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Financiamiento educativo: salir del simulacro y debatir reglas que funcionen

La cantidad de empleados públicos provinciales cada mil habitantes aumentó de 36 hasta los 49 en las últimas dos décadas.

Desde hace casi dos décadas, la Argentina discute el financiamiento educativo alrededor de una consigna: destinar al menos el 6% del Producto Bruto Interno (PBI) a la educación. Ese objetivo, incorporado primero en la Ley de Financiamiento Educativo y luego en la Ley de Educación Nacional, buscó expresar una prioridad política compartida entre la Nación y las provincias. Sin embargo, la evidencia acumulada muestra que ese esquema no logró cumplir su objetivo central: proteger, ordenar ni mejorar de manera sostenible el sistema educativo.

Desde su sanción en 2006, la meta del 6% solo se cumplió plenamente una vez, en 2015. En los demás años, su aplicación fue parcial, discutida o directamente incumplida. En la práctica, como explica Agustín Etchebarne, “el Presupuesto anual, aprobado cada año como una ley posterior, fue dejando sistemáticamente sin efecto esa obligación, sin sanciones, mecanismos automáticos de corrección ni responsabilidades claramente asignadas entre niveles de gobierno”. Como resultado, este incumplimiento sostenido permitió la acumulación de una brecha de inversión que, según estimaciones del economista Mariano Narodowski, asciende a USD 26.000 millones entre 2006 y 2020.

Esta experiencia histórica deja una enseñanza clara: una meta agregada, dependiente del PBI y sin reglas operativas no funciona como garantía efectiva de financiamiento. A ello se suma otro dato relevante: el aumento del gasto no se tradujo en mejores resultados educativos. Las evaluaciones nacionales (Aprender y ONE) e internacionales (PISA) muestran, en términos generales, estancamiento o deterioro en los aprendizajes, incluso durante los años de mayor expansión presupuestaria. Esto refuerza la idea de que el problema no es solo cuánto se gasta, sino cómo se asignan los recursos y qué incentivos genera el sistema.

Los datos más recientes confirman este diagnóstico. En 2024, aun con la obligación legal del 6% formalmente vigente, el gasto educativo cayó en términos reales en 21 provincias. En 11 de ellas, la reducción del gasto educativo fue mayor que la del gasto público total, lo que sugiere que, en esos casos, la educación fue una de las principales variables de ajuste, aunque este comportamiento no fue homogéneo en todas las jurisdicciones. La existencia de una meta legal, una vez más, no funcionó como blindaje efectivo, ni siquiera en un esquema federal.

A este cuadro se suma un cambio estructural que vuelve aún más relevante la discusión: el colapso de la natalidad. En los próximos años habrá menos alumnos en el sistema educativo y una población envejecida, con más jubilados y menos aportantes. Persistir en esquemas rígidos de financiamiento atados a porcentajes del PBI, sin revisar la asignación por alumno ni los incentivos del sistema, no solo es ineficiente, sino fiscalmente insostenible.

En este contexto, el debate abierto en el Congreso en torno al Presupuesto 2026 no debería reducirse a la defensa o eliminación de un porcentaje que, en la práctica, nunca logró ordenar el sistema. Desde Fundación Libertad y Progreso consideramos necesario correr el eje del debate: el problema no es si se financia o no la educación, sino cómo se la financia y con qué reglas.

En ese sentido, la Ley de Libertad Educativa abre una oportunidad para discutir esquemas superadores, que aborden no solo el financiamiento, sino también el funcionamiento institucional del sistema, mejorando los incentivos, la transparencia y el control por resultados. Propuestas como el financiamiento por alumno y la combinación de aportes a la oferta y a la demanda permiten que los recursos públicos lleguen efectivamente a los estudiantes, involucren a las familias y fortalezcan la rendición de cuentas.

La experiencia de los últimos veinte años demuestra que prometer porcentajes no alcanza. Si el objetivo es mejorar la calidad, la equidad y la previsibilidad del sistema educativo, el desafío es avanzar hacia mecanismos de financiamiento efectivos, adaptados a la realidad demográfica y con resultados evaluables.

Salir del simulacro no implica desfinanciar la educación.

