Skip to main content

La pantalla del gradualismo para cuidar el negocio de la política

INFOBAE - Desde el inicio de la gestión Cambiemos que viene desarrollándose el debate gradualismo versus shock Desde el inicio de la gestión Cambiemos que viene desarrollándose el debate gradualismo versus shock y cada vez que alguno de los economistas que estamos preocupados por el aumento del déficit fiscal planteamos el tema, se nos acusa de liberales insensibles que solo miramos una planilla de Excel sin tener en cuenta que detrás de los números hay gente. Se argumenta que si se bajara el gasto público muy rápido habría un estallido social y ponen como ejemplo el caso de Ricardo López Murphy cuando en 2001 quiso bajar el gasto público y duró solo 2 semanas en el cargo. Tal vez ese sea el peor ejemplo que puedan dar quienes defienden el gradualismo, porque justamente el gradualismo que luego se aplicó terminó en el corralito, el corralón, una crisis institucional con 5 presidentes en una semana, la devaluación, la pesificación de los depósitos, el estallido de la pobreza, la caída del 15% del PBI y el aumento de la desocupación. No haberle dado apoyo político a Ricardo López Murphy tuvo un costo económico e institucional mucho peor. Es más, esa crisis institucional derivó en el kircherismo que intentó un camino hacia la tiranía en el famoso vamos por todo.Carga impositiva gasto público Hoy estamos con el mismo debate. Ahora bien, bastante ridículas son las acusaciones de que los economistas que pedimos bajar el gasto público pretendemos despedir, de un día para otro, a un millón de empleados públicos. Y la acusación es ridícula porque el estado nacional tiene 780.000 empleados estatales, de manera que no puede despedirse a una cantidad de empleados mayores a la que hay. Semejante burda acusación parece estar reflejando que en realidad la corporación política pretende esconder detrás del supuesto gradualismo su negocio de vivir de la política. Puesto de otra manera, los políticos le piden al sector privado paciencia hasta tanto se pueda ajustar el gasto para evitar una crisis social, sin embargo, lo que se observa es que el gasto no baja y el costo del ajuste recae por completo sobre el sector privado. Gráfico 1 El gráfico 1 muestra la evolución del empleo entre noviembre de 2015 (último mes completo del kirchnerismo) y septiembre de este año, en base a datos del Ministerio de Trabajo. Cómo puede verse, el empleo creció en 207.000 puestos de trabajo, sin embargo el empleo en el sector privado disminuyó en 46.000 puestos de trabajo en tanto que en el sector público aumentó en 51.000 puestos. El estado no tuvo ningún ajuste de reducción de personal (estoy hablando de nación, provincias y municipios). También crece el monotributo social en 77.000 puestos. Esto se explica básicamente por los planes sociales Argentina Trabaja que exige que los beneficiarios se anoten en el monotributo social, el cual lo paga el contribuyente al igual que el subsidio. Es decir, el beneficiario del plan Argentina Trabaja, no solo es mantenido por el contribuyente sino que éste, además, tiene que pagarle el monotributo social. Hay que hacer un esfuerzo de imaginación muy grande para decir que esos 77.000 puestos son de trabajo. Obviamente, los autónomos somos los más castigados y al final de nuestros días de trabajo nos espera una jubilación de $ 7.500 luego de 40 años de actividad profesional. En síntesis, el peso del ajuste, a casi 2 años de gobierno de Cambiemos, sigue recayendo sobre el sector privado y el estado sigue siendo la vaca sagrada que nadie puede tocar. Otro ejemplo, siempre he insistido con que había que terminar con los subsidios económicos (luz, gas, transporte, etc.), y sigo insistiendo con el mismo punto. Por eso no me quejo que tenga que pagar un aumento del 116% el m3 de gas consumido respecto al último bimestre de 2016 ni que el cargo fijo haya aumentado el 596% ya que pasó de $ 43,51 en el último bimestre de 2016 a $ 302,71 en el último bimestre de 2017. Pero ojo que dentro de esos aumentos hay un impuestazo encubierto. Los impuestos y tasas municipales que se incluyen en la factura de gas representan el 38,6% del cargo fijo y el consumo de gas. Esto significa pagar un 155% más de impuesto sobre el consumo de gas. Con una inflación del 25% es claro que hay un fenomenal impuestazo y tasas municipales escondidas. Lo lógico sería subir el costo del m3 y el cargo fijo pero eliminando, o al menos reduciendo, sustancialmente los impuestos que se incluyen en la factura. Una vez más, todo parece indicar que ante lo preocupante de la situación fiscal la dirigencia política se resiste a dar una mínima señal de estar dispuesta a asumir parte del costo del ajuste. Prefiere trasladarle todo el ajuste al sector privado invocando la cantinela del costo social. Veamos algunos datos. Si uno compara el presupuesto 2018 versus el 2017 se va a encontrar que los recursos destinados solo al Senado de la Nación aumentan un 37% contra una inflación del 15,7% que figura en el presupuesto para 2018. Es decir, el presupuesto del Senado aumenta más de 20 puntos porcentuales por sobre la tasa de inflación. Diputados incrementa sus recursos en un 18,7%, la Biblioteca del Congreso con sus 1726 empleados un 42% y la imprenta, con 679 empleados, tendrá un presupuesto asignado un 31% más alto que en 2017. Insisto, con una inflación presupuestada del 15,7%. Los empleados destinados específicamente al senado (sin incluir los que están en la biblioteca, la imprenta, la obra social, etc.) son 5.779 para abastecer a 72 senadores, es decir, el promedio es que hay 80 empleados por cada senador. En el caso de diputados hay 6220 empleados para 257 diputados, con un promedio por diputado de 24 empleados. Cada legislador es una PYME. Aquí el gradualismo se impone en nombre de la solidaridad social y como contrapartida tenemos gradualismo en la baja de la carga impositiva a medio punto por año, con lo cual vamos a tardar 32 años en volver a la carga impositiva que regía en los 90. Pero hay un dato más que muestra que la dirigencia política no tiene ningún interés en mostrar un mínimo esfuerzo de poner el hombro para reducir el déficit fiscal y espera que todo el peso caiga sobre el sector privado. En efecto, en el presupuesto del Congreso para 2018 aparece el programa que es Comisión Bilateral para la Reforma Tributaria con un presupuesto de $ 23,6 millones. Es cierto que no va a mover el amperímetro quitar este gasto, pero la realidad es que el costo de analizar la reforma tributaria debería salir de los inmensos recursos que absorben ambas cámaras. Es solo una muestra de la falta de consideración de la dirigencia política hacia el contribuyente, que está padeciendo una asfixiante presión impositiva en nombre del gradualismo y la sensibilidad social hacia los ñoquis y planeros. Por supuesto que el negocio de la política no se limita solo a la nación. El presupuesto del Congreso de la provincia de Buenos Aires es casi un secreto de estado y en Vicente López, donde vivo, el presupuesto del Concejo Deliberante es de $ 92,6 millones para 24 concejales. Cada concejal tiene un costo para los vecinos de $ 297.000 mensuales entre su sueldo y gastos indirectos. Acá lo que está en debate es el negocio de la corporación política (nación, provincia y municipios) versus el contribuyente que tiene que mantener los tres niveles de gobierno. Y ojo que estoy tomando solo las ramas legislativas de los tres niveles. Considero que el presidente Macri está en el camino correcto cuando da sus discursos y señala que hay que bajar el gasto público porque la gente no puede pagar más impuestos y no podemos seguir endeudándonos eternamente. Sin embargo, hay toda una dirigencia política que se resiste, al igual que los sindicatos y los empresarios prebendarios, a no sacrificar su nivel de vida y por eso, a los economistas que señalamos que hay que bajar el gasto público nos señalan como liberales salvajes que no consideramos la situación social y los problemas humanos. Es un buen discurso pantalla para defender el fenomenal negocio en que se ha transformado la política, no muy diferente al de los dirigentes sindicales y empresarios proteccionistas. Todos quieren vivir a costa del consumidor y del contribuyente y mientras tanto sacan a relucir la bandera del gradualismo en nombre de la solidaridad social. Esperemos que el presidente abra los ojos y no se dejen engañar por los vendedores de humo que lo único que buscan es mantener su negocio de la política sin importarle nada más. ESTA NOTA FUE PUBLICADA ORIGINALMENTE EN www.infobae.com
  • Hits: 7

