TIEMPO SUR - Aldo Abram, economista y director Ejecutivo de Libertad y Progreso, indicó en una entrevista que brindó en Tiempo FM que actualizar haberes jubilatorios en base a la inflación era lo más acertado porque se trata de un sector vulnerable y se mantenía su poder adquisitivo. Hoy en día -dijo- con un nuevo régimen la actualización de valores pasará a ser trimestral y habrá un nuevo seguimiento de la inflación. Desde su punto de vista de aquí en adelante el sector no perderá poder adquisitivo, pese a que como la actualización será recién en marzo se perderá un trimestre.
Por otro lado, opinó que el este sistema de reparto quebró en todo el mundo, por eso se están cambiando los años de aporte, ya que los Estados no pueden cumplir con los plazos fijados. Consideró que si bien hay una creencia de que el sistema de capitalización era malo, en 2008 cuando se les dio a los argentinos la posibilidad de pasarse al sistema de reparte casi nadie lo hizo, y finalmente el kirchnerismo lo hizo por ley.
EL PAÍS - Chile se encuentra en una encrucijada política de profundas raíces culturales. La reñida segunda vuelta electoral que se disputará el 17 de diciembre entre el expresidente Sebastián Piñera y el senador Alejandro Guiller confirma que el "consenso chileno" ya no existe.
Chile supo despegarse del pelotón latinoamericano de comportamiento económico y social mediocre gracias a gobiernos demócrata-cristianos como el de Patricio Aylwin y Eduardo Frei, gobiernos socialistas como los de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet I y el de Renovación Nacional de Sebastián Piñera.
Hasta el actual gobierno de Bachelet, que desandó no solo el rumbo que siguió Chile desde la restauración democrática, sino a su propio primer gobierno, el modelo chileno logró un crecimiento económico sin precedentes en la región y una disminución formidable de la pobreza. El principal factor de ese crecimiento fue la libertad económica, vale decir, impuestos razonables, apertura de mercados, una frenética búsqueda de tratados de libre comercio, una macroeconomía estable sustentada en un Banco Central independiente, y una regla fiscal que se cumplía, entre otros.
Sin embargo, Chile, como avergonzado de su propio éxito, empezó a meter marcha atrás durante el segundo gobierno de Bachelet. Salvo en inserción internacional, donde se mantiene y se sigue ampliando la apertura, se verifica que en los temas internos el avance del Estado ha sido feroz, con lógicas consecuencias paralizantes.
En la última elección un sector de izquierda radical, que defiende un sistema tributario confiscatorio y la eliminación lisa y llana de las AFP, obtuvo el 20% de los votos, matando a la vieja Concertación que ya había sido herida por Bachelet.
El intelectual chileno Axel Kaiser hace una década advirtió a los chilenos del problema que podían enfrentar en un futuro no muy lejano: dar la prosperidad de hecho sin defender las bases culturales que le dan sustento, es un suicidio y no está lejos de tener razón.
El progreso generado por la libertad económica no se autosustenta, es necesario una defensa férrea de las ideas que lo hacen posible y si esta tarea intelectual no se lleva adelante la consecuencia puede ser el retroceso. Chile comenzó a destruir los pilares que forjaron sus logros, pero no está perdido. Un triunfo de Piñera le puede dar el oxígeno que hoy le falta, pero aún en ese escenario la batalla está lejos de estar ganada. Si no se logra dar una batalla cultural de magnitud con el apoyo de una buena parte de la población que esté dispuesta a comprometerse en esta tarea, la victoria será efímera.
El amable lector uruguayo puede estar pensando que estos dilemas están lejos de nuestras preocupaciones porque nuestro país no se encuentra desandando un camino exitoso, sino que más bien sufrimos el consenso uruguayo, basado en la adoración del statu quo, en que cambiar el sistema como los docentes eligen las horas en los centros de estudios, se vuelve una tarea revolucionaria e inviable. Ni hablemos de reformar el Estado o de firmar un tratado de libre comercio. Aunque los puntos de partida son distintos la batalla es la misma. Los chilenos están dejando de creer en la libertad y lo están sufriendo. Si nosotros no empezamos a creer en la libertad, no tendremos futuro.
Este artículo fue publicado originalmente en El País (Uruguay) el 8 de diciembre de 2017.
