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Razones que explican cómo surgió el estatismo en el país

LA NACIÓN Muchas son las exploraciones sobre el avance de los aparatos estatales en la vida y haciendas de la gente y las conclusiones más avezadas siempre remiten a la educación cuando se sustituye por adoctrinamiento. Debemos percatarnos de que el conocimiento requiere de mucho oxígeno y debate en un contexto competitivo que permita independencia de criterio. Sin embargo, allí donde hay controles e imposiciones curriculares desde el vértice del poder las instituciones privadas son privadas de toda independencia.

Una de las exploraciones más fecundas se encuentra en uno de los libros de Carlos Escudé, titulado El fracaso del proyecto argentino. Educación e ideología, editado por el Instituto Di Tella en 1990. En esta obra el autor explica, con valiosa documentación, buena parte de las causas de los problemas que hemos arrastrado durante mucho tiempo en nuestro país. Escudé era doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Yale, profesor en la Universidad Católica Argentina y profesor visitante en Johns Hopkins University y en St. Anthony’s College de la Universidad de Oxford, y fue becario de Fulbright.

El libro en cuestión desentraña las razones que a través del tiempo fueron desembocando en nuestro estatismo y xenofobia vernáculos, paridos en el seno del nacionalismo. Como ha explicado Milton Friedman, los sucesos no irrumpen de golpe: lo que surge en la superficie debe ser contrastado con lo que viene ocurriendo en las corrientes subterráneas. Esto fue el caso argentino. Mientras el progreso moral y material era extraordinario desde la Constitución liberal de 1853/60 se fueron gestando las ideas que luego provocaron tanto sufrimiento, en especial desde el golpe fascista del 30, en el que surgió a la superficie la primera tanda de nacionalismo acentuada grandemente a partir del golpe militar del 43, que incrustó el estatismo hasta nuestros días, en los que se apunta a revertir tanta malaria. Esta decadencia ocurrió por la desidia de tantos que dieron por sentado el progreso que vivían. Como escribió Tocqueville, esa conducta resulta siempre fatal.

Escudé abre el libro afirmando en la introducción que en el liberalismo “la única razón de ser del Estado es la defensa del individuo […] Desde este punto de vista, el individuo es supremo […] En contraste, por nacionalismo entenderemos una filosofía de valores políticos que presupone que la ‘Nación’ es un ‘Ser’ superior […] El individuo vive para servir a su ‘Patria’: así, y no al revés, se define la relación esencial entre el individuo y el Estado-nación”. Recordemos que Juan Bautista Alberdi había dicho en La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual que “el entusiasmo patrio es un sentimiento peculiar de guerra, no de libertad”, lo cual en nada niega el amor al terruño, sino que el patrioterismo nacionalista lo convierte en su contracara y desfigura el afecto y recuerdos que naturalmente se cultivan respecto de los lugares de crianza. También tengamos presente que Alberdi en Sistema económico y rentístico escribió que dejamos de ser colonos de España para serlo de nuestros propios gobiernos vía los atropellos fiscales.

En nuestro país se desnaturalizaron los valores tradicionales de educación para finalmente adoptar un cerrado adoctrinamiento peronista, que apunta a la estatización en todos los órdenes. Recién con el gobierno actual se está intentando modificar esa situación, que apunta a abrir la competencia al efecto de lograr niveles de excelencia, ya que el proceso educativo es de prueba y error en un contexto evolutivo. Como es sabido, el conocimiento no es un puerto, sino una permanente navegación. Un procedimiento recomendable en un período de transición consistiría en entregar vouchers o créditos educativos para que los candidatos elijan de todas las ofertas educativas las que se ajusten mejor a sus intereses. Desde luego que en política las restricciones no permiten adoptar todo lo que aconseja la academia.

