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La Argentina liberal ¿lo que hay que hacer pero nadie hace?

Entrevista a Agustín Etchebarne en La Nación+. La Argentina nación en libertad y los primeros años creció más que otros países gracias al liberalismo, hasta los últimos 70 años de populismo la sumio en crisis tras crisis. "A principio de 1900 la industria crecía más que el agro y era más importante en la economía, gracias a las ideas liberales" dice Etchebarne https://www.youtube.com/watch?v=Pk8JQ3Y8gRw
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Imagen coloreada por Gabriel GS

La necesidad de volver a las bases de Alberdi

Juan Bautista Alberdi fue un actor fundamental en la conformación del estado argentino. No sólo fue fundamental en influenciar nuestra Constitución Nacional, sino que también dejó las bases para que Argentina emprendiera un camino de desarrollo sostenido por varias décadas.

Me propongo en este artículo resumir su posición sobre distintos temas al sólo efecto de reintroducir sus “bases” en el debate moderno.

[caption id="attachment_31034" align="aligncenter" width="629"] Imagen coloreada por Gabriel GS[/caption]

El gobierno debe limitarse a funciones esenciales

Bajo la estatolatría que nos rodea, el estado moderno ha asumido funciones que han distraído a los gobiernos de sus funciones esenciales. Se podrá decir que este es un fenómeno novedoso, que comienza en el siglo XX y se expande hacia comienzos del siglo XXI, pero Alberdi anticipó esta amenaza, como queda claro en las siguientes citas.

Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, etc., el Gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir. Luego el Estado y las leyes políticas que lo constituyen, no tienen más objeto final y definitivo que la observancia y ejecución de las leyes civiles, que son el código de la sociedad y de la civilización misma (…) La democracia es la libertad constituida en gobierno, pues el verdadero gobierno no es más ni menos que la libertad organizada” (Juan Bautista Alberdi, Obras Completas, Tomo VII, p. 90/91).

En otras palabras,

El Estado se hace fabricante, constructor, empresario, banquero, comerciante, editor, y se distrae así de su mandato esencial y único, que es proteger a los individuos de que se compone contra toda agresión interna y externa. En todas las funciones que no son de la esencia del gobierno obra como ignorante y como un concurrente dañino de los particulares, empeorando el servicio del país, lejos de servirlo mejor” (Juan Bautista Alberdi, “La omnipotencia del Estado de la negación de la libertad individual”).

Influenciado por Adam Smith, y anticipando la literatura moderna desarrollada por Friedrich Hayek o James M. Buchanan, Alberdi creía en un gobierno limitado, pues conocía las limitaciones cognitivas de los funcionarios, así como los perversos incentivos bajo los cuales actúan.

La riqueza no debe re-distribuirse

En el viejo debate entre la economía de mercado y el socialismo, entre la propiedad privada o pública de los medios de producción, tanto teórica como empíricamente ha surgido victoriosa la primera posición. El nuevo socialismo ya no pide estatizar los medios de producción ante su evidente fracaso global, sino re-distribuir la riqueza producida por el sector privado.

Al respecto, Alberdi también ofreció sus reflexiones:

Para proteger mejor el fin social de la riqueza, ha preferido la distribución libre a la distribución reglamentaria y artificial. La distribución de las riquezas se opera por sí sola, tanto más equivalentemente cuanto menos se ingiere el Estado en imponerle reglas” (Juan Bautista Alberdi T. IV P. 253).

Y es que la intervención del estado no es gratuita. Como ejemplificó Joseph Stiglitz en su libro sobre la economía del sector público, si una persona tiene 10 manzanas, y otras cuatro ninguna, el estado puede dividir las 10 manzanas en partes iguales, pero no llegarán a manos de los cinco destinatarios las dos manzanas, sino que el estado se consumirá en el proceso burocrático la mitad de ellas, quedando al final una manzana para cada uno de los cinco miembros de la sociedad.

No sólo ello. Qué incentivos tendrá el contribuyente para seguir produciendo manzanas, si luego de sufrir los riesgos y costos asociados a la tarea, termina compartiendo forzosamente su esfuerzo con la sociedad. La consecuencia lógica de este proceso de re-distribución de riqueza, es reducir la propia riqueza e incrementar la pobreza.