LA NOTICIA - La historia de Magalí Adaro saca a la luz la situación que atraviesan gran parte de las dependencias públicas del Estado nacional. La mujer reside junto a su familia en la localidad de Salto, en la provincia de Buenos Aires. Como se encontraba sin trabajo, aprovechó su título de Licenciada en Ciencias Políticas y su Maestría de Políticas Públicas para anotarse en el concurso abierto del Ministerio de Economía, con el objetivo de lograr la hazaña de conseguir un puesto en esa importante cartera del Gobierno.
Así fue como Magalí fue la única seleccionada entre 900 postulantes. Gracias a su perfil y su excelente curriculum, allí comenzó a trabajar como Profesional en Gestión Pública especializado en Políticas Públicas, cargo concursado en planta permanente C1 conforme al Decreto 2804/15 publicado en el Boletín Oficial con fecha 9 de diciembre de 2015. El trámite demoró unos meses hasta que finalmente en mayo de 2016, durante la gestión del exministro Alfonso Prat Gay, logró ocupar su puesto. De esta manera, todos las semanas viajaba 180 kilómetros de Salto a Capital Federal para trabajar llegar a la sede del Ministerio de Economía, situada en Balcarce 186.
Sin embargo, todo lo que parecía alegría y una hazaña por considerarse "de otro palo", con el correr de los días se fue desdibujando. Con la asunción del nuevo Gobierno de Mauricio Macri, su área pasó a depender del Ministerio de Modernización y como su decreto estaba hecho para el Ministerio de Economía, la movieron al área de Seguimiento Parlamentario, una oficina muy importante que funciona de enlace entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo. Allí se derivaban todas las preguntas de economía que hacían los legisladores al jefe de Gabinete, Marcos Peña, quien periódicamente debe rendir cuentas y brindar un informe de gestión ante el Congreso.
"En mi oficina éramos muchísimas personas. Allí, una sola vez al mes tomábamos estas preguntas y nada más. Era solo eso, no había otra cosa para hacer. La tarea era tan escasa que había muchísimas personas que no hacían nada, que faltaban muchísimo y otros que directamente ni venían", señaló Magalí a La Noticia 1, y precisó: "Algunos directivos querían remover a esas personas de esas áreas tan sensibles pero por los acuerdos que existen entre el Gobierno con UPCN, no los podían sacar".
"Los contratados que venían de la gestión anterior, que habían ingresado a través de conocidos y por intermedio del gremio UPCN, en 2015 pasaron a planta permanente durante las últimas semanas de Gobierno de Cristina Kirchner. En la mayoría de los casos, los trabajadores fueron efectivizados con una categoría más alta de las que les correspondía, por lo que cobraban mucho más dinero, y hasta les pagaron retroactivo, cosa que no pasó con los que veníamos de afuera y habíamos entrado por concurso", explicó la mujer.
Como no tenía trabajo, Magalí aprovechó su tiempo libre para realizar cursos online del Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP) de técnica parlamentaria y de redacción de texto legislativo, entre otros. "Como no tenía nada que hacer le empecé a pedir trabajo a mi coordinador. ¿Esto solo es nuestra tarea? ¿No hay más nada para hacer? Y él me decía que no. Un día se enojó y me dijo: 'Por qué me pedís más trabajo. Esto es lo que hay que hacer y punto. Así es la administración pública'. Como diciendo, nena quedate en el molde". Después, la mujer le pidió a su directora la posibilidad en avanzar en la concentración de tareas y comenzar a trabajar por objetivo, pero los delegados gremiales que estaban en la dependencia también se opusieron.
Los reclamos de Magalí, sumados a que era una empleada que venía "de afuera" le trajeron serios problemas con sus compañeros: "Un viernes, antes de salir del trabajo y viajar para Salto el fin de semana, dejé todos los informes que había hecho en la oficina para que a la noche levanten la información y hagan el boletín correspondiente. Cuando estaba en viaje, mis compañeros me llamaron para preguntarme por qué no había hecho los infomes y me decían que en la oficina yo no había dejado nada". Para ese entonces, la guerra que impulsaban sus pares ya estaba declarada. Según contó Adaro, la situación empeoraba cada vez más y cualquier acción que realizaba hacía acrecentar el bullying laboral, también llamado moobyng.