Tarifazos, monetarismo y las metas del BCRA

En un marco de necesaria desregulación de precios, se pone en duda el cumplimiento de las metas e incluso la naturaleza monetaria de la inflación.

Cuando el árbol se cae, es fácil hacer leña. Y cuando el Banco Central no cumple con las metas de inflación, es fácil sugerir que nunca lo hará. Habiendo incumplido su meta para 2017, y mirando lo que está por venir, parecería haber motivos para pensar que en 2018 el BCRA estará en falta nuevamente con sus propios objetivos. Uno de esos motivos es el futuro ajuste de precios controlados. Recientemente, un analista en Twitter sostenía irónicamente:

Meta de inflación 12% -Electricidad +70% -Rentas +75% -Transporte aumentos todos los meses -Gas 45% -Aguas 40% Todavía no sabemos, paritarias, prepagas, colegios, combustibles, etc No me estaría cerrando el excel con el 12% ???

Esto puede sonar bien, pero si de 5 o 10 precios regulados dependiera la inflación, habría que explicar por qué durante el gobierno anterior los precios congelados no hicieron nada por detenerla. O, más aún, por qué en Venezuela, con “Ley de Precios y Costos Justos”, la inflación es la más alta del mundo. Algunos datos: a) Entre diciembre del año 2000 y noviembre del 2007 el boleto mínimo de colectivo se mantuvo fijo en $ 0,75. b) Entre diciembre de 2003 y agosto de 2007, el litro de nafta súper trepó solo 4,8%. Ahora bien,  la inflación acumulada en el primer período mencionado fue de 136,5% y en el segundo, de 55,3%. ¿Le habrá “cerrado el Excel” a Buteler en dicha ocasión? Es evidente que los precios controlados no combaten la inflación. A la inversa, debería ser evidente también que liberar precios no la genera. Curiosamente, el economista Martín Tetaz sostiene lo contrario. De hecho, producto de los tarifazos pone en cuestionamiento que la inflación sea un fenómeno monetario:
Es evidente que los tarifazos generan inflación por sí mismos, pero también porque al subir costos de producción y comercialización, empujan en su tránsito a la góndola los precios de los bienes y servicios.
La cuestión está planteada. Para muchos, la liberación de precios regulados aumenta la inflación y refleja su naturaleza no monetaria. Por lo tanto, no solo hacen imposible cumplir las metas, sino que exigen utilizar más herramientas (¿volver a los controles?) además de la política monetaria. A continuación, indagamos un poco en estas cuestiones.