Implica, por el contrario, tomarla en serio.

educacion argentina, análisis político

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La libertad y el capital humano: una relación positiva, más en las mujeres y personas empleadas

UFM La Libertad se justifica como un valor en sí mismo, pero también se valora por sus resultados. Uno de ellos, que interesa a muchos, es el impacto de la libertad económica en los más pobres. He aquí una respuesta a eso y su impacto en el capital humano.

Dianda I, Zidouemba PR, Tou D. Heterogeneous effects of economic freedom on human capital in developing countries. Journal of Institutional Economics. 2025;21:e18. doi:10.1017/S1744137425000141

Este estudio examina los efectos heterogéneos de la libertad económica en la acumulación de capital humano en 83 países en desarrollo entre 2000 y 2018. Empleando una gama de técnicas econométricas que incluyen cuantiles mediante regresión de momentos, el análisis explora los impactos promedio y distributivo de la libertad económica en el capital humano, desagregados por género y situación laboral. Los hallazgos revelan que la libertad económica influye positivamente en el desarrollo del capital humano, con efectos más fuertes en países con niveles más bajos de capital humano. Entre las cinco dimensiones de la libertad económica, la libertad para comerciar internacionalmente, los sistemas legales y los derechos de propiedad son los que se asocian más fuertemente con la acumulación de capital humano. Los resultados también indican que las mujeres y las personas empleadas se benefician más de la libertad económica, lo que destaca su potencial para reducir las disparidades de género y mejorar la productividad laboral. Estos hallazgos subrayan la importancia de las reformas institucionales que promueven la libertad económica como una vía para el desarrollo del capital humano en las economías en desarrollo.

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El uso de la Inteligencia Artificial en la enseñanza de la economía: ¿oportunidad o desafío?

Es imposible parar el avance de la inteligencia artificial, una herramienta que puede cambiar mucho nuestras rutinas de trabajo. En el ámbito académico, como en cualquier otro, brinda oportunidades y genera desafíos. Puede ser un riesgo para la integridad del proceso si se utiliza para evitar o facilitar las inevitables instancias de evaluación, pero también puede ser una increíble herramienta para mejorar el aprendizaje y la tarea a realizar. Es lo que tratan estos profesores de la Universidad de Connecticut en este paper: Cosgel, Metin M. and Langlois, Richard N. and Miceli, Thomas J., “Teaching Economical Writing in the Age of AI: A Process-Based Framework” (June 10, 2025). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=5287865

“La creciente presencia de la inteligencia artificial (IA) generativa en los cursos de redacción de economía de grado presenta tanto oportunidades como desafíos. Los profesores se enfrentan a preocupaciones sobre la integridad académica y la evaluación del esfuerzo estudiantil; sin embargo, un enfoque de redacción basado en procesos ofrece una solución viable. Este artículo aboga por la enseñanza de la redacción de economía como un proceso estructurado e iterativo —que abarca la lluvia de ideas, la descripción, la investigación, la redacción, el análisis, la revisión y la reflexión—, en lugar de como un producto final singular. En cada etapa, la IA puede integrarse estratégicamente para mejorar, en lugar de reemplazar, las habilidades esenciales de razonamiento, análisis y comunicación económicos. Presentamos un marco basado en dos principios fundamentales: alinear las herramientas de IA con las habilidades análogas definidas por los objetivos del curso y diseñar evaluaciones observables y altamente correlacionadas con estas habilidades. Además, presentamos estrategias prácticas para el aula y abordamos las preocupaciones en torno a la originalidad, la equidad y la evaluación. El artículo también explora implicaciones más amplias para la producción académica, incluyendo el papel de la IA en la reformulación de las ventajas comparativas entre la inteligencia humana y la artificial en el trabajo académico y su intersección en evolución. En última instancia, este enfoque reinventa la pedagogía de la escritura para alinearla tanto con el pensamiento disciplinario como con las realidades de un panorama educativo mejorado por la IA.”

educacion argentina, análisis político

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Reforma laboral: una normativa mejor para los trabajadores y las PyMes

PERFIL Se conocieron los datos de desempleo del tercer trimestre y trajeron una buena noticia. A pesar de que la gente que quiere trabajar aumentó, la creación de empleo fue más fuerte de lo esperado; por lo que la desocupación bajó a 6,6%. También trajo una mala noticia, una parte menor de esos nuevos puestos fueron asalariados formales en el sector privado. Sin embargo, esto no es una sorpresa, sino una realidad que prima en Argentina desde hace décadas. La proporción de ocupados en relación de dependencia en el sector privado viene bajando perseverantemente respecto al total.

