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Sobre Terrorismo y el futuro político

Por Alberto Benegas Lynch (h) Adelanto que la tesis de esta columna consiste en que la bazofia inhumana, cobarde, repugnante y de la peor especie criminal que conocemos como terrorismo debe ser incriminado a través de procedimientos que aseguren y prueben que se trata de estos adefesios, para lo que resulta indispensable sentencia judicial firme que los inculpe. Dejarse arrastrar por el histerismo y condenar antes del debido proceso en un enjuiciamiento basado en normas civilizadas anteriores al hecho, significa proceder como el bestialismo terrorista con lo que de hecho estas bandas criminales habrán ganado la batalla convirtiendo a la civilización en una carnicería de la más baja estofa. De más está decir que estos procedimientos no se refieren a lo que ocurre en el campo de batalla o en enfrentamientos armados de la naturaleza que sean, sino que estamos aludiendo a lo que se hace una vez que se procede a la detención de un sujeto. He escrito un largo ensayo sobre la guerra publicado por la Fundación Libertad y Democracia de Santa Cruz (Bolivia) en 2008 donde me detuve a considerar los “escudos humanos”, los “daños colaterales”, la “obediencia debida”, la “invasión preventiva” y extensas disquisiciones de Juan Bautista Alberdi en El crimen de la guerra. En esta oportunidad quiero circunscribir mi atención a puntos cruciales en conexión con lo que hemos dicho al abrir la presente nota: elaboraré brevemente sobre la tortura y sobre las figuras del “testigo material” y el “enemigo combatiente” con una nota marginal sobre Guantánamo, el origen del terrorismo en Latinoamérica, la mención del vínculo entre las drogas y la mafia terrorista  y apuntes sobre el futuro político en distintos países. En otra ocasión me referiré a la naturaleza de los tribunales militares. Tal como apunta Michael Ignatieff “La democracia liberal se opone a la tortura porque se opone a cualquier uso ilimitado de la autoridad pública contra seres humanos y la tortura es la más ilimitada, la forma más desenfrenada de poder que una persona puede ejercer contra otra”. Cesare Beccaria -el precursor del derecho penal- explica que nadie puede llamarse reo antes de la sentencia de un juez competente y agrega que si el delito fuera cierto debe aplicarse la pena que la ley establece en cuyo caso los tormentos antes del fallo correspondiente significarían una condena antes de la sentencia, por otra parte si fuera incierto el delito se estaría castigando a un inocente antes de declararse su culpabilidad. En otros términos, si se sabe de la culpabilidad la tortura es superflua y si no se sabe es criminal. Agrega Beccaria que las confesiones bajo tortura no son confiables (lo cual es confirmado por especialistas en detectores de mentiras) y que las alegadas contradicciones del torturado no son prueba de nada “como si las contradicciones comunes de los hombres cuando están tranquilos no deban multiplicarse en la turbación del ánimo todo embebido de salvarse del inminente peligro”. Eric Maddox -oficial del ejército estadounidense quien fue el responsable de la localización de Saddam Hussein en 2003- explica detalladamente en su libro lo contraproducente (además de lo inhumano) de la tortura para obtener información fidedigna, método al que el no recurrió en ningún momento para lograr su objetivo. Respecto de las discusiones sobre las fronteras entre lo que es un interrogatorio severo y un tormento, para despejar dudas, Ignatieff sugiere clarificar el asunto a través del sencillo expediente de grabar en imágenes las sesiones y archivarlas en los correspondientes departamentos de auditoria. Incluso nada justifica torturar al alguien que se conjetura sabe quien y donde se colocará una bomba que hará estallar el planeta. La sociedad abierta descansa en parámetros morales, el fin no justifica los medios. El análisis utilitario de atormentar a alguien para salvar a muchos otros lleva un germen destructivo ya que esa línea argumental posibilita que se propongan aberraciones del tipo que sugiere la exterminación de jubilados para que los jóvenes vivan mejor. Aceptar que el fin justifica los medios constituye un buen camino para que efectivamente estalle el planeta, en cuya situación el torturador se denigra junto al torturado. Y no es válido el fabricar escenarios en los que se comprueban acciones inadecuadas en situaciones límite como que es posible que en un naufragio un padre de familia recurra a la fuerza para salvar a sus hijos contrariando las normas establecidas por el dueño del bote salvavidas. Las normas de convivencia civilizada no pueden construirse en medio de esas situaciones sino que deben preverse con antelación a esos sucesos. La muy discutible figura del testigo material fue originalmente utilizada para detener (por tiempo corto y claramente definido con expresa orden de juez) a una persona que ha presenciado un crimen y amenaza con fugarse y no declarar ante tribunal competente. Sin embargo, hoy en día se recurre a esa figura para la detención indefinida sin orden de juez con lo que la arbitrariedad y el abuso de poder resultan manifiestas, tal como lo puso de relieve la Juez estadounidense Shira Scheindlin. Por último, como explica el Juez estadounidense Andrew Napolitano, la utilización y aplicación actual del llamado enemigo combatiente es un invento grotesco para eludir las expresas disposiciones de las Convenciones de Ginebra que se refieren tanto a ejércitos regulares de naciones como a grupos armados ilegales. Esta utilización irresponsable no tiene precedentes en el derecho penal, en las normas internacionales ni en las leyes de guerra. Hay un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos de 1942 que se refirió a la detención de soldados alemanes sin uniforme en territorio estadounidense (y por ende no eran prisioneros de guerra) que se los juzgó con el concurso de abogados defensores y fueron convictos por sentencia judicial, al contrario de lo que se hace hoy cuando se recurre a esta figura para sortear la necesidad del debido proceso y, consecuentemente, el establecimiento de las necesarias garantías de un juicio justo. En 1866 a raíz de la Guerra Civil en Estados Unidos, en el intento del presidente Lincoln de obviar el habeas corpus (en el caso L. P. Milligan), la Corte explicitó que el debido proceso es necesario aplicarlo también en el contexto de luchas armadas. En esa oportunidad el Juez David Davis expresó que “La Constitución de Estados Unidos es una ley para los gobernantes y para el pueblo igualmente aplicable en tiempos de paz y de guerra y cubre con su escudo protector a toda clase de personas en todos los tiempos y bajo todas las circunstancias”. El debate que en estos días tiene lugar referente al cierre o no de la prisión de Guantánamo no es relevante al eje central de lo que estamos considerando. El tema no es de ubicación geográfica sino de justicia con detenidos sin proceso ni condena alguna. Siempre hay que ponerse en la posición de la minoría en cuanto a lo que ocurriría si detienen injustamente a un familiar nuestro y considerar los daños irreparables de que se castigue a un inocente. Precisamente, los mecanismos del debido proceso nos defienden de hechos de esta naturaleza. Caer en los abismos de la canallada terrorista convierte a los supuestos defensores de la libertad en agresores. La civilización no solo está en juego por los ataques del terrorismo sino por la manera en que la conducta moral reaccione frente a esos ataques de brutalismo inmisericorde. Los documentos constitucionales de espíritu liberal son cartas que establecen limitaciones estrictas y de carácter universal al poder político. Las libertades individuales constituyen el corazón a preservar en aquellas constituciones, en nombre de la seguridad bajo ningún concepto deben cometerse atropellos a los derechos de las  personas. Como bien a enfatizado Benjamin Franklin en 1759 “Aquellos que renuncian a libertades esenciales para obtener seguridad temporaria, no merecen ni la libertad ni la seguridad”, lo cual para nada significa abstenerse en la aplicación del máximo rigor con los feroces asaltantes de la concordia a que nos venimos refiriendo en el presente artículo, ni significa dejar de adoptar todas las medidas precautorias y de seguridad que se estimen apropiadas a las circunstancias. En este contexto he consignado en muchas oportunidades que debe prestarse especial atención a lo que ocurre en distintos países con referencia a la guerra antisubersiva en donde tiene lugar una lamentable hemplegia moral o justicia