La inflación, sí, es siempre un fenómeno monetario

Correctamente definida, la inflación es el aumento de la oferta monetaria en exceso de su demanda. Cuando esto sucede, y como el dinero es un bien más de la economía, la utilidad marginal del dinero cae. Por lo tanto, su poder adquisitivo desciende de manera sistemática y la consecuencia suele ser “el aumento generalizado y sostenido de los precios”, la definición más ampliamente difundida de qué es la inflación. Dada esta definición, ¿cómo es posible que –por ejemplo- el aumento de la tarifa de luz “genere” inflación? ¿El aumento de la tarifa incrementó la oferta de pesos? ¿Redujo la demanda de los mismos? ¿Subió todos los precios de la economía? La respuesta es negativa en todos los casos. Los aumentos de precios regulados que estamos observando en estos últimos años son la consecuencia inevitable de haber controlado precios en el pasado. Imagen 1. Control de precios, inflación y escasez.
control precios

A la izquierda, el mercado en equilibrio. A la derecha, la curva de demanda se desplaza a la derecha, pero al precio controlado hay escasez. 

Veamos, los precios de mercado se establecen por la interacción de la oferta y la demanda. En el precio de equilibrio, las cantidades ofrecidas son iguales a las demandadas y no “sobra” ni “falta” nada de producto. Esa es  la situación del gráfico de la izquierda. Ahora suponemos que en dicho “precio de equilibrio” el gobierno establece un precio máximo para que, en el futuro, éste se mantenga sin cambios (línea roja). Si en un momento posterior, el gobierno generó inflación, entonces lo que vamos a ver es un desplazamiento de la curva de demanda a la derecha. La utilidad marginal del dinero es decreciente, así que si tengo más pesos en el bolsillo, “me los saco de encima” demandando más bienes. Finalmente, con una curva de oferta que no se mueve, el precio debería subir, pero el control de precios lo mantiene sin cambios. En el gráfico de la derecha se ve que la consecuencia inevitable de esta práctica es la escasez, dada porque las cantidades demandadas son mayores a las ofrecidas. El mercado está en desequilibrio. ¿Qué pasa entonces cuando se elimina el Precio Máximo? El mercado va a buscar su nuevo equilibrio a un precio mayor. Esto, no obstante, de ninguna manera puede decirse que genere inflación. Los motivos son dos. Por un lado, porque se trata de *un* aumento, de *un* precio, de *una* sola vez. Es decir, si usamos la definición más común de inflación (aumento generalizado y sostenido de los precios), el aumento del pan de una vez y para siempre claramente no es inflación. Si luego del aumento tenemos un mercado monetario en equilibrio (no sobra ni falta dinero), entonces lo que hubo fue un salto discreto en el precio del pan. No hubo “inflación”. En segundo lugar, y yendo más fundamentalmente al punto de si la inflación es –o no- un fenómeno monetario, la liberación del precio no generó inflación, sino que simplemente la reconoció. De no haber habido un aumento excesivo de la cantidad de dinero, la curva de demanda de pan no se hubiera movido hacia la derecha. De no haberse movido la curva hacia la derecha, no habría habido necesidad 1) de controlar el precio; 2) liberarlo después. Es decir, al eliminar el control lo único que se hace es permitir que la caída del poder de compra de la moneda (hecho previo) se refleje en el precio del kilo de pan o el bien controlado bajo análisis.

Tarifazos, IPC y la meta del 12%

Dicho todo lo anterior, tenemos que bajar a la realidad actual. Es que si bien técnicamente no es correcto afirmar que el aumento de una tarifa (de gas, por ejemplo) genera inflación, tal vez el debate más relevante para la coyuntura es si genera un aumento del Índice de Precios al Consumidor Este índice es: a)      El indicador con que se mide la inflación (no la inflación misma). b)      El indicador que el Banco Central tiene como objetivo de su política monetaria. En este sentido: ¿si aumentan las tarifas, aumenta el IPC , dando lugar a un mayor registro de inflación y a un menor cumplimiento de las metas? A priori uno podría argumentar que no. El aumento de la tarifa hace que suba el gas, pero si no hay más dinero dando vueltas, el consumidor deberá restringir las compras de otros bienes y servicios. En dicha situación, el aumento del precio del gas se ve compensada por la baja de precio de otros bienes y servicios y el IPC no sube. A corto plazo, igualmente, esto no es lo que sucede. En economía los ajustes de precios llevan tiempo (salvo los que decreta el gobierno, claro), por lo que es probable que el aumento de un precio no se vea compensado por la baja de otro. Es así que los aumentos de precios regulados sí tendrán algún impacto en los indicadores que miden la inflación y sí afectarán la política monetaria. Sin ir más lejos, en su comunicado del 24 de octubre,  el BCRA sostuvo:
“…se conoció ayer un aumento en el precio de los combustibles superior al esperado, lo cual requiere que la autoridad monetaria induzca al resto de los precios a aumentar a un ritmo menor para compensar dicho efecto.”

