INFOBAE - (Reuters) - El Intercambio Comercial Argentino (ICA) habría registrado un saldo positivo de 1.230 millones de dólares en noviembre sostenido principalmente por un avance en los precios de los commodities, reflejó el promedio de un sondeo de Reuters.
Las estimaciones entre ocho analistas locales y extranjeros también arrojaron una mediana con un superávit de 1.059 millones de dólares para la balanza comercial del penúltimo mes del 2020.
El resultado positivo del ICA en noviembre estuvo "impulsado por una recuperación de los precios de los productos básicos, la recuperación económica de nuestros principales socios comerciales y del sector agroexportador interno", afirmó Natalia Motyl, economista de la Fundación Libertad y Progreso.
La gran disparidad de proyecciones de los analistas encuestados oscilaron entre un saldo comercial positivo mínimo y máximo de 670 millones de dólares y 1.891 millones de dólares, respectivamente.
En noviembre de 2019, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la balanza comercial de Argentina registró un superávit de 2.484 millones de dólares.
Los analistas prevén que el superávit comercial argentino podría reducirse en los próximos meses cuando la economía empiece a mejorar debido a un mayor nivel de importaciones.
"Se espera que el superávit vaya reduciéndose en los próximos meses a medida que se espera que la demanda interna vaya recuperándose, por lo que se espera cierto crecimiento de las importaciones", añadió Motyl.
El INDEC, según su calendario de publicaciones, dará a conocer el dato oficial del ICA del undécimo mes del año el martes por la tarde.
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INFOBAE - Dado el parentesco de la economía con el terreno psicológico, especialmente referida a la tradición subjetivista de la Escuela Austríaca, resulta de provecho explorar algunos andariveles y derivaciones en este campo de estudio. Antes me he referido a este autor tan prolífico cuyo nombre estampo en el título de este artículo, pero debido a debates recientes sobre sus escritos estimo que es oportuno volver sobre el asunto. Un asunto por cierto delicado al efecto de hacer justicia con su legado para lo cual en una nota periodística es menester centrar la atención en el tronco de sus contribuciones y evitar deslizarse por las ramas.
Sin duda, igual que lo que sucede con prácticamente todos los autores de renombre, Freud ha realizado aportes que han sido útiles para variados fines, por ejemplo, su preocupación para que personas que reprimen en el subconsciente hechos e imágenes que estiman inconvenientes puedan asumir los problemas y ponerlos en el nivel del consciente. También fue quien inició el método de asociación de ideas recurriendo al per analogiam incluso para la interpretación de sueños apartándose de una estricta exégesis e internándose en una suerte de hermenéutica onírica y de los sucesos de la vida en general.
Pero estos dos ejemplos resultan controvertidos puesto que hay quienes sostienen que muchas veces la llamada “represión” constituye un mecanismo de defensa para evitar daños mayores y que solo es constructivo que afloren los problemas si efectivamente pueden resolverse y no simplemente por el mero hecho de sacarlos a luz. A su vez, hay quienes sostienen que la interpretación analógica de diversos sucesos conduce a conclusiones tortuosas y equivocadas cuando, en verdad, una interpretación directa (o, si se quiere, literal) conduce a un mejor entendimiento de lo que se analiza.
Resulta muy difícil juzgar in toto a un escritor y cuanto mayor es la cantidad de sus obras, naturalmente mayor es la dificultad. Para emitir una opinión sobre un autor generalmente se alude a lo que se estima es el eje central de su contribución. De todos modos, no siempre es fácil la tarea puesto que en algunos casos se entremezclan en los aportes aspectos considerados positivos y negativos.
En el caso de Sigmund Freud nos parece pertinente citar algunos de sus pensamientos para arribar a conclusiones rigurosas. Por ejemplo, en Problemas de la civilización sostiene que, en el ser humano, debe “descartarse el principio de una facultad originaria y, por así decirlo, natural, apta para distinguir el bien del mal”, más aún, en Tótem y tabú escribe que “las prohibiciones dictaminadas por las costumbres y la moral a las que nosotros obedecemos, tienen en sus rasgos esenciales cierta afinidad con el tabú primitivo” y, en el mismo libro, afirma que la negación de las relaciones incestuosas constituye “la mutilación más sangrienta, quizás, que se ha impuesto en todos los tiempos a la vida erótica del ser humano”.
