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Sturzenegger a fondo contra la inflación

ARTÍCULO DE IVÁN CARRINO EN CONTRA ECONOMÍA El Banco Central anunció una nueva suba de tasas. Una señal en la buena dirección. Unos años atrás vi la película “Los Falsificadores”. En dicho film austro-alemán, estrenado en 2007, se narra la historia real de la Operación Bernhard, a través de la cual los nazis buscaron falsificar libras esterlinas en cantidades industriales, de manera de introducirlas en la economía británica y desestabilizarla por completo. Además de mostrarnos un nuevo rostro del horror nazi, la película aporta dos lecciones económicas: —————–> La primera, que la inflación es un fenómeno monetario. A mayores cantidades de dinero, si la demanda  no crece, la inflación sube. —————–> La segunda, que la inflación destruye la economía. Es un mal tan profundo que los propios nazis pensaron utilizarla para arruinar a sus enemigos ingleses. Los argentinos podemos dar fe de eso. Desde la creación del Banco Central, la inflación promedio anual fue de 55%. A partir de 1970, el país cambió 5 veces su signo monetario y vivió dos  hiperinflaciones. Casualmente, a partir de esos años se encuentra el peor recrudecimiento de nuestro largo proceso de decadencia relativa a los mejores países del mundo. La inflación es, sin duda, el gran enemigo de la prosperidad nacional.

El Banco Central que quiere cambiar la historia

Salvo por el período de estabilidad conseguido gracias a la ley de convertibilidad, el país trastabilló permanentemente con la inflación. Sin embargo, a partir de 2015 la conducción de la autoridad monetaria fue asumida por gente honesta y bien capacitad técnicamente. Sorteando algunos obstáculos formales que impone la Carta Orgánica (reformada por el kirchnerismo), Federico Sturzenegger y su equipo se pusieron como principal objetivo reducir la inflación. Este no es un tema menor. Basta recordar que pocos años atrás, desde el mismísimo Banco Central, nos decían que la inflación nada tenía que ver con la cantidad de dinero. El salto de calidad es monumental. Ahora bien, para cumplir con su objetivo es que se lanzó el sistema de “Metas de Inflación”. En este sistema, el Banco Central establece metas que, por lo general, buscará cumplir manipulando la tasa de interés. La tasa de interés funciona como un elemento indirecto para controlar la cantidad de dinero. Si la inflación es “muy alta”, el BCRA sube la tasa, lo que genera un atractivo para que los tenedores de pesos se “coloquen en títulos”. El BCRA entrega esos títulos y absorbe los pesos, lo que reduce la emisión monetaria. Si la inflación es “muy baja” (en relación con el objetivo), entonces el proceso es inverso. Uno podría argumentar que el BCRA debería, mejor, manejar la cantidad de dinero de manera directa y simplemente dejar de emitir. Podría hacerlo, pero siguiendo con la tendencia que existe en el mundo, optó por el sistema que tenemos actualmente.

Brecha de credibilidad

A pesar de lo anterior, la inflación no estuvo bajando tanto como se deseaba. De hecho, la meta de 2017 quedó incumplida y hace meses que el indicador “núcleo” está estancado en un piso que no puede romper. Por si esto fuera poco, las expectativas de inflación a futuro venían subiendo, reflejando que no había confianza en que el BCRA pudiera cumplir sus objetivos. 2017.11.09 Las expectativas son importantes. Si se espera que la inflación sea 20% en el año y la tasa de interés es del 15%; eso implicará que los agentes económicos quieran deshacerse de sus bonos (Lebac, por ejemplo), para comprar bienes o dólares. Así, venderán bonos a cambio de dinero, la cantidad de dinero se expandirá, y la inflación y el dólar treparán. Por el contrario, si las expectativas de inflación son del 20%, pero la tasa de interés es del 25%, entonces (suponiendo que el riesgo país es 0) habrá incentivos para comprar bonos. En este contexto, los agentes económicos llevarán sus pesos al Central y le pedirán Lebac, quitándole presión a los precios y al dólar. La cantidad de dinero cae (o sube menos) y se va hacia una mayor estabilidad. Ahora bien, hasta el lunes, las expectativas de inflación estaban en 16,1%, mientras la tasa de referencia se ubicaba en 27,75%. Esta diferencia parecería suficiente para bajar la inflación, pero no estaba en línea con lo buscado por el BCRA. Sturzenegger busca que los precios suban, como máximo, 12% en 2018, por lo que hay una “brecha de credibilidad” entre lo que él dice que va a pasar y lo que el mercado cree que va a pasar. Esta brecha crece más aun cuando, mes tras mes, es mayor la inflación proyectada por los analistas. 2017.11.09_1 Para atacar este problema es que el Comité de Política Monetaria decidió subir nuevamente su tasa de referencia desde el 27,75% al 28,75%.

