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Presupuesto de las legislaturas: el negocio de los políticos

INFOBAE -  Poco tiempo atrás, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, afirmó que tiene que haber un violento ajuste de la política en cargos y asesores y planteó que "ya no se le puede pedir más a la gente" Poco tiempo atrás, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, afirmó que  tiene que haber un violento ajuste de la política en cargos y asesores" y planteó que "ya no se le puede pedir más a la gente". La gobernadora no está equivocada, y cuando se dice que el gasto público es inflexible a la baja, es inflexible para la corporación política que parece haber hecho un lucrativo negocio de ocupar cargos públicos. Seguramente Vidal debe ver el presupuesto y debe espantarse de la forma en que dilapidan los recursos de los bonaerenses. Al respecto dediqué bastante tiempo a buscar el presupuesto del Congreso de la provincia de Buenos Aires, tanto de diputados como de senadores, y, curiosamente, no figura en el presupuesto provincial. Es como si los representantes de los habitantes de la provincia de Buenos Aires no quisieran informarles a los contribuyentes cómo gastan ellos los impuestos. Buscando y buscando logré armar algo del rompecabezas de cuánto gastan los legisladores de la provincia de Buenos Aires en base a informes ejecutados de presupuesto publicados en el sitio del Ministerio de Economía de la provincia. Gráfico 1 En pesos corrientes el gasto en la función legislativa aumentó el 71% entre 2017 y 2015. De acuerdo a la ley 14886, la cámara de diputados solamente, pasaría a tener 1.347 empleados en 2017 entre planta permanente y temporaria versus los 1.224 que figuraban en el presupuesto de 2016. Considerando que hay 92 diputados provinciales, tenemos una relación de casi 15 empleados por cada legislador. Digamos que cada diputado es una PYME. El presupuesto para la Cámara de Diputados es de $ 3.668 millones de los cuales $ 2.500 millones son para gastos en personal. Dicho de otra manera, cada legislador les cuesta a los bonaerenses con su sueldo, secretarias, asesores y gastos operativos $ 40 millones al año, algo así como $ 3 millones mensuales. Es como si yo, para poder preparar mis informes económicos necesitase una estructura de $ 3 millones. ¿Cuánto tendría que cobrar una conferencia sobre la situación económica para cubrir mi costo fijo de $ 3 millones mensuales? Es más, ¿quién estaría dispuesto a pagarme los honorarios disparatados que surgirían de semejante costo operativo? Nadie. ¿Por qué los diputados de la provincia de Buenos Aires pueden tener ese gasto fijo? Porque no tienen que salir a buscar clientes ya sus ingresos provienen de un cliente cautivo que es el contribuyente al cual se le quita el dinero por la fuerza mediante el monopolio de la fuerza que tiene el estado. Encontrar datos sobre el presupuesto del Senado de la provincia de Buenos Aires es una misión imposible. Los datos están bien escondidos, pero por si el gasto de ambas cámaras para 2017 es de 6.464 millones, entonces el presupuesto para el Senado sería de $ 2.796 millones. Siendo que hay 46 senadores provinciales, cada senador necesitaría $ 61 millones mensuales, $ 5 millones mensuales para “legislar”. A nivel nación, los fondos destinados específicamente para legislar son los siguientes. La Cámara de Senadores tiene un presupuesto para el año en curso de $ 5.297 millones, dinero destinado a pagar sueldos de los legisladores, de los empleados del Senado, la compra de bienes y servicios, etc. Por su parte, la Cámara de Diputados tiene asignado un presupuesto para 2017 de $ 5.550 millones, también para los mismos conceptos. De los números anteriores se desprende que para poder legislar, un senador tiene un costo para el contribuyente, entre su sueldo, el sueldo de la secretaria, sus asesores, encargados de prensa, etc. de $ 74 millones anuales, es decir, en promedio tiene un costo de $ 6,2 millones mensuales. Los diputados nos salen más económicos. Siendo 257 diputados y con un presupuesto de $ 5.550 millones, cada diputado tiene un costo para el contribuyente de $ 22 millones anuales, $ 1,8 mensuales. Si uno compara el costo por legislador tanto a nivel nación como a nivel provincia de Buenos Aires, son parecidos. De acuerdo a la información que proporciona la página web del Senado de la Nación, dicho cuerpo tiene asignados 3.192 empleados de planta permanente y 1.862 de planta