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Lo que queda del Muro

Carlos Rodríguez Braun indica que la caída del Muro de Berlín en 1989 además de ser un asunto político y económico era un asunto moral. Quienes estuvieron en primera fila allí tenían claros principios éticos, mientras que hoy lo que predomina es el nihilismo o el relativismo moral. La caída del Muro de Berlín no fue saludada de forma ampliamente mayoritaria como la mejor noticia en la historia de la libertad, ni entonces ni en los treinta años que han transcurrido desde entonces. Parece que el Muro no ha caído del todo. Hace pocos días, The Economist publicó desde el propio Berlín un reportaje sobre cómo vive la Alemania de hoy este trigésimo aniversario. La conclusión del artículo era que los alemanes no se ponen de acuerdo sobre si el acontecimiento fue bueno o malo, y el debate sobre la cuestión es hoy más vigoroso que nunca. Cabe argumentar, naturalmente, que para Alemania lo que sucedió en 1989 no fue solo el derrumbe del comunismo sino la desaparición de la antigua República Democrática Alemana, y la reunificación de los alemanes en un solo país. Ese notable proceso no estuvo exento de traumas, que la revista británica resume como la necesidad de adaptación súbita de millones de alemanes orientales a los "rigores del capitalismo": como muchos no pudieron hacerlo, se comprende su decepción y resentimiento. Sin embargo, lo que la antigua RDA tuvo que soportar no fue el rigor capitalista sino el mercado condicionado por y mezclado con la intervención política a gran escala, que es, por cierto, el sistema predominante en el mundo que llamamos capitalista, y que en puridad no lo es. La RDA vivió sin duda un duro golpe cuando el gobierno del canciller Kohl decidió unificar los tipos de cambio entre el Ostmark y el Deutschmark. Como era de esperar, dada la muy inferior productividad de la Alemania del Este, esa considerable apreciación de su tipo de cambio real tuvo un impacto sumamente negativo sobre la competitividad y el empleo. Migración y convivencia Es cierto que muchos alemanes provenientes del Este prosperaron, siendo el caso más célebre el de la propia canciller Angela Merkel, pero muchos otros no lo hicieron. A sus tribulaciones se añadiría el problema migratorio, que se sumó a las subvenciones pagadas por los alemanes occidentales, y que perturbó la convivencia, y animó la aparición de la extrema derecha. Ahora bien, analizar la cuestión desde el punto de vista del mayor o menor malestar germano es algo limitado, porque ninguna mortificación que padezca hoy el pueblo alemán se compara con la dictadura comunista; asimismo, obviamente, la caída del Muro no afectó solo a Berlín, ni a Alemania, sino que trascendió mucho más allá. Pero si prestamos atención a ese impacto más amplio, comprobaremos que también fuera de Alemania quedan restos del infausto Muro. Las tres décadas que han transcurrido han visto resurgir por doquier el descontento político, el populismo y las críticas a la democracia. Nadie propugna el restablecimiento del comunismo, pero la condena al capitalismo es nítida, y paradójica, cuando recordamos la crisis del modelo anticapitalista paradigmático, la utopía comunista, que probó ser el sistema más criminal que nunca haya sido perpetrado contra los trabajadores en toda la historia de la humanidad. ¿Qué ha sucedido? Presento dos conjeturas. La primera es la eficaz reacción propagandística de la izquierda, siempre sobrerrepresentada en la academia, la burocracia, los medios de comunicación y la cultura. Y la segunda es el error de pensar que el Muro era un símbolo político o económico, y no moral. La reacción de la izquierda ante la caída del Muro fue inmediata. En vez de celebrarlo, lanzó una campaña de alarma mundial, que todavía sigue con buen pie. En vez de saludar la apertura de las anchas alamedas de la libertad, sostuvo que lo malo no era en el fondo el sistema que había colapsado sino el que había prevalecido. El peligro, se nos dijo y se nos dice, no es el socialismo sino el capitalismo. En las últimas décadas el mensaje hegemónico, a pesar de las imaginaciones de algunos, no ha