El mensaje liberal
EL PAÍS - De entrada decimos que la mejor definición del liberalismo es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. Es una tradición de pensamiento basada principalmente en la moral que además permite el mayor progreso material, especialmente para lo que menos tienen.
Frente a esta posición están quienes sostienen que deben dejarse de lado las autonomías de las personas en pos de un supuesto bien común que en verdad es inexistente debido principal aunque no exclusivamente al ataque a la institución de la propiedad. Comenzando por el propio cuerpo, luego por la libertad para expresar el pensamiento y, finalmente, por el uso y disposición de lo adquirido lícitamente.
Es del caso detenerse en esto último. Cuando los aparatos estatales intervienen en los precios están, de hecho, interviniendo en la propiedad puesto que son el resultado de arreglos contractuales libres y voluntarios. En el extremo, al abolir la propiedad como aconseja el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, el sistema económico se queda sin las únicas señales para operar, es decir, los precios. En este caso no se sabe si conviene construir los caminos de oro o de asfalto y si alguien levanta la mano y dice que con el metal aurífero sería un derroche es porque recordó los precios relativos antes de eliminar la propiedad privada.
En otros términos, no hay tal cosa como una "economía socialista" puesto que no puede economizarse donde no hay contabilidad ni evaluación de proyectos. Y si en lugar de abolir la propiedad, los gobiernos la distorsionan, en esa medida los precios quedarán desfigurados con lo que el derroche será en esa misma medida.
A su vez, el derroche de capital inexorablemente reduce salarios e ingresos en términos reales puesto que el volumen de inversiones es la única causa de la mejora en el nivel de vida. No hay magias. Sería interesante que los salarios pudieran elevarse por decreto, con lo que habría que dejarse de timideces y hacernos todos millonarios.
Ahora bien, el mensaje liberal no siempre es claro, demos solo cuatro ejemplos para ilustrar la idea. En primer lugar las recetas del llamado "ajuste" o el "shock". Ya bastantes ajustes y shocks tiene la gente desde que se despierta hasta que se acuesta para agregar reveses adicionales. De lo que se trata es de adoptar medidas responsables y prudentes para que la gente engrose sus bolsillos que han sido diezmados por el Leviatán al encarar actividades que no son propias de un sistema republicano y que empobrece a todos.
En segundo lugar, debería dejar de hablarse de "inversión pública" puesto que se trata de una contradicción en los términos. Cuando se ahorra se abstiene de consumir para invertir y este es un proceso por parte de quienes estiman que el valor futuro será mayor que el del presente. Esto me recuerda a la disposición argentina en la época del Dr. Alfonsín en cuanto a la implementación del así llamado "ahorro forzoso". No hay tal, se trataba de una exacción adicional. En las cuentas nacionales las mal llamadas inversiones públicas debieran computarse como gasto en activos fijos para diferenciarlos de los gastos corrientes.
Por otra parte, la ilusión de la inversión pública desconoce que, fuera de las misiones específicas del gobierno de una sociedad abierta de seguridad y justicia (que habitualmente son las faenas que no cumple para expoliar el fruto del trabajo ajeno), la asignación de recursos siempre es en una dirección distinta de la que hubiera decidido la gente (si fuera la misma dirección no habría necesidad de emplear la fuerza con ahorro de gastos administrativos).
Y no se diga que el voto suple esas decisiones puesto que la característica del proceso electoral es que se hace en bloque sin inmiscuirse el político en el caso por caso, a diferencia de los votos que se depositan cotidianamente en el supermercado y afines donde las compras y abstenciones de comprar revelan las cambiantes necesidades.
En tercer término, es útil precisar qué es el tan debatido "gradualismo". Si las medidas de orden financiero son buenas, cuanto antes se adopten mejor es. El decimonónico Frédéric Bastiat sostenía que cuando el gobierno se apoderaba de recursos más allá de las antedichas funciones específicas "se trata de robo legal". Si a un transeúnte le arrancan su billetera, una vez apresado el ladrón se debe reintegrar el botín a su dueño pero no gradualmente.
Por último, hay liberales que insisten con lo de "clases sociales" sin percatarse del significado de esa expresión. No hay clases o naturalezas distintas de personas, son todos seres humanos. El marxismo es consistente al haber propuesto esa denominación puesto que estima que la clase proletaria tiene una estructura lógica diferente a la del burgués, aunque nunca se explicó en qué se diferencia del silogismo aristotélico. Esa concepción la adoptó Hitler en su sistema criminal donde tatuaba y rapaba las víctimas para distinguirlas de sus victimarios.
Si se quiere aludir a los diversos ingresos, es mejor hacer referencia a los altos, medios y bajos pero hablar de "clase baja" es además repugnante, "alta" es estúpido y "media" es anodino.
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Este hecho fue reconocido por el ministro Alejandro Finocchiaro a fines de julio pasado: “El plan implicaba un gasto corriente muy grande para las jurisdicciones, es decir salarios (...), porque había que poner todo el equipo directivo, la planta de docentes, etcétera. Por eso, lo reconvertimos a 10 mil salas, agrandando jardines o escuelas existentes”.
Sin embargo, el real problema es mucho más importante, pues consiste en cómo lograrlo sin contar con un gran número de nuevas docentes. Ello no se soluciona con la reconversión propuesta, pues si se habilitan mil nuevas salas en jardines existentes para 2019, ¿cómo se conseguirá semejante cantidad de maestras especializadas para atenderlas?
