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Cómo Sacarle una Moneda (de un Centavo) a Macri

Con tan sólo un centavo el gobierno nacional puede hacer mucho para bajar el gasto.

Todos sabemos que el Estado gasta mal, muy mal. También sabemos que la filosofía del gobierno es el gradualismo. Entonces, ¿qué puede hacer el gobierno para bajar el gasto en forma gradualista? Acá va una propuesta imposible de resistir.

De cada peso que el gobierno nacional tiene presupuestado gastar en 2018 que se ahorre un centavo. Es decir, que cada programa, plan, ministerio, proyecto, obra, etc. presupuestados para el año próximo sufra una “poda” de un centavito por cada mango que tienen para gastar.

De esta manera, tan sencilla y gradual, bajamos el gasto público nacional proyectado para 2018 en un 1%.

Pero… ¿se puede hacer esto? No le estaríamos sacando fondos imprescindibles a ciertas áreas “clave” tales como los “planes sociales”, Asignación Universal por Hijo (AUH) y demás partidas asistencialistas.

Para contestar sobre la factibilidad de esta propuesta, tenemos que pensar un poco en cómo gasta el Estado.

 

En Canadá también pasa

Esta es una historia real, se los juro. La pueden corroborar acá, acá y acá.

En el Distrito de Etobicoke (Ontario - Canadá) vive un señor de 72 años llamado Adi Astl. Astl tenía un problema. Para acceder a un jardín del Tom Riley Park sus vecinos debían hacerlo a través de una pendiente bastante inclinada e incómoda. Tanto el Sr. Astl como su esposa vieron a varios de sus conocidos rodar barranca abajo debido a lo malo del acceso.

Por tanto, Astl decidió tomar cartas en el asunto. Con algunos vecinos que aportaron los fondos necesarios para comprar la madera para ocho escalones y un pasamanos. Contrató a un homeless y con su ayuda construyó una bonita escalera para acceder al parque de una manera más segura y civilizada. El costo total de la obra: 550 dólares.

Viene al caso recordar que, según Transparency International, Canadá es el 9no país con menor percepción de corrupción del mundo. ¿Por qué? Porque las autoridades municipales habían calculado la obra entre unos 65 mil y 150 mil dólares.

Nótense dos cosas. La primera: el presupuesto municipal, por llamarlo de alguna manera, es disparatado. Nadie en su sano juicio contrataría a alguien para hacer una reforma en su casa que le pase un presupuesto con una posible variación de 130%. La segunda: el Sr. Astl gastó entre 118 y 272 veces menos de lo que planeaba hacer la municipalidad con “la plata de todos”.

Y esto no termina aquí. En una muestra de fervor burocrático delirante, las autoridades demolieron la escalerita del Sr. Astl.

El intendente admitió que el presupuesto de entre 65 y 150 mil dólares era muy exagerado pero explicó que “todo el mundo entiendo que no vamos a poder construir la escalera por 550 dólares”. La municipalidad estima hacerlo por unos 10 mil dólares. Tan sólo 18 veces más caro que lo del Sr. Astl.

 

Brasil, la la la la

Puede que las mentes escépticas estén pensando que un caso como el de Astl es posible en países como Canadá, con una sociedad civil más fuerte que las nuestras. Los latinoamericanos no estamos para esas cosas… Si pensás así, estás completamente equivocado.

Barra Mansa es un municipio a 130 km de la ciudad de Río de Janeiro. En dicho ciudad hay dos barrios muy pobres llamados Nova Esperança y São Luiz. Entre ellos se interpone un riachuelo. Para que sus habitantes crucen al otro barrio, debían caminar más de dos km. Hartos de esta situación, peticionaron al gobierno municipal la construcción de un puente. La respuesta municipal fue que no había dinero, dada la crisis financiera.

Los vecinos no se quedaron de brazos cruzados. Para ellos era fundamental disponer de un puente ya que, mientras uno de los barrios tenía un centro de salud, el otro poseía la parada del colectivo que iba al centro. Ambos eran motivos importantes para moverse de un barrio al otro casi constantemente. Decidieron entonces hacer ellos mismos el puente.

