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Crisis: ¿Restricción externa o irresponsabilidad interna?

Publicado originalmente en Ámbito Financiero (29/01/21)

Es usual escuchar hablar de que las crisis de Argentina son por la “restricción externa”. A mi juicio, es otra forma que encontramos los argentinos para no hacernos responsables de nuestros malos gobiernos y echarles la culpa a otros. De hecho, en nuestra historia, los ejemplos sobre este tipo de actitudes son incontables y cada gestión tuvo un “chivo expiatorio” para justificar su crisis. Nunca fue porque hicieron las cosas mal o, habiendo muchos problemas de fondo por resolver, no hicieron lo que tenían que hacer porque no querían pagar posibles costos políticos.

En general, lo que se dice es que, cuando la economía crece, la cantidad de divisas que demanda el sector industrial para comprar insumos termina sobrepasando la oferta que genera el campo. Ahí es donde aprieta la restricción externa, frenando la economía o generando una debacle. Lo raro es que esto pasa en Argentina y no en otros países similares, que parece que pueden progresar sin esta “restricción”. Por eso, debe ser que se la menciona casi como una maldición propia del país. La verdad es que esto último es muy improbable y, por ello, vale la pena analizar el tema.

Aceptando algunos supuestos de los que así piensan, lo primero que hay que preguntarse es: ¿por qué el sector industrial es tan fuertemente dependiente de las divisas del sector agropecuario? Debe ser porque no genera las suficientes con exportaciones propias; lo cual habla de la falta de competitividad del sector. Obviamente, esto no debería llamarnos la atención en un país en el que, entre los funcionarios que llegan al gobierno, prima la idea de “sustituir importaciones” o “agregar valor”, subsidiando o protegiendo algunos sectores.

Si dedicamos nuestros recursos a producir lo que no sabemos hacer bien, no nos extrañe que nuestra economía sea ineficiente y seamos pobres. En definitiva, es lo que le pasaría a cualquiera de los que leen este artículo si usara parte de su tiempo laboral en plantar trigo, molerlo para hacer harina y, luego, hacer el pan. Imagínense hacerlo con cada cosa que hoy compran. Mejor trabajar en lo que sabemos y ganar lo más posible con ello para poder comprar más de lo que no sabemos hacer. Lo mismo pasa con los países.

Algunos dirán que así no habría industria argentina. Eso es una falacia. Es cierto que alguna parte de ella no existiría, por ser ineficiente; pero hay muchos sectores industriales que sí tienen buena productividad, aún en algunos rubros que mayoritariamente podría decirse que no son competitivos. El problema es que nuestros gobiernos no han dejado que nuestra industria sea eficiente. Por ejemplo, se han dedicado a exprimir a sus empresarios con impuestos para gastar cada vez más. Según el Banco Mundial, el país está en el puesto 21, entre 190, entre los que más impuestos les cobran a las empresas. No sólo eso, hacen informe donde toman una pyme tipo con buenos márgenes de ganancias sobre ventas y ven qué les pasaría en cada país si pagara todos los impuestos y tasas. Argentina es uno de los dos lugares donde perdería plata y ¡algunos se escandalizan de la alta informalidad del sector! Si todas abonaran los impuestos, la mayoría de ellas quebraría.

Nuestros políticos consideran que pueden manejar los distintos negocios mucho mejor que sus ejecutivos y dueños; por lo que les ordenan cómo hacerlo con una maraña de regulaciones. En 2019 había más de 67.000 y, desde que asumió esta gestión, aumentan de a decenas por semana. Imposible que sean competitivos si no pueden organizar sus empresas según crean más eficiente, sino según el capricho de un burócrata “iluminado”. Por otro lado, la legislación laboral impone elevados costos extrasalariales, no sólo impositivos o gremiales, sino también en materia de riesgos por tomar un empleado. Esto lleva al absurdo de que en el país se use capital relativamente muy caro para sustituir puestos de trabajo, cuando sobra gente desocupada o en la informalidad. Un gran logro de nuestros gobiernos y sindicatos.

