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Contradicciones libertarias

INFOBAE - En momentos de incertidumbre la gente se aferra al mesías salvador, tal vez por eso vemos surgir en el mundo outsiders de la política, con discursos muy llamativos, pero con contradicciones que generan fuertes sospechas

La tendencia populista y de políticas llamadas progresistas en Argentina vienen generando un desencanto de la población de los partidos tradicionales dando lugar a nuevos espacios políticos. En rigor esto parece estar pasando en varios países donde outsiders de la política irrumpen con un discurso llamativo que atrae a sectores de la sociedad desencantados con el desempeño de los políticos tradicionales.

En el caso argentino, sabiendo mi pensamiento liberal clásico, suelen preguntarme qué opino sobre el movimiento llamado libertario que surgió en Argentina.

Lo que observo en ese movimiento es un discurso que llama la atención por lo confrontativo, pero cualquiera que analice el discurso encontrará varias inconsistencias conceptuales. Incluso un importante desconocimiento de la historia argentina.

Por ejemplo, ese movimiento sostiene que el cobro de impuestos es un robo porque el estado recurre al uso de la fuerza para financiar el gasto. Es cierto que el estado no consigue sus recursos voluntariamente, el punto es si es un robo o no.

Si toda carga tributaria, por mínima que sea, es un robo, eso implica que no debe existir el estado, es decir, se iría a un movimiento anarco capitalista donde no existiría policía, justicia o defensa en manos del estado. El debate sobre cómo se resolvería, por ejemplo, un asesinato ante la ausencia del estado lo dejamos para otro momento, solo resaltar que, si no existe estado porque cobrar impuestos es un robo, eso implica un nuevo tipo de organización que ni aun los anarco capitalistas han dicho en qué consistiría o, lo que se ha escrito, deja bastantes lagunas. ¿Se lincha directamente al supuesto asesino? ¿El supuesto asesino o verdadero asesino estará dispuesto a someterse a un juicio con un juez acordado entre las partes?

Ahora bien, si se acepta la existencia del estado, pero no el cobro de impuestos, entonces debería haber un financiamiento voluntario por parte de los habitantes de un país. Los recursos del estado para financiar un mínimo de justicia, seguridad y defensa deberían provenir de aportes voluntarios.

Tampoco se han formulado propuestas muy claras al respecto. Ayn Rand presentó algunas propuestas de aportes voluntarios para financiar los gastos del estado, como por ejemplo el financiamiento vía lotería, pero todo es bastante difuso.

Tal vez la salida esté en un trabajo de Hayek de 1976, ¿Hacia dónde va la democracia?, publicado en Nuevos Ensayos, donde muestra la diferencia entre democracia y democracia ilimitada. La democracia ilimitada es lo que luego fue llamado democracia delegativa por la cual la gente vota un domingo y luego delega el poder absoluto en el que tuvo más votos. Eso lleva a eliminar todo límite al poder del gobernante, con lo cual se retrocede a la época de las monarquías absolutas. Justamente, la conquista de la republica liberal es haber limitado el poder del monarca.

Como señaló Juan Bautista Alberdi, la Constitución de 1853/60 fue una gran ley derogatoria de la legislación hispana que agobiaba a la gente con impuestos y prohibiciones. Lo que buscó Alberdi con esa constitución fue ponerle un límite al poder del gobernante. El que tiene una mayoría en las urnas no puede hacer lo que quiere. Es más, el artículo 29 de la Constitución buscaba, justamente, evitar que se le delegaran poderes absolutos a una persona como ocurrió con Rosas, artículo que lamentablemente se ignora sistemáticamente en nuestro país.

Obviamente que nadie puede asegurar que la democracia no derive en una democracia ilimitada, de la misma manera que en una organización anarco capitalista, un sector no contrate a un grupo armado para someter a otro. Puesto en otras palabras, el intento de que ciertos grupos busque prevalecer sobre otros grupos utilizando la fuerza, se puede dar bajo la existencia del estado como bajo un sistema anarco capitalista.

Otra contradicción que se encuentra en ese movimiento libertario es que utilizan indistintamente la palabra libertario y liberal, pero, al mismo tiempo, son pro Trump, alguien que dudosamente pueda ser definido como libertario o liberal. En lo económico fue proteccionista, con tendencias que aquí podríamos denominar desarrollistas, anti Nafta por citar algunos ejemplos. Hasta el mismo Ron Paul padre, que fue fundador del partido libertario en EE.UU. junto con Rothbard, tiene fuertes críticas hacia Trump. Es decir, libertarios de acá usan la bandera libertaria de Ron Paul, pero son partidarios de Trump que no fue liberal en lo económico y menos en lo político. Recordemos que Ron Paul se fue desencantado del partido libertario de EE.UU. y volvió al partido republicano.

La amistad de Trump con Putin, el intento de golpe de estado al dejar su mandato y no asistir al traspaso de mando muestran a un intolerante por más que Biden no sea un liberal clásico. Se asemeja más a los caprichos de Cristina con Macri que a un liberal o un libertario.

La excusa de no asistir al acto de traspaso presidencial diciendo que hubo fraude no está basada en sentencias judiciales firmes. De manera que mal puede decirse que no fue porque hubo fraude dado que la justicia no lo confirmó.

Finalmente, llama la atención como esta nueva corriente libertaria en Argentina señala como marxista o robo cualquier cosa que tenga que ver con el estado y, al mismo tiempo, usan los datos del crecimiento económico de fines del siglo XIX y principios del XX para mostrar como sus teorías tienen fundamentos en el crecimiento económico.

La contradicción está en que lo que se conoce como la generación del 80 tuvo fuertes inclinaciones liberales, pero al mismo tiempo, aplicó políticas que los libertarios de aquí no dudan en señalar como socialistas.

Ejemplos concretos. Sarmiento impulsó la educación pública, pero fue durante el gobierno de Roca que se sancionó la ley 1420 y el que más escuelas construyó.

Bajo el gobierno de Sarmiento se aprobó la utilización de las tierras que habían pertenecido a Rosas en Palermo para hacer lo que hoy se conoce como los bosques de Palermo, pero cuyo verdadero nombre es Parque 3 de Febrero. Lleva ese nombre para recordar la batalla de Caseros en que Urquiza derrotó a Rosas y luego impulsó la Constitución liberal de 1853.

Es más, Sarmiento impulsa la creación del Parque 3 de Febrero, pero se hace bajo la presidencia de Avellaneda y Sarmiento es nombrado al frente de la comisión encargada de la construcción de dicho parque. Semejante obra hoy merecería el mote de proyecto socialista o marxista por parte de los libertarios.

Roca estableció el curso forzoso del peso. También en la generación del 80 se construyeron ferrocarriles, en unos casos estatales y en otros privados, pero asegurándole una renta mínima sobre el capital invertido y otorgándoles 7 leguas a cada lado de las vías férreas para la comercialización.

Carlos Pellegrini impulsó la creación del Banco Nación en 1891, cuando reemplazó a Juárez Celman ante la crisis de 1890. Banco que fue fuertemente criticado por Alem.

Cito estos ejemplos, solo para mostrar que los libertarios de acá hoy señalarían como grandes herejías ese tipo de políticas, pero no dudan en utilizar los datos de crecimiento económico e ingreso per capita que se lograron durante la generación del 80. Salvo que digan que Sarmiento, Roca, Mitre o Pellegrini eran socialistas con proyectos marxistas, luce bastante contradictorio usarlos a favor sin saber todo lo que pasó en esos años.

En síntesis, el fracaso de la oposición y del actual oficialismo en brindar un horizonte de crecimiento están dando lugar a posiciones extremas, ambas alejadas del liberalismo clásico, con gran intolerancia hacia el que opina diferente y con contradicciones en los argumentos que utilizan.

Si bien llaman la atención estos movimientos libertarios y aparentan tener formación, basta con escarbar un poco la superficie y se encuentra un discurso de barricada muy llamativo, pero con escasa consistencia conceptual.

En momentos de incertidumbre la gente se aferra al mesías salvador, tal vez por eso vemos surgir en el mundo outsiders de la política, con discursos muy llamativos y que atraen a parte de la población, sin que se perciban las contradicciones en que incurren esos grupos que, indudablemente, hacen mucho ruido, pero generan fuertes sospechas del rumbo final que están persiguiendo.

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Antecedente de la academia internacional de liberalismo

INFOBAE - Friedrich Hayek sostenía que la Mont Pelerin Society era el equivalente a una academia representada por intelectuales de todas partes del mundo que adherían a la tradición de pensamiento liberal. En esta nota periodística nos referimos al antecedente primero de esa asociación internacional y es el libro publicado en 1937 por Walter Lippmann tituladoAn Inquiry into the Principles of a Good Society quien provenía de las filas del socialismo fabiano al igual que Hayek, el primero, egresado de Harvard y transitado por varios de los medios periodísticos estadounidenses, se fue convenciendo de los errores del socialismo debido a lecturas sobre el liberalismo clásico pero especialmente debido a la influencia de Hayek y el segundo abandonó antes el fabianismo merced al seminario que condujo Ludwig von Mises en Viena.

Tanto a Lippmann como a Hayek le quedaron resabios del socialismo los que se mantuvieron presentes a través de su vida en el primer caso como veremos en el comentario telegráfico del antes mencionado libro, mientras que en el segundo caso se disiparon completamente a medida que producía nuevos escritos hasta finalmente estuvo “expuesto una vez más a una terapia por la que hace cincuenta años Ludwig von Mises me convirtió” tal como lo refiere luego de la lectura de una obra de Walter Block.

Por esto es que con justeza se aluda a los tres Hayek: el primero ilustrado por su sentencia en cuanto a que la administración del dinero es función indelegable del gobierno, el segundo con la publicación de su trabajo recomendando la privatización de la moneda y el último en conexión con lo que acabamos de mencionar.

En todo caso, el libro de Lippmann, traducido al francés en 1938, dio lugar a que Louis Rougier convocara a un seminario en París en ese mismo año al que asistieron lo referidos Hayek y Mises y también Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke. En las seis sesiones de ese seminario se estableció el “Centre international d’études pour la rénovation du libéralisme” que se suspendió en 1940 debido a la guerra. En 1947 aquellos asistentes volvieron a reunirse convocados esta vez por Hayek para constituir la antedicha Mont Pelerin Society que en un primer momento el convocante sugirió se denominara The Acton-Tocqueville Society lo cual en definitiva se sustituyó por el nombre del lugar donde se celebraba la reunión inaugural.

A esa nueva reunión también asistieron académicos de la talla de Milton Friedman, Karl Popper, Vernon Smith, James Buchanan, Henry Simons, Ludwig Erhard, Maurice Allais, Gary Becker y Leonard Read. Es de gran importancia destacar que esta última personalidad fundó un año antes, en 1946, la primera institución dedicada a estudiar y difundir los principios de la sociedad libre, denominada The Foundation for Economic Education (FEE).

Como queda dicho, debido a que el libro de Lippmann -a pesar de sus falencias conceptuales- en lo que podríamos clasificar como la prehistoria de la referida academia internacional que agrupa liberales de los cinco continentes, es que señalamos algunos de los puntos más sobresalientes de esa obra basados su versión castellana, en México, 1940, por la Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana (UTEHA) con el título de Retorno a la libertad.

Hoy nos puede resultar fácil la crítica a libros como el que ahora encaramos debido al formidable esfuerzo intelectual de quienes nos precedieron, en la actualidad aparecen como lugares comunes fáciles de refutar especialmente en el terreno económico, el más abandonado e ignorado de todos los campos hasta la decimonónica irrupción de la Escuela Austríaca con aportes de la Escolástica Tardía y la Escuela Escocesa. Pero como decimos hasta entonces las falacias eran reiteradas y repetidas en los círculos menos sospechados. Tengamos presente la cantidad de intelectuales de peso que se han dejado arrastrar por las influencias de Marx, de Keynes y de los neoclásicos en general.

Thomas E. Woods reproduce una misiva de Hayek a Lippmann donde se lee: “Espero demostrar a mis amigos estatistas que la única manera de preservar la democracia es a través del capitalismo”. Asimismo Woods muestra a los extremos que había llegado Lippmann ya que en 1933 siendo partidario del intervencionismo del New Deal le dirigió una carta a Franklin Delano Roosvelt en la que escribe que “La situación es crítica. Usted puede no tener más alternativa que asumir poderes dictatoriales” y también resalta que Keynes lo convenció a Lippmann que abandone sus “pretensiones de contar con un presupuesto equilibrado”.

Una vez abandonado su pasión por las políticas roosveltianas y su acercamiento al keynesianismo, publica el libro de marras que abre con reflexiones muy razonables que atraparon la atención de muchos profesionales y no profesionales de la época : “Se esgrime el arma de la dirección coercitiva de la vida y del trabajo del hombre. Se predica la doctrina de que el desorden y la miseria sólo pueden vencerse por medio de una organización cada vez más tiránica. Hacen la promesa que con el poder del Estado es posible la felicidad de los pueblos […] profesan unánimemente, en nombre del progreso, y en todas partes, la teoría de que los gobiernos, con los instrumentos de coerción que poseen mediante normas de vida dictadas por los pueblos, deben dirigir el curso de la civilización y forjar los moldes del porvenir […] Para regular los problemas humanos, no se considera seriamente más camino que ése y ni siquiera se concibe la posibilidad que pueda haber otro […] Tan universal el predominio de este dogma que a nadie se le considera seriamente […] si no salta a la palestra con proposiciones para aumentar el poder de los gobiernos” y concluye que “es imprescindible volver sobre nuestros pasos y limitar el poder de gobernantes” y “abandonar la idea que nos compele a creer que el camino del progreso en materia de orden social está en intensificar el poder de la autoridad y ensanchar su radio de acción.”

Muy bien estos enunciados que como hemos consignado suscitaron la aprobación y el aplauso de otros colegas y, a pesar de lo que señalamos a continuación, decidieron organizar seminarios para profundizar y pulir las ideas expuestas como un primer paso para otras metas más ambiciosas que llevaron adelante colegas mejor informados y más preparados.

Lippmann arrastra de sus inclinaciones anteriores varias ideas que se dan de bruces con los fundamentos de la sociedad abierta y que como decimos luego fueron discutidos y depurados. Podemos dividir estos deslices de cierta gravedad en cinco áreas centrales. El libro en la apuntada versión que tenemos entre manos consta de 454 páginas dividido en 16 grandes secciones cada una a su vez subdividida en múltiples capítulos de modo que nuestro resumen crítico naturalmente consta de un muy apretado compendio.

En primer lugar su tratamiento defectuoso del monopolio criticando esta figura, sin percibir que en el mercado libre el primero que produce un bien o presta un servicio que el consumidor adquiere constituye un paso decisivo hacia el progreso y que solo los monopolios legales, sean privados o estatales, generan un perjuicio a la sociedad. El eventual arbitraje jugoso del monopolista llama la atención en el sistema de precios al efecto de atraer a otros participantes y así ampliar la oferta y mejorar las condiciones en las transacciones. Aun en el caso del llamado monopolio natural es necesario mantener las condiciones para la libre entrada de nuevos oferentes sean nacionales o extranjeros y si el productor al momento se mantiene como único es porque las condiciones imperantes revelan que esa es la condición óptima, de allí la consideración del antes mencionado premio Nobel en economía James Buchanan en cuanto que “Mientras el intercambio sea abierto y mientras se excluya la fuerza y el fraude, el acuerdo logrado, por definición, será calificado como eficiente.” (en Liberty, Markets and State, New York University Press).

El segundo capítulo se refiere al tan reiterado “modelo de competencia perfecta” al que adhiere Lippmann y que presupone el conocimiento perfecto de todos los factores relevantes, lo cual como entre otros explica Israel Kirzner, se traduce en la ausencia de competencia puesto que en ese contexto no habrán empresarios ni estimaciones de arbitrajes entre costos subvaluados en términos de los precios finales. El daño que este modelo puede percibirse, por ejemplo, en la persona de Raúl Prebisch que siendo estudiante absorbió ese desconcepto que marcó buena parte de su carrera, lo cual se pone en evidencia especialmente en su autobiografía intelectual.

La tercera área alude a la noción de desigualdad de rentas y patrimonios que Lippmann sugiere nivelar en distintas situaciones y a través de diversas metodologías. Como bien nos ha enseñado Robert Barro, en un mercado libre el delta entre las distintas posiciones resulta del todo irrelevante, el tema consiste en que al liberar al máximo las energías creadoras en procesos abiertos indefectiblemente se empujan hacia arriba salarios e ingresos en términos reales. En definitiva estas diferencias de resultados en una sociedad abierta son la consecuencia de los plebiscitos diarios en el mercado por parte de quienes con sus compras y abstenciones de comprar premian a los que atienden sus necesidades con ganancias y castigan a los que yerran con quebrantos. Los intentos de la guillotina horizontal siempre operan a contramano de esas preferencias lo cual desemboca en derroche de los siempre escasos factores productivos y, por ende, conducen al empobrecimiento.

La cuarta observación está atada a la tercera y es la incomprensión de Lippmann respecto a la causa de salarios e ingresos en términos reales, lo cual es muy común en quienes provienen del socialismo. Esta causa reside en las tasas de capitalización que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Todas las medidas que pretenden incrementar ingresos por el voluntarismo del decreto desembocan en desempleo y empobrecimiento precisamente de quienes se desea mejorar. Esas tasas de capitalización, es decir, maquinaria, equipos, instalaciones y conocimiento relevante se logran vía un mayor ahorro y consecuentemente mayor inversión.

Por último, otro lugar común es la crítica de Lippmann al laizzez-faire al que le dedica mucho espacio y que al contrario de lo que muchas veces se supone no consiste en mirar para otro lado y no hacer nada sino en permitir faenas productivas al abrir paso para que cada uno use y disponga de lo suyo como estime más conveniente sin interferencias de los aparatos estatales que en este contexto deben proteger y garantizar derechos que a diferencia de lo que niega Lippmann en varios pasajes, proceden del orden natural y por tanto son anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

Nuevamente insistimos que visto desde la perspectiva de los conocimientos modernos de la economía los consejos que citamos pueden parecer estrafalarios, sin embargo el cambio parcial de opinión de Lippmann desde su fabianismo original ha incentivado y ayudado a convocar a reuniones y a establecer entidades que han marcado en profundidad rumbos.

Cierro este breve comentario bibliográfico remarcando con inmensa satisfacción que pude establecer contacto personal con Leonard Read y su notable equipo cuando fui becado a la mencionada Foundation for Economic Education para trabajar en mi primer doctorado y también pude mantener relación personal con los referidos fundadores de la Mont Pelerin -excepto con Maruice Allais, Henry Simons y con Popper con quien mantuve una fugaz correspondencia- institución de la que formé parte de su Consejo Directivo en dos oportunidades además de haber presentado trabajos en sus reuniones anuales.

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Con o sin acuerdo con el FMI, el kirchnerismo tendrá que afrontar costos políticos

INFOBAE - Palabras agradables entre los funcionarios del FMI y el Gobierno son las que se perciben del anuncio del acuerdo de entendimiento entre el Gobierno y el FMI del viernes 28 de enero, las cuales todavía no se plasman en algo concreto, con datos específicos sobre cómo se alcanzarán las metas que presentó el ministro Martín Guzmán.

Por otro lado, en el mismo seno del gobierno kirchnerista hay diferencias sustanciales sobre la iniciativa, al punto que aparecieron rápidamente dudas sobre si conseguirá los votos necesarios en el Congreso para aprobar el acuerdo con el FMI.

Es que el mismo gobierno kirchnerista impulsó y sancionó la Ley 27.612 que en su artículo 2 dice: “Dispónese que todo programa de financiamiento u operación de crédito público realizados con el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como también cualquier ampliación de los montos de esos programas u operaciones, requerirá de una ley del Honorable Congreso de la Nación que lo apruebe expresamente”. En otras palabras, ellos solos se subieron al banquito, se pusieron la cuerda en el cuello y patearon el punto de apoyo.

Ahora, La Cámpora y el kirchnerismo en general tienen que decidir si bajan sus banderas anti FMI o las sostienen y mandan al gobierno al default o a derogar una ley por Decreto de Necesidad y Urgencia, si a esta altura contara el Poder Ejecutivo con esa facultad.

La Cámpora y el kirchnerismo en general tienen que decidir si bajan sus banderas anti FMI o las sostienen y mandan al gobierno al default

Desde el punto de vista estrictamente económico, el Gobierno tiene problemas firmando con el FMI como no firmando, aunque claramente esta última es la peor opción.

El costo de la cesación de pagos

¿Qué pasaría si Argentina no firma con el FMI y cae en default? En primer lugar, perdería el acceso al financiamiento de otros organismos multilaterales como el BID, BM, etc.; con lo cual varios de los programas “sociales” se quedarían sin financiamiento.

