- ¿Este proceso es transversal a todos los partidos políticos?

Por ejemplo, a pesar de todos los mensajes de campaña que hubo antes de que asumiera Mauricio Macri (en 2015), que parecía que se iba a distanciar, que tenían que ver con averiguar o dar información acerca de lo que pasaba con la base militar china de Neuquén, finalmente tuvo que ir para atrás con todo eso. Y si te fijás, en el libro está la descripción de cómo a partir del año 2016 hay tantos miembros del PRO acercándose, en esto que ellos tienen de diplomacia persona a persona, con el Partido Comunista Chino.

Obviamente, repito, en términos ideológicos, el partido más afín al Partido Comunista Chino no son los comunistas de acá, sino el Partido Peronista, por su magnitud, obviamente, y por su peso electoral desde ya. Pero sí, es una cuestión que atraviesa todos los partidos políticos.

 

A ver. Argentina tiene una relación tensa con los Estados Unidos, que atraviesa desde finales del siglo XIX hasta prácticamente hoy, con algunos paréntesis. Esta relación tensa empieza en la Primera Conferencia Panamericana en Washington, y podemos ver cómo sigue esa distancia a lo largo del siglo XX y termina en el fracaso del ALCA en la cumbre de Mar del Plata del año 2005. De la mano de eso tenemos, sí, una América Latina que, en general, es muy “antiyanki”, donde la frase preferida es “fuera yanquis”, o como se había escrito en las paredes en la cumbre de Mar del Plata, “yankees go home”.

Entonces, hay una simplificación, un reduccionismo: dado que los norteamericanos son malos, por lo tanto, si los chinos se oponen a los norteamericanos, los chinos van a ser buenos. Y de esta falacia empieza gran parte de la confusión, y la relación, y la facilidad también con la que China ha entrado en América Latina. Y cuando digo en América Latina es porque en los últimos 10 años ha reemplazado a Estados Unidos o a otros socios como el principal socio comercial en muchos de nuestros países.

 

Frente a ese reduccionismo, y de la mano con la construcción de la narrativa “prochina”, lo que tenemos al final del día son cosas como las que están pasando ahora en la Argentina. Cuestionamos la relación con los Estados Unidos, pero nunca en los últimos diez años se cuestionó la relación con China. China también dio un swap durante el gobierno de Alberto Fernández. ¿Qué le dimos a los chinos? ¿Alguien lo preguntó? No. ¿Hubo pedido de informe? ¿Hubo interpelación al jefe de gabinete? No, nada de esto pasó. Simplemente pasó porque asumimos esta especie de falacia de “yanquis malos, chinos buenos”. Ese reduccionismo le permite, no solo en Argentina, sino en muchos países de la región, avanzar mucho más rápido con su agenda.

- Estos diferentes niveles de influencia, ¿pueden operar como un condicionamiento para los gobiernos de turno? ¿Qué condicione estructurales debe tener un país o una región para que suceda esto?

 

¿Podemos pensar a China como un socio comercial en igualdad de condiciones? No. Y esto me parece que acá está el peligro, ¿no? Porque los chinos ponen sus propias condiciones, aprovechan la opacidad y la corrupción de nuestros países. Esto es muy importante. El aprovechamiento de las redes personales, clientelares y de la facilidad para acercarse a elites políticas, académicas, y empresariales.

Esto me parece que es un punto superimportante. No es solo una forma de hacer negocios, es también la construcción de un relato, de una narrativa que es afín a un determinado modelo de poder que nos aleja cada vez más del pluralismo y de la democracia, y donde se intenta imponer un relato favorable al Partido Comunista Chino, donde obviamente se tratan de socavar las voces críticas, fundamentalmente empezando por el periodismo, siguiendo por la oposición y siguiendo también por el mundo académico. Y el punto acá, que me parece también muy importante señalar, es que todo es parte de una estrategia para posicionar a China como un modelo alternativo frente al declive de la influencia que ha tenido los Estados Unidos en el mundo y en la región en las últimas décadas.