Seguramente, si se hicieran las reformas estructurales necesarias para resolver todos estos problemas, la industria argentina sería sumamente competitiva y crecería sostenidamente. Además, se generarían más divisas por exportaciones del sector manufacturero y, además, como las soluciones a los problemas de fondo también impulsarían al campo, la minería y a los servicios (ej., la economía del conocimiento), éstos sumarían más de las propias.

Pero no olvidemos lo más importante y que nos develará la verdadera “maldición” argentina. Cada vez que, se supone, que la “restricción externa” nos llevó a una crisis, fue en medio de una enorme huida de ahorros e inversiones. Esta última fue la verdadera razón de la escasez de divisas y tuvo (tiene) como causa la falta de credibilidad en la capacidad de Argentina de prosperar. Esto no es casualidad; porque permanentemente nuestros gobiernos de turno, no sólo no resuelven los problemas de fondo del país, sino que algunos los profundizan, como lo está haciendo el actual. Por lo tanto, como mucho, logran recuperaciones coyunturales para terminar en una crisis como les pasó a las anteriores gestiones.

Lo notable es que la solución para que el sector industrial sea más competitivo, exporte más y genere más divisa, y también lo haga el resto de la economía, es que se avance en las reformas estructurales. Lo mismo que demandan los que podrían ahorrar e invertir en la Argentina para creer en su futuro y, no solo para dejar de fugar capitales, sino para empezar a colocarlos en el país para impulsar su crecimiento sostenido. Como vemos, no existe tal restricción externa, sólo la irresponsabilidad de gobiernos que se obstinan en no aprender de los errores, repitiéndolos, y se niegan a hacer las reformas que gestaron el progreso de otras naciones y, esa, es una restricción que tiene que ver con los políticos que votamos. O sea, nada tiene que ver con lo externo.

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Argentina: una política comercial que perjudica la movilidad social

Publicado originalmente en Data Clave (28/01/21)

Se ha buscado restringir las exportaciones e importaciones con argumentos erróneos. Pero la integración de las economías y el mayor comercio fueron una pieza clave para que más de mil millones de personas salieran de la pobreza en todo el mundo.

Hace unos días, el Foro Económico Mundial publicó un novedoso Índice de Movilidad Social donde compara a 82 economías, incluyendo a Argentina. Aunque usted no lo crea, no ocupamos un buen lugar en el ranking. La economía mejor posicionada de América Latina es Uruguay, en el puesto 35º. La número 1 del mundo, Dinamarca.

Pensar en términos de movilidad social nos permite razonar la política pública desde el punto de vista del individuo. La pregunta relevante es ¿cuántas oportunidades tengo para estar mejor? Y, ¿las puedo aprovechar? Esto tiene que ver con las oportunidades educativas, las laborales, el acceso a la salud, y, también, con el comercio internacional.

En muchos países, la globalización y el libre comercio son presentados como las causas que impulsan la desigualdad, la pobreza y la menor movilidad social. En cambio, el proteccionismo se ofrece como una política comercial con mayor conciencia social. Ya sea por convencimiento o por conveniencia política, se buscan restringir las exportaciones y las importaciones, acompañando cada incremento en los costos del comercio con algún argumento del tipo “hay que evitar la suba de los precios internos” o “hay que cuidar los empleos de los más vulnerables”.

Culpar al comercio suele ser una salida fácil ante el fracaso de la política económica. La razón de nuestro fracaso no somos nosotros, son ellos. Son las importaciones que destruyen empleo, o las exportaciones que hacen subir los precios y consolidan la pobreza. Con algunas pequeñas excepciones, Argentina ha aplicado de manera sistemática esta visión. Y los argentinos han pagado los costos de hacerlo.