El estado no produce riqueza, la extrae de los particulares

Se exige al estado que asuma cada vez más funciones, que reparta cada vez más riqueza, pero se olvida muchas veces que el estado no crea su propia riqueza sino que debe costear cada proyecto con recursos privados que extrae a otros particulares.

“¿Qué es la renta pública? Una parte de la renta privada de los habitantes del país, y mejor para la doctrina que vamos a exponer, si es una parte del capital o haber cualquiera de los particulares. Es la unión de las porciones de rentas que los particulares satisfacen al cuerpo social en que viven, para asegurar el orden, que les protege el resto de su renta, el capital, la vida, la persona y su bienestar. Luego hay renta pública donde quiera que hay rentas y capitales particulares” (Juan Bautista Alberdi, T. IV. P. 339).

Esto no implica que el estado no pueda en la Argentina, por mandato constitucional, cobrar impuestos para cumplir sus funciones esenciales, pero debería haber un límite que Alberdi se preocupó por establecer en la Constitución Nacional:

Es verdad que la tendencia natural de la renta pública es a ser grande y copiosa; pero en la doctrina económica de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, que es parte accesoria del sistema económico del país, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas.

La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 382).

Y entonces qué podemos decir respecto de los fines de la recaudación:

Según el art. 4 de la Constitución argentina, la contribución es para formar el Tesoro nacional; el Tesoro, como medio de ejecución, es para gobernar; el gobierno es para hacer cumplir la Constitución; la Constitución, como dice el preámbulo, es para afirmar la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz, servir a la defensa común, promover el bienestar y asegurar los beneficios de la libertad. La contribución es, según esto, el precio con que se obtiene el goce de estas cosas; luego su erogación forma el gasto más precioso del hombre en sociedad. Pero la experiencia prueba que esos fines pueden ser atacados por la misma contribución establecida para servirlos” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 411).

Y luego aclara un poco más:

Todo dinero público gastado en otros objetos que no sean los que la Constitución señala como objetos de la asociación política argentina, es dinero malgastado, y malversado” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 460/461).

El estado no debería administrar el dinero, ni la política monetaria

Al contrario de sus países vecinos, la Argentina hoy sufre niveles de inflación elevados. Se cree, sin embargo, que el propio estado puede corregir la situación. Se han sincerado las estadísticas oficiales, pero el problema de la inflación está lejos de corregirse. Alberdi tenía muy en claro el problema de la banca pública.

La reforma de un Banco del Estado es imposible. No hay más que un remedio de reformarlo: es suprimirlo” (Juan Bautista Alberdi, Estudios Económicos, Buenos Aires, Talleres Gráficos L. J. Rosso, 1934, p. 236).

Ahora, como todos sabemos, estos bancos públicos operan a través de los redescuentos obtenidos del Banco Central (BCRA). Dichos redescuentos no son otra cosa que emisión monetaria. Nuevamente Alberdi nos enseña:

Respecto a la manera de emplear el crédito público por la emisión de papel moneda al estilo de Buenos Aires, la Confederación tiene la ventaja inapreciable de no poder ejercer, aunque quiera, ese terrible medio de arruinar la libertad política, la moralidad de la industria y la hacienda del Estado. Es una ventaja positiva para las rentas de la Confederación la impotencia en que se halla de hacer admitir como valor efectivo un papel, sin más valor ni garantía que el producto de contribuciones tan inciertas como la estabilidad del orden, y que jamás alcanzaría para amortizar una deuda que se agranda por su misma facilidad de dilatación para la que no bastarán después todas las rentas del mundo” (Juan Bautista Alberdi, T. IV. P. 377).

Y para ser más claro:

Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el poder omnímodo vivirá inalterable como gusano roedor en el corazón de la Constitución misma…” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 197).

