PERFIL El abogado de empresas, Julián de Diego, anticipó que el proyecto de reforma laboralde la administración de Javier Milei tendría 92 artículos.
Reforma laboral
“Es un capítulo fundamental de la nueva etapa. Yo siempre digo que la reforma laboral es compatible con lo que tiene que presentar la Argentina para el futuro porque nosotros tenemos que generar confianza”, sostuvo el letrado.
“Hemos hecho todo lo posible por generar desconfianza en el pasado. No hemos cumplido con nuestras obligaciones. Tenemos que establecer claras reglas de juego para que el inversor coloque sus riesgos en Argentina y y tratar de contribuir desde la reforma laboral al crecimiento que es la gran demanda que hay hoy en toda en toda la comunidad no solamente la comunidad laboral sino sobre todo la comunidad empresaria”, agregó en declaraciones a Radio Mitre.
"92 artículos"
“Así que está la reforma en lo que yo conozco por algunas consultas que estoy recibiendo está a toda marcha. Va a tener alrededor de 90 artículos. yo lo que he visto son borradores de 92 artículos exactamente”, precisó De Diego.
Además detalló que abarca “desde el contrato hasta el derecho de huelga”, desarrolla “el famoso salario dinámico”, y que modifica “el régimen de jornada para facilitar el banco de horas”.
“La batería de recursos que se está colocando hace que nuestra ley de contrato de trabajo que tiene ya 50 años y está atrasada desde el punto de vista de la modernización, ahora tenga una bocanada de aire fresco que le permita al inversor contar con los recursos que se cuentan en los países centrales para que tenga contrataciones que sean fluidas, que no estén bombardeadas por obstáculos administrativos, que estén ligadas con las nuevas tecnologías que es el gran motor de las reformas laborales en el mundo”, aseveró.
También confirmó que tuvo acceso a “borradores” de la iniciativa y que tuvo “la suerte de contribuir en algunas interconsultas”.
Jornada laboral
“El régimen nuestro de jornada no se modifica en su estructura o sea que es 8 horas diarias, hasta 9 horas diarias, y 48 horas semanales en un sistema de promedio que además no es un sistema de promedio que se resuelva unilateralmente”, aseguró De Diego.
Y luego completó: “Es un sistema de promedio de jornada que se acuerda con el sindicato. Se puede trabajar hasta 12 horas por día, siempre y cuando no se no se viole el promedio de 48 horas semanales”.
“Si yo trabajo en un shopping que el flujo de público viene el viernes a la tarde, sábado y domingo, es probable que en un régimen de jornada promedio los horarios del sábado y del domingo sean de 12 horas y que el trabajador en dos días seguidos trabaje 24 horas. Ahora lunes y martes va a tener cero hora o va a tener una jornada reducida porque ese shopping como tiene su flujo de público principal el fin de semana, el lunes y martes no va a tener ese mismo flujo”, ejemplificó.
Banco de horas
“Supongamos que por una necesidad operativa en un régimen de banco de horas un trabajador preste servicio 12 horas 4 días seguidos o sea las 48 horas las tiene que cumplir en 4 días seguidos de trabajo para mantener el promedio va a tener que tener inmediatamente tres días de descanso completos”, puntualizó.
Aunque luego aclaró: “Ahora el ciclo se mide generalmente por un plazo de 3 semanas o sea que se toman 3 semanas en su totalidad. El trabajador puede trabajar 12, 8, 6, 4 o no trabajar en función de los requerimientos, sobre todo de los requerimientos de los clientes que son los que están marcando hoy las variabilidades que tiene el régimen de jornada”.
“En el régimen que yo he visto de los borradores requiere de un acuerdo de convenio colectivo o sea es trabajadores con la representación sindical y el empleador que puede ser individual o puede ser un un empleador colectivo”, subrayó De Diego.
Luego mencionó que “el banco de horas existe en la Argentina desde 1991” y se refirió al caso de la minera Barrick.
“Prestan servicio 14 días seguidos de 12 horas y después descansan 7 días completos o 10 días completos, porque en la mina están a 400 kilómetros de su casa. Entonces trabajan dos semanas completas de 12 horas por día y después tienen 10 días completos con su familia en el lugar de donde viven”, cerró el abogado de empresas.
ÁMBITO FINANCIERO En la Argentina, miles de jóvenes no terminan la escuela secundaria en tiempo y forma, y entre quienes sí lo hacen, una proporción significativa no logra insertarse laboralmente. A la vez, el sector productivo enfrenta una paradoja: la falta de trabajadores calificados para cubrir empleos técnicos, industriales o tecnológicos. Esta desconexión entre educación y trabajo, que se agrava con el paso del tiempo, es una de las principales causas de exclusión social y de pérdida de competitividad. Superarla requiere algo más que reformas curriculares: exige un cambio de paradigma.