La realidad es que el comercio ha sido uno de los pilares de la movilidad social. En las últimas tres décadas, la integración de las economías y el mayor comercio fueron una pieza clave para que más de mil millones de personas salieran de la pobreza en todo el mundo. De la mano de un intercambio comercial global récord, en 2018 ocurrió algo histórico: por primera vez en más de 10 mil años de historia, más de la mitad de la población global (3,8 mil millones de personas) era de clase media o más rica, según estimaciones de Brookings Institution.

En Argentina seguimos firmes, avanzando en sentido contrario. Nuestra política comercial, en lugar de acercarnos las oportunidades que ofrece el mundo, las aleja: cierre de exportaciones, derechos de exportación, parálisis en la negociación de acuerdos comerciales, conflictos en el Mercosur, aranceles de importación entre los más altos del mundo, controles burocráticos, exigencias incumplibles por los emprendedores y PyMEs.

La última idea revolucionaria ha sido colocar un nuevo impuesto a las computadoras importadas, algo que va a aumentar los precios, disminuir su variedad y reducir su acceso a las familias de menores recursos. Se ignora (o tal vez no) el impacto dañino que tendrá en la educación y formación de los jóvenes, en sus capacidades para aprovechar oportunidades, en el dinamismo empresarial y en la movilidad social del país.

También estamos imponiendo elevados aranceles y trabas no arancelarias a los insumos importados. Empresas que quieren producir o mejorar sus estándares de producción no pueden hacerlo, lo que muchas veces las hace perder clientes (internos y externos). Además, el proteccionismo ha generado menor competencia e incluso monopolios en algunos mercados, que frenan el dinamismo económico. La contracara de nuestro ecosistema empresarial golpeado y reducido es un ecosistema laboral sin dinamismo y que privilegia el empleo en negro. Las inversiones no llegan y los trabajadores tienen pocas oportunidades, lo que les hace imposible escalar socialmente.

En Argentina la respuesta a ¿cuántas oportunidades tengo para estar mejor? pasó de ser “muchas”, a “algunas” para hoy ser “pocas”. Podemos seguir culpando a la globalización del aumento de la pobreza que hemos visto en las últimas décadas. Podemos seguir repitiendo que la baja movilidad social nada tiene que ver con ser una de las 10 economías más cerradas del mundo. Y también podemos seguir convenciéndonos que el hecho de aplicar políticas proteccionistas por décadas no está relacionado a la nula creación de empleo privado. En algún momento, espero, nos daremos cuenta que nuestra política comercial proteccionista no es suficiente para nuestras aspiraciones de desarrollo con inclusión.

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The urgent need for union of those who value freedom

Originally published in La Nación (01/28/21)

It is not time to emphasize differences of opinion, no matter how valid they are and are based on the best of intentions and the best purposes, since the totalitarian bulldozer threatens to crush us. It is a matter of priorities. First things come first. If the country becomes a gulag, there is no possibility of ironing out differences between those who call themselves supporters of freedom.

It is imperative that all those who oppose Chavism and believe in the value of freedom of the press and the independence of the Justice in this instance are united to face the attack on these fundamental values, together with the rejection of the colonization of the Legislative Power and the outrages of the Executive regarding the abuse of power in the context of increases in the expenditure of the state apparatus, public debt, monetary expansion, suffocating regulations and unbearable tax burdens.

The nobility of those who seek to reverse the statism that has been consuming us for seven decades and their differences with the unfortunate net balance of the previous administration is clear, but we need the strength of the union before it is too late, even maintaining the discrepancies of the case . When your house is being robbed, you do not spend time investigating the philosophical characteristics of the police that are circumstantially defending us from the robbery, that is for another circumstance.

The position of those who declare that they will compete in a new political space in 2021 does not seem coherent, with severe criticism of the existing opposition (because that is why they are constituted) and then in 2023 go together with those criticized, which is not serious and confuses the the undecided, who largely define the electoral processes.

This union in a possible "Alberdiano Encounter" is a two-way street: on the one hand, the opposition - constituted today thanks to the desperate support of people who aim to survive the basic republican principles - must recognize its failures and strengthen its discourse to welcome liberals into their ranks, and they understand the difference in the political plane of the academic and proceed accordingly.