Apunta Escudé que las primeras manifestaciones visibles de nacionalismo se “expresaron desde 1908 basadas en el paradigma del espíritu autoritario, militarista, dogmático y chauvinista que dominó a nuestra educación”. Escudé nos dice que la ley Láinez de 1905 invistió al Consejo Nacional de Educación con la facultad de imponer en las escuelas estatales y privadas programas educativos para “adoctrinar y uniformar mentalidades”, y además distribuía gratuitamente entre todos los maestros la publicación El Monitor de la Educación Común, donde se cita al totalitario Bismarck, “que llama a los maestros mis nobles compañeros de armas”. Ejemplifica Escudé con el caso de Carlos Octavio Bunge, “uno de los grandes ideólogos de la educación que siempre había propiciado el modelo alemán para la creación de una intensa conciencia nacionalista”, en cuyo contexto cita su obra plagada de recetas autoritarias El espíritu de la educación: informe para la instrucción pública nacional, que imprimió una extendida influencia en el antedicho Consejo. Y en su ensayo titulado La educación patriótica ante la sociología, publicado en El Monitor de la Educación Común el 31 de agosto de 1908, se consigna que “el individualismo anárquico es un peligro en todas las sociedades modernas”.

También en ese medio oficial del Consejo, el 31 de mayo de 1908 se reprueba “el carácter cosmopolita de nuestra población y de nuestras escasas condiciones para fundir en un molde nacional al extranjero que incesantemente nos invade”. Por su parte, José María Ramos Mejía, en su informe de 1909 -1910 del Consejo, elaboraba sobre la necesaria “ingeniería cultural” al tiempo de señalar la importancia de “convertir a la escuela en el más firme e indestructible sostén del ideal nacionalista”.

Ricardo Rojas, el 28 de febrero de 1911 ,en un artículo que lleva el título de “La escuela argentina”, sostiene que “la Patria es una forma visible de divinidad”. Lo mismo propugnaba Manuel Carlés. En este clima no estaba ausente el criminal antisemitismo, tal como lo revela Escudé a través de los macabros escritos de Bernardo L. Peyret, Manuel Gálvez y Eduardo Bavio.

Explica el autor del libro que comentamos que hubo algunas pocas reacciones, por ejemplo en el trabajo solitario del gran Enrique de Gandía, que también en la revista oficial del Consejo en julio de 1932, bajo el título de “La enseñanza elemental de la historia argentina”, escribe que “se ennoblece al holgazán, pendenciero y amigo de lo ajeno que solo debe su glorificación a una moda literaria […] la desinformación, la mala educación, el adoctrinamiento de dogmas disparatados y estupidizantes, puede ser peor que la ausencia de educación”.

El patrioterismo nacionalista no es más que un burdo disfraz para ocultar las ansias de poder de estatistas que nos han gobernado por décadas y que dejaron como herencia un incendio colosal. Las reflexiones y los testimonios de Escudé en el libro que hemos brevemente comentado sin duda ayudarán a despejar telarañas mentales, lo cual ayudará a revertir el estatismo que afortunadamente ha anunciado como meta el actual gobierno, que desregula, exhibe curros purulentos, ofrece seguridad en las calles, reduce el gasto estatal y la inflación. Hay que perseverar, corregir y echar por tierra con el estatismo en todos los frentes. Como dice el Presidente, hay mucho por hacer.

política argentina, análisis político

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Un ejercicio clave en el mundo intelectual

INFOBAE Resulta de importancia vital comprender que el conocimiento está siempre instalado en el contexto de un proceso evolutivo. Nunca se llega a una meta final, la ignorancia es mayor que lo que se conoce. En la primera clase que recibí en mi beca de 1968 el profesor dibujó dos círculos de diámetro distinto en el pizarrón -en aquel tiempo negro- y nos dijo que esas dos circunferencias representaban distinto grados de saber. A continuación nos invitó a que nos fijáramos cuánto más está expuesto a la ignorancia el círculo mayor y remarcó que cuanto más se conoce más se tiene consciencia de lo mucho que hay por conocer. Concluyó que a medida que vamos ensanchando nuestro saber nos vamos percatando de la oscuridad -en esa oportunidad ilustrada por la negrura del pizarrón- que debemos explorar para incorporar nuevos trozos de tierra fértil en el mar de ignorancia.