tuerta: se juzga a los militares y no solo se exime de culpa y cargo a los terroristas sino que ocupan cargos públicos. En algunos casos, aquellos juzgamientos se deben a procedimientos inaceptables utilizados en la aludida guerra: en lugar de aplicar el debido proceso (aún con juicios sumarios) se optó por adoptar el mismo mecanismo de los encapuchados, de lo cual surgió la figura tremebunda de los “desaparecidos” en lugar de dar la cara con actas y firmas de responsables en las detenciones ordenadas. De más está decir que esto bajo ningún concepto justifica que los criminales terroristas resulten impunes de sus atroces crímenes (en relación a este punto, Jorge Masetti,  ex agente de los servicios cubanos de espionaje, escribe en su libro El furor y el delirio : “Hoy puedo afirmar que por suerte no obtuvimos la victoria, porque de haber sido así, teniendo en cuenta nuestra formación y el grado de dependencia de Cuba, hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada”). Es menester destacar que Perón fue el primero en aconsejar procedimientos terroristas en América latina, tema que queda bien documentado en la obra Correspondencia Perón-Cooke (Buenos Aires, Garnica Editor, 1973), lo cual certifica un vez más el estrecho parentesco entre los nazi-fascistas y las izquierdas. El 12 de junio de 1956 -tres años antes de la aparición de Castro- Perón escribe desde el exilio a su lugarteniente y ex diputado nacional que “Esta lucha puede organizarse y realizarse sin peligro porque en caso alguno se trata de una violencia conjunta sino de la suma de millones de pequeñas violencias cometidas cuando nadie nos ve y nadie puede reprimirnos, pero que en conjunto representa una gran violencia por las sumas de sus partes. El efecto es tremendo” (vol. I, p.15). El 21 de marzo de 1957 escribió “Las revoluciones sociales como la nuestra han partido siempre del caos en su consolidación y el caos está cercano, solo que nosotros debemos acelerarlo no temerlo” (ib. p.23). El 8 de mayo de 1957 dice que “Nosotros debemos estar en condiciones de manejar el desorden cuando ellos quieran manejar el orden y no presentarles batalla cuando ellos esperan que lo haremos, sino pequeños combates en todas partes a los que no puedan concurrir para defenderse” (ib. p.103) y remata con lo siguiente el 21 de junio de 1957: “los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a sus dueños, se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo […] Los suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades, tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro” (ib. p.190). Consistente con su posición felicitó entusiastamente a los asesinos del Tte. Gral. Aramburu y en la misma línea, tres años antes de retornar a la Argentina, escribió que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970). En su tercera presidencia, en medio del estatismo y la corrupción de su ministro de economía José Ber Gelbard y de las matanzas de su ministro de bienestar social José López Rega, Perón se desligó de uno de los grupos terroristas debido a que pretendieron desplazarlo del poder y mantuvo su fastidio y resentimiento a toda manifestación de excelencia y el apego a sus ideas, a contramano del espíritu y la letra de la Constitución fundadora de aquel país. Es relevante subrayar la muy frecuente conexión entre el terrorismo y el tráfico de drogas alucinógenas para usos no medicinales. En este sentido, como he escrito hace tiempo en mi libro La tragedia de la drogadicción. Una propuesta (prólogo de Carlos Alberto Montaner), es imperiosa la liberación del mercado de drogas del mismo modo que fue imperiosa la liberación del alcohol después de la Ley Seca y por los mismas razones de colosales incentivos a la producción y al consumo, la devastadora corrupción y las severas intromisiones a las libertades individuales (además de la aparición de drogas sintéticas fruto de los astronómicos márgenes operativos que genera la prohibición). Pero es de gran importancia enfatizar lo contraproducente y peligroso que es liberar el consumo y mantener prohibida la producción como se aplica irresponsablemente en varios países, lo cual constituye el mejor de los mundos para los narcos puesto que se mantienen potentes incentivos para elaborar al tiempo que el camino queda expedito para consumir. En otro orden de cosas, Octavio Paz explica que la definición aristotélica del hombre como animal político alude al ser humano como ser social, en el sentido de atraído por la polis. Esto es así al efecto de sacar partida de la cooperación entre las personas, pero no vaya a ser que la polis se convierta en un pantano imposible de cohabitar debido a un tratamiento errado de la plaga terrorista. Dice Octavio Paz que le gusta definir al hombre como “el ser que pregunta” o “el ser que sonríe”: resulta imperativo preguntarnos y cuestionarnos sobre la administración del asunto tan delicado que aquí abordamos telegráficamente, de lo contrario la sonrisa puede borrarse para siempre junto con la condición del hombre y caer en la simple carcajada de la hiena a la que también hace referencia este notable escritor para diferenciarla de la sonrisa propiamente humana. Es de interés espiar el cuadro general en el que aparecen estos persistentes brotes de terrorismo, no para insinuar relaciones causales sino para pintar el marco en el que se suceden los acontecimientos del presente. Estados Unidos se zabulle cada vez con mayor profundidad en la deuda, la expansión monetaria, la transferencia coactiva de recursos, un pavoroso déficit fiscal y un control estatal de la economía cada vez más férreo (debido a la fuerte y populosa reacción del Tea Party consubstanciada con la mejor tradición estadounidense, Michael Steel, la cabeza del Partido Republicano, declara que debe volverse a las fuentes y abandonar la línea lamentable seguida sistemáticamente después de Reagan). Europa está crujiendo por varios costados, debido también a su déficit, endeudamiento y gastos siderales, especialmente en Grecia, España, Inglaterra e Irlanda (en ese orden). En Latinoamérica los casos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Paraguay se han convertido estados cuasi terroristas. El Salvador, Guatemala y, ahora, Uruguay, se mantienen con serios signos de interrogación con ex terroristas en el gobierno. Argentina, también con ex terroristas en el gobierno, y en medio de un brutal atropello a la división de poderes y a la institución de la propiedad privada con una justicia tuerta y una hemiplegia moral digna de mejor causa, se debate en la declinación más grotesca a la espera de que surja alguna oposición consistente. Con próximas elecciones a la vista, Chile (si gana Piñera en segunda  vuelta), Brasil (si gana José Serra y no la candidata de Lula, Dilma Rousseff), Colombia (si Uribe abandona la manía reeleccionista) y Perú (si se consolida la línea del converso Alan García), permiten cobijar algún atisbo de esperanza de una de reacción aunque más no sea parcialmente saludable, a lo cual debe tímida y provisoriamente agregarse el triunfo de Porfirio Lobos en Honduras y, antes, el de Ricardo Martinelli en Panamá. Por último, James S. Chanos (cabeza del fondo de inversión Kynikos Asociados de New York y que ha anunciado crisis del pasado con bastante precisión) y, hace tiempo, Gordon G. Chang (autor del libro The Coming Collapse of China) insisten en que China se está encaminando a un fuerte barquinazo con motivo de los “estímulos” crediticios gubernamentales comenzando en el mercado inmobiliario, claro que en un régimen autoritario las maniobras para ocultar datos y hechos son muy frecuentes aunque, si resultaran correctos estos pronósticos, la magnitud de lo que se espera no resultará de fácil disimulo (en caso de ocurrir lo que se comenta, me imagino que no se dirá también que es consecuencia del “sistema capitalista” como equivocadamente se ha dicho en Occidente a pesar de haberse abandonado todos los principios rectores de prudencia financiera y fiscal del capitalismo). Cierro esta columna al escribir que si no se presta la suficiente atención a lo que dejamos consignado (y que muchos otros han explicado elocuentemente con anterioridad), la amenaza del terrorismo siempre criminal y sus acciones perversas terminarán con las libertades individuales, con lo que, en la práctica, resultará victorioso en el logro de sus fines hediondos de convertir al planeta en una inmundicia inhabitable para cualquier persona con un mínimo de decencia.
*Publicado en Diario de América, Nueva York.
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El plano inclinado se inclina aún más