We have exchanged opinions with good liberal friends and we have not always agreed with the vision that I set out, but I do not lose hope of achieving the task. I have also spoken with some radical friends and have reminded them of the liberal spirit of the founder of that party: the Jeffersonian Leandro Alem. In this sense, a thought of that character is worth recalling. In the debate on the federalization of Buenos Aires, in 1880, he expressed: “The more power is strong, the more corruption is easy. To ensure legitimate power, it is necessary to prevent him at all costs from exaggerating his powers, and it is essential to look for the counterweight to prevent the arbitrary "and" in economics as in politics, closely linked, because there is no economic progress if there is no good policy , a liberal policy that leaves the necessary flight to all forces and all activities ”. And he concluded: "Rule as little as possible, because the less foreign government man has, the more freedom advances, the more his own government has and the more his initiative strengthens and his activity develops."

It is indeed very paradoxical that some of the advocates of establishing new spaces in the political arena are intellectually timid in defending liberal ideas, while they are inflexible in the political arena. Things should be exactly the other way around. The inflexibility in the field of ideas and going to the bottom of the problems in order to run the axis of the debate and set agendas and agree on the political field to give time to the cultural battle.

The fractionation and dispersal of forces in the political sphere are the best news for vernacular Chavismo

I recently wrote in detail in this same medium about the issue of education, which I am not going to repeat, but now I emphasize that there are not a few who blush when they are told that the need to eliminate ministries of Education and Culture is urgent. the effects of ruling out the possibility of imposing curricular criteria and widening the educational process in order to achieve the highest possible level of academic excellence. It is more efficient to subsidize the demand of those who cannot pay for their studies than to finance the supply due to strong counterincentives when the tragedy of the commons breaks out in an invariably politicized context.

It is necessary to carefully examine state health centers, to avoid strenuous shifts, lack of supplies, constant request for funds, the usual poor condition of equipment and facilities. As with education, this is not at all because those who work there do not have the best goodwill and admirable dedication, it is a matter of incentives: it is not the same when you pay the bills as when you resort to force for third parties to take over the fruit of their work.

The need to prohibit external public debt, which is undemocratic by engaging future generations that do not participate in the electoral process, to elect the governments that incurred the debt, is also often avoided. The need to abolish central banking, which cannot operate without altering relative prices, is often sidestepped, leading to widespread impoverishment. The same goes for the official news agency, which is a show of authoritarian spirit; maintaining immense embassy assets in times of teleconferences and other technological resources; the fascist union laws; the destroyed federalism turned into iron unitarianism; the misnamed "state companies", and the nonsense of "living with what is ours", just to mention a few items.

I understand that these issues are not common in the political sphere, since we are far behind in the aforementioned cultural battle, but they are indispensable in an academic environment that boasts of such. It is not good advice to confuse roles, the politician's speech must be limited to what the electorate understands and accepts. Instead, intellectual work must raise the bar and aim high to ultimately sway public opinion. As John Stuart Mill has well written, "Every good idea goes through three stages: ridicule, discussion, and adoption."

But even in the supposition of defending those key points in the electoral campaigns, the moment demands the union to survive. The fragmentation and dispersal of forces in the political sphere are the best news for vernacular Chavismo.

Time passes quickly, the wear is great and the danger of Chavismo is accentuated by the moment. It is curious that some wonder about the plan or the course of the current government when it is announced to us screaming every day. It would not be surprising if the next elections are rigged, given the recent appointments in the electoral forum, but in any case the union to which we refer will constitute a bastion for the defense of the indispensable, even in the fortunately remote assumption today that there are no elections. It is not relevant to spend time debating who is really in charge or in palace brawls, these distractions can be fatal. As Ortega y Gasset said, “Argentines start working”.

