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Acerca del origen de la propiedad

Con total desconocimiento de la realidad social, se dice que todos los humanos tienen derecho sobre la Tierra por el solo hecho de haber nacido. Si ese fuera el caso, si todos tuvieran derecho sobre la Tierra aparecería de inmediato “la tragedia de los comunes” primero expuesta conceptualmente por Aristóteles, un fenómeno así bautizado por Garret Hardin. Es decir, si fuera de todos en verdad no sería de nadie y necesariamente mal utilizada puesto que los incentivos de administrar lo propio es completamente distinto a lo que teóricamente pertenece a todos, tal como revela reiteradamente la experiencia cotidiana.Propiedad privada y derechos del individuo Dado que los recursos son escasos en relación a las necesidades se hace imperioso asignar derechos de propiedad a los efectos de darle el mejor uso posible a criterio de quienes compran o se abstienen  de comprar en el supermercado y equivalentes. En ese contexto el que mejor uso le da a su propiedad está sirviendo mejor los deseos y preferencias del prójimo. En otros términos, cada propietario para mejorar o mantener su propiedad debe ofrecer bienes y servicios que agraden a los demás. Si deja inexplorados sus recursos o los explota mal a criterio de otros, incurrirá en quebrantos y se consumirá el capital. Es decir, las posiciones patrimoniales no son irrevocables, cambian de manos según sea su uso y los que dan en la tecla en el gusto de los demás preservarán o incrementarán su patrimonio, por el contrario los que yerran incurrirán en pérdidas. Como queda dicho, las diferencias de ingresos y patrimonios son,  en el mercado abierto, el resultado de las votaciones en el plebiscito que tiene lugar con las transacciones cotidianas. Ahora bien, debe destacarse muy especialmente que nada de lo dicho tiene lugar si en vez de operar en el mercado los operadores reciben privilegios gubernamentales de cualquier naturaleza que sean. En  este caso las diferencias de ingresos y patrimonios son el resultado de una tremenda injusticia debido a que proceden de la vil explotación de así llamados empresarios puesto que nada tiene que ver con la competencia y el favor de la gente sino que surgen de la prebenda de los aparatos estatales que otorgan favores a los amigos del poder. En cambio, la asignación de derechos de propiedad hace que los más meritorios administren los escasos recursos para bien de los demás, lo cual, simultáneamente aprovecha al máximo el capital y maximiza las inversiones que es el único factor que hace que los salarios e ingresos en términos reales aumenten. Y esto último es el fin y el propósito de la sociedad abierta desde la perspectiva crematística y que permite el respeto recíproco y que cada uno siga su camino sin lesionar derechos de terceros. Los fundamentos del derecho de propiedad se han ido solidificando a través del tiempo con innumerables contribuciones, básicamente con los trabajos notables de John Locke, Robert Nozick e Israel Kirzner (en ese orden). Paso ahora a resumir muy telegráficamente esta triada sobre esa institución clave. En ausencia de propiedad privada, por ejemplo, nadie sembrará para que otros cosechen y así sucesivamente, lo cual, entre otros muchos casos, precisamente produjo las hambrunas horribles en tierras norteamericanas a raíz del experimento comunista de los primeros 102 colonos instalados en Plymouth en lo que luego sería Estados Unidos que desembarcaron del Mayflower en 1620. Hambrunas detalladas en el célebre informe del Gobernador William Bradford (Of Plymouth Plantation) donde resultan claras las razones por las que se abandonó la idea de la propiedad colectiva, cambio también señalado por no pocos economistas y cientistas políticos. En The Second Treatise on Government Locke fundamenta el orígen de la propiedad del siguiente modo: “cada hombre tiene la propiedad de su propia persona, a esto nadie tiene derecho más que él mismo. El trabajo de su cuerpo y el trabajo de sus manos podemos decir que son propiamente suyos. Entonces, cualquier cosa que remueva el estado de naturaleza significa que ha mezclado su trabajo y lo ha juntado con algo que es suyo, y, por tanto, lo hace de su propiedad. Lo ha removido del estado común y le ha agregado trabajo lo cual excluye eso del derecho común de otros hombres”. Es decir, el derecho en la concepción lockeana parte de cada cual sobre sí mismo y se extiende a lo que obtiene lícitamente, el derecho a la vida supone el de mantenerlo sin lesionar derechos de terceros. Pero aparece una complicación cuando Locke agrega lo que se conoce como el lockean proviso y es que “este trabajo es incuestionablemente la propiedad del trabajador, ningún hombre sino él tiene el derecho sobre aquello que ha sido de este modo anexado, por lo menos allí donde hay suficiente que queda  para otros” (la cursiva es nuestra). Y aquí es donde viene la crítica de Nozick que debe prestarse cuidadosa atención, formulada en su Anarchy, State and Utopia donde sostiene que este lockean proviso constituye un absurdo puesto que aquella limitación hace imposible el derecho de propiedad ya que al invertir la secuencia en regresión partiendo de la persona que “no dispone de lo suficiente” no se debería permitir que