El caso Checo y el IPC Núcleo

A  fines de la década del ’90 y principios de los 2000, República Checa introdujo un sistema de metas de inflación. De acuerdo con Šmídková (2008), el sistema fue exitoso, ya que antes de su introducción (1993-97), la inflación promedio había sido 11,5% anual, mientras que de 1998 a 2008 la misma se redujo a 2,9%. Sin embargo, en una primera instancia el país también tuvo que lidiar con la desregulación de los precios controlados. Enfrentado a dicha situación el Banco Central decidió ponerse como objetivo, al menos durante los primeros años, la inflación “neta”, en lugar de la inflación general:
El CNB introdujo las MI anunciando dos objetivos, ambos especificados en términos de la “inflación neta”. El objetivo a un año vista buscaba ayudar a anclar las expectativas en el corto plazo, mientras que el de tres años, más bajo  que el anterior, buscaba lanzar un período de desinflación. La inflación neta se eligió para evitar que la toma de decisiones de la política monetaria se viera influenciada por la desregulación y los cambios impositivos que fueron parte del proceso de transición.
La inflación neta en República Checa representa los movimientos de los precios no regulados, ajustados por el efecto de los impuestos indirectos y la eliminación de los subsidios (CNB, 1998). En Argentina tenemos algo similar, que es la inflación núcleo. De acuerdo con el INDEC, el IPC Núcleo representa el 69,9% de la canasta total, e incluye todos los bienes que no tienen comportamiento estacional (frutas, verduras, transporte por turismo, etc.),  y que no están sujetos a regulación ni tienen alto componente impositivo (combustibles para la vivienda, electricidad, agua y servicios sanitarios, sistemas de salud y servicios auxiliares, transporte público de pasajeros, etc.). ¿Qué pasaría si el  BCRA tomara el IPC Núcleo como referencia, como hizo República Checa en los primeros años  de su Inflation Targeting? Gráfico 1. IPC Núcleo e IPC General. (Variación mensual ene-oct 2017) ipc core Fuente: Iván Carrino en base a INDEC Lo que podemos ver en el gráfico es que no hay grandes diferencias entre la inflación Núcleo y la General. Si bien la primera es menos volátil, y en el acumulado del período está 1,7 puntos más abajo (19,35% vs. 17,62%), sigue estando fuera del rango objetivo del BCRA. Esto indica que la política monetaria no solo incumplió sus metas tal como las tiene establecidas. Sino que si –dado el escenario de necesaria desregulación de precios- se hubiese impuesto una meta en términos de IPC Núcleo, tampoco habría sido exitosa.

¿Qué hacemos ahora?

La inflación es un fenómeno monetario. Cuando sobre dinero, su poder de compra cae y los controles de precios no pueden evitar que esto suceda. Cuando se eliminan los controles, los precios saltan de una sola vez, lo que no genera inflación, pero sí tiene un efecto a corto plazo sobre los índices con los cuales la medimos. En su esquema de Metas de Inflación, el BCRA se fijó como objetivo el  IPC General de más amplia difusión nacional. En un contexto de necesaria desregulación de precios, eso implica un problema para el cumplimiento de las metas. Este escenario podría haberlo hecho elegir como objetivo la inflación Núcleo, que busca excluir el efecto de la regulación o desregulación de algunos precios de la canasta de consumo. Sin embargo, como vimos, no habría habido grandes diferencias. En adelante, entonces, el BCRA tendrá que mantener una política monetaria “dura”, que busque contrarrestar el fuerte aumento de los precios regulados, generando aumentos muy inferiores del resto de los precios de la canasta. Solo así podrá hacer que, a pesar de los tarifazos, el objetivo de inflación se cumpla en 2018. No será una tarea sencilla.
  • Hits: 7
SONY DSC

