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El régimen venezolano se hunde más

CATO Ian Vásquez explica la importancia que tiene el espectacular escape de los cuatro venezolanos, líderes de la oposición, que se encontraban secuestrados por el régimen bolivariano en la embajada argentina en Caracas.

Tras el escape espectacular de cuatro venezolanos –líderes opositores– de la embajada argentina en Caracas el mes pasado, el régimen bolivariano se ha puesto nervioso. Después de todo, Nicolás Maduro tenía la sede diplomática cercada y bajo estricta guardia, cortó el agua y la electricidad, prohibió visitas y negó otorgar salvoconductos en violación al derecho internacional –y aun así los rehenes lograron fugarse después de estar encerrados más de un año–.

Fue un golpe duro al régimen y una victoria importante de la oposición que representa prácticamente a todo el país. En cierto modo, el drama de los escapados simboliza la lucha de quienes viven en un país secuestrado y su escape les ha dado esperanza.

Según Pedro Urruchurtu, uno de los exrehenes y el coordinador de relaciones internacionales de la líder de la oposición, María Corina Machado, la hazaña muestra la vulnerabilidad de la dictadura que “es derrotable […] que no es monolítico ni fuerte como se hace ver, que siempre hay grietas, que siempre hay maneras de desafiarle y derrotarle”. Refiriéndose a los miembros del régimen, Urruchurtu nos recuerda que “hay juego de poder… entre ellos”.

Se presume que tenía que haber algo de eso para que se diera el escape. Pero esa victoria de la oposición no es la única que tiene nervioso al régimen. Según Machado, ha habido cuatro victorias seguidas. La primera se dio en octubre del 2023 con las primarias que organizó la oposición y en las que el pueblo votó masivamente. La segunda fue la victoria en las elecciones presidenciales el 28 de julio del 2024, cuando la oposición pudo comprobar que ganó con un 70% del voto y demostró que el régimen cometió fraude.

La tercera victoria fue el escape de los secuestrados en la embajada. La cuarta fue la falta de participación en las elecciones regionales organizadas por el régimen en mayo y a las cuales Machado pidió al pueblo no acudir. Todas esas victorias han mostrado la falta total de legitimidad del régimen y el liderazgo efectivo y legítimo de Machado.

Para ser efectiva, la oposición bajo Machado ha logrado ser extremadamente disciplinada, organizada y trabajadora. Urruchurtu explica que han usado mecanismos convencionales, como el voto presidencial, “cuya organización, despliegue y defensa fue no convencional”. Por ejemplo, para transmitir las actas y así mostrar el verdadero resultado electoral, se montaron 160 antenas de Starlink por todo el país. El escape de la embajada tampoco fue nada convencional, aunque esta es una historia que prometen contar en el futuro.

Ante estas victorias y el debilitamiento de la economía venezolana, el régimen ha respondido con “probablemente la represión más feroz que hemos vivido en 26 años de régimen”, según Urruchurtu. Se han allanado los hogares de los familiares de la oposición, se han encarcelado a otros líderes y se ha impuesto mayores controles económicos.

En las últimas semanas, por ejemplo, el régimen ha detenido por lo menos 50 personas por “delitos económicos”. Específicamente, los detenidos son gente que han operado en el mercado paralelo de divisas. En otras palabras, quienes hacen algún negocio con referencia al tipo de cambio libre, que es ilegal, en vez del tipo de cambio oficial, que sobrevalora la moneda local, están siendo perseguidos. Los agentes del Estado han entrado a los mercados para controlar precios de referencia al dólar y han detenido a quienes postean el tipo de cambio libre con el dólar.

Esas medidas económicas están destinadas a fracasar como han fracasado en todo lugar en toda la historia. Pero comprueban que el régimen está viviendo un momento de alta fragilidad. 

Política Internacional

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Tomas de colegios por el fallo a Cristina: ¿qué aprendieron en las aulas?