la persona anterior en la cadena pueda apropiarse de lo que le falta, por tanto, esa otra persona no podría ejercer su derecho. A su vez, la situación de esa otra persona “fue afectada” por una tercera al apropiarse de cierta propiedad por lo que ésta tercera persona tampoco tendría derecho a la propiedad y así sucesivamente hasta llegar al ocupante original. En base a esta secuencia argumental el propietario original es el causante de todo lo demás, lo cual conduce a que no podría existir el derecho de propiedad mientras hayan indigentes. Esta argumentación de Nozick limitó las formidables contribuciones de Locke. Este análisis fue retomado por Kirzner, en Discovery, Capitalism an Distributive Justice quien con una mirada distinta introduce un nuevo elemento que es el descubrimiento de un valor por parte del propietario original expresado por medio de signos por el que le resulte claro a terceros quien descubrió ese valor del cual se apropia sin que haya tenido propietarios anteriores. Se elimina así el problema del lockean proviso y las objeciones de Nozick, mostrando como el proceso de mercado optimiza la productividad, especialmente para los más necesitados. Los usos y costumbres harán que varíen los aludidos signos exteriores, los cuales deben ser renovados periódicamente al efecto de que resulte claro a quien pertenece esa propiedad. Es del caso señalar que en la obra mencionada de Nozick también descarta la noción lockeana  de “mezclar el trabajo” puesto que sostiene que no resulta claro, por ejemplo, hasta donde se extiende la propiedad de un astronauta que decide limpiar una parcela en Marte: no es claro si es dueño de la parcela o de todo ese planeta. También escribe que no resulta claro que con la construcción de un cerco se es solo dueño de la tierra bajo el cerco hasta el centro de la Tierra (o hasta el otro lado) o si es dueño solo de la tierra cercada. Asimismo, se pregunta cual es la razón de que el mezclar trabajo lo hace propietario en lugar de perder ese esfuerzo, lo cual ilustra cuando se arroja una lata de jugo de tomate al mar y se pregunta si se adueña del océano al mezclarse con sus moléculas o si solo se trata de perder una lata de jugo de tomate. Por último, se cuestiona la razón de sostener que al agregar trabajo necesariamente incrementa el valor del bien, lo cual no sucede, por ejemplo, con un cuadro al que se le tira un frasco de pintura encima, lo cual más bien arruinará el cuadro en cuestión. Estas reflexiones de Nozick han contribuido a mostrar falencias de Locke y a ponderar las elaboraciones de Kirzner en esta materia. Antes de cerrar esta nota periodística aludo a tres temas adicionales. En primer lugar planteamientos en torno a la denominada sobrepoblación y el supuesto deterioro del derecho de propiedad como institución que no serviría para alimentar a muchos que serían excluidos del mercado. A contracorriente de esta conclusión, Thomas Sowell apunta que la sobrepoblación malthusiana no es tal e ilustra su contrafáctico al señalar que en los setenta (cuando publicó su estudio) toda la población del planeta cabría solo en el estado de Texas con 670 metros cuadrados por familia tipo de cuatro personas y que Manhattan tiene la misma densidad poblacional que Calcuta y lo mismo va para Somalia respecto a Estados Unidos. Estas conclusiones son al efecto de destacar que el problema no es la población sino la calidad de los marcos institucionales, precisamente y en primer lugar debido a la insuficiencia de asignación de derechos de propiedad. En segundo lugar y por último, al margen señalo que hay quienes siguen a Henry George sosteniendo que las cargas fiscales deben concentrarse en la propiedad de la tierra ya que argumentan que el valor de ésta crece con el tiempo cuando se incrementa la población “sin que tenga mérito alguno el propietario”, lo cual -la tesis de la “renta inmerecida”- desconoce que esto, puesto de esta manera, se aplica a todos nuestros ingresos que son fruto de las tasas de capitalización que generan otros, con el lenguaje que de hecho existía antes de nuestro nacimiento, lo mismo con las diversas instituciones y demás externalidades positivas. La renta de la tierra y nuestros ingresos son consecuencia principal del modo en que asignemos recursos y la productividad en línea con las preferencias de terceros y, como queda dicho, según las acciones de otros en el mercado que derivan en el valor de los activos que si el titular no le da el uso adecuado, no podrá retener el bien. En tercer término, es pertinente volver a insistir en que hay un correlato entre precios y propiedad puesto que en las transacciones las condiciones pactadas surgen del uso y la disposición de lo propio. En la medida en que se afecta la propiedad a través de intromisiones de los gobiernos se desdibujan los precios que hubieran sido distintos de no existir la intervención de marras, por lo que la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general se distorsionan lo que, a su turno,  provoca consumo de capital y consecuentemente se contraen salarios. Por último, invito a mis lectores a que observen los abultadísimos patrimonios -casi siempre malhabidos- de quienes atacan la propiedad desde la cima del poder político, es “la nueva clase” de que nos habla Milovan Djilas.