UN MILAGRO EN LA IGLESIA CATÓLICA

Tal vez esté de más subrayar que todo lo que consigno en esta nota periodística es de mi entera responsabilidad y, como en todos los casos en que escribo, no compromete la opinión de ninguna de las personas que menciono. Después de batallar durante décadas con las ideas atrabiliarias por parte de algunos representantes de la Iglesia sobre temas económico-sociales al efecto de refutar propuestas estatistas que hunden a la gente en la pobreza, ahora aparece un Papa que enfatiza aquellas ideas contraproducentes. Es cierto que no son pocos los preocupados con estas propuestas empobrecedoras, tanto sacerdotes como laicos, pero henos aquí que ahora se publica un libro del Padre Martín Rhonheimer -suizo que vive en Viena, pertenece al Opus Dei, de familia judía, doctor en filosofía, profesor en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma y presidente del Instituto Austríaco de Economía y Filosofía Social- titulado Libertad económica, capitalismo y ética cristiana. Ensayos sobre economía de mercado y pensamiento cristiano (Madrid, Unión Editorial, 2017, editado por Mario Silar). Resume la tesis de toda esta obra en el primer párrafo del primer capítulo donde se lee que “Es un hecho histórico que el sistema económico capitalista, tal y como se ha desarrollado en Europa desde la industrialización, ha significado para las masas –por primera vez en la historia de la humanidad– la liberación del hambre y de la miseria, es más, la ´democratización´ del bienestar”. El libro me lo adelantó mi distinguido ex alumno de una maestría en economía -Gustavo Hasperué- un filósofo de fuste quien  me dio una sorpresa sumamente agradable en vista de tantos sacerdotes que insisten en políticas desacertadas que naturalmente tienen connotaciones éticas de envergadura. Reitero parcialmente lo que he escrito antes  al efecto de aclarar lo dicho.  A raíz de la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, consigné que el Papa Francisco lamentablemente vuelve a insistir con sus ideas estatistas y contrarias a la sociedad abierta reflejada en los mercados libres. Sin duda esto tiene una clara dimensión moral puesto que la tradición del liberalismo clásico y sus continuadores modernos se basan en el respeto recíproco y la asignación de los derechos de propiedad como sustento moral de sus propuestas filosóficas, jurídicas y económicas. De allí es que el primer libro de Adam Smith, ya en 1759, se tituló The Theory of Moral Sentiments, preocupación mantenida por los más destacados exponentes de esa noble tradición. El aspecto medular del documento (que comentaremos brevemente puesto que el espacio no nos permite abarcar todos los aspectos) se encuentra en el segundo capitulo. No dudo de las mejores intenciones del Papa, pero lo relevante son los resultados de medidas aconsejadas. Para darnos una idea del espíritu que prima en la referida Exhortación, se hace necesario comenzar con una cita algo extensa para que el lector compruebe lo dicho en palabras del texto oficial. “Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata. […] Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera”. En verdad, las reflexiones del Papa resultan sorprendentes debido a las inexactitudes que contienen. En primer lugar y antes que nada, debe precisarse que el mundo está muy lejos de vivir sistemas de competencia y mercados abiertos sino que en menor o mayor medida ha adoptado las recetas del estatismo más extremo en cuyo contexto el Leviatán es cada vez más adiposo y cada vez atropella con mayor vehemencia los derechos de las personas a través de múltiples regulaciones absurdas, gastos y deudas públicas colosales, impuestos insoportables e interferencias gubernamentales cada vez más agresivas, todo lo cual no es siquiera mencionado por el Papa en su documento. Sin embargo, la emprende contra la competencia y los mercados libres que dice “matan” como consecuencia de la supervivencia de los más aptos, sin percatarse que no pocos de las que hoy acumulan las mayores riquezas, en gran medida no son los empresarios más eficientes para atender las demandas de su prójimo sino profesionales del lobby que, aliados al poder político, explotan miserablemente a los más necesitados. También omite decir que la desocupación es una consecuencia inevitable de legislaciones que demagógicamente pretenden salarios superiores a los que las tasas de capitalización permiten como si se pudiera hacer ricos por decreto. Tasas que desafortunadamente son combatidas por las políticas gubernamentales que prevalecen. Dichas tasas constituyen la única causa de la elevación en el nivel de vida de la gente, si no somos racistas y nos damos cuenta que las causas no residen en el clima imperante ni en los recursos naturales. El “derrame” es una mala caricatura del antedicho proceso. Llama la atención que el Papa se refiere a la compasión del modo en que lo hace, puesto que, precisamente, aquella contradicción en términos denominada “Estado Benefactor” es lo que no solo ha arruinado especialmente a los más necesitados y provocado la consecuente y creciente exclusión, sino que se ha degradado la noción de caridad que, como es sabido, remite a la entrega voluntaria de recursos propios y no el recurrir a la tercera persona del plural para echar mano compulsivamente al fruto del trabajo ajeno. Los valores y principios de una sociedad abierta no matan, lo que aniquila es el estatismo vigente desde hace ya mucho tiempo. Es importante citar el Mandamiento de “no matar”, pero debe también recordarse los que se refieren a “no robar” y “no codiciar los bienes ajenos”. En este sentido, estimo de una peligrosidad inusual el consejo papal basado en una cita de San Juan Crisóstomo cuando escribe el Papa: “animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: ‘No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos’ ” (tengamos presente las riquezas del Vaticano). Debe precisarse, por un lado, que en una sociedad libre la desigualdad de rentas y patrimonios es inexorable consecuencia de las compras y abstenciones de comprar que lleva a cabo la gente en los supermercados y equivalentes en la medida que considere la satisface el empresario en cuestión. El comerciante que acierta obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos. Por otra parte, las desigualdades fruto del privilegio significan un asalto al fruto del trabajo ajeno por parte de ladrones de guante blanco a través de bailouts y otros fraudes que destrozan las vidas de quienes no tienen poder de lobby. También es pertinente apuntar la importancia de la igualdad ante la ley anclada en la Justicia del “dar a cada uno lo suyo” y tener en cuenta que la igualdad es ante la ley, no mediante ella a través de la guillotina horizontal. En esta línea argumental, es de gran importancia tener presente consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con los dos Mandamientos antes mencionados que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta. Así, en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona):   “la clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24). En este cuadro de situación es de interés tener presente lo estipulado por la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”. En resumen, la obra del R.P. Dr. Rhonheimer -inherente a la filosofía moral cristiana de respeto recíproco- curiosamente hoy constituye una especie de milagro formidable en el seno de la Iglesia católica debido a lo que viene ocurriendo, es de esperar que su nuevo libro sea leído por un público numeroso y atento.    
  • Hits: 8