transitoria. Un total de 5.054 empleados solo para el Senado. Aquí no se tiene en cuenta ni la biblioteca, la imprenta o la obra social. Si uno divide los 5.054 empleados por los 72 senadores, tenemos que en promedio cada senador necesita 70 empleados para trabajar. ¡Cada senador es una PYME! No puedo dar los datos de diputados porque, lamentablemente, ya no se publican como se hacía antes. Es importante aclarar que en los datos del Congreso Nacional, no están los 1.600 empleados que hay en la biblioteca del Congreso, los 575 que están en la imprenta en la era de internet o los 100 que están en la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual (no tengo idea cuál es su función). Normalmente se trata de medir cuánto trabaja un legislador por la cantidad de proyectos de ley que presentó en el año. Es más, muchos legisladores se enorgullecen diciendo que presentaron 20, 50 o 100 proyectos de ley. La realidad es que esa inflación legislativa termina ahogando la actividad privada. En rigor lo que se necesita es una gran ley derogatoria de todas las leyes que agobian al ciudadano y que ya nadie sabe si se cumplen o no se cumplen. A mayor cantidad de leyes, menos libertad individual. En síntesis, la dirigencia política en general y los legisladores en particular deberían dejar de preguntar dónde puede bajarse el gasto público, cuando los economistas les decimos que hay que bajarlo, y empezar a mirar la cantidad de recursos que dilapidan ellos para mantener a sus punteros, colaboradores de campaña y, vaya uno a saber si no figura alguna/o amante de algún legislador o legisladora. Cerrando, que vayan a otro lado con el cuento que no se puede bajar el gasto público. Y estos datos son solo una muestra de todo lo que se puede recortar en beneficio del sufrido contribuyente. El tema es si los legisladores, a nivel nacional y provincial están dispuestos a terminar con el negocio de hacer política. ESTA NOTA FUE PUBLICADA ORIGINALMENTE EN WWW.INFOBAE.COM  
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La preocupación por el predominio de empresas grandes en el mercado: también fracasan y estrepitosamente

Muchos alumnos se preocupan por el peso y la influencia de las grandes empresas en la economía. Por supuesto que hay que preocuparse, pero cuando se trata de sus relaciones y vínculos con la política y el estado, ya que ahí pueden buscar algún tipo de favor o privilegio. Pero no es lo mismo en el mercado, donde los consumidores tienen en cuenta la calidad y el precio de los productos y servicios. Allí no es necesario “sobornar” a funcionarios sino “seducir” a los clientes. En el libro de Carpenter Mason and Sanjyot P. Dunung (2011), International Business, se presenta un caso de “grandes” y “multinacionales” que pierden con más pequeños y locales, e incluso luego éstos tienen éxito en otros mercados: “La cadena minorista JCPenney entró en Chile en 1995 abriendo dos locales. La francesa Carrefour ingresó en 1998. Ninguna de ellas lo hizo a través de una alianza con una empresa minorista local. Ambas se vieron forzadas a cerrar sus operaciones chilenas debido a las pérdidas ocasionadas. Un análisis de la Universidad Adolfo Ibañez explicó las razones detrás de estos fracasos: los administradores de estas empresas no lograron conectarse con el mercado local, ni comprendieron las variables que afectan a los negocios en Chile. Específicamente, el mercado minorista chileno era avanzado, y también era muy competitivo. Los nuevos ingresantes (JCPenney y Carrefour) no llegaron a comprender que los principales minoristas existentes tenían sus propios bancos y ofrecían servicios bancarios en sus locales minoristas, lo cual era una de las principales razones de su rentabilidad. Los recién llegados asumían que la rentabilidad en este sector se basaba solamente en las ventas minoristas. No vieron la importancia de los vínculos bancarios. Otro error típico que las compañías cometieron es asumir que un nuevo mercado no tiene competencia porque los competidores tradicionales no estaban en él. Pero continuemos con el ejemplo y veamos cómo los minoristas chilenos ingresaron en un mercado nuevo para ellos: Perú. Estos minoristas eran exitosos en su propio mercado pero querían expandirse más allá de sus fronteras para obtener clientes en nuevos mercados. Eligieron Perú. El mercado minorista peruano no era muy desarrollado, y no se ofrecía crédito a sus clientes. Los chilenos entraron en el mercado a través de una asociación con