"A pesar que mis pedidos eran confidenciales, en el gremio se enteraban y me generaba problemas. hasta me sugirieron que me tomara licencia por un tiempo, algo que nunca acepté porque era hacer lo mismo que hacían ellos". Ese cúmulo de situaciones inclinaron a Magalí a pensar seriamente en abandonar a su cargo. "Mi directora, que es una chica muy competente, me decía: 'Tratá de aguantar un poco más, mirá lo que lograste habiendo entrado desde afuera'". Pero finalmente ella no resistió y en noviembre de ese año resolvió renunciar a su puesto: "El sabor amargo que me quedó de todo esto es que uno, por más que tenga los valores y hasta tenga un jefe que te apoya, es el sistema mismo, el aparato, la bruocracia, que te consume y te atrapa. Además, el sindicato también te juega en contra".
"Al margen de tener una estabilidad laboral, yo creo que hay un deseo personal en el ser humano de sentirse útil y no estar vegetando. Esa lógica no la puedo entender. Yo ahora estoy sin trabajo y me cuesta conseguir. Pero estando en esa dependencia del Estado me sentía inservible y culpable por cobrar un dinero que es de todos los contribuyentes. Pese a que estoy desocupada, no pierdo las esperanzas de encontrar un trabajo de acuerdo a mi perfil y mis necesidades", señaló Magalí en declaraciones a este portal.
Sobre todas las dificultades que debió atravesar en sus corto período dentro del Ministerio de Economía, Adaro dijo: "Lamento el boicot que me hicieron mis compañeros por el solo hecho de verme estudiar en mi tiempo libre. Yo en cuatro meses hice tres cursos y hasta un diplomado, y ellos en 15 años no estudiaron nada, y eso los enojaba. Creo que a pesar de que el Gobierno tenga la mejor de las intenciones, hay una ineficiencia. Los sindicatos no son malos, pero entorpecen y hacen que la vida parasitária dentro de las instituciones siga y no se pueda depurar".
Por último, al ser consultada por este medio, Magalí sostuvo: "No me arrepiento de la decisión que tomé, porque eran las condiciones que me ofrecían, que no las conocía por no haber estado antes en el Estado. Pero por mi lado, soy partidaria de formar parte de un trabajo dinámico y que sea productivo. No de parasitar y vegetar sin hacer nada. Yo creo que las instituciones funcionan a través de las personas. Y las personas deben dar lo mejor de si mismas". "Si esto no cambia, vamos a seguir en la misma lógica de siempre. Esto es como la dinámica de los sistemas en la física, cuando vos no estrás en ese engranaje, el sistema te expulsa. En mi caso creo que fue así", concluyó.
El empleo público, en la mira:
Según el CONICET, Cristina Fernández de Kirchner dejó un récord de empleados en el Estado. La planta permanente saltó 40% en diez años, y hubo 252% más contratados. Además, durante su gestión, el gasto en salarios tocó el 12% del PBI. Sobre el final de su mandato, el Estado repartió $ 342 mil millones entre 454.323 estatales.
De acuerdo un relevamiento de la Fundación Libertad y Progreso (LyP), que se puede constatar en la página web oficial (mapadelestado.modernizacion.gob.ar), desde que asumió Mauricio Macri aumentó en un 25% la estructura del Estado, pese a haber prometido una reducción y a haber despedido 11.000 contratados que venían de la gestión anterior.
Según LyP, Cristina Kirchner asumió con 10 ministerios en 2007 y dejó el poder con 16 (aumentó 60%). Pero Macri creó cinco, los aumentó a 21 (31% y 110% desde 2007). La expresidenta tomó el poder con 50 secretarías de Estado y lo dejó con 70 (40%). Macri las elevo a 87 (24% y 74%). La exmandataria tenía 92 subsecretarías de Estado y dejó 169 (83%). Macri las incrementó a 207 (22% y 125%).
Según el último relevamiento de FIEL, en 2003 el sector público nacional tenía 460.000 empleados. En 2016 llegó a 739.000, por lo que creció un 61%. Si Macri quisiera reunir a todos los empleados que trabajan en el Estado no le alcanzaría con el Centro Cultural Kirchner. Necesitaría al menos 15 estadios como el de Boca Juniors.
CRONISTA - En períodos electorales, los políticos multiplican sus propuestas para redistribuir ingresos, ofreciendo subsidios por aquí y por allá. Siendo emprendedores de su especialidad, si lo hacen es porque suponen que eso vende. Y, ¿Por qué vende?