Y tal como en Canadá, las diferencias entre lo efectivamente gastado por los vecinos y lo presupuestado por la municipalidad es escandalosa: El costo del puente fue de 5 mil reales, mientras que el gobierno tenía pensado gastar 270 mil reales. En dólares del momento en que terminó la obra (mediados de 2016) fueron 1500 contra 81 mil.

Los vecinos lo hicieron 54 veces más barato de lo que lo hubiera hecho el municipio.

Mal/Gasto

En 2004 el gasto público argentino total era de alrededor de 25% del PBI. Hoy es de 45%. Muchos consideran que el Estado debe brindar seguridad, justicia, salud y educación. ¿Alguien cree que dichos servicios estatales son casi el doble de mejores que en 2004? Por supuesto que nadie piensa eso. El Estado por definición malgasta nuestro dinero. Por eso, a la explosión de gasto público no la siguió una mejora substancial los servicios que el Estado dice brindarnos sino la multiplicación de “cargos”, burocracia, corrupción, empleados públicos y programas delirantes como el “Fútbol para todos”.

Tal como explicó el Premio Nobel Milton Friedman, no hay peor manera de gastar que cuando uno gasta plata de otros en otros. Eso es lo que hace el Estado. Les saca plata a los contribuyentes para subsidiar a otras personas. Es la manera más irracional de gastar. Por eso, ya sea en Canadá o en Brasil, los presupuestos estatales no tienen nada que ver con la realidad. Por ello, las diferencias entre lo que efectivamente gastan los vecinos y lo que gastaría la subsecretaría X son tan abismales.

Y esto va más allá de un tema de simple corrupción. Los incentivos estatales para el gasto son todos perversos. En el paraíso de la transparencia de Canadá, lo que a un ciudadano de a pie le salió 550 dólares, al Estado le iba a salir entre 65 mil y 150 mil.

Ninguna persona de bien puede rasgarse las vestiduras porque le pidamos al Estado argentino que nos devuelva un centavo por casa peso que tiene pensado gastar en 2018. De hecho, podrían hacer un esfuerzo mucho mayor racionalizando la administración. Pero hoy estamos en el gradualismo. Muy bien, seamos gradualistas.

En septiembre el Ministro Nicolás Dujovne presentó el presupuesto. De dicha propuesta, que tengan la decencia de quitar solamente un centavo por cada pesito que piensan gastar. Sería sin dudas una muy buena señal de que la política también está dispuesta a hacer un esfuerzo por ajustarse y ayudar a las cuentas públicas. Y con este mero gesto, bajaríamos el gasto público del estado nacional en un 1% con tan sólo un centavo. Sí, se puede.

 

* Federico N. Fernández es Presidente de la Fundación Internacional Bases (Rosario, Argentina) y Senior Fellow del Austrian Economics Center (Viena, Austria).

Fuente: La Opinión Incómoda (https://medium.com/la-opinión-incómoda)

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La economía a contracorriente

