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Populismo = Peronismo = Pobrismo = Kirchnerismo = Duhaldismo = Sciolismo = Aumento de pobreza

En 2010, después de 8 años de kirchnerismo y 27 años de peronismo hegemónico,la pobreza alcanza al 30 / 35% de la poblacion. Las villas miseria no paran de crecer.Hay 2.000.000 de personas con casas precarias, incluso con piso de tierra. Entre 1983 y 1985 la pobreza era de entre un 3% y un 5%. El gasto público de 2010 alcanza los US$ 146.000 millones (por año).

Una casa decente cuesta US$ 30.000  (las de Un Techo para mi país cuestan USD 1.500).Solucionar las viviendas de TODOS los que viven en las villas cuesta US$ 60.000 millones. Se puede financiar a 10 años, es decir, unos US$ 6.600 millones anuales (incluyendo intereses), osea, el 4,5% del gasto público anual.

CON EL 4,5% DE LO QUE GASTA EL ESTADO ES SUFICIENTE PARA ELIMINAR TODAS LAS VILLAS MISERIA DE LA ARG. (Podría hacerse en dos períodos electorales, 250.000 casas por año o más rápido). A esto habría que agregarle la construcción de cloacas, agua corriente, electricidad, 16.000 km de autopistas, calles asfaltadas, hospitales. Para todo esto bastaria con destinar un 2% adicional. Se generarían dos millones de puestos de trabajo.

¿Por qué no lo hacen?

Porque los peronistas tienen que alimentar el sistema de punteros-clientela. Este sistema distribuye todo tipo de planes descansar, empleos públicos, comida, asistencia social de todo tipo, etc, etc.La ventaja de este sistema es que los punteros son los que "entregan" los beneficios y conocen las "necesidades" de cada familia pobre. Se crea un lazo afectivo y un piso de votantes en cada intendencia.

Mientras tanto, toda la cadena de reparto permite que desde el primero al último eslabón puedan quedarse con algo y lo hacen.   En toda la cadena de reparto, a ninguno le conviene que haya menos pobres. De hecho les conviene que haya más pobres. Por eso se alienta tambien a que vengan los pobres de los países vecinos. Muchos que quieren trabajar, pero se desalienta el trabajo y se alienta el sistema de vida clientelar, parásita.

Tampoco quieren ni les conviene que la gente sea dueña de la tierra, por eso impiden que se hagan loteos para pobres como en la década del 70. Por eso no entregan, ni venden, títulos de propiedad sobre las tierras fiscales que ocupan las villas, ni solucionan el problema de las tierras ocupadas, permiten la ocupacion pero no dan la propiedad.

El hecho de que la gente tenga una propiedad precaria los debilita, les hace ser más temerosos y dependientes del sistema de punteros-clientela, que asegura protección. Para dar un ejemplo, el gobierno de Macri acaba de descubrir que una Villa Miseria ubicada en Villa Soldati, se encuentra en tierras fiscales (no lo sabian), para descubrirlo existe una oficina con un presupuesto anual de $ 60 millones. Hace tres años que trabajan en ese tema. Todavía no entregaron ni un sólo título, pero el departamento de la Corporacion Sur tiene presidente, vicepresidente, directores, y mucha, mucha política...

Esta es una brevísima síntesis que explica por qué hay 10 veces más pobres que en la década del 80.

Nuestro problema señores, es el sístema populista de punteros-clientela que distribuye beneficios sociales, que transforma a personas útiles en parasitarias.

11.000.000 de personas viven de un cheque del Estado...

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Transformar a la Matanza en LA ESPERANZA

“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía.” Mariano Moreno

La desaparición repentina del principal actor político de nuestro país invita a la reflexión. En pocos días, toneladas de tinta intentan pintar un rompecabezas, entrever quién tomará la posta, quién rodeará a la presidente, habrá una retirada ordenada o caótica, un futuro con Scioli o un intento de retener un poder con demasiadas cabezas enfrentadas en categorías amigo-enemigo.

Pero la gran discusión de nuestros tiempos persiste imperturbable por encima de las sesudas disquisiciones de los analistas coyunturales. Esto es, si nos mantendremos dentro de la esfera del populismo, una ideología que tiene una visión política centrada en el conflicto permanente, el antagonismo, la puja distributiva, la necesidad de un líder carismático que pueda “articular” la infinidad de demandas sociales, con la amenaza siempre latente de caer en una despiadada lucha de clases ante su ausencia. O bien, si lograremos consolidar instituciones que regulen los distintos derechos de las familias e individuos que componen nuestra sociedad, apostando a la cooperación con libertad y entusiasmo para desarrollar nuestro país, buscando cada uno su propia felicidad individual y al mismo tiempo, y sin conflicto, ayudar a nuestro prójimo voluntariamente.

La primera alternativa, tal como la describe el filósofo Laclau, surge en las sociedades donde existen una cantidad de demandas insatisfechas de los vecinos del campo y de la ciudad, algunas por temas de salud, otras por salarios, otras referentes a la vivienda, a la seguridad, y tal vez algunas sobre educación. Lo que tienen en común es que no son satisfechas por el Estado, esto permite crear una identidad de los de abajo frente a instituciones que ignoran sus demandas. De esta forma surgen las que Laclau llama “demandas equivalenciales”, es decir, demandas que tienen un componente particular que deja de atenderse y que se suman a un conjunto difuso de demandas que sólo tienen en común que no son atendidas por el Estado. Estas demandas no son procesadas por el sistema institucional y aparecen aglutinadas por un líder que dice enfrentar al sistema, y lo hace con un discurso meticulosamente preparado para ser ambiguo, vago, obscuro. El líder con el objeto de unificar las demandas elige un enemigo interno que estigmatiza y a quien adjudica todos los males, “la p… oligarquía”, “los cipayos”, “los contras”, “los enemigos del pueblo”, “los blancos”.... Ese sector es excluído de la sociedad y el resto pasa a ser un todo al que denominan “pueblo”. En esta visión entonces, de un lado queda el líder que defiende al “pueblo”, y del otro, los oligarcas que están unidos con las potencias extranjeras para explotar al “pueblo”.  El líder verdaderamente populista logra entonces desarrollar una relación libidinosa con el pueblo, es decir, que el pueblo proyecta parte de su líbido sobre el líder. El líder entonces logra super-poderes para “articular” el conflicto, negociando con las corporaciones de sindicatos, empresas nacionales, empresas extranjeras, la iglesia, etc., alternando la zanahoria y el garrote, y con la amenaza siempre latente de un caos mayor o hasta de una guerra civil. Las grandes empresas aceptan este estado de cosas e intentan aprovecharlas en su favor obteniendo “protecciones o subsidios” especiales. Las masas populares son tranquilizadas con el discurso agresivo por el que se sienten protegidos por un lado y con el sistema de punteros que otorga beneficios sociales (incluyendo salud, vivienda, planes de ayuda, etc.) a cambio de favores políticos.

De todos modos, el populismo argentino de hoy día no sería un populismo puro -como el de Chávez o Perón- dado que el líder no actúa cara a cara con grandes masas sino que lo hace a través de los medios (mediatiza) y, por lo tanto, las masas no actúan tan irracional y degradadamente como actúan la multitudes (en el análisis freudiano) sino en algún punto intermedio que podemos denominar “el público”, de allí la importancia de controlar los medios. Además, utiliza al Estado administrado por el tradicional sistema de punteros, cada uno con su clientela, a quienes va satisfaciendo sus necesidades puntuales sin llegar nunca a que logren salir de la pobreza por sus propios medios. Laclau llama a este un sistema “semi-populista”.

El filósofo Laclau tiene una visión estructuralista posmoderna con raíces en Lacan, Freud, Gramsci, Hegel, Marx. Para él el populismo no es malo sino una forma de construcción de lo político inserta en un proceso histórico, es un análisis racional de cómo articular una sociedad que está necesariamente en conflicto,  y puede ser tanto de izquierda como de derecha sin que esto altere su estructura esencial.

Enfrentada a esta forma de hacer política se encuentra el enfoque institucionalista que también puede ser de derecha, liberal o de centro izquierda, como pueden ser los casos de Suiza, Australia, Canadá, o Suecia y el resto de los países escandinavos. En este sistema las demandas de las personas son diferenciadas, cada una es tratada por separado -salud, educación, seguridad, empleo, más o menos impuestos, etc.- en el lugar que corresponde, y van resolviéndose de una manera democrática y republicana. El presupuesto pasa a ser la herramienta principal de gobierno y la toma de decisiones presupuestarias es mucho más descentralizada, y por ende, permite mayor participación ciudadana, para definir las diferentes prioridades de cada ciudad.

Según Laclau esto implicaría la desaparición de la política para dar lugar a la administración que resuelve cada demanda individual. Pero esto no es así, simplemente la política se encarrila dentro de las instituciones democráticas y la gente va eligiendo a sus representantes, debatiendo y obteniendo consenso para lograr ciertas acciones del Estado.

El institucionalismo requiere una sociedad compuesta por ciudadanos comprometidos con la política, involucrados en el proceso de toma de decisiones, no sólo para votar en las elecciones, sino en todos los diferentes niveles. La democracia que tenemos en Argentina desde 1983 tuvo como resultado un aumento de la pobreza de un 5% al 35%. Si queremos cambiar el rumbo se requiere desesperadamente mayor participación ciudadana y mayor calidad en dicha participación.

Por fortuna, las nuevas tecnologías hacen cada vez más viable bajar el poder al ciudadano para que sea él mismo quien tome las decisiones. La principal herramienta anti-populista será el presupuesto participativo, para lo cual requiere que los ciudadanos participen en la transparencia, control y toma de decisiones.

Finalmente, creemos que la mejor forma de superar el antagonismo, el conflicto y la lógica amigo-enemigo, es acercarse a la Matanza y colaborar para resolver las demandas puntuales de esa localidad que es el corazón del populismo. Allí, las ONG´s, los pools de siembra, las organizaciones sociales locales y las empresas pueden colaborar para resolver problemas concretos como la regularización de la propiedad, servicios esenciales para todos, electricidad, agua corriente, cloacas, calles asfaltadas, educación de excelencia, incluyendo el programa “one laptop per child”, hospitales. De este modo, la Matanza se transformará en la Esperanza.

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Un poco de Sócrates

Por Alberto Benegas Lynch (h)

“Para novedades, los clásicos” es la oportuna fórmula anónima. El personaje ateniense de todos los tiempos es uno de los tres que más ha influido en la historia de la civilización junto con Jesús y Marx. El último fue una representación cabal de la negación del libre albedrío y el consecuente aval al determinismo físico, es decir, el repudio a la condición humana. Los dos primeros fueron una muestra de la degradación de la idea de la democracia, en un caso las votaciones para su exterminación fueron de 281 contra 275: por una mayoría de 6 votos se condenó a muerte a un filósofo de setenta años por defender valores universales de justicia. En el otro caso, no hay registro de números ya que Pilatos recurrió al procedimiento de la mano levantada entre un grupo muy numeroso, pero también se condenó a muerte al más excelso defensor del bien a los treinta y tres años de edad, al tiempo que, a cambio, se liberó de prisión al canalla de Barrabás. Estos dos acontecimientos que avergüenzan la historia de la humanidad, constituyen los primeros casos de kleptocracia superlativa bajo el ropaje de la “bendición” de mayorías ilimitadas, luego vendrían los Hitler, Allende y Chávez en lo que parece ser una interminable galería de tremebundos fiascos.

Sócrates era hijo de un escultor y una partera por eso decía que su inclinación siempre fue la de “parir ideas” y de “esculpir en el alma de las personas en lugar de hacerlo en el mármol”. A pesar de que un presidente argentino, a la pregunta de un periodista en Roma, respondió que su lectura preferida eran “las obras completas de Sócrates”, igual que Jesús (salvo un garabateo en la arena), aquél nunca escribió nada público, lo cual, naturalmente, no significa una diatriba contra las bibliotecas como el mayor acervo cultural con que cuenta la especie humana.

A juicio del que estas líneas escribe, las mejores descripciones de las contribuciones socráticas, con sus diversos matices, son las de A. E. Taylor (El pensamiento de Sócrates), Gregory Vlastos (Socratic Studies), Romano Guardini (La muerte de Sócrates), W. K. C. Guthiere (Socrates), C. D. C. Reeve (Socrates, the Apology), Norbert Bilbeny (Sócrates. El saber como ética), Robert Nozick (“Socratic Puzzles” en su obra del mismo nombre) y, naturalmente, la obra de Jenofonte y la de Platón (aunque este último haya patrocinado enfáticamente el comunismo en los Libros v al vii de La República basado en el postulado absurdo y contraproducente del “filósofo-rey”, lo cual revela no haber entendido uno de los ejes centrales de su maestro). Incluso se obtiene provecho de posiciones opuestas a las anteriores como las consignadas en el libro de I. F. Stone The Trial of Socrates, donde aparecen aquí y allá ajustadas descripciones de la época pero enmarcadas en la incoherente pretensión del autor de lograr en el futuro una “síntesis liberadora entre Marx y Jefferson” y en un revisionismo infundado del proceso al filósofo ateniense.

En estos tiempos de zozobra e inquietudes sobre la dirección de los acontecimientos, hacer un alto en el camino y darle la bienvenida a un baño de luz socrática a través de sus enseñanzas infunde renovadas fuerzas y fortalece en alto grado las esperanzas, a veces un tanto debilitadas y alicaídas. Posiblemente una de las formas de captar la notable riqueza de las múltiples facetas de Sócrates consiste en pasar revista a los puntos medulares de sus enseñanzas, las cuales podemos dividir en cuatro grandes capítulos que mencionamos muy telegráficamente a continuación.

Primero, la importancia de sabernos ignorantes y de someter los problemas a la duda y a la confrontación de teorías rivales. Ubi dubiam ibi libertas (donde hay duda, hay libertad) reza el aforismo latino, puesto que si hay certezas de nada sirve la libertad ya que el camino es necesariamente uno. De allí la muy higiénica separación entre el poder político y las religiones: quien dice tener la verdad absoluta resulta un peligro si se le otorga poder.

Segundo, la tarea primordial de un buen maestro en cuanto a inducir y estimular las potencialidades de cada uno en busca de la excelencia (areté), crear curiosidades, fomentar el debate abierto y mostrar el camino para el cultivo del pensamiento a través de preguntas (la mayéutica) que abren las puertas al descubrimiento de órdenes preexistentes que, por tanto, no son fruto del diseño humano ni de ingeniería social. En este contexto, el relativismo epistemológico es severamente condenado como un grave obstáculo al conocimiento de la verdad.

Tercero, el alma (psyké) como la facultad de adquirir conocimiento y la virtud como la salud del alma (“la virtud es el conocimiento”) y su inmortalidad diferenciada de la estructura de lo material en el hombre y su posibilidad de captar el bien moral y diferenciarlo del mal, el cual se elige por ignorancia y falsa estimación de lo que es bueno.

Y cuarto, la desconfianza en la soberanía de la multitud al efecto de adoptar acciones compatibles con la justicia (vale una digresión para recordar que de ahí es que los autores de los Papeles Federalistas en Estados Unidos adoptaran el pseudónimo de Polibio quien enfatizaba la superioridad del sistema republicano para mantener el poder en brete) y que no puede dedicarse bien a la filosofía y, al mismo tiempo, a la política puesto que se trata de cosas distintas.

Cuando se releen las fuentes que se refieren a los pensamientos socráticos aparecen una y otra vez nuevas avenidas de asombrosa fertilidad. Ítalo Calvino escribe con admirable destreza que “La realidad del mundo se presenta a nuestros ojos, múltiple, espinosa, en estratos apretadamente superpuestos. Como una alcachofa. Lo que cuenta para nosotros en la obra literaria es la posibilidad de seguir deshojándola como una alcachofa infinita, descubriendo dimensiones de lectura siempre nuevas” y también consigna que “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.

Veamos solo un ejemplo que resume el testamento de Sócrates en los diálogos platónicos: “Toda mi ocupación es trabajar para persuadiros, jóvenes o viejos, que antes que el cultivo del cuerpo y de las riquezas, antes que cualquier otro cuidado, es el del alma y de su perfeccionamiento […] la única cosa que me he propuesto toda mi vida en público y en particular es no ceder ante nadie, sea quien fuere, contra la justicia”.

Como he relatado antes, tanto el primer día de clase en mi colegio en Washington y muchos años después también en el primer día de clase en un seminario de posgrado en New York, en ambos casos, coincidentemente, en base a una ilustración de Pascal, los profesores inauguraron sus lecciones dibujando en el pizarrón dos círculos de diferente diámetro y dijeron que se trataba de distintas dosis de conocimiento y nos invitaban a los alumnos a prestar atención cuanto más expuesta a la ignorancia se encontraba la circunferencia mayor, con lo que ponían de manifiesto que cuanto más se conoce más se tiene conciencia de la propia ignorancia. Este ha sido un punto central en Sócrates: saber que la ignorancia es infinita constituye prerrequisito fundamental para poder incorporar conocimientos. Einstein decía que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos” a lo que debe agregarse que en los temas que estamos especializados también somos muy ignorantes, lo cual como ha escrito Popper, es el motor de futuras investigaciones a través de una interminable serie de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

La tradición del liberalismo clásico se basa en aquellos postulados: nosotros mismos no sabemos que haremos mañana, podemos formular una conjetura pero cuando las circunstancias se modifican cambiamos nuestras prioridades, por ende, mal podemos tener la arrogante presunción de dirigir las vidas de millones de personas. El conocimiento está siempre disperso y muy fraccionado entre los integrantes de las sociedades. La soberbia es la característica medular del espíritu totalitario que no concibe procesos de coordinación espontánea sino que pretende conocerlos y dirigirlos. De este modo, en lugar de conocimiento fraccionado y disperso, se impone la ignorancia concentrada. Por su parte, Sócrates constituye un ejemplo de la necesaria modestia intelectual y una refrescante actitud frente a la vida.

*Publicado en Diario de América, Nueva York.
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La tradición de Law and Order

Por Alberto Benegas Lynch (h) En el origen de los tiempos del common law y del derecho romano durante gran parte de la República y principios del Imperio, a pesar de las consabidas trifulcas con los gobiernos de turno, la idea de la Ley (con mayúscula) resultaba de un proceso de descubrimiento de normas extramuros de las resoluciones positivas, básicamente a través de fallos judiciales en competencia que, en un mecanismo de prueba y error, iban sentando precedentes solo justificadamente modificados para mejorar el resultado. Esa era la Ley y la consecuencia era el establecimiento del consiguiente orden. Luego, poco a poco, muchas veces de contrabando y otras abiertamente, se fue sustituyendo la Ley por legislación fabricada por poderes legislativos cuya misión original era la de limitarse a la administración de los recursos y los gastos de la corona, el cónsul o el emperador. Misión original que se fue transformando en el dictado de leyes para todos los propósitos imaginables de la vida cotidiana con un sentido de diseño y de ingeniería social que lo transformó en omnipotencia legislativa y, naturalmente, la inflación de las leyes deterioró su valor. Este cuadro de situación tuvo lugar más rápidamente en los países latinos que en los anglosajones. En los primeros, duró bien poco el espíritu liberal de los primeros tiempos de la independencia como colonia formal, mientras que se prolongó en los segundos. Así es que en los países latinos, los ciudadanos se acostumbraron desde muy antiguo a defenderse permanentemente de los ataques de sus gobiernos, al tiempo que vivían en la pobreza. Había aquí (y hay) un doble discurso: por un lado se alaban a los gobernantes y por otro se trata de evadir la mayor parte de las normas promulgadas por ellos, por su naturaleza injustas y arbitrarias. En los segundos, en cambio, los ciudadanos se acostumbraron a cumplir la Ley porque, en gran medida, velaba por sus derechos. El discurso en este caso estaba unificado. Paradójicamente, hoy observamos que con el avance del Leviatán en todos lados, el mundo latino tiene más defensas debido a su entrenamiento a la desobediencia, mientras que en el mundo anglosajón, la educación al respeto y veneración por la larga tradición de La Ley y el Orden encuentra a esos ciudadanos indefensos y con su indiscutido acatamiento a ese principio van al despeñadero ya que La Ley convertida en Legislación y Orden deriva en un evidente Desorden. Este fenómeno lo comencé a advertir hace ya mucho tiempo en una oportunidad en la que perdía un avión en Los Ángeles en California y pedí ayuda telefónica a una operadora para que me facilitara el número de algún taxi. La empleada me preguntó que empresa de taxi solicitaba a lo que le respondí que cualquiera que me sacara de esa emergencia a lo que la operadora de marras me replicó que no podía hacerlo porque “esto está en contra de la ley” y no hubo forma de sacarla de allí. Más adelante, algunos gobiernos de ciertas localidades prohibieron vender en restaurantes huevos y carne semi-crudos porque eso atenta “contra la salud de nuestros ciudadanos”. Sin duda, a esta manifestación del Gran Hermano y otras muchas de características similares se agrega la avalancha de medidas de corte estatista como las absurdas y enmarañadas regulaciones financieras, los “salvatajes” a empresas ineptas e irresponsables con recursos de las personas y empresas productivas, la socialización de la medicina, la acentuación de la colectivización de las pensiones, en el contexto de pesadas estructuras impositivas, crecientes manipulaciones monetarias, gastos, deudas y déficit públicos de dimensiones colosales, todo a contracorriente de los claros y saludables preceptos establecidos por los Padres Fundadores. Por otra parte, aunque se trata de lugares privados donde supuestamente los dueños pueden hacer lo que les plazca (siempre y cuando no lesiones derechos de terceros), he observado en EE.UU. cierto tufillo a regimentación que me desagrada en grado sumo y que pienso puede contribuir a que se prepare el camino para un eventual abrazo del oso totalitario. Por ejemplo, en los restaurantes la gente hace fila para que los empleados los acomoden en mesas que ellos establecen, lo mismo ocurre en la celebración de misas en los templos. En los dos casos, personalmente me resisto a que me obliguen a cierta ubicación y siempre —indefectiblemente— sugiero me asignen otro lugar a lo cual acceden a regañadientes y con sorpresa como si se tratara de una rebelión de proporciones superlativas. Esta insólita planificación de una inocente recreación y de lo concerniente a la  relación privada y personal con Dios no ocurre en restaurantes y templos del mundo latino. Con la mentalidad estrecha de cumplir a rajatabla a ley escrita independientemente de su contenido, no es imposible que se cumpla a pie juntillas y sin chistar la orden de marchar al cadalso en fila india sin solución de continuidad. Tal vez uno de los juristas de mayor calado sea Bruno Leoni que en su obra Freedom and the Law (también en castellano con el título de La libertad y la ley) precisa conceptos de gran valor en línea con nuestras anteriores preocupaciones legislativas. Estimamos muy oportuno transcribir a continuación cuatro pasajes que dan una idea de la envergadura del trabajo: * “De hecho la importancia creciente de la legislación en la mayor parte de los sistemas legales en el mundo contemporáneo es, posiblemente, el acontecimiento más chocante de nuestra época […] La legislación aparece hoy como un expediente rápido para remediar todo mal y todo inconveniente, en contraste con las resoluciones judiciales, la resolución de disputas a través de árbitros privados, convenciones y modos similares de acuerdos espontáneos por parte de los individuos. Incluso cuando se percibe el mal resultado de la legislación […] la crítica se dirige a determinados códigos en lugar de apuntar a la legislación como tal […] Por otra parte, cada vez menos gente parece darse cuenta que, como el lenguaje y la moda que son el producto de la convergencia de actos y decisiones espontáneas por parte de un gran número de  individuos, en teoría la ley también puede resultar de convergencias similares […] Si uno valora la libertad individual para decidir y actuar, uno no puede eludir la conclusión de que debe haber algo malo en todo el sistema” (p.4,5,7 y 9). * “Estamos tan acostumbrados a pensar en el sistema del derecho romano en términos del Corpus Juris de Justiniano, esto es, en términos de una ley escrita en un libro, que hemos perdido de vista como operaba el derecho romano […] El derecho romano privado, que los romanos llamaban jus civile, en la práctica, no estuvo al alcance del legislador durante la mayor parte de la larga historia de la república romana y durante buena parte del imperio […] por tanto, los romanos disponían de una certidumbre respecto de la ley que permitía a los ciudadanos hacer planes para el futuro de modo libre y confiado y esto sin que exista para nada el derecho escrito en el sentido de leyes y códigos” (p.82-84). * “En realidad no tiene mucho sentido establecer anticipadamente quien designa a los jueces puesto que cualquiera lo puede hacer como sucede en cierto sentido cuando la gente recurre a los árbitros privados para arreglar sus diferencias […] La designación de jueces no constituye problema especial, como sería la “designación” de médicos o profesiones similares […] En realidad se basa en el consenso de los clientes, colegas y del público en general” (p.183). * “El proceso de votación no es una reproducción de lo que sucede en el mercado, sino más bien simboliza lo que sucede en un campo de batalla […] Se acumulan votos como se acumulan piedras o proyectiles […] El lenguaje político refleja naturalmente este aspecto del voto: los políticos hablan de comenzar campañas, de batallas que deben ganarse, de enemigos con los que hay que pelear, etc. Este lenguaje no se emplea en el mercado. Existe un razón obvia para eso: mientras que en el mercado oferta y demanda no son sólo compatibles sino también complementarias, en el campo político, al que pertenece la legislación, la elección de los ganadores por un lado y la de los perdedores por otro no son ni complementarias ni compatibles […] Lo que ahora nos debemos preguntar y tratar de contestar es: ¿Podemos hacer un comparación exitosa entre el mercado y una forma no-legislativa de producir leyes?” (p.235-36 y 248). Las telarañas mentales no dejan lugar al pensamiento, siempre lo nuevo y distinto es rechazado por el oscurantismo cavernario. No podemos quejarnos por lo que nos ocurre y, al mismo tiempo, pretender revertir la situación insistiendo con los mismos métodos que generaron el problema. Como reza el aforismo: “las mentes son como los paraguas, solo funcionan si están abiertas". En este sentido, al efecto de tomarse el tiempo necesario en el debate de otras propuestas que contra-argumentan las posiciones convencionales en cuanto al dilema del prisionero, las externalidades, los “free-riders” y, en el contexto de la asimetría de la información, la selección adversa y el riesgo moral, es de interés considerar como medida transitoria la propuesta del premio Nobel F. A. Hayek en cuanto a lo que bautizó como “demarquía”. Este sistema es otro esfuerzo liberal para limitar el poder ya que, como señala el propio Hayek en las primeras doce líneas de la edición original de su Law, Legislation and Liberty, hasta el momento, las propuestas en esa dirección han fracasado rotundamente. Este nuevo intento que presenta en el tercer volumen de aquella obra, consiste en que, en el Poder Legislativo, la Cámara de Senadores se despolitice vía la elección de sus miembros solamente por personas de cierta edad que votarían candidatos de esa misma edad, sus mandatos se extenderían por un período largo y no serían bajo ningún concepto reelegibles ni sus miembros susceptibles de ocupar cargo público alguno. Sin perjuicio de las eventuales funciones legislativas que en esta situación se asignaría a cada Cámara, la propuesta escinde esta elección de los aparatos partidarios y sus miembros no tendrían el incentivo de la reelección, al tiempo que les permitiría prestar la debida atención en el más largo plazo, lo cual atenuaría las embestidas de la otra Cámara. Si bien esto no parece una solución de fondo, permitiría mitigar en algo los desbordes del poder, mientras se estudian y discuten otras avenidas de mayor calado. De todos modos, es imprescindible estar atento a lo que Edward de Bono bautizó como “pensamiento lateral” para distinguirlo del convencional de “seguir profundizando en el mismo hoyo en lugar de mirar en otras direcciones y cavar en otros lados”. Ejemplifica de Bono con la fotografía. Dice que el fotógrafo clásico preparaba el escenario, acomodaba la pose del modelo y definía la luz, situación que le permitía conocer de antemano el resultado. En cambio, prosigue de Bono, el fotógrafo profesional moderno (y el amateur) saca una secuencia de fotografías sin previo preparado, lo cual le reporta sorpresas en la iluminación, en las poses de los modelos y en los escenarios, lo cual brinda múltiples posibilidades en direcciones hasta el momento impensadas y desconocidas. Eso es el pensamiento lateral: explorar nuevas dimensiones que producen otros resultados, una gimnasia característica de las mentes abiertas siempre atentas para evaluar y juzgar desapasionadamente contribuciones distintas que permiten transitar avenidas fértiles.
*Publicado por Diario de América, Nueva York.
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Reforma de la ley de entidades financieras

 

Como el tema que nos congrega son los proyectos de reforma de la ley de entidades financieras que se han presentado en el Congreso, voy a empezar con una breve introducción, para concluir con algunas advertencias.

Desde que los banqueros italianos, hace más de 700 años (fines del siglo XIII), lograron que la gente aceptara sus pagarés (se llamaran billetes, certificados, depósitos, letras, etc.) como medio de pago y como instrumento de ahorro, en lugar del dinero metálico, el mundo vio crecer – y ha debido convivir – con este negocio o industria tan particular, capaz de impulsar fenomenalmente la demanda agregada, pero apoyada en una tan delicada y densa trama de confianza, que conlleva, también, enormes riesgos.

La historia de la regulación bancaria nace después de muchas malas experiencias y tras haberse tomado conciencia de este doble carácter crítico de la banca. Por un lado, el ser base de los sistemas de pagos y una fuente importante de crédito; por otro, ser un cocktail explosivo de alto leverage, de información opaca, con riesgos de contagio como no hay en ninguna otra actividad y con una limitadísima reserva de liquidez primaria.

Como la evidencia acumulada a lo largo de todos estos años prueba de manera contundente que la materia prima del crédito que los bancos otorgan es la confianza que ellos despiertan en sus depositantes (y no los redescuentos o favores del poder), la misma evidencia sugiere que la legislación que regula la banca

-         Debe promover de una manera masiva la canalización masiva a través de estas instituciones de los ingresos y pagos de empresas y familia,

-         Debe atraer a las ellas el ahorro de las personas que por montos o riesgos no acceden a los mercados de bonos y acciones

-         Debe explicitar que garantías y privilegios tendrán los depositantes, o sea, sus acreedores y

-         Debe darle a los supervisores y reguladores poderes, indemnidad judicial e instrumentos eficientes para regular los bancos de una manera que aquellas garantías y privilegios no sean fuente de riesgo moral y, también, para resolver rápidamente la situación de bancos ilíquidos o insolventes.

En mi opinión, la ley vigente tiene muchos elementos útiles, aunque es una suma de parches acumulados a lo largo de años. Por eso creo valioso el proyecto presentado por el diputado Pinedo, por hacer un ordenamiento bastante prolijo de esta legislación vigente.

Lo del servicio público del proyecto del diputado Heller es una fantasía para justificar una mayor intervención estatal en el sistema bancario. Heller no reconoce cual es la raíz del enanismo o raquitismo de los bancos argentino y pretende resolverlo con mayor intervención estatal y – en todo caso – ventajas competitivas para su banco o bancos.

Y esta observación me lleva a las advertencias.

Una primera advertencia general es que pese a toda la experiencia acumulada y a las infinitas rondas de perfeccionamiento de las leyes y normas, tuvimos ayer nomás en los países mas ricos del planeta el “blooper” de las hipotecas subprime.

No digo que no haya que hacer esfuerzos para mejorar las leyes y las normas, pero por mejor que las hagamos, está en la naturaleza humana que cada tanto tendremos una crisis, mayor o menor.

Pero la Argentina tiene además dos problemas adicionales.

Primero: Tenemos en este bendito país centenares de leyes que no se cumplen de manera absolutamente impune.

Ejemplo 1: Tenemos largas discusiones sobre las facultades del Congreso delegadas al Poder Ejecutivo, cuando el Art. 29 de la CN dice que “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional facultades extraordinarias, bajo pena – para quienes formulen, consientan o firmen tales actos –  de ser sujetos de la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria…[1]

Sin embargo discutimos el tema de las facultades delegadas como si esta norma no existiera…

Ejemplo 2: Art. 3 de la Carta Orgánica del Banco Central: Es misión primaria y fundamental del Banco Central de la República Argentina preservar el valor de la moneda.

Sin comentarios…

Segundo: Si bien algunos de los problemas que aquejan a bancos y demás instituciones y mercados financieros de la Argentina pueden tener alguna relación con las leyes que los regulan, la mayoría de tales problemas, especialmente los problemas más graves, tienen otras causas.

O sea, que aunque se cumplieran al pie de la letra las disposiciones de estas leyes, el texto vigente o cualquiera de los que están en danza, no habríamos resuelto la cuestión central de la escasez de crédito en la República Argentina.

¿Queda claro, entonces?

Las leyes que tenemos no las cumplimos y en el particular caso de los bancos, la cuestión principal ni siquiera depende del cumplimiento de la ley.

Nuestro sistema bancario – lo mismo vale para todos los mercados de capitales o de financiamiento – padece de un mal que llamo “raquitismo” y que tiene su origen o raíz en la tendencia enfermiza, compulsiva, que tenemos como sociedad, de llevar el gasto público a niveles superiores a los que se puede financiar con una base de impuestos pagables.

Si bien hay episodios de esta naturaleza a lo largo de toda nuestra historia de nación independiente, la enfermedad se hace endémica en la segunda mitad del siglo XX. No hay más que contar los eventos de default, las estadísticas de inflación, de monetización, y – en general – las evidencias del retraso relativo de la Argentina respecto al resto del mundo.

La diversidad de instituciones, de mercados, de canales, de mecanismos e instrumentos que posibilitan la utilización y aplicación (por parte de personas físicas o jurídicas) de recursos excedentes poseídos por terceras personas, el significativo volumen total de los recursos que se canalizan a través de estos medios y los extendidos plazos, grandes montos y bajos costos que pueden obtener los demandantes de financiación, constituyen uno de los aspectos que más claramente distinguen las economías desarrolladas de aquellas que no lo son, o que lo son en una medida menor.

En sentido contrario, la escasez (o carencia) de canales, mercados, instrumentos, el relativamente pequeño volumen de recursos canalizados y la escasez de financiamiento accesible a largo plazo, no solo caracterizan al subdesarrollo sino que son su principal causa y factor, al menos de carácter inmediato. En efecto, estos rasgos (que son los que configuran ese cuadro de “raquitismo financiero”) impiden el acceso fluido y la rápida acumulación de capital físico y humano por parte de las personas físicas y de las empresas, que es lo mismo que decir que retardan el crecimiento individual y del conjunto.

En los países de muy bajos ingresos, el raquitismo financiero puede deberse – al menos en parte – a las escasas posibilidades de ahorrar que tienen sus habitantes.

Pero en la Argentina (como en otros países de ingresos medios en los que la escasez, la inestabilidad y el elevado costo del financiamiento vienen constituyendo desde hace décadas un serio obstáculo para el crecimiento), la evidencia es incontrastable: Con un volumen de ahorro doméstico agregado más que suficiente para financiar una razonable acumulación de capital la causa última o primer motor (como diría Tomás de Aquino) del raquitismo financiero y – consecuentemente – del subdesarrollo de su economía, es la inestabilidad fiscal, que de una o de otra manera derrama en inestabilidad monetaria y jurídica.[2]

La persistencia de estas políticas de gasto público, ya en forma directa o ya a través de impuestos distorsivos y/o de endeudamiento público invasivo (no me sale nada mejor para traducir “crowding out”) terminan:

-         Distorsionando la tasa de interés real, los precios relativos y – en última instancia – la competitividad y posibilidad de supervivencia de muchas unidades productiva del sector privado,

-         Liquidando una moneda nacional que sirva de “unidad de denominación” de derechos y obligaciones a mediano y largo plazo, el consecuente y riesgoso uso de la moneda extranjera a dichos efectos, y

-         Generando inestabilidad y volatilidad de las condiciones generales de la economía, incluyendo particularmente una inseguridad jurídica resultante de casos frecuentes de violaciones contractuales originadas en decisiones del sector público.

Hay otras causas concurrentes al raquitismo financiero, como:

-         Los costos, demoras y dificultades para ejecutar judicialmente obligaciones y garantías, resultado de una pobre cultura crediticia y de valores sociales que se traducen en la vigencia de leyes y prácticas jurídicas excesivamente favorables a los deudores, y

-         La ausencia de mercados secundarios profundos que aseguren liquidez a los instrumentos de financiación de mediano o largo plazo.

Pero el tema del gasto público es dominante. Hay una extensísima literatura sobre lo que se llama “dominancia fiscal” y muchas veces me pregunto como deberían escribirse los mandatos de los bancos centrales en países que sufren de esta endemia.

La experiencia ha mostrado claramente como todos estos factores (de inestabilidad) inhiben tanto a la punta inversora/acreedora de los mercados de financiamiento, como a las partes tomadoras/deudoras:

-         Para los acreedores o inversores, aquellos factores de inestabilidad operan (a través de devaluaciones, licuaciones, congelamientos, moratorias, etc.) como una amenaza permanente sobre sus derechos e intereses, promoviendo una persistente huida de ahorros locales hacia instrumentos y mercados externos, o bien, su inversión directa en activos físicos.

-         Para los tomadores de fondos o deudores, aquellos mismos factores de inestabilidad – a través de su impacto distorsivo sobre la tasa de interés real, los descalces de plazos y de monedas y la “ratio” de precios “comerciables/no comerciables” o “tipo de cambio real” – ponen frecuentemente en riesgo, como ya dije, su misma supervivencia[3].