El gobierno debe responder a sus obligaciones con los acreedores

Acceder al endeudamiento externo es algo que sólo debiera ocurrir en situaciones de emergencia. Así lo mantienen los tratados clásicos de finanzas públicas, y el propio espíritu de nuestra constitución. Pero si se accediera a tomar crédito, entonces es imperioso que se cumpla con las obligaciones asociadas. El bienestar de la población está asociado a la imagen que el mundo tiene del país. El riesgo aleja al capital, y sin él, no hay inversión, ni desarrollo.

Siendo el crédito del Estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre. El gobierno argentino acaba de dar una prueba de que comprende esta verdad en toda su latitud, cambiando la organización que había ensayado por error para su crédito público, por otra que la restablece a sus bases más normales y más firmes” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 374).

El gobierno no debe regular el mercado laboral, ni intentar alcanzar el pleno empleo

Uno de los objetivos que el estado moderno se ha propuesto en la actualidad es alcanzar el pleno empleo por medio de la política económica. Para ello regular el mercado laboral, fija salarios mínimos, desarrolla una compleja y restrictiva legislación laboral, y crea puestos de trabajo. Sin embargo, la situación laboral continúa siendo precaria, cíclica y desafortunada para los trabajadores. Alberdi comprendía muy bien las consecuencias lógica de estas políticas.

La ley no podrá tener a ese respecto más poder que le que le ha trazado la Constitución. Su intervención en la organización del trabajo no puede ir más allá del deber de garantizar los beneficios de la libertad, de la igualdad, de la propiedad y seguridad, a favor de los provechos del trabajo. He aquí la organización legítima y posible de parte del Estado; cualquiera otra es quimérica o tiránica” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 261″).

Para ser más preciso:

Garantizar trabajo a cada obrero sería tan impracticable como asegurar a todo vendedor un comprador, a todo abogado un cliente, a todo médico un enfermo, a todo cómico, aunque fuese detestable, un auditorio. La ley no podría tener ese poder, sino a expensas de la libertad y de la propiedad porque sería preciso que para dar a los unos lo quitase a los otros; y semejante ley no podría existir bajo el sistema de una Constitución que consagra a favor de todos los habitantes los principios de libertad y de propiedad, como bases esenciales de la legislación” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 255).

Y respecto del salario:

El salario es libre por la Constitución como precio del trabajo, su tasa depende de las leyes normales del mercado, y se regla por la voluntad libre de los contratantes. No hay salario legal u obligatorio a los ojos de la Constitución, fuera de aquel que tiene por ley la estipulación expresa de las partes, o la decisión del juez fundada en el precio del corriente del trabajo, cuando ocurre controversia” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 255).

El gobierno no debiera restringir el libre comercio internacional

Las prácticas mercantilistas y proteccionistas fueron aniquiladas por la obra de Adam Smith, La riqueza de las naciones. Sin embargo, es recurrente en el estado moderno imponer fines colectivos arbitrarios por encima de la libertad individual de los consumidores de adquirir productos del exterior.

¿De dónde saca el pueblo argentino los objetos de su consumo? Una parte la produce él dentro de su suelo; otra adquiere del extranjero en cambio de sus productos nacionales: productos que por necesidad tiene que crear, porque son el precio único con que puede pagar los artefactos extranjeros de que necesita para hacer vida civilizada. Si no siembra trigos ni cría ganados, ni trabaja las minas, no viste seda, ni paños, ni usa muebles de la Europa. Este cambio de productos del país por productos extranjeros, comprensivo de una escala de cambios intermedios y accesorios, deja… utilidades y rentas privadas…” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p. 349).

Respecto del control a los capitales, Argentina no siempre fue un país cerrado al mundo. Al contrario, se trata de un país que se formó con capitales externos y flujos inmigratorios. La única obligación que esos capitales debían seguir era cumplir con las mismas leyes que las empresas locales. La igualdad ante la ley predominaba:

"No debiendo las leyes orgánicas emplear otros medios de proteger la venida de los capitales que los medios indicados por la Constitución misma, importa tener presente cuáles son esos medios designados por la Constitución, como base fundamental de toda ley que tenga relación con los capitales considerados en su principio de conservación y de aumento, y en sus medios de acción y de aplicación a la producción de sus beneficios. Esos medios de protección, esos principios de estímulo, no son otros que la libertad, la seguridad, la igualdad, asegurados a todos los que, habitantes o ausentes del país, introduzcan y establezcan en él sus capitales” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, P. 266).

