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La dimensión ética del liberalismo

El término  más empleado es “capitalismo” pero personalmente prefiero el de “liberalismo” puesto que el primero remite a lo material, al capital, aunque hay quienes derivan la expresión de caput, es decir, de mente y de creatividad en todos los órdenes. Por otro lado, la aparición de esta palabra fue debida a Marx quien es el responsable del bautismo correspondiente, lo cual no me parece especialmente atractivo. De todas maneras, en la literatura corriente y en la especializada los dos vocablos se usan como sinónimos y, por ende, de modo indistinto (incluso en el mundo anglosajón -especialmente en Estados Unidos- se recurre con mucho más frecuencia a capitalismo ya que, con el tiempo, el liberalismo se dejó expropiar de contrabando y adquirió la significación opuesta a la original aunque los maestros de esa tradición del pensamiento la siguen utilizando (algunas veces con la aclaración de “in the classic sense, not in the American corrupted sense”).Ideas políticas y sociales, el liberalismo La moral alude a lo prescriptivo y no a lo descriptivo, a lo que debe ser y no a lo que es. Si bien es una noción evolutiva como todo conocimiento humano, deriva de que la experiencia muestra que no es conducente para la cooperación social y la supervivencia de la especie que unos se estén matando a otros, que se estén robando, haciendo trampas y fraudes, incumpliendo la palabra empeñada y demás valores y principios que hacen a la sociedad civilizada. Incluso los relativistas éticos o los nihilistas morales se molestan cuando a ellos los asaltan o violan. La antedicha evolución procede del mismo modo en que lo hace el lenguaje y tantos otros fenómenos en el ámbito social. El liberalismo abarca todos los aspectos del hombre que hacen a las relaciones sociales puesto que alude a la libertad como su condición distintiva y como pilar fundamental de su dignidad. No se refiere a lo intraindividual que es otro aspecto crucial de la vida humana reservada al fuero íntimo, hace alusión a lo interindivudual que se concreta en el respeto recíproco. Robert Nozick define muy bien lo dicho en su obra titulada Invariances. The Structure of the Objective World (Harvard University Press, 2001, p. 282) cuando escribe que “Todo lo que la sociedad debe  demandar coercitivamente es la adhesión a la ética del respeto. Los otros aspectos deben ser materia de la decisión individual”. Antes, en mi libro Liberalismo para liberales -cuya primera edición de EMECÉ fue en 1986- definí el liberalismo como “el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros” en la que respeto no implica adhesión sino la más absoluta abstensión de recurrir a la fuerza cuando no hay lesiones de derechos. Más aun, la prueba decisiva de lo que habitualmente se denomina tolerancia radica cuando no compartimos el proyecto de vida de terceros (en realidad los derechos no se toleran se respetan, en cambio la primera expresión arrastra cierto tufillo inquisitorial). Todos los  que pretenden manipular vidas y haciendas ajenas en el contexto de una arrogancia superlativa deberían repasar estas definiciones una y otra vez. Recordemos también que el último libro de Friedrich Hayek se titula  La arrogancia fatal. Los errores del socialismo (Madrid, Unión Editorial, 1988/1992) donde reitera que el conocimiento está disperso entre millones de personas y que inexorablemente se concentra ignorancia cuando los aparatos estatales se arrogan la pretensión de “planificar” aquello que se encuentre fuera de la órbita de la estricta protección a los derechos de las personas. Además hay un asunto de suma importancia respecto a la llamada planificación gubernamental y es la formidable contribución de Ludwig von Mises de hace casi un siglo que está referida al insalvable problema del cálculo económico en  el sistema socialista (“Economic Calculation in the Socialist Commonwealth”, Kelley Publisher, 1929/1954). Esto significa que si no hay propiedad no hay precios y, por ende, no hay contabilidad ni evaluación de proyectos lo cual quiere a su vez decir que no hay tal cosa como “economía socialista”, es simplemente un sistema impuesto por la fuerza. Y esta contribución es aplicable a un sistema intervencionista: en la medida de la intervención se afecta la propiedad y, consiguientemente, los precios se desdibujan lo cual desfigura el cálculo económico que conduce al desperdicio que, a su turno, contrae salarios e ingresos en términos reales. El derecho de propiedad está estrechamente vinculado a la ética del liberalismo puesto que se traduce en primer término en el uso y disposición de la propia mente, de su propio cuerpo (no el de otro como el pretendido homicidio en el seno materno, mal llamado “aborto”) y, luego, al uso y la disposición de lo adquirido lícitamente, es decir, del fruto del trabajo propio o de las personas que voluntariamente lo han donado. Esto implica la libertad de expresar el propio pensamiento, el derecho de reunión, el del debido proceso, el de peticionar, el de profesar la religión o no religión que se desee, el de elegir autoridades, todo en un ámbito de igualdad ante la ley que está íntimamente anclada al concepto de justicia en el sentido de su definición clásica de “dar a cada uno lo suyo” (de lo contrario puede interpretarse que la igualdad puede ser ante una ley perversa como que todos deben ir a la cámara de gas y salvajadas equivalentes). Además, como los recursos son escasos en relación a las necesidades la forma en que se aprovechen es que sean administrados por quienes obtienen apoyo de sus semejantes debido a que, a sus juicios, atienden de la mejor manera sus demandas y los que no dan en la tecla deben incurrir en quebrantos como señales necesarias para asignar recursos de modo productivo. Todo lo cual en un contexto de normas y marcos institucionales que garanticen los derechos de todos. Los derechos de propiedad incluyen el de intercambiarlos libremente que es lo mismo que aludir al mercado en un clima de competencia, es decir, una situación en la que no hay restricciones gubernamentales a la libre entrada para ofrecer bienes y servicios de todo tipo. En resumen, lo consignado en las Constituciones liberales: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. La solidaridad y la caridad son por definición realizadas allí donde tiene vigencia el derecho de propiedad, puesto que entregar lo que no le pertenece a quien entrega no es en modo alguno una manifestación de caridad ni de solidaridad sino la expresión de un atraco. En sociedades abiertas el interés personal coincide con el interés general ya que éste quiere decir que cada uno puede perseguir sus intereses particulares siempre y cuando no se lesionen iguales derechos de terceros. En sociedades abiertas,  se protege el individualismo lo cual es equivalente a preservar las autonomías individuales y las relaciones entre las personas, precisamente lo que es bloqueado por las distintas variantes de socialismos que apuntan a sistemas alambrados y autárquicos. Es que las fuerzas socialistas siempre significan recurrir a la violencia institucionalizada para diseñar sociedades, a contramano de lo que prefiere la gente en libertad. De la idea original de contar con un  gobierno para garantizar derechos anteriores y superiores a su establecimiento se ha pasado a un Leviatán que atropella derechos en base a supuestas sabidurías de burócratas que no pueden resistir la tentación de fabricar “el hombre nuevo” en base a sus mentes calenturientas. Y esto lo hacen habitualmente alegando la imperiosa necesidad de “inversión pública”, un grosero oximoron puesto que la inversión significa abstensión de consumo para ahorrar cuyo destino es la inversión que por su naturaleza es una decisión privativa del sujeto actuante que estima que el valor futuro será mayor al presente (“inversión pública” es una expresión tan desatinada y contradictoria como “ahorro forzoso”). Desafortunadamente, no se trata solo de socialistas sino de los denominados conservadores atados indisolublemente al statu quo que apuntan a gobernar sustentados en base a procedimientos del todo incompatibles con el respeto recíproco diseñados por estatistas que les han corrido el eje del debate y los acompleja encarar el fondo de los problemas al efecto de revertir aquellas políticas. No hace falta más que observar las propuestas de las llamadas oposiciones en diversos países para verificar lo infiltrada de estatismo que se encuentran las ideas. Se necesita un gran esfuerzo educativo para explicar las enormes ventajas de una sociedad abierta, no solo desde el punto de vista de la elemental consideración a la dignidad de las personas sino desde la perspectiva de su eficiencia para mejorar las condiciones de vida de todos, muy especialmente de los más necesitados. Lo que antaño era democracia ha mutado en dictaduras electas en una carrera desenfrenada por ver quien le mete más la mano en el bolsillo al prójimo. Profesionales de la política que se enriquecen del poder y que compiten para la ejecución de sus planes siempre dirigidos a la imposición de medidas “para el bien de los demás”, falacia que ya fue nuevamente refutada por el Public Choice de James Buchanan y Gordon Tullock, entre otros. Por no prestar debida atención a estas refutaciones es que Fréderic Bastiat ha consignado que “el Estado es la ficción por la que todos pretenden vivir a expensas de todos los demás” (en “El Estado”, Journal des débats, septiembre 25, 1848). Es que cuando se dice que el aparato estatal debe hacer tal o cual cosa no se tiene en cuenta que es el vecino que lo hace por la fuerza ya que ningún gobernante sufraga esas actividades de su propio peculio. Todas las manifestaciones culturales tan apreciadas en países que han superado lo puramente animal: libros, teatro, poesía, escultura, cine y música están vinculadas al espíritu de libertad y a las facilidades materiales. No tiene sentido declamar sobre “lo sublime” mientras se ataca la sociedad abierta, sea por parte de quien la juega de intelectual y luego pide jugosos aumentos en sus emolumentos o sea desde el púlpito de iglesias que despotrican contra el mercado y luego piden en la colecta y donaciones varias para adquirir lo que necesitan en el mercado. En resumen,  la ética del liberalismo consiste en el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros, esto es, dejar en paz a la gente y no afectar su autoestima para que cada uno pueda seguir su camino asumiendo sus responsabilidades y no tener la petulancia de la omnisciencia aniquilando en el proceso el derecho, la libertad y la justicia con lo que se anula la posibilidad de progresar en cualquier sentido que fuere.  
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Aldo Abram da su opinión sobre la reprogramación de deuda y aumento de impuestos

Aldo Abram fue entrevistado en FmRadio Cadena. "Reprogramación de deuda es lo mismo que asumir una cesación de pago" dice el economista "Esto explica por que argentinos y extranjeros no creen en la Argentina" "Los altos impuestos ya están asfixiando al sector productivo y proponen más impuestos" explica Abram. https://www.youtube.com/watch?v=RPZ1bnFuEoM&t=83s
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El arriesgado plan de Alberto Fernández para reactivar la economía si gana las elecciones

INFOBAE - En las últimas dos o tres semanas proliferaron advertencias de economistas como Aldo Abram, Javier Milei o Domingo Cavallo sobre la posibilidad de que la Argentina caiga en una hiperinflación. Más allá de algunos cuestionamientos sobre la ideología de quienes emiten este tipo de comentarios, los temores surgen a partir de un peligro real: en los próximos meses tendrá lugar una fuerte expansión monetaria, que coincide con una caída cada vez más marcada de reservas en poder del Banco Central.

Todo esto sucederá en el medio de una compleja transición política. Faltan 14 días hábiles hasta las elecciones presidenciales y luego se abre otro ciclo de un mes y medio hasta el cambio de mando. No sería extraño que en las jornadas previas al 27 de octubre se produzca un recalentamiento en el proceso de dolarización: tanto caída de depósitos en dólares como de plazos fijos en pesos, con más inversores buscando comprar divisas hasta el límite de USD 10.000 mensual. Los controles cambiarios trajeron cierta calma al dólar, pero el Central se dio el “lujo” de seguir perdiendo reservas. Sólo en septiembre fueron USD 1.300 millones sólo en concepto de intervención en el mercado cambiario. ¿Cuál hubiera sido la cifra en caso de no haber existido estas limitaciones?Alberto Fernández politica argentina

En septiembre se habría verificado el pico de inflación, producto de la devaluación de agosto. El mercado espera arriba de 5,5% y el descenso sería muy lento en los meses posteriores, finalizando arriba de 3,5% en diciembre y un nivel de casi 55% en el año.

El escenario que encontrará la futura administración es extremadamente delicado: una inflación muy acelerada, reservas en franco descenso, controles cambiarios insuficientes y la urgente necesidad de ir hacia una reestructuración de la deuda. En el medio, un elevado déficit fiscal y la necesidad de renegociar el acuerdo con el FMI, que oficialmente se encuentra suspendido.

Alberto Fernández procura que un pacto social le otorgue el activo más escaso si le toca asumir el 10 de diciembre: tiempo. El economista que hoy está más cercano al candidato presidencial, Matías Kulfas, aseguró que un futuro acuerdo tripartito entre Gobierno, empresarios y sindicalistas permitiría atacar la “inflación inercial”, aunque sin dar mayores precisiones. Este tipo de acuerdos buscó históricamente un semi congelamiento de precios, que al menos momentáneamente permita mostrar mejores índices de inflación. Los cuestionamientos a este tipo de políticas es que generalmente nunca combaten las razones de fondo que generan los ajustes de precios y terminan naufragando.

Mastías Kulfas (Télam)
Mastías Kulfas (Télam)
 La emisión de pesos por parte del Banco Central no es una opción para Alberto Fernández en caso de ganar las elecciones, sino la única posibilidad de hacer frente al déficit fiscal. Si se hace junto con una reducción de la tasa de interés, la única opción sería restringir mucho más el acceso al mercado cambiario

Kulfas -que siempre se presenta en tándem con Cecilia Todesca- también reconoció que para hacer frente al déficit fiscal que enfrentarán será necesario echar mano a la emisión monetaria. “La emisión no es la única culpable de la inflación. Pensamos que es una opción viable, si se hace en forma controlada”, expresó en la presentación del último martes en la que se discutió sobre los desafíos del sistema financiero. Al mismo tiempo, explicó que uno de los temas más urgentes será bajar las tasas de interés, porque los niveles actuales ahogan a las PYMES y cualquier actividad productiva.

En medio del fuerte proceso inflacionario que atraviesa la economía, plantear simultáneamente la expansión en la cantidad de dinero y una reducción de las tasas podría tener consecuencias explosivas. Una “tregua de precios y salarios” permitiría quizás atravesar a salvo el verano, pero sin atacar las consecuencias profundas de la inflación.

El panorama se vuelve mucho más complejo por los bajos niveles de confianza. Tanto el público como las empresas huyen del peso. Sólo desde las PASO, los plazos fijos en moneda local cayeron 8%, a pesar de las elevadas tasas de interés. Los ahorristas cambian a dólares o prefieren mantenerse muy líquidos. Pero además los pesos “queman”. Ese apuro por usar rápido los pesos, ya sea para dolarizarse o para comprar antes de nuevos aumentos. El aumento en la “velocidad de circulación” del dinero es otro de los motivos que profundiza un fenómeno inflacionario como el que atraviesa la Argentina.

Junto con la expansión monetaria y la baja de tasas, una de las grandes incógnitas es qué pasará con el déficit fiscal. Cuanto mayor sea el rojo de las cuentas públicas, más elevada será la necesidad de acudir al financiamiento del Banco Central.

Banco Central. (AFP)
Banco Central. (AFP)
 Buscar el equilibrio de las cuentas públicas sería el antídoto más adecuado para evitar una espiral inflacionaria. Y al mismo tiempo algo imprescindible para encarar una renegociación de la deuda para alargar los plazos de pago. Fue la fórmula de Argentina en 2005, pero también de Uruguay en 2003 y de Ucrania en 2015.

El equilibrio de las cuentas públicas será uno de los principales desafíos que tendrá Fernández por delante. No sólo se trata de un requisito para evitar una espiral inflacionaria. También será imprescindible mostrarle a los inversores un fuerte compromiso fiscal para llevar adelante la reestructuración de la deuda. Si el objetivo es estirar los plazos de pago a los bonistas, al menos habrá que mostrarles que será posible pagar las deudas a futuro. Las renegociaciones exitosas de Uruguay y Ucrania tuvieron como elemento común un elevado superávit fiscal primario, algo que todavía luce muy lejano en el caso de la Argentina.

Si gana el 27 de octubre, Alberto Fernández deberá lidiar con otras cuestiones tan urgentes como la política antiinflacionaria, la deuda y los controles cambiarios. El futuro del acuerdo con el FMI y un acercamiento a la Casa Blanca son temas urgentes dentro de esa agenda. La expectativa en el mundo inversor es que si es electo presidente, realice una gira por Wall Street antes de la asunción para explicar sus planes. El candidato a primer diputado bonaerense, Sergio Massa estuvo el viernes en Washington, invitado por el Wilson Center, con un discurso en el que buscó mostrar moderación.

Sergio Massa
Sergio Massa

En el acto que el sindicalismo reunificado armó el último jueves, el candidato de Frente de Todos aseguró que la situación que le deja Mauricio Macri le hace recordar a la que heredó Néstor Kirchner. Sin embargo, en 2003 la inflación no era un problema y la deuda ya venía en default desde fines de 2001. Es difícil imaginar por delante un escenario de reactivación como el que ocurrió tras el estallido de la Convertibilidad, con niveles de crecimiento de tasas chinas del 8%.

 En Wall Street esperan la visita de Alberto Fernández después de las elecciones, si es que resulta electo presidente. Varios bancos de inversión ya se anotaron para ser parte de la agenda. También se aguarda un acercamiento al gobierno de Donald Trump

Fernández tiene una clara desventaja en relación al escenario que tuvo que enfrentar Macri en diciembre de 2015. El motivo es que, a diferencia de lo sucedido hace cuatro años, tiene nulo acceso a los mercados de crédito. Este gobierno consiguió levantar rápidamente el cepo porque llegó en un clima de confianza y poco endeudamiento, tanto interno como externo. Todo lo contrario a lo que sucederá si regresa el kirchnerismo.

Por lo tanto, los primeros meses de un eventual gobierno de Fernández serán extremadamente delicados. Si no se aciertan con las medidas para recuperar la confianza de los inversores y del público, el peligro es que se vaya a un mayor descontrol financiero y cambiario. Evitar otra devaluación, la cuarta en menos de dos años, será posiblemente mayor desafío en los primeros 90 días de gestión. Cualquier paso en falso podría acelerar dramáticamente el nuevo capítulo de la crisis que se desató luego de las PASO y que todavía se está escribiendo.

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Consumo 2020: el desafío de volver a reactivar la demanda en tiempos de recesión

LA NACIÓN - Con una caída proyectada para 2019 del 3,5% en el consumo privado y de 10% en el masivo, se espera que, independientemente de quién gane las elecciones, se buscará impulsar esta variable, que representa dos tercios del PBI en la Argentina y que está íntimamente vinculada con el humor social.

Independientemente de quién gobierne la Argentina a partir del 10 de diciembre próximo, una cosa es segura: el consumo deberá estar entre sus prioridades. No será fácil ni habrá que esperar una fiesta, porque, según las proyecciones relevadas, este año el consumo privado caerá 3,5% y el masivo, 10%, mientras que en 2020 la caída rondará el 1,4% y el 5%, respectivamente, según las fuentes consultadas. Pero tanto Alberto Fernández como Mauricio Macri saben que es un aspecto que no podrá dejarse de lado.

Ocurre que en la economía argentina el consumo es clave, ya que representa dos tercios del producto bruto interno (PBI) y, más allá de los fríos números que pueda arrojar la estadística, la "buena salud" de esta variable está directamente vinculada con el humor de la población. "El consumo va a estar en el podio de las prioridades gane quien gane en las próximas elecciones presidenciales, pero la cuestión es qué tanta inyección se le va poder dar a eso en medio de esta coyuntura", dice Facundo Aragón, gerente comercial de Nielsen Argentina. Sus estimaciones sobre el consumo masivo para este año arrojan una baja de dos dígitos (-10%) y una leve desaceleración de la caída en 2020 (-7%).Menor poder adquisitivo del argentino Por el lado del consumo privado, en tanto, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que elabora el Banco Central (BCRA) mediante una encuesta realizada entre las consultoras privadas, arroja que este año caerá 3,5% y cerrará el año próximo con una baja de 1,4%. El análisis que hace Aragón, de todos modos, es que en 2020 el consumo caería menos que este año, porque la base de comparación de la que se parte es muy baja. "Todo apunta a que cualquiera de los dos gobiernos posibles debería darle más importancia al poder de compra. De un lado, porque ya saben que la gente no los votó porque le apretaron el bolsillo; del otro, porque llegan con la bandera del consumo. Eso debería hacer que se caiga a tasas bastante menores que las de este año", concluye. Por su parte, Osvaldo Del Río, director de la consultora Scentia, dice que para entender lo que sucede con el consumo masivo hay que analizar cuál es la situación de la inflación y de los salarios. "En ese sentido, los ingresos de la gente no están para nada en línea con el aumento de precios. Y cada vez que ocurre esto el consumo se retrae directamente", explica el especialista. Al poner la lupa sobre los que mueven la rueda del consumo en el país, Del Río describe que 91% de las personas que tienen algún tipo de ingresos (27 millones de los 44 millones que hay en la Argentina) gana menos $37.000 por mes y representa el 87% de la masa crítica de consumo. "En 2019, los ingresos crecieron 33%, mientras que la canasta básica se incrementó 56%. En ese sentido, las personas que ganan hasta $37.000 por mes, gastan el 76% de sus ingresos en el consumo básico", detalla el especialista. "Por eso, el acumulado anual da una caída de 7,6%", concluye. Respecto de cómo va a terminar este año, el director de Scentia calcula que la caída del consumo va a ser de entre 5% y 7%. "Lo que pueda ocurrir en 2020 va a estar muy atado al resultado electoral. Si al que le toque gobernar decide inyectar liquidez en el bolsillo de la gente para impulsar el consumo, eso puede tener éxito o puede jugar en contra, porque puede generar inflación e impedir, así, la reactivación esperada. Por lo tanto, tendrán que ejecutarse cuidadosamente distintas medidas macro que impacten en la microeconomía de manera positiva, para que la inyección de dinero no se traduzca en más inflación. Eso sigue siendo una incógnita", subraya. Victoria Giarrizzo, economista e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP)-Baires de la UBA, analiza que el consumo va a ser una prioridad el próximo año, porque ya hay sectores donde existe el subconsumo. "Y muchos de ellos se mueven gracias al consumo, porque son vendedores", acota la especialista. Para Giarrizzo, cualquiera de los dos gobiernos que asuma va a tratar de impulsar esta variable, pero el tema es cómo lo va a hacer cada uno. "Fernández lo hará de un modo más desprolijo pero más rápido, lo que será más eficiente en el corto plazo; mientras que Macri será más prolijo, pero por eso mismo más lento, lo que en el corto plazo lo tornará ineficiente. Sería ideal tener una combinación de ambos", opina la economista. Por su parte, el economista Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, imagina que un posible gobierno de Fernández "fogoneará" más el consumo. "Su razonamiento es que, como en la Argentina el consumo representa dos tercios del PBI, entonces hay que hacer que crezca para que la economía arranque. Y ese dinamismo de la economía y el consumo va a ser lo que terminará por disparar la inversión. Es como que la inversión viene atrás del consumo", explica. Ahora, la otra gran incógnita es cómo se incentivará el consumo. Es decir, ¿de dónde se sacarán los recursos? "Se puede hacer alguna alquimia en el corto plazo a través de dar ajustes salariales y acuerdos de precios para congelar la inflación, lo que, transitoriamente provocará una mejora en el poder adquisitivo. Pero eso no es sustentable, porque si no hay real inversión y demanda de empleo, los salarios reales no van a crecer nunca de forma genuina", responde Tiscornia. Otro incentivo que -tal como señala el economista- suelen dar gobiernos populistas es poner una tasa de interés baja, menor que la inflación. "Esto es muy probable, porque en un gobierno de Fernández el BCRA va a ser más expansivo de lo que es ahora. En experiencias pasadas, como la del kirchnerismo, bajaron tanto la tasa que ya la gente no tuvo incentivo al ahorro y se volcó a consumir. Pero esto a la larga genera inflación si no hay al mismo tiempo crecimiento genuino", afirma. En conclusión, Tiscornia se inclina por un paquete con estas medidas: recomposición del poder adquisitivo mediante negociaciones salariales, contención de la inflación con acuerdos de precios y reducción de las tasas de interés. "Me parece que van a intentar alguna reactivación del consumo por ese lado y tal vez a corto plazo algo logren, pero no creo que eso sea duradero", subraya el economista. Fausto Spotorno, director de Orlando J. Ferreres y Asociados, comenta que, si las cosas se hacen bien el próximo año, con recomposición salarial y de jubilaciones y pensiones, puede haber cierta mejora del consumo. Pero eso no será tan fácil. "Lo que se vio hasta ahora es que, al tener que ajustar las tarifas y achicar el déficit fiscal primario, naturalmente se le quitaron recursos al consumo. Y no hay forma de estimularlo si no hay crecimiento económico. Cristina tuvo un boom del consumo sin crecimiento, pero a costa del ahorro y la inversión", indica. Para Aldo Abram, director de Fundación Libertad y Progreso, es lógico pensar que un posible gobierno de Fernández intente colocar plata en el bolsillo de los que consumen. "Hasta ahí está bárbaro, pero el problema es que ese dinero solo puede salir de los que producen. Acá la clave está en recuperar la credibilidad de los argentinos y extranjeros que se llevaron sus ahorros afuera, y en implementar un plan de crecimiento a largo plazo", remarca. Según el economista, suena difícil que, aunque haya un proyecto de ley para reperfilar la deuda "a la uruguaya", los capitales vuelvan. "No veo una economía en crecimiento, con lo que es posible que el consumo tampoco crezca por más que se lo quiera incentivar. Lo más probable es que vuelva a pasar lo de este año, en el que se dio una caída del consumo mucho más fuerte que la caída del PBI", estima el economista. Ante la pregunta sobre cómo podría hacer un hipotético gobierno del Frente de Todos para lograr que vuelva a crecer el consumo, Giarrizzo responde: "Subiendo la Asignación Universal por Hijo, aumentando las jubilaciones y haciendo que los sueldos del Estado ganen un poco en términos nominales". Esto -continúa Giarrizzo- será importante sobre todo en sectores que destinan todo su dinero al consumo, y eso no debería ser inflacionario porque hoy las empresas están trabajando a 50% de su capacidad instalada. Pero, ¿de dónde van a salir los fondos? "Para mí, de la emisión. No va a quedar otra", contesta. En caso de que sea reelecto Macri, lo que estima Giarrizzo es que elegirá el camino de alivianar algunas cargas patronales y recortar impuestos a las empresas. "En un gobierno de Cambiemos imagino más un intento de buscar la recuperación a través de la baja de impuestos, rebajas a monotributistas y congelamiento de embargos de la AFIP, todas medidas que demoran un poco más en trasladarse al consumo", dice. Tiscornia sostiene que, en un hipotético segundo mandato de Macri, el mayor efecto sobre el consumo vendría a partir de una genuina baja de la tasa de interés. "Creo que se calmaría más lo financiero y eso permitiría una menor tasa de interés, que sería reactivador, pero no tendría un efecto espectacular", intuye. Lo que está claro que no va a poder hacer ni uno ni otro es dar crédito barato, porque, según los especialistas, las familias ya están sobreendeudadas y en muchos casos se llenaron de cuotas que ahora les está costando pagar. "De hecho, según un análisis de Elypsis, la tasa de morosidad en consumo masivo era de 2,6% dos años atrás y ahora es de 5,5%", precisa Giarrizzo. El economista Ariel Coremberg, investigador del Conicet y profesor de Crecimiento Económico en la UBA, dice que hasta ahora lo que ha hecho el actual gobierno es tomar medidas paliativas, como el programa Precios Cuidados, la baja del IVA a productos de la canasta básica y los planes de refinanciación de deudas impositivas a pymes. "Además, su anuncio de campaña fue la reducción de cargas patronales al nuevo empleo pyme", explica el economista. Todas estas medidas aportan un granito de arena y serían un beneficio tanto para pymes como para asalariados, pero hay que tener en cuenta, según advierte Coremberg, que la aceleración inflacionaria y la falta de un plan de estabilización y crecimiento que genere confianza y mejores expectativas en consumidores, ahorristas y empleadores pyme, invalida cualquier medida micro que pueda beneficiar a la gente.