En primer lugar, todos tenemos un sentimiento de simpatía (que hoy llamaríamos empatía) respecto a los demás, comenzando con las personas más cercanas y disminuyendo a medida que nos alejamos del entorno personal. Esto lo señaló nada menos que Adam Smith en su otro gran libro, Teoría de los Sentimientos Morales.
Sin embargo, en esa época, no existía el Estado benefactor. Eso no quiere decir que la gente no se preocupara por los demás, sólo que lo hacía directamente o a través de la iglesia.
Las ideologías del siglo XIX introdujeron la idea de que esto era ahora responsabilidad del Estado y la gente dejó la tarea en manos de los políticos, con la inocente creencia que éstos iban a redistribuir solamente de ricos a pobres.
Y una vez que le dieron el poder de redistribuir éstos lo usaron para hacerlo en toda dirección posible, quedándose en muchos casos con el vuelto. El Estado benefactor se convirtió en una piñata sobre la cual todos nos zambullimos y con la que pretendemos vivir de los demás, o al menos cumplir con esa sensación de que estamos ayudando a quienes lo necesitan.
Pero la gente no apoya todo tipo de redistribución. Por ejemplo, repudia la redistribución de bolsos hacia los conventos, y también la que termina generando grupos empresarios de amigos del poder. Tampoco apoya planes sociales politizados o incluso aquellos que no generan ninguna responsabilidad a cambio, ya sea de trabajo o capacitación para el empleo.
Hasta ahora nada que no sea evidente a primera vista. Pero he aquí que parece que estas conductas tienen una raíz mucho más profunda.
Un grupo de científicos, y entre ellos un par de argentinos, expertos en el nuevo y prometedor campo de la psicología evolutiva plantean una respuesta. Los argentinos son Daniel Sznycer, de la Universidad de California Santa Bárbara y la Universidad de Arizona, y María Florencia López Seal, de la Universidad Nacional de Córdoba. Investigan y escriben con los padres fundadores de esta nueva disciplina, Leda Cosmides y John Tooby, creadores del Center for Evolutionary Psychology.
Según ellos el apoyo a la redistribución se basa en emociones, en particular la compasión, la envidia y el interés propio, no por alguna convicción general de justicia social. Esas emociones son el resultado de largos procesos evolutivos durante los miles de años que fuimos cazadores-recolectores.
El crecimiento de la psicología evolutiva se ha basado en presentar crecientes evidencias de que el cerebro o mente humana contiene una cantidad de programas neuro-computacionales que fueron construidos por la selección natural porque resolvían problemas de adaptación al mundo ancestral.
En ese entorno se desarrollaron dos conductas con respecto a la distribución de bienes y servicios y sus correspondientes emociones para guiarlas. Los cazadores-recolectores compartían riesgos en actividades sujetas al azar (por ejemplo, la caza de algunos animales grandes) pero estaban menos dispuestos a compartir resultados de actividades más regulares que dependieran del esfuerzo personal (caza de animales menores y más abundantes o recolección de frutos más comunes). Aun hoy, entonces, el apoyo o rechazo por la redistribución se explicaría por estas emociones al considerar, por ejemplo, si los beneficiarios no han tenido suerte en conseguir empleo o su situación se debe a la falta de esfuerzo personal. Apoyarían la primera y rechazarían la segunda.
En los últimos años parece que tuvimos políticos que se guiaban por las emociones..., por sus emociones, las que les generaban ver sus cajas fuertes llenas.
Frente a tantos que la emprenden contra los musulmanes a raíz de los actos terroristas por todos conocidos, es sin duda una bocanada de aire fresco el libro de José Levy - doctor en filosofía, corresponsal de CNN en Medio Oriente- donde muestra que el tema no es de esa religión que igual que las otras dos monoteístas pretende la paz por lo que con razón dice el autor que resulta “equívoco” el nombre de “Estado Islámico” puesto que “es erróneo reconocer cualquier fenómeno protagonizado por musulmanes como representativo de toda su religión”.
Bien consigna el autor que “La religión musulmana, la cual en determinados siglos fue modelo de tolerancia hacia los otros credos, ya fuera durante la España musulmana o durante el Imperio Otomano, es ahora empleada de manera viciosa por extremistas que intentan transformarla en rehén de sus perversiones y valerse de ella como excusa para las actuaciones más siniestras” puesto que para “muchos musulmanes el Yihad es una guerra santa pero no de conquistas territoriales y muerte, sino interna, de esfuerzo y deseo de superarse espiritualmente”.