Con razón Einstein decía que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Ahora bien, hay casos en el mundo académico que son incapaces de aceptar el evolucionismo en el conocimiento y toman lo último descubierto al tiempo que la emprenden contra sus ancestros intelectuales sin percatarse que lo mismo ocurrirá con ellos cuando se mejoren sus propias presentaciones.

Es muy injusto desconocer los méritos anteriores en el esfuerzo por despejar telarañas mentales. Tomemos el ejemplo de la tradición de pensamiento liberal. Aparecen desviados que se deciden por denostar aportes anteriores sin comprender que son escalones necesarios en denodados trabajos hacia una mejor comprensión. Una cosa es criticar y poner en evidencia el error y otra bien distinta es descalificar por completo los aportes y contribuciones anteriores.

A título de ejemplo es del caso señalar el desacierto del gran Adam Smith que volvió sobre una grave equivocación respecto a la teoría del valor suscribiendo la que luego fue difundida por marxistas a pesar de haber sido resuelto el tema por la Escolástica Tardía y luego recuperada y afinada por la Escuela Austríaca. Como es sabido Smith refutó magníficamente las falacias de los mercantilistas y aportó muy valioso herramental al libre comercio en su obra colosal de 1776 y antes había mostrado el fundamento moral de la tradición de pensamiento liberal en su primer trabajo de 1759.

También Friedrich A. Hayek en su Fundamentos de la libertad escribe que la administración del dinero es tarea indelegable del aparato estatal y luego en su Desnacionalización del dinero sostuvo que el gobierno nada debía hacer en materia monetaria y dejar que el sector privado tome las riendas de todo lo que tuviera que ver en esa materia. Aquí se prueba la evolución en la misma persona. Ludwig von Mises consideraba esencial la existencia del monopolio de la fuerza mientras que uno de sus discípulos Murray N. Rothbard mantiene que los aparatos estatales deben sustituirse por agencias privadas de seguridad y justicia. A su vez Rothbard era partidario del aborto mientras que muchos otros liberales de fuste, algunos congregados en academias de medicina, muestran que se trata de homicidio en el seno materno y así sucesivamente.

Milton Friedman dejó de lado su propuesta de “la regla monetaria” para proponer la abolición de la banca central y de toda interferencia en esas lides en Money Mischief y con una trayectoria similar procedió Gary Becker -una persona dotada de excepcional don de gentes y capacidad didáctica- respecto a ese tema lo cual puso en evidencia por primera vez en su discurso cuando lo invité siendo rector de ESEADE.

Personalmente he tenido el privilegio de tratar a los autores mencionados. A von Mises lo conocí en 1959 cuando mi padre lo invitó a disertar en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Charlas que luego fueron recopiladas en forma de libro titulado Política Económica. Seis lecciones sobre capitalismo que tuve el placer de prologar y en 1968 asistí a sus últimas clases en la Universidad de New York.

A Hayek lo conocí en 1978 en una reunión de la Mont Pelerin Society en Madrid y fue quien sugirió mi incorporación a esa entidad de la que fui dos veces miembro del consejo directivo, la primera vez propuesto por el antes mencionado Friedman en 1984 en la reunión Londres/Cambridge y la segunda por el ex presidente Pascal Salin en 2000 en la reunión en Chile. Hayek prologó mi libro Fundamentos de Análisis Económico y lo invité a disertar en Buenos Aires en tres ocasiones.

James M. Buchanan era socialista en su juventud, un autor que también tuvo la generosidad de prologar mi Hacia el autogobierno. Una crítica al poder político. También adhería a esa contradicción en los términos denominada welfare state (Estado de bienestar) el extraordinariamente prolífico y original Anthony de Jasay, luego un liberal de gran calado, quien estuvo presente en un coloquio de Liberty Fund que dirigí en 1999 para discutir su libro Against Politics.

Mis queridos amigos Mario Vargas Llosa, Antonio Escohotado y Jean-Francois Revel han sido marxistas hasta que percibieron los gravísimos errores de esa postura y contribuyeron notablemente al espíritu liberal, el último de los cuales prologó mi libro Las oligarquías reinantes.