Téngase en cuenta que esto sucedió independientemente de los “colores” de los gobiernos de turno o de las coyunturales recuperaciones económicas. Es cierto que para que se genere empleo debe haber inversión y crecimiento. El problema es que cuando estas condiciones se dieron en Argentina, la relación con la cantidad de puestos asalariados en el sector privado generados fue muy baja comparada en términos internacionales. De hecho, es conocido que las PyMes suelen ser grandes generadoras de empleo. Sin embargo, acá, cuando una de ellas consigue un crédito subsidiado de algún banco público, lo utiliza para producir más con menos trabajadores; lo cual es un absurdo en un país que tiene poco capital y mucha gente que quiere trabajar en relación de dependencia en el sector privado. También es cierto que la elevada litigiosidad y no contar con parámetros claros para enfrentar un juicio laboral ha llevado a que, para una PyMe, el riesgo de tomar a alguien sea excesivo. Incluso, un juicio laboral puede llevarla a la quiebra dejando sin ingresos a los otros trabajadores y a los dueños.

Hoy tenemos una legislación laboral que sobreprotege al que tiene un puesto en relación de dependencia en el sector privado y le da poder y “caja” a los gremios, con el costo de excluir de una ocupación de esas características a la ma-yoría de los trabajadores argentinos. Esto es sumamente injusto. Incluso para quien tiene la mala suerte de perder su puesto en relación de dependencia; ya que le va a costar mucho conseguir uno de similares condiciones. En los países serios, hay legislaciones laborales que realmente protegen los derechos de los trabajadores; pero sin generar una barrera infranqueable para el despido o alta posibilidad de litigios laborales. Lo que logran es incentivar la creación de puestos de trabajo en re-lación de dependencia en el sector privado; por lo que se generan muchos más de los que se extinguen. Entonces, si alguien lo pierde o ingresa en el mercado laboral, siempre puede conseguir un empleo de esas características. Acá, por el contrario, ante la enorme dificultad de encontrar un puesto asalariado en el sector privado, se termina desocupado, en la informalidad, como independiente en blanco o con un seguro de desempleo disfrazado de trabajo en el sector público, que no le es útil a la sociedad.

Un dato a tener en cuenta, por las cosas que se escuchan en los medios, es que la reforma laboral no afecta los derechos adquiridos de los trabajadores. Sí, modifican las condiciones desde su promulgación en adelante. Por ejemplo, no cambia la indemnización que tiene el empleado hasta hoy; aunque sí lo hace para el futuro, clarificando los términos para que haya menos motivos de litigios judiciales. También, se instaura un fondo de cese laboral obligatorio que implicará un ahorro que hará el empleador para tener más posibilidades de contar con los recursos para enfrentar una eventual indemnización. Este instrumento le dará más garantía de cobro al empleado cesanteado y no tiene costo adicional para la empresa; ya que el aporte mensual se descuenta de las contribuciones patronales.

En realidad, la reforma aumenta los derechos de los trabajadores a costa de la “caja” de los sindicalistas. No será más obligatorio que el empleador le descuente al trabajador la cuota que va al sindicato; ya que éste deberá acceder a dicha detracción. Incluso, hoy esa retención obligatoria incluye a aquellos que ni siquiera son afiliados al gremio.

¿A alguien se le puede ocurrir que unos cuantos empresarios y sindicalistas reunidos en CABA pueden fijar las condiciones de trabajo para empresas PyMes y grandes, desde La Quiaca hasta Ushuaia? Es lo que pasa hoy. Por supuesto, luego, muchas PyMes a lo largo del país terminan acordando condiciones distintas con sus empleados; lo que no es legal. Pues, luego de la reforma, de mutuo acuerdo, los trabajadores y empleadores podrán decidir negociar acuerdos distintos a nivel de empresa, sector, por tamaño o región que sean distintos a las condiciones pactadas a nivel superior y serán las que primarán. Nadie conoce mejor que los empleados y sus dueños cuál es la forma en que esa empresa funcionará mejor, generando mayores salarios y ganancias.