Respecto de la libertad para entrar y salir del territorio, recordemos que Alberdi fue uno de los responsables más directos de la fuerte inmigración recibida por nuestro país:

¿Podéis concebir una ley que proteja la inmigración por restricciones y prohibiciones? Semejante ley atacaría los medios que señala la Constitución misma para proteger ese fin. En efecto, la Constitución dice por su artículo 25: -El gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar la industria, e introducir y enseñar las ciencias y las artes. Este artículo pone en manos del Estado cuanto medio se quiera fomentar la inmigración, excepto el de las restricciones y limitaciones” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.180).

¿Qué diría Alberdi entonces de la protección que hoy recibe la industria local?

En efecto, ¿podría convenir una ley protectora de la industria por medio de restricciones y prohibiciones, cuando el art. 14 de la Constitución concede a todos los habitantes de la Confederación la libertad de trabajar y de ejercer toda industria? Tales restricciones y prohibiciones serían un medio de atacar ese principio de la Constitución por las leyes proteccionistas que las contuviesen; y esto es precisamente lo que ha querido evitar la Constitución cuando ha dicho en su artículo 28: “Los principios, derechos y garantías reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio. Esta disposición cierra la puerta a la sanción de toda ley proteccionista, en el sentido que ordinariamente se da a esta palabra de prohibitiva o restrictiva” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.180).

Y respecto de los privilegios que significa proteger sectores determinados:

…(L)os medios ordinarios de estímulo que emplea el sistema llamado protector o proteccionista, y que consisten en la prohibición de importar ciertos productos, en los monopolios indefinidos concedidos a determinadas fabricaciones y en la imposición de fuertes derechos de aduanas, como atentatorios de la libertad de los consumos privados, y, sobre todo, como ruinosas de las mismas fabricaciones nacionales que se trata de hacer nacer y progresar. Semejantes medios son la protección dada a la estupidez y a la pereza, el más torpe de los privilegios” (Juan Bautista Alberdi, T. IV, p.182).

El gobierno debe proteger el Estado de Derecho

Por último, debemos analizar un área de enorme importancia para los puntos que hemos venido desarrollando. Nada puede lograrse en una sociedad libre si no se protege el Estado de Derecho. Como señalamos, es ésta la función esencial del Estado.

Si el Estado logra respetar el Estado de Derecho, proteger las libertades individuales, clarificar las reglas de juego, priorizar la ley o en otras palabras, hacer cumplir las disposiciones enumeradas en la Constitución Nacional, entonces ya nada más se le exigirá:

¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra” (Juan Bautista Alberdi, Obras Completas, Tomo IV, P. 150).

Y respecto de la propiedad:

La libertad de usar y disponer de su propiedad es un complemento de la libertad del trabajo y del derecho de propiedad; garantía adicional de grande utilidad contra la tendencia de la economía socialista de esta época, que, con pretexto de organizar esos derechos pretende restringir el uso y disponibilidad de la propiedad (cuando no niega el derecho que ésta tiene de existir), y nivelar el trabajo del imbécil con el trabajo del genio” (Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, P. 159).

Y no olvida la seguridad:

La seguridad es el complemento de la libertad, o más bien es la libertad misma considerada en sus efectos prácticos y en sus resultados positivos. Donde quiera que la seguridad de la persona y de la propiedad existe como un hecho inviolable, la población se desarrolla por sí misma sin más aliciente que ése” (Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, P. 306).

Reflexión final

Las reformas constitucionales fueron cambiando el espíritu de la constitución —y con ello se fue olvidando el pensamiento de Alberdi—, pero intento mediante estas citas recordar al lector cuáles fueron las Bases sobre las cuales Argentina se convirtió en un país próspero y rico, que atraía inmigrantes europeos y hace sólo un siglo encabezaba los indicadores de desarrollo.

Si las Bases deben ser olvidadas necesariamente en el siglo XXI para amoldarse a las necesidades de la población argentina o no, es algo que cada lector debe repensar.