¿Bajará la inflación?

Este nuevo aumento de la tasa de referencia del BCRA (recordemos que había hecho otro más agresivo aún hace dos semanas) tiene dos objetivos que contribuirán a bajar la inflación. En primer lugar, busca ganar credibilidad. En la medida que el Banco Central sea más creíble, más caerán las expectativas de inflación y menos subirán los precios. En segundo lugar, busca controlar la cantidad de dinero. A pesar de que prestigiosos analistas sostienen que dicho instrumento es insuficiente para combatir la suba de precios, lo cierto es que –en algún punto- la suba de la tasa termina por reducir el ritmo de expansión monetaria, lo que conduce a una menor inflación. De hecho, antes de la suba del 24 de octubre, la base monetaria crecía al 29-30% anual. Dos semanas después, el ritmo ya había caído a 27-28%. La última decisión de Sturzenegger endurece aún más la política monetaria. Enhorabuena, es lo que tiene que hacer para bajar la inflación y que continúe el proceso de normalización del país. Publicado originalmente en contraeconomia.com
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¿Converge el gradualismo a un menor déficit fiscal o lo aumenta?

ARTÍCULO DE ROBERTO CACHANOSKY EN INFOBAE - El equilibrio de las finanzas públicas es uno de los desafíos que se ha fijado el Gobierno Desde el primer día de gobierno, Macri apostó al gradualismo para enfrentar la catastrófica herencia k dejada por Cristina Fernández. También desde el primer día de gobierno o antes, hubo un debate entre gradualistas y los que pensamos que hay que aplicar una política de shock, la cual siempre fue presentada como que había que despedir 1 millón de empleados públicos de un día para otro, algo que desconozco que algún colega haya formulado semejante propuesta. Política de shock es formular una serie de medidas económicas relacionadas entre sí que apunten a una reforma del estado, de los planes sociales para que no sean eternos, del sistema tributario, de los subsidios económicos, de la legislación laboral y de la integración económica al mundo. Presentar el conjunto de medidas en al mismo tiempo para generar un shock de confianza que ayudaría a transitar el campo minado dejado por el kirchnerismo y para que la gente conociera de entrada la herencia recibida y por qué había que adoptar determinadas medidas económicas. Pero finalmente ganó la postura gradualista que no es otra cosa que hacer caer el peso de la transición sobre los sectores que más fueron castigados en la era k. Puesto de otra manera, el gradualismo es hacer recaer el mayor costo sobre el sector privado y casi no tocar al sector público. Ahora bien, planteado el escenario gradualista, conviene preguntarse si efectivamente ese gradualismo converge hacia el equilibrio fiscal en el largo plazo como plantea el gobierno. Recordemos que la propuesta presentada por Dujovne consiste en bajar el déficit fiscal en 1 punto del PBI por año, me refiero al déficit fiscal antes del pago de los intereses de la deuda pública. Así, en 2017 el déficit sería de 4,2% del PBI, en 2018 del 3,2% del PBI y en 2019 del 2,2% del PBI. Francamente no comparto este tipo de razonamiento de excluir el pago de intereses de la deuda para calcular el déficit fiscal, porque es como si en una empresa le preguntaran al contador cuál fue el resultado y contestara que sin contar los intereses pagados por girar en descubierto en el banco, hubo ganancias. Luciría bastante absurdo. Por eso vale la pena formularse el fondo de la política gradualista y ver si está convergiendo hacia la reducción del déficit o si está aumentando el déficit fiscal. Antes de responder a este interrogante, vale la pena aclarar que la propuesta del gobierno, por lo menos hasta ahora, nunca fue la de bajar el gasto público. El gasto crece en términos nominales. Lo que propuso Dujovne fue aumentar el gasto primario al mismo ritmo que la inflación y que dado un crecimiento del 3% del PBI anual, el peso del gasto público sobre el PBI irá disminuyendo. Tema para el debate, pero lo cierto es que el gasto no baja nominalmente, ni baja términos reales. Es más, en términos reales el gasto está creciendo por encima de la tasa de inflación aun sin