Esto va para la moral y las costumbres pero también la emprende contra el sentido mismo de libertad, por ejemplo, en su Introducción al psicoanálisis donde se refiere a “la ilusión de tal cosa como la libertad psíquica [...] eso es anticientífico y debe rendirse a la demanda del determinismo cuyo gobierno se extiende sobre la vida mental”. Al decir de C.S. Lewis, esta perspectiva, que convertiría al ser humano en meras máquinas, significaría “la abolición del hombre”, una posición -la de Freud- que adhiere al materialismo filosófico o determinismo físico tan criticado por Karl Popper en Knowledge and the Mind-Body Problem y secundado, entre otros destacados intelectuales, por el premio Nobel en neurofisiología John Eccles en La psique humana y antes que eso por el premio Nobel en física Max Planck en ¿Hacia dónde va la ciencia? Popper y Eccles escribieron en coautoría sobre el tema señalado en un libro que lleva el sugestivo título de El yo y su cerebro.
En el epílogo al tercer tomo de su Derecho, legislación y libertad el premio Nobel en economía Friedrich Hayek escribe: “Creo que la humanidad mirará nuestra era como una de supersticiones básicamente conectadas con los nombres de Karl Marx y Sigmund Freud. Creo que la gente descubrirá que las ideas más difundidas del siglo XX -aquellas de la economía planificada basada en la redistribución, manejada por arreglos deliberados en lugar del mercado y el dejar de lado las represiones y la moral convencional y seguir una educación permisiva- estaban basadas en supersticiones en el más estricto sentido de la palabra”.
Hans Eyseneck señala en Decadencia y caída del imperio freudiano que “lo que hay de cierto en Freud no es nuevo y lo que es nuevo no es cierto”. Thomas Szasz y Richard LaPierre llegan a la misma conclusión en La ética del psicoanálisis y La ética freudiana, respectivamente. Ronald Dabiez en su voluminoso tratado El método psicoanalítico y la doctrina freudiana señala que las ideas que Freud no comparte las considera “neurosis”, lo cual abre las puertas a peligrosas persecuciones bajo el manto del “tratamiento”. Por ejemplo, Dabiez explica que “la actitud de Freud frente a las creencias religiosas ha evolucionado en el sentido de una hostilidad cada vez más acentuada, al menos por la frecuencia de sus manifestaciones, puesto que, para Freud, la equiparación fundamental de la religión a la neurosis obsesiva se encuentra desde 1907”.
También Henry Hazlitt concluye en Los fundamentos de la moralidad que, según Freud, “la sociedad” debe financiar obligatoriamente la irresponsabilidad de hogares y colegios permisivos y que “el criminal está ´enfermo´ y, por ende, no debe ser castigado” y que “el cumplimiento de normas morales sólo conduce a la neurosis”.
Entre las 673 páginas de una de las obras de Richard Webster titulada Why Freud Was Wrong, leemos que “Freud estaba convencido que la mente podía y debía describirse como si fuera parte de un aparato físico [...] Freud no realizó ningún descubrimiento intelectual de sustancia [...], sus hábitos de pensamiento y su actitud frente a la investigación científica están lejos de cualquier método responsable de estudio”. De este libro escribe James Liberman en el Journal of the History of Medicine que “hasta donde yo sé, es el mejor tratamiento del tema tanto en contenido como en estilo.”
Por otra parte, Lecomte du Noüy destaca en Human Destiny que “de arriba abajo en toda la escala, todos los animales, sin excepción, son esclavos de sus funciones fisiológicas y de sus hormonas y secreciones endoctrinales” pero, con el hombre, “aparece una nueva discontinuidad en la naturaleza, tan profunda como la que existe entre la materia inerte y la vida organizada. Significa el nacimiento de la conciencia y de la libertad [...] La libertad no solo es un privilegio, es una prueba. Ninguna institución humana tiene el derecho de privar al hombre de ella”. De cada uno de nosotros depende el resultado de esa prueba y no de pseudodeterminismos del profesor vienés de marras que estarían fuera del ámbito humano.
