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La inflación es parte de la solución del verdadero problema

  Por Héctor Mario Rodríguez* - Foro Republicano     Rodríguez: “Redistribuir significa un juego de suma cero: alguien pierde lo que otro recibe. La creación de riqueza, el combate a la pobreza, es un juego de suma positivo."     Prólogo para muy jóvenes, desmemoriados o mal informados La sociedad argentina ha demostrado ser la peor administradora de su propia moneda a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. Lo que puede escapar a la experiencia vital de la mayoría de sus habitantes, más por lo abrumador de la realidad que por la amnesia, es el reiterado cambio de signo monetario a través de los años. El peso moneda nacional de mi infancia ($ m/n, ¿se acuerda alguno?) dio paso al peso ley (decreto ley, bah!) 18.188 en 1970; que fue luego el peso argentino (¿?) algunos años después; para pasar a transformarse en el austral de 1985 (¡había monedas de medio centavo!), concluyendo en el actual peso convertible (¿se derogó la Convertibilidad?) cuando la hiperinflación barrió los billetes de 1.000.000. La conclusión de esta sensacional historia de cambios de signo monetario es que se le han quitado 13 ceros al denominador del valor de los objetos y los salarios (curso legal) en Argentina o, lo que es lo mismo, que la moneda de $1 actual tiene un valor equivalente a 10 trillones de pesos de antes de 1970. Hubo un intento serio de acabar con la depreciación de la moneda y reconocer el patrón monetario más usual entre los argentinos contemporáneos. Pero no fue una estrategia, sino una respuesta a una situación desesperada. Se buscó dar respaldo al papel fiduciario. La administración Menen-Cavallo (¿o era al revés?) ideó el respaldo de la emisión de papel fiduciario llamado peso con la tenencia de otro papel fiduciario llamado dólar en el tesoro del BCRA. Pero no se corrigió la raíz del problema: el gasto público alto y desfinanciado. Durante esa década, recordada como de abandono del Estado de sus funciones comerciales innecesarias, el gasto público nacional, provincial y municipal no cayó sino todo lo contrario. Cuando no hubo más impuestos a los que recurrir, se echó mano al sencillo método de patear para adelante, con endeudamiento. ¿Sorprende a alguien que esto haya terminado mal?           Algunas definiciones ¿Qué es inflación? Como definición de manual podemos decir que “inflación” es un aumento sostenido y generalizado del nivel de precios. Se requiere que el aumento de precios sea sobre una canasta de bienes y servicios predefinida,y que sea generalizado y sostenido. Estas dos características finales ayudan a elucidar una pregunta esencial: ¿Qué no esinflación? Puede ocurrir un aumento generalizado de precios que no sea sostenido. Lo sostenido se refiere a la tasa de aumento y no al nivel de precios alcanzado. Por ejemplo, algún genial fiscalista podría considerar que el 21% de IVA es demasiado bajo para pagar la carrada de subsidios y clientelismo que hoy destruye el equilibrio del Tesoro Argentino, y sugerir su duplicación. Es decir, con un IVA del 42%, los bienes y servicios sujetos al gravamen aumentarán un 17,35% (142 respectode 121). Se mantendrá el nuevo nivel de precios, inflado por un impuesto crecido,pero no volverá a aumentar por este factor. Algo más aplicable a la realidad actual, menos teórico, es lo que los economistas denominamos cambio en precios relativos. Por una escasez circunstancial o un brote de demanda inesperado, y hasta tanto se acomoden oferta y demanda a las nuevas relaciones, un bien o servicio puede aumentar su precio unitario, mientras los otros se mantienen constantes. En general -algo más teórico- cuando esto ocurre y no es convalidado por un aumento de la masa monetaria, el cambio en el precio relativo podría darse por una baja de los otros precios, de modo tal de “dejar espacio” en el presupuesto del consumidor para satisfacer esa demanda adicional. ¿Y qué pasa cuando el nivel general de precios baja (en lugar de subir) en forma generalizada y sostenida? Según economistas inflacionistas, como el Nobel Paul Krugman, ocurre lo peor de la Creación: la deflación. De eso están tratando de protegerse los países grandes del Mundo, como EE.UU., Gran Bretaña, otros países europeos y Japón. Labibliografía tiene un nombre impronunciable para esta enfermedad: Apoplitorismosfobia. Mark Thornton 1 bautizó así esta prevención exagerada de muchos colegas y hombres públicos quienes hacen la inmediata correlación entre deflación y depresión económica. Los argentinos ansiaríamos llegar a esa instancia, porque bien sabemos que la inflación no es “productiva”, como podría sugerir un corolario de la Apoplitorismosfobia.   Pero, ¿no era que un poco de inflación ayuda al crecimiento? Fue culpa de un inglés de mediados del siglo XXII, la instauración en el campo académico y de política aplicada del concepto de trade-off entre inflación y nivel de ocupación. Es decir, un gobernante podría decidir entre tener una menor tasa de desocupación y soportar una mayor inflación o viceversa. Lo que se conoce como Curva de Phillips enlodó la discusión de política macroeconómica y hoy es la base del mandato dual de la Reserva Federal de EE.UU.: soportar algo de inflación para conseguir algo de actividad. Milton Friedman y otros economistas posteriores se encargaron de demostrar que esa relación puede no existir o, lo que es peor,que puede convertirse en negativa: a mayor inflación, menor empleo. Esto último es lo que se conoce como “estanflación o estancamiento con inflación”.   El Estatismo Hipertrófico Inflacionario ¿Cuántos tipos de inflación se conocen? ¿Cómo se los identifica? ¿Se puede decir algo nuevo sobre la inflación?   • Inflation targeting que hoy usan muchos gobiernos del mundo, estableciendo un objetivo de inflación superior a cero, es un fraude; camuflado de defensa apoplitorismosfóbica frente a una demanda débil del sector privado. La única política monetaria sana del gobierno es defender el crédito público, sea éste gratuito (moneda) o remunerado (bonos) de manera tal de garantizar su prestigio como deudor soberano. Un párrafo aparte merece una derivación necesaria de los inflacionistas: defaultear la deuda pública porque “no se puede hacer otra cosa”. Hoy está en el candelero el problema griego, pero nos duele la Patria al recordar lo sucedido a partir de la Nochebuena de 2001, confirmado en el 2005 y no resuelto aún una década después.   • Inflación estructural fue un hallazgo intelectual de los economistas latinoamericanos de los años 60 y 70. La premisa del enfoque estructuralista de la inflación se basa en la inflexibilidad a la baja de los precios por restricciones institucionales y productivas de los países menos desarrollados. Después de un par de décadas de comprobaciones implícitas, modificaciones de las relaciones del comercio internacional y mejoras teóricas, estas explicaciones cayeron en desuso.   • Inflación de demanda y de costos es una denominacióneufemísticade inflación poraumento de salarios.Se sigue oyendo estaargumentación enboca de los empresarioscortesanosacomodados a lospactos corporativosy reacios a la competenciaabierta. ¿Puede haber algo mejor que conseguir que la demanda interna se reactive? ¿Por qué esto deriva en inflación antes que en aumento de la oferta para satisfacerla? Si se percibe que el aumento de la demanda (por suba de salarios por decreto o por aumento de la oferta monetaria infundado) es transitorio o no es sustentable en el mediano plazo, difícilmente pueda ocasionar una respuesta productiva hacia mayores cantidades, aunque sí hacia mayores precios. La clave entonces no está en las reuniones de Grandes Acuerdos Nacionales Moncloicos ni en discursos que “apelen al corazón y les respondan con el bolsillo”, sino en sólidas instituciones y políticas competitivas estrictas.   • Megainflación los argentinos “jugamos” durante muchos años con ella. Es una instancia intermedia entre un proceso inflacionario serio, tal como el que estamos viviendo actualmente en nuestro país, y la hiperinflación. Se trata de un período con muy alta inflación con tasas mensuales crecientes. El proceso de espiralización (los salarios por la escalera, los precios por el ascensor, diría quien tuvo tres veces la responsabilidad de la máxima magistratura del país inflacionario record) dan a esta etapa su característica de transitoria. Pero las políticas represivas (acuerdos corporativos, ingenierías fiscal y monetaria) para revertirla operan en el sentido contrario y tienden a balancearlo y a extender esta etapa. Advertencia: es fácil entrar a esta etapa; casi imposible, salir indemne. • La Hiperinflación es la estrella de esta lista, pero ya no se trata de un fenómeno de precios sino de desaparición del valor de la moneda. Se podría definir la hiper más como huída del dinero que como un escalón cuantitativo en la tasa de inflación periódica. ¿Por qué se huye de un activo, como el dinero? Porque tenerlo implica pagar un impuesto, tanto más alto cuanto mayor la tasa de inflación que sufre. De la hiper, a diferencia de la megainflación, se sale y se sale bien. Pero la historia argentina ilustra sobre algo inesperado: se puede volver a caer en ella. No parece alcanzar el sufrimiento de una generación para grabar en el ADN de la sociedad el mensaje claro: eso no se toca. Acabamos de romper el emisor del peso, el BCRA, como si fuera gratuito.   • Estatismo Hipertrófico Inflacionario - EHI ¿Se puede decir algo nuevo sobre inflación? Nuestra historia magistral inflacionaria nos permite descubrir una nueva dimensión. La Argentina es el primer país que sufre, a mi modo de ver, una enfermedad social mucho más seria de lo que hemos creído y que me animo a denominar Estatismo Hipertrófico Inflacionario (EHI). La inflación no es un problema en sí misma, sino un síntoma del estatismo sobredimensionado, ilimitado, inscripto en casi todas las propuestas políticas, legislativas y sentencias judiciales. Todos los programas anti-inflacionarios, probados desde 1960 en adelante, fracasan finalmente porque en ningún caso se tiene en cuentaque la moneda inflacionaria surge del tamaño desproporcionado y creciente del Sector Público respecto del Sector Privado argentinos. Se instala un círculo vicioso que solidifica el EHI: cuanto más grande el Sector Público, más chico, anémico y cobarde el Sector Privado; el cual, a su vez, demanda más servicios públicos para subsistir (¿alguien dijo subsidios?).   Génesis de la enfermedad No siempre sufrimos este flagelo. El siglo XIX no fue fácil para nuestros antecesores y, sin embargo, se las ingeniaron para crear un gran país, que supo atraer millones de europeos hambrientos de futuro. Pero perdimos el rumbo en el primer tercio del siglo XX, merced a la aparición del Fascismo; nos encantó, en el sentido que nos hipnotizó. Elegimos “bienestar” a costa de otros. La felicidad pasó a ser un derecho inalienable y como tal exigible a “los otros”. Es el famoso modelo distributivo que consiste en redistribuir primero y, eventualmente, crear después. Este absurdo político nos instaló en otro círculo vicioso: el de la miseria creciente. Redistribuir significa un juego de suma cero: alguien pierde lo que otro recibe. La creación de riqueza, el combate a la pobreza, es un juego de suma positivo. Redistribuidor, por antonomasia, el Estado crece a lo largo del tiempo a costa de losverdaderos creadores de valor económico.   En la Argentina pasó a ser mandatorio para gobiernos de cualquier signo, constitucionales o de facto, que los problemas se solucionaran con más Estado. Cuando se llegó a la conclusión de que el tamaño relativo Sector Público/Sector Privado era insostenible por quiebra del primero al dejar anémico al segundo del cual se alimenta, artificialmente se reestructura en los 90 esa relación. Sólo después de las hiperinflaciones sufridas por la sociedad durante los gobiernos de Alfonsín y Menem hubo espacio para tal reestructuración. El error es que nunca fue consensuado hacia el interior de la sociedad. Fue impuesto por el peso de los hechos. Se hizo para recomponer los ingresos del Sector Público, no como programa estratégico de Nación. Nunca se eliminó la idea fascista del Estado, administrador y distribuidor de privilegios. Así la Convertibilidad con deuda pública creciente por mayor gasto público desfinanciado generó crisis por tasa de interés real alta e incapacidad de repago. La orquesta demagógica siguió con la ejecución de “Vayamos al default como castigoa los acreedores buitres”. A muy pocos se les ocurrió pensar en el castigo superior al defaulteador serial, la Argentina: el ostracismo durante una década -como mínimorespecto de las fuentes de financiamiento internacionales sólidas y confiables. La super-renta real y financiera del boom mundial 2003/07 se aprovechó para la última ronda del EHI, vía crecimiento de 1 millón de empleados públicos: de 2 a 3 millones de personas. La identificación de chivos expiatorios ideales para el discurso demagógico encuentra a una sociedad proclive a aceptar explicaciones superficiales para luego sorprenderse de los resultados obtenidos. “¿Qué les pasó?”, se pregunta el periodista Tenenbaum desdela tapa de su último libro. Llegamos a la situación actual caracterizada por un abierto desconocimiento de la responsabilidad del Gobierno en la gestación, sostenimiento y dinámica de la inflación y, además, por la profundización del EHI en vísperas de procesos electorales definitorios para el destino de muchos. Se puede seguir sin empinamiento de las tasas de inflación actuales, pero depende más de condiciones externas a Argentina que de la propia gestión del Gobierno.   Pero hay vida después de la muerte ¿Cómo enfrentamos los 500 días que faltan hasta el cambio de administración? Con profundo y fundado optimismo hacia el futuro. Basta recordar el cuento ¿infantil? de Hans Christian Andersen sobre la tela real invisible. El Rey no puede disimular más su desnudez, encima se quedó sin sastre y es cada vez más difícil entrar a Palacio. Traducido a 2010: se acaba la caja y el poder político está menguado. La solución está en el diagnóstico: sólo un Estado que no emita dinero innecesario puede subsanar estructuralmente esto. Ello se logra con una nueva relación estable entre Sector Público y Sector Privado. Lo que se requiere es, ni más ni menos que, acordar un tamaño y las funciones del Sector Público que maximicen la actividad creadora de riqueza: la acción humana del Sector Privado. Un nuevo Contrato Social, donde el Sector Público, en sus tres niveles y para sus tres Poderes, haga muy bien lo no delegable al Sector Privado, aplicando el principio de subsidiaridad tan caro a la Doctrina Social de la Iglesia. Lo peculiar es que el libreto ya está escrito: es la Constitución Nacional 1853/60. Respetándola, el Sector Público garantizará el desarrollo del Sector Privado, constituido por familias, empresas, ONGs y otros actores que no dependen de los fondos del Tesoro. Esto lo hará el Gobierno mediante funciones imposibles o impracticables para otros actores: ejercer el monopolio de la fuerza (seguridad interior y exterior), legislar, administrar Justicia y unas pocas más. La clave para que esto deje de ser letra muerta y se convierta en la sinfonía que armónicamente ejecute toda la sociedad argentina es explicar bien los beneficios de la revolución hacia la libertad, romper el encantamiento, y someterlo a votación para conseguir el mandato soberano de la transformación. El proceso desde la situación actual hacia la situación deseada no será lineal ni simple ni rápido, como lo demuestran otras experiencias internacionales. Por ello también es una condición necesaria contar con la táctica para llevarlo a cabo. De nada vale fracasar porque los intereses creados son más fuertes, hábiles, deshonestos, inmorales que los bienintencionados. Ya sabemos de qué está empedrado el camino al Infierno. Argentina no merece otra frustración por impericia, ingenuidad o conformismo. En síntesis: Son condiciones necesarias estudiar los problemas del EHI, diagramar soluciones, proponerlo en forma clara y sencilla a la sociedad, conseguir mandato soberano y tener planes de implementación contingentes. Y condición suficiente: amor por las próximas generaciones que disfrutarán el esfuerzo de esta que integramos nosotros. *Héctor Mario Rodríguez es economista (Universidad de Buenos Aires). Socio de ACDE y Miembro del Consejo de Redacción de Empresa. Publicado en EMPRESA, revista cuatrimestral de ACDE.
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Evo en la Encrucijada

Por Alberto Benegas Lynch (h) Charles Chaplin ha dicho que cuando una persona comienza a surgir y asoma la cabeza aparecen muchas manos para aplastarlo, pero cuando logra sacar todo el cuerpo aquellas mismas manos le acarician los pies. Muy cierto, la envidia no perdona el camino al éxito pero una vez logrado los envidiosos se vuelven genuflexos. Pero habría que hacerle un agregado a la reflexión de Chaplin y es que si por ventura el exitoso deja de estar en el primer plano las susodichas manos -muy versátiles por cierto- se transforman de inmediato en puños que golpean por la espalda. Estas consideraciones se aplican a los más diversos aspectos de la vida, se trate de éxitos que apuntan a emprendimientos nobles o a objetivos ruines. Este último es el caso de Evo Morales con su socialismo empobrecedor quien acaba de recibir su primer revés de la misma gente que lo apoyaba hace instantes: la poderosa Central Obrera Boliviana (COB) acaba de declararle una huelga general. Su secretario ejecutivo, Pedro Montes, considera “insuficiente los salarios propuestos por el gobierno” y el líder de los trabajadores mineros de esa agrupación, Jaime Solares, declaró que “esta marcha se denomina la lucha por el salario y la renta de jubilación digna”. Por su parte, la Confederación de Trabajadores Fabriles anunció una huelga de hambre alegando “salarios miserables” y el principal líder de los obreros de fábrica, Ángel Asturizaga, resume la situación al afirmar que “a Evo lo hemos apoyado en las elecciones y es momento de que el apoye a los trabajadores”. El presidente Morales responde con la categórica manifestación que esta huelga “es contrarrevolucionaria y viene de las dictaduras que son instrumentos del neoliberalismo que confunde a los trabajadores” y el vicepresidente boliviano e inspirador intelectual del marxismo latinoamericano Álvaro García Linares (de quien me he ocupado detalladamente en otra columna) declara que esta huelga “proviene de la derecha y no dudaría que detrás de esto pueden estar algunos funcionarios de la embajada norteamericana”. Es inútil, las caídas alarmantes en la productividad debidas a políticas socialistas se traducen una mayor pobreza y cuando esto es sentido por la población vienen las quejas amargas y las desilusiones por las promesas demagógicas incumplidas. En ese instante es que se repite una y otra vez en diversos países sometidos a estos nefastos experimentos, por un lado la protesta airada de quienes pretenden rectificar las medidas adoptadas y son por ello separados de los cargos que ostentaban a través de purgas varias. Por otro lado, simultáneamente se ubican quienes pretenden afirmar las líneas duras intensificando el autoritarismo. Por esto es que energúmenos como los Castro, los Kim Jong y, antes que ellos, los Stalin, Hitler, Mao y Pol Pot aconsejan cerrar el círculo férreamente y no quedarse a mitad de camino dando lugar a protestas de trabajadores y críticas del periodismo independiente. Por eso es que el antes mencionado García Linera lo cita con tanto entusiasmo a Danton -partícipe activo en el terror de la contrarrevolución francesa y que el mismo terminó guillotinado- en el sentido de que cada medida debe ser más osada que la anterior si no se quiere perder terreno. En esta columna, es oportuno centrarnos en torno al sindicalismo y las huelgas. No se trata de alabar las organizaciones sindicales cuando son favorables a ciertas ideas y condenarlos cuando se manifiestan en un sentido distinto. En ese caso, no hay una teoría seria que respalde la posición sino que se trata simplemente de usar el movimiento obrero en provecho de quienes detentan el poder político. En una sociedad abierta el sindicato es una asociación libre y voluntaria para cualquiera de los propósitos que establecen los respectivos estatutos siempre y cuando no se apunte a lesionar derechos de otros. La cantidad de sindicatos y sus respectivas características dependen de lo que decidan sus afiliados a través de los procedimientos electorales que estos establezcan y consideren pertinentes. Si hay un sindicato o un millón resulta indiferente, el asunto es que no se base en la fuerza, esto es, que no se recluten personas como si fueran rebaño en base a la afiliación compulsiva, los aportes coactivos o la representación forzosa de hecho, lo cual lo convierte en una asociación ilícita. Por su parte, la huelga es el derecho a no trabajar que lo pueden ejercer todos siempre y cuando se cumplan con los arreglos contractuales acordados (si se hubieran estipulado preavisos etc.). Lo que no tiene cabida en una sociedad abierta es el pretendido derecho a estar y no estar simultáneamente en el puesto de trabajo, es decir, que si no se accediera a una solicitud de aumento de salario el trabajador puede ocupar el lugar de trabajo o por métodos violentas bloquearle la entrada a otros dispuestos a cumplir con sus labores. En realidad mucha de la legislación laboral vinculada a sindicatos y huelgas se basa en una manifiesta incomprensión de la causa por las que se elevan ingresos y salarios en términos reales. Dicha causa reside en las tasas de capitalización, es decir, en la inversión per capita que hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su productividad. No es lo mismo arar con las uñas que con un tractor. No es lo mismo pescar a cascotazos que con una red de pescar. La mencionada capitalización se traduce en equipos de capital, es decir, maquinarias, equipos, instalaciones, combinaciones de factores de producción y conocimientos aplicados a los correspondientes procesos que fuerzan a la suba en los salarios. El empleador en Dallas no remunera mejor que el empleador de La Paz porque es más generoso sino porque las tasas de capitalización lo obligan a pagar más, de lo contrario no encuentra trabajo. Por ejemplo, donde las tasas de capitalización son elevadas no hay tal cosa como servicio doméstico. No es que al ama de casa canadiense no le gustaría contar con esa ayuda, es que para contratar ese servicio debe pagar salarios exorbitantes al efecto de atraer a personas que están ubicadas en empresas rentables. No cabe argumentar que es necesario que el aparato estatal medie en las relaciones laborales para evitar que los patrimonialmente más fuertes exploten a los más débiles puesto que, como queda dicho, los salarios e ingresos en términos reales son consecuencia de las tasas de capitalización y no de la voluntad de una de las partes. Si el más millonario de la comunidad decide ofrecer salarios inferiores a los de mercado, no podrá contratar el servicio que busca. A estos efectos, el volumen de la cuenta corriente de los contratantes es del todo irrelevante y la llamada redistribución de ingresos no hace más que volver a distribuir por la imposición gubernamental lo que el consumidor ya distribuyó pacíficamente en el supermercado. La susodicha redistribución afecta la asignación de recursos y la consiguiente capitalización que, a su turno, disminuye salarios de los más necesitados. Como ha escrito Woody Allen: “los políticos son incompetentes o corruptos, y a veces las dos cosas en el mismo día”. A su vez, para atraer inversiones -sean consecuencia del ahorro externo o fruto del ahorro interno- es indispensable contar con marcos institucionales civilizados en donde se garantice el respeto a la propiedad, de lo contrario se ahuyentará la inversión tal como ocurre hoy en Bolivia, que es otro caso más de kleptocracia galopante que intenta ocultarse tras una burda fachada de democracia. Es de desear que instituciones como la Fundación Libertad y Democracia de Santa Cruz (FULIDE) y otros meritorios esfuerzos educativos en Bolivia encuentren la suficiente comprensión para revertir la angustiante situación por la que atraviesa el pueblo boliviano que no se resuelve con gobernantes disfrazados de indígenas, con cantos alegóricos ni con discursos altisonantes sino con la seriedad que brinda el respeto recíproco. Aquellas catacumbas culturales seguramente tendrán en cuenta la necesidad de enfatizar las causas y las consecuencias de la crisis internacional con epicentro en Estados Unidos que irrumpen con renovadas fuerzas en muy diversos lares, pero siempre por los mismos motivos de irresponsabilidad mayúscula de los aparatos estatales de haber generado gastos siderales, deudas monumentales, pavorosos déficit y estructuras bancarias en la cuerda floja debido al nefasto sistema de reserva fraccional manipulado por las bancas centrales, junto con el debilitamiento de marcos institucionales civilizados, deterioro monetario, impuestos asfixiantes, “salvatajes” forzosos a empresarios ineptos y promesas inauditas de pensiones, prebendas y subsidios insostenibles. Es urgente repasar los principios y valores del liberalismo, al efecto de revertir los desvaríos de megalómanos siempre sedientos por manejar vidas y haciendas ajenas. Mi destacada ex alumna Marialys L. de Monterroso me hace notar un meduloso pensamiento del decimonónico Charles Caleb Colton quien subraya que “La libertad no desciende a las personas, las personas deben elevarse a la libertad; constituye una bendición que debe ser ganada antes de que pueda ser disfrutada”.
*Publicado en Diario de América, Nueva York.
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Paraguay: Socialismo a fondo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Muchos han sido los autores que han advertido de los peligros que significa el transitar el camino del socialismo. Tal vez el más destacado sea Ludwig von Mises quien ha subrayado que como esa postura apunta a la eliminación de la propiedad privada, se juega con fuego si se pretende solo debilitarla puesto que tal como ocurre en una barranca hacia abajo se aceleran los tiempos y la velocidad. Por ejemplo, cuando los gobiernos imponen precios máximos a un artículo los efectos se traducen en que naturalmente, en un primer momento, la demanda excede la oferta disponible debido a que irrumpen nuevos compradores a un precio más reducido. En una segunda etapa se contrae la oferta, no solo por la inexorable desaparición de productores marginales sino porque artificialmente otros sectores aparecen como más rentables. En resumen, por más que se busquen chivos expiatorios, se genera escasez y faltante del producto en cuestión lo cual crea la tentación de controlar otros precios con lo que se generaliza la ausencia de indicadores económicos y se bloquea la posibilidad de evaluar proyectos en base a información realista. Una cosa lleva a la otra cuando se pretenden manejar vidas y haciendas ajenas, hasta que el control es total (de ahí el totalitarismo). No hay tal cosa como el “socialismo con rostro humano” como variante a la tendencia stalinista ya que no es humano el coartar y restringir la libertad y la disposición del fruto del trabajo de cada cual. No hay que sorprenderse de que las ambiciones crecientes por el poder y el manejo burocrático de las personas resulten en experimentos más o menos truculentos y promesas imposibles de cumplir cuando se pone en evidencia el rostro desagradable de la prepotencia estatal. Tomemos el caso del Paraguay de estos días. Un país que tiene una larga historia de tiranías con los Francia, López y Stroessner cae ahora en las manos de un ex sacerdote que patrocina la teología de la liberación (léase marxismo), el “padre de la patria” en sentido literal y figurado, el “jesuita de la cremallera fácil” para usar una expresión de Jaime Bayly, el demagogo Fernando Lugo que ahora intentan sobrepasar los integrantes del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). La de Paraguay es una historia triste que navega entre la dictadura y la kleptocracia. El mencionado grupo rebelde es comandado por Manuel Cristaldo Mieres quien propugna la necesidad de establecer una “república socialista” con medidas de fondo que permitan que el aparato estatal “controle toda la propiedad, comenzando con una reforma agraria integral” para lo cual “resulta indispensable derrocar al oligarca de Lugo”. Los guerrilleros de marras acaban de incendiar la maquinaria agrícola de un empresario brasilero y secuestraron a dos ganaderos paraguayos a los cuales se les pidió abultados rescates que fueron debidamente satisfechos y asaltaron la base militar de Tacuatí. En vista de estos repetidos hechos violentos el gobierno paraguayo ha decretado el estado de excepción (estado de sitio) en cinco provincias. Este movimiento subversivo se declara marxista-leninista y cuenta con buen apoyo logístico en las universidades y centros educativos paraguayos y la simpatía de otros grupos afines en muy diversos lares. El mismo Lugo ha estado predicando el socialismo durante mucho tiempo desde el púlpito y desde el llano, como se dice “calentó el mate para que otros se lo tomen”, de modo que no debería ser una sorpresa la aparición de grupos como el mencionado que por el momento parece reducido pero no se sabe en que terminará. Fenómeno parecido ocurrió hace poco con la intentona de un grupo rebelde en Venezuela que se autoproclamó el genuino representante de la “revolución bolivariana” tal como lo consigné en otra columna. Ese grupo cuya filmación fue ampliamente distribuida por los medios declaró que “Chávez traicionó la revolución y debe ser destituido y reemplazado por los verdaderos revolucionarios”. Es lo que ocurrió hace tiempo en la Argentina con Perón quien en correspondencia con su lugarteniente John William Cooke le ordenó el 21 de junio de 1957 que “los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a sus dueños, se quedarán con ella. Los que toman una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo […] Los suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades, tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro”. El mismo que anunciaba desde el poder que “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a opositores” (discurso en cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947) y “Al enemigo, ni justicia” (correspondencia del 20 de febrero de 1954 a Ramón Alfredo Subiza, interventor en la provincia de Santiago del Estero con retención del cargo de Secretario de Asuntos Políticos del gobierno nacional). Poco tiempo antes de asumir su tercer mandato presidencial declaró que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de ayudarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (revista Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970). Perón estimuló el terrorismo y felicitó a los asesinos del Gral. Aramburu y -al igual que hoy hace Lugo en cuanto a rechazar fuerzas competitivas- echó a los Montoneros de la plaza de Mayo en un acto y avaló las matanzas de su mayordomo-ministro de bienestar social devenido en brujo (José López Rega, ascendido por Perón en un solo acto de cabo a Comisario General de la policía federal), solamente porque veía que le querían disputar el poder y, desde luego, no porque hubiera cambiado de idea ya que a través de su ministro de economía José Ber Gelbard planeó la estatización del sistema financiero, provocó una descomunal inflación con controles de precios y estrechó las relaciones con Cuba otorgándole un inaudito préstamo, además de las consabidas corrupciones mayúsculas como el sonado caso ALUAR. Por todo esto es que Perón preparó su regreso para su tercer período en la presidencia designando, antes que el, como presidentes de “la república” a los lacayos impresentables Cámpora y Lastiri, y así es que nombró como su vicepresidenta y sucesora a la cabaretera Isabelita (por aquello de “después de mi el diluvio”). Hoy en Paraguay el Ejército Popular Paraguayo no se contenta con simulacros de socialismo sino que demanda socialismo a fondo. Fernando Lugo entró al seminario a los 19 años y una vez ordenado sacerdote fue enviado a misionar a Ecuador donde tomó contacto en profundidad con la Teología de la Liberación. A su regreso la Iglesia lo envió a Roma a estudiar hasta 1987 y en 1994 fue designado Obispo del Departamento de San Pedro en Paraguay. Era conocido como “el obispo de los pobres” y en los archivos de periódicos como ABC Color (en donde he escrito muchos artículos) se encuentran infinidad de declaraciones de Lugo a favor de la redistribución de la tierra y del socialismo hasta que decidió afiliarse al Partido de la Democracia Cristiana que en una coalición lo condujo a la presidencia de Paraguay. El 14 de agosto de 2008 en The Guardian Weekley se publicó un pormenorizado análisis de las ideas socialistas de Lugo bajo el título de “The Rise of the Red Bishop”. Antes que las llamaradas totalitarias asfixien todo vestigio de decencia y respeto en nuestro continente, se torna imperioso el esfuerzo por estudiar los fundamentos de una sociedad abierta y los daños irreparables que provoca la guillotina horizontal del igualitarismo que solo iguala en la miseria y estafa los mejores sueños de la gente más necesitada. Es de esperar que cada vez cuenten con más apoyo mis muy meritorios amigos de la Asociación de Libertarios del Paraguay y la Fundación Libertad de Asunción. Y no se trata solo de lamentarse de lo que podría haberse hecho en el pasado y no se hizo. El asunto es estar seguro que en ese momento se actuó de la mejor forma posible dadas las circunstancias imperantes. No se trata de extrapolar situaciones ni de operar en base a la información que proporciona “el diario del día siguiente”. Es lo mismo que si hoy los descendientes estadounidenses de los pieles rojas se arrepientan porque sus ancestros, en 1626, vendieron toda la isla de Manhattan a un grupo de inmigrantes holandeses por chucherías equivalentes a 24 dólares (valores de 1785). Se trata de tomar conciencia hoy y no dejar pasar oportunidades para revertir la situación en la que nos encontramos. No se trata de alegar excusas pueriles y mentirosas como que “no he sido dotado del talento para participar” (lo cual recuerda trabalenguas, silogismos dilemáticos o paradojas como la señalada por Epiménides en el sentido de que la proposición “estoy mintiendo” es falsa solo si es verdadera). En realidad la mayor responsabilidad por los atropellos del Leviatán no recae en los grupos extremistas sino en los indiferentes, en los que miran para otro lado y en los irresponsables que contribuyen a abrir las compuertas para que se den pequeños pasos que conducen poco a poco a debilitar los cimientos de una sociedad civilizada y finalmente a provocar las antedichas hogueras. Por eso es tan importante releer las sabias advertencias de Tocqueville en La democracia en América en cuanto a que “Se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra”. Seguramente debido a la referida historia paraguaya es que ese país es ignorado en muchos lugares, por ejemplo, en buena parte de la comunidad anglosajona. A continuación, ilustro el punto con un peculiar intercambio mantenido entre una señora paraguaya y un alto funcionario de la aduana en New York donde este inicia el diálogo del siguiente modo, sin prestar atención al pasaporte: - Where are you from? - From Paraguay, responde la señora - We pronounce it Uruguay, concluye el arrogante burócrata. Finalmente, un comentario de carácter más general y es que hay cretinos que jamás contribuyen un ápice a mejorar situaciones a través del debate de ideas y solo piensan en colocar sus recursos en países como Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua en la esperanza de lucrar cuando allí se liberen de las lacras gobernantes (naturalmente debido al esfuerzo que otros vienen realizando). Ya sabemos que el primer país es un gran campo de concentración y los otros cuatro han abandonado la democracia para reemplazarla por kleptocracia, es decir, el gobierno de ladrones: de propiedades a través de cargas fiscales insoportables y endeudamientos inauditos, de libertades individuales y de vidas y sueños que arruinan los megalómanos del momento. Como hemos apuntado más arriba, Paraguay está en las mismas y ahora se acerca la Argentina a pasos agigantados (en una columna anterior me refería a su “desbarajuste institucional” pero en estos instantes se acaba de consumar una alarmante escalada que arremete contra el periodismo independiente). Constituye una ofensa superlativa el denominar “democracia” a regímenes que se burlan del sentido más elemental de la sociedad libre y del debido respeto a las minorías. Con todas las contradicciones de la época, Aristóteles consignó que “el principio fundamental del gobierno democrático es la libertad” y, en esa misma línea, Lord Acton escribió que “La distinción más firme para juzgar si un país es realmente libre es la dosis de seguridad de que gozan las minorías”.
*Publicado en Diario de América, Nueva York.
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La tragedia griega

Por Alberto Benegas Lynch (h) Lo ocurrido en estos tiempos en Atenas no se asemeja a las moralejas de las tragedias griegas del período clásico. En este caso no parece haber enseñanzas, por lo menos no son absorbidas por  buena parte de los gobernantes socios de la Unión Europea que insisten con colosal tozudez en las mismas recetas que provocan la debacle. En la tierra de Sófocles donde en boca de Antígona nace la idea del derecho como anterior y superior a los aparatos estatales, se entroniza el omnipotente Leviatán que invade todas las esferas privadas, donde la deuda asciende a cuatrocientos veinte billones de dólares (115% del PBN), el déficit fiscal ha trepado a casi el catorce por ciento de lo producido y el gasto público llega al sesenta por ciento de esa producción anual, además de haber creado una espesa maraña tributaria, haber implantado un sistema de pensiones quebrado de antemano y la regulación salarial conduce a que quinientos ochenta mil personas no encuentren la posibilidad de emplearse (a pesar de las incorporaciones en la administración pública de los últimos tiempos). El gobierno socialista de Giorgos Papandreu piensa resolver la crisis mayúscula que ha sumido a su país con la financiación compulsiva por parte de los habitantes de otros países miembros de la antedicha unión (30 mil millones de euros y 15 mil millones adicionales del FMI según declara el actual ministro de economía G. Papaconstantinon). Entre tanto, como una muestra de lo que curiosamente se considera una señal seria de autodisciplina, se congelan salarios en la administración pública, se propone incrementar impuestos y se estira con retroactividad la edad jubilatoria, con lo que naturalmente aumenta la intensidad de la luz roja de la célebre calificadora newyorkina fundada por John Moody en 1909. Por su lado, Christis Katosiotis, el líder sindical afiliado al Partido Comunista, interpreta que la fenomenal crisis se debe al sistema capitalista que “declara la guerra a los trabajadores, lo cual amerita la guerra defensiva puesta en marcha”. Las calles de varias de las ciudades griegas se llenan de enfurecidos manifestantes que bajo la lluvia y otras inclemencias del tiempo se pronuncian por más intervención gubernamental en los negocios privados. Se cree que las aludidas financiaciones “salvarán al euro” sin percatarse que no solo acentuará el moral hazard sino que intensificará los graves problemas de otras naciones miembro. Después de Grecia le tocará el turno a Irlanda, Portugal, España e Inglaterra (en este caso en buena medida el curso de los acontecimientos dependerá de las elecciones del 6 del mes que viene) que se encuentran en situaciones límite debido a las mismas causas de demagogia y despilfarro gubernamental en gran escala (para no decir nada de los desaguisados en Estados Unidos, en este sentido, dada la admiración que la actual administración le profesa a F. D. Roosevelt, resulta oportuno recordar un pensamiento del ex Senador Robert A. Taft: “Existe un peligro mucho mayor de infiltración de las ideas que provienen del círculo del New Deal en Washington que  todas las que puedan existir por parte de cualquier actividad de los comunistas y de los nazis juntos”). Es increíble pero cierto que cada uno de estos grotescos barquinazos provocados por el apartamiento de los valores, principios e instituciones de la sociedad abierta, es decir, por el constante rechazo a los consejos del liberalismo clásico reiterados una y otra vez por las opiniones más autorizadas, cada nueva caída decimos, paradójicamente se le endosa la responsabilidad al capitalismo y a los mercados libres. Los gobernantes de nuestra época operan como lo hizo Agamenón cuando fue descubierto cortejando la mujer de Aquiles. Relata Homero en La Ilíada que el primero se justificó diciendo “Yo no soy el culpable sino Zeus […] La divinidad es la que lo dispone todo”. Como Agamenón, los gobernantes no asumen sus responsabilidades y pretenden distraer las miradas en causas inexistentes. Es notable como a raíz de la estafa de Madoff basada en el esquema Ponzi (realizada con más enjundia, perseverancia y volumen por los gobiernos todos los días), muchos de los burlados, en lugar de asumir las responsabilidades, le endosan las culpas al gobierno estadounidense, lo cual estimula a los burócratas a intervenir más allá de sus funciones específicas. Precisamente, en otra manifestación de arrogancia, ahora ese gobierno pretende inmiscuirse aún más en el mercado financiero a través de una mayor regulación (momentáneamente suspendida en el Senado), entre otras cosas, para la utilización de los derivados o derivativos (instrumentos financieros que se traducen en contratos sobre valores futuros subyacentes como materias primas, acciones, tasas de interés, tipos de cambio etc. que se pueden concretar a través de opciones, swaps y otras variantes, riesgos que pueden eventualmente mitigarse operando simultáneamente con otros activos cuyos valores se conjetura se moverán en la dirección opuesta) y, en lugar de apuntar a Freddie Mac y Fannie Mae, la Ley de Inversión Comunitaria y la manipulación gubernamental de la tasa de interés (de descuento y referenciales) como causantes de la burbuja inmobiliaria, busca chivos expiatorios como son ahora los casos de Lloyd Blankfein y Fabrice Tourre de Goldman Sachs (sin perjuico del lobby inaudito de esta y otras empresas...parecen ignorar la rotunda condena de Madison a las facciones en el número 10 de los Papeles Federalistas). No se comprenden los principios jurídicos establecidos por los Padres Fundadores estadounidenses tomados de las mejores tradiciones de Occidente, en cuanto a que el aparato de la fuerza castiga las lesiones al derecho pero no se inmiscuye en nuestros domicilios por si estuviéramos tramando un delito. Un fraude denunciado y debidamente comprobado no debe confundirse con el “excesivo” riesgo que asume y acepta un cliente y si hubiera malas o pésimas administraciones como surge de algunos correos electrónicos (que no deberían haberse interferido), no es cuestión del gobierno sino de los inversores. Los “delitos de intención” de Robespierre no caben en las estructuras jurídicas civilizadas. Cada uno debe asumir las responsabilidades por los contratos que lleva a cabo con o sin las auditorias que crea conveniente incorporar, y solo se recurre a la fuerza de carácter defensivo cuando se ha producido una lesión al derecho. El aparato de la fuerza no debe inmiscuirse en los negocios de Wall Street pero tampoco “ayudarlos” con los recursos detraídos coactivamente de los contribuyentes (por más que algunos devuelvan los recursos, se trata de un saqueo ya en caso de que operadores estimen que debe prestárseles lo harían en los plazos, tasas y condiciones que el mercado establece). También respecto de Estados Unidos, en esta instancia, con sus endeudamientos colosales y las impertinentes intromisiones en los negocios privados, ha marcado el camino para la tragedia griega y otras muchas tragedias del momento. Recordemos que Earl Brown, quien fuera la cabeza del Partido Comunista estadounidense, ya el 19 de junio de 1966 consignó en el Pittsburgh Press que “América [Norteamerica] está recibiendo el socialismo de a pasos a través de los programas del Estado benefactor […] Los americanos [norteamericanos] no estarían dispuestos a votar por un programa bajo el rótulo de `socialismo` pero con la etiqueta de Republicano o Demócrata están en gran medida a favor de la idea”. No me explico el porqué de las pocas voces que se levantan airadas en protesta por esta tragedia griega que no solo tiene lugar en Grecia. Sospecho que, en gran medida, las llamadas “mayorías silenciosas” se mantienen en silencio por la sencilla razón de que no tienen nada especial que decir. Antes que nada, lo que estimo si conviene decir y en voz alta es que hay que ser cuidadoso al referirse a las cuentas fiscales. No debe ponerse el carro delante de los caballos: la responsabilidad fiscal tiene su importancia pero lo realmente relevante es el respeto por las autonomías individuales, es decir, respetar los espacios de libertad que pertenecen a cada uno. Como he escrito antes, puede concebirse que en un país no haya déficit fiscal y sin embargo instaure un inmenso Gualg. De lo que se trata es que cada persona sea libre de seguir el camino que considere pertinente sin la intromisión de los aparatos estatales ni de nadie. Cada uno debe asumir la responsabilidad por sus propios actos. El ser humano tiene un valor en si mismo y no es el medio para los fines de otros. La solidaridad es por definición un acto libre y voluntario, de lo contrario no es solidaridad sino un atraco y una invasión a la privacidad y al derecho de otros. No hay derecho contra el derecho, no puede alegarse la facultad de bloquear las facultades de otros al hacer uso del fruto del trabajo ajeno. Este es el método por el que se establece un sistema en el que la sociedad se convierte en un inmenso círculo en el que todos tienen metidas las manos en los bolsillos del prójimo, con lo que se derrumba todo incentivo para progresar. No es que deba hacerse la apología de la irresponsabilidad fiscal pero el motivo por el que las personas se reúnen en sociedad es la cooperación social pacífica y voluntaria y no el saqueo recíproco y el consiguiente canibalismo colectivo. Desde Luxemburgo ahora Miguel Ángel Moratinos, el ministro de asuntos exteriores español, presiona para que el “salvataje” a Grecia se acelere porque ve venir que el próximo país en línea para el pedido de socorro será España que ya está en una situación negra, también por la irresponsabilidad socialista. Lo que hoy ocurre en Grecia se generalizará a otros lares en la medida en que se generalicen los implacables tentáculos del Leviatán. Ya es hora de aplacar a los megalómanos en su sed ilimitada por tratar a los gobernados como simples apéndices de los caprichos de quienes detentan el poder. Es menester que se estudien y repasen los fundamentos de una sociedad abierta para que las “mayorías silenciosas” dejen de mantenerse silenciosas en defensa de sus propia supervivencia. Hace falta una buena dosis de ejercicio filosófico: la gimnasia de pasar de lo patente a lo latente en el contexto de una dialéctica siempre actualizada y pulida sobre la sociedad libre (desde luego, en el sentido original-platónico de la dialéctica y no en la acepción hegeliana-marxista de la expresión). En términos más generales, la forma de salir del marasmo en el que en gran medida hoy se encuentra el mundo consiste en hacer un alto en el camino y tener una mirada interior más atenta. En este sentido, me parece oportuno cerrar esta columna con algunos pensamientos de George Carlin -me los envió mi amigo don Julio Lowenthal- en los que se comprueba que un comediante puede escribir cosas más serias de las que exhiben muchos de los que se consideran serios: “La paradoja de nuestro tiempo en la historia es que contamos con edificios más altos pero temperamentos más escuetos, carreteras más anchas pero puntos de vista mas estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero gozamos menos […] Contamos con más expertos pero tenemos más problemas […] leemos muy poco pero vemos demasiada televisión […] Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestro valores […] Hemos aprendido a ganarnos la vida pero no una vida […] Hemos conquistado el espacio exterior pero no nuestro espacio interior […] Hemos limpiado el aire pero hemos contaminado el alma […] Planeamos más pero logramos menos […] En estos días contamos con casas más vistosas pero hogares destruidos […] Es un tiempo donde hay más en la vidriera pero nada en el depósito […] Y siempre recordemos: la vida no se mide por el número de alientos sino por los momentos en los que quedamos sin aliento”.
*Publicado por Diario de América, Nueva York.
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Glenn Beck: Un ejemplo a seguir

Por Alberto Benegas Lynch (h)

De tiempo en tiempo aparecen en los medios de comunicación personas de una notable solidez respecto de los principios en los que descansa la sociedad abierta y de una extraordinaria capacidad didáctica. Este es el caso de Glenn Beck con su programa diario de televisión en Fox News y con su programa radial también emitido diariamente de lunes a viernes. No es un periodista profesional sino una persona que a cierta altura de su vida comenzó a estudiar historia y economía y se preocupó y ocupó del futuro de su país, Estados Unidos y, como consecuencia, del mundo libre.

Su programa básicamente consiste en un editorial sin entrevistados, aunque algunas veces invita a diversas personalidades como Thomas Sowell, Arthur Laffer, Stephen Dubner, y representantes de la notable y prolífica Cato Institute como Chris Edwards y Justin Logan. La gran preocupación que demuestra en todas la ediciones de sus programas televisivos consiste en señalar como algunos de los gobiernos estadounidenses se han apartado radicalmente de los valores establecidos por los Padres Fundadores en el siglo xviii. Primero con Woodrow  Wilson a través del establecimiento del impuesto progresivo y la Reserva Federal para lo cual se requirieron sendas enmiendas constitucionales.

El binomio Harding-Coolidge trabajó para reducir el gasto, la deuda y los impuestos, lo cual fue grandemente revertido por Hoover y luego acelerado con el estatismo de F. D. Roosevelt en materia de gasto público, deuda, política monetaria, fiscal, laboral y en el entrometimiento estatal en el mundo de los negocios (todo lo cual, junto con los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años veinte, provocaron y prolongaron la gran crisis que fue revertida a regañadientes por Truman al eliminar los controles de precios, reducir el gasto gubernamental de la posguerra y prescindir de funcionarios radicalizados enquistados en el poder).

Glenn Beck alude a los desaguisados de G. W. Bush especialmente en cuanto a la fenomenal transferencia coactiva de recursos desde los sectores productivos para engrosar los bolsillos de empresarios ineptos e irresponsables, lo cual justificó al decir que “me aparto de los principios del mercado libre para salvar al mercado libre” y también el aumento sideral del endeudamiento gubernamental (Bush pidió cinco veces autorización al Congreso para elevar el tope de la deuda), su astronómico déficit fiscal (a pesar de que su predecesor dejó un abultado superávit) y su increíble elevación del gasto del gobierno central (fue la administración que mostró la tasa de crecimiento más alta de los últimos ochenta años en la relación gasto-producto).