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Elogio a la desigualdad

Publicado originalmente en Infobae (28/01/21)

Es habitual que organizaciones o incluso grandes personalidades sostengan que el sistema capitalista opera en favor de los más ricos y acrecienta la desigualdad. Muhammad Yunus (Premio Nobel de la paz en 2006), por ejemplo, sostiene que “la riqueza actúa como un imán; y el imán más grande atrae de forma natural a los más pequeños. Así, las fuerzas unidireccionales concentran la riqueza, haciendo que haya menos ricos y más pobres. Esto lleva a que la gente envidie a las personas ricas, transformándose en una bomba de tiempo que destruirá todo cuanto hemos creado”.

De este modo justifican la violencia y critican al sistema que más éxito ha tenido para sacar a la gente de la pobreza. Como explica la economista Deidre McCloskey, “no es cierto que durante la era de la innovación los pobres se han vuelto más pobres. Por el contrario, los pobres han sido los mayores beneficiarios del capitalismo moderno. Esta es una verdad histórica irrefutable, oscurecida por la realidad lógica de que, en un principio, las ganancias de la innovación van a los burgueses ricos”.

Sin dudas, personas como Bill Gates se beneficiaron del sistema. Su riqueza está valuada en cerca de USD 119.300 millones. Sin embargo, mucha gente no comprende por qué es tan rico. Básicamente porque resolvió un problema que ni siquiera sabíamos que teníamos. Siendo muy joven, se dio cuenta de que las computadoras eran difíciles de utilizar, solo ingenieros o especialistas con años de entrenamiento podían hacerlo, y creó un sistema operativo extraordinario que permitió que un público masivo, sin entrenamiento, pueda utilizarlas sin problemas. Hoy miles de millones de personas nos beneficiamos usando Windows y Microsoft Office. Los trabajadores de Microsoft también se beneficiaron, cobrando un sueldo promedio de USD 160.956 anuales. El que menos gana cobra USD 78.021 y muchos gerentes son millonarios. Es cierto que inicialmente aumentó la desigualdad entre Bill Gates y el resto, pero esto no perjudicó a nadie y benefició a muchos. También hay otro grupo que se favoreció mucho: personas que, sin ser genios creativos, supieron reconocer el valor para la sociedad que creaba su empresa y compraron acciones (“shares”) de Microsoft para “compartir” una parte de ese éxito. No son pocos: el 55% de los americanos poseen acciones. Con ese dinero, las empresas pueden invertir en mejorar sus productos para vender más, lo que, a su vez, hace que suban los precios de las acciones enriqueciendo a los accionistas minoritarios.Pobreza extremaPobreza extrema

La innovación y los avances tecnológicos florecen en los países donde hay libertades y se respeta el derecho de propiedad, y de este modo aumentan la productividad y los salarios, enriqueciendo a la población. Además, es allí donde hay mayor movilidad social y los pobres salen más rápido de la pobreza y los pocos que permanecen relativamente más pobres tienen ingresos once veces superiores a los pobres de los países menos libres. Esto se puede comprobar comparando la población de menores ingresos de los países que están en el primer cuartil con mayores libertades contra los del último cuartil, en el índice de Libertades Económicas de la Fundación Heritage.

Quienes utilizan el argumento de la desigualdad también alegan que ha aumentado la distancia entre países desarrollados y los subdesarrollados. Lo cierto es que los países con mayores libertades generaron una innovación que, en efecto, al inicio los separó del resto. En 1800 el 89,7% de la población mundial vivía en la extrema pobreza. Para 1979, más de la mitad había logrado salir de ese aciago estado, mientras el 48,1% se mantenía allí. En el gráfico de distribución mundial del ingreso de Gapminder podemos ver dos jorobas, donde los países libres tenían una mediana de ingresos cercana a los 10 dólares por día mientras los países menos libres mantenían a la mayoría de su población en menos de 1 dólar por día. En ese año, el ingreso del trabajador norteamericano promedio era 33,6 veces superior al del chino promedio.