El Banco Central no puede imprimir felicidad

CONTRA ECONOMÍA - Algunos viven en un mundo paralelo donde empapelar todo con billetes resulta en crecimiento, salarios altos y caída de la pobreza. Es increíble lo que sucede en Argentina. Tras décadas de inflaciones crónicas, hiperinflaciones y megadevaluaciones, todavía creemos que la receta para crecer es que el Banco Central haga una política monetaria expansiva que estimule la inversión y el consumo. Si solo el Banco Central bajara “un poquito” la tasa de interés, habría más dinero para consumir y los empresarios de la sagrada industria nacional podrían acceder más fácilmente al crédito. Más producción nacional y, encima, más consumo. ¡Una maravilla! Más aún, si el Banco Central inflara “un poquito más” el dólar, ¡qué bien nos vendría! La industria tendría un tipo de cambio más alto. Menos importaciones, más exportaciones, y a crecer gracias al aumento de la demanda agregada. ¿Cómo se nos ocurrió antes?Tipo de cambio e inversiones La caricatura que muestro en los párrafos anteriores es solo eso, una caricatura. Pero la realidad no se le aleja demasiado. En la última reunión de la Unión Industrial Argentina, empresarios y analistas, coincidieron en criticar al Banco Central por su política de “tasas altas”. Además, afirmaron que el dólar está barato. Algunos, incluso, se animaron a ponerle número a su tipo de cambio ideal: entre $ 23 y $24. ¿A dónde nos lleva todo esto? ¿Es cierto que hay tasas altas que frenan la inversión? ¿Es cierto que el dólar barato impide crecer? ¿Qué debería hacer el Banco Central?

La tasa contra la actividad

El argumento en contra de las altas tasas de interés es el siguiente: dado que el consumo y la inversión dependen del costo de endeudarse, si ese costo es bajo, entonces hay más consumo y más inversión. Si el costo es alto, lo contrario. El razonamiento no está mal, pero adolece de dos problemas. El primero es que la tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice. Al 30 de octubre de este año, la Lebac a 35 días había rendido 22,7%, la de 65 días, 21,39% y la de 90 días, 20,2%. La inflación, por su parte, avanzó 19,4%. Es decir que, en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales. ¿Qué clase de competencia con la inversión en la economía real es un rendimiento de 3,2 puntos reales? Adivinaste, ninguna. De hecho, si efectivamente fuera competencia, eso indicaría que el negocio que se desea emprender no agrega suficiente valor a la sociedad y no debe llevarse a cabo. Pero es un tema puntual, no representa un riesgo para la economía en su conjunto. El segundo punto es que la tasa de política monetaria no es una buena referencia. Un mejor indicador para ver si es viable invertir, o no, es la tasa del Riesgo País, que ha bajado sustancialmente desde el fin del kirchnerismo. Esto podría estar explicando el aumento de la inversión. De acuerdo con los datos de Orlando Ferreres, la Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es el mejor registro de los últimos 4 años, ¡cuando la tasa era negativa en términos reales! Por último, si la tasa fuera tan “alta”, el crédito se resentiría. Pero no es lo que sucede hoy. De acuerdo con los datos compilados por Diego Giacomini:
“los créditos hipotecarios se expanden a un ritmo de +44% en términos reales, y los créditos prendarios aumentan +40% por arriba de la inflación”

Dólar barato

Las críticas contra el BCRA no son solo de los industriales, sino también de economistas de enorme prestigio dentro del país. En el mismo evento que comentamos, el Director de la Maestría en Economía de la UBA, Martín Rapetti, sostuvo que la “apreciación real del peso es preocupante” y que para contrarrestar esto el Banco Central debería ir más despacio con la baja de la inflación. Apreciación real del peso quiere decir que la inflación sube más de lo que sube el dólar y, por tanto, dicha moneda tiene menos poder de compra en Argentina. Eso nos hace ser un país “caro” y dificultaría la competitividad de la economía y el crecimiento. Si la tasa de interés fuera más baja de lo que es hoy, se argumenta, esto no sucedería. Los inversores elegirían el dólar en lugar de las Lebac y, por tanto, la divisa subiría. ¿Es esto realmente así? A priori, no parece. Si la tasa de interés baja de su nivel actual, tal vez el dólar subiría, pero igual subirían los precios, de manera que no podemos saber si se revertiría la apreciación real. Yendo a lo más fundamental, el concepto en sí mismo es desacertado. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento. Para sorpresa de algunos, en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real. ¿Por qué en Argentina debería ser diferente? Entiendo que haya preocupaciones con la competitividad y el déficit de cuenta corriente, que siempre se revirtió de manera violenta en el pasado. Pero las críticas en este sentido deberían dirigirse a la política fiscal. No a la institución pública cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable. El Banco Central no puede imprimir felicidad. A corto plazo, es posible que más laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae inflación, incertidumbre, crisis y pobreza. De hecho, la crisis que atravesamos en 2016 no fue más que el resultado de ese excesivo foco en el corto plazo, que pedía políticas expansivas para la felicidad del pueblo, hasta que chocó con la pared de la realidad. Por una vez Argentina debería mirar el largo plazo. Y ahí el camino del crecimiento es por vía de reformas estructurales. Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos. Intentémoslo una vez, en lugar de seguir empapelando el camino a la pobreza. Publicado originalmente en Contraeconomia.com
  • Hits: 7