tomar los intereses de la deuda. El gasto corriente aumentó el 27% en los primeros 9 meses de 2017 versus igual período de 2016, contra una inflación del 24%. Pero yendo a la consistencia del modelo gradualista, sabemos que el déficit fiscal es financiado con deuda externa. El tesoro coloca deuda en dólares, le entrega las divisas al BCRA que las coloca en las reservas y emite pesos que le entrega al tesoro para que haga los pagos en pesos de jubilaciones, sueldos, etc. Toda la expansión de la base monetaria se explica por la compra de divisas al tesoro. Ahora bien, como esa expansión monetaria es muy alta, el BCRA coloca LEBACs en el mercado para absorber una parte de la moneda emitida para que no se dispare la inflación. Gráfico 1 El gráfico 1 muestra la evolución del stock de LEBACs y pases netos. El grueso de esos datos son LEBACs. El kichnerismo dejó un stock de LEBACs de $ 300.000 millones y en octubre llegamos a $ 1,078 billones (todos los datos del gráfico 1 son promedios mensuales). El gradualismo costó que el BCRA aumentara el stock de deuda en LEBACs en $ 700.000 millones en la era Cambiemos. Ahora bien, el gradualismo implica arreglar gradualmente el lío dejado por el kirchnerismos, de manera que ese stock de casi $ 1,1 billones de LEBACs devengaron en lo que va de 2017 una tasa promedio de 28% anual. El promedio mensual de stock de LEBACs da unos $ 891.000 millones. A una tasa promedio del 28% anual, tenemos un gasto cuasifiscal de $ 249.000 millones, que representan 2,6 puntos del PBI tomando el PBI estimado por el gobierno en el presupuesto 2017. Este es el costo fiscal del gradualismo, más los intereses de la deuda pública. Dicho de otra manera, mientras Hacienda reduce en un punto porcentual el déficit fiscal sin incluir los intereses, el gasto cuasifiscal por los intereses devengados para financiar el gradualismo aumenta en 2,6 puntos del PBI. El déficit no baja en el gradualismo, crece. A esto habría que agregarle otros 2,4 puntos de intereses de deuda del tesoro que vencen este año de acuerdo a lo informado por el ministerio de Hacienda, el déficit no solo no baja 1 punto del PBI por año, sino que aumenta 5 puntos. El neto es que el déficit fiscal estaría subiendo unos 4 puntos porcentuales si se toman los intereses de la deuda que son un gasto como cualquier otro, tanto los del BCRA como los del tesoro. Mi impresión es que el gobierno debería rever su política gradualista para verificar si está convergiendo a una reducción del déficit fiscal medido como corresponde o, por el contario, agravando el problema. De verificarse que el modelo gradualista no converge hacia una reducción del déficit sino que lo agrava, sería bueno replantearse el hiper gradualismo en marcha e ir a una política de shock aprovechando el importante capital político que ha acumulado Macri en las elecciones pasadas. Invertir ese capital en reestructurar el estado, una reducción más audaz de la carga tributaria, una legislación laboral que induzca a las empresas a tomar más empleados y la incorporación económica al mundo son el mejor legado que podrá dejar Cambiemos, además de haber frenado la locura kirchnerista del vamos por todo, cosa que no es menor. Pero justamente, para que no resucite ese monstruo de la tiranía, evitar serios problemas económicos es fundamental para no volver nunca más a la senda de la autoritarismo que intentaba imponer el kirchnerismo. FUENTE: ESTA NOTA FUE PUBLICADA ORIGINALMENTE EN https://www.infobae.com/
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Día de la Libertad

El 9 de noviembre de este 2017 se recuerda el 28 aniversario de la caída del Muro de Berlín, y con ello la conmemoración del Día internacional de la Libertad 2017. Instancia oportuna para hacer una campaña en redes sociales. A pesar que la caída del Muro de Berlín fue visto como el inicio del camino hacia la Libertad en Europa y el mundo, pero -y a pesar de la evidencia- muchos países siguen construyendo nuevas vallas que se convierten en una barrera para el pleno disfrute de una sociedad de libertades. https://www.youtube.com/watch?v=tIfw9XVO1RI&feature=youtu.be
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Un siglo de comunismo