firmas peruanas, e introdujeron el concepto de tarjetas de crédito, que era una innovación en el poco desarrollado mercado peruano. Ingresar con un socio local los ayudó porque eliminó la hostilidad y facilitó el proceso de inversión. La oferta de tarjetas de crédito distinguió a los minoristas chilenos y les dio una ventaja sobre la oferta local.” Un estudio de CEPAL llega a las mismas conclusiones: “Las empresas chilenas de comercio minorista han logrado construir sólidas ventajas competitivas. Estas se sustentan en un modelo de negocios que aprovecha las sinergias obtenidas de la operación conjunta de una serie de actividades relacionadas. El desarrollo de esta fórmula de comercio minorista integrado surgió directamente de la intensa competencia en un mercado chileno que, por su tamaño limitado, hacía muy difícil ser rentable en un solo segmento de la industria del comercio minorista. La clave del éxito ha sido la combinación de las mejores prácticas de los líderes internacionales con el conocimiento local, una oferta diversificada que incluye servicios bancarios y la capacidad de supervivencia en un mercado altamente competitivo. En este contexto, las compañías de comercio minorista han visto en la expansión internacional la mejor opción para iniciar una trayectoria de crecimiento sustentable”: http://www.cepal.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/revista/noticias/articuloCEPAL/4/27644/P27644.xml&xsl=/revista/tpl/p39f.xsl&base=/tpl/top-bottom.xslt
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Adam Smith sí era liberal, con matices

EXPANSIÓN - Junto a ideas intervencionistas, Smith tuvo otras liberales, y desde muy pronto. Afirma que las intervenciones públicas son “violaciones de la libertad natural, que son por tanto injustas”, a cargo de gente de poco fiar, como el político, “animal insidioso y astuto” que con “grandísima impertinencia y presunción…pretende vigilar la economía privada de los ciudadanos”, en vez de dejarlos en paz. Concluye: “Nunca he visto muchas cosas buenas hechas por los que pretenden actuar en bien del pueblo”. Los que hoy pretenden vestir a Smith de puro socialdemócrata son tan ridículos como cuando aducen que toda reducción de la coacción del Estado es desandar lo andado en el camino hacia el progreso. Pero, entonces, ¿cómo casar sus declaraciones liberales con las que van en sentido contrario? De esto me ocupo en el ensayo “Otro problema de Adam Smith: el liberalismo”, que puede consultarse aquí. Puedo resumir mi argumentación diciendo que mirando las citas en contexto se observa que la reivindicación antiliberal es menos sólida de lo que parece.análisis económico y político En ningún caso Smith concibe un Estado tan grande y oneroso como el actual: “es indudable que una recaudación fiscal exorbitante, como la que absorbe, en paz o en guerra, la mitad o incluso la quinta parte de la riqueza de la nación, justificaría, lo mismo que cualquier otro enorme abuso de poder, la resistencia del pueblo”. No estaba en contra de todos los empresarios (“Los prejuicios de algunos escritores políticos en contra de los tenderos y comerciantes carecen totalmente de fundamento”), sino sólo de los que se aprovechaban del sistema mediante componendas y trapicheos políticos. No aceptaría la moderna justicia “social”, porque para él la justicia es una virtud negativa, basada en el no dañar, algo que está vedado, aunque, como en la redistribución política, tenga beneficiarios. La propiedad del fruto de nuestro trabajo es “la más sagrada e inviolable”. Las obras públicas deberían ser financiadas por los usuarios, mediante peajes, y la educación debía ser sufragada en parte siempre por los alumnos, incluidos los más pobres. Es verdad que apoyó las Leyes de Navegación, pero no por razones económicas. Y la desigualdadque deploró es la asociada a relaciones serviles, como eran las feudales, pero no en el caso del comercio, el mercado y los contratos libres. Por lo tanto, las excepciones al laissez faire no socavan su confianza en la libertad. Con todos sus matices, Adam Smith puede ser legítimamente reivindicado en nuestros días no sólo por los economistas liberales sino por cualquier amigo de la libertad. No pudo ser hostil al liberalismo alguien que saludó así a dos extensiones del mercado: “El descubrimiento de América y el del paso a las Indias Orientales por el cabo de Buena Esperanza son los dos acontecimientos más importantes que registra la historia de la humanidad”.