Afortunadamente hay muchos libros de inconformistas, esto es bueno cuando las cosas se tuercen porque es la forma de enderezarlas. Los economistas en general tenemos la manía de tratar nuestra disciplina con un lenguaje que no ayuda a comprender su significado. En el contexto económico se alude a “mecanismos”, a “eficiencias crematísticas”, a “asignaciones” ajenas a lo humano con descripciones que remiten a “automaticidades”, a cuestiones siempre cuantificables, a próximos “ajustes” y equivalentes. A esto debe agregarse la hipóstasis que se hace del mercado como si operara un ente que habla y dice en lugar de precisar que se trata de un proceso en el que actúan millones de personas para concretar arreglos contractuales explícitos o implícitos en los que el respeto recíproco irrumpe como principio moral, están presentes el valor Justicia de “dar a cada uno lo suyo” y la indispensable confianza de lo que se desprenden las respectivas reputaciones, todo lo cual constituyen reglas inherentes a cada transacción en la que se intercambian las propiedades de cada cual. En uno de los libros a que nos referiremos Don Lavoie y Emily Chamlee-Wright aluden a la economía de modo muy distinto al habitual, obra titulada Culture and Enterprise (Londres, Routledge) donde muestran que lo decisivo de este campo de conocimiento es la cultura, es la ética que determina los marcos institucionales y los procesos de mercado que estrechan relaciones interpersonales y que la apreciación valorativa establece muy diferentes parámetros para el progreso en el que, por ejemplo, unos valoran una puesta de sol y otros el poseer un automóvil. Más aun, toda transacción libre y voluntaria está basada a su vez en estructuras jurídicas que aseguran el derecho de propiedad, comenzando por el cuerpo de cada uno y por el consiguiente fruto de su trabajo. Este enfoque retoma, por una parte, la tradición de Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales de 1759 y, por otra, La acción humana. Tratado de economía de Ludwig von Mises que en 1949 sentó las bases de la economía moderna al apartarse por completo de la visión marxista que circunscribía esa disciplina a lo material, lo cual, también tiñó a la economía neoclásica de encerrar los postulados económicos en lo crematístico. A partir de von Mises las aplicaciones de la economía a terrenos que le eran habitualmente extraños se fue extendiendo, primero con el análisis económico del derecho, luego con Law & Economics propiamente dicho y también estudios como los de Gary Becker sobre la familia y tantas otras aplicaciones de la ciencia económica en provechosos andariveles. Mises mostró que el economizar implica elegir, preferir, optar por determinados medios para el logro de específicos fines en los que está presente la idea de costo como la inexorable renuncia a ciertos valores conjeturando que se lograrán otros de mayor valía a criterio del sujeto actuante y así con el resto de los ingredientes que tradicionalmente se circunscribían a lo material para expandirlos a toda acción humana donde en el mercado los precios se expresan en términos monetarios y en el resto los precios aluden a ratios entre el valor que se abandona y el que se incorpora. Como queda dicho, esto va para toda acción sea el amor, la lectura, el pensamiento o la adquisición de una computadora. Y si lo dicho suena mal es porque todavía se arrastra la concepción marxista de la economía. Toda acción apunta a una ganancia que puede ser psíquica o monetaria y se dirige a eliminar pérdidas desde muy diversas perspectivas, por ejemplo, el que entrega su fortuna a un necesitado es porque para él el acto significa una ganancia psíquica ya que todo acto libre y voluntario se realiza en interés de quien lo lleva a cabo, ya sea una acción sublime o ruin. Lavoie y Chamlee-Wright incluso objetan las mediciones del producto bruto que ejemplifican con el incremento en la colocación de alarmas y cerraduras que se computan en ese guarismo como si fueran una mejora pero significan una decadencia en la cultura y en la calidad de vida por los mayores riesgos de asaltos. Todavía más, el aumento en el producto bruto se suele asimilar a la mejora en el bienestar pero generalmente las mejores cosas de la vida no son susceptibles de referirse en términos monetarios. Entonces se dice que alude a mejoras materiales a lo cual debe deducirse la intervención gubernamental en la economía que siempre se traduce en reducciones en el nivel de vida debido a la inexorable alteración en las prioridades de la gente. Y finalmente no se comprende el sentido de compilar esas estadísticas ya que de ese modo se extrapola la actividad empresaria a la de un país como si los gobernantes fueran su gerente sin comprender que una vez garantizados los derechos de los gobernados, cualquier resultado en libertad será óptimo. Si la gente prefiere tocar el arpa antes que producir televisores, eso será lo mejor y así sucesivamente. En este sentido es que James M. Buchanan ha escrito que “como un medio de establecer indirectamente la eficiencia en el proceso de intercambio, mientras se mantenga abierto y mientras el fraude y la fuerza estén excluidos, todo lo que se acuerde es, por definición, aquello que puede clasificarse como eficiente”. Por otra parte ¿para que presupuestar tasas de crecimiento del producto? ¿se opondrá el gobierno si el crecimiento fuera mayor? ¿y si es menor habrá recriminaciones? ¿en base a que parámetro puede el aparato de la fuerza proyectar una tasa? ¿es acaso que el gobierno interviene para lograr la meta? si así fuera habría que objetar la intervención que, fuera de su misión específica de proteger derechos, siempre es en una dirección distinta de lo que hubiera decidido la gente en libertad. En esta misma línea argumental es que Wilhelm Röpke ha consignado (en Más allá de la oferta y la demanda) que “Cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si no ha tomado inadvertidamente un journal de química o de hidráulica […]. Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad”. Lavoie y Chamlee-Wright señalan que el economista tradicionalmente ha considerado la cultura, es decir, los valores imperantes, como algo externo a su disciplina en lugar de verlo como algo interno que parte de la estructura axiológica de cada sujeto y que constituye un ingrediente principalísimo de la economía. Además, claro está, que la cultura no es algo estático sino cambiante y en planos multidimencionales en cada persona. Dicen estos autores que nada se gana con el establecimiento de normas que protejan derechos si previamente no existe una cultura liberal suficientemente arraigada, de allí la importancia de la educación. Sin duda que las normas civilizadas ayudan a encauzar conductas consistentes con una sociedad abierta, pero el trabajo en la comprensión de valores básicos es condición necesaria para el respeto recíproco. El segundo libro a que nos referimos que también va a contracorriente de lo habitualmente establecido es el de Tyler Cowen titulado In Praise of Commencial Culture (Cambridge, Mass., Harvard University Press) en el que el autor muestra la conexión estrecha entre la economía y la cultura, en este caso específicamente con el arte, esto es, la pintura, la música y la literatura. En primer lugar Cowen subraya la importancia de los procesos de mercado abiertos para mejorar el nivel de vida de la población y de este modo abrir las posibilidades de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, la gente pueda atender requerimientos artísticos. En segundo término, explica como el mercado abre caminos fértiles para las transacciones de obras de arte. Antaño los mecenas eran gobernantes que promovían el arte compulsivamente con el fruto del trabajo ajeno beneficiando a los de mayores recursos en detrimento de quienes se veían obligados a renunciar al pan para satisfacer los deseos de los poderosos, hasta que el arte se volcó al mercado libre con lo que las respectivas cotizaciones permitieron incentivar las preferencias del público. Incluso en los muebles fabricados por ebanistas, el estilo se bautizaba con el nombre del rey o la dinastía. Debe hacerse hincapié en el despropósito descomunal de las trabas aduaneras para importar o exportar obras de arte, con lo cual, de cumplirse el bloqueo, no existirían los museos con lo que las personas de menores recursos que no pueden viajar se les estaría vedado disfrutar de obras de arte. Sin perjuicio de las notables y generosas donaciones para el enriquecimiento del arte en muy diversos planos, como bien ha dicho Milton Friedman en su célebre ensayo titulado “The Social Responsability of Business is to Inrease its Profits” (The New York Times Magazine) donde expone los beneficios sociales de las ganancias, lo cual significa que los siempre escasos recursos están bien administrados con lo que las tasas de capitalización se elevan y, por tanto, lo hacen los salarios e ingresos en términos reales. Esto va para los acomplejados e ignorantes que estiman que “deben devolver algo a la comunidad” con entregas gratuitas sin percatarse del rol social de las ganancias. De más está decir que lo dicho no va para los prebendarios que la juegan de empresarios pero obtienen del poder mercados cautivos para explotar a la gente. Ernst H. Gombrich en su Historia del arte describe en detalle el progreso en las artes cuando se colocaron en los mercados con lo que las obras pasaron a un público más amplio y no destinado solo para unos pocos y de este modo se abrieron infinitos caminos para nuevas realizaciones una vez que los aparatos de la fuerza fueron dejados de lado en este rubro tan delicado para la evolución cultural. En otras palabras, tanto Lavoie y Chamlee-Wright como Cowen puntualizan el aspecto espiritual del proceso económico y enfatizan la creatividad inherente al mismo y ponen en un segundo plano las consecuencias materiales. Seguramente con este enfoque dejará de establecerse un dique entre los estudiosos de la economía y los artistas y éstos últimos dejarán de ver esa disciplina como algo ajeno a sus aspiraciones culturales para integrarla a sus visiones estéticas. De allí es que Michael Novak (en El espíritu del capitalismo democrático) deriva la palabra capitalismo de caput, de mente, de creatividad, del espíritu emprendedor que posibilita el progreso en las ciencias, la empresa comercial y las artes. Frank H Knight se refiere a lo que venimos sosteniendo en su obra La ética de la sociedad competitiva, una colección que abre con un primer trabajo titulado “Ética e interpretación económica” (tomado del Quarterly Journal of Economics) donde, entre otras cosas, anota que “economía y ética mantienen de modo natural relaciones bastante íntimas, dado que ambas tratan del problema del valor”. Como resume Fred Kofman en el tercer tomo de su Metamanagement “Todo acto de comercio es un acto de servicio mutuo”. Además de todo lo dicho, recordemos para finalizar esta nota periodística que Friedrich A. Hayek ha estampado en su conferencia en el Social Science Research Building de la Universidad de Chicago -“The Dilemma of Specialization”- respecto a la profesión de economista en un sentido restringido que “nadie puede ser un buen economista si es solo un economista, y estoy tentado a decir que el economista que solo es economista será probablemente una molestia cuando no un peligro manifiesto”.
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Las ideas de LyP para potenciar las reformas que se vienen