“Es urgente hacer una reforma laboral contundente”

(CNN Radio Argentina) – Aldo Abram, economista y director de la Fundación de Libertad y Progreso, sostuvo que “las elecciones terminaron demostrando que los argentinos apoyan mayoritariamente seguir por este rumbo a la normalidad”.

En CNN Primera Mañana consideró que el nuevo mapa legislativo debilita “al sector que quería volver al pasado” y, según dijo, entre los bloques que buscan “un país normal” se abre “una posibilidad interesante para el gobierno de tener una capacidad de diálogo”.

Destacó que esta nueva configuración podría facilitar la aprobación del presupuesto y de reformas estructurales, que “son de gran importancia para que la Argentina pueda efectivamente hacer este avance”.

En materia de deuda, explicó que “la deuda bajó como 30 mil, 40 mil millones de dólares”, y señaló que se produjo “un proceso de desendeudamiento”.

El economista afirmó que el Banco Central acumuló pasivos remunerados por financiar al Tesoro, pero que la actual administración “lo saneó”.

De cara al futuro, subrayó dos desafíos centrales que son “empezar a independizar en serio lo que es el Banco Central del Tesoro” y avanzar con una reforma laboral.

Sobre esta última, expresó que “es urgente hacer una reforma laboral contundente” que modernice un régimen con “conceptos arcaicos” y que, según advirtió, “sobreprotege” a quienes ya tienen empleo formal mientras excluye a quienes buscan ingresar al mercado.

El director de la Fundación de Libertad y Progreso también consideró que “necesitamos una reforma tributaria por los niveles de presión que tiene sobre todo el sector productivo formal” y calificó al sistema actual como “kafkiano” por la cantidad de tributos.

Además, aseguró que el gobierno “viene bajando la presión tributaria” a medida que mejora la recaudación.

Finalmente, sostuvo que Argentina enfrenta un desafío porque “tenemos un sistema previsional quebrado”, afirmó, y planteó la necesidad de una reforma que permita que los aportantes y jubilados “puedan cobrar lo más cerca posible de aquello que prometió el Estado”.

Aldo Abram concluyó que este será un punto central luego de las reformas laboral y tributaria.

Análisis de la reforma laboral y propuestas

Franco Marconi analista político de Libertad y Progreso analiza la reforma laboral en el programa NG Federal. Uno de los principales puntos es la priorización de los acuerdos en empresas o regiones sobre las nacional. También el fin de los acuerdos vencidos eternos, se tienen que negociar. 

Cánticos antisemitas: el fracaso educativo que no debemos ignorar

INFOBAEHace apenas unos días, un viaje de egresados se transformó en escenario de un hecho tan repudiable como revelador: un grupo de alumnos fue filmado entonando cánticos antisemitas.

Hoy quemamos judíos”, gritaron adolescentes que, en teoría, deberían estar celebrando el cierre de una etapa de formación escolar. La noticia generó un lógico repudio social, denuncias judiciales e inmediatas reacciones institucionales. Sin embargo, nada de eso alcanza si no comprendemos que el verdadero problema no es la falta de sanciones, sino el fracaso de la educación.

El episodio ocurrido durante el viaje de egresados de la Escuela Humanos de Canning, en Bariloche, en el cual un grupo de alumnos fue filmado entonando cánticos antisemitas —con la participación incluso de un coordinador de la empresa Baxxter Viajes, responsable de la organización— no puede ser interpretado como una simple travesura juvenil. Se trata de un hecho grave que desnuda, una vez más, la persistencia del antisemitismo en nuestra sociedad.

El usual repudio fue inmediato: la Escuela Humanos de Canning condenó lo ocurrido, de igual forma que la empresa Baxtter Viajes. Sin embargo, ese rechazo, por imprescindible que es, resulta insuficiente, casi irrelevante, frente a la gravedad del hecho. No existe otra forma de enfrentar el antisemitismo si no es con la educación.