Ahora Beck centra su atención en la gestión de Obama quien ha consolidado la toma gubernamental de industrias automotrices, bancos, compañías de seguros y ha socializado más aún la medicina, en el contexto de nuevas subas en el gasto, el déficit y en la deuda (hoy significa el 85% del total producido en ese país, de cada dólar gastado 43 centavos corresponden al endeudamiento). Las regulaciones asfixiantes ocupan 75.000 páginas anuales y los reguladores federales suman 39.000 personas tiempo completo. A esto agrega Beck la presencia en el gobierno como el máximo responsable de la Comisión Federal de Comunicaciones, Mark Lloyd, que públicamente adhiere a la política de Hugo Chávez en materia de medios de comunicación, al responsable de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios de la Casa Blanca en Washington, Cass R. Sunstein, el cual acaba de publicar un libro cuyo título ilustra el pensamiento del autor:  The Second Bill of Rights: FDR`s Unfinished Revoution and Why We Need it More than Ever, su nuevo asesor espiritual Jim Wallis tan radical de izquierda como su antecesor Jeremiah Wright (el que gritaba desde el púlpito en sus predicaciones “God damn America”), su asesor en temas laborales como el sindicalista socialista Andy Stern y sus recientes colaboradores Anita Dunn (admiradora de Mao) y Van Jones (miembro del partido comunista).

Para mostrar cuan lejos se encuentra Estados Unidos de los Padres Fundadores, Beck, en presencia de tres profesores de derecho constitucional, comentó un pensamiento de Thomas Jefferson que escribió en el pizarrón: “Los dos enemigos de la gente son el gobierno y los criminales, de manera que atemos el primero con las cadenas de la Constitución para que ese primero no se transforme en la versión legalizada del segundo”. Como ha citado el Juez Andrew Napolitano en el programa al que nos referimos, Obama aseveró en la Radio Pública de Chicago que “la Constitución [de Estados Unidos] consiste en un listado de libertades negativas, es importante que el gobierno desempeñe un rol activo al efecto de lograr la redistribución del ingreso”.

El conductor del programa que comentamos muestra gran integridad moral, perseverancia y coraje con sus denuncias a contramano de la enorme mayoría de los medios escritos y orales en Estados Unidos. Su soledad en los programas que emite contrastan con la multitud de sus seguidores (entre tres y cuatro millones de personas lo ven diariamente solo en Estado Unidos). Sin duda que el programa no contaría ni remotamente con esa audiencia ni su conductor se hubiera enterado de las ideas de la libertad si no es por todos los autores e instituciones que vienen publicando libros y enseñando esos principios desde hace muchos años. En este sentido, aprovecho la oportunidad para rendirle un justiciero homenaje a la entidad pionera en estas labores: la Foundation for Economic Education de New York (FEE), fundada por el gran Leonard E. Read en 1946 y hoy presidida con notable eficacia y enjundia por Lawrence Reed.

Debido a la constante prédica de Beck y, en la arena política, a la de personalidades como la del doctor Ron Paul, se han formado muy diversos grupos de estudio y se ha consolidado el Tea Party integrado por numerosos ciudadanos hartos con la sobredimensión del aparato gubernamental, con los impuestos excesivos y con la arrogancia de los políticos en Washington que tal como manifiestan integrantes del Tea Party parecería que la gente trabaja para ellos en lugar de percatarse que son ellos los empleados de la gente. Este movimiento multitudinario que pone de relieve una de las manifestaciones de las reservas morales norteamericanas, es objeto de las patrañas de la más baja estofa por parte de quienes se sienten desplazados en sus planes por cambiar la filosofía de un país que en su momento ha producido la revolución más exitosa en la historia de la humanidad a favor de la libertad.

El eje central de la exposición diaria de Glenn Beck gira en torno a la importancia que impere la libertad y su contracara la responsabilidad individual. La importancia de la honestidad intelectual, del restablecimiento de la confianza y el respeto recíproco, del esfuerzo y del mérito a diferencia del clima que impera de las demandas por la utilización del fruto del trabajo ajeno y de pensar que es posible obtener algo a cambio de nada. Como bien ha ejemplificado Milton Friedman “there is no such thing as a free lunch” y como bien ha escrito Israel Kirzner “The central idea for a understanding of individual liberty, lies in the individual freedom to identify for himself what the opportunities are which he may endeavour to grasp”.

Beck insiste en que vivimos la era de los pseudoderechos, es decir, aquellos que se otorgan a expensas de los derechos de terceros y realiza muy oportunas comparaciones con los regímenes totalitarios a través de la historia y como se han sacrificado millones de vidas que han quedado en al camino para satisfacer la ilimitada sed de poder de los megalómanos del experimento.

No es que coincidamos en todo lo que dice Glenn Beck, con nadie coincidimos en la totalidad de lo dicho y hecho, incluso es frecuente que lo que nosotros mismos escribimos, transcurrido un tiempo, al releerlo,  pensamos que lo hubiéramos podido escribir de una mejor manera. De lo que se trata es de apoyar el trabajo de alguien que significa una muy fértil bocanada de oxígeno en medio de sucesos que pretenden acabar con la condición humana a través de los permanentes zarpazos del Leviatán. Tanta es la aversión al esfuerzo cotidiano de Beck que en estos instantes se ha desatado una campaña en la que se solicita que se escriban cartas de protesta a los patrocinadores del programa televisivo de marras para que abandonen su financiación.

Ahora Beck sugiere que para salir del marasmo en que se encuentra Estados Unidos (disimulado momentáneamente por la sensación de bienestar que genera la inflación en marcha, principalmente vía la monetización de la deuda) que se elimine el Departamento de Educación del gobierno central (engendro que creó Carter y que Reagan intentó eliminar sin éxito), la eliminación de la llamada “ayuda externa” que sirve para incentivar políticas absurdas y corruptas, la eliminación de la hemorragia de los antedichos “salvatajes” y, siguiendo el consejo original de George Washington, el retiro de las tropas de todas partes del mundo y abandonar la estúpida pretensión de “construir naciones”… mientras la estadounidense abandona principios básicos (esta columna, aludiendo a los políticos descarriados del Distrito de Columbia y al mencionado primer Presidente, también se podría haber titulado “Washington no entiende a Washington”).

Desde estas líneas celebramos la conducción de Glenn Beck y hacemos votos para que sea imitado por otros medios de comunicación. Esto es en beneficio propio de todos los que amamos la libertad y tenemos un sentido de dignidad por el que nos rebelamos frente a la prepotencia y la soberbia de los aparatos estatales que pretenden inmiscuirse en todos los recovecos de nuestras vidas.

*Publicado por Diario de América, Nueva York.
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