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La paradoja de la pax macrista: crecen los "brotes verdes" pero no baja el apetito de los ahorristas por el dólar

IPROFESIONAL - Desde que asumió a la presidencia del Banco Central, hace casi dos años, Federico Sturzenegger se propuso consolidar al peso como "reserva de valor", pero la realidad y la propia historia nacional están jugando en contra de sus intenciones. En el balance final, todo parece indicar que tanto para los momentos "pacíficos" del país, como también para los lapsos donde hay máxima tensión local o externa, la demanda de los argentinos por el billete con la cara de Washington no se detiene. El volumen de compras de dólares tiene un piso alto, del cual no baja a pesar de que cambie el contexto político-económico, y parece una obsesión que es difícil de desarticular de la mente de los argentinos. Esto se comprobó el mes pasado, cuando se registró el récord máximo de venta de dólares en mucho tiempo, al contabilizarse en todo agosto (último dato disponible) compras por parte de más de un millón de ahorristas por un monto total que superó los u$s3.500 millones. Una cifra que superó en u$s500 millones a lo marcado en julio. Un nivel mensual que no sólo representa la cantidad más elevada que debió afrontar la gestión macrista, sino que es la más alta desde octubre de 2008. Varios años antes que Cristina Kirchner instaure el cepo cambiario, a fines del 2011. Más allá que la incertidumbre electoral previa a las PASO del 13 de agosto incidió en esta fuerte solicitud de moneda estadounidense, las altas tasas de interés en pesos ofrecidas en el último tiempo tampoco pudieron contrarrestar el "apetito" dolarizador de los pequeños y medianos ahorristas. Pese a que la lógica indica que apostar por el billete nacional genera mayores ganancias que con el dólar, el argentino medio prefiere obtener menos rentabilidad pero mantener resguardado su capital en la tradicional referencia verde. Los números son claros y no presentan dudas respecto a cuál de las dos es la decisión más rentable, ya que mientras las Letras del BCRA pagan en el mercado secundario por arriba del 27% anual, se estima que en todo 2017 el tipo de cambio subirá alrededor de 17%, según las proyecciones de los principales economistas. En síntesis, los instrumentos en pesos ofrecen unos 10 puntos porcentuales más que el billete verde. De hecho, la banca de inversión Puente dijo de forma puntual días atrás en un informe: "Manteniendo una expectativa sobre el tipo de cambio en $17,5 para finales del año, sigue luciendo conveniente la exposición a instrumentos en pesos". Y en esta patriada, ni siquiera Sturzenegger parece poder desalentar a los ahorristas que piensan en dólares al ofrecerles un instrumento financiero que ajusta por inflación, como es el caso de las UVA (Unidades de Valor Adquisitivo). Con el espíritu de hacer crecer el sistema financiero local, "desarrollamos las UVAs, unidades de cuenta atadas a la inflación, que permiten resguardar el ahorro en pesos y estimular el crédito a largo plazo", dijo tiempo atrás el presidente del BCRA. Para él, este instrumento "permitirá consolidar a nuestra moneda como reserva de valor a largo plazo". Incluso, en abril del año pasado, cuando lanzó las UVA, dijo que "un dólar en una lata, tiene una tasa de retorno real para la sociedad de menos la inflación de Estados Unidos. Es decir perdemos plata". Razón tiene Sturzenegger desde lo teórico, las cuentas le dan la razón, pero a la hora de ir más allá y revisar los hechos acumulados durante las últimas tres décadas que encierra la historia argentina, los ahorristas evidencian que sucedió lo contrario: el que apostó al dólar ganó en el tiempo. Este comportamiento se vio a las claras en los últimos meses, con la demanda récord en la compra de divisas, pese a que la rentabilidad