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El mundo libre festeja el triunfo de Milei

Correlato Urquiza y Alberdi

 

Infobae.com - Espectacular ha sido el resultado electoral del gobierno del Presidente Javier Milei. Sus metas anunciadas en todos los foros locales e internacionales constituyen un ejemplo no solo para nuestro país sino para todas las naciones del planeta debido a su solvencia liberal. Sin duda que las restricciones políticas no permiten hacer todo lo propuesto pero sus medidas referidas a la desregulación a los efectos de sacar el peso del aparato estatal, las exhibiciones de curros inaceptables entronizados por estatismos anteriores, la contracción del gasto público en términos reales, la menor inflación como el más gravoso de los tributos y la seguridad en las calles son hasta el momento los logros más visibles.

 

Como ha dicho el Presidente falta mucho por hacer y sus proyectos en carpeta son de gran valor y profundidad que ahora los podrá ejecutar con mayor facilidad debido a la mayor representación en ambas Cámaras del Congreso puesto que hasta ahora los logros referidos se llevaron a cabo con eficientes pero muy escasas bancas parlamentarias. Como también ha expresado el primer mandatario apuntará a conversaciones y acuerdos con otras fuerzas que muestren coincidencias programáticas y con reformas de diversa magnitud.

Celebro mi cercanía con Javier desde que me invitó a almorzar en La Biela de Buenos Aires cuando estaba en plena faena académica y aun no pensaba incursionar en política. Desde esa ocasión en la que portaba mi Fundamentos de Análisis Económico todo subrayado no nos hemos dejado de frecuentar. A raíz de sus recientes manifestaciones en cuanto a lo inconducente de insultar y más bien centrar la atención en argumentar y debatir ideas, recuerdo que en un mano a mano que mantuve con él en la Universidad de Belgrano siendo Gustavo Lázzari moderador mucho antes de ser candidato dije en el micrófono que “yo no uso improperios en público no porque no tenga imaginación, más aun confieso que se me ocurren ideas bastante creativas pero si todos subimos la marca con insultos la sociedad se convierte en una cloaca”. En esa ocasión el aula magna de la universidad estaba colmada y hubo que habilitar tres locales adicionales con pantallas. Me impresionó la cantidad de jóvenes que asistieron pero me impresionó aun más el tipo de preguntas que formularon luego de nuestras respectivas presentaciones: tras los interrogantes se notaba que había mucha biblioteca. A nadie se le escapa que las influencias de Javier en el aula y más adelante su campaña política consistió en una serie sin interrupción de clases magistrales de economía y marcos institucionales.

Calaron hondo sus prédicas, primero en la universidad y luego en la tribuna política. Como he escrito antes en un paralelo con el fútbol, son clave las participaciones de los jugadores en la cancha pero sin hinchada no habrían equipos ni jugadores ni goles ni estadios. Como se ha señalado una y otra vez el trabajo intelectual siempre precede a la tarea política a los efectos de abrir caminos en la opinión pública. Por otra parte, John S. Mill ha escrito con razón que “toda buena idea pasa por tres etapas, la ridiculización, la discusión y la adopción”.

Dada la jerarquía de lo que viene ocurriendo en tierras argentinas es muy pertinente un correlato con lo que tuvo lugar con el advenimiento del espíritu liberal que nos convirtió en el aplauso del mundo libre antes que nos invadieran los estatismos. En este contexto es del caso subrayar los comentarios del actual Presidente en Tres de Febrero al destacar la gloriosa batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852 batalla a la que nos referiremos más abajo que puso fin a la tiranía rosista y abrió las puertas a la tradición de pensamiento liberal que ahora la cabeza del gobierno actualiza con permanentes referencias a la Escuela Austríaca principalmente vía los profesores Ludwig von MisesFriedrich HayekIsrael Kirzner y Murray Rothbard.

Tal como ha escrito Alberdi en Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853 “Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional: he ahí toda la diferencia. Después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios”.

Toda la historia desde nuestra llamada independencia hasta la Constitución de 1853/60 ha sido una seguidilla de desencuentros, ensayos fallidos, revueltas, caudillismos y la tiranía rosista. Apunta Juan A. González Calderón en Urquiza y la organización nacional que el primer golpe institucional tuvo lugar vía el decreto del Triunvirato el 7 de noviembre de 1811 disolviendo la Junta y los traspiés se reiteraron luego de la declaración en Tucumán, las fallidas cartas magnas de 1819 y 1826 y otras tentativas también fracasadas. Quedaron eso sí como antecedentes -denominados Pactos Preexistentes en el Preámbulo de nuestra Constitución- el Tratado del Pilar de 1820, Tratado de Benegas del mismo año (en la estancia en Arroyo de Medio en Santa Fe de mi chozno Tiburcio), Tratado del Cuadrilátero también en 1820, el Pacto Federal de 1831, los Acuerdos de San Nicolás de 1852 y el Pacto de San José de Flores de 1859.

Es sumamente reveladora la correspondencia compilada en Urquiza y Alberdi. Intimidades de una política de Ramón J. Cárcano al efecto de comprender la estrecha relación de ideales entre aquellos dos personajes decisivos del progreso argentino para dejar sentados y plasmar los valores y principios de la tradición de pensamiento liberal en instituciones fundamentales. Recordemos que el resultado de semejante hazaña permitió que nuestro país fuera el aplauso del mundo hasta que irrumpió el estatismo primero con Yrigoyen, luego con el golpe fascista del 30 y mucho peor aun a partir de la asonada militar peronista en el 43. Antes que eso los salarios e ingresos del peón rural y del obrero de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Francia, Italia y España, la población se duplicaba cada diez años y ostentábamos indicadores iguales y en algunos casos mejores que los de Estados Unidos.

Esta decadencia que el actual gobierno apunta con esmero a revertir, se sucedió debido a no prestar atención a lo vaticinado por Alexis de Tocqueville en El antiguo régimen y la Revolución Francesa en cuanto a que es frecuente que “en países con gran progreso moral y material la gente de esto por sentado, lo cual constituye el momento fatal”. Y así fue en nuestro caso lo cual permitió que en las cátedras universitarias y afines fueran permeando las ideas keynesianas, socialistas, de la CEPAL y afines, posturas aquellas que se fueron impregnando por la sociedad sin resistencia argumentativa debido a la desidia y abandono de supuestos defensores de la sociedad libre que pensaron que el progreso estaba garantizado por lo que habían hecho sus ancestros. Recién en el contexto de la situación actual se observan con esperanza profundizaciones en las ideas alberdianas apuntando a metas de gran contenido liberal expuestas en los foros internacionales más relevantes, esforzándose -con todas las restricciones políticas y trabas del caso- por recortar actividades de los aparatos estatales que resultan incompatibles con nuestra Constitución fundadora en una faena que no tiene descanso por todo lo que debe enmendarse y corregirse.

Estos esfuerzos se encaminan a lograr lo estipulado por Alberdi como recomendación central en la obra antes citada en cuanto a que “la propiedad sin el uso ilimitado es un derecho nominal […] El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública”. Y también “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía a Alejandro, que no le haga sombra.”

Caseros fue el punto de inflexión y la airosa largada para convertir la tierra argentina en una promesa cumplida de ejemplo civilizador para el mundo. Caseros culminó en la única sublevación militar exitosa en nuestro país, solo comparable a la rebelión de las colonias estadounidenses contra Jorge III y el peor desenlace de lo que va de la historia contemporánea fue la de Castro contra Batista que desembocó en hasta el momento sesenta y seis años de tiranía, convirtiendo a Cuba en una horrenda isla-cárcel. En nuestro caso (hasta 1916, según lo señalado más arriba con el inicio del estatismo) se puso fin al ciclo de discordias y divisiones internas de aquella época en las batallas de Cepeda de 1859 y Pavón en 1861 que condujeron a la unidad nacional donde Urquiza volvió a exhibir su hidalguía en este caso frente a Bartolomé Mitre.

Finalmente una referencia a la paradoja del conocimiento, un plano aplicado a la disciplina de la historia que tantos debates ha suscitado pero un asunto en rigor extensivo a todas las ramas del conocimiento. Recordemos que como enseña Karl Popper el conocimiento es fruto de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones. Desafortunadamente se suele decir que toda verdad debe ser acompañada de evidencia empírica que la sustente. Morris Cohen en Introducción a la lógica muestra que no solo esta afirmación no se apoya en evidencia empírica sino que ninguna proposición lo es ya que como reitera Popper nada en la ciencia es verificable empíricamente que, como queda dicho, todo es corroborable provisoriamente.

Sin duda las matemáticas prestan un servicio inmenso pero este tema deriva en el uso indebido de las matemáticas aplicadas a las ciencias sociales. Es por ello que economistas de la talla de James M. Buchanan, el antes mencionado Ludwig von Mises y Wilhelm Röpke se oponen al uso de aquella herramienta en su especialidad. Este último escribe en Más allá de la oferta y la demanda que “Cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si ha tomado inadvertidamente un journal de química o hidráulica […] Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad […] Tras los agregados pseudo-mecánicos hay gente individual, con sus pensamientos y juicios de valor.” También Hayek en su ensayo “Significado de los hechos en ciencias sociales” enfatiza el punto al mostrar el contraste entre los hechos observables en ciencias naturales y la inexorable interpretación de los mismos en ciencias sociales y también lo hace el matemático Paul Painlevé en “El lugar de las matemáticas en la economía” y explica que lo primero requiere medición y constantes mientras que en lo segundo prima la subjetividad del valor ya que el precio expresa intercambios de estructuras valorativas cruzadas (incluso el signo igual es improcedente puesto que si hubiera igualdad entre lo entregado y lo recibido no habría transacción posible). Incluso el trazado de las habituales curvas de oferta y demanda están mal representadas puesto que se trata de variables discretas y no continuas. La misma objeción se aplica a la idea de función.

En este último sentido se ha machacado que “dato mata relato” pero si eso fuera de ese modo con las abundantes estadísticas y cuadros disponibles ya se hubiera liquidado el relato. El asunto estriba en que habitualmente no se le dedica suficiente tiempo a la argumentación que precede al dato lo cual no invalida que se presente con datos que apoyan lo dicho previamente.

Cuando se incorpora una dosis de verdad se reduce el mar de ignorancia pero a la vez se abren nuevos interrogantes al ponerse al descubierto desconocimientos que aparecen en el horizonte pero, en el balance, aquel descubrimiento mitiga la ignorancia total. El primer día de clase en mi beca de posgrado en 1968 el profesor dibujó dos círculos de diámetro distinto en el pizarrón explicando que de ese modo ilustraba dos grados distintos de saber y que el resto de la superficie mostraba ignorancia (en aquel momento los pizarrones eran negros cosa que convertía en más lúgubre la referencia). A continuación nos invitaba a los participantes a que nos percatáramos de cuanto más es consciente de su ignorancia quien representa el círculo mayor, una circunferencia cuyo trazado está siempre más expuesto a lo desconocido.

En resumen, el mundo libre es hoy una fiesta debido a la resonante victoria de Javier Milei en las urnas y, sobre todo, en las mentes de las personas que han demostrado detestan volver a las siempre fallidas y empobrecedoras recetas estatistas, siempre con su característica honestidad que como he destacado antes lo demuestra hasta en el caso de evitar el telepronter en sus discursos donde se cala las gafas y lee sin disimulos ni complejos. El correlato Urquiza/Alberdi es inexorable y las reflexiones en torno al conocimiento hacen de apoyo logístico para evitar “la fatal arrogancia” que denunciaba mi maestro Hayek a quien invité tres veces a pronunciar conferencias en Buenos Aires.

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El centenario del nacimiento de Félix Luna: radicalismo y peronismo

 
El historiador Félix LunaEl historiador Félix Luna

No parece necesario recordar las hazañas investigativas del personaje de marras. Fundador de la conocida revista Todo es historia, miembro de las Academias Nacionales de Historia y de Ciencias Morales y Políticas, premiado en los foros más relevantes y escritor sobre los acontecimientos más destacados de nuestro país. Formaba parte de la vertiente del partido radical intransigente pero con rememoraciones de Marcelo T. de Alvear y por momentos de Leandro Alem.

En estas breves líneas tomo como pretexto a Félix Luna para aludir a algunos aspectos del desvío del radicalismo y y por otra parte lo que hace al peronismo como ejes medulares del estatismo y solo mencionaré como muestra al pasar y al correr de la pluma sus tres tomos titulados Perón y su tiempo como un modestísimo homenaje a esas 1447 páginas estampadas por quien tuve el gusto de conocer y conversar largamente en su oficina del centro de Buenos Aires y en Colonia del Sacramento. Fue encarcelado por Perón y torturado en 1951. Su abuelo fundó la UCR en La Rioja y su tío fue vicepresidente de Hipólito Yrigoyen.

Corre por mi cuenta decir que en este sentido conviene precisar que desafortunadamente con el tiempo el radicalismo fue cambiando de rumbo hasta producir un tajo -también radical- y separarse de los principios de su constitución original, primero en el gobierno de Hipólito Yrigoyen y luego a partir de la Declaración de Avellaneda en 1945 y después su incorporación a la Internacional Socialista con lo que se le dio la espalda al liberalismo inicial en línea con las propuestas de nuestro texto constitucional de 1853/60.

El fundador del radicalismo en 1895 aludió al “pérfido traidor de mi sobrino Hipólito Yrigoyen” (su padre era casado con Marcelina Alem, hermana de Leandro). Es del caso recordar algunos aspectos de los gobiernos de Yrigoyen en cuanto a sus 18 intervenciones federales a las provincias (14 de las cuales sin ley del Poder Legislativo), su desprecio por el Congreso al cual no visitó para la alocución inaugural, su rechazo a las muchas propuestas de interpelaciones parlamentarias, su insistencia con el incremento de la deuda estatal vía empréstitos, el aumento del gasto público, el incremento de gravámenes como el de las exportaciones, su indiferencia por la marcha de la Justicia quedando vacante la cuarta parte de los juzgados federales, la “semana trágica”, el comienzo del control de precios a través de los alquileres que derivó en el célebre voto en contra de tamaña disposición por parte de Antonio Bermejo en la Corte (escribió que “la propiedad no tiene valor ni atractivo, no es riqueza, propiamente, cuando no es inviolable por la ley y en el hecho”), las acusaciones de dolo no atendidas por hechos imputados en relación al área de ferrocarriles y la disposición de fondos públicos para lo que se denominó Defensa Agrícola y la clausura de la Caja de Conversión lo cual sentó la primera base para el deterioro del signo monetario.

Hipólito Yrigoyen y Marcelo T.Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear

Como una nota al pie, al efecto de ilustrar el ambiente del momento a contramano de todo lo propugnado por Alem, transcribo las declaraciones del ministro de gobierno -Carlos María Puebla- del primer gobernador radical de Mendoza José Néstor Lencinas (aunque luego enemistado por razones de poder político con Yrigoyen): “La Constitución y las leyes son un obstáculo para un gobierno bien intencionado”. Por su parte, a Yrigoyen no lo caracterizaba la modestia, por ejemplo -en lo que puede entenderse de su lenguaje oscuro y generalmente incomprensible- escribió en Mi vida y mi doctrina: “Estoy profundamente convencido de que he hecho a la patria inmenso bien y poseído de la idea de que quien sabe si a través de los tiempos seré superado por alguien, y ojalá que fuera igual.”

Luego de la primera presidencia de Yrigoyen se sucedió el interregno de los “antipersonalistas” de la mano de la buena presidencia de Alvear para luego recaer en el segundo mandato de Yrigoyen, depuesto por la revolución fascista del 30 con la creación de la banca central, las juntas reguladoras, la destrucción del federalismo fiscal y el establecimiento del impuesto a los réditos, para más adelante -con el golpe militar del 43- acentuar notablemente el estatismo en medio de corrupciones alarmantes, controles cambiarios, de precios, de arrendamientos y alquileres, detenciones y persecuciones arbitrarias y torturas lo cual se agudizó en la última etapa con las matanzas de la Triple A, continuación de un sistema quebrado para los jubilados y sindicatos autoritarios basados en el fascismo mussoliniano que perjudicaron (y perjudican) especialmente a los más necesitados.

Juan Peron Juan Peron

En este último contexto es que Félix Luna desmenuza parte del historial lúgubre del peronismo en la aludida terna bibliográfica que comienza en el primer tomo del primer capítulo en dos líneas: “ Las condiciones en las que Perón recibió el poder en 1946 eran excepcionalmente favorables.” Recordemos que desde la Contitución alberdiana hasta Yrigoyen y el referido golpe fascista, nuestro país era la admiración del mundo. Los salarios e ingresos del peón rural y del obrero de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Francia, Italia y España, al mismo nivel de los de Inglaterra de la época, la población se duplicaba cada década y teníamos indicadores iguales y en algunos casos mejores que los de Estados Unidos.

Por su parte Alem, - un notable jurisconsulto jeffersoniano- firmó un documento denominado Declaración de Principios como presidente de la Unión Cívica el 23 de noviembre de 1891 junto a Joaquín Castellanos, Carlos A. Estrada, Daniel D. Tedín y Abel Pardo, conocido como Manifiesto Radical. El nombre de Unión Cívica Radical se lo utilizó oficialmente a poco andar aunque ya se utilizaba con anterioridad tal como queda consignado, por ejemplo, en carta de Alem a Bernardo de Irigoyen publicada con el título de “Mensaje y Destino”.

Las ideas y principios de Leandro Alem se reprodujeron en muy diversos medios pero para los fines de esta nota periodística transcribo y comento algunos pocos conceptos vertidos por este referente político que resumimos en tres capítulos. En primer lugar un pasaje clave del antedicho documento respecto a los bancos estatales y el emisonismo: “Es una conciencia argentina que el mal se ha producido por el exceso de oficialismo y de que los bancos oficiales han sido el agente activo de la ruina y la fortuna pública […] El banco oficial constituye un peligro permanente porque siempre será un medio político sujeto de las pasiones partidarias. Trabajar entonces contra este género de establecimientos es hacer obra de cordura y patriotismo […] Otro tópico digno de fijar la atención pública es el de poner límite a las emisiones fiduciarias y asegurar al país contra las leyes de curso forzoso.”

Segundo, un alegato formidable en defensa del comercio internacional libre expresado el 24 de agosto de 1884 en el periódico El Argentino que dirigía Alem: “¿Es justo, es legal, es equitativo, despojar a la colectividad para que vivan, prosperen y se enriquezcan media docena de industriales? Y es aquí donde viene como anillo al dedo el corolario que hablamos, o para que se nos entienda mejor, donde cuadra perfectamente el estudio de las consecuencias lógicas a que puede dar lugar la prosecución del sistema proteccionista. No habrá una sola persona medianamente sensata que nos niegue uno de los efectos de la fijación de los derechos de aduana y la elevación gradual que las tarifas aduaneras ha producido […] la miseria del pobre.”

Tercero, del discurso de Alem sobre la federalización de Buenos Aires en la Legislatura de Buenos Aires el 4 de noviembre de 1880: “La tendencia autoritaria se desenvuelve entre nosotros de una manera alarmante. Son los partidarios de esa escuela que atribuyen al ´poder social´ derechos absolutos e independientes sin pensar que sólo es un encargado de armonizar y garantir los derechos de los asociados. Son los que pretenden la infalibilidad de ´la autoridad suprema´ […] Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil […] No hay progreso económico si no hay una buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades […] Si, gobernad lo menos posible porque cuanto menos gobierno tenga el hombre, más avanza su libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad.”

Félix Luna no participaba del liberalismo clásico pero era un republicano amante de instituciones libres y antes que nada un caballero y un estudioso de la historia. En los tomos sobre Perón el autor destaca las arbitrariedades, las persecuciones. El primero y el último de los subtítulos revelan su preocupación y ocupación: “La Argentina era una fiesta” antes del advenimiento de ese estatismo asfixiante y “El régimen exhausto” como resultado de tanta malaria.

Algunos ya nos estamos poniendo grandes para que nos machaquen sandeces mayúsculas que contradicen abiertamente nuestra historia. Hay que mantener algo de pudor y abstenerse de presentar al peronismo como algo razonable. Mario Vargas Llosa con razón ha dicho que “el peronismo es la fuente de todos los males argentinos” y Jorge Luis Borges consignó: “Pienso en Rosas con horror como pienso en Perón con horror”. Ningún observador serio puede entender la monotonía del colapso en la que estaba enrredado nuestro país antes del actual gobierno.

Como muestra subrayo cuatro de los pensamientos de Perón, suficientes como para ilustrar su catadura moral. En correspondencia con su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190). A lo que cabe agregar la vergonzosamente laudatoria carta de Perón a Mao el 15 de julio de 1965 en medio de las horrendas y repetidas masacres de ese nefasto régimen, misiva que comienza con “Mi querido Presidente y amigo”.

También proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y letra dirigida al Secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza). En otra ocasión anunció que “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947). Por último, para ilustrar las características del peronismo, Perón consignó que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).

Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos.