Lo dicho no es para nada una refutación al psicoanálisis en general ni tampoco pretende negar valiosas ayudas de la psicología al efecto de entender los eventuales problemas de algunas personas y la psiquiatría que apunta a resolver las distorsiones en los neurotransmisores y desajustes químicos en general para lo que Freud en gran medida fue un pionero, de lo cual, como queda dicho, no se desprende que sus conclusiones en buena parte de la materia abordada sean pertinentes ni estén exentas de contradicciones y derivaciones inconvenientes como las señaladas en este resumen.
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Carlos Rodríguez Braun reviews the book The Neo-Inquisition: Persecution, Censorship and Cultural Decadence in the XXI Century by Axel Kaiser.
CATO - If we are asked about times, places or systems that constitute symbols of persecution, censorship and cultural decadence, we would hasten to underline the savage repression of people and ideas, hallmarks of communism, Nazism and Islamic fundamentalism. This book by Chilean thinker Axel Kaiser (Santiago de Chile, 1981) brings us disturbing news: evil is closer than we think. In fact, it is here and now among us.
We do not suffer today, of course, thanks to God and the freedom that animated and succeeded the crises of totalitarianisms, genocidal tyrannies like those that bloodied the 20th century. But Kaiser invites us to reflect on political correctness, which we can call contemporary vegetarian totalitarianism. Specifically, he calls us "to become aware of the results to which the processes of hypermoralization, collapse of rationality in the public space and politicization of virtue can lead."
It has been especially concentrated in the United States and Europe in recent years, where a striking narcissism prevails: hegemonic ideas encourage us to be self-satisfied with the great achievements achieved thanks to democracy, but the pages of the book reel one sample after another that the Pleasantries are unfounded.
Indeed, many assure that today, finally, the critical spirit prevails, while rejecting all criticism; they boast of pluralism and diversity who are really implacable uniforms; their worst enemies for the defense of freedom of expression; not to discriminate those who discriminate incessantly; from inclusive to exclusive; and intolerant tolerance.
And the most chilling thing is that this does not happen in North Korea but in Harvard. The devastating examples of “emocracy”, the government of emotions, take place in envied temples of knowledge, due to “a self-flagellating discourse that, exploiting guilt and resentment at sometimes pathological levels, has taken over the humanities and of the social sciences in many of the best universities in the world ”.
Your pages against unrestricted immigration have not convinced me at all. I am aware that it is incompatible with the current Welfare State, and that prominent liberals have made a reasonable case for limiting immigration. But the liberal ideal is not to be limited by the state, which in fact encourages it through the welfare state and other regulations and interventions. It should be limited by the freedom and property rights of the natives, that is, the market. But that does not mean, as Rothbard says, I think wrongly, that in a world without a state and with respect to property there could never be open borders. On the other hand, the book's criticism of multiculturalism is correct, and the idea that immigrants must not only be helped but also demanded is revealing. Of course: that is the free society.
And the threat that political correctness represents for that society is clear in this volume. Axel Kaiser points to the suffocating environment of the culture of victimhood, illiberal feminism, and so-called hate crimes, blatantly used to suppress and silence discordant voices in academia, culture, politics, and the media.
The new inquisitors, who are fundamentally on the left, are exposed in these pages, who rightly denounce their fallacies, traps and outrages. They are not champions of justice but of injustice, they are not champions of progress but of reaction. But they could never have come how far they have come if a large part of the population had not previously surrendered to illiberal ideas. Axel Kaiser points out: "Europeans hope that the state will solve everything." The current inquisitors would never have made their august otherwise.
This article was originally published in El Cultural (Spain) on December 8, 2020.
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LA NACIÓN - Hay justificadas quejas por la politización y el consiguiente adoctrinamiento en instituciones de enseñanza y, sin embargo, se acepta que los aparatos estatales impongan criterios curriculares en esos centros, sean estatales o privados, que en este último caso están privados de independencia.