En las últimas cuatro décadas, sin embargo, se comprobó que, en una segunda etapa, el crecimiento se expandió por todos los países que se abrieron al comercio internacional e introdujeron instituciones que garantizan el respeto a la propiedad privada, reduciendo la desigualdad. Así en el gráfico de distribución del ingreso podemos ver que para 2019, solo el 10% de la población mundial estaba todavía en la pobreza extrema, y ya no hay dos jorobas, sino una sola, una distribución “normal”. Y la brecha entre el trabajador promedio de EEUU y de China, se redujo notablemente, a 3,3 veces (USD 58.700 vs USD 17.100).

Para colmo, está demostrado ampliamente que los impuestos progresivos, al ser excesivos, matan el crecimiento y la innovación, produciendo el éxodo de las personas más creativas y productivas que buscarán mejores horizontes. Argentina es un patético ejemplo de esto último. Se nos fueron 7 de los 8 empresarios jóvenes que crearon unicornios.

En lugar de envidiar a Bill Gates o a Marcos Galperin, tenemos que admirar su genio creativo y aplaudir su tesón y capacidad de organizar esfuerzos productivos, con lo que crean riqueza favoreciendo las oportunidades para todos y sin empobrecer a nadie. De hecho, este año, como muchas otras personas, estuve muy agradecido de poder usar una computadora para continuar con mi trabajo desde casa en medio de la pandemia.

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La imperiosa necesidad de unión de quienes valoran la libertad

Publicado originalmente en La Nación (28/01/21)

No es tiempo de recalcar diferencias de criterio, por más que tengan validez y estén basadas en la mejor de las intenciones y los mejores propósitos, puesto que la topadora totalitaria amenaza con aplastarnos. Es un asunto de prioridades. Lo primero viene primero. Si el país se convierte en un gulag no hay posibilidad alguna de limar diferencias entre quienes se dicen partidarios de la libertad.

Es imperioso que todos aquellos que se oponen al chavismo y creen en el valor de la libertad de prensa y la independencia de la Justicia en esta instancia estén unidos para afrontar el ataque a esos valores fundamentalísimos, junto al rechazo a la colonización del Poder Legislativo y las tropelías del Ejecutivo en cuanto al abuso de poder en el contexto de incrementos en el gasto del aparato estatal, la deuda pública, la expansión monetaria, las regulaciones asfixiantes y las cargas tributarias insoportables.

Es clara la nobleza de quienes pretenden revertir el estatismo que nos viene consumiendo desde hace siete décadas y sus diferencias con el lamentable balance neto de la gestión anterior, pero necesitamos la fortaleza de la unión antes de que resulte tarde, aun manteniendo las discrepancias del caso. Cuando a uno le están asaltando la casa no consume tiempo investigando las características filosóficas de la policía que circunstancialmente nos está defendiendo del atraco, eso es para otra circunstancia.

No parece coherente la posición de quienes declaran que competirán en un espacio político nuevo en 2021, con severas críticas a la oposición existente (pues por eso se constituyen) para luego en 2023 ir juntos con los criticados, lo cual es poco serio y confunde a los indecisos, que en gran medida definen los procesos electorales.

Esta unión en un posible "Encuentro Alberdiano" es un camino de doble vía: por una parte, la oposición -constituida hoy merced al apoyo desesperado de personas que apuntan a que sobrevivan los principios republicanos básicos- debe reconocer sus fracasos y fortalecer su discurso para recibir en sus filas a liberales, y estos comprender la diferencia del plano político del académico y proceder en consecuencia.

Hemos intercambiado opiniones con buenos amigos liberales y no siempre hemos coincidido con la visión que dejo consignada, pero no pierdo las esperanzas de lograr el cometido. También he hablado con algunos amigos radicales y les he recordado el espíritu liberal del fundador de ese partido: el jeffersoniano Leandro Alem. En este sentido, vale la pena recordar un pensamiento de ese personaje. En el debate sobre la federalización de Buenos Aires, en 1880, expresó: "Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades, y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario" y "en economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades". Y concluía: "Gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad".