sido el liberal sino el antiliberal. Desde púlpitos, cátedras y tribunas sin fin vuelven por sus fueros los dogmas anticapitalistas de toda la vida, y se nos asegura que vivimos en el peor de los mundos, y que el mundo futuro será incluso peor. Y todo por culpa del capitalismo, rebautizado también como globalización o neoliberalismo. Pero no hay duda de que se trata del capitalismo, porque las instituciones que son objeto de ataque son las instituciones fundacionales del mercado: la propiedad privada y los contratos voluntarios. Precisamente, las instituciones que facilitaron la espectacular reducción de la pobreza en el mundo tras la debacle comunista. El ataque anticapitalista es teórico, subrayando los riesgos del individualismo egoísta frente a la generosa colectividad, y sobre todo es práctico, porque el capitalismo ha sido desde 1989 acusado de todos los males. Ya no se subraya en primer lugar la pobreza, pero sí la desigualdad, o la represión de las mujeres o los homosexuales, o, directamente, se le responsabiliza de la inminente destrucción del planeta. Cuando uno recuerda hasta qué punto el socialismo real fue empobrecedor, desigual, machista, homófobo, y contaminador, no cabe sino asombrarse del éxito de esta fabulosa superchería antiliberal, mediante la cual la izquierda escruta en el ojo ajeno la viga brutal que es incapaz de ver en el propio. En el plano político se redescubren viejas tonterías, como que el capitalismo socava la democracia, supeditada al poder económico, y anima el fascismo. Como si el socialismo protegiera la democracia. Como si el Muro de Berlín no hubiera sido construido por unos comunistas que se llamaban falsamente demócratas. Y sobre el truco de agitar el espantajo del fascismo para ocultar las fechorías de la izquierda, recordemos cuál era el nombre que los comunistas dieron a esa valla de la vergüenza, cuyo objetivo era impedir que los trabajadores huyeran despavoridos del paraíso socialista. Lo llamaron "Muro de Protección Antifascista". Desconcierto Es posible también que el desconcierto que preside este aniversario de 1989 tenga que ver con la otra conjetura, a saber, el error que muchos cometieron de pensar que la democracia liberal ya había vencido, que la crisis del comunismo era un asunto político o económico, y no moral, y que ya no era necesario estar eternamente vigilantes, como aconsejó Jefferson a los amigos de la libertad. Por eso subraya el profesor Daniel J. Mahoney que en la caída del Muro la economía cumplió un papel secundario. 1989 representó otro tipo de revolución, muy diferente a las racionalistas y políticas clásicas; hace treinta años "se reivindicaba la naturaleza humana y los contenidos morales tradicionales de la vida, el hablar con libertad y orgullo el lenguaje de lo bueno y lo malo, de lo verdadero y lo falso". Las personas que estaban en primera fila eran creyentes o tenían claros principios éticos. Si lo que hoy predomina es el nihilismo o el relativismo moral, eso desde luego no encaja en absoluto con personas como Juan Pablo II, o como SolzhenitsynHavel, o Walessa. Ese muro socialista, que no es fundamentalmente económico, el muro de la mentira y la desmoralización, el de la manipulación de la historia, permanece. El muro que desconfía de la religión, los valores y las tradiciones, pero confía en la capacidad de la razón humana para dar vuelta la sociedad como un guante a golpe de leyes. El muro que envuelve la fantasía totalitaria de establecer utopías en la tierra, de crear un hombre nuevo y de imponer la moral y la fraternidad desde el poder. El muro que confía en el poder, y no en la libertad de las mujeres y los hombres. Eso es lo que queda del Muro de Berlín. Y no es baladí. Este artículo fue publicado originalmente en Expansión (España) el 9 de noviembre de 2019.
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Impuesto al Turismo: el gobierno se da un tiro en el pie para sacar un mango

Horacio Rodríguez Larreta, intendente de la ciudad de Buenos Aires, ha anunciado la creación de un nuevo impuesto a los turistas extranjeros para promocionar que más extranjeros visiten Capital Federal… No hay remate.