La característica medular de la educación estriba en un proceso de prueba y error en un contexto evolutivo. Nadie debiera tener la facultad de imponer estructuras curriculares puesto que de ese modo se cierran las puertas y ventanas de un sistema que requiere el máximo oxígeno en un proceso competitivo en el que se establecen auditorías cruzadas para lograr los mayores niveles de excelencia. Uno de los pilares de cualquier educación que se precie de tal consiste en fomentar el pensamiento independiente y en la capacidad de cuestionar el statu quo y despejar telarañas mentales, lo cual pretendemos hacer en esta nota periodística. Los aparatos de la fuerza debieran ser ajenos a la educación. No resulta posible enseñar libertad sobre la base de la compulsión.
Entonces no solo no tienen sentido los llamados ministerios de educación y de cultura, sino que la educación estatal resulta un contrasentido igual que literatura estatal, periodismo estatal, arte estatal y demás dislates. Y no digo "educación pública" puesto que se trata de un disfraz ya que la educación privada es también para el público.
No se trata de sostener en modo alguno que en las instituciones estatales no hay excelentes profesores y profesoras. Por otra parte, no sería consistente con mi propia trayectoria fuera de ámbitos universitarios privados si pensara que toda la enseñanza estatal es deficiente ya que también me he desempeñado en universidades estatales. No se trata de refutar el hecho de lo mucho y bueno aprendido en entidades gubernamentales de enseñanza merced a las esforzadas y meritorias tareas de maestras y maestros. Salvando las distancias, tampoco es el caso de discutir en nuestro medio la faena formidable de Sarmiento en un territorio virgen, aun con las críticas por haber desplazado la enseñanza privada debido a la "gratuidad" de su propuesta (recordemos al pasar que nada es gratis).
A esta altura de los acontecimientos, se trata de revisar el fondo del asunto y no para circunscribirlo al caso argentino, sino para formular un análisis global que cabe a todas las instituciones estatales de educación en todas las latitudes. No es un asunto de mala voluntad, sino de independencia y de incentivos puesto que no es lo mismo cuando uno paga las cuentas que cuando fuerza a otros a pagarlas.
Las acreditaciones, en los casos en que se requieren, serían realizadas, tal como sucedía originalmente, a través de academias e instituciones privadas que, en el proceso, además, sirven también de auditorías cruzadas y en competencia por la calidad de los programas.
Por otra parte, es menester contemplar las características únicas de cada uno de los que aplican para la educación formal, que incluso lo son de un modo multidimensional en la misma persona, por lo que se requiere un proceso dinámico y cambiante.
Debe comprenderse que todos pagamos impuestos, especialmente los más pobres, que pueden no haber visto nunca un formulario fiscal. Esto es así porque aquellos que son contribuyentes de jure reducen sus inversiones, lo cual, a su turno, disminuye salarios e ingresos en términos reales, una secuencia que tiene lugar debido a que las tasas de capitalización constituyen la única explicación por la que se eleva el nivel de vida.
Más aún, si tomamos en cuenta el concepto de utilidad marginal resulta claro que una unidad monetaria -a pesar de que no son posibles las comparaciones intersubjetivas de utilidad ni tampoco pueden referirse a números cardinales- en general no es lo mismo para una persona pobre que para una persona rica. En el primer caso, manteniendo los demás factores constantes, el efecto negativo del tributo será mayor, lo cual hace que el impacto impositivo recaiga en definitiva con mayor peso en los más pobres como consecuencia de la antedicha contracción en las inversiones.
Desde otra perspectiva, los costos por estudiante en las entidades estatales de educación son habitualmente más elevados que en instituciones privadas, por la misma razón que opera "la tragedia de los comunes" en cuanto a incentivos que hacen que las mal llamadas "empresas estatales" sean ineficientes. Por ende, debieran venderse las instituciones estatales de enseñanza, por ejemplo, a los mismos encargados de los respectivos claustros con todas las facilidades del caso. Y en la transición, para financiar a los que no cuentan con ingresos suficientes, pero tienen condiciones para aplicar a las ofertas educativas existentes, se ha sugerido el sistema de vouchers en repetidas ocasiones. Este sistema exhibe un non sequitr: esto significa que de la premisa de que otras personas debieran ser forzadas a financiar la educación de terceros no se sigue que deban existir instituciones estatales de educación, ya que el voucher (subsidios a la demanda) permite que el candidato en cuestión elija la entidad privada que prefiera.