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Las protestas en un Chile que exhibe logros

CLARÍN - Hace algo menos de diez años, publiqué en este espacio una nota con el mismo título. En ese entonces, durante la primera gestión de Sebastián Piñera, violentas manifestaciones estudiantiles exigían un cambio radical del sistema educativo. Su líder, Camila Vallejo, señalaba: “Queremos cambiar el modelo educacional porque el modelo fracasó. No queremos mejorar el sistema sino cambiarlo”. Hoy la violencia ha vuelto a las calles y con una envergadura mucho mayor. Por ello, es útil recordar de dónde viene Chile, para poder evaluar correctamente los hechos.manifestaciones en chile
Para 2004 tan sólo el 4% de los niños nacía con bajo peso y el 0,01% fallecía antes de cumplir el primer año por enfermedades asociadas a la desnutrición. Diez años después la expectativa de vida alcanzaba los 80 años, el porcentaje de niños desnutridos menores de 6 años se había reducido al 2%, el analfabetismo había prácticamente desaparecido (0,1%), el 99% de los niños terminaba la escuela primaria, el 74% la secundaria y el 50% ingresaba en la universidad. ¿Si Chile ha hecho tantos progresos como lo demuestran las estadísticas reportadas, por qué existe tanto descontento interno en contra de su gobierno? Jorge Edwards, Premio Cervantes 1999, ensayó frente a las manifestaciones estudiantiles durante el primer gobierno de Sebastián Piñera una razonable respuesta: “los estudiantes hablan de treinta años de retroceso en el país y proponen un cambio equivalente a una revolución. Tienen motivos para estar descontentos, pero usan ese lenguaje del todo o nada que parece nuevo, y que sin embargo se repite de generación en generación”. Cambios revolucionarios, volver a empezar, suena conocido. El actual gobierno de Sebastián Piñera, según lo que expresan las violentas protestas, lo ha hecho todo mal. Hay que volver a empezar, retrotrayendo todo lo que se ha hecho, no solamente durante el actual gobierno, sino durante casi 40 años. ¿Puede tener Chile tan mala fortuna que así sea, a pesar de lo que reportan los estudios internacionales? Es claro que es un absurdo. Por eso, qué mejor que retornar a aquella nota de Edwards para concluir este breve artículo: “El problema consiste en que las mejoras duraderas que están a nuestro alcance se construyen con paciencia, con razones en lugar de retórica. Sin borrarlo todo y partir de cero, sin creer en los paraísos en la tierra, que suelen desembocar en infiernos”. Edgardo Zablotsky es rector de la Universidad del CEMA y Miembro de la Academia Nacional de Educación.
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Las 10 características comunes de los gobernantes populistas de izquierda o derecha

CATO - ¿Es “populista” su presidente? Llamarle “populista” a un político o un funcionario es una manera rápida y segura de descalificarlo. ¿Pero qué hace a estos personajes ser “populistas”? La reciente lectura, mucho más ampliada, de este decálogo inspirado en el breve ensayo de Jan-Werner Müller (What is populism), provocó que muchos de los asistentes a mi charla en México, en la entrega del Premio Caminos de la Libertad, pensaran que hablaba de Andrés Manuel López Obrador. No era mi intención, pero si le sirve el sayo, que se lo coloquen. A mi juicio, lo interesante del término es que se aplica a la derecha e izquierda del término.