A partir del anuncio del Presidente Macri de un variado programa de reformas a futuro, los economistas de Libertad y Progreso se convirtieron en referentes de consulta permanentes por parte de los medios de comunicación en cuanto a los alcances de las reformas señaladas. En este contexto, los economistas siguieron destacando lo positivo de las reformas, marcaron los aspectos a mejorar y explicaron las propuestas de la Fundación para profundizar un cambio en positivo.Propuestas para las reformas A continuación algunas de las opiniones de nuestros directores publicadas en medios en los últimos días   Entrevista Maxi Montenegro con Aldo Abram, "Maldita Economía", La Nación Más, 16/11/2017 "La reforma tributaria va en el rumbo correcto pero es amarreta en cuanto a bajar impuestos"   Entrevista Agustín Etchebarne, AM1300, "El plan actual quizás no este en condiciones de soportar una crisis internacional" 16/11/2017   "El gasto público por habitante engordó 19 veces desde 1925", Manuel Solanet, citado por El Liberal de Santiago del Estero, 17/11/2017   "Competitividad de entrecasa", por Aldo Abram, para suplemento Economía La Nacion, 19/11/2017   "Para los economistas la clave es bajar el gasto", Manuel Solanet, Diario Río Negro, 19/11/2017   "Para Aldo Abram, la reforma laboral debería profundizarse", nota a Aldo Abram, El Cronista y Ambito Financiero, 20/11/2017 http://www.ambito.com/903965-abram-advirtio-que-deberia-profundizarse-la-reforma-laboral https://www.cronista.com/finanzasmercados/Aldo-Abram-advirtio-que-reforma-laboral-deberia-profundizarse-20171120-0069.html
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ASEGURAN QUE EL GASTO PÚBLICO POR HABITANTE SE MULTIPLICÓ POR 19 DESDE 1925 EN LA ARGENTINA