Se ha dicho repetidamente que la educación es un bien público, pero esta afirmación no resiste un análisis técnico ya que no calza en los principios de no rivalidad y no exclusión propios de los bienes públicos.
También se ha dicho una y otra vez que la educación estatal debe incorporarse porque le da sustento a la idea de la "igualdad de oportunidades". Esta figura, prima facie parece atractiva pero es del todo incompatible y mutuamente excluyente con la igualdad ante la ley. El liberalismo y la sociedad abierta promueven que la gente disponga de mayores oportunidades no iguales debido a que las personas son distintas. La igualdad es ante la ley, no mediante ella.
Se argumenta que los niños debieran contar con un minimum de enseñanza tal como el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero si los padres de familia consideran que eso es importante, es eso a lo que se le otorgará prioridad tal como ha ocurrido a través de la historia por medio de pagos directos o por medio de becas. Es muy cierto que la educación es fundamental, pero más importante aún es el estar bien alimentado y ninguna persona de sentido común, a esta altura, propondrá que la producción de alimentos esté en manos del Estado, porque la hambruna es segura.
Si prestamos atención a los escritos de historiadores, comprobaremos que, comenzando con Atenas, la Roma de la República antes del Imperio, el mundo árabe en España y en el comienzo de las colonias estadounidenses no había interferencia estatal en materia educativa. Cualquiera podía instalar un colegio y competir para atraer alumnos a muy diferentes precios y condiciones, lo cual produjo como resultado la mejor educación del mundo de entonces. Debido a que el control gubernamental poco a poco se fue apropiando de la educación, desde el siglo XVII se instaló el primer sistema estatal en Alemania y en Francia. Ya en el siglo XVIII la mayor parte de Europa estuvo bajo la influencia de este sistema (excepto Bélgica, que lo impuso en 1920).
Por último, destaco que, en una sociedad abierta, cuando se estima que padres lesionan derechos de sus hijos sea en materia educativa, alimentaria o física, quienes detectan esas conductas pueden actuar como subrogantes ante la Justicia.
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¿Qué es el liberalismo? De acuerdo con el último libro del economista español Juan Ramón Rallo, el liberalismo es “una filosofía política con unos principios generales muy concretos dirigidos a alcanzar un fin bastante específico: proteger la libertad de cada persona para escoger cómo desea vivir su vida”.
Una definición similar a esta es la que usó Roxana Kreimer, destacada filósofa argentina, en su más reciente video. Allí comenzaba diciendo “qué lindo no? Quién no quiere ser libre?”. Sin embargo, sus comentarios posteriores se enfocaron en el corolario más económico del liberalismo. Y, en ese sentido, casi todas fueron críticas.
En este artículo / video vamos a analizar algunos de los puntos elevados por Roxana, no porque tengamos algo especial contra ella, sino porque muchos de estos suelen ser parte de la confusión colectiva que existe en torno de las ideas de la libertad, cuando se aplican a la economía.
Una primera objeción al liberalismo económico es que la economía liberal no brinda resultados positivos. Kreimer dice que “cuando se analizan los datos a largo plazo la conveniencia inmediata no supone ni equidad ni interacción social positiva”.
Lo primero que habría que decir aquí es que, precisamente, los datos de largo plazo son los que mejor muestran la efectividad de la economía liberal. Desde el traspaso del feudalismo al capitalismo la vida en la tierra experimentó un salto exponencial en su calidad.
Por otro lado, el mundo pasó de ser un lugar habitado por 1.100 millones de personas a uno poblado por 7.350 millones. Es decir que la pobreza cayó mientras la población se multiplicaba por 7, algo jamás imaginado por los intelectuales anticapitalistas que suponían que el crecimiento poblacional sería la ruina de la civilización.
En cuanto a la equidad, también los datos son más que elocuentes.