  1. El caudillismo. Generalmente, el populismo comienza con la admisión de un líder o caudillo al que se le atribuyen todas las virtudes y se le asigna, de hecho, ser el gran intérprete de la voluntad popular. Alguien que trasciende a las instituciones y cuya palabra se convierte en el dogma sagrado de la patria. Mussolini, Hitler, Franco, Perón, Fidel Castro, Juan Velasco Alvarado, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, cada uno a su manera, son ejemplos de Caudillos.
  2. El exclusivismo. Sólo “nosotros” somos los auténticos representantes del pueblo. Los “otros” son los enemigos del pueblo. Los “otros”, por lo tanto, son unos seres marginales que no son sujetos de derecho y merecen nuestro mayor desprecio. Chávez calificó de “majunches” a sus adversarios, un venezolanismo que quiere decir “tonto o inútil”.
  3. El adanismo. La historia comienza con ellos. De ahí el nombre adanismo, por Adán, el primer hombre. El pasado es una sucesión de fracasos, desencuentros y puras traiciones. La historia de la patria se inicia con el movimiento populista que ha llegado al poder para reivindicar a los pobres y desposeídos tras siglos de gobiernos entreguistas, unas veces vendidos a la burguesía local y otras a los imperialistas extranjeros.Gobiernos populistas
  4. El nacionalismo. El nacionalismo es una creencia generalmente vinculada a la supuesta identidad nacional. Suele ser excluyente y derivar en racismo u otras formas de exclusión social. En el terreno económico conduce al proteccionismo o a dos reacciones aparentemente contrarias. El aislacionismo para no mezclarnos con los impuros, o el intervencionismo para esparcir nuestro sistema superior de organizarnos. En nuestros días, ese nacionalismo se transforma en “antiglobalismo”.
  5. El estatismo. Los populistas, casi siempre son estatistas. Creen que la acción planificada por el estado colmará las necesidades del “pueblo amado”. Tienden a no creer en el crecimiento espontáneo y libre de la sociedad. Los gobernantes populistas esperan la total sumisión de los creadores de riqueza. Intentan convertirlos, y muchas veces lo logran, en “buscadores de rentas”.
  6. El clientelismo.  Los gobernantes populistas no tienen partidarios, sino clientes que les deben cosas. Les encantan los “cazadores de subsidios”. Entienden que la política es para generar millones de estómagos agradecidos que les deben todo al gobernante que les da de comer y acaban por constituir su base de apoyo.
  7. La centralización de todos los poderes. El caudillo controla el sistema judicial y el legislativo, o trata de hacerlo. La separación de poderes y el llamado checks and balances son ignorados. En Venezuela cuando “los enemigos del pueblo” ganan unas elecciones, los gobernantes populistas crean un organismo paralelo y le traspasan los presupuestos y funciones.
  8. Los funcionarios no están al servicio de la sociedad, sino de los populistas. Controlan y manipulan a los agentes económicos, comenzando por el banco nacional o de emisión, que se vuelve una máquina de imprimir billetes al dictado de la presidencia.
  9. El doble lenguaje. La semántica se transforma en un campo de batalla y las palabras adquieren una significación diferente. “Libertad” se convierte en obediencia, “lealtad” en sumisión. Patria, nación y caudillo se confunden en el mismo vocablo y se denomina “traición” cualquier discrepancia.
  10. La desaparición de cualquier vestigio de cordialidad cívicaSe utiliza un lenguaje de odio que preludia la agresión. El enemigo es siempre un gusano, un vende-patria, una persona entregada a los peores intereses. Ese es el antecedente de la destrucción del otro. Antes de aplastarlo hay que eliminarle cualquier vestigio de humanidad.
Insisto: ¿es populista su presidente? No necesita adoptar las diez características. Basta con cinco de ellas. Este artículo fue publicado originalmente en El Blog de Carlos Alberto Montaner (EE.UU.) el 19 de octubre de 2019.