En busca de estabilización

Coremberg opina que la principal medida para beneficiar al bolsillo es la estabilización definitiva de la economía argentina. "Se plantea para el año que viene un acuerdo de precios y salarios que implicaría un posible congelamiento por seis meses, pero, si esto se diseña mal, el sacrificio sobre la rentabilidad de las pymes y sobre los ingresos de los jubilados, los asalariados y trabajadores informales puede ser mayúsculo. Puede dar lugar a aumentos preventivos de precios, para evitar caída de rentabilidad por futuros congelamientos, lo que, paradójicamente, aceleraría la inflación", dice el economista. También existe la posibilidad de que la tendencia negativa del consumo se amortigüe por la formación de una burbuja en bienes durables (electrodomésticos y automotores), originada por la clase media con baja capacidad de ahorro, que, dadas las restricciones impuestas por el control cambiario, no podrá tener como alternativa al dólar. "Es probable que el consumo en 2020 acompañe la tendencia negativa en el nivel de actividad, en consonancia con mayores caídas del poder adquisitivo de los salarios. En efecto, si bien las proyecciones de inflación prevén un 38% anual para el año próximo, mi opinión es que las tensiones sociales por una mayor redistribución de ingresos irán in crescendo hasta el primer semestre", enfatiza Coremberg. Por el lado de las empresas que se dedican al consumo masivo no hay un pronóstico muy diferente. "Internamente, ya estamos trabajando con un escenario de consumo para 2020 muy parecido al de este año y por eso estamos reforzando nuestra propuesta de valor dirigida a los sectores de menor poder adquisitivo y focalizando la oferta en productos y presentaciones de bajo costo unitario", explica el CEO de una compañía líder en este rubro. ¿Qué segmento sería el primero que se recuperaría ante un repunte del consumo? "Siempre sucede que los rubros más castigados son los que más rápido se recuperan: hoy, son limpieza y tocador. Pero la realidad es que también fue tan fuerte la caída en alimentos, que es posible que la primera recuperación se vea ahí, en los productos de primera necesidad. Por último, siempre y cuando haya inyección de dinero en la gente, va a empezar a mejorar todo aquello que es aspiracional", concluye Aragón.
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