La consecuencia económica es concreta: numerosas empresas industriales, tecnológicas y agroindustriales reportan dificultades persistentes para cubrir vacantes técnicas. Esa escasez de perfiles calificados incrementa los costos de producción, limita la expansión de las plantas y frena proyectos de inversión que podrían generar empleo. La brecha educativa no solo afecta a los jóvenes; también restringe la capacidad productiva del país.
El sistema dual alemán representa una experiencia exitosa y sostenida que vale la pena estudiar con detenimiento. Desde hace más de medio siglo, Alemania integra de manera orgánica la formación teórica en instituciones educativas con el aprendizaje práctico en empresas. Los jóvenes, en su mayoría de entre 16 y 19 años, dividen su semana entre la escuela y la empresa. Tres o cuatro días trabajan como aprendices bajo supervisión profesional, y el resto asisten a clases donde adquieren los fundamentos técnicos, legales y éticos de su oficio.
Las empresas, a su vez, asumen un rol activo: seleccionan a los aprendices, los capacitan, les abonan una remuneración y los acompañan en un proceso de formación que culmina con una certificación oficial. No es filantropía, es inversión. Forman a sus futuros empleados en un esquema que reduce costos de rotación y eleva la productividad. En el mediano plazo, el beneficio es mutuo: los jóvenes obtienen una oportunidad real de empleo y las firmas aseguran mano de obra calificada y comprometida.
Es importante subrayarlo: la escuela no se reemplaza por la empresa, ni la formación práctica se coloca por encima de la formación teórica. El sistema dual integra ambas dimensiones en un único proceso formativo. La institución educativa continúa transmitiendo los conocimientos generales y técnicos, mientras que la empresa aporta la experiencia concreta del trabajo, las normas de calidad y los hábitos de desempeño. Lejos de competir, ambas esferas se potencian recíprocamente.
El modelo ha demostrado su eficacia de manera sostenida. Según el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania, cerca del 50% de los jóvenes elige esta vía y más del 80% de los egresados logra empleo estable, en muchos casos dentro de la misma empresa donde se formó. La tasa de desempleo juvenil es una de las más bajas de Europa, y la satisfacción laboral posterior de los egresados es alta. Este éxito no se debe únicamente al desarrollo económico alemán, sino a un consenso social profundo: el aprendizaje en el trabajo es tan valioso como el aprendizaje académico.
El impacto macroeconómico de este modelo es evidente: el sistema dual contribuye a sostener una industria competitiva y tecnológicamente avanzada, garantizando un flujo permanente de trabajadores calificados que responden a las necesidades reales de la economía. No es casual que Alemania haya mantenido durante décadas un alto nivel de productividad industrial, con un modelo que vincula educación, empleo y crecimiento.
La Argentina podría avanzar hacia un esquema similar. Contamos con una red de escuelas técnicas que podrían integrarse a proyectos piloto en ramas como metalmecánica, software, energías renovables o agroindustria. Las provincias con tradición industrial —Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires— tienen condiciones favorables para iniciar programas de alternancia educativa con participación empresarial.
Pero falta el puente: la articulación entre el aula y la empresa. Esa articulación requiere de un marco normativo moderno, incentivos fiscales claros y la participación de las cámaras sectoriales. Podrían iniciarse programas piloto en sectores con alto potencial de empleo —software, metalmecánica, agroindustria, logística o energías renovables— aprovechando la infraestructura ya existente y los vínculos territoriales entre escuelas y pymes locales. La clave es construir confianza y dar previsibilidad a las reglas del juego, evitando la improvisación y los cambios permanentes que han dañado a tantas generaciones de nuestros niños y jóvenes.
El desafío, sin embargo, no es solo técnico: es cultural. La sociedad argentina ha tendido a valorar más el título que la competencia, el diploma que la destreza. Recuperar el prestigio del trabajo calificado y de la formación técnica es una condición necesaria para que muchos jóvenes encuentren sentido en su educación. Integrar la teoría con la práctica no degrada el conocimiento, lo enriquece. Educar para el trabajo no es subordinar la escuela al mercado, sino abrir caminos de autonomía y dignidad.
El sistema dual alemán no es una receta que pueda copiarse mecánicamente, pero sí una inspiración concreta. Su éxito descansa en la cooperación entre el Estado, las empresas y las instituciones educativas.
Avanzar hacia un modelo de formación dual no requiere grandes declaraciones, sino acuerdos concretos y sostenibles en el tiempo entre el Estado, las empresas y las instituciones educativas. Si logramos construir ese puente, estaremos dando un paso decisivo hacia una Argentina que crece a partir del conocimiento aplicado y del trabajo calificado.
Gastón Kelly en Eco Medios. Antes el Estado regulaba los aumentos de los colegios hacia adelante en base a expectativas. Ahora cada colegio podrá ajustar sus valores según sus costos y las paritarias de los maestros. La competencia los motivará a ser más eficientes y ajustar costos y cuotas.
El abogado laboralista Julián de Diego explica los principales puntos del borrador de reforma laboral que impulsa el gobierno argentino, destacando cambios como el salario dinámico y el banco de horas, sin pérdida de derechos fundamentales.