LA NACIÓN La semana pasada, varios colegios de la Ciudad de Buenos Aires, entre ellos el Colegio Nacional de Buenos Aires y el Carlos Pellegrini -ambos dependientes de la Universidad de Buenos Aires-, fueron tomados por sus estudiantes en rechazo al fallo de la Corte Suprema que ratificó la condena a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. La medida se replicó también en otras escuelas y facultades, bajo el supuesto lema de defender la democracia.

Como informa una nota de LA NACION el 12 de junio, Delfina Carbajal, presidenta del centro de estudiantes del Carlos Pellegrini, declaró respecto a la toma de la escuela: “Fue una discusión larga y no fue fácil, pero entendimos como juventud y como centro de estudiantes que hoy la democracia está en peligro y que tenemos la posibilidad y la obligación de defenderla”.

Por su parte, León Vieito, presidente del Centro de Estudiantes del Nacional Buenos Aires, señaló: “Estamos tomando básicamente por los ataques a la democracia que se vienen viviendo, tanto lo de Cristina como lo de Grabois, entre otros motivos. Son ataques a la democracia”.

Yo me pregunto entonces: ¿qué aprendieron estos jóvenes en sus escuelas?

Resultaría increíble, si no fuera tan grave. En nombre de la democracia, se decide rechazar un fallo de la Corte Suprema, máximo órgano del Poder Judicial de la Nación, dictado dentro del marco de un proceso legal y con todas las garantías institucionales. En nombre de la República, se interrumpe el derecho a la educación de miles de alumnos. ¿Qué valores se están enseñando en nuestras aulas cuando grupos de jóvenes consideran que las sentencias judiciales son legítimas sólo si coinciden con sus preferencias políticas?

Educar no es solamente enseñar matemática, historia o literatura. Educar es también formar ciudadanos comprometidos con la República, que comprendan que vivir en democracia implica acatar las reglas del juego, incluso cuando no nos resultan favorables. La democracia es incompatible con el desconocimiento abierto de los fallos de la Justicia. No hay verdadera formación cívica cuando se avala que el Poder Judicial puede ser deslegitimado por estudiantes en una asamblea.

Educar también es enseñar valores. Educar también es transmitir el respeto a las instituciones de la República. Si desde el ámbito educativo naturalizamos que puede desobedecerse un fallo de la Corte Suprema porque no nos gusta, estamos sembrando una lógica peligrosa. Estamos enseñando que el orden institucional puede ser reemplazado por la lógica de la calle.

Las tomas no sólo interrumpen el proceso educativo, sino que violan el derecho a aprender del resto de los estudiantes. En el caso del Carlos Pellegrini, sus autoridades informaron que se vieron obligadas a suspender todas las actividades académicas y administrativas, advirtiendo que no podían garantizar la seguridad de los alumnos mientras durara la ocupación.

Los conflictos judiciales podrán generar adhesiones y rechazos, pero deben resolverse en los tribunales. Lo que debería enseñarse es el valor del disenso dentro del marco institucional, no la validación de métodos que ignoran las normas fundamentales de la vida democrática.

¿Qué están aprendiendo estos jóvenes? ¿Quiénes les enseñaron que un fallo de la Corte Suprema no merece acatamiento si sus decisiones les desagradan? ¿Quiénes les enseñaron que la defensa de la democracia consiste en impedir que funcionen las escuelas? ¿O que el respeto a las instituciones de la República es optativo?

Si ese es el mensaje, debemos reconocer con preocupación que tenemos problemas de una envergadura aún mucho mayor que la que reflejan los resultados de las Pruebas Aprender.

Educar es enseñar a pensar, a disentir, a debatir, pero también -y sobre todo- a respetar la legalidad democrática. Porque la democracia no se defiende desde las tomas: se defiende enseñando a convivir con reglas, con instituciones y con respeto por el otro.