Gabriel Zanotti: Carta abierta al Presidente Macri

De Gabriel J. Zanotti Al Sr. Presidente de la Nación, Ing. Mauricio Macri: Sé que en este momento tiene temas más urgentes que el que le voy a plantear. El submarino y el problema de los Mapuches son temas que demandan su atención ya, sin dilación, y no quisiera yo distraerlo de su concentración. Por eso, por suerte para usted, lo más probable es que esta carta, despachada a la nueva y aleatoria nube que nos rodea, nunca le llegue. Pero, si así sucediera, le aseguro que no es mi intención molestarlo. Yo voté por usted sin mayores expectativas, sabiendo que iba a seguir la Argentina de siempre, excepto por la salida de los psicópatas del poder más peligrosos con los que se enfrentó la Argentina en toda su historia. Lo único que yo esperaba, usted lo hizo: sacarnos del camino a Venezuela. Por ende, gracias. No espero nada más. Pero no esperar no es igual a no deber. Y debo decir ante usted y ante todos que, por favor, nos escuche. Los liberales hemos recibido todo tipo de epítetos a lo largo de la historia argentina. Bueno, en realidad habría que ver quiénes son los liberales. Al menos yo, un liberal clásico, partidario de la democracia constitucional anglosajona y la economía de mercado fundada en la Escuela Austríaca (y, para colmo, católico) he recibido todo tipo de elogios. Fascista, demente, utópico, esquizofrénico, neoliberal y, el último que se ha puesto de moda, también: liberalote. Usted, Señor Presidente, no confía en nosotros. Le asiste algo de razón: contrariamente a lo que piensan muchos, nunca hemos sido gobierno. La primera y última vez fue con la Constitución de 1853. Luego, hubo de todo, desde lo parecido hasta lo grotesco: conservadores, antiperonistas, autoritarios, menemistas, y se me acabaron los adjetivos. Así que tiene razón: ¿qué esperar de quienes nunca se embarraron las manos en la política concreta? La única respuesta a eso puede ser la esperanza de lo nuevo. Como dice un famoso título de un famoso autor: ¿por qué no probar la libertad? Señor presidente, escúchenos. Sé que sus asesores más cercanos le dirán que no lo haga, pero, finalmente, uno de los dramas del poder es que usted, finalmente, está solo. Solo con su conciencia. Finalmente, es esta última la que tiene que escuchar. Usted juega el papel, aunque no lo haya buscado, de ser una esperanza. Eso no es raro en una Argentina bipolar que siempre cae tan bajo. El autoritarismo de los conservadores. El golpe del 30, casi nazi. El ascenso del Mussolini argentino. El peronismo sin Perón del 56 en adelante. El golpe del 66, con toda su rudeza. Las guerrillas que ya se estaban preparando. La guerra de los 70, con la corrupción, bajeza y banalidad del gobierno de Isabelita. El golpe del 76. La guerra sucia. Su tristísimo final. Pero ahora, escuche más: el Alfonsín cuya economía no le deja terminar su mandato. El Menem que sigue con el gasto público, la deuda pública y la presión impositiva. Su enorme corrupción. Y de vuelta, la esperanza democrática. El gobierno de la Alianza. Que sigue, sin embargo, con lo mismo. La explosión de la deuda pública y la deuda externa. El default. Otra vez, el tristísimo final, y lo que sigue es tan sencillamente horroroso que no quiero, ni hace falta, que se lo recuerde. Usted tiene ahora dos alternativas. O dentro de algunos años es uno más en esta lista de fracasos, o pasa a la historia como el estadista que quiere ser. Yo, Señor Presidente, no soy nadie como para explicarle de política concreta. Yo jamás podría haber hecho lo que usted hizo: vencer al kirchnerismo en las elecciones. Jamás. Soy sólo un profesor de filosofía, pero me atrevo a seguir porque sé distinguir entre el corto y el largo plazo. A corto plazo está haciendo lo que puede y lo que pudo. Pero permítame hablarle del largo. Si, sé que es un largo camino, pero es usted el presidente. Usted sabe perfectamente que el gasto no puede seguir como está. Lo sabe en su conciencia, aunque mucho no lo pueda decir. Usted sabe que no puede emitir moneda para financiarlo. Usted sabe que no puede elevar más la presión impositiva. Y usted sabe que, según fuentes serias, la deuda pública llega en estos momentos a 293.789,3 (¿importa que sea 790) millones de dólares. Usted no confía en nosotros porque lo han convencido de que somos unos locos e insensibles que en lo único que pensamos es en echar a todo el mundo a la calle. No. No es verdad, aunque injusto es que los argentinos en general miren bien a los que engañan sumando al estado la desocupación real de la economía en subdesarrollo. Pero no se trata de echar gente y que luego le incendien la Casa Rosada. Aunque, recuerde, a De la Rúa se le incendió. Nunca lo olvide. Por favor le pido que piense en las funciones del estado. Usted tiene más o menos unos 35 organismos, entre ministerios y secretarías, sin contar las sub, sub y sub y etc. Tiene todo ello porque cree que todo ello es necesario. Ha sacado a los corruptos y ha puesto a gente honesta, pero cree que todo ello es necesario. No. Si usted sabe cómo funciona