Estos episodios los relato porque el contacto directo con aquellos pensadores de envergadura -que de más está decir exceden con creces astronómicas lo propio- me permitió aprender valiosas lecciones sobre la imprescindible modestia que demandan los ámbitos intelectuales y la larga cadena de aportes, refutaciones y correcciones que exige este mundo repleto de satisfacciones mayúsculas y a veces de amargas frustraciones.

Todos estos gigantes del pensamiento han sido criticados en distintos aspectos con el debido respeto y reconocimiento a sus aportes. Como queda dicho, el rechazar de plano a pensadores que han contribuido con trabajos notables en la tradición liberal debido a ciertos errores constituye una demostración de que no se sabe en qué consiste el mundo académico. A mi bisabuelo paterno cuando tuvo un infarto le colocaban sanguijuelas en el pecho con la idea de bajar la presión y a nadie en el mundo de la medicina se le ocurre denostar a esos médicos que hacían lo mejor dados los conocimientos disponibles en aquel momento y así con todas las ciencias: no pueden intrapolarse conocimientos.

El justificado entusiasmo por nuevos descubrimientos y nuevos paradigmas no permiten seriamente descalificar a quienes trabajosa y muy meritoriamente han venido escalando el interminable recorrido del saber. Como bien ha escrito Karl Popper, el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad abierta a refutaciones. La pretensión de haber llegado a una meta final es demostración suficiente de ignorancia supina. De modo equivalente yerra quien afirma que una verdad se exhibe con demostración empírica puesto que como ha mostrado Morris Cohen en su Introducción a la lógica esa misma afirmación no está basada en evidencia empírica. Reiteramos, todo en la ciencia es provisorio sujeto a refutaciones. Por ello es que en economía los cuadros y estadísticas ilustran el punto previamente explicado pero en si mismas no prueban nada, de lo contrario con el copioso volumen de series que se han recopilado por doquier ya se hubieran probado todos los puntos. El problema estriba en que no se ha explicado y entendido lo suficiente el andamiaje conceptual subyacente.

En mis clases, en las tres Academias Nacionales a las que pertenezco y en cuanta oportunidad que se me presenta he recalcado con la anuencia de colegas en la relevancia de la necesaria consideración a los predecesores por su dedicación rigurosa para abrir caminos que de otro modo hubieran estado vedados, lo cual no es en beneficio de esos intelectuales sino en beneficio propio pues sin esos alimentos no tendríamos ni remotamente la posibilidad de acceder a muy diversos andariveles ni a la posibilidad de explorar fértiles avenidas. Lamentablemente aparecen aquí y allá quienes pretenden desempeñarse en el terreno académico y se pronuncian con una arrogancia y una intolerancia típica de camuflados que consideran que con su empeño en prácticamente volver a fojas cero mantienen que antes de ellos prevalecía el diluvio, sin además vislumbrar siquiera la posibilidad que le apliquen a estos improvisados idéntica receta en el futuro.

En resumen, en toda tradición de pensamiento es menester el debido reconocimiento a los que antecedieron en los esfuerzos y nunca ignorarlos o sacarlos del centro del debate puesto que sin esos eslabones en la larga cadena sería imposible lo actual. Lo contrario revela monumental soberbia que como escribió Giovanni Papini resume en uno los siete pecados capitales. A ellos les debemos infinito agradecimiento aunque pueda mejorarse la marca, recordemos lo dicho por Borges quien citando a Alfonso Reyes consignó que “como no hay tal cosa como un texto perfecto, si no publicamos nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores”.

Política Internacional

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La llamada enfermedad mental contradice la condición humana

LA NACIÓN Es común que cuando alguien se enfrenta con una persona que dice cosas que se estiman disparatadas o actúa de modo que se considera irracional se concluya que está “enferma mentalmente”. Lo primero es comprender que los humanos no somos solo kilos de protoplasma, tenemos mente, psique o estados de conciencia (tres sinónimos). De lo contrario, si fuéramos solo carne y hueso, nuestras acciones y dichos estarían determinados por los nexos causales inherentes a la referida materia y, por tanto, no habría ideas autogeneradas, no habría posibilidad de revisar nuestros juicios, no habría tal cosa como responsabilidad individual, ni proposiciones verdaderas o falsas, ni moral, ni libre albedrío. En este contexto la libertad sería mera ficción.

Entre otros, autores como el filósofo de la ciencia Karl Popper y el premio Nobel en Neurofisiología John Eccles escribieron un libro en coautoría con el sugestivo y muy descriptivo título de El yo y su cerebro, donde desarrollan este punto. Lo dicho desde luego no significa que no existan problemas químicos en el cerebro y a través de neurotransmisores y sinapsis u otros padecimientos, pero la mente no puede estar enferma. Como es sabido, desde la perspectiva de la patología una enfermedad consiste en la lesión de células, cuerpos o tejidos, lo inmaterial no puede enfermar. La persona puede estar equivocada, contraria a la lógica, preocupada, angustiada, con enojo o alegría, perturbada, desordenada, con malicia o bondad, etcétera; pero la enfermedad es otra situación de naturaleza bien distinta. Un aspecto crucial hoy controvertido en el que la esquizofrenia se inicia en la materia.

En esta línea argumental, Thomas Szasz, quien fue profesor emérito de psiquiatría, entre sus muchas obras escribió El mito de la enfermedad mental, donde junto a los otros autores citados en esta nota explica detenidamente el punto que acabamos de señalar y critica un aspecto medular de Sigmund Freud, quien en su Introducción al psicoanálisis enfatiza: “La ilusión de tal cosa como la libertad psíquica […] eso es anticientífico y debe rendirse a la demanda del determinismo cuyo gobierno se extiende sobre la vida mental”; al decir de C. S. Lewis, esta perspectiva del ser humano como mero aparato significaría “la abolición del hombre”. Y el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek concluye en su multivolumen Derecho, legislación y libertad: “Creo que la humanidad mirará nuestra era como una de supersticiones, básicamente conectadas con los nombres de Karl Marx y Sigmund Freud”. Viktor Frankl y Carl Jung presentan en detalle la contracara de Freud, especialmente en el referido aspecto trascendental.

Queda patente que el asunto que tenemos entre manos hace a los fundamentos mismos de la sociedad libre. Popper ha bautizado como “determinismo físico” el supuesto de que el ser humano en verdad no elige, decide y prefiere, es decir, no actúa. Así escribe: “Si nuestras opiniones son resultado distinto del libre juicio de la razón o de la estimación de las razones y de los pros y contras, entonces nuestras opiniones no merecen ser tenidas en cuenta”.

Si no se aceptara la condición humana de la libre decisión, todas las demás elucubraciones en ciencias sociales carecerían de sentido, puesto que las bases de sustentación desaparecerían y no existiría acción humana sobre la base de motivos, sino mera reacción como en las ciencias naturales. En este sentido, el premio Nobel en Física Max Planck afirma: “Se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados”.

El uso metafórico algunas veces se convierte en sentido literal, tal es el caso de las expresiones “inteligencia”, “memoria” y “cálculo” aplicadas a los ordenadores. La primera proviene de inter legum, esto es, leer adentro, captar significados, por lo cual lo de “inteligencia artificial” constituye un contrasentido, ya que inteligencia remite a libre albedrío y no a programación o reprogramación; por eso se sugiere sustituir esa expresión por la de algoritmos informáticos. Y, como apunta Raymond Tallis en Why the Mind is not a Computer, aplicar la idea de memoria a las computadoras es del todo inadecuado, de la misma manera que cuando nuestros abuelos o bisabuelos solían hacer un nudo en su pañuelo para recordar algo no aludían a “la memoria del pañuelo”, puesto que “la memoria es inseparable de la conciencia”. En el mismo sentido, este autor destaca que, en rigor, las computadoras no computan ni las calculadoras calculan, puesto que se trata de impulsos eléctricos o mecánicos sin conciencia de computar o calcular.