que ofrece "pierde" por varios puntos contra el avance de la inflación y las tasas en pesos. Así, la realidad indica que el presidente del Banco Central perdió una batalla. No sólo por la elevada demanda de divisas de los particulares, que tocó un récord en nueve años. También estas cuantiosas solicitudes de minoristas, bancos y empresas, le ocasionaron un golpe a fines de julio, cuando el BCRA tuvo que discontinuar por unos días la libertad de la flotación cambiaria pregonada durante mucho tiempo, y salió a vender por presión política unos u$s1.800 millones en el mercado para calmar y "frenar" el alza en el precio del tipo de cambio, en plena previa a las PASO. Razones verdes Claro, no siempre el pequeño o mediano ahorrista piensa igual que un gran inversor, sino que existen otros factores que llevan a dejar de lado saber cuál será su ganancia "fría" en el corto plazo. "En Argentina, cuando sube el precio del dólar, la gente demanda más", indica a iProfesional Gastón Rossi, el economista y director del Banco Ciudad por ECO, el partido de Martín Lousteau. Y agrega que mucha gente "ve un termómetro en la divisa, que muestra un síntoma de la economía local, pero no la enfermedad, y para cubrirse, por las dudas, sale a comprar billetes sin importar su precio". Es decir, por más que las Lebac en pesos brinden una mayor ganancia, la "experiencia histórica argentina" en términos cambiarios lleva a que ante cualquier incertidumbre se tome como algo natural en la sociedad refugiarse en dólares. En el mismo sentido, Ramiro Castiñeira, director Econométrica, agrega a este medio: "Hay un piso de dolarización que es histórica por la imprevisibilidad que siempre tuvo Argentina en el mediano plazo. Desde el Rodrigazo, el corralito de Cavallo y el cepo cambiario del 2011 que el argentino se intenta cubrir en dólares de los riesgos macroeconómicos". Las compras realizadas mensualmente por los minoristas en los bancos demuestran esto, ya que existe un piso de volumen muy elevado que se mantiene, sin importar qué ocurra en el medio en el país o a nivel mundial: Te puede interesarNo sólo de las Lebac vive la City: hay una inversión "tapada" que también ofrece hasta 26% de rentabilidad -De hecho, si se observan las cifras de 2016, meses después que el Gobierno eliminó el cepo cambiario, y se trataba de un año en el que existía gran optimismo en la City por la nueva administración nacional, sin ruidos políticos, ni elecciones a la vista, los argentinos compraron un promedio de u$s1.400 millones mensuales. -Incluso en el corriente 2017, el promedio de salida de dólares del sistema es de u$s2.800 millones mensuales. -Y si se toma como referencia al 2015, antes del cambio de Gobierno en diciembre de ese año y en pleno cerrojo a la compra de divisas para todos y todas, el promedio de ventas entre enero y noviembre fue de u$s570 millones mensuales. Un nivel mínimo que se repiten en anteriores períodos, marcando que el argentino siempre se refugia en dólares, y que existe una "base alta" de compras. "En 2004 el tipo de cambio era tan elevado (llegó a $4 por billete verde) que desincentivaba la compra de dólares, pero igualmente se vendía un piso de unos u$s600 millones mensuales", recuerda Rossi. Según los analistas consultados por iProfesional, esta cobertura puede plasmarse en la compra de billetes físicos para ponerlos debajo del colchón, o bien, para utilizarlos en turismo y compras en el exterior, cuyos precios lucen más baratos que los domésticos. "Hay un piso estructural de venta de dólares por el marco general macroeconómico y por el turismo, ya que se percibe barato el tipo de cambio y que conviene viajar al exterior", resume Rossi. Y Castiñeira completa: "No todos los que compran divisas están ahorrando, sino que también es para turismo, ya que el déficit en este rubro hoy es más de u$s10.000 