AGENCIA NA - Buenos Aires, 18 noviembre (NA) -- Manuel Solanet, director de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso, estimó que desde 1925 el gasto público por habitante en moneda de valor constante se multiplicó por 19 veces en el país. Así, mientras el gasto público total en 1925 era de 915,5 millones de pesos moneda nacional (un equivalente a 34.773,8 millones de pesos actuales), en 2016 trepó a $2.865.261 millones. "En 1925 la población de la Argentina era de 10.079.876 habitantes. El gasto público anual por habitante resultaba de $3.450 a moneda de hoy", indicó su informe. Mientras que afirmó que "en 2016 el gasto público total fue de $2.865.261 millones para una población de 43.847.430 habitantes. El gasto por habitante fue de $65.346. De esto resulta que el gasto público por habitante, en moneda de valor constante se multiplicó por 19 veces". "Es un resultado tan insólito como grave", explicó Solanet ya que acuerdo con el economista, un peso moneda nacional del año 1925 tenía un poder adquisitivo equivalente a 38 pesos de 2017. Esta cifra surge del promedio de las relaciones de cotizaciones de tres productos en 2017 y 1925 (una tonelada de maíz, una tonelada de trigo y un kilo vivo de novillo): multiplicando por 38, el gasto de 1925 convertido a moneda de hoy fue de 34.773,8 millones. "En 1925 la Argentina transitaba por una etapa auspiciosa. Gobernaba Marcelo T. de Alvear no había crisis internacional ni tampoco alguna burbuja incubándose. Las prácticas presupuestarias seguían siendo austeras, pero había un buen desarrollo de infraestructura, educación, justicia y seguridad. Es un año apropiado para tomarlo como base de comparación con el presente en cuanto al rol y el costo del estado", explicó Solanet. Según el directivo de Libertad y Progreso, la carrera del aumento del gasto comenzó en realidad en 1944-1945, hasta entonces había crecido al mismo ritmo que la población; el incremento del gasto estatal por habitante fue luego gradual, con pocos altibajos, hasta el año 2003 cuando ya se había multiplicado por 9 veces respecto de 1925. "A partir de 2004 se aceleró notablemente con el resultado que ahora vemos. Además del notable aumento del empleo público, este desmadre debe reconocer el crecimiento del número de jubilados y pensionados, y la extensión de subsidios a más de 7 millones de personas", manifestó. El especialista expresó que "así se ha llegado hoy a la insostenible relación de 20 a 8 entre los que reciben todos los meses un pago de Estado y los que trabajan en el sector privado y pagan impuestos". "Yo diría, presidente (Mauricio) Macri, que tiene un problema que corregir", recomendó el experto en un comunicado.
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Una oportunidad de exigir un país normal