En la obra citada, Szasz subraya las inconsistencias de una parte de las neurociencias al pretender que con mapeos del cerebro se podrán leer sentimientos y pensamientos, pero “el cerebro es un órgano corporal y parte del discurso médico. La mente es un atributo personal parte de otro discurso […] equivocadamente se usan los términos mente y cerebro como se utilizan doce y una docena”. Es sabido que todo lo material de nuestro cuerpo cambia permanentemente con el tiempo y, sin embargo, mantenemos el sentido de identidad (a menos que se haya padecido una enfermedad o accidente que lesione partes vitales del cerebro que no permitan la interconexión mente-cuerpo).

Aparece una gran paradoja que, entre otros, expresa George Gilder en The Future of the Economy en cuanto a que los procesos productivos de nuestra época se caracterizan por atribuirle menor importancia relativa a la materia y un mayor peso al conocimiento y, sin embargo, irrumpe con fuerza el materialismo filosófico.

Autores como Howard Robinson, John Foster, Richard Swinburne y Thomas Reid concretan su perspectiva mostrando que sus estudios se refieren a dos planos de una misma realidad humana. Una, la física o la material, y la otra, la mental o los estados de conciencia. Robinson resume este ángulo de análisis: “Lo físico es público en el sentido de que en principio cualquier estado físico es accesible (susceptible de percibirse, de conocerse) para cualquier persona normal […] Los estados de conciencia son diferentes porque el sujeto a quien pertenecen –y solo ese sujeto– tiene un acceso privilegiado a eso”, lo cual no quiere decir que todo lo del campo de la física pueda tocarse o, en su caso, ni siquiera verse, como los campos gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas.

En otras oportunidades nos hemos referido a la pretensión del matemático Alan Turing de asimilar los ordenadores al ser humano, lo cual fue refutado por el filósofo John Searle vía el énfasis en el libre albedrío.

Finalmente, Pierre Lecomte Du Noüy –doctor en ciencias y en filosofía, en ambos casos por La Sorbonne– en El provenir del espíritu resume la trascendencia de la condición humana al escribir: “La negación del libre albedrío, la negación de la responsabilidad, la concepción del individuo como unidad puramente físico-química, asimilado a un fragmento de materia […] implica necesariamente la muerte del hombre moral, la supresión de toda espiritualidad”, y cifra sus esperanzas en que se abra paso cada vez con mayor énfasis en la dimensión que hace a la esencia de la dignidad del hombre. En resumen, en este contexto evitar los estragos de la ciénaga.

 

Política

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Más sobre la esencial libertad de expresión

INFOBAE  En estos días ha habido debates, malos entendidos y trifulcas varias en torno a lo que antes se denominaba libertad de prensa y ahora con los nuevos medios y plataformas resulta más apropiado referirse a la libertad de expresión, lo cual abarca todos los canales posibles.

En una sociedad libre este derecho resulta esencialísimo como medida de supervivencia puesto que al decir de Albert Einstein “todos somos ignorantes solo que en temas distintos” el debate abierto es ineludible para aprender, refutar y evolucionar. Como es sabido el conocimiento no es un puerto sino una permanente navegación. Tal como he apuntado otras veces, bajo mi computadora tengo un gran letrero que reza nullius in verba que es el lema de la Royal Society de Londres que significa que no hay palabras finales.

Como nos ha enseñado Karl Popper, el conocimiento tiene la característica de las corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones, en eso consiste el avance de la ciencia y de todo lo susceptible de aprenderse en este mar de ignorancia donde los esfuerzos son colosales para captar pequeños trozos de tierra fértil.

Lo dicho se traduce en que cada cual puede decir y escribir lo que le venga en gana lo cual para nada significa que todo lo que se transmite está bien desde un punto de vista fáctico e incluso moral vía engaños, informaciones falsas y diatribas varias. Si alguien siente que sus derechos han sido vulnerados puede recurrir a la Justicia o criticar vía los medios que estime pertinentes o ambas cosas a la vez.

Incluso puede propiciarse un cambio en el sistema político. Por ejemplo, pregunto a mis lectores: ¿cuándo debe proscribirse el comunismo de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se introduce en una plataforma partidaria? Considero que en ningún caso, la forma de combatirlo es a través de la educación y el antes mencionado debate abierto, lo contrario se traduciría en un efecto boomerang para nuestras propias ideas novedosas.