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La radicalización de Fidel Castro

CATO - Lo contó el diario El País de MadridMario Vargas Llosa opinó, públicamente, que Fidel Castro acaso no se hubiera radicalizado si la CIA, en contubernio con la United Fruit, no hubieran derrocado al coronel Jacobo Árbenz mediante un golpe de Estado en 1954. Fidel Castro, nos recuerda Vargas Llosa, suscribía entonces un programa socialdemócrata. Esto sucedió en la rueda de prensa en la que nuestro Nobel de Literatura presentaba su última novela, Tiempos reciosen la que cuenta la historia de aquel coup de´État, a juicio suyo punto de partida de la rebelión de muchos jóvenes e intelectuales contra EE.UU. Supongo que, en general, es cierta la apreciación de Vargas Llosa, pero no estoy seguro de que el antiyanquismo latinoamericano se origine en este episodio. El Kremlin empleaba enormes recursos en estimular esta conducta por medio de los “Congresos por la Paz”, a lo que se agregaba la atmósfera de la Guerra Fría. Árbenz fue derrocado como consecuencia de este episodio.líder estudiantil No entro en el tema de la novela porque todavía no la he leído. Calculo que será espléndida, como las otras 18 que ha publicado el autor de Conversación en la catedral, unas más y otras menos, pero todas buenas. El hecho de que tenga 83 años de edad no le resta méritos al libro. Es al revés. Con el tiempo la prosa mejora (menos en el caso de Carlos Fuentes, que se fue haciendo ilegible año tras año). En lo que discrepamos es en el momento en que Fidel Castro se radicalizó, algo que tiene cierta importancia lateral. No fue en junio de 1954, mes en el que Árbenz renunció a la presidencia tras los bombardeos aéreos secretamente organizados por la CIA. Sucedió algo antes, a fines de los años cuarenta, cuando Fidel estudiaba Derecho en la Universidad de La Habana. Eso, al menos, es lo que dijera José Ignacio Rasco (Fidel lo llamaba “Rasquito”), su condiscípulo desde el bachillerato en el Colegio Belén, y luego en la Universidad. Para José Ignacio, y me lo contó personalmente, no había la menor duda: “fue seducido por las tesis leninistas; recitaba de memoria páginas enteras de ¿Qué hacer?el ensayo en el que el ruso describe la toma del poder”. Incluso, el propio Fidel, tras estar seguro de que el gobierno no podía escaparse de sus manos, llegó a decir que “era marxista-leninista y lo sería siempre”. Pero hay otros testigos directos. El abogado Rolando Amador, compañero, amigo de Fidel Castro y primer expediente de su curso, solía relatarlo con lujo de detalles tras abandonar Cuba a principios de la revolución. En 1950 Fidel, para poder graduarse, le pidió que le repasara algunas asignaturas que llevaba por libre. Fidel era inteligente y tenía una gran memoria, pero había descuidado los estudios. De manera que ambos se recluyeron en un hotel para esos fines. Mientras estudiaban, llegó una delegación del Partido Socialista Popular (PSP), el grupo de los comunistas, formada por Flavio Bravo y Luis Mas Martín. Venían a informarle a Fidel que había sido aceptado en el Partido. Había tres formas de militar en el Partido. La “abierta”, la del “acompañante” que generalmente “entraba” en otra formación política o institución del Estado para informar e influir, y la que recibía adiestramiento y órdenes directamente de los servicios de inteligencia soviéticos. Flavio Bravo y Mas Martín estaban en esa tercera categoría que dirigía en la sombra Osvaldo Sánchez. No puede olvidarse que la función de los Partidos Comunistas de todo el mundo era proteger y ayudar a la URSS. Por eso el Kremlin los financiaba. Fidel era un “acompañante”. Su función era “entrar” en el Partido Ortodoxo, del que llegó a ser candidato a congresista, una formación socialdemócrata (y anticomunista), como sucedió con Eduardo Corona o Martha Frayde, y radicalizarlo desde dentro. La idea de que Fidel era demasiado “fidelista” para someterse a una disciplina partidista olvida la circunstancia de que Stalin era, ante todo, “stalinista”, y Mao “maoísta”, líderes destacados que al principio parecían dóciles, hasta que pudieron manifestarse tal cual eran y mostrar su verdadero caudillismo. Fidel no se hizo antiyanqui por la mala conducta de EE.UU. en Guatemala. Se lo contó en una carta a su amante y amiga Celia Sánchez escrita en la Sierra Maestra en 1958: pelear con sus vecinos gringos era su destino. Como en el cuento del alacrán: “era su carácter”. No podía evitarlo. Este artículo fue publicado originalmente en El blog de Carlos Alberto Montaner (EE.UU.) el 14 de octubre de 2019.
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