Mi impresión es que la Argentina necesita volver a las Bases, y con ello, a la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado

  Publicado originalmente en Cronista.com
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En Argentina no fracasó el “neoliberalismo”

LOS MERCADOS - A propósito de los dichos de Joseph Stiglitz. Son realmente sorprendentes los datos con los que Macri está dejando su gobierno. Esta semana se conoció que la pobreza en el primer semestre del año ascendió a 35,4%, pero ese número será incluso superiorhacia fines de 2019, cuando haya impactado de lleno la devaluación de agosto. La inflación, que iba a resultar “lo más fácil” de bajar, seguramente cierre el año en el peor valor de los últimos 4… lejos de la híper que muchos vaticinan, pero también muy lejos de las promesas originales.Crisis económica argentina Lo mismo ocurre si se mira el mercado de trabajo, las reservas internacionales, los ahorros en los bancos…. Etc. Claro que habrá mucho debate sobre si el deterioro de las últimas semanas es responsabilidad 100% de Macri o si tiene que ver con las expectativas futuras, pero digamos que en la “big picture”, la gestión M ha sido lamentable. Frente a este panorama, la tribuna local, formada por economistas, dirigentes políticos, periodistas y demás, carga las tintas contra el “neoliberalismo”, como si estos cuatro años marcaran un nuevo fracaso de la intentona neoliberal que cada tanto azota a nuestro país. Recordemos que para el pensamiento hegemónico de izquierda no sólo el liberalismo es lo peor que puede pasarle a los pobres (idea que carece de todo sustento empírico), sino que -sostiene- en Argentina estas ideas ya se probaron y fracasaron cuando supuestamente las probó la dictadura militar, el menemismo y ahora también el macrismo… ¡Cómo les gusta este relato!

Habla el Premio Nobel

Personalmente, estoy bastante acostumbrado a escuchar el canto de este coro antiliberal que no desperdicia oportunidad para cargar contra la libertad económica. Sin embargo, cada tanto se suma alguna figura de reconocimiento internacional. Esta vez le tocó al premio nobel de economía Joseph Stiglitz. En una entrevista publicada en el diario Página 12, Stiglitz sostuvo que el “experimento neoliberal” ha sido un fracaso y criticó con dureza tanto a la gestión de Cambiemos como al FMI. Al leer con cuidado las declaraciones, sin embargo, parece que ni Stiglitz explica claramente por qué MAcri implica el fracaso del neoliberalismo. De acuerdo con el autor, el “experimento” en cuestión (ver aquí) se compone de 5 elementos:
  1. impuestos más bajos para los ricos
  2. desregulación de los mercados laborales
  3. desregulación de los mercados de productos
  4. financiarización
  5. globalización
Si uno mira la gestión de Macri, en ningún caso se observan estos puntos plenamente realizados. Reforma y flexibilización laboral no hubo. Impuestos bajos casi tampoco, aunque sí se redujeron en su momento impuestos a la exportación, ganancias y autos de lujo. Los mercados de productos siguieron tan regulados como siempre, solo que ya no estaba Moreno con la pistola amenazando empresarios. Por otro lado, Argentina sigue lejos de la globalización, pero es cierto que algunas trabas absurdas se eliminaron, como el cepo cambiario o las DJAI. Finalmente, no sabemos concretamente qué es la financiarización, pero es cierto que al menos por un tiempo hubo un buen crecimiento del sector financiero. Para resumir, estos 4 años no marcaron un auge de los 5 puntos que destaca Stiglitz, pero sí es cierto que hubo milimétricos movimientos en esa dirección. Ahora bien: ¿cuál es la relación entre esto y la crisis económica? ¿Cuál es la relación entre estos movimientos y el fracaso del llamado “neoliberalismo”? ¿Fracasaron estas políticas, o es otra cosa lo que explica la patética performance del PRO en el poder?