Si bien bajo el imperio de la Ley de Convertibilidad de abril de 1991[4] y tras la reestructuración de la deuda pública que tuvo lugar en 1992 bajo el esquema conocido como “Plan Brady” se logró un importante avance en materia de disponibilidad de crédito y financiamiento, en vísperas del siglo XXI la Argentina tenía todavía muchos síntomas de “raquitismo financiero”. Cabe mencionar:

-         La dimensión del crédito bancario al sector privado respecto al PIB. El total de préstamos del sistema bancario al sector privado a fines de 2000 era cercano al 22% del PIB, “ratio” inferior a la mitad de la observada en las menos desarrolladas de las economías maduras.

-         La magnitud del “spread” soberano. La sobretasa de interés (respecto de abonada por los soberanos menos riesgosos) pagada por el sector público argentino (lo que se conoce como “spread” soberano) rondó los 700 puntos básicos (o el 7%) en 2000, no habiendo nunca alcanzado los títulos de la deuda pública la calificación conocida como “investment grade”. El “spread” soberano argentino en 2000 era más de cuatro veces superior al establecido por el Tratado de Mästrich como máximo tolerable para acceder a la Unión Monetaria Europea y actuaba como factor de encarecimiento para el endeudamiento externo del sector privado local.

-         La escasez (y correspondiente carestía) de financiamiento a largo plazo en moneda nacional. Diversos factores (entre los que se destacaron la baja confianza de los oferentes de crédito en que el tipo de cambio comprometido por la Ley de Convertibilidad sería respetado indefinidamente, así como las facilidades que esa misma ley introdujo para contratar en moneda extranjera bajo ley argentina) determinaron que el único financiamiento a largo plazo disponible en cantidades significativas y a precios accesibles lo fuera en moneda extranjera. Así, las firmas que no deseaban exponerse al riego de tasa propio del financiamiento en moneda nacional a corto plazo, debieron – sin distinción de los mercados en los que vendían sus productos y servicios – correr el riesgo de cambio propio del financiamiento en moneda extranjera.

¿Porqué? Porque hacia fines de la década, al calor de diversos factores, algunos externos, otros domésticos, el espectro de otra crisis fiscal se fue dibujando de manera cada vez más nítida en el horizonte.

Los hechos que tuvieron lugar en la Argentina entre fines de 2001 y mediados de 2002 (la corrida terminal contra los depósitos bancarios, su posterior congelamiento, “pesificación” y reprogramación; la aplaudida declaración del “default” soberano, solo parcialmente resuelto tras más de siete años; la profunda devaluación del peso y la subsiguiente abrogación legal de todos los contratos pactados en moneda extranjera bajo legislación nacional) no hicieron más que agravar este “raquitismo financiero” hasta extremos desconocidos. Cabe mencionar:

-         La contracción del crédito bancario al sector privado a cerca del 9% del PIB hacia fines de 2003. Cabe señalar que frente a una disminución del crédito a personas del 43%, el crédito a empresas bajó un 68%.

-         El cierre del acceso de deudores argentinos a los mercados institucionales de crédito y financiamiento del exterior, hecho que unido a otras circunstancias (o combinación de circunstancias[5]) provocó que muchas compañías privadas incumplieron sus obligaciones financieras externas.

CONCLUYO AFIRMANDO QUE ANTES QUE UNA NUEVA LEY DE BANCOS, NECESITAMOS UN RÉGIMEN DE RESPONSABILIDAD FISCAL QUE EFECTIVAMENTE IMPIDA REPETIR LOS DESAGUISADOS DEL PASADO Y, ADEMÁS, RECUPERAR Y RATIFICAR LA EFECTIVA INDEPENDENCIA DEL BANCO CENTRAL.


[1] Texto completo del Artículo 29 de la Constitución: El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria.

[2] En el señero ensayo titulado “Argentina and the Fund: From triumph to tragedy” (Washington: Peterson Institute for International Economics, 2002) Michael Mussa enfatiza la“crónica inhabilidad de la autoridades de este país para conducir una política fiscal responsable”. Dice el párrafo completo: “Enumerating the many things that contributed to Argentina's tragedy, however, should not obscure the critical failure of Argentine economic policy that was the fundamental cause of disaster—namely, the chronic inability of the Argentine authorities to run a responsible fiscal policy. This is an old and a sad story for Argentina. To satisfy various political needs and pressures, the government (at all levels) has a persistent tendency to spend significantly more than can be raised in taxes. When the government can finance its excess spending with borrowing, it borrows domestically or internationally from wherever credit is available. When further borrowing is no longer feasible (either to finance current deficits or roll over outstanding debts), recourse is found in inflationary money creation and/or explicit default and expropriation of creditors.”

[3] “Bienes comerciables o transables” y “bienes no comerciables o no transables” son expresiones simplificadas que aluden (la primera) a los bienes de producción doméstica relativamente más expuestos a la competencia con bienes producidos en otros países y (la segunda) a los bienes de producción doméstica relativamente menos expuestos a tal competencia.

[4] Esta ley no solo fijó la tasa de cambio de la moneda doméstica con el dólar de los EE.UU. y eliminó virtualmente todo control o restricción al cambio de una especie por otra, sino que le otorgó validez legal pleno a los contratos, créditos y obligaciones pactados o denominados en moneda extranjera bajo ley argentina.

[5] Típicamente, la drástica reducción del flujo de caja medido en dólares que sufrieron las compañías cuyas ventas se hacían mayormente al mercado interno y las restricciones impuestas a las transferencias de moneda extranjera al exterior.

*Publicado por CIIMA/ESEADE, Buenos Aires.
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