Educación, política argentina

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Estados Unidos: Entrada prohibida

CATO  Ian Vásquez dice que la nueva prohibición también revierte la noble tradición estadounidense de dar refugio a los inmigrantes que huyen de todo tipo de tiranías.

“Otros países pueden intentar competir con nosotros, pero en un área vital, como faro de libertad y oportunidad que atrae a los pueblos del mundo, ningún país del mundo se nos acerca. Creo que esta es una de las fuentes más importantes de la grandeza de Estados Unidos”.

Esas palabras de Ronald Reagan describen lo que por buena parte de su historia los estadounidenses han mantenido como ideal respecto a la inmigración. Con la entrada en vigor esta semana de la prohibición de ingreso a Estados Unidos de los ciudadanos de una veintena de países, el presidente Donald Trump da un paso más para que su país se distinga de la manera opuesta.

El decreto de Trump restringe totalmente la visita de ciudadanos de 12 países –entre ellos HaitíAfganistán y Sudan– y prohíbe casi totalmente la entrada de los oriundos de nueve países adicionales, entre ellos Cuba y Venezuela. Las excepciones a las restricciones son mínimas.

La política es cruel y extrema. Prohíbe, por ejemplo, la entrada de decenas de miles de parientes de ciudadanos estadounidenses y residentes legales, inclusive esposos y niños menores de edad. Durante los próximos cuatro años, la medida prohibirá la entrada de más de 100.000 inmigrantes y más de 500.000 visitantes que antes hubieran ingresado a Estados Unidos legalmente.

Dice Trump que sus restricciones son necesarias para proteger Estados Unidos de la amenaza de terrorismo proveniente de los países en cuestión y para resguardar la seguridad pública, pero la evidencia no respalda su aseveración. Dice además que las políticas migratorias que está reemplazando son deficientes, pero no presenta evidencia para respaldar su afirmación.

Según los expertos Alex Nowrasteh y David Bier, las nacionalidades prohibidas de entrar a Estados Unidos “representan sólo el 0,2% de todas las muertes de terroristas nacidos en el extranjero en los últimos 50 años. Solo se ha producido un atentado mortal desde 1981. En otras palabras, esta prohibición está notablemente desenfocada de las nacionalidades con antecedentes de atentados terroristas en Estados Unidos. Además, los inmigrantes de estos países tienen un 70% menos de probabilidades que los estadounidenses nacidos en Estados Unidos (de 18 a 54 años) de haber cometido delitos lo suficientemente graves como para ser encarcelados en Estados Unidos”.

Además, Trump asevera que muchos de los visitantes de los países en su lista se quedan más tiempo de lo que permite sus visas, pero Nowrasteh y Bier documentan que, en los últimos 50 años, ningún ciudadano de esos países que se sobreextendió en su visa ni causó alguna muerte por algún ataque terrorista. Felizmente, la nueva política exime a quienes ya tienen visas, pero ese mismo hecho debilita el argumento de que el otorgamiento de tales visas representa una amenaza.

La nueva prohibición también revierte la noble tradición estadounidense de dar refugio a los inmigrantes que huyen de todo tipo de tiranías, como las socialistas de Cuba y Venezuela. De hecho, son precisamente los cubanos y los venezolanos quienes serían los más afectados en términos absolutos. Tomando en cuenta todos los países en la lista prohibida, el 25% de las aplicaciones para la visa migratoria en los próximos cuatro años corresponde a los cubanos mientras que el 44% de los visitantes prohibidos corresponde a los venezolanos.

La evidencia le da razón a Reagan: la inmigración siempre ha beneficiado a Estados Unidos, económicamente, culturalmente y hasta en términos de seguridad pública. El cerrar las puertas a nacionalidades enteras es solo el más reciente, aunque significativo, paso de Trump hacia apagar el faro de libertad que Estados Unidos ha simbolizado para el mundo en los mejores momentos de su historia.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 10 de junio de 2025.

Política Internacional

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