No hay respuesta

Las preguntas de arriba no son respondidas por Stiglitz. Sí dice que al bajar retenciones, esto “derivó en el aumento de los precios de los alimentos”, cosa que es cierta, pero a la hora de explicar el fracaso del experimento, acude a otro argumento. De acuerdo con Stiglitz, el problema es que Macri hizo que el país pasara de tener una deuda externa muy baja, a una muy elevada:
“ una de las cosas buenas que él heredó fue precisamente una deuda externa muy baja. Pero él cambió esto y convirtió a un país con una deuda externa muy baja en otro con una deuda exterior altísima. Esto se llevó a cabo con la connivencia y el apoyo de la comunidad internacional. Ahora se está pagando el precio. Creo que la Argentina, en estos últimos cuatro años, no debería haber contraído esos enormes préstamos del FMI y de la comunidad internacional como respuesta a sus problemas.” Joseph Stiglitz: “Macri y el FMI provocaron el desastre” – Página 12, 21 de Septiembre
Como se observa, ni siquiera para Stiglitz el problema de Argentina pasa por liberar el comercio o una desregulación del mercado laboral que en nuestro caso fue inexistente, sino más bien por los altos niveles de deuda que generó el gobierno. ¿ Pero qué tiene eso de liberal o neoliberal? Si un gobierno aumenta sus niveles de deuda es porque tiene déficit fiscal. Y tanto para los liberales como para los llamados neoliberales el déficit fiscal no debería existir. En mi libro, El Liberalismo Económico en 10 Principios, de hecho, escribo que uno de los principios fundamentales del liberalismo es el presupuesto equilibrado. Esto es así porque como el gobierno tiene el monopolio de la fuerza, el déficit fiscal se convierte en una permanente amenaza contra los derechos de propiedad. ¿Por qúe? La explicación es la siguiente:
“… si el gobierno, para financiar su déficit acude a la emisión monetaria inflacionista, los ahorristas en moneda local se verán expropiados… Si el gobierno acude a la deuda, y su nivel llega a un punto de crisis, entonces deshonrará la misma, estafando a sus acreedores… Finalmente, si no puede pagar su deuda porque la recaudación no le alcanza, también puede optar por subir los impuestos, confiscando la riqueza de los ciudadanos” Carrino, Iván – El Liberalismo Económico en 10 Principios
Como puede observarse, todo esto ya ha ocurrido en mayor o menor medida. Resumiendo una vez más, entonces, el fracaso de Macri no es el fracaso del neoliberalismo. Ni la gradual apertura al mundo, ni la baja de impuestos per sé, ni el crecimiento del sector financiero son los culpables de la crisis. Sí lo es, en cambio, el aumento de la deuda, que es hija del déficit fiscal. Hasta Stiglitz lo reconoce. Pero no tiene la razonabilidad, o la honestidad intelectual, para reconocer que eso no es liberalismo.
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La soberbia de los candidatos que juegan con fuego hasta pasar los límites

VISIÓN LIBERAL - Unos y otros desafían innecesariamente los límites.  La soberbia de seguir jugando con fuego La campaña electoral invita a los candidatos a tomar posiciones que ayuden a sumar votos. La gravedad de la situación económica y sus obvias derivaciones institucionales deberían llamar a la reflexión a todos los protagonistas. A medida que se aproximan las instancias cruciales que definirán quienes detentarán en el próximo mandato el poder, los principales adversarios fijan estrategias que les permitan capitalizar al máximo sus posibilidades. Los que sienten que la chance se les escurre entre los dedos asumen mayores riesgos y apuestan lo que les queda para revertir esa tendencia que consideran muy difícil de remontar sino patean el tablero pronto.
Del lado de los que piensan que el partido esta casi ganado la actitud es exactamente la opuesta. Saben que deben arriesgar poco y evitar cualquier acción que amenace con perder esa significativa ventaja. Ambas dinámicas generan potentes efectos en el mundo real. Mientras los actores centrales se miran el ombligo y solo se obsesionan con lograr el triunfo, la sociedad va camino a ser la victima de sus perversas andanzas. Quienes consideran que en este último tramo del trayecto hacia las urnas necesitan desesperadamente acortar esa virtual distancia que los separa de la eventualidad de retener el mando, están dispuestos a casi todo. Es por eso qué han empezado no solo a implementar decisiones muy peligrosas, sino que han lanzado inviables propuestas, que no solo constituyen un delirio sino que condicionan el futuro mediato e inmediato. Vienen comprometiendo, cada vez más y sin criterio alguno, al ya destruido presupuesto estatal con pretendidas ideas redistributivas que cautiven a los incautos votantes, incrementando así el pesado e incontrolable déficit. El impacto de corto plazo no sería tan considerable y hasta podría pasar desapercibido pero los operadores del sistema entienden perfectamente las inevitables consecuencias de este tipo de retorcidas determinaciones. A quienes están acostumbrados a leer la realidad entre líneas, a los especialistas en interpretar los hechos del presente, esta clase de medidas dadivosas, tan grandilocuentes como populistas, los asustan y con razón.