NUESTRO AGRO - El resultado electoral de octubre no solamente fue un espaldarazo para el Presidente Macri, también fue un mensaje para los hombres de negocios. Había dudas al respecto de si los argentinos estábamos dispuestos a hacer el esfuerzo que significa torcer este rumbo de decadencia de tantas décadas y buscar ser un país normal. En qué medida nuestro voto en las legislativas no implicaría volver al Titánic del que nos habíamos bajado en 2015 con ese mismo voto. Por ello, no es raro que no hayamos tenido más que un crecimiento moderado de la inversión o que los empresarios optaran atender los aumentos de demanda por la reactivación con horas extras caras, evitando tomar nuevos trabajadores. Todos sabemos que con la actual legislación, un error de cálculo respecto a si la demanda se mantendrá sostenida tiene un alto costo en términos de despedir a alguien. Por lo tanto, la primera consecuencia de los comicios es brindar más certidumbre y aumentar la predisposición a invertir y tomar empleados; lo cual es muy buena noticia.Economía argentina - Macri Sin embargo, con esto solamente garantizamos un proceso de reactivación que continúe y uno posterior de crecimiento moderado, con alta debilidad para enfrentar crisis externas. Hay que hacer otras reformas para garantizarle a todos los argentinos mayores oportunidades de progreso y al país un desarrollo sustentable. La actual legislación laboral es arcaica y sólo pretende favorecer y proteger a los que tienen empleos a costa de generar altos índices de informalidad y desempleo. Lo peor es que, de la misma forma que en la vida de una persona, proteger no es lo mismo que sobreproteger, que es lo que dice hacer nuestra normativa. En definitiva, se establecen condiciones que promueven la irresponsabilidad; por lo que aquellos buenos trabajadores terminan cobrando menos porque hay que pagarle al que no lo es. Por ejemplo, el ausentismo en la industria local es entre 2 y cuatro veces más alto que en otros países de la región Además, en esa misma comparación, el costo extrasalarial industrial en la Argentina (67%) es  más del doble, excepto comparado con el de Brasil al que supera en 50%. A eso hay que sumarle la enorme litigiosidad que termina beneficiando a la industria del juicio; pero que implica que el empresario deberá prever esa posibilidad. Lo peor es que la gente piensa que esos costos los paga el empresario y, en el tiempo, no es así. Si Ud tuviera que tomar un empleado, primero vería cuanto va a producir. A esa suma, le quitará los impuestos, aportes previsionales y sindicales,  ART y obras sociales. También, les restará un porcentaje por lo que tiene que prever ante la posibilidad de tener que despedirlo (indemnizaciones) y potenciales juicios. Al final, en Argentina, es probable que ese número se aproxime a la mitad del valor que producirá ese puesto de trabajo, lo que resta es lo que podrá abonarle el empresario. Si no consigue alguien por ese monto, no contratará a nadie y habrá más desempleo o tomará una persona en negro; por ello la alta informalidad. Encima, la legislación laboral es arcaica y no prevé las modalidades de empleo que son necesarias para el siglo XXI; por lo que desincentiva su creación. Conclusión, esta normativa y la gremial feudal solamente brindan privilegios y cajas a los gremialistas y jugosos beneficios a la industria del juicio, a costa de los sueldos de los trabajadores, mayor informalidad y más desocupación. (Mirá https://goo.gl/nZCGb5) En el mundo, los grandes generadores de empleo son las PyMes, porque para ellas el capital es relativamente más caro que el trabajo en relación a lo que le cuesta a una empresa grande. En Argentina, se da el absurdo que la tendencia es que hasta las PyMes tratan de sustituir a sus empleados con más capital, cuando este último es aún mucho más caro acá. De hecho, gran parte de los créditos subsidiados que reciben se destinan a bajar la demanda de trabajo. Por último, nuestro país está entre los 12 que más exprimen con impuestos a las empresas; ¿por qué un argentino o extranjero invertiría acá si hay 177 otras naciones que les proponen exprimirlos menos? Es muy interesante escuchar las propuestas de algunos funcionarios y políticos de ir reduciendo la presión impositiva en la medida que el país crezca, cuando es uno de los mayores desalientos a producir en Argentina o sea para el desarrollo. Obviamente, de lo que se trata es de evitar hacer la reforma del Estado necesaria para poder disminuir la enorme carga fiscal que arrastra nuestros empresarios y trabajadores. Hemos dejado por décadas que los políticos construyan un Estado a su servicio y que se sirve de los argentinos; para lo cual nos exprimen. De cualquier bien o servicio que compramos, 40-60% de lo que pagamos son impuestos y tasas municipales. Un trabajador formal alcanzado por ganancias trabaja alrededor de la mita del mes para el Estado y, el resto, para su familia. Aun así, el despilfarro fue tan grande que no les alcanza para pagar semejante gasto público y la Nación, provincias y municipios se endeudan, absorbiendo gran parte del crédito, que entonces deja de estar disponible para que podamos invertir y consumir. Te dicen que no es posible, pero “Bajar impuestos, sí se puede” (Si te interesa cómo, ve este entretenido video https://goo.gl/QfPHCw) Si queremos tener un país que prospere y nos dé el máximo de oportunidades de progreso, deberíamos exigir a nuestros políticos que se reforme la legislación laboral y gremial, para terminar con las mafias sindicales y de la industria del juicio, y se reforme el Estado (municipal, provincial y Nacional) para que sirva a los argentinos y lo podamos pagar. Está en nosotros asumirnos ciudadanos o resignarnos a que nos sigan exprimiendo como naranjas y a vivir en un país que va de crisis en crisis. Conozca nuestras propuestas de reforma impositiva, laboral y del Estado
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