 

¿Qué estamos haciendo para que nuestros niños y jóvenes repudien la irracionalidad de este odio ancestral? ¿Estamos dándoles las herramientas necesarias para comprender y rechazar el antisemitismo, o estamos permitiendo que crezcan en la ignorancia, perpetuando un prejuicio incompatible con la dignidad humana?

¿Me pregunto qué educación han recibido estos chicos que en su viaje de egresados gritaban “hoy quemamos judíos”? Francamente, me es difícil imaginarlo.

Es evidente que poco y nada se enseña sobre antisemitismo en nuestras escuelas. La enseñanza sobre el Holocausto y sobre el antisemitismo en sí mismo, uno de los prejuicios más antiguos de la humanidad, suele quedar relegada en un capítulo marginal en los manuales de historia. Ese vacío pedagógico habilita la banalización del odio y permite que jóvenes, sin medir la dimensión de lo que repiten, entonen cánticos como los que hoy escuchamos.

Enfrentarlo exige mucho más que comunicados o sanciones circunstanciales. Se requiere un compromiso sostenido del sistema educativo: programas específicos, contenidos claros, formación docente y la decisión política de colocar esta problemática dentro de la agenda pedagógica.

La educación tiene la responsabilidad indelegable de sembrar empatía, de enseñar que ninguna diferencia cultural, religiosa o étnica justifica el desprecio, y de mostrar que detrás de cada palabra de odio se esconde el germen de la violencia.

El hecho debería servirnos como punto de inflexión. O bien lo dejamos pasar como una anécdota más que se olvida con rapidez, o lo transformamos en una oportunidad para revisar qué estamos enseñando —y qué no— en nuestras aulas. Porque no se trata de repetir fórmulas vacías de tolerancia, sino de construir convicciones sólidas basadas en el conocimiento histórico y en el respeto irrestricto por la dignidad humana.

La condena pública es imprescindible, pero sin educación será siempre insuficiente. Si queremos que estos cánticos no vuelvan a escucharse, debemos asumir que la única herramienta verdaderamente eficaz para erradicar el antisemitismo es la educación. Todo lo demás será, en el mejor de los casos, un parche momentáneo y, en el peor, tan sólo cosmética.

De nosotros depende que este episodio no quede en el olvido ni en un comunicado más. Si no asumimos que la única respuesta duradera es la educación, seguiremos condenando en vano mientras el odio se reproduce en silencio.

Cierre de listas y economía argentina

Agustín Etchebarne en El Diario del Lunes. Tenemos una oportunidad única para que la argentina crezca 5% anual. El economista analiza la política y economía argentina. 

 

Claves de un acuerdo histórico Argentina EEUU

LA PRENSA Por Aldo AbramEn primer lugar, lo que hay que entender es que acá estamos hablando de dos personas jurídicas distintas (Banco Central y Tesoro). Es cierto que históricamente en la Argentina los gobiernos no han hecho eso, excepto en muy pocas circunstancias -como durante la Convertibilidad-, pero muy pocas.

Sin embargo, hay que tratarlos como dos personas jurídicas distintas, porque de hecho es así en el mundo: las deudas de uno no son las deudas del otro.

Por eso nunca nos pudieron embargar las reservas, porque el deudor era el Tesoro, el Estado Nacional, y las reservas son del Banco Central. Cuando se analiza como corresponde -que es como lo hacen en Estados Unidos y en todos los países normales del mundo-, se debe hablar de dos dos personas jurídicas distintas.

A partir de ahí, la realidad es que, antes, el gobierno se apropiaba de las reservas directamente, poniéndole papelitos que no se podían vender -letras intransferibles- que no valían nada, al Banco Central, y así le quitaba las reservas que el propio Banco Central había comprado con sus pesos. Eso, con este gobierno, se terminó.

De hecho, con los 12.000 millones de dólares de crédito que le dio el Fondo Monetario Internacional, más algunos más que consiguió, el gobierno estuvo recomprando esas letras intransferibles al Banco Central. Y de esa forma le devolvió parte de los dólares que le habían quitado, más de 60.000 millones en total. Por eso, el Banco Central tiene hoy reservas propias y liquidez genuina en divisas extranjeras.