Por Alberto Benegas Lynch (h) Este es mi último artículo de 2009 y si quisiéramos construir un balance neto de las recientes décadas, observamos un plano inclinado que se inclina más a medida que transcurre el tiempo. No es desde luego que no existan reservas morales. Las hay y muy potentes pero, por el momento, no resultan suficientes para detener la avalancha. Aparentemente en todas las épocas quienes apuntan a mejores metas han sostenido que el mundo está en decadencia. Esto suena a derrotismo vacío, pero el hecho es que Roma pereció en la antigüedad y los Stalin, Hitler y Castro de nuestra época no constituyen ficciones sino que son muestras de declinación brutal de lo que conocemos por civilización. No todos son entonces fuegos de artificio. Hay fenómenos reales que desilusionan al más entusiasta. Este es mi último artículo de 2009 y si quisiéramos construir un balance neto de las recientes décadas,  observamos  un plano inclinado que se inclina más a medida que transcurre el tiempo. No es desde luego que no existan reservas morales. Las hay y muy potentes pero, por el momento, no resultan suficientes para detener la avalancha. Esta especie de hecatombe es básicamente de valores y principios, fundamentalmente -aunque no exclusivamente- morales. Se desestima la importancia de la palabra empeñada y consiguientemente del cumplimiento de los contratos, lo cual David Hume estimaba como una de las bases de la sociedad civilizada. Se desmerece la trascendencia de la propiedad privada en favor de la “tragedia de los comunes” (es decir, la colectivización de la propiedad en cuyo caso quienes mantienen una explotación en conjunto no pueden vender su cuotaparte puesto que no la poseen). El debilitamiento de la propiedad privada a su vez arrastra la distorsión de precios como las únicas señales para asignar los siempre escasos recursos. La corriente del llamado posmodernismo hace alarde de relativismo epistemológico, hermenéutico, ético y cultural con lo que desaparece la distinción entre proposiciones verdaderas y falsas, la distinción entre lo bueno y lo malo junto a la destrucción del lenguaje. En nombre de la “apertura mental” se adopta la peor de las cerrazones intelectuales al aceptar todo a la par sin percibir que se trata más bien de un basural abierto. La educación estatal y los organismos y reglamentaciones concordantes hacen estragos en la formación de los jóvenes junto a la declinación de los modales más elementales. Los sistemas coactivos de jubilaciones arruinan la vida de los más necesitados. La deuda estatal compromete severamente el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera han participado en el proceso electoral para elegir al gobernante que contrajo la deuda. Se hace tabla rasa con la democracia como ideal para preservar los derechos de las minorías: Acton escribió que “Es malo ser oprimido por una minoría, pero es peor ser oprimido por una mayoría” del mismo modo que antes Cicerón había consignado que “El imperio de la multitud no es menos tiránica que la de un hombre solo, y esa tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y el nombre del pueblo”. El federalismo como método para fraccionar el poder se ha transformado en un unitarismo en el que se torna insoportable el centralismo gubernamental. Se sigue aceptando el aborto, en verdad homicidio en el seno materno puesto que desde el instante de la fecundación del óvulo hay una persona en acto con toda la carga genética completa, en potencia de desarrollarse en múltiples facetas. Sin embargo, los abortistas recurren a la magia más primitiva suponiendo que antes del alumbramiento se trata de un mineral o vegetal que muta su especie en el momento del nacimiento. Bajo el pretexto de cuidar al planeta Tierra los planificadores de siempre se han embarcado en una cruzada estatista de control de las haciendas de otros a través de las figuras del “derecho difuso” y la “subjetividad plural”, en el contexto de una desfachatada desfiguración de las estadísticas, un grosero ocultamiento de datos y un asombroso malabarismo con las extrapolaciones (la ovación de pie que recibió Chávez al condenar al capitalismo en la conferencia en Copenhagen revela a las claras de que se trata todo esto). La “guerra contra las drogas” es otra Ley Seca con resultados más dañinos que no solo extiende la corrupción en todos los niveles políticos sino que se cercenan las libertades individuales en el contexto de inmensos incentivos para lograr adictos y la venta de drogas sintéticas aparece merced a los astronómicos  márgenes operativos que genera la prohibición. La guerra convencional hace caso omiso de las Convenciones de Ginebra, intercala la tortura e intensifica impunemente los llamados “daños colaterales”. El terrorismo siempre criminal va camino a destruir instituciones civilizadas como el debido proceso y, en nombre de la seguridad, se liquidan otras libertades personales a través de la eliminación del secreto bancario, las escuchas telefónicas y la irrupción en domicilios sin orden de juez competente. El Leviatán sigue creciendo a pasos agigantados a través de gastos siderales, los deterioros en los signos monetarios siguen su curso, se apilan y superponen regulaciones absurdas y asfixiantes, la maraña tributaria y los impuestos expropiatorios son imposibles de afrontar y el notorio desbalance en las cuentas fiscales resulta alarmante. Las nociones del derecho y la ley se han transformado en legislaciones injustas que autorizan el uso y la disposición del fruto del trabajo ajeno. El determinismo físico en boga anula el libre albedrío y la responsabilidad individual y está a la orden del día en los campos más diversos. Los empresarios que hacen negocios en los despachos oficiales crecen como hongos malignos reclamado para si mercados cautivos y prebendas de distinta naturaleza, todo lo cual perjudica gravemente al consumidor que se ve obligado a pagar precios más elevados a cambio de calidades inferiores que las que podría haber obtenido de no haber mediado el privilegio otorgado por los gobiernos que intercambian favores con estos ladrones de guante blanco. El denominado “political correctness” bloquea el uso adecuado de conceptos e ideas hasta niveles de lo ridículo y el “affirmative action” perjudica grandemente a los ámbitos académicos y laborales en general debido al establecimiento compulsivo de cuotas y otras barreras de ese inaudito estilo. Espero no estar en lo cierto, pero desde que nací no he presenciado una situación más difícil en el mundo porque ya no se trata solo de regiones “bananeras” o regimenes totalitarios aislados sino que el abuso de poder, en mayor o menor grado, abarca todo el orbe debido al rápido corrimiento del