A nuestro juicio la razón por la que se prolonga el mito peronista se basa en la intentona de tapar lo anterior con una interpretación falaz de lo que ha dado en llamarse “la cuestión social” en el contexto de la imposición de un sistema sindical copiado de Mussolini, leyes de alquileres y desalojos que arruinaron los patrimonios de tantas familias de inmigrantes, una inflación galopante que se pretendió disimular con controles de precios para “atacar el agio y la especulación”, con una colosal cerrazón del comercio exterior administrado por el corrupto IAPI, el abrupto aumento de la pobreza y una degradación en todos los niveles gubernamentales.

En este sentido de “lo social”, transcribo una carta del Ministro Consejero de la Embajada de Alemania en Buenos Aires Otto Meynen a su “compañero de partido” en Berlín, Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M, fechada en Buenos Aires, 12 de junio de 1943, en la que se lee que “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ´Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete´” (copia de la correspondencia mecanografiada la reproduce Silvano Santander en Técnica de una traición . Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p.56). La cita de Perón es usada también por Santander como epígrafe de su libro.

Las redistribuciones de ingresos operadas desde los aparatos estatales necesariamente van a contramano de las asignaciones realizadas por los consumidores según sean sus prioridades y requerimientos. La manía del igualitarismo, es decir, la guillotina horizontal se traduce en una pésima utilización de los siempre escasos recursos lo cual indefectiblemente empobrece. El estatismo termina por favorecer a pseudo empresarios que se alían con el poder político para usufructuar de privilegios que permiten explotar miserablemente a sus semejantes.

Por su parte, Winston Churchill el jueves 6 de octubre de 1955 -cinco meses después de haber dejado su cargo como Primer Ministro- condensó ante la prensa internacional la política que comentamos en esta nota periodística de la siguiente manera: “Perón es el único soldado que ha quemado su bandera y el único católico que ha quemado sus iglesias.”

De más está decir que lo señalado no es para ex peronistas que se han percatado de su error quienes son recibidos con los brazos abiertos por el espíritu liberal, demás está decir que lo mismo le cabe a los radicales que apuntan a la vuelta a sus fuentes. Las lecciones impresas en los múltiples textos de Félix Luna quedarán grabadas en las mentes de todas las personas de buena voluntad que desean el bien de la República al efecto de debatir propuestas hoy en un contexto donde el actual gobierno ha reiterado una y otra vez a metas nobles que deben cumplirse para bien de todos.

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Un reconocimiento a una vida dedicada a la libertad

Nos llena de orgullo anunciar que nuestro Presidente del Consejo Académico de Fundación Libertad y Progreso, Alberto Benegas Lynch (h), ha sido distinguido con el premio “Una vida por la libertad”, otorgado por la Fundación Caminos de la Libertad, en reconocimiento a su incansable labor intelectual y su compromiso con los valores del liberalismo clásico.

Este prestigioso galardón ha sido entregado anteriormente a figuras internacionales como Mario Vargas Llosa, Mijaíl Gorbachov, Ron Paul, Niall Ferguson, Václav Klaus y Arnold Harberger, todos referentes de la defensa de la libertad individual, el pensamiento crítico y el progreso humano.

Desde Libertad y Progreso celebramos este merecido reconocimiento a quien ha dedicado toda su vida a difundir las ideas de la libertad con rigor, pasión y coherencia.

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Sapo de otro pozo

INFOBAE Sapo de otro pozo es el título de mi autobiografía de cierta extensión, no publicable e incompleta destinada a mi queridísima e indispensable María con quien llevamos 60 años de matrimonio, a mis tres hijos y a mis siete nietos, pero en esta ocasión me quiero circunscribir muy telegráficamente y al correr de la pluma a los vericuetos y recorrido solo de un aspecto medular sobre mis ideas liberales al efecto de poder apreciar y sopesar adecuadamente lo que hoy sucede en nuestro país con el actual gobierno.

Dedico esta columna a mi querido amigo el eximio jurista Alejandro Fargosi quien en un intercambio reciente se refirió a mi ingrata faena de batallar en todos los frentes posibles por el liberalismo en épocas en que esa posición resultaba rechazada en todos los círculos de nuestra sociedad a pesar de haber sido adoptado con éxito colosal en época lejana. Esta reflexión de Alejandro me inspiró para el presente texto.

Es muy difícil trasladar en palabras la muy densa atmósfera que se vivían en los tiempos en los que se intentó reflotar las ideas alberdianas abandonadas desde hace mucho tiempo. No solo era irrespirable el ambiente por incomprensiones manifiestas por todos lados sino que se sufrían agresiones verbales difíciles de digerir no solo en encuentros académicos sino en reuniones sociales y laborales. Esto debe ser tomado muy en cuenta al momento de abrir juicios sobre el actual gobierno.

 

Fui a siete colegios, cinco en Argentina y dos en Estados Unidos. Los primeros fueron el Ángel Gallardo, el Cardenal Newman, el Salvador, el St. George´s College y la Escuela Argentina Modelo. En el segundo caso The Priory School y Archbishop Carroll High School. Nunca estudié nada y por ende era un muy mal estudiante siempre atento a los deportes como el rugby y el tenis y muy entregado a las piruetas de la vida social. No sé como me recibí de bachiller.

Muy curiosamente todo se modificó cuando ingresé a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina. Conjeturo que el cambio para ser apegado al estudio se debió a que a esta altura me percaté de la soledad de mi padre en su lucha por explicar y difundir la tradición de pensamiento liberal. Mi padre en 1942 comenzó con un seminario en la Universidad de Buenos Aires con Carlos Luzzetti que luego terminó su doctorado en economía en la Universidad de Oxford, William L. Chapman que luego fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas de esa casa de estudios, Juan José Gollán (h) que más adelante cambió de carrera y fue decano de la Facultad de Filosofía y Letras también de la UBA. El seminario consistía en estudiar y discutir el libro recién publicado por el Fondo de Cultura Económica titulado Prosperidad y Depresión cuyo autor era Gottfried Haberler quien por entonces enseñaba en Harvard pero con anterioridad había participado en seminarios dirigidos por Ludwig von Mises en Viena a quien precisamente mi padre invitó en 1959 a dictar conferencias en Ciencias Económicas de la misma universidad donde tenía lugar el seminario original, oportunidad del mencionado decanato de Chapan.

Esas conferencias fueron publicadas en forma de libro por Unión Editorial de Madrid que más adelante me invitó a prologar y en 1968 tuve el privilegio de asistir a las últimas clases de Mises en la Universidad de New York. Mi padre fundó el Centro de Estudios Sobre la Libertad hacia fines de los ´50, entidad que invitó a muy diversos profesores de distintas partes del mundo a disertar y dictar cursos y tradujo y publicó numerosos libros al tiempo que editó la revista Ideas sobre la Libertad con trabajos que abrían y estimulaban debates sobre aspectos filosóficos, económicos, históricos y jurídicos en torno a la libertad, en contraste con las acepciones colectivistas en boga.

En todo caso, este clima hogareño despertó en mí el deseo de prepararme para poder argumentar respecto a las ventajas de una sociedad libre. Así fue que puedo decir que toda mi trayectoria en la carrera de grado de la que egresé en 1964 y en los dos doctorados que completé (doctor en economía en la UCA y doctor en ciencias de dirección en la UADE) me las pasé discutiendo con profesores y colegas puesto que las ideas predominantes eran las socialistas-keynesianas. En verdad la expresión “liberal” en esos tiempos equivalía a un insulto de grueso calibre.

Las invitaciones que recibí para incorporarme como asesor económico de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires por parte de Alberto Servente, de la Sociedad Rural Argentina por parte de Guillermo Alchouron, de la Cámara Argentina de Comercio y del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CIPYP Continental) en ambos casos por parte de Armando Braun, me permitieron tomar contacto estrecho con el mundo empresario por lo cual puede fundar con un distinguido grupo de hombres de negocios ESEADE en 1978 que fue la primera institución de posgrado independiente de la universidad con la idea de introducir en la estructura curricular debates sobre tradiciones académicas desconocidas en nuestro medio. Esta aventura también me significó arremeter contra todas las concepciones vigentes, en verdad una faena muy desgastante y cuesta arriba en la que me desempeñé como rector durante 23 años.

Hasta diría que en otros cargos muy variados como cuando fui miembro de la Comisión de Cultura del Jockey Club me ví obligado a involucrarme en largas discusiones con algunos de los otros miembros. Para no decir nada de mis desempeños como profesor titular en cinco carreras de la UBA: Ciencias Económicas, Derecho, Ingeniería, Sociología y Filosofía y Letras. También en el doctorado en economía de la UCA y como director del Departamento de Economía en la UNLP. Para dar una idea del ambiente predominante cuando fui a dar mi primera clase en Filosofía y Letras un celador me dijo “tenga cuidado con lo que dice porque acaban de tirar al profesor de Lógica por la ventana”. En Derecho fui el primer no abogado que ganó un concurso por lo que uno de los profesores me confesó que se había opuesto a mi incorporación por ese motivo, hace poco esta idea absurda de nichos afortunadamente se derrumbó como consecuencia que mi ahijado de tesis doctoral en economía Juan V. Sola (también doctor en derecho y ahora profesor emérito de la UBA) introdujo en nuestro país la muy antigua tradición anglosajona de Law & Economics. En resumen, también en estos ámbitos resultaba sumamente espinoso seguir machacando con los fundamentos de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana) no solo con alumnos sino con otros profesores que muchas veces pretendían interferir de muy diversas maneras y agitaciones sindicales de diversa escala.

De más está decir que en aquellas épocas turbulentas y solitarias -especialmente de los años 70- hubo intelectuales de gran valía que acompañaron y tomaron con firmeza la posta liberal que ayudó enormemente a que se abra camino el ideario alberdiano, quienes también pagaron altos costos por su prédica.

Ayudó mucho a mi formación haber tenido la inmensa suerte de conocer personalmente a grandes maestros del liberalismo, algunos de los cuales tuvieron la generosidad de prologar libros de mi autoría. Y en las tres Academias Nacionales a que pertenezco observo que se han aplacado discusiones que se repetían con otros integrantes que me tomaban como un empecinado en la contracorriente con presentaciones que estimaban fantasiosas.

Ahora cuando a uno lo invitan a universidades extranjeras a dictar cursos o mis clases regulares en UCEMA parecen situaciones normales pero hubo que recorrer y absorber una buena dosis de ingratitudes por la incomprensión y rechazo abierto al liberalismo que he definido en uno de mis primeros libros como “el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros” lo cual ha sido citado en múltiples oportunidades por el actual Presidente.

Esta píldora que describo en esta nota periodística es al solo efecto de que tengamos presente el incendio colosal del que provenimos y comprender las inmensas dificultades que atraviesa el actual gobierno con restricciones políticas y palos en la rueda mayúsculos. No puede entonces procederse como si viniéramos navegando en el mejor de los mundos. Los esfuerzos por desregular, la exhibición de curros purulentos en el área estatal, la mayor seguridad en las calles, la reducción del gasto público en términos reales, la contracción del proceso inflacionario y la consecuente disminución de la pobreza son datos muy estimulantes. Desde luego que hay mucho por hacer, corregir y discutir lo cual ha sido enfatizado una y otra vez por las actuales autoridades que hasta el momento bastante han hecho con una mínima representación parlamentaria.

Por supuesto que nada puede darse por sentado, la lucha es cotidiana. El problema argentino consistió en haber descansado en los laureles de un país de envidiable prosperidad desde la Constitución alberdiana de 1853/60 hasta que arribaron los estatismos en algunos casos fruto del voto popular y otros vía dictaduras militares, éstos últimos mucho más graves que los primeros pero siempre consecuencia del antes aludido dejarse estar y equivocadamente pensar que la libertad está garantizada, por ello el célebre dictum de Jefferson: “El precio de la libertad es su eterna vigilancia”. Conjeturo (y espero) que en nuestro medio se haya madurado lo suficiente para estar muy alertas a los avances injustificados del aparato estatal que asfixian vidas y haciendas de terceros.

Cierro con dos reflexiones, la primera alude a la muy precisa lección reflejada en Isaias (1:9) donde se subraya que toda buena idea siempre comienza con “un residuo minúsculo”. En esta línea argumental, como he consignado antes en un correlato deportivo, en el fútbol son importantes los jugadores y sus goles pero no habría jugadores, ni equipos, ni partidos, ni estadios si no fuera por la hinchada. Como han señalado una y otra vez nuestros grandes maestros, el trabajo intelectual es absolutamente indispensable para que tenga éxito la política. Agradezco vivamente los tan valiosos esfuerzos académicos realizados en una larga cadena de aportes de quienes nos antecedieron en este debate en el que nunca hay palabras finales tal como, entre otros, explica en detalle el historiador Ernst H. Gombrich que en ese sentido reza el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba.

política argentina, análisis político

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