Según la evidencia disponible, en el año 1800 casi todos los países tenían un ingreso per cápita similar al de los países más pobres de la actualidad. Hacia 1975 el cuadro era totalmente distinto con muchos países de Europa y Norteamérica ya en niveles de riqueza, pero con gran parte de Asia todavía rezagada. Esto generaba una situación de gran desigualdad mundial. Pero para 2015 ese cuadro había cambiado nuevamente, con todos los continentes superando la pobreza y una equidad mucho mayor entre países que la que había en 1975.
Monopolios
Se suele decir también que el libre mercado lleva al monopolio y la concentración de riquezas. Kreimer afirma que:
“La experiencia de siglos mostró que lejos de mantenerse en equilibrio el mercado tiende a generar monopolios. Empresas chicas son devoradas por las grandes e imponen su voluntad a nivel global.”
Esta afirmación tampoco se sostiene demasiado en la evidencia. Por ejemplo, en 1995 la empresa más grande del mundo por capitalización bursátil era General Electric, una multinacional gigante de nada menos que 300.000 empleados y fundada a fines del Siglo XIX. En el año 2010, sin embargo, General Electric había caído al puesto sexto de la lista, superada por dos jóvenes empresas, de menos de 40 años de historia: Microsoft y Apple.
Por otro lado, grandes empresas que tuvieron una posición casi monopólica en los mercados en los que operaron, como Blockbuster, Kodak y Blackberry enfrentaron la ruina económica en el año 2010, 2012, 2018.
Además, una mirada comparada a las grandes fortunas de la revista Forbes muestra que entre 1980 y 2020 el cambio de caras es impresionante, lo que desmonta la idea de que la concentración de la riqueza es creciente y en pocas manos.
Por último cabe hacer una aclaración sobre los monopolios. Es que en la medida que no se sostengan gracias al privilegio o la prebenda estatal que frena por la fuerza la competencia del mercado, éstos no suponen un problema.
Poniendo un ejemplo sencillo, no es un problema si Roger Federer ostenta el monopolio del número 1 del mundo, o si lo hace Diego Maradona. Si en un marco de reglas claras de juego, el competidor puede mantenerse en el número uno, eso es un mérito suyo y una ganancia para la sociedad.
Con las empresas pasa lo mismo, si no existen barreras de entrada para competir en el mercado, el que “concentre” la mayor parte del mercado, será aquel que el público consumidor elija todos los días con sus compras y sus recomendaciones.
Desempleo
La supuesta tendencia a la concentración de la riqueza y los monopolios, nos dice Roxana, llevará al desempleo. Pero es fácilmente comprobable que esto no es así. De acuerdo con datos publicados por el Banco Mundial, la población ocupada en 1990 era de 2.300 millones de personas, mientras que este número es hoy de 3.500 millones. En Estados Unidos, cuna del capitalismo moderno, la tasa de desempleo antes de la pandemia había llegado a 3,5%, un mínimo histórico que no se veía desde la década de los ‘60.
Solidaridad
Otra crítica que se le hace al liberalismo es que “perturba las relaciones sociales y obstaculiza la solidaridad” así como también que “estimula el desarrollo de ciertas destrezas antisociales, como la competencia y la envidia (…) Como señalaba el novelista Edward Bellamy, las tendencias que se derivan de comprar y vender son básicamente antisociales. Educan para promover los propios intereses a costa de los demás.”
Precisamente esto es no entender la lección de Adam Smith cuando sugería que el pan que comemos todos los días no se debe a la benevolencia del panadero, sino a la atención que él ponía en su propio interés. Pero el punto es que en una economía capitalista, para que el panadero pueda promover su propio interés, también debe estar promoviendo el interés de los demás.
En resumen, si no vende un pan de calidad y precio aceptable, se quedará sin negocio.
En este sentido, el liberalismo económico es un sistema profundamente empático -porque se preocupa por el interés de los demás- y también profundamente inclusivo y social.