Por ello, propuse una instrumentación mediante la cual sería necesario construir menos jardines y se requerirían muchos menos nuevos docentes: la entrega de una tarjeta a los padres de los casi 600 mil niños de 3 años no escolarizados, similar a una de crédito, por un monto que no supere el costo de su educación en un jardín de infantes público del distrito de residencia de la familia.
Este esquema facilitaría la instrumentación del proyecto, pues requeriría una menor cantidad de nuevos jardines, un menor número de nuevas salas en jardines ya existentes y una menor cantidad de nuevas docentes especializadas en la enseñanza de niños de tan temprana edad.
Una buena idea puede fracasar por su instrumentación. Hoy enfrentamos un escenario similar frente a la reforma de la escuela secundaria en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba).
El Gobierno de Caba trabaja en una profunda reforma educativa que, entre otras características, intentaría adecuar la escuela secundaria al mercado laboral. El nuevo plan contempla que todos los alumnos, en el segundo semestre del último año, realicen prácticas educativas en empresas, organizaciones sin fines de lucro o dependencias del Estado.
Muchos jóvenes que al terminar la secundaria no cuentan con habilidades que les permitan ingresar al mercado laboral saldrían beneficiados. Es claro que el número de jóvenes graduados de la escuela secundaria que no estudian ni trabajan se reduciría de modo considerable.
Pero, al pensar en la probable instrumentación, es lícito preguntarnos cómo se habrá de conseguir una cantidad suficiente de empresas y organizaciones sin fines de lucro deseosas de ser parte del programa, dada la obligación de participar de esta práctica a la totalidad de los alumnos de quinto año de las escuelas públicas porteñas.
¿Cómo se conseguirá la suficiente cantidad de tutores en las empresas y organismos no gubernamentales participantes? La triste predicción es que muchos jóvenes podrían terminar realizando sus prácticas en organismos del Estado.
Una sencilla solución que permitiría desarrollar una atinada reforma es que los alumnos que han de seguir estudios universitarios, en vez de realizar las prácticas laborales, dediquen el tiempo a profundizar conocimientos que contribuyan a un mejor rendimiento y a una menor deserción en su tránsito por la universidad.
Los números hablan por sí mismos. En palabras de Alieto Guadagni, miembro de la Academia Nacional de Educación, “la Argentina es el país latinoamericano con mayor población universitaria: 435 estudiantes cada 10 mil habitantes. En Brasil, hay 380; en Chile, 361; en México, 285, y en Colombia, 273. La foto se revierte al evaluar su graduación, pues en la Argentina se gradúan por año tan sólo 28 alumnos cada 10 mil habitantes, mientras que en México y Chile, 48; en Brasil, 50, y en Colombia, 59”.
No existe nada gratis. Es de esperar que cualquier medida del Gobierno se motive en los beneficios que habría de generar para la sociedad, pero no debemos olvidarnos de cómo se instrumentará; de lo contrario, puede terminar siendo tan sólo otra expresión de voluntarismo que a la larga quede en la nada.
Por su parte, el director de C&T Asesores Económicos, Camilo Tiscornia, sostuvo a este portal que la proyección de inflación para el año próximo estará en torno al 15%. "Lo que vemos es un tipo de cambio que se movería parecido. Más tarifas que te dan un plus sobre eso y salarios que pueden estar un poquito arriba de ese 15%", consideró.
"Con el tema de la inflación tenés un doble estándar. Si uno se para hoy y compara la inflación que uno estima, contra la meta del BCRA, da la sensación de que el año que viene no se llega. Por otro lado, si llegáramos a bajar del 20% creo que sería un logro importante", agregó.
En tanto, para el ex viceministro de Economía y presidente de la consultora PxQ, Emmanuel Álvarez Agis, la inflación rondará entre el 17,5% y el 18,5%.
"Nosotros por ahora estamos estimando cierre de 2017 entre 24,2% y 24,6%. Eso te deja un arrastre mirando inflación promedio anual para 2018 de 10 puntos", indicó.
En esa línea confluyeron el director ejecutivo de Libertad y Progreso, Aldo Abram, y Martín Vauthier, integrante del equipo económico del Estudio Bein y Martín Ravazzani, director de Relaciones Institucionales de Ecolatina, quienes informaron una proyección de inflación de 16%, 16,9% y 17%, respectivamente.
"Fundamentalmente porque si bien se puede cumplir la meta del 12% que plantea el BCRA, durante este año se ha dado muestra de que esa no es la prioridad que ellos tienen", afirmó Abram. Para Vauthier, las metas de inflación de la entidad monetaria "son más una referencia para alinear las expectativas".
En cambio, Rodrigo Álvarez, director de la consultora Analytica, arrojó un número un poco más elevado. "Nuestras estimaciones de inflación para 2018 nos dan en torno a 19,1%, por fuera de la meta planteada por el BCRA".
"El motivo es que la política monetaria no tiene mucho margen de acción utilizando el único instrumento de que dispone que es la tasa de interés. Por otra parte tampoco hay mucho margen para bajarla porque el tipo de cambio sigue siendo sensible a esa variable y una suba podría demorar el proceso de desinflación", analizó.
La única proyección por encima de la media fue la que realizó el director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (C.E.S.O), Andrés Asiain, quien sostuvo la inflación en 2018 será "similar a la de este año; entre 25 y 26%". Y agregó que el Gobierno va a continuar con una política de dólar retrasado que permitirá "moderarla y contenerla".
En ese marco, cabe recordar que Sturzenegger reconoció en el último Informe de Política Monetaria correspondiente a octubre de 2017, que el dato de inflación de septiembre de 1,9% "no fue el que esperábamos", pero insistió en que "el proceso de desinflación sigue"