EL COMERCIO DE PERÚ -  Hoy, hace cien años, triunfó la revolución bolchevique. El imperio ruso se volvió comunista y, a lo largo del siglo, docenas de países tan diversos como China, Albania y Cuba iniciaron experimentos socialistas de los que ahora quedan pocos. El fracaso del comunismo es explicable y bien conocido. La planificación central no ha funcionado en ningún país en que se implementó. Más difícil de entender es la enorme atracción que tuvo el comunismo por larguísimo tiempo, incluso durante décadas de evidente declive. Es todavía menos entendible que siga gozando de cierta aceptación, especialmente en vista de las atrocidades que se cometieron bajo su bandera. El comunismo es la ideología más sangrienta de la historia. Se estima que entre 43 y 162 millones de personas fueron asesinadas o murieron de hambre en su nombre. En promedio, el comunismo mató a más de 150 personas por hora durante la vida de la Unión Soviética. La hambruna que Stalin impuso en Ucrania terminó con la vida de casi 4 millones de personas, pero quedó corta comparada con las matanzas masivas de Mao: durante “El gran salto adelante” de los años cincuenta, murieron hasta 45 millones de chinos.SISTEMA COMUNISTA El comunismo ni siquiera fue exitoso juzgado por sus propios estándares. En vez de liberar a los trabajadores, los alienó; en vez de enriquecer a las sociedades, las empobreció; y en vez de eliminar la desigualdad, creó una desigualdad de poder infinitamente mayor que la brecha de riqueza que intentó reemplazar. Si bien los crímenes y fallas del comunismo se reconocen hoy mucho más que en el pasado, también es verdad que la ideología de la hoz y el martillo no genera el mismo rechazo que el nazismo, que es igual de repugnante. Es usual ver a personas de cualquier clase social usar camisetas del Che, por ejemplo, pero es impensable que alguien se presente con el símbolo de la esvástica sin que sea fuertemente repudiado. Eso es a pesar de que el socialismo y el nacionalsocialismo comparten raíces intelectuales y características de gobernanza como la censura de los medios, el control de la economía y el Estado policial, entre otras. Las reacciones morales distintas a lo que terminan siendo ideologías muy parecidas en la práctica representan un curioso doble estándar. La simpatía por el marxismo, especialmente marcada entre la élite intelectual, probablemente se debe a que el comunismo se percibe como bien intencionado al prometer una utopía para todos, mientras que las metas criminales y discriminatorias del fascismo son menos ocultas. Además, el comunismo se beneficia enormemente del sesgo intelectual de los críticos de mercado o de los problemas sociales o económicos que inevitablemente existen en Occidente. Nada de eso cambia, como lo describiera alguna vez un observador, la realidad acerca de las promesas de la izquierda extrema —que “la utopía es una bellísima mujer con la cabeza en las nubes y los pies en un río de sangre”—. Y si bien el comunismo no es un proyecto político que se toma tan en serio como fue el caso en el pasado, el legado del comunismo sigue presente en el mundo poscomunista. Se manifiesta en el oeste en los estados benefactores sobredimensionados, que en parte se construyeron en respuesta y como alternativa al comunismo. Y se manifiesta también en la propaganda y actividades de los servicios de inteligencia que sobrevivieron al colapso del comunismo y están haciendo lo posible para socavar la confianza en las democracias liberales y apoyar a movimientos populistas en el oeste. Hay que prestarle especial atención a lo que Anne Applebaum llama los “neobolcheviques” ahora en el poder o cerca de ello y que desprecian las instituciones liberales. Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 7 de noviembre de 2017.
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¿Crear empleo o crear valor?

Cuántas veces escuchamos que políticos, dirigentes, periodistas y demás analistas sostienen que el gobierno tiene que, o bien “crear empleo” de manera directa, o bien establecer las condiciones para que éste se cree. Parecería ser que el objetivo número uno de cualquier país es tener bajo desempleo. Mi argumento es que esto es muy fácil. Para bajar el desempleo realmente no hace falta hacer demasiado. El desafío real es el de crear riqueza. Lograr que las empresas quieran invertir en tu país, producir y como consecuencia no intencionada, aumentar la demanda de trabajo y los salarios reales. De eso y algo más hablé en ESEADE, el 24 de octubre de este año. La charla completa, titulada “¿Cómo sumar 300.000 jóvenes al mercado laboral?” puede verse en el link de acá abajo. [youtube https://www.youtube.com/watch?v=ff55JWs_wgk?enablejsapi=1&autoplay=0&cc_load_policy=0&iv_load_policy=1&loop=0&modestbranding=0&rel=1&showinfo=1&playsinline=0&autohide=2&theme=dark&color=red&wmode=opaque&vq=&controls=2&]
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