No se trata ya de la forma en que lo asumen sino de como esas posturas generan movimientos económicos nocivos para la sociedad que influyen intensamente y reducen todas las probabilidades de una reactivación.

Ni hablar de esas promesas a futuro que se vienen recitando de cara a lo que viene. No solo será imposible hacerlo en la práctica, sino que confirman que quienes pretenden gobernar son unos verdaderos insensatos. Paradójicamente, los naturales retadores, es decir los que debieran provocar al oficialismo, ante la inminencia de un triunfo que sienten cada vez mas cerca, han optado por recorrer un sendero de mayor prudencia. No quieren decir ni hacer nada que pueda perturbar demasiado ese fabuloso escenario actual que perciben como inmejorable respecto de sus aspiraciones y que parece, a priori, favorecerlos contundentemente.

El problema de fondo es que esa cautela que resulta, en principio, adecuada y oportuna desde lo electoral trae consigo repercusiones perjudiciales para la macroeconomía que no son neutrales ya que la expectativa de definiciones es gigantesca y se precisan señales claras para esta transición.

El mundo no se detiene frente a estas nimiedades de la política doméstica y los tiempos de las candidaturas no son necesariamente los de la economía, esa que preocupa a todos los sectores sociales transversalmente.  Un horizonte mucho mas complejo que el que se vive se avecina. No es preciso ser expertos para comprender que este cóctel es explosivo y que la embarazosa coyuntura ofrece perspectivas bastante nefastas. Hoy la gente padece cotidianamente el esperable desenlace de la interminable serie de inocultables desaciertos que se han cometido secuencialmente en materia de decisiones públicas a lo largo de décadas de mediocres gobernantes y repetidas ideas empíricamente fracasadas.
En ese contexto, un grupo de inescrupulosos políticos que pretenden ser los representantes de la comunidad siguen jugando con fuego deteriorando aun mas la delicada circunstancia que los ciudadanos sufren sin atenuantes. Mientras unos apelan al fantasioso alegato de las supuestas transformaciones que no supieron ni quisieron instrumentar, los otros navegan con paciencia las confortables aguas de la ambigüedad crónica que los transporte hacia esa victoria que tan mezquinamente los entusiasma. La sociedad no es, en este confuso y denigrante episodio, un mero espectador indolente. No puede aducir, como argumento, su infantil inocencia frente a tanto desmadre sin tomar nota de lo que ha avalado. Todos han participado en la conformación de estas cuestionables reglas y se han ocupado, por acción u omisión, de sostenerlas hasta hoy sin tener el suficiente coraje para demandar con firmeza urgentes modificaciones. La irrefrenable inercia y la proximidad temporal de los comicios hacen que nadie pueda evitar este desgaste progresivo que colocará al país en una situación mucho mas frágil que la imperante. El margen de error es muy bajo y será difícil esperar grandes milagros de la mano de tantos inimputables. Son esencialmente unos impresentables con una inexplicable cuota de poder que han capturado con enorme picardía. La única esperanza que queda es imaginar que cuando el turno electoral se haya superado y deban gobernar, tendrán una ventana de oportunidades muy breve e irrepetible que deberán aprovechar para hacer lo correcto. No lo harán por convicción, sino por conveniencia, o tal vez solo porque no les ha quedado otra alternativa mejor que esa ante la cercanía de la llegada de flamantes calamidades mayores que podrían quitarles el anhelado poder.
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The Rise and Fall of Identity Politics