millones al año. Este nivel es uno de los más altos y se asemeja al que había durante cepo. Cambiario". "Con el mismo precio que cuesta ir a Gesell se puede ir a Miami", grafica el experto. A ello se le debe sumar los precios ventajosos en el extranjero de indumentaria, electrónica y otros artículos de consumo. Déficit de fondo Además, existe un factor que influye en el apetito dolarizador del argentino: el sostenido déficit fiscal del Estado genera que el Gobierno se deba financiar por medio de emitir deuda en el exterior, lo que causa un mayor ingreso de divisas. Esta inyección de oferta de billetes produce la baja del precio del dólar y que se mantenga el retraso cambiario. También influye la elevada inflación, que para el mercado este año superaría el 22% anual, mientras el tipo de cambio subiría un menor nivel: 17%. En consecuencia, el argentino percibe "barato" al billete verde, ya que los precios de la economía se mueven a un ritmo más veloz que la divisa. "Los ahorristas conocen de algún modo la historia volátil de nuestros mercados. Saben que hay alta inflación, y que el dólar está retrasado. Tal vez no todos saben que esto se debía al déficit fiscal y la entrada de dólares por la deuda creciente, pero sí saben que la Argentina está cara en dólares. Y la experiencia muestra que, luego de un tiempo, esas cosas se corrigen", resume Agustín Etchebarne, director de la Fundación Libertad y Progreso. Y concluye de forma lapidaria: "Los argentinos saben que no pueden ahorrar en pesos, porque desde el año 1935 sacamos 13 ceros a la moneda. La inflación promedio desde el primer peronismo (1946) es del 70% anual, salvo la década del ´90 con el plan de Convertibilidad que la inflación bajó a cero". A la hora de pensar a futuro, en base al plan que pretende instaurar Sturzenegger para brindarles a los ahorristas herramientas en pesos que les permitan obtener una mayor ganancia que la alternativa de comprar dólares, los analistas consultados por iProfesional son precavidos. De hecho, le achacan algunos errores que pueden afectar sus intenciones de generar confianza en la moneda nacional. "Sturzenegger no puede cambiar 80 años de historia de un plumazo. Pero sí considero que tiene un fracaso en su haber porque estableció la meta de una inflación anual de entre 12% y 17%, pero terminará por encima de 20% y no se ve todavía una desaceleración importante para el segundo semestre. Esto le ha hecho perder credibilidad al Banco Central", resume Etchebarne. Por lo pronto, existen factores estructurales y coyunturales que impiden confiar en el peso. La dinámica inflacionaria es elevada y cambiar la cultura de ahorrar en dólares llevará varios años. "Para el inversor menos sofisticado, que siempre estuvo entre comprar dólares o abrir un plazo fijo, preferirá comprar dólares porque sabe que contra la inflación pierde dejando la plata en el banco", considera Rossi. Y concluye: "Va a llevar muchos años para que la gente piense en pesos, y que las tasas sean atractivas para el ahorrista medio" Esto se debe a que hoy un plazo fijo paga alrededor del 19% anual, por debajo de la suba estipulada de precios de la economía. Al mismo tiempo, la situación coyuntural también incide en que la gente decida refugiarse en moneda estadounidense, y que continúe el piso actual alto de dolarización, al ver que hay todavía ciertos actores que "quieren volver a un modelo del pasado o aquellos que convalidan lo que ocurre en Venezuela", agrega Castiñeira. En resumen, las intenciones del Banco Central de darle fortaleza a la moneda nacional, se considera como un efecto que queda únicamente desde lo discursivo, porque la economía transita otro camino. "La realidad indica que eso no se va a lograr hasta que no se equilibren las cuentas públicas (el déficit) y las cuentas externas, parta generar tanto una economía como una