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Indican que suba de precios en alimentos supera al nivel general de inflación

EL LIBERAL - Los precios de los alimentos y otros artículos de primera necesidad para los consumidores continuaron en la primera quincena de diciembre aumentando sus precios por encima del 3% promedio, dijo la Asociación de Consumidores Libres.

Héctor Polino, titular de la entidad, indicó que el relevamiento de precios que la asociación hace desde hace más de quince años en supermercados de la Ciudad de Buenos Aires registró un alza promedio de precios del 3,76%, respecto del mismo período de noviembre.

Polino informó que el relevamiento efectuado por la entidad en supermercados y negocios barriales de la ciudad de Buenos Aires tomó en cuenta los precios de los 21 productos de la llamada “canasta básica de alimentos” que estudia la entidad.

Si se toman en cuenta sólo los productos de almacén como aceite de girasol, arroz grano fino, azúcar común, fideos por 500 gramos, harina de trigo, huevos por docena, pan fresco, leche en sachet y yerba, los precios se incrementaron un 4,83% promedio.

Los alimentos de verdulería se incrementaron 1,54% y los de carnicería se encarecieron 4,15%.

Núcleo vs. el resto

La inflación de noviembre llegó al 3,2%, menos de lo esperado por los analistas (3,5%), y acumuló en un año un alza del 35,8%, informó el Indec. En tanto, según la información oficial, entre enero y noviembre, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un incremento del 30,9%.

La suba de precios de noviembre fue inferior al 3,8% de octubre -el dato más alto de 2020- y al 3,3% de marzo, pero superó al resto de los meses.

La desaceleración de los precios respondió en buena parte a menores aumentos en los productos estacionales, que se desaceleraron hasta el 2% mensual luego de haber crecido 9,6% en octubre y 7,9% en septiembre. También influyó el menor incremento de los precios regulados por el Gobierno, que exhibieron una merma hasta un 1,2% (vs. 1,5% en octubre).

En el mismo sentido, el rubro de mayor incidencia en el IPC, Alimentos y Bebidas, registró una significativa contracción desde el 4,8% observado en octubre hasta el 2,7%, con menor suba en Lácteos, Aceites y Frutas y una caída en Verduras, esta última explicada principalmente por un factor estacional. Por el contrario, entre los alimentos que más subieron resaltaron las carnes, con el asado arrojando un incremento del 10,3% en el GBA.

En el mismo sentido, la Fundación Libertad y Progreso advirtió esta semana que “desde enero de este año la Canasta Básica Alimentaria (CBA) crece a un mayor ritmo que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en términos interanuales”. En septiembre, subió un 39,6% interanual, en octubre un 45,8%, mientras que en noviembre se ubicó en 42,9%. De esta forma, la brecha con el IPC llegó a los niveles más altos desde abril del 2019. En noviembre, fue 7,1 puntos porcentuales.“Preocupa la evolución en los precios de los alimentos”

“Preocupa la evolución en los precios de los alimentos”

El economista Piccardo, de la Fundación Libertad y Progreso dijo que “es de vital importancia que esta tendencia -del crecimiento del precio de alimentos por encima del nivel general de precios- se corrija, ya que la pobreza alcanzó el 44,2% para el cuatrimestre comprendido entre julio y octubre, y 6 de cada 10 chicos la padecen según datos revelados por el Observatorio de Deuda Social de la UCA. La indigencia está en el 10,1% y en el 16% en niños y adolescentes. Tanto las personas pobres e indigentes están más atentas a la CBA que al IPC, y preocupa sobremanera la evolución de la CBA en los últimos 2 meses”.

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CEA Perspectivas: Lecciones de la dolarización en Ecuador

UCEMA - El año 2020 marca el vigésimo aniversario de la dolarización en Ecuador. El año 2020 también marca 13 años consecutivos de alta inflación en Argentina. En los últimos 20 años, Ecuador y Argentina han seguido caminos distintos en materia de política e instituciones monetarias. Los resultados son, naturalmente, distintos. Mientras Ecuador logró domar la inflación, Argentina no encuentra salida a su alta inflación.

El tema de la dolarización en Argentina es recurrente, nunca termina de desaparecer. Se podría sostener que Argentina es un país informalmente dolarizado. Se usa el peso para las transacciones diarias y el pago de impuestos. Pero se usa el dólar como moneda de ahorro y unidad de cuenta en grandes transacciones (por ejemplo, compra de inmuebles). Desde que Perón nacionalizó el BