Deterioro de los términos de intercambio y sustitución de importaciones
Emilio Ocampo y Agustín Etchebarne en los seminarios de Libertad y Progreso
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Emilio Ocampo y Agustín Etchebarne en los seminarios de Libertad y Progreso
ÁMBITO FINANCIERO - La inflación está en el podio de las preocupaciones de la gente, por lo que también inquieta al gobierno de turno ya que, en definitiva, son los ciudadanos los que votan. Sin embargo, el gobierno parece no encontrarle la vuelta a la inflación. Esto no llama la atención ya que el diagnóstico erraba de raíz al creer que la emisión monetaria no iba a generar inflación. Finalmente, la realidad se terminó imponiendo.
En marzo, la inflación subió un 4,1% respecto al mes anterior según el IPC-LyP, marcando la suba más alta desde noviembre del 2019 cuando llegó al 4,25% mensual. Así, en el primer trimestre del año, la suba de precios anota un alza del 12,2% con una inflación promedio mensual del 3,9%. Lo más preocupante, es que se da en el marco de un dólar oficial que crece a un ritmo menor que la inflación, tarifas de servicios públicos que se siguen atrasando y controles de precios por parte de la Secretaría de Comercio. En otras palabras, a pesar de tener controlados gran parte de los precios de la economía, la inflación sigue siendo muy alta, por lo que la inflación reprimida es mayúscula.Informate más
El nivel de inflación enciende la alarma en el BCRA. Lo cierto es que, el 2021 es mucho más desafiante en materia de inflación que el 2020 por varias razones. En primer lugar, el año pasado se sufrió una brutal caída en el nivel de actividad que empujó los precios hacia la baja. Este año, es de recuperación (parcial), por lo que el escenario es distinto. Por otro lado, en el 2020 gran parte de la emisión fue absorbida con deuda remunerada, lo que nos deja hoy con un nivel de deuda remunerada que supera la base monetaria. En otras palabras, repetir estos niveles de deuda remunerada en el 2021 es menos viable. Además, el año pasado se venía de un 2019 en donde la política monetaria de Sandleris desmonetizó a la economía por unos meses, dándole margen a Pesce para que expanda la base monetaria. En el 2021, la actividad económica recuperará parte de la caída del año 2020, y se empezarán a sentir los pesos que le pidió el Tesoro al BCRA. Esta es la razón por la que desde el Ministerio de Economía siguen muy atentos a las licitaciones de deuda en el mercado local ya que es fundamental conseguir la mayor cantidad de recursos por esa vía, ya que, en caso contrario, la asistencia del BCRA deberá ser mayor, con sus consecuencias inflacionarias.
En tiempos en donde se discute si la inflación es multicausal y, en consecuencia, se combate la inflación con medidas arcaicas como los controles de precios y pedidos de información de costos, la realidad se impone con datos cada vez más preocupantes en el índice de inflación. Mientras tanto, en el resto del mundo el debate de la inflación ya perdió atractivo porque ya se sabe como solucionarlo y pasan a discutir otros temas más relevantes para sus economías.
Volviendo a Argentina, el 12,2% acumulado en el primer trimestre del año, pone prácticamente en jaque mate a la meta de inflación propuesta por el ministro Guzmán del 29% para todo el año. Para que se cumpla, la inflación mensual a partir de abril tiene que ser del 1,55% todos los meses. Luce difícil de cumplirse. Es más, abril ya arrancó con fuertes aumentos de alimentos y bebidas y aumentos de prepagas, y en mayo se incrementará el gas un 6%.
A medida que se fue complicando el panorama inflacionario, el gobierno no hizo más que endurecer controles de precios, y forzar a las empresas a que produzcan al 100% de la capacidad instalada. Mientras que los costos de las empresas siguen aumentando, los precios máximos no hacen más que desalentar la producción ya que aquellos oferentes en los que apenas tenían margen de beneficio dejan de ofrecer debido a que, a ese precio, vender les produce pérdidas. Ahora, si el gobierno los obliga a producir y a vender, las están condenando a la quiebra.