Hay que avanzar en la reforma laboral para tener una normativa donde se respeten los derechos y que sea inclusiva de todos los trabajadores del país. Una donde no sean rehenes de sindicalistas ricos que priorizan la “caja” y el poder a costa de gremios y afiliados empobrecidos.

Política, reforma laboral

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El triunfo de Kast y la crisis del progresismo regional

CLARÍN La contundente votación que lleva a José Antonio Kast a la presidencia en Chile ha provocado un temblor en el panorama político latinoamericano. Sin embargo, catalogar este fenómeno meramente como un “giro a la derecha” sería una simplificación superficial que evade la verdad más profunda: la victoria de Kast es, ante todo, un voto de castigo masivo y una manifestación del profundo hartazgo ciudadano ante los fracasos y la postura moral de una porción significativa de la izquierda regional.

El fenómeno chileno no es un caso aislado. Es el síntoma más reciente de una crisis que afecta a una izquierda que se ha atrincherado en una retórica recalcitrante y se ha cargado con un lastre moral insostenible. Su inconsistencia moral la ha expresado la contendiente de Kast en la segunda vuelta, Janette Jara, que al referirse al Premio Nobel de la Paz, Maria Corina Machado, dijo: “Yo no la conozco, solo sé lo que llega por la televisión y sé que ha tenido ciertas intentonas golpistas.”

Durante décadas, la izquierda ha capitalizado el debate sobre la desigualdad y los problemas sociales de la región. Pero una vez en el poder, en lugar de enfocarse en la seguridad pública, la contención de la inflación y la mejora de los servicios básicos -para dar respuesta a aquellos problemas-, han priorizado agendas identitarias o discusiones refundacionales que, a menudo, se han desconectado de las urgencias diarias del ciudadano común. El resultado es que las promesas se diluyen en el pantano de la inoperancia administrativa y la corrupción constante.

 

El punto de inflexión más dañino para la credibilidad de la izquierda regional es su solidaridad automática y cómplice con las dictaduras y regímenes totalitarios. La defensa, el silencio o la minimización de las violaciones sistemáticas a los derechos humanos y la crisis humanitaria provocadas por figuras como Nicolás Maduro en Venezuela o Daniel Ortega en Nicaragua han generado una grieta ética que el electorado democrático ya no está dispuesto a ignorar.

Cuando líderes progresistas en Chile, Colombia o México se niegan a condenar categóricamente el éxodo venezolano o la represión en Cuba, se despojan automáticamente de su autoridad moral para hablar de democracia y libertad. Esto los coloca en el campo de la “izquierda retrógrada”, anclada en una lógica ideológica de la Guerra Fría que privilegia la lealtad al bloque sobre los principios democráticos fundamentales.

La elección de Kast, por lo tanto, no es simplemente un viraje ideológico, sino un grito de protesta contra esa izquierda que ha elegido a un dictador como aliado antes que a la víctima, y que ha abrazado narrativas desfasadas en lugar de los valores democráticos que dice representar.

Lo más revelador del actual desencanto es la denuncia selectiva que ha adoptado la izquierda: mientras claman contra las autocracias del pasado, su silencio ante la represión en Cuba, Nicaragua o, de manera notoria, el régimen de Nicolás Maduro, desnuda un doble estándar moral que reduce la defensa de los derechos humanos a una simple herramienta ideológica.

El resultado chileno es un espejo que desnuda la crisis progresista regional. La victoria de Kast (o incluso su fuerte posicionamiento) representa la factura que se le cobra a la izquierda por su inconsistencia moral al defender o callar sobre los tiranos.

El problema subyacente de nuestro tiempo no es la pugna entre la izquierda y la derecha como las conocimos, sino la elección existencial entre dos visiones contrapuestas del ser humano y la sociedad: ¿Avanzamos hacia la libertad individual y la responsabilidad, o retrocedemos hacia el colectivismo y la dependencia estatal? La victoria de figuras como Milei y ahora Kast es simplemente el síntoma de una ciudadanía que comienza a intuir (y asumir) que el verdadero progreso se encuentra en afirmar la autonomía y decir sí a la libertad.

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