eje del debate hacia el abandono del  respeto irrestricto por los proyectos de vida del vecino…incluyendo lo que sucede hoy con el otrora baluarte del mundo libre. La lógica del plano inclinado conduce a que casi siempre y en todos lados lo anterior parezca mejor. Hasta en las religiones tradicionales y no tradicionales surgen miembros oficiales y oficiosos que arremeten y la emprenden contra la sociedad abierta con un resentimiento, odio e ignorancia a prueba de todo sentido común y decencia elemental. Declina la institución familiar -fundamental para la formación de almas- con lo que sufren niños y adultos que no cuentan con el paraguas protector que significa el cariño y la protección que solo los padres  pueden brindar. En ese contexto, algunos homosexuales no se contentan con establecer uniones civiles de naturaleza diversa sino que pretenden invadir y destruir otra institución benemérita cual es el matrimonio que, según el diccionario, alude al casamiento “entre hombre y mujer”, además de contradecir la etimología de la expresión que proviene de mater, que se vincula al hecho de parir. Si bien los diccionarios son libros de historia dado el proceso evolutivo del lenguaje, siempre es bueno no llamarle gato al perro y viceversa puesto que esto no solo perjudica la comunicación sino que imposibilita la precisión y clarificación entre cosas distintas y es perfectamente legítimo y necesario contar con términos diferentes para aludir a situaciones también diferentes. Como ha escrito Jacques Barzun, esta decadencia puede denominarse “el síndrome Sansón, al pretender la demolición de todo el edificio sobre nuestras cabezas”. Se va el año 2009. Les deseo a todos mis lectores lo mejor para 2010, pero esto naturalmente vendrá solo si se redoblan los esfuerzos para contrarrestar la declinación y se asientan bases sólidas para contar con una sociedad libre. Estoy seguro que lo podemos hacer si mantenemos encendida la antorcha con la suficiente perseverancia y -aunque la filosofía liberal está siempre en ebullición- sin ceder en los principios y atentos a los peligros sobre los que nos advierte el antes mencionado Lord Acton al dar comienzo a su primera historia de la libertad, respecto de asociaciones contraproducentes a la hora de ejecutar ideas. Hannah Arendt ha escrito que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado a la veracidad entre las virtudes políticas”. Hay que alejarse de situaciones patéticas como la argentina en la que no solo se atropellan derechos sino que las mentiras son colosales en todas las estadísticas oficiales, a lo que ahora se agrega la farsa de las reservas de la banca central las que son la mitad de lo declarado una vez deducidas las deudas (al público a través de títulos y a los bancos a través de encajes allí constituidos) y lo anunciado en estos días para pagar compromisos externos (al efecto de poder contraer más deuda). La situación allí (y en muchos otros lares) sigue como lo reafirmado en la bochornosa era de Perón donde en el billete de un peso se veía la efigie de una “justicia” con los ojos destapados para delatar que los “derechos” serán según de quien se trate, en abierta contradicción con la igualdad ante la ley con que Pericles definió el sistema de libertad. Jean-Francois Revel escribe que “En el mundo entero, el Estado, enorme máquina de aspirar dinero, saquea y empobrece a los pueblos. […] Además, caso extraño, el odio dirigido contra los que ganan mucho no alcanza a los que ganan lo mismo bajo forma de prebendas y sinecaturas distribuidas por el Estado”. Como ha dicho Cantinflas “el Tercer Mundo es un mundo de tercera” y  “hay que acabar con los pobres, no con los ricos”, a condición, agregamos nosotros, que lo que se obtenga sea fruto de transacciones libres y voluntarias en el mercado con lo que el mundo en vías de desarrollo dejará de mantenerse por siglos “en vías” y el otro dejará de desplazarse a uno en vías de subdesarrollo. Como bien han apuntado Ron Paul y Arthur Laffer (entre otros), ofende la inteligencia que la revista Time lo haya declarado “el hombre del año” a Ben Bernanke cuando ha sido en buena medida responsable de causar la crisis mayúscula por su irresponsable política monetaria que ahora acentúa con una expansión monetaria que conducirá a una inflación astronómica, principalmente a través de la monetización de la deuda. La Cámara de Representantes acaba de autorizar al Ejecutivo una nueva marca para el endeudamiento gubernamental con la oposición de la totalidad de los miembros del Partido Republicano (es bueno que se den cuanta ahora después de haberle aprobado a G. W. Bush cinco elevaciones del referido tope durante su gestión). Esto ocurre en el contexto de que Paul Samuelson (muerto este diciembre) ha sido el economista más exitoso de nuestro tiempo. No solo obtuvo el premio Nobel en Economía sino que su libro de texto universitario (escrito con W. D. Nordhaus) es el más vendido -traducido a 22 idiomas, incluyendo el ruso en la época comunista- y que en la página 387 de la decimotercera edición de 1989 (nótese: poco antes del derrumbe del Muro de Berlín) dice “La economía soviética constituye una prueba que, contrariamente a lo que muchos escépticos han creído, una economía socialista planificada puede funcionar e incluso prosperar”. Y para completar este cuadro en el campo del derecho, Cass R. Sunstein acaba de publicar un libro cuyo título revela de filiación de su autor: The Second Bill of Rights: FDR`s Unfinished Revolution and Why We Need it  More than Ever. El contenido demuele el andamiaje jurídico de una sociedad libre al propiciar la redistribución compulsiva de ingresos, y esto lo escribe quien es actualmente nada menos que el responsable máximo de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios de la Casa Blanca en Washington. Para deshacernos del plano inclinado de nuestra época es necesario contar con personas con integridad, coraje moral y honestidad intelectual que no cejen en la batalla diaria por los valores del respeto recíproco y la dignidad humana. Debemos estrechar fuerzas en esta quijotada, no es relevante de donde proviene una persona sino adonde apunta (todos descendemos de situaciones muy miserables). Solo así podremos disfrutar de las bendiciones de la civilización y liberarnos de la lacra socialista que se resume -parafaseando al gran Henry Hazlitt (y en consonancia con lo que acabamos de citar de Revel)- en esto: “odia a quien es mejor”. Hagamos el esfuerzo ahora para salir de este pantano para bien de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
*Publicado por Diario de América, Nueva York.
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Schweitzer y el rol de las ideas

tener ideas Por Alberto Benegas Lynch (h) Los seres humanos nos manejamos con el lenguaje que trasmite ideas, de lo contrario habría que retrotraerse a los ruidos guturales y a los gestos primitivos. A su vez, los pensamientos y las ideas influyen para que los hechos sean de tal o cual manera. De allí es que resulten tan importantes los debates abiertos y la plena libertad de expresión. En este contexto, es en el que navega el proceso evolutivo de aprendizaje y los resultados serán acordes con los esfuerzos de cada cual en uno o en otro sentido. Albert Schweitzer ha escrito en su libro de mayor peso y trascendencia, The Philosophy of Civilization, que “Cada época vive en la conciencia de lo que ha sido provisto por los pensadores bajo cuya influencia se opera. Su supremacía es diferente y más elevada que la elaboración y promulgación de leyes y ordenanzas que dan efecto a la autoridad oficial. Aquellos son los oficiales del staff que se ubican en la última línea pensando con mayor o menor clarividencia los detalles de la batalla que se peleará. Los que actúan a la luz pública son los oficiales subordinados que convierten a sus unidades en las órdenes según las directivas del staff, es decir, que las fuerzas se moverán en tal momento y en tal dirección para ocupar este o aquel lugar. Kant y Hegel han comandado a millones que nunca leyeron una línea de sus escritos y que ni siquiera supieron que estaban obedeciendo sus órdenes. Aquellos que ejecutan, ya sea en pequeña o gran escala solo pueden hacerlo en la medida en que ya estaba listo el pensamiento de la época [...] Si los pensadores de cierto período producen una fértil teoría del universo, entonces las ideas pasarán a la práctica con garantía de progreso; si no son capaces de esa producción, entonces la decadencia aparecerá de una forma u otra”. Debido a que el autor que comentamos menciona a Hegel, es de interés destacar que este personaje ha influido decisivamente en las dos corrientes de pensamiento más nefastas de nuestra época (estrechamente emparentadas entre si): los nazi-fascistas y los comunistas. Hegel ha escrito en su Filosofía del derecho que “el Estado es la voluntad divina” y por ello afirma que “el Estado debe tomar bajo su protección a la verdad objetiva” puesto que “todo debe estar subordinado a los intereses elevados del Estado”. Por su parte, en su Enciclopedia de las ciencias filosóficas apunta que “la voluntad del Estado todo lo sostiene y todo lo decide, la más alta cima del Estado y la verdad que lo contiene todo: el poder gobernante del príncipe” y que “el Estado en cuanto a tal, en cuanto forma que el principio existe, contiene la verdad absoluta”. Por último, para ilustrar uno de los ejes centrales de su pensamiento, en su Filosofía de la historia, concluye que “En las naciones civilizadas, la verdadera valentía consiste en la diligencia para consagrarse por entero al servicio del Estado”. Respecto a cuales ideas adhería Schweitzer, en la misma obra mencionada más arriba nos dice que “Adam Smith, el filósofo moral, debido a que estaba dotado de un optimismo racional, es también el fundador de la doctrina económica del laissez-faire de la Escuela de Manchester. El encauzó a la industria y al comercio en su lucha por la liberación del  ruinoso e injurioso tutelaje de la autoridad”. Hoy podemos calibrar la grandeza de los logros de esta gigante intelectual y benefactor de la humanidad, cuando la vida económica está otra vez empañada entre la gente con ideas de muy corta visión respecto “de autoridades que nunca piensan en términos económicos”. Sin duda que nuestro personaje tenía muchas facetas como médico, como filántropo, como músico, como teólogo, como pastor protestante y como protector de los animales y la naturaleza, pero todo estaba conducido por sus profundos y meditados conocimientos de filosofía liberal. Igual que con el rol de las ideas donde, como queda dicho, aparecen a la vista del público quienes ejecutan y no quienes concibieron la idea, del mismo modo, en este caso, se lo presenta a Schweitzer con sus diversas acciones pero habitualmente se ocultan los principios y las motivaciones éticas de su proceder. Enfatiza la importancia del coraje para expresar las propias ideas alejado de la aprobación de los demás, en este sentido escribe que “Es el destino de todas las verdades el ser objeto de burla hasta que son reconocidas de modo generalizado”. Y agregamos que en el contexto de la importancia decisiva de las idas, las que son dañinas incluso operan con fuerza aunque los hechos muestren una y otra vez los fracasos estrepitosos de sus recetas, aunque los propios ejecutores declaren el fracaso tal como ocurrió con Henry Morgenthau -el Secretario del Tesoro de F. D. Roosevelt- quien escribió que ese gobierno terminó en un  desempleo descomunal y con gastos públicos siderales y astronómica deuda estatal. (La crisis se revirtió debido a que Truman, a regañadientes, eliminó el control de precios, redujo sustancialmente el gasto en armamentos y prescindió de funcionarios radicalizados, al tiempo que Europa y Japón adquirían bienes de Estados Unidos en el contexto de una relativa apertura del comercio exterior en el mundo de posguerra). El afán de autoperfeccionamiento de Schweitzer y su deseo de trasmitir sus conocimientos y en general su marcada devoción por hacer el bien a los demás, indudablemente constituyen ejemplos a seguir. A veces le han dicho que sus tareas humanitarias en África se diluirían con el tiempo pero, igual que la Madre Teresa, consideraba que al agregar su granito de arena en el desierto este nunca sería igual. Y esto lo hacían estas personas en su interés, lo cual reflejaba sus calidades humanas, puesto que como enfatiza Fernando Savater (quien habitualmente retoma la mejor tradición clásica) todo lo hacemos en interés de nuestras propias personas. Muchas veces en medio de la vorágine diaria se reclaman soluciones inmediatas y se subestiman las faenas más profundas que a veces tardan en dar frutos, pero son las que perduran y calan hondo en la naturaleza de las cosas. La ansiedad por introducir modificaciones de superficie y de corto plazo compromete severamente la meta, lo cual naturalmente termina por agravar la situación. Las explicaciones frívolas postergan el necesario giro copernicano que muchas veces requieren las circunstancias. No se trata de tomarse demasiado en serio puesto que nuestras acciones son infinitesimales en el contexto cósmico, pero tampoco se puede vivir como si se estuviera exento de una misión responsable que cumplir. Apunta Schweitzer, siempre en la obra citada, que “En el movimiento de la civilización que comenzó con el Renacimiento hubo fuerzas tanto materiales como ético-espirituales en juego como si estuvieran en competencia una con la otra y esto continuó. Pero algo sorpresivo ocurrió: la energía ética del hombre se extinguió mientras las conquistas ganadas por su espíritu en la esfera material continuó creciendo. Entonces, durante varias décadas nuestra civilización disfrutó de los grandes adelantos de su progreso material sin prácticamente sentir las consecuencias de los moribundos movimientos éticos. La gente vivió bajo las condiciones producidas por ese movimiento sin ver con claridad que su posición ya no era sustentable [...] De este modo, nuestra propia era, sin tomarse el trabajo de reflexionar, llegó a la opinión que la civilización consiste principalmente en logros científicos, técnicos y artísticos y que pudo lograr su objetivo sin principios éticos”. La subestimación del estudio y la comprensión de los valores y principios que subyacen en los cimientos y basamentos de la civilización es a todas luces suicida. Es natural, razonable y conveniente que cada uno se dedique a sus asuntos personales legítimos, pero resulta vital que se incorpore la idea de que una parte sustancial de esos temas personales consiste en contribuir a las fundamentos morales del respeto recíproco, de lo contrario el naufragio es seguro. Si no se tiene alguna claridad en las ideas y principios, la dirección siempre será ambigua e indefinida. Lewis Carrol en Alicia en el país de las maravillas relata que el personaje central pregunta que camino debe seguir a lo que el gato responde “eso depende a donde quieras ir”, de inmediato replica Alicia que no le importa donde, frente a lo cual el gato concluye: “entonces, no importa que camino tomes”. En otro orden de cosas, en el debate de ideas actual, sobresale un punto que se suele tratar con más o menos ofuscación pero que debe ser clarificado con calma. Se trata de los sistemas de jubilaciones estatales de reparto, en todos lados quebrados. Pero no es cuestión de pasar coactivamente a sistemas privados de capitalización, el tema medular consiste en permitir que cada uno pueda decidir libremente el destino del fruto de su trabajo. Se dice en este debate que si no se obliga a la gente a aportar a algún sistema, cuando llegue la vejez no encontrará sitio en donde refugiarse. Pero esta línea argumental considera  ideas a las personas infradotadas e irresponsables (como si los encargados del aparato estatal no hubieran demostrado  colosal irresponsabilidad una y otra vez). Para ser consistentes con aquella aseveración, habría que colocar un comisario a cargo de cada pensionado para evitar que al recibir sus emolumentos los destine a emborracharse en el bar de la esquina, con lo que se habrá cerrado el círculo orwelliano. Como he consignado en otras oportunidades, el caso argentino ilustra bien el tema: los inmigrantes preveían su futuro invirtiendo en propiedades inmobiliarias hasta que las perversas “conquistas sociales” de las leyes de alquileres y desalojos arruinaron a miles y miles de familias a las que obligaron a adherir a la estafa mayúscula pergeñada por el Leviatán, denominada con inmejorable humor negro “sistema de seguridad social”. Por otra parte, el lamentable abandono de los principios sobre los que está construida la institución familiar que a veces se observa, hace perder de vista que los hijos bien nacidos retribuyen de buen grado a los padres cuidándolos cuando los necesitan, del mismo modo que éstos se desvelaron por la prole cuando niños y hasta que dejaron el hogar para formar sus propias familias. Esta es la manera más natural, segura y afectuosa de atención de los padres después de cierta edad. Resulta bochornosa la excusa que se esgrime en ciertas oportunidades para no atender debidamente a los padres: la vida es muy complicada, como si lo hubiera sido menos cuando los hijos estaban al cuidado de los padres. Dicho sea como colofón de esta columna, desde la publicación de mi primer libro (a punto de cumplir cuarenta años desde que escribí su primera versión) tuve presente la importancia de abrir avenidas para debatir ideas. En este sentido, consigno que me satisface apuntar que ese libro -Fundamentos de Análisis Económico- del que se publicaron once ediciones (y que a partir de la sexta edición publicada por la Editorial de la Universidad de Buenos Aires -EUDEBA- lleva prólogo del premio Nobel en Economía F. A. Hayek y prefacio del ex Secretario del Tesoro del gobierno de EEUU, William E. Simon), fue el primer texto en el mundo hispanoparlante que introdujo en las universidades algunos aspectos clave de la tradición de la Escuela Austríaca de economía. Con ese trabajo y el resto de mis libros espero haya devuelto aunque más no sea en una proporción minúscula todo el alimento intelectual que he recibido y que recibo de grandes maestros. Junto con otros de mis ensayos de economía de esa época, aquel primer libro fue una de las razones por las que la Sociedad Científica Argentina me propuso y por lo que fui confirmado (tiempo ha) como uno de los Diez Jóvenes Sobresalientes en la tradicional selección anual, también resultó uno de los motivos que en su momento esgrimió el tribunal del concurso en la Universidad de Buenos Aires para designarme profesor titular y posteriormente para incorporarme como el miembro de menor edad en mi país que ingresó a la Academia Nacional de Ciencias (en la que ahora presido desde hace doce años la Sección Ciencias Económicas).
*Publicado en Diario de América, Nueva York.
 
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La traición: consecuencia directa y habitual de las listas sábana.

Sr. Director:

La traición de Julio Ledesma y Patricia Gardella a de Narváez no es un hecho anormal, casual o fortuito; sino la consecuencia directa y habitual de las listas sábana. Lo mismo ocurre en cada elección. Debajo del candidato conocido ingresan por arrastre una cantidad de legisladores que los votantes no conocen y cuya común característica es la apariencia o promesa de lealtad al jefe de la lista (aún si han pasado por diferentes administraciones como las de Menem, Duhalde y Kirchner). Cualquiera sea su pasado estos personajes encubiertos por las sábanas logran mantenerse en el poder. En cambio en un sistema electoral por circunscripciones uninominales, binominales o por voto único transferible, sistemas que se usan en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Chile, Australia, y la mayoría de los países desarrollados, los candidatos electos reúnen otras características: capacidad para organizar una campaña, recaudar fondos, oratoria, simpatía, inteligencia, preparación, sagacidad. Luego son juzgados por sus votantes quienes pueden reclamarle sobre su actuación, y no reelegirlos si se han desilusionado. Nuevamente queda demostrado que la verdadera Reforma Política empieza por eliminar las Listas-Sábana.

*Publicado por La Nación, Buenos Aires.
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Burocracia internacional

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Tengo en mi biblioteca un libro cuyo título ilustra en parte lo que expresaré en estas líneas: Organismos internacionales, expertos y otras plagas de este siglo de Ángel Castro Cid (aunque no toca los temas que abordaré aquí). El Fondo Monetario Internacional se estableció a raíz de los acuerdos de Bretton Woods al efecto de operar como un “banquero de banqueros centrales” (para financiar desequilibrios en las balanzas de pagos y mantener tipos de cambio fijos). Ya de por si la banca central constituye un serio peligro: cualquiera sea su política monetaria distorsionará los precios relativos ya sea expandiendo el dinero, si lo contrae o si deja la masa monetaria inalterada puesto que, de no mediar la intromisión la gente hubiera operado en otra dirección con sus activos monetarios. Si esto ya es un problema, lo es en mucha mayor escala si se refuerza con una institución como la de marras.

Con el tiempo el FMI fue transformando su misión y, junto con el Banco Mundial, se dedicó a “ayudar” a distintos gobiernos. Básicamente puede resumirse esta acción como que ciertos gobiernos cuyos países están en dificultades reciben suculentas transferencias por parte de estos organismos internacionales. Para ir por partes, los gobiernos en cuestión están en dificultades no debido al clima o la geografía sino debido a sus políticas como las de inflación, controles de precios, empresas estatales, reformas agrarias, gastos públicos en aumento, déficit fiscal, endeudamientos estatales alarmantes, regulaciones asfixiantes, corrupciones impunes, inexistencia de la división horizontal de poderes y, consecuentemente, justicia adicta al poder. Como consecuencia de todo este marasmo, se producen fugas de capitales (comenzando por los propios gobernantes que abren cuentas numeradas en lugares donde salvarán sus recursos malhabidos de sus propias tropelías) y los mejores cerebros también buscan refugio en otros lares. Frente a esta situación lamentable arriba el FMI y el Banco de Reconstrucción y Fomento (conocido como Banco Mundial) con carradas de dólares en préstamo (detraídos a los contribuyentes de los países miembros) a bajas tasas de interés y con períodos de gracia inauditos. Esto naturalmente incentiva a los gobernantes a continuar con sus políticas por más que se haga cosmética para engañar a los incautos. Como ya hemos apuntado en otras oportunidades, autores como Peter Bauer, Deepak Lal, Melvin Krauss, Karl Brunner, Anna Schwartz  y James Bovard han señalado reiteradamente estos problemas graves. Además, el FMI está rodeado de secretos en buena parte de sus operaciones por lo que economistas como Jeffrey Sachs insisten en que “se hace extremadamente difícil para observadores externos el preparar apreciaciones cuantitativas serias sobre las políticas del FMI ” y Dug Bandow consigna que la entidad “no informa debidamente sobre los convenios stand by y se niega a que hayan auditorias para sus préstamos” quien también destaca que “si un país incumple los acuerdos celebrados con el Fondo [en cuanto a los pagos] simplemente se otorga un waiver y se negocia un nuevo acuerdo para otorgar más préstamos y así sucesivamente”. También Roland Vaubel detalla los incentivos sumamente destructivos que establece este organismo internacional en un largo ensayo que lleva el sugestivo título de “El riesgo moral de los préstamos del FMI”.