En vez de decirle a las empresas cómo deben manejar su negocio, el gobierno tiene que preguntarse, qué tiene que hacer el estado para que el drama de la inflación desaparezca como sucede en el resto del mundo, salvo excepciones como Venezuela. Para ello, es condición necesaria que entiendan que la asistencia del BCRA, ya sea por emisión directa o por deuda remunerada (Pases y LELIQs), hace que los pesos sobren en una economía en la que son poco demandados. Para que se comprenda este último punto es importante entender que la inflación no la producen los empresarios, sino que el desequilibrio de las cuentas fiscales, y la imposibilidad de financiarse por otro medio que no sea el BCRA, hacen que nuestra moneda se deprecie cada vez más y que los bienes valuados en esa unidad de cuenta tengan un mayor precio. Asumir la responsabilidad de la inflación es el primer paso para ponerle fin a una evolución en el nivel de precios que golpea más que nada a los más vulnerables e impide que nuestra economía se desarrolle en un entorno más previsible.
INFOBAE - La Argentina tuvo una fuerte recuperación económica desde mediados de 2020. No solamente porque a cada vez más empresas y gente la dejaron volver a trabajar, sino porque el escenario mundial se volvió sumamente favorable para el país. Los bancos centrales de los países desarrollados emitieron muchísimo para tratar de sostener sus economías ante el impacto negativo de la pandemia. Sin embargo, esto implicó que sus monedas se depreciaran, al igual que sucede en Argentina cuando nuestro Banco Central (BCRA) le da a la “maquinita”. Pero, con mucho menos pérdida de valor de sus monedas; porque son confiables y sus ciudadanos las demandan, mientras al peso nadie lo quiere. En definitiva, la caída del poder adquisitivo del dólar se reflejó en una suba de los bienes exportables, que se miden contra esa moneda, en particular en el valor de los productos argentinos. También, la abundancia de liquidez mundial ayudó a financiar el incremento de la demanda internacional. Todo esto implicó un aumento de los montos exportados, más allá de que estamos lejos de alcanzar las cantidades vendidas al exterior de 2019; aunque hubo alguna recuperación con respecto a 2020. Además, tanto financiamiento disponible en los mercados llevó a ínfimos rendimientos en los países seguros y a los inversores a buscar incrementar sus ganancias asumiendo más riesgo en países emergentes que pagan más. Sin duda, no están viniendo a la Argentina, ya que es un país del que los capitales se fugan; pero si desincentiva la salida de ahorros e inversiones, mermando el desfinanciamiento de nuestra economía. Así que la recuperación ha sido particularmente fuerte, pero los argentinos continúan empobreciéndose.En 2020, el BCRA estuvo emitiendo a tasas que llegaron a superar el 90% interanual, para financiar al gobierno. Todos sabemos que lo que produce son papelitos pintados que no valen casi nada
Es cierto que los datos de empleo dejan ver que la reactivación vino acompañada de una mayor cantidad de argentinos trabajando. Sin embargo, la mayoría lo volvió a hacer con menores ingresos, en actividades de menor productividad o más precarias, informales o de tiempo parcial. Esto no debería extrañarnos, ¿quién va a invertir y generar empleo productivo cuando el gobierno continuamente toma decisiones en contra de los productores haciéndolos perder plata? Además, imaginémonos un empresario que ve que su demanda aumenta con la reactivación y podría tomar un trabajador más. Difícilmente lo hará cuando sabe que las mejoras siempre fueron seguidas de nuevas crisis y está prohibido despedir o, de última, tendrá que pagar doble indemnización por echar a quien contrató, si algo sale mal.
Por otro lado, el Índice de Pobreza de los Trabajadores ha estado mostrando una desmejora hasta principios de este año. Este indicador se basa en el índice de salarios y la Canasta Básica Total que realiza el Indec y lo que refleja es cuánto más cerca o lejos están los trabajadores de ser pobres. O sea, en Argentina, aún aquellos que tienen la suerte de tener un trabajo se han estado acercando a la línea de la pobreza con sus ingresos y cada vez son más los que caen por debajo de ella. Esto no es raro, en 2020, el BCRA estuvo emitiendo a tasas que llegaron a superar el 90% interanual, para financiar al gobierno. Todos sabemos que lo que produce son papelitos pintados que no valen casi nada; por lo que para transferirle capacidad de gasto al Estado se la saca a los tenedores de moneda local, emitiendo y haciendo bajar su poder adquisitivo. Así el gobierno puede aumentar sus erogaciones cobrándonos el impuesto inflacionario y empobreciéndonos a los argentinos. Pues, la pérdida de valor del peso que gestaron el año pasado, todavía está reflejándose en los precios de los bienes y servicios. Es lo que justifica que la inflación acumulada del último trimestre de 2020 haya superado el 11% y, la del primer trimestre de este año, rondara el 12%.