Los terroristas entonces son criminales a secas, el mezclar religiones solo logra una llamarada de fanatismos incontenibles. Guy Sorman y Gary Becker sostienen que el Corán es el libro de los hombres de negocios debido al respeto a los contratos y la propiedad. Recordemos que en el 5:31 del Corán se subraya que el que mata a un hombre ha matado a la humanidad.
El fanatismo criminal en nombre de la religión no es patrimonio de los musulmanes, la única diferencia que los cristianos con la brutalidad de la Inquisición, las “guerras santas” en la conquista de América, las Cruzadas y el tratamiento indecente de judíos (en este último sentido véanse los dos tomos del libro del sacerdote católico Edward Flannery titulado Veintitrés siglos de antisemitismo), por todo lo cual afortunadamente Juan Pablo II pidió perdón, la única diferencia decimos es que los cristianos se referían a “los herejes”, mientras que los que se escudan en el Islam llevan a cabo sus espantosas fechorías contra “los infieles”. Los judíos también han hecho lo suyo en su momento si tenemos en cuenta, por ejemplo, el martirio de San Esteban.
Como dice Levy, las religiones no son las responsables, los criminales las quieren usar para camuflar sus horrendos homicidios. En modo alguno quiero banalizar ni frivolizar la notable documentación en el libro de este estudioso puesto que los entrenamientos y adoctrinamientos de los asesinos por parte del así denominado “Estado Islámico” son tremebundos (la obra se titula Terror alerta ISIS. Una amenaza para toda América) pero los que reclutan son fracasados que no han podido conseguir mujeres en esta tierra ni han podido abrirse paso en los negocios -pero no por ello menos peligrosos- por lo que se excitan con la idea que en el más allá cada uno estará rodeado de 72 vírgenes de una belleza extraordinaria y podrán tener automóviles y casas sin que exista escasez alguna. Y los entrenadores de estos bestias están enceguecidos por una brutal ideología que como toda ideología es sectaria y cerrada al conocimiento por su naturaleza evolutivo, por lo que desean fervientemente liquidar toda manifestación civilizada que representarían los antes mencionados “infieles” (del mismo modo y por los mismos motivos, repitámoslo, que lo hicieron los cristianos contra los “herejes”).
Muy sabios han sido los Padres Fundadores estadounidenses al establecer lo que denominaron “la doctrina de la muralla” al efecto de separar de modo tajante la religión del poder político puesto que “la verdad absoluta” constituye un inmenso peligro en manos de gobernantes. Es por ello y es en este conexto que como hemos repetido antes, bien ha consignado Emmanuel Carrére que “lo contrario a las verdades no son las mentiras sino la certezas”. Personalmente no comparto prácticamente nada de la política del ex presidente G.W. Bush, pero concuerdo con sus declaraciones formuladas en una mezquita inmediatamente después de la acción criminal del 11 de septiembre. Señaló con razón que "debe diferenciarse claramente lo que es un asesino de quien profesa la religión musulmana".
En otra ocasión escribí que debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regimenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- declaró a “La Nación” de Buenos Aires que naturalmente cuando los terroristas de la ETA o la IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”.
Más arriba anunciamos que el Corán señala que “Quien mata, excepto por asesinato, será tratado como que mató a la humanidad” (5:31), ahora agregamos que enfatiza la importancia de la palabra empeñada y los contratos (2:282) y la trascendencia de la propiedad privada (2:188). También otros destacados autores como Gustave Le Bon, Ernest Renan, Thomas Sowell, Huston Smith, Víctor Massuh, Henry G. Weaver y tantos otros han subrayado las notables contribuciones de los musulmanes a través de la historia en cuanto a la tolerancia con otras religiones, el derecho, las matemáticas, la economía, la música, la literatura, la medicina, la arquitectura y la fundación de innumerables universidades. Averroes fue uno del los mayores responsables de trasladar la cultura latina a centros de estudio europeos.