En una contradicción tan flagrante que parece psicótica, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires quiere forzar a los turistas extranjeros que visiten aquella hermosa ciudad a pagar hasta un dólar con cincuenta por noche por persona para, con ese dinero, financiar un “ente” que tendrá a su cargo la promoción turística internacional.

Es decir, que el gobierno porteño tiene planeado penalizar a cada uno de los extranjeros que viajen a CABA con el fin de hacer crecer el flujo turístico. Parece que las políticas de turismo se rigen por la misma filosofía que tiene un marido golpeador: “porque te quiero te aporreo”.

Copiando sólo los malos ejemplos

Como no podía ser de otra manera, desde la administración de la ciudad de Buenos Aires citan como ejemplo lo que sucede en Europa y otros lugares, donde algunas ciudades cobran impuestos similares. Es cierto que ciudades como París o Barcelona cobran este tipo de impuestos. Pero también es cierto que, por caso, en Venecia se utiliza como medida para combatir el sobre-turismo y fomentar lo que ellos consideran un viajero con perfil más de lujo.

Independientemente de los que pensemos de las medidas específicas tomadas en Europa, en nada se comparan con la situación de Buenos Aires en particular y de Argentina en general.

Mientras que una nación europea como España recibió casi 83 millones de turistas extranjeros en 2018, la Argentina tuvo menos de siete millones ese mismo año. Pretender darse los mismos “lujos” impositivos que países cuya industria turística es más de diez veces grande no parece ser lo más razonable.

Pero en el corazón de las políticas de Cambiemos, tanto a nivel nacional como de CABA, yace un equívoco aún más grave. Si bien siempre han sido tildados de chicos del Newman, chetos o directamente millonarios, la carencia de lucidez que poseen respecto de la relevancia y posicionamiento de Argentina es escandalosa.

 

Argentina nunca estuvo cerca

Cualquier extranjero que quiera volar hacia la Argentina desde el hemisferio norte, pensemos Europa o Estados Unidos, tiene que afrontar en un vuelo de entre 8 y 14 horas dependiendo de dónde venga. Los pasajes, además, son caros.

A eso hay que agregarle que no todas las capitales europeas o norteamericanas tienen vuelos directos al país y que no todo potencial turista vive en la capital. Tan sólo llegar a la Argentina, puede demandar puerta a puerta, unas 24 horas dependiendo de cuál sea el destino final.

También se suma que en el avión hay que completar una declaración que incluye qué modelo de celular el turista posee. He visto mucha gente ponerse nerviosa porque no sabe exactamente qué modelo es el suyo y tiene miedo de las consecuencias de completar mal un documento migratorio.

Y el broche de oro es que cuando el extranjero finalmente arriba a Ezeiza, cansado tras largas de viaje, se ve sometido al escarnio de tener que hacer fila para que unos simpáticos empleados le revisen la valija. Tengamos en cuenta que los controles de ingreso no existen en casi ningún lado y que en Europa, dentro del Área Schengen, la gente viaja sin control de pasaporte o aduanero alguno.

 

La xenofobia fiscal de Larreta

Pero como si todas estas dificultades no fueran ya suficientes, el Sr. Larreta quiere aplicar un castigo extra a los valientes extranjeros que aún visitan Buenos Aires con un impuesto que los discrimina por no haber nacido en la Argentina y haber viajado horas y horas para venir a conocer nuestro país.

Dado que citan tanto el ejemplo europeo, deberían hacerse eco de las palabras de Tom Jenkins, director ejecutivo de la Asociación del Turismo Europeo (ETOA, por sus siglas en inglés). Jenkins recientemente explicó que los impuestos al turismo son “una forma muy localizada de auto-mutilación económica” y definió a este tipo de gravámenes y tasas como “una náusea xenófoba”.

La ciudad de Buenos Aires y la Argentina toda harían mucho mejor en enfocarse en que el país se vuelva más atractivo y seguro para todos los turistas que nos visitan. Darse un tiro en el pie con un impuesto que discrimina y penaliza a los extranjeros que gentilmente nos visitan jamás puede ser el camino correcto.

Fuente: La Opinión Incómoda (https://medium.com/la-opinión-incómoda)

* Federico N. Fernández es Presidente de la Fundación Internacional Bases (Rosario, Argentina), Senior Fellow del Austrian Economics Center (Viena, Austria) y Director Ejecutivo de Somos Innovación (la alianza latinoamericana dedicada a la implementación de soluciones innovadoras en toda la región). Es también presidente del Comité Organizador del IX Congreso Internacional “La Escuela Austríaca de Economía en el Siglo XXI”, a realizarse del 14 al 16 de agosto en la ciudad de Córdoba (Argentina).

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A proposal against hunger in Argentina

Alberto Fernández will start his administration with a state policy against hunger. He announced the creation of a National Food Security Program, a Federal Fund and the enactment of measures and laws that, despite the announcements, contribute little to the solution of the problem. First, it should be noted that a home is hungry and/or its basic needs are not satisfied by the simple fact that the incomes of those responsible (parents or guardians) are not enough to acquire a basic basket of goods. We have, therefore, a long-term solution: having genuine, registered and well-paid work. We face, therefore, a problem in the labor market (there is a lack of incentives for formal hiring) and a problem in productivity (there is a lack of machines and education). We also have a monetary problem. Everything generated by those in a vulnerable condition is confiscated by the inflationary tax. Without a solution to inflation, there is no possible solution to hunger. The solution to the problem of hunger goes through work. Everything else is palliative. Among these, which the Government is wrongly considering as substantive measures, the recent “Argentina Against Hunger” Council proposes. Prices Care by law. This means that by law the key prices of the family basket will be controlled. A strange mechanism of maximum prices agreed or not with the producing companies. This mechanism has a history of 4,000 years of failures. Each time an attempt was made to control prices, the quality losses and, later, the shortage and the marginal markets emerged. Consumers supposedly benefited end up paying higher prices if they do not access rationed food. VAT refunds through a food card. This measure is correct because 45% of food prices are national, provincial and municipal taxes. The tax pressure on food threatens the poor. Reduction of prices of "healthy" products. The introduction of the "healthy" concept is the son of the demonization of the food industry and that constitutes a conceptual error with an ideological burden of the past. A useless debate. Shelves Law. The law has no relation to the solution to the problem of hunger. First of all, the large stores explain only 30% of the products that are sold in the formal economy. In other words, only two out of ten products would be reached by said law. Secondly, this law starts from a diagnostic error regarding economic concentration and its eventual consequence. Inflation is a monetary phenomenon, the quantity has nothing to do with the number of players or their quality. In other countries, they market the same companies and produce the same players and there is no inflation. Third, the Shelves Law starts with the arrogance of thinking that low-income consumers do not know which product to choose to save their budget. It implies assuming that the government official from his desk chooses the family basket better than the head of the family. Fatal arrogance in its purest form. A concrete proposal Every homeless assistance program must necessarily be transitory. Posing it permanently implies recognizing that there will be no fiscal, monetary and labor reforms that will solve the problem in depth. Living with hunger is only business for politicians. In terms of palliative and transitory assistance, we present a concrete proposal with a direct, immediate and efficient impact on the provision of food to those most in need. In Argentina, there are about 620,000 small and medium enterprises. The indebtedness of all such companies reaches 1.8% of GDP. Such indebtedness is fiscal (national, provincial and municipal) and financial (private and public banks). And that's why it's critical. In many cases, it is due, ordered, close to foreclosures and preventive contests and in threats of bankruptcy. The indebtedness locks all the development of the companies, creating extraordinary outcomes in lawyers and experts. It multiplies the costs via interest and generates sustainability problems and breaks in the solvency and liquidity indices. This business debt is short term and, therefore, given the circumstances, of doubtful possibility of effective payment. The concrete proposal is that payment of these debts in kind (food) be instructed within ten years. This implies, in the first place, to change “short term for long term” and “bad currency” (pesos) for good currency (“food”). An SME that accesses this program (which should be voluntary for companies) must consolidate all its debt (fiscal and financial) and establish a quantum of certain foods selected by the authority of the Ministry of Social Development, which must buy and send to the food centers that are determined Some advantages For companies, it is a relief because it stretches the term For the State, debt renegotiation does not imply confiscation or liquidation For the financial sector, too, because all business balances are cleaned. For banks, they change a debt of doubtful collectibility for compensation with the State. For the food program, it involves receiving food purchased efficiently, in a timely manner, without intermediation or costly bureaucracies. Also without "porous hands." In numbers, for a GDP of US $ 400,000, the fiscal and financial debt of SMEs reaches 1.8%, that is, some US$ 7.2 billion. They would be paid in kind (food) in ten years. It is, therefore, a food flow of US$ 720 million over the next ten years, about $ 3.6 billion per month. The main achievement of the system is the temporal finitude (the mentioned ten years) because the solution to the problem of hunger is in the creation of wealth and not in distribution, however efficient it may be. Without a doubt, a proposal to take into account, much more effective than looking for the position in the gondolas, measuring the distance between food, or creating advice and selfies photos of more or less well-intentioned celebrities. By Gustavo Lazzari
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Roberto Cachanosky: "La herencia M va a ser la herencia K más la deuda"

LA NACIÓN + - EL economista Roberto Cachanosky habló de la herencia que deja la gestión de Mauricio Macri y los desafíos que tiene por delante Alberto Fernández y se mostró preocupado porque el país requiere reformas que el Frente de Todos podría no encarar por la composición de las fuerzas que integran la coalición.

Entrevistado por el secretario general de redacción de LA NACION, José del Rio, en el programa "Comunidad de Negocios", emitido ayer por LN+, Cachanosky dijo que "la herencia M va a ser la herencia K más la deuda, más o menos". "Vinieron con cepo y se van con cepo, cepito o control de cambios, como quieras decirle. Lo que cambia un poco es que Macri bajó el gasto y reestructuró el tema de las tarifas de los servicios públicos, que es un número importante porque los subsidios económicos bajaron de 5 puntos del producto a 2,5. Pero después el nivel de gasto público es el mismo y la presión impositiva es la misma", afirmó.Coyuntura económica argentina VER EL PROGRAMA En este sentido, dijo que el gobierno saliente cometió dos errores: en primer lugar, no informar la herencia que recibió; y, en segundo, no tener un programa económico. "El modelo de ellos era llegamos nosotros, hay confianza, vienen las inversiones, crece economía y, al crecer, recaudo más. Voy achicando el déficit fiscal y al final logro el equilibrio y el gasto público sobre el producto bruto se va licuando", describió. Sin embargo, el economista dijo que arreglar el tema de la deuda no es la única condición para que lleguen las inversiones. "Macri asumió e inmediatamente arregló. ¿Vinieron las inversiones? No. El kirchnerismo no pagó, ¿vinieron las inversiones? No. No llamo al default, pero no es condición suficiente no caer en default para que vengan inversiones. Las inversiones no vienen por otra razón: porque la carga tributaria es muy alta, la legislación laboral no sirve y el gasto publico es ineficiente. La solución no es arreglar el problema de la deuda sino todos los problemas que te llevaron a tener esa deuda", opinó. Por último, dijo que una reforma laboral podría crear 609.000 puestos de trabajo si cada empresa argentina contrata a una persona por año, pero se mostró preocupado porque cree que el próximo gobierno no encararía estos cambios por la composición de la coalición de gobierno. "Estoy preocupado. Por ahí advierten rápidamente que están equivocados y corrigen, pero veo con espanto que hablan de poner plata en el bolsillo de la gente y a varios de ellos diciendo que no hay problema si se emite. No tenés que crear más billetes, sino generar las condiciones para que, con los mismos billetes, la gente acceda a más. A la Argentina la tenés que reacomodar toda: generar nuevos puestos de trabajo, mejorar salarios y bajar la pobreza. Lo que pasa es que necesitás hacer reformas y es más difícil encararlas en una coalición de gobierno en la que tenés a Guillermo Nielsen y a Pino Solanas o la Cámpora y otra cosa", concluyó.
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"Argentina debería dolarizar y así eliminamos la inflación por 50 años"

EL TRIBUNO - ¿Vino para presentar su nuevo libro, en qué consiste? -El libro se empezó a gestar hace unos años cuando escribí un artículo en La Nación en 2001 "La X de la pobreza" que muestra cómo la pobreza va bajando en todas partes del mundo salvo en poquitos países, como Argentina donde aumenta la pobreza. Lo que tratamos de hacer es mostrar todos los casos en el mundo que han hecho reformas estructurales que han permitido salir de la pobreza con una velocidad inusitada. En los últimos 40 años la pobreza en el mundo se redujo de una manera extraordinaria. En Chile la pobreza bajó de un 47,5 % al 8% en 33 años, lo cual es un éxito extraordinario y pasa en todos los continentes.Dolarización, cepo cambiario ¿Analiza de qué se valieron para bajar la pobreza? -Hago un análisis de muy largo plazo. La pobreza es incausada, es lo normal, lo que tiene causa es la riqueza, por eso el libro de Adam Smith el padre de la Economía se llamó "Una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza en las naciones". Y este libro indica cuál es la clave de las riquezas de las naciones, y es la libertad. ¿Cómo seguirán las variables económicas hasta fin de año? -Argentina está muy mal. Tuvo 100 años que fue el país que más creció en el mundo de 1810 a 1913, y llegamos a estar número uno del mundo y nos quedamos en los primeros 10 años durante 60 años. Desde 1913 hasta hoy es el país que menos creció del mundo y vamos bajando. Japón era tres o cuatro veces menor que Argentina hasta que la invade Estados Unidos, cambian la Constitución, el emperador deja de ser el hijo del sol y pasan a tener una democracia liberal y con eso vuela y nos pasa el trapo, y también los países del Sudeste asiático. Hay que ver cuál es la clave del éxito de estos países, y la clave es la libertad, y ese es el título del libro. En cada país que se hacen reformas estructurales para mejorar la vida, la libertad y la propiedad privada vuelan. ¿Cuáles son las medidas que se deberían tomar para salir de la crisis? -El gobierno de CRISTINA KIRCHNER dejó un déficit fiscal y una deuda creciente, el gobierno de Macri no solucionó nada, mantuvo los primeros años en déficit, la deuda creció fuerte de manera que hoy estamos en crisis y peor que en 2015. La Argentina necesita seguridad jurídica, necesita eliminar la inflación. Macri no cambió nada, aumentó los planes sociales, los impuestos. Argentina tiene 163 impuestos, Macri creó impuestos, a la renta financiera, a todas las exportaciones no sólo a las agropecuarias sino a las de software lo cual es un absurdo. ¿Cómo se llegará a diciembre? -Ahora tenemos una inflación de 3,4 %, un poco menor a lo que se esperaba. Estamos entrando a reprimir más la economía, y no es lo que yo quiero pero va a haber más cepos. Y sobre esos cepos va a haber control de precios y salarios, y el pacto social, hubo cuatro y ninguno funcionó. Los controles de precios y salarios no funcionan, se puede poner uno por 180 días y el 181 es un problema, un "rodrigazo". Lo que debiera hacer Argentina es dolarizar, si lo hacemos eliminamos la inflación por los próximos 50 años. Pero hay países dolarizados en Centroamérica y no están bien... -Es que la dolarización es simplemente una regla monetaria que te asegura tener moneda sana. O sea reemplazas una pésima moneda como el peso por una sana relativamente. Y competencia de monedas, que cada uno opere con la moneda que quiera. La inflación es el robo al asalariado. Hay 190 países que no tienen inflación, que la inflación anual es 1,5 %, y el promedio de la inflación