una economía de mercado y una sociedad libre, y creo que lo sabe, usted puede quedarse con una Secretaría de Hacienda y un Ministerio de Relaciones Exteriores. No mucho más. Todo lo demás, usted lo puede eliminar. Y al mismo tiempo, eliminar todas las legislaciones y reglamentaciones que esos organismos se encargan de controlar. Piense en todo el gasto que se reduciría ipso facto. Piense en todos los impuestos que podría bajar y eliminar, comenzando con el de la renta. ¿Y qué sucedería? Que todos los emprendedores de los que usted siempre habla, quedarían libres para emprender todas esas funciones, que burócratas detrás de sus escritorios creen que pueden ejercer cuando, claro, no tienen nada que perder. Al mismo tiempo, formalizaría ipso facto a todos esos sectores carenciados que no pueden pasar a la economía formal porque esas reglamentaciones y organismos se lo impiden. Así sí, a mediano plazo, las cuentas públicas podrían comenzar a reordenarse. ¿Y los empleados públicos? Mantenga a todos los de planta, aunque no vayan a ejercer funciones. Déjelos si es necesario tres años cobrando sus sueldos, mientras amortiza las cuentas públicas con el ahorro que implica todo el conjunto de medidas anteriores. Las cuentas dan. Reúnase con los directores de la Fundación Libertad y Progreso (Agustín Etchebarne, Aldo Abram, Manuel Solanet) y haga las cuentas. Dan. Porque no es sólo cuestión de calculadora, sino de concepción del estado. ¿Y las provincias? Olvídese de la coparticipación. Prepare una reforma de mediano plazo. Las provincias no deben depender más de Nación. Pero no todas las provincias son económicamente auto-sustentables. Divida al país en 6, no muchas más, regiones administrativas autosustentables, que comiencen a financiarse solas, y suspenda toda relación económica entre Nación y Provincias. El estudio fue hecho por Roberto Dania y Constanza Mazzina en el 2008. Será la primera vez, además, que habrá un federalismo genuino, con gobernadores realmente autónomos del poder ejecutivo nacional. Y el estado no tiene por qué dejarse de ocupar de salud, educación y seguridad social. Sencillamente, una vez hecha esta transformación, delegue todo ello en las seis regiones mencionadas. No tiene por qué ponerles un nombre, son sólo regiones administrativas. Y desregule totalmente al sector privado en materia de salud, educación y seguridad social. O sea, des-monopolice, quite las regulaciones nacionales, abra al país a la diversidad, tan nombrada, y tan poco practicada en un país monopólico y unitario. Y hable con la CGT. Usted sabe cómo, yo no. Pero explique ante la opinión pública que nuestro sistema sindical es el de la Italia Fascista de Mussolini. La gente no lo sabe. Vaya, dígalo, explíquelo. Y elimine el sindicato único por actividad. ¿Le parece mucho? Creo que es poco, pero si no, usted sabe cuál es la alternativa. Usted puede seguir con todo como está, y puede ser que los organismos internacionales le sigan prestando. Como si la escasez no existiera. Pero usted sabe, en conciencia, en esa conciencia a la que estoy apelando –jamás podría apelar, por ejemplo, a la de una nueva senadora muy conocida- que ello no es posible. Si usted no hace estas reformas estructurales de fondo, va camino al default. Tal vez no ahora, pero sí dentro de unos años. Lo sabe, lo sabe perfectamente. No hay salida. Se le acabarán los dólares, terminará en el control de cambios, será como Kicillof pero le terminarán diciendo Macrillof. ¿Quiere usted eso? ¿No? ¿Y entonces? Señor presidente, hay una diferencia entre un simple político y un estadista. El político sigue a la opinión pública, el estadista, en cambio, la cura. Le hace una especie de terapia social, y eso sólo se logra con auténtico liderazgo moral e intelectual. Mandela, Gandhi, educaron a su pueblo. No fueron demagogos, ni siguieron lo que todos pedían, ni engañaron: tenían un norte, sabían a donde iban, tenían un sólido fundamento moral y lo supieron decir. Su decir fue resultado de su ser, y no al revés, como le recomiendan algunos. Señor presidente, sea estadista. Mire para adelante, mire al largo plazo, y entonces sabrá AHORA qué hacer y cómo decirlo. La verdad, no creo, en mi interior, que nada de esto suceda, pero sí creo que tenía que decirlo. Mientras tanto, no estoy desilusionado, porque yo no me ilusioné con usted. Seguiré con mi docencia, en la Argentina de siempre, con sus males de siempre, si es que un piquete no me mata antes o algún otro joven idealista no me pone otra bomba. Pero qué hermoso sería que me sorprendiera. No por mí: sorpresas, casi todas buenas, me dan mis alumnos. Pienso en la extrema pobreza, en las zonas más subdesarrolladas, en los niños desnutridos del Chaco y de 3 km a mi redonda. Contrariamente a la mayoría de los argentinos, sé que el mercado, para ellos, no es lo que sobra, sino lo que les falta. Vamos. En Venezuela ya no estamos. Gente honesta ya tenemos. Vamos. Sólo falta visión. La suya. La argentina sigue siendo presidencialista. No hay otra salida. Su liberalote amigo
  • Hits: 7
Donate