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El perseverante empobrecimiento de los trabajadores que muestra este indicador es en sí una mala noticia; pero no la peor de ellas. Hace décadas que son coyunturales las mejoras en el nivel de bienestar de los argentinos cada vez que se sale de las crisis o se recibe el beneficio de excepcionales escenarios internacionales favorables; pero luego se desvanecen cuando las condiciones externas se normalizan. La realidad es que la tendencia de largo plazo es al empobrecimiento; porque para poder mejorar las posibilidades de progreso de los trabajadores hay que incentivar la inversión que permite el crecimiento de la producción y la productividad en el largo plazo. La Argentina ha sido un fracaso en ese sentido; pero ha tenido gran éxito “combatiendo al capital”.
¿Quién va a querer producir en una Argentina que se encuentra entre los países del mundo que más exprimen con impuestos a sus empresas y siguen incrementándoles la presión tributaria? O, cuando la legislación laboral y los gravámenes al trabajo hacen más conveniente usar capital más caro y escaso para sustituir empleo, habiendo alta desocupación. O cuando existen más de 67.000 regulaciones que asfixian a los que intentan hacer negocios, en particular a las Pymes.La realidad es que la tendencia de largo plazo es al empobrecimiento; porque para poder mejorar las posibilidades de progreso de los trabajadores hay que incentivar la inversión que permite el crecimiento de la producción y la productividad
Es posible que la recuperación de la economía continúe; mientras la “segunda ola” de la pandemia no golpee demasiado fuerte, fruto de la mala gestión que se hizo de la misma. Sin embargo, en la medida que no se resuelvan todos los graves problemas que aquejan al país, algunos de los cuales comentamos en el párrafo anterior, no se habrá salido de la crisis de credibilidad preexistente al COVID-19. Nadie cree que la Argentina tenga capacidad de tener un crecimiento importante y sostenido o la capacidad de recrear su credibilidad, por ende, su crédito. Por ello vemos que los que compran y venden los bonos entregados en el canje de 2020 lo hacen a precios que señalan que creen que el país volverá a reestructurarlo en el mediano plazo.
Lamentablemente, si no se hacen las reformas estructurales que se necesitan para resolver los males de fondo que tiene la economía, luego de esta reactivación, habrá una nueva crisis y la historia de profundización del empobrecimiento de los argentinos continuará.
EL ARGENTINO - En la comparación interanual, desde antes de la pandemia, la pobreza de los más chicos tuvo un salto muy importante de 5,4 puntos porcentuales.
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) informó hoy los datos de pobreza en el país: en el año de la pandemia y la cuarentena, la pobreza llegó al 42% y afecta a 19,4 millones de personas.
De esa cifra se desprende otra, quizás la que más duele en un contexto de caída que parece no tener freno: casi el 58 por ciento de los menores de 14 son pobres.
Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el organismo, la pobreza afectó a 57,7% de los chicos menos de 14 años en el segundo semestre del año, de los cuales 15,7% son indigentes, es decir un salto de 2,1 puntos porcentuales si se lo compara con el mismo período de un año atrás.
En la comparación interanual contra el segundo semestre de 2019 –válida estadísticamente porque tiene en cuenta factores como la estacionalidad–, en la prepandemia, la pobreza de los más chicos tuvo un salto muy importante de 5,1 puntos, desde el 52,6% registrado entonces, mientras que la indigencia saltó 2,6 puntos porcentuales (desde 13,1%).
Si se toman los datos del semestre anterior, el primero de 2020, la pobreza en ese grupo etario subió 1,4 puntos porcentuales desde 56,3 por ciento. La indigencia, en tanto creció una décima (desde 15,6%).