En el fondo, al comprador y al vendedor no le importa la raza, religión, el color ni la orientación sexual de su contraparte: solo quiere hacer un buen negocio. Es por esto que Bastiat decía que “Si las personas y los productos no cruzan las fronteras, tarde o temprano las cruzarán los ejércitos”. Es que el comercio es justamente la mejor forma pacífica de que todos los involucrados alcancen sus objetivos personales sin dañar a terceros.
Por último, nada en la filosofía liberal rechaza la solidaridad. Y, de hecho, entre los países más solidarios del planeta, medidos por el “World Giving Index”, encontramos a Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, países que están en lo más alto del ránking de libertad económica global, y que además son increíblemente prósperos.
Es que la solidaridad depende positivamente de la capacidad para donar, y para eso es requisito ineludible una economía capitalista que genere riqueza.
Presupuestos balanceados
La última de las críticas que queremos abordar en este video está relacionada con el tema presupuestario.
Roxana Kreimer sostiene que es un mito del liberalismo que los gobiernos deban tener equilibrio fiscal -es decir, que no gasten más de lo que pueden recaudar- y que “lo que resulta prudente para los individuos no necesariamente lo es para el estado”.
Porque si bien en una familia cuando el ingreso cae es hora de apretarse el cinturón, cuando “el gobierno recorta el gasto público, las personas se quedan sin trabajo y no pueden pagar impuestos.”
Esta visión es muy común entre economistas críticos del liberalismo, y se suelen tomar como referencia las enseñanzas de Keynes, que sostenía que el gasto y el déficit tenían que expandirse en una recesión.
Ahora bien, si la expansión del gasto público y del déficit fiscal fueran la receta de la prosperidad, Argentina debería ser potencia económica. Sin embargo, tras un fuerte incremento del gasto público entre 2003 y 2016, ingresamos en una fuerte crisis económica con inflación y devaluación.
Por otro lado, también es falso sostener que reducir el gasto público es malo para la economía. Cuando los Estados Unidos salieron de la Segunda Guerra Mundial, el gasto público cayó desde más del 80% del PBI al pequeño 25% del PBI.
Pero como explica Nicolás Cachanosky, a raíz de este descenso “deberíamos observar una profunda y extensa crisis. Sin embargo, lo que se observa es que del pico (1944) al piso (1947) el PBI real se contrajo en un 13.4%, lo que equivale a una caída equivalente de 3.5% por año. En 1948 el PBI real creció un 4.1%” y luego continuó haciéndolo a tasas altas al comenzar la década del ‘50 bajándose sustancialmente la inflación.
Por último, la familia sí es similar al estado en cuanto a ingresos y gastos. Lo que ocurre es que algunas familias, tienen más crédito que otras. Por ejemplo, si en una familia caen los ingresos es intuitivo pensar que deben recortar el gasto. Pero también es cierto que podrían usar el crédito del banco.
En el caso de los gobiernos pasa lo mismo. Estados Unidos puede tener altos déficit fiscales en algún que otro año, pero porque todos los ahorristas del mundo están dispuestos a comprar sus bonos. Y eso es porque se confía en que en el futuro esa economía crecerá, y entonces el gobierno estará en condiciones de honrar sus compromisos.
Distinto es el caso de Argentina u otros países hispanoamericanos que no tienen un buen registro en este sentido.
Recientemente Argentina entró en el noveno default de su historia. Es decir que en nueve ocasiones en la historia, el gobierno no honró sus compromisos con quienes le prestaron plata. Para estos casos, entonces, el equilibrio presupuestario sí es un requisito, porque no se dispone de crédito para gastar por encima de las posibilidades. Y si, frente a esta realidad se insiste en seguir gastando por encima de las posibilidades, vas a una crisis de deuda o altísimos niveles de inflación.
Para finalizar, en su más reciente video, basado parcialmente en su libro Desigualdad y Violencia Social, Roxana Kreimer ataca al liberalismo económico desde muchos frentes. Sin embargo, en muchos de estos puntos no hay evidencias que sostengan las críticas. De hecho, le teoría y los datos disponibles muestran que el sistema de la libertad económica ha sido un excelente método para conseguir todos los objetivos que Roxana dice desear, como reducción de la pobreza, movilidad social, equidad, empatía e incluso solidaridad.