en Argentina desde 1935 que se creó el Banco Central es del 56 % anual, te roban un tercio del poder adquisitivo todos los años. El presidente electo planteó que hay posibilidad de emitir un 40 % más de moneda ¿qué opina? -Creer que emitir moneda para reactivar es un absurdo que hemos cometido hace un montón de años, son viejas ideas que ya hemos aplicado y que funcionan mal. Todo esto son cosas que se dicen, yo no quiero anticipar lo que va a hacer Fernández, tiene una herencia muy complicada. Gobernar el peronismo sin plata es muy difícil. Van a hacer control de precios y salarios, cepos y emisión monetaria, y esto termina en hiperinflación. Cuando termine en hiperinflación recordaremos que cometemos los mismos errores. ¿Entonces cree que no se va a levantar el cepo al dólar? -Inmediatamente creo que no, pero lo más probable es que no o que se ponga un doble tipo de cambio, uno financiero y uno para el comercio, de ese modo el Estado se queda con la diferencia de la importaciones y exportaciones, gana dinero y pierde el sector privado. ¿Qué medidas cree a su criterio que se deberían hacer? -Deberíamos hacer un programa de reformas estructurales. Argentina está en el puesto 148 de libertades económicas tiene que ir al puesto 20. Significa reducir el Estado, eliminar 153 impuestos, hacer la reforma de flexibilización laboral, porque tenemos un tercio de la economía en negro que no tiene ningún tipo de protección laboral. Acá en Jujuy el sector privado es fundamentalmente en negro, y el 60 % de empleo registrado es público, eso no funciona. Tenemos inflación galopante, 50 % anual el siguiente paso es la hiperinflación, hay que cortar este proceso pre-hiperinflacionario. Las provincias tienen que ayudarlo a Fernández, tienen que hacer ajuste fiscal, reducir el empleo público, los planes sociales, progresivamente, facilitar el sector privado. ¿Eso no generaría mayor desempleo, mayor caos? -Si hacés todas las reformas no, porque la reforma laboral es para crear empleo. Cuando hacés una flexibilización laboral vas a tener un montón de empleo, y un montón de gente que no puede contratar gente porque tiene juicios laborales. No toman empleo porque tienen gran carga tributaria, no se pueden sostener... -Hay que eliminar impuestos, desregular porque el exceso de regulación complica crear una empresa nueva. Para empezar en blanco tiene que tener impuestos bajos, regulaciones mínimas y que progresivamente pidan cosas una vez que tengan éxito y ganen. ¿Y cómo recauda el Estado? -Un sector privado mucho más grande con impuestos mucho más bajos y la recaudación va a subir. Argentina tiene 163 impuestos, 153 recaudan el 10 %, mi apuesta es que si eliminás esos impuestos la recaudación total sube. Además vas a aliviar a la gente. En un país que funciona bien, la preocupación es Afip, Rentas, y no funciona. Hay que ir a un país más simple que el Estado no sea una presión permanente y que la gente no crea que el Estado es la solución, el empleado público. ¿Cómo se incentivan las economías regionales? -Bajando impuestos, la desregulación y la apertura de la economía. Hay una oportunidad enorme que es Brasil, que haciendo reformas estructurales, ya hizo la reforma laboral, previsional, ahora va a achicar el gasto público, quiere bajar 25 % los sueldos de los empleados públicos. Argentina tiene que bajarlos, el sueldo del empleado público tiene que ser menor al del sector privado los próximos 30 años, necesitamos que se multipliquen las empresas.  
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