En tanto, en el grupo de mayores de 65 años también se incrementaron las personas pobres, al pasar de 11,4% en el primer semestre de 2020 a 11,9% seis meses después. Asimismo, si se tiene en cuenta la comparación interanual, se pasó de un 11,3% en el primer semestre de 2019 a un 11,9 por ciento un año más tarde.
En lo que refiere al grupo de personas que va de 15 a 29 años hubo un aumento de la pobreza al registrarse una suba de 20,4% (pasó de haber 4,5 millones de pobres a 5,4 millones en un año).
Mientras que las más afectados fueron las personas de entre 30 y 64 años, los más que vieron afectados sus ingresos producto de la pandemia y la consecuente cuarentena. En este caso, se pasó de 5,8 millones de pobres a 7,1 millones, lo que equivale a un aumento de 23 por ciento.
“Los sueldos de los trabajadores han perdido poder adquisitivo durante todo el segundo semestre de 2020 lo que los fue empujando a la pobreza. Aun los que tienen trabajo cayeron en la pobreza”, dijo a Infobae el titular de la Fundación Libertad & Progreso Aldo Abram.
En ese sentido, remarcó que en líneas generales, las familias de menores ingresos son las que suelen tener más hijos y las que más se vieron afectadas ante la la caída del poder adquisitivo del salario.
“Este inicio de año va a seguir mostrando esta misma tendencia. Es decir que se van a seguir empobreciendo los trabajadores”, alertó el economista.
En tanto, en el caso de los indigentes, la población más afectada también fue la de 30 a 64 años, la cual pasó de 6,4% a 9% de ese universo, implicó un salto desde 1,2 millones a poco más de 1,7 millones, 505 mil más, o 41,9%. Sucedió por efecto de la desafectación temprana del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).
Entre los niños de hasta 14 años, no pudieron acceder al consumo de la canasta básica de alimentos el 15,7% del segmento, unos 1,7 millones de personas (se elevó en 26,7%).
Mientras que la franja de 15 a 29 el salto fue de 3 puntos porcentuales, de 9,5% a 12,5%. En este caso se agregaron 372 mil jóvenes, y totalizaron casi 1,4 millones, 36,8% más que al cierre de 2019, previo a la irrupción de la crisis sanitaria.
En el caso de los indigentes, la población más afectada también fue la de 30 a 64 años, la cual pasó de 6,4% a 9% de ese universo, implicó un salto desde 1,2 millones a poco más de 1,7 millones, 505 mil más, o 41,9%. Sucedió por efecto de la desafectación temprana del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).
Este resultado se produjo en un contexto en el que el Producto Bruto Interno (PBI) cayó 9,9% en 2020, a causa de las restricciones que se aplicaron para evitar la propagación del Covid-19, al tiempo que la inflación fue de 36,1 por ciento.
“De esta manera, no solo hubo un aumento en la incidencia de pobreza respecto del primer semestre de 2020, sino que la situación de las personas bajo la línea de pobreza empeoró por la mayor distancia entre sus ingresos y la Canasta Básica Total”, explicó el Indec.
“El aumento del precio de alimentos sin un correlato en un aumento de los ingresos redunda en mayor pobreza e indigencia. Argentina en 2020 tuvo una economía más chica, con menos ingresos, y con una inflación alta, el resultado es un desastre socioeconómico. Tenemos más de 4 de cada 10 personas en situación de pobreza”, dijo a Infobae el titular de la consultora LCG, Guido Lorenzo.
En ese sentido, remarcó que el incremento vino más pronunciado en el último trimestre. “Fue la aceleración de la inflación y una magra recuperación de la economía lo que elevó el nivel”, aseguró.
Por último, dijo que la ayuda estatal en plena pandemia sirvió, pero el golpe de cerrar la economía fue muy fuerte. “Argentina estuvo más de 6 meses con un confinamiento bastante estricto, eso destruyó la economía”, destacó.
Juan Carlos Bonaura conversó con Iván Cachanosky en Prensa Aseguradora. No se puede volver a la dualidad economía salud, están relacionados. Si no se reactiva la economía crecerá la pobreza.