MECANISMO

¿Cómo hace el Tesoro desde que está este gobierno para conseguir reservas?

Fundamentalmente, durante el cepo, tomaba créditos en pesos del mercado o de los impuestos, sus ingresos genuinos, y con eso le compraba dólares al Banco Central. Ahora los compra en el mismo mercado que compramos nosotros.

Pero igual tiene que seguir consiguiendo los pesos, ya sea porque toma créditos en pesos en el mercado o porque los recauda con impuestos. En definitiva, sigue teniendo que ir con sus pesos al mercado a comprar esos dólares, como todos nosotros. No es que se los saquea al Banco Central como los anteriores gobiernos.

¿Cómo funcionaría el aval de Estados Unidos?

Teniendo en cuenta este detalle, ya se sabe que hay una parte que el Banco Central va a recibir: el swap que le va a dar Estados Unidos. Eso efectivamente va a cubrir y engrosar las reservas. Es deuda, es verdad -como el swap chino-, pero va a las reservas y está para eso: se lo prestan para defender el valor de la moneda, no para financiar al Tesoro. Este tiene que comprar en el mercado, igual que nosotros, las divisas con los pesos que consiga.

La función del Banco Central es defender el valor del peso. Eso ha estado haciendo desde que se unificó el mercado cambiario. Hoy defiende el peso cuando interviene en la banda superior. Porque en realidad lo que está cayendo es el valor del peso; por eso sube el dólar, no porque suba en el mundo.

La banda superior que significa que ese techo, en realidad es el piso de depreciación que puede tocar nuestra moneda. Y ojo: una vez que se deprecia, se ve primero en el dólar, pero después en los precios de los bienes y servicios. Esa es la función del Banco Central: defender el valor del peso, hoy con bandas, y mañana, si no las hubiera, interviniendo cuando considere que la depreciación es excesiva; ya que eso se transformará en inflación que empobrece a los argentinos.

¿Y el Tesoro?

Por otro lado, dado que el Tesoro ya no se financia más colocándole letras que no valen nada para saquearle las reservas al Banco Central, como hicieron los gobiernos anteriores, -reservas que compró el propio Banco Central y de las que le saquearon con esos papelitos más de sesenta mil millones de dólares—, la dinámica cambió.

Antes, con el cepo, tenía que conseguir, por impuestos o por créditos domésticos, los pesos para comprarle al Banco Central. Ahora los tiene que comprar, como nosotros, en el mercado único y libre de cambios. Va con los pesos de los impuestos o con lo que haya conseguido prestado en el mercado doméstico y compra los dólares para pagar al exterior.

Lo que que seguramente -aunque no sabemos todavía las características- Estados Unidos va a establecer es un crédito contingente. En caso de que el Tesoro no pueda conseguir los dólares en el mercado voluntario de deuda para pagar esos vencimientos, le va a poder pedir esos dólares a través de este crédito contingente; pero sólo se transforma en deuda si se usa.

Hay que tener en cuenta que hoy el Tesoro solamente refinancia el capital de su deuda -el principal-, porque sus gastos están por debajo de sus ingresos. Y esos gastos ya incluyen el pago de los intereses de su deuda. O sea, no refinancia intereses, solamente el capital.

Supongamos que no consigue parte de los dólares y tiene que recurrir a bancos para que le presten mediante algún crédito, para pagar títulos. Bueno, lo que está haciendo en realidad es cambiar de acreedor: ya no es más el señor que tenía los títulos, sino un banco que le prestó parte de los dólares para pagar esos vencimientos. Y si otra parte no la consigue, se la pedirá al Tesoro de los Estados Unidos. Pero lo que cambia es solo el acreedor; el monto de la deuda sigue siendo el mismo.

LA DEUDA

¿Por qué no aumenta la deuda?

Una parte de esa deuda la tendrán bancos que le hayan prestado dólares, y otra parte, el Tesoro de los Estados Unidos. Pero la deuda no aumenta. ¿Por qué? Primero, porque se está gastando menos de lo que ingresa. Incluyendo los intereses, es imposible que aumente.

¿Para qué aumentaría? Uno aumenta su deuda cuando gasta más de lo que tiene, como se hacía antes. Y, como los intereses se pagan con los ingresos genuinos, lo que se mantiene es el capital. Por eso no hay aumento de la deuda del sector público con estos créditos.

Además, otra cosa que parece que va a hacer el Tesoro es comprar bonos argentinos en el mercado secundario si caen mucho. Eso es como que comprara cualquier argentino. Sirve para sostener su valor, para que haya más gente dispuesta a comprarlos, porque hay un garante que dice que no van a caer demasiado.

Lo mismo si se compran en el mercado primario: el Tesoro de Estados Unidos lo que hace es comprar deuda del Tesoro Nacional para que este pague a otros acreedores el capital de los vencimientos. En definitiva, lo único que cambia es el acreedor. Y, dado que los intereses se pagan, no hay aumento de deuda.

Comienzos del liberalismo ¿Izquierda o derecha?

Agustín Etchebarne y Adrián Ravier en Las Verdades del Planeta. Etchebarne explica los comienzos del liberalismo y donde se encuentra en el espectro político. ¿Derecha o izquierda? "Los verdaderos progresistas somos los liberales". 

 

Cómo impactará la nueva configuración del Congreso

La fundación Libertad y Progreso difundió un informe en el que examina la nueva composición del Congreso Nacional para el período 2025-2027 y las implicancias políticas que tendrá sobre la capacidad del Gobierno para impulsar su agenda legislativa.

El documento repasa la correlación de fuerzas tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados tras el recambio parlamentario, e identifica un escenario donde la negociación volverá a ser el elemento decisivo para la aprobación de reformas.

Un Senado dividido en tercios

El análisis destaca que la Cámara alta exhibe una estructura tripartita, con un oficialismo fortalecido pero aún lejos de controlar los votos necesarios para avanzar sin acuerdos. La Libertad Avanza y sus aliados del PRO suman 24 senadores, cifra equivalente tanto a la oposición justicialista —considerada el núcleo duro opositor— como al conjunto de bloques dialoguistas, compuestos por fuerzas provinciales y la UCR.

Según el informe, esta “geometría de tercios” implica que el Gobierno podrá alcanzar quórum y la mayoría simple para aprobar leyes ordinarias, pero seguirá dependiendo de otras fuerzas para cuestiones de mayor complejidad institucional, como nombramientos judiciales o la ratificación de vetos, que requieren dos tercios de los votos.

Diputados: un cambio de poder estructural

Donde Libertad y Progreso identifica una transformación más profunda es en la Cámara de Diputados. A partir de una serie de incorporaciones provenientes de bloques menores y de un proceso de reacomodamiento interno motivado por acuerdos con gobernadores, La Libertad Avanza alcanzó los 95 diputados y se convirtió en la primera minoría, superando por un escaño al bloque Fuerza Patria.

La fundación subraya que este hecho tiene un impacto directo en el control de las comisiones, dado que la distribución se realiza mediante el sistema D’Hondt, que otorga una ventaja matemática a quien encabeza la lista. Según sus cálculos, el oficialismo pasaría de presidir seis comisiones a conducir alrededor de dieciocho, un cambio significativo porque es allí donde se emiten los dictámenes que permiten que los proyectos lleguen al recinto.

El informe clasifica luego al resto del cuerpo en un amplio bloque dialoguista —integrado por fuerzas provinciales, sectores de la UCR, el MID y otros grupos intermedios— y en una oposición dura representada por el peronismo kirchnerista y la izquierda.

Reformas y juego político

En su conclusión, el informe sostiene que el nuevo Congreso, aun manteniendo al oficialismo en minoría, resulta más favorable a la aprobación de reformas que el del período legislativo anterior. Señala que el Gobierno llega a esta etapa con mayor respaldo político y social, lo que incentiva a varios actores a mostrarse dispuestos a negociar.

Al mismo tiempo, destaca la estrategia oficial de “engrosar lo propio y reducir lo ajeno”, buscando ampliar el margen de maniobra parlamentaria y debilitar a la primera minoría opositora. El informe interpreta estas maniobras como parte de un uso intensivo —y previsible— del capital político acumulado por el Gobierno tras su última victoria política.

Controladores aéreos y la lección de Ronald Reagan

CRONISTAHace pocos días, los controladores aéreos llevaron adelante una serie de medidas de fuerza que paralizaron parcialmente la navegación aérea en el país. Los números hablan por sí solos. En la primera jornada del paro, se cancelaron más de 70 vuelos en todo el país, de los cuales 50 correspondieron a Aerolíneas Argentinas, afectando a más de 10.500 pasajeros. El domingo 24 de agosto, segunda jornada de la protesta, la situación se agravó: más de 42 vuelos fueron cancelados y alrededor de 122 debieron ser reprogramados, afectando a más de 12.000 pasajeros.

El caos generado por la medida lo dice todo. Familias enteras durmieron en los aeropuertos, viajeros internacionales perdieron conexiones en el exterior y cientos de turistas quedaron varados en el inicio o final de sus vacaciones. En total, más de 20.000 personas se vieron afectadas durante el primer fin de semana de la protesta y aún faltaban varios días más, pues el paro habría de continuar el martes 26, antes de lograrse un acuerdo el miércoles siguiente.

Como no recordar un episodio similar que sucedió en los Estados Unidos hace más de 40 años. Como relata una nota del New York Times del 5 de agosto de 1981: más de 11.000 controladores nucleados en la Professional Air Traffic Controllers Organization (PATCO) declararon una huelga nacional en reclamo de mejores salarios y menos horas de trabajo. La medida fue ilegal desde el inicio: la legislación federal prohibía a los empleados públicos tomar medidas de fuerza y autorizaba al presidente a actuar en consecuencia.

Amparado en este marco normativo, el presidente Ronald Reagan declaró la huelga ilegal apenas iniciada, dio 48 horas para retomar las tareas y, al no cumplirse la orden, despidió a más de 11.000 controladores y les prohibió de por vida volver a trabajar en el servicio de control aéreo. La Federal Aviation Administration reorganizó el sistema con supervisores, personal militar y aceleró la capacitación de nuevos empleados.

El impacto fue inmediato. Según datos de la U.S. Bureau of Labor Statistics, en 1980 se habían registrado 187 huelgas mayores en Estados Unidos; en 1981, aún con el caso PATCO, fueron 145. Pero tras la decisión de Reagan, el número cayó drásticamente: 96 en 1982, 81 en 1983 y apenas 54 en 1984, la cifra más baja desde que se llevaban registros. En la práctica, el episodio marcó el comienzo del declive del poder sindical en Estados Unidos.

De los planes sociales a los cupones de capacitación

CLARÍN La posibilidad de reemplazar parte de los planes sociales por cupones de capacitación laboral vuelve a poner sobre la mesa un debate que la Argentina viene postergando hace décadas: ¿qué sentido tiene una política social que no permite que los beneficiarios dejen de depender de ella?

Como he señalado en diversas columnas publicadas en este mismo espacio, incontables argentinos subsisten asistidos por planes sociales. Pero más allá de la emergencia que en su momento dio origen a esos programas, lo cierto es que millones de beneficiarios no han podido reinsertarse en la sociedad productiva. No se trata solo de falta de empleo; se trata de falta de capital humano.

Sin capacitación laboral, los planes sociales pueden aliviar la pobreza momentánea, pero no enfrentan sus causas. Por ello la propuesta ha sido siempre la misma, una idea que hoy vuelve a escena con los cupones de capacitación: la verdadera solidaridad no consiste en la permanencia de la asistencia, sino en la construcción de autonomía.

La iniciativa del gobierno no puede resultar más valiosa pues desplaza el eje del asistencialismo al desarrollo de capacidades. No se trata de abandonar a quienes necesitan ayuda;se trata de ofrecerles una vía para que puedan dejar de necesitarla.

No es una idea novedosa. Hace más de 800 años, Maimónides situaba en la cima de la filantropía al acto de dar a un pobre los medios para vivir de su trabajo, sin humillarlo con la limosna continua. Como señalaba Juan Pablo II, “el trabajo estable y justamente remunerado posee, más que ningún otro subsidio, la capacidad de revertir la repetición de la pobreza y la marginalidad”.

La coincidencia entre filósofos medievales, líderes religiosos y estadistas modernos debería llamarnos la atención. Todos parten de la misma premisa: la verdadera ayuda no es perpetuar la dependencia, sino permitir la autonomía.

La experiencia internacional también ofrece evidencia contundente. El GI Bill of Rights, sancionado por Franklin D. Roosevelt en 1944, permitió a millones de veteranos de guerra acceder a la formación de capital humano mientras recibían un ingreso durante su etapa de formación. La iniciativa generó un retorno extraordinario: por cada dólar invertido, el Estado recaudó, en el mediano plazo, varios más en impuestos, fruto de los salarios más altos de quienes accedieron a la capacitación. Educación como política social; capacitación como política económica.

Argentina tiene la posibilidad de recorrer ese camino; los cupones de capacitación abren un nuevo camino. No porque sean una solución mágica, sino porque orientan la asistencia hacia la autonomía y no hacia la dependencia. Es probable que los resultados más visibles no lleguen inmediatamente; esa es la razón por la que esta discusión siempre se ha evitado. Pero dentro de algunos años la pregunta será inevitable: ¿cuántos menos argentinos dependerían de un plan social si hubiésemos elegido invertir en su capacitación?

La respuesta dependerá de si somos capaces de entender que una política social auténtica no se mide por la cantidad de recursos distribuidos, sino por la cantidad de personas que dejan de necesitarlos. Es claro que la iniciativa del gobierno de Javier Milei satisface plenamente esta definición.

Por ello, nada resume mejor el espíritu de esta discusión que recordar aquella advertencia de Ronald Reagan: “El propósito de cualquier política social debería ser eliminar, tanto como sea posible, la necesidad de tal política”.

Descentralización y policentrismo en la educación primaria. Siguiendo a Elinor Ostrom

Las contribuciones de Elinor Ostrom, premio Nobel 2009, siguen generando proyectos de investigación. En este caso en el ámbito de la educación, donde Eric Wearne, de Kennesaw State University, Kennesaw, GA, USA plantea la importancia de la descentralización de la educación primaria y propone el “policentrismo” característico del análisis de Ostrom. El artículo es: Wearne E. ‘A public economy approach to education: school choice and co-production’ revisited. Journal of Institutional Economics. 2025;21:e25. doi:10.1017/S1744137425100131

“El sistema educativo estadounidense K12 se ha considerado durante mucho tiempo centralizado y rígido. La década de 1990 presenció varios cambios que, posiblemente, lo impulsaron hacia una dirección potencialmente más policéntrica y localizada. Desde entonces, se han desarrollado numerosas políticas de elección de escuela, y se ha realizado una gran cantidad de investigación sobre estas tendencias en la educación estadounidense desde 1991. Justo antes de estos cambios, en 1991, Davis y Ostrom publicaron «Un enfoque de economía pública para la educación: Elección y coproducción». Este trabajo buscó examinar el grado de coproducción en las escuelas estadounidenses hasta ese momento y el grado de policentrismo del sistema. Este artículo busca utilizar el enfoque de Davis y Ostrom y actualizar su trabajo en el contexto actual. La política educativa estadounidense se ha descentralizado en general durante este período, pero no de forma consistente. Este artículo también concluye que la política y la práctica educativas estadounidenses se han desarrollado, de hecho, siguiendo varias de las líneas predichas por Davis y Ostrom.”

El camino a seguir en Venezuela

CATOIan Vásquez dice que administrar Venezuela y conducirla hacia una transición democrática solo funcionará si la tarea recae en un gobierno legítimo, sin serios problemas de credibilidad para colaborar con Estados Unidos.

Todos los amantes de la libertad podemos celebrar la caída del dictador Nicolás Maduro, aunque existan serias preocupaciones sobre la legalidad y constitucionalidad de la acción militar ordenada por el presidente Donald Trump, así como sus implicancias para la política exterior más allá de Venezuela.

Un cuarto de siglo de socialismo derivó en un autoritarismo brutal que perpetró crímenes de lesa humanidadterrorismo de Estado y todo tipo de atropellos a los derechos básicos, convirtiendo a Venezuela en uno de los países menos libres del mundo. El resultado ha sido una sociedad sumida en una profunda crisis económica, humanitaria y social.

Pero la intervención militar, oficialmente ejecutada para combatir el narcotráfico y de la que se esperaba un cambio definitivo del régimen chavista, parece haber devenido en algo distinto. Estados Unidos ha decapitado al régimen, pero la estructura dictatorial sigue en pie. Trump ha declarado que Estados Unidos dirige actualmente Venezuela y que trabajará con Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, para administrar el país. Esto incluye, según el mandatario estadounidense, la reconstrucción de la infraestructura nacional, especialmente la petrolera, hasta que se produzca una transición adecuada en un futuro indeterminado.

Proseguir de esta manera constituye un error estratégico y moral. Rodríguez ha sido una figura clave de un sistema que ha reprimido al pueblo; es repudiada por los venezolanos y, al igual que los otros líderes del régimen, carece de legitimidad. Entre estos figuran el criminal Diosdado Cabello, actual ministro del Interior, y Vladimir Padrino López, ministro de Defensa. Ambos han sido acusados de tráfico de drogas por Estados Unidos y son quienes poseen las armas y mantienen el poder real.

Si Trump desea lograr sus objetivos, lo mejor para ambas naciones es iniciar una transición hacia la democracia con líderes que posean legitimidad, en lugar de involucrarse en una misión de reconstrucción nacional mediante intervenciones torpes o una ocupación militar, opción que Trump no ha descartado.

Quienes gozan del apoyo abrumador de los venezolanos son la lideresa de la oposición, María Corina Machado, y Edmundo González, quien obtuvo casi el 70% de los votos en la elección del 2024 que Maduro robó. Increíblemente, Trump ha descalificado a Machado al declarar que ella no cuenta con el apoyo del pueblo venezolano, afirmación contraria a la realidad.

Cualquier cambio exitoso en la dirección de Venezuela requerirá legitimidad, algo que Machado y su equipo poseen. Más aún, cuentan con un plan de gobierno elaborado y una estrategia de transición bien estructurada que contempla acciones para las primeras 100 horas y los primeros 100 días en materia de seguridad, infraestructura, servicios públicos y gobernabilidad. Asimismo, se prevé la convocatoria a elecciones prontas para legitimar dicha transición.

Machado y González proponen reformas de largo alcance para restaurar la libertad y modernizar el país. Contemplan la apertura económica, la privatización del monopolio estatal petrolero, el fomento de la libre competencia, la limitación del poder estatal y el restablecimiento del Estado de derecho. Estas políticas son consistentes con los objetivos de la política exterior estadounidense.

Administrar Venezuela y conducirla hacia una transición democrática solo funcionará si la tarea recae en un gobierno legítimo, sin serios problemas de credibilidad para colaborar con Estados Unidos. Manejar el país manteniendo al régimen al mando y enfocándose en el sector petrolero es una receta para el fracaso que restará legitimidad a toda la misión. Sería más acertado que Estados Unidos colabore con Machado y su equipo para lograr una transición a la democracia y permitir que los venezolanos reconstruyan su propio país. 

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 6 de enero de 2025.

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