En segundo lugar, el problema más grave que se presentaría consistiría en que difícilmente un banco otorgue cartas de crédito a los importadores locales, muchos de los cuales son proveedores de insumos esenciales a la industria nacional. Si eso ocurre originaría un cuadro de desabastecimiento de todo tipo de bienes, inclusive remedios, y la actividad económica tendería a paralizarse.El problema más grave que se presentaría en caso de incurrir en default con el FMI consistiría en que difícilmente un banco otorgue cartas de crédito a los importadores locales (Reuters)El problema más grave que se presentaría en caso de incurrir en default con el FMI consistiría en que difícilmente un banco otorgue cartas de crédito a los importadores locales (Reuters)

Un atenuante sería que los productores locales quisieran importar insumos directamente, con la compra de de dólares alternativos al oficial, como el contado con liquidación, con lo cual tendrían que afrontar un costo hasta 100% más alto que el actual, si es que la brecha cambiaria no se dispara aún más por el default, el cual no sólo se trasladará a los precios finales al consumidor, sino que afectará el cuadro de resultados.

Como me contaba días atrás Dick Schefer, gran conocedor del mercado financiero, un escenario de esas características tuvo lugar en 1982, cuando la guerra de Malvinas provocó que muchas empresas argentinas no consiguieran que les abrieran cartas de crédito y tuvieron que recurrir al mercado de cambios contado con liquidación.

Un atenuante sería que los productores locales quisieran importar insumos directamente, con la compra de de dólares alternativos al oficial, como el contado con liquidación

De hecho, el crecimiento económico para el corriente año hay que descartarlo, lo máximo que puede esperarse es alguna reactivación adicional. Puesto en otras palabras, no caben esperar inversiones en Argentina por la falta de seguridad jurídica y lo perverso de las reglas de juego imperantes. Lo que marca el EMAE hasta ahora es un rebote tras la gran caída de la actividad en 2020. En noviembre pasado, último mes disponible, recién igualó el nivel de actividad de abril 2018, cuando se produjo la crisis económica durante el gobierno de Cambiemos.

En su afán por mostrar un aumento de la actividad económica, el Gobierno señala el incremento de las exportaciones en 2021, pero si se toman los volúmenes despachados, dejando de lado las variaciones de los precios internacionales, se observa que desde 2007 no crecen. El aumento de volúmenes que hubo a lo largo de la década del 90 fue producto del inicio del Mercosur, pero llegó un punto en que se agotó ese crecimiento y solo aumentan si hay viento de cola del exterior por suba de precios.En su afán por mostrar un aumento de la actividad económica, el Gobierno señala el incremento de las exportaciones en 2021, pero si se toman los volúmenes despachados, dejando de lado las variaciones de los precios internacionales, se observa que desde 2007 no crecen (Reuters)En su afán por mostrar un aumento de la actividad económica, el Gobierno señala el incremento de las exportaciones en 2021, pero si se toman los volúmenes despachados, dejando de lado las variaciones de los precios internacionales, se observa que desde 2007 no crecen (Reuters)

Sin firmar, entonces, los problemas se agravarían por falta de crédito comercial que generarían escases de insumos.

Desajuste monetario y fiscal

Y si el Gobierno logra cerrar un acuerdo de largo plazo con el Gobierno que se fijó meta para las primeros dos años y medio, debería empezar a poner algo de orden económico subiendo la tasa de interés, con lo cual incrementaría el déficit fiscal financiero y el cuasifiscal; tendría que aumentar las tarifas de los servicios públicos y ajustar más velozmente el tipo de cambio oficial; y provocaría una caída del ingreso real de la población, hoy disfrazado por el atraso cambiario y tarifario.

De ahí que, firmando con el Fondo, el Gobierno tendrá que pagar el costo de tener que bajar las banderas anti FMI y, además, aceptar un aumento de la tasa de inflación, falta absoluta de crédito al sector privado y, seguramente, freno en el nivel de actividad porque no habría opciones para generar inicialmente un cuadro pro inversión.

Firmando con el Fondo, el Gobierno tendrá que pagar el costo de tener que bajar las banderas anti FMI y aceptar un aumento de la tasa de inflación, falta absoluta de crédito al sector privado y, seguramente, freno de la actividad

Y si no firma, además de provocar la pérdida de acceso al crédito comercial del exterior, seguiría con todos los problemas de distorsiones de precios relativos que complican la economía y le impiden bajar la tasa de inflación.

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