Es realmente admirable el esfuerzo académico que llevan a cabo los miembros del Minaret of Freedom Foundation en Maryland (EEUU) para contrarrestar la visión errada en cuanto a los fundamentos del Islam y muestran como en las fuentes se encuentra la adhesión a los mercados libres y los marcos institucionales compatibles con el estado de derecho, la importancia de la tolerancia y el pluralismo y también subrayan lo objetable de aberrantes mutilaciones y en general el maltrato a la mujer en cualquier sentido que sea. En lo personal, he mantenido correspondencia con su Presidente el profesor Amad-ad-Dean Ahmad, quien revela en uno de sus libros que las contribuciones de musulmanes han constituido uno de los antecedentes de la Escuela Austríaca (de Menger, Böhm-Bawek, Mises, Hayek, Kirzner y Rothbard) y quien es secundado en la mencionada institución por profesionales como Shahid N. Sahah, Aly Ramdan Abuzaa, Sharmin Ahmad y Oma Altalib, cuyo Consejo Directivo también está integrado por especialistas en la tradición musulmana como el catedrático de la Universidad de Michigan Antony T. Sullivan.
En un contexto de guerras religiosas, buena parte de las muertes en lo que va de la historia de la humanidad han ocurrido en nombre de Dios, la misericordia y la bondad. Es tiempo de no caer en la macabra trampa tendida por quienes usan las religiones para escudarse en sus actos criminales porque saben que con ello desatan pasiones irrefrenables.
Es como escribe Voltaire en “Oración a Dios” en su Tratado de la tolerancia: “que los que encienden cirios en plena luz del mediodía para celebrante, soporten a los que se contentan con la luz del sol; que los que cubren su cuerpo con tela blanca para decir que hay que amarte, no detesten a los que dicen lo mismo bajo una capa de lana negra; que sea igual adorarte en una jerga formada de antigua lengua, que en un jerga recién formada”.
Es de desear que quienes somos testigos del abuso e interpretación retorcida de religiones propiamente dichas no miremos para otro lado cuando no toca nuestras creencias porque con esta conducta del avestruz no solo se cometen injusticias muy graves sino que así perderemos nuestro derecho a quejarnos cuando toque el turno de atacar nuestros valores y creencias. Debemos ser respetuosos de otras manifestaciones culturales que no son las nuestras y que no afectan derechos de terceros, esta es la única manera de cooperar pacíficamente en una sociedad abierta y es el único modo de ir descubriendo distintas avenidas y horizontes. La islamofobia, la judeofobia, la fobia al cristianismo, al budismo, los rechazos a deístas, agnósticos y ateos y demás manifestaciones de intolerancia solo prometen dolor y sangre.
Respecto al antedicho tratamiento infame por parte de los cristianos para con los judíos, también reitero lo dicho en otra oportunidad. Después de todas las atrocidades criminales que han ocurrido en el mundo perpetradas contra los judíos, todavía existe ese perjuicio bárbaro que se conoce como “antisemitismo” aunque, como bien señala Gustavo Perednik, es más preciso denominarlo judeofobia puesto que esa otra denominación inventada por Wilhelm Marr en un panfleto de 1879 no ilustra la naturaleza y el significado de la tropelía.
Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito que “el término raza no tiene ningún significado”. En verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su obra mas reciente, todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido.
La torpeza de referirse a la “comunidad de sangre” pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en todos los seres humanos están distribuidos en las personas con los rasgos físicos mas variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos de las combinaciones mas variadas y todos provenimos de las situaciones mas primitivas y miserables (cuando no del mono).
También apunta Sowell que en los campos de extermino nazis se rapaba y tatuaba a las víctimas para poder diferenciarlas de sus victimarios. Esto a pesar de todos los galimatías clasificatorios de Hitler y sus sicarios, quienes finalmente adoptaron el criterio marxista (dicho sea de paso como una nota a pie de página, el antisemitismo de Marx queda consignado en su escrito La cuestión judía) solo que en lugar de ser el polilogismo clasista fue el racista pero son la misma insensatez en cuanto a que nunca pudieron mostrar cuales eran las diferencias entre la lógica de un “ario” respecto de las de un “semita”. Darwin y Dobzhansky -el padre de la genética moderna- sostienen que aparecen tantas clasificaciones de ese concepto ambiguo y contradictorio de “raza” como clasificadores hay.
Al margen digo que mis principales profesores han sido de origen judío o judíos practicantes por lo que aprovecho la oportunidad para rendirles merecido tributo.
En resumen, el libro de José Levy constituye un valioso y muy oportuno aporte a la tolerancia religiosa y a encender las alarmas por la barbarie terrorista que afirma el autor debe combatirse con buena educación y con todas las armas defensivas y preventivas de que seamos capaces sin vulnerar derechos, porque como señalaba Benjamin Franklin “si se renuncia a libertades en nombre de la seguridad, no tendremos ni lo uno ni lo otro”.