Identity politics has metastasized to the whole societal body. For its very nature it has both promoted and produced a multiplicity of groups and “identities” under different banners such as race, gender, sexual preferences, etc. Thus, Facebook allows its users to choose from 58 possible genders . Besides social media, a place where identity politics has found one of its strongholds is the university. Naturally, the humanities departments have become a cozy home for it. But they are far from the only one in higher learning institutions. Ms. Rochelle Gutierrez, a professor at the University of Illinois, claimed that teaching math perpetuates unearned white privilege . “On many levels, mathematics itself operates as Whiteness,” she explained. “Who gets credit for doing and developing mathematics, who is capable in mathematics, and who is seen as part of the mathematical community is generally viewed as White.” Hard sciences research departments are also under siege. The accusation is that STEM field (science, technology, engineering, math) is not diverse enough and “minorities” such as women, blacks, and Hispanics , are underrepresented. “All across the country the big question now in STEM is: how can we promote more women and minorities by ‘changing’ (i.e., lowering) the requirements we had previously set for graduate level study?,” a scientist at UCLA laments . In the United States, universities are full of infantilizing safe spaces and unconstitutional speech codes . Some even have “ White-free days .” All these regressive inventions claim to defend and protect marginalized and oppressed groups... At the base of college campuses identity politics is the Ludwig von Mises's notion of polylogism... on steroids. While the classic leftist polylogic would separate the thought processes of the proletarian and the bourgeoisie, the postmodern Left multiplies the different kinds of groups of the oppressed ad infinitum. Another important mutation is related to the epistemological consequences of victimhood. Once linked to the tenets of relativism, the Left's identity politics is now full of certainties in a way that would make the staunchest Positivist blush. And this turn has to do with the status of the “victim.” According to identity politics, being a victim provides blamelessness, moral authority, and epistemological preeminence. The secular dogma of “believing the victim” has two implications. On a micro level, the burden of proof has been reversed. It is the accused of a crime who has to prove their innocence. On a macro level, the statements or claims which stem from oppressed groups (i.e. radicalized individuals who claim their representation) cannot be questioned or criticized. Any such criticism would immediately be deemed as racist, sexist, homophobic, or an act of pure hate. “The next time some academics tell you how important ‘diversity’ is, ask how many Republicans there are in their sociology department,” says Thomas Sowell . Indeed, the Left's domination over academia and the predominance of identity politics as its most dangerous cultural weapons will not be coming to an end any time soon. However, innovation and the free market are going to provide us with a solution to counteract the grotesque tribalism coming from college campuses. If current trends continue, it is very likely that universities as we know them have their days counted. In a way, it could be that contemporary universities are somewhat zombie institutions, walking dead who move purely by the inertia of the past. Which trends? For starters that the job market of the future is likely to demand a constant update of one's knowledge and skills and individuals will probably change career paths several times throughout their work life. What is more, Silicon Valley companies have already stopped requesting college degrees to potential employees. The reason may be twofold. There is a huge pool of talented people who have acquired knowledge through non traditional channels (i.e. Internet). But it is also plausible that colleges are more and more perceived as the Left's über think tank and that the education part side is losing ground against the ideological brainwashing. There are already in place many online alternatives not to go to university at all or to acquire skills with short easy courses. Technology tycoon and venture capitalist Peter Thiel himself established a special fund to incentivize young entrepreneurs to skip or postponed college in order to start their projects right away. Moreover, Jordan Peterson, the black beast of college campus identity politics, is currently working on an online university which he promises will “ teach people to write, speak, and think .” As we can see, there is a lot going on right now in order to find better alternatives to higher learning. The moment the market finds reliable ways to acredit the knowledge people receive online education as we know it will be changed for ever. We will witness not only the demise of college campus identity politics but will also see the end of the Left's monopoly over culture. We are at the gates of one of the most transformative events since the invention of the printing press.   Federico N. Fernández is President of Fundación Internacional Bases (Rosario, Argentina) and a Senior Fellow with the Austrian Economics Center (Vienna, Austria). He is also the president of the Organizing Committee of the International Conference “The Austrian School of Economics in the 21st Century,” which eighth edition will take place in Vienna in November 13th & 14th 2019.
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