moneda sana, cosa que hoy esto no sucede", finaliza Castiñeira. Según un informe de la Consultora Analytica, uno de los mayores problemas heredados por la administración Cambiemos radica en el elevado déficit de las cuentas públicas. "El Gobierno optó por una estrategia gradual y hoy nos encontramos con un déficit financiero consolidado en torno al 7% del PBI". En definitiva, la elevada inflación, las cuentas estatales que todavía no cierran y la incertidumbre respecto al rumbo político y económico del país -todos factores de arrastre que Argentina no logró resolver hasta el momento-, llevan a que la clase media opte por refugiarse en el dólar. Y por el lado de Sturzenegger, lleva a que no pueda torcerle el brazo a algo tan pesado como es la historia.-
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Sobre las cuotas de género y otras yerbas

EL CRONISTA - Se ha puesto de moda la idea de las cuotas para acceder a cargos políticos, para aplicar a estudios universitarios y para empleos en ámbitos empresarios. La moda en nuestro país por ahora ha quedado en el primer rubro, mientras que en otros países se ha extendido a diferentes áreas. No pocos son quienes han quedado muy impresionados con la sandez de las cuotas para mujeres en relación a los cargos públicos. Constituye una afrenta para la mujer el acceder al cargo debido a la compulsión que impone una legislación y no por su mérito. Hay en esto una horrible discriminación puesto que el aparato estatal se aparta de la igualdad ante la ley y otorga privilegios.Mujeres en política y en el Congreso Como es sabido, discriminar significa diferenciar, optar, elegir, discernir, en otros términos es un ingrediente inseparable de la acción humana. Discriminamos cuando elegimos nuestra lectura, a que cine vamos, que comida engullimos, con quien contraemos nupcias, que amigos incorporamos etc. No hay acción sin discriminación. Muy distinta es la discriminación por parte del Gobierno puesto que, como queda dicho, eso implica otorgar diferentes derechos a diferentes personas lo cual es absolutamente incompatible con un sistema republicano. Pero hay otro aspecto aun peor y es que con este sistema discriminatorio en el peor sentido de la expresión, se contribuye a deteriorar aun más la calidad de la estructura política. En lugar de ocupar cargos los mejores, acceden quienes han sido seleccionados merced a la arbitrariedad de las cuotas. Esta situación se extiende a media que se extienden las cuotas también a otros campos y no solo en el plano del género. Cuando se imponen cuotas en los ingresos universitarios, por ejemplo, para latinos, negros, sajones y asiáticos, necesariamente desmejora la calidad educativa de la institución del caso debido a que se bloquea la entrada de los mejores. Cuando con la idea de ofrecer mayores oportunidades a otros en las empresas, se atropellan derechos de los más eficientes al imponer cuotas, se están elevando inútilmente los costos y reduciendo la productividad lo cual, a su turno, se traduce en un derrumbe en el nivel general de vida, situación que en última instancia perjudica especialmente a los marginales. La posición liberal es la de respetar la igualdad ante la ley y que los aparatos estatales no discriminen. Es tragicómico: con el pretexto de que no se discrimine a través de la acción libre de las personas se implanta a la fuerza la única discriminación a todas luces malsana. Y digo posición liberal y no la etiqueta fantasiosa de neoliberal con la que ningún intelectual se identifica. En este sentido, cierro con una frase de Mario Vargas Llosa: "Me considero liberal y conozco a muchas personas que lo son y a otras muchísimas más que no los son. Pero, a lo largo de una trayectoria que comienza a ser larga, no he conocido todavía a un solo neo-liberal".  
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