Estos préstamos no solo han contribuido a establecer las condiciones para crisis espectaculares como las de Tailandia, Rusia, Argentina y Turquía sino que han servido para financiar proyectos inviables, elefantiásicos y de escandalosa corrupción como los de Tanzania, Indonesia, Argelia y Kenya y, asimismo, han servido para comprar armas usadas por los gobiernos contra sus propias poblaciones como han sido los casos resonantes de Etiopía, Zaire, Uganda, Vietnam, Tanzania y Camboya (rebautizada Kampuchea en la época del asesino serial Pol Pot).

Si se les cortaran los créditos a los países receptores de las “ayudas” de los referidos organismos internacionales, los respectivos gobiernos estarían frente a dos posibilidades: o modifican sus políticas estatistas y empobrecedoras, en cuyo caso retornarían las personas y los capitales expatriados y recibirían créditos sobre bases sólidas y razonables o, de lo contrario, si persistieran con las políticas socialistas, se verán forzados a buscar créditos en lugares como La Habana o Caracas pero no en Washington. Por otra parte, como has sugerido los economistas antes mencionados, aquellos organismos internacionales deberían liquidarse por altamente contraproducentes y dañinos y así, entre otras cosas, se evitarían también los subsidios cruzados, por ejemplo, entre los granjeros estadounidenses perdidosos con estas transferencias coactivas y las ganancias de lo banqueros de Wall Street ya que estos realizan préstamos a gobiernos corruptos y desarticulados que devastan a sus países solo porque cuentan con el paraguas protector del FMI y/o del Banco Mundial, cuyos burócratas viajan en primera con valija y pasaporte diplomático, se alojan en hoteles de lujo y perciben emolumentos y gastos de representación exorbitantes.

Otra de las instituciones internacionales que debería ponerse en la mira atenta es las Naciones Unidas. Los ideales de muchos de los que propiciaron originalmente la Liga y Sociedad de Naciones pretendían contribuir a la paz mundial, pero como profusamente documentado no solo la UN no ha servido para el logro de aquel propósito sino que ha fomentado los principios abiertamente opuestos a la sociedad libre, lo cual ha sido reiteradamente ratificado por las entidades dependientes de esa organización internacional como la FAO, CEPAL, UNCTAD y entidades con apariencia angelical como UNICEF, tal como explica detalladamente y con profusión de datos, por ejemplo, Burton Y. Pines en su estudio titulado “The US and the UN: Time for Reappriasal” y los medulosos trabajos recopilados en un libro de la Heritage Foundation titulado A World Without a UN en el que escriben Edward W. Erickson, John M. Starrels, George P. Smith, Nicholas Farnam, George Fauriol, Glen Mower, Michael Viahos, Partick J. Garrity y Maurice Tugwell.

Todas las personas que en el plano ejecutivo planearon la estructura funcional de las Naciones Unidas en su momento trabajaron para los soviéticos, tal como explica Orval V. Watts en su obra The United Nations: Planned Tyranny y como denuncia Edward Griffin en su The Fearful Master. A Second Look at the United Nations, los antecedentes de la mayor parte de los Secretarios Generales han sido y son de personas contrarias a la filosofía de la libertad, comenzando con el primer Secretario General, el comunista Trigvie Lie, lo cual es también aplicable al cargo clave de asistente al Secretario General para Asuntos Políticos del Consejo de Seguridad (que desde 1945 a 1963 inclusive, fueron todos comunistas militantes).

En estas épocas, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en plena tiranía castrista, decidió retirar a Cuba de países bajo vigilancia en materia de lesión de derechos, medida criticada incluso por entidades como Human Rights Watch que considera esa resolución “injustificada e inexplicable” (Ginebra, AFP y EFE, Buenos Aires, Clarín, junio 19 de 2007, p.21). La abierta bancarrota de la OEA acaba de ratificar aquella misma política.

Por su parte, entre tantas aberraciones, recuerda Paul Johnson en A History of The Modern World, que Idi Amín Dada “el caníbal con refrigerador”, pronunció un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el primero de octubre de 1975 y fue recibido con aplausos de pie y fue interrumpido con aplausos y nuevamente lo ovacionaron de pie al terminar su alocución en la que, entre otras cosas, propuso la extinción de Israel y, al día siguiente, el Secretario General -Kurt Waldheim- ofreció en su honor una comida de gala en su residencia oficial.

Las Naciones Unidas han sido inoperantes en los conflictos como los de Corea, Vietnam, Checoslovaquia, Hungría, Afganistán, Irán, Haití, Panamá, Somalía, Kosovo, Bosnia e Irak, en la mayor parte de los casos las votaciones en el Consejo de Seguridad y en la Asamblea General han entorpecido las defensas contra regímenes totalitarios.

Por último, es menester señalar que en tiempos modernos no se necesita el establecimiento de embajadas con todos los enormes gastos que ello demanda en residencias fastuosas, cancillerías, sueldos, honorarios, gastos de representación y viáticos. En tiempos en que existen medios de comunicación rápidos, no es lo mismo que antiguamente cuando los embajadores se adelantaban frente a conflictos varios. Hoy, mientras exista ese documento oprobioso como es el pasaporte, denunciado por pensadores de la talla de Salvador de Madariaga y Milton Friedman, es suficiente con un cónsul. En cuanto a las relaciones comerciales, debe destacarse la complicación burocrática que suelen imponer las representaciones diplomáticas. Ilustra lo superfluo del caso la situación de Guatemala que no mantiene relaciones diplomáticas con China y, sin embargo, es el país de América latina que lleva a cabo el comercio más voluminoso en relación a su población. Lo que ocurre es que opera un lobby de envergadura para mantener este boato inútil por parte de las pesadas estructuras diplomáticas en los diversos países, lo cual debe ser combatido si se quiere aliviar a las poblaciones de inmensas cargas fiscales a todas luces innecesarias.

En la época de las carretas tal vez la instalación de embajadas fuera útil al efecto de evitar o demorar conflictos de diversa naturaleza, dada la enorme lentitud en las comunicaciones. Hoy con las posibilidades de comunicación instantáneas -en tiempo real- esos costos no son necesarios, sin embargo, los intereses creados en los cargos hacen que se mantengan e incluso que se acrecienten. Esta dificultad de eliminar la burocracia inútil nos recuerda una disertación en 1978 de Ronald Reagan quien manifestó lo siguiente: “en Inglaterra, en 1803, se creó un nuevo cargo en el gobierno. Requería una persona en la colina de Dover con un catalejo y que debía tocar una campana cuando viera que avanzaba Napoleón. El cargo recién se eliminó en 1945”.

*Publicado por Diario de América, Nueva York.

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