Resulta en verdad muy paradójico que algunos de los partidarios de establecer nuevos espacios en la arena política son timoratos en el terreno intelectual en cuanto a la defensa de las ideas liberales, mientras que se muestran inflexibles en el campo político. Las cosas deberían ser exactamente al revés. La inflexibilidad en el terreno de las ideas e ir al fondo de los problemas al efecto de correr el eje del debate y marcar agendas y acordar en al campo político para dar tiempo a la batalla cultural.

El fraccionamiento y la dispersión de fuerzas en el ámbito político son la mejor noticia para el chavismo vernáculo

Hace poco escribí en detalle en este mismo medio sobre el tema de la educación, que no voy a repetir, pero ahora destaco que no son pocos los que se ruborizan cuando se les dice que es acuciante la necesidad de eliminar ministerios de Educación y Cultura a los efectos de descartar la posibilidad de imponer criterios curriculares y abrir de par en par el proceso educativo al efecto de lograr el mayor nivel posible de excelencia académica. Es más eficiente subsidiar la demanda de aquellos que no pueden pagar sus estudios que financiar la oferta debido a los fuertes contraincentivos cuando irrumpe la tragedia de los comunes en un contexto invariablemente politizado.

Se torna necesario examinar con detenimiento los centros de salud estatal, para evitar los turnos extenuantes, la falta de insumos, el constante pedido de fondos, el habitual mal estado de equipos e instalaciones. Al igual que con la educación, esto no es para nada debido a que quienes allí trabajan no tengan la mejor buena voluntad y admirable dedicación, es un asunto de incentivos: no es lo mismo cuando uno paga las cuentas que cuando se recurre a la fuerza para que terceros se hagan cargo con el fruto de sus trabajos.

También se suele eludir la necesidad de prohibir la deuda pública externa, que resulta antidemocrática al comprometer futuras generaciones que no participan del proceso electoral para elegir a los gobiernos que contrajeron la deuda. Se suele esquivar la necesidad de abolir la banca central, que no puede operar sin alterar los precios relativos, con lo que conduce al empobrecimiento generalizado. Lo mismo va para la agencia oficial de noticias, que es una muestra de espíritu autoritario; el mantenimiento de inmensos activos de las embajadas en tiempos de las teleconferencias y otros recursos tecnológicos; las legislaciones sindicales fascistas; el destruido federalismo devenido en férreo unitarismo; las mal llamadas "empresas estatales", y la sandez de "vivir con lo nuestro", solo para mencionar algunos rubros.

Comprendo que estos temas no sean habituales en la esfera política, pues estamos muy atrasados en la mencionada batalla cultural, pero son indispensables en un ámbito académico que se precie de tal. No es un buen consejo confundir roles, el discurso del político debe circunscribirse a lo que el electorado entiende y acepta. En cambio, la faena intelectual debe subir la vara y apuntar alto para, en última instancia, influir en la opinión pública. Como bien ha escrito John Stuart Mill, "toda buena idea pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción".

Pero aun en el supuesto de defender aquellos puntos claves en las campañas electorales, el momento exige la unión para sobrevivir. El fraccionamiento y la dispersión de fuerzas en el ámbito político son la mejor noticia para el chavismo vernáculo.

El tiempo pasa rápido, el desgaste es grande y el peligro del chavismo se acentúa por momentos. Es curioso que algunos se pregunten sobre el plan o el rumbo del actual gobierno cuando nos lo están anunciado a los alaridos todos los días. No sería nada extraño que las próximas elecciones resulten amañadas, dadas las designaciones recientes en el fuero electoral, pero en cualquier caso la unión a la que nos referimos constituirá un bastión para la defensa de lo indispensable, aun en el supuesto hoy afortunadamente remoto de que no haya elecciones. No resulta relevante consumir tiempo debatiendo sobre quién en verdad manda ni en trifulcas palaciegas, estas distracciones pueden resultar fatales. Como decía Ortega y Gasset, "Argentinos, a las cosas".

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