Nunca bajo ningún concepto es aceptable la censura previa. Hoy día se notan algunos corcoveos por parte de ciertos periodistas tradicionales que han estado acostumbrados al monopolio del micrófono o de la impresora y se encuentran con nuevos frentes. En realidad el término “periodista” remite a periódico por lo que en nuestros tiempos hay que extenderlo a quienes comunican sistemáticamente, independientemente al medio a que recurran de modo que se extiende grandemente esa labor a muy diferentes avenidas comunicacionales.

Gregorio Badeni quien fuera mi gran amigo escribió un tratado sobre la antes denominada libertad de prensa que abarca 844 suculentas páginas donde analiza el tema desde muy diversas perspectivas. En este caso me limito a referirme a su mención al llamado “derecho a réplica” que critica agudamente. Sostiene que constituye un ataque al derecho de propiedad puesto que obliga al dueño del medio en cuestión a dar cabida a una o varias réplicas. Es equivalente a que se obligue a representar otra versión de una obra teatral, una producción de cine o darle la tribuna a otra persona que no le ha gustado la conferencia anterior y así sucesivamente. En este contexto concluye preguntando y respondiendo: “¿Pueden existir jurídicamente los abusos de prensa? Entiendo que no.” Esto último es similar a lo escrito por Marco Aurelio Risolia en su tesis doctoral de 1946 Soberanía y crisis del contrato cuando consigna que “abuso del derecho es una contradicción en los términos, un mismo acto no puede ser simultáneamente un derecho y su negación.” Es parecido a la sandez de sostener que la libertad de uno termina cuando comienza la del otro, en este contexto la libertad no tiene límite, la invasión de otra libertad es puro libertinaje.

Por supuesto que hay cosas que se dicen que no nos gustan, incluso nos repugnan pero eso es otro cantar que bajo ningún concepto puede cercenar la libertad de expresión que constituye el bastión fundamental de la sociedad abierta, no solo para estar informado sino para fortalecer y alimentar el proceso del conocimiento y para ponerle coto al abuso del poder político.

Viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta, significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el por qué y el para qué de principios aceptados, es considerado un elemento pernicioso”.

Es de especial importancia finiquitar la mugre de las pautas oficiales que hacen aparecer como competidores de información cuando son coactivamente financiados por el fruto del trabajo ajeno lo cual es un fraude escandaloso a lo que no pocos de los llamados comunicadores se han acostumbrado. También es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados que permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como agencia oficial de noticias”. Cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos gobiernos se han acostumbrado.

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

De la libertad de expresión se sigue la de asociación y de petición que deben minimizar las tensiones que eventualmente generen batifondos extremos y altos decibeles que afectan los derechos del vecino, lo cual en un sistema abierto se resuelve a través de fallos en competencia como mecanismo de descubrimiento del derecho y no como ingeniería legislativa y diseño arrogante.

Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se transmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisoras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de expresión, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatorius en el que Papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que en varios lares limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutenberg, no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) megalómanos que arremeten con fuerza contra los comunicadores independientes (un pleonasmo pero en vista de lo que sucede en diversas partes del mundo, vale el adjetivo). Afortunadamente -como queda dicho- irrumpieron novedosos medios que con sus pro y contras según su uso básicamente fortalecen la comunicación. Nunca será suficiente que reiteremos la trascendencia de la libertad de expresión para que sobreviva el respeto recíproco inherente a la libertad.

Prensa, Política Nacional, libertad de expresión

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El legado social del Papa Francisco

Infobae.com - La muerte de una persona bondadosa y bienintencionada siempre llama a la inclinación y a devotas oraciones. Claro que las intenciones no bastan, lo relevante son los resultados de las propuestas que en este caso nos circunscribimos a la materia social. Como han señalado una y otra vez los premios Nobel en economía Friedrich Hayek, Ronald Coase, James M. Buchanan, Edmund Phelps, Gary Becker, Milton Friedman y George Stigler, el bienestar social se logra solo en una sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana), lo cual implica mercados libres y la institución fundamental de la propiedad privada. Esto ha sido refrendado por la realidad de los hechos cuando se observan políticas comparadas. También estos pilares fueron subrayados con énfasis por Pontífices, especialmente León XIII, Pio XI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Como es de público conocimiento, el Papa Francisco ha formulado repetidas declaraciones y escritos en Italia, Chile, Perú, Cuba, Estados Unidos y Brasil que van a contracorriente de las opiniones de los antes mencionados personajes. En esta nota periodística resumimos sus ideas con dos ejemplos clave. En una entrevista de Eugenio Scalfari –director de La Reppublica publicada el 11 de noviembre de 2016 le preguntaron al papa Francisco qué opinaba cuando en muchas ocasiones se le acusa de comunista o marxista. A lo que respondió: “Mi respuesta siempre ha sido que en todo caso son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

En su mensaje a la Organización Internacional del Trabajo desde el Vaticano el 17 de junio de 2021, el Papa Francisco afirmó: “Siempre junto al derecho de propiedad privada está el más importante anterior principio de la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y por tanto el derecho de todos a su uso. Al hablar de propiedad privada olvidamos que es un derecho secundario que depende de ese derecho primario que es el destino universal de los bienes”. A nadie se le escapa que con este peculiar silogismo la propiedad privada queda sin efecto e irrumpe lo que en ciencia política se conoce como la tragedia de los comunes, es decir, lo que es de todos no es de nadie, lo cual perjudica muy especialmente a los más vulnerables debido a la extensión de la pobreza que significa el derroche de los siempre escasos recursos.

En este cuadro de situación es imprescindible tener presente lo estipulado por la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que puntualizó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

León XIII en Rerum Novarum afirma: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno”. Por su parte, Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno que “Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero”, Juan Pablo II ha precisado bien el significado bienhechor del capitalismo especialmente en la sección 42 de Centesimus Annus y Joseph Ratzinger/Benedicto XVI en Jesús de Nazaret (tres tomos) critica “el experimento marxista”, señala que “el mensaje de Jesús es estrictamente individualista” y marca los problemas graves del abuso del poder político que “ha convertido al Tercer Mundo en Tercer Mundo” que “creyó transformar piedras en pan, pero ha dado piedras en lugar de pan”.

La Enciclopedia de la Biblia -bajo la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho con la supervisión del Arzobispo de Barcelona- aclara que “fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento” y que “la clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo VI, págs. 240/241). Y el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- en uno de sus libros titulado El marxismo en la teología escribe que “No todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan algún sacerdote que predica en el templo, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido. Desgraciadamente no es así. Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos […] tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una anti-Iglesia”. En este sentido, no solo preocupan las declaraciones reproducidas arriba del Papa Francisco que reflejan su pensamiento sino que al margen debe consignarse que su primera concelebración en San Pedro fue con el Padre Gustavo Gutiérrez, el creador de la línea marxista llamada “teología de la liberación” con las consecuentes y reiteradas declaraciones y escritos de sacerdotes que comparten esa visión degradada de la Biblia.

Por otra parte y en un plano distinto, es pertinente recordar lo manifestado por el dignatario de la Iglesia católica y teólogo Hans Urs von Balthasar nominado Cardenal por Juan Pablo II que por aquello de “mi reino no es de esta mundo” propone modificar el Estado Vaticano -consolidado por Mussolini vía el Tratado de Letrán, en 1929- por una figura del derecho internacional que proteja la cabeza de la Iglesia alejado de avatares partidarios (para no decir nada del Banco del Vaticano).

Pero lo más importante en esta instancia es celebrar junto a nuestra grey católica y a todo el mundo libre, independientemente del credo al que se adhiera, la designación como nuevo Papa a Robert Prevost que asume como León XIV y con el debido respeto rezo fervientemente para que este Pontífice muestre la miseria moral y material que tiene lugar cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno se apartan de los Mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos… para bien de todos pero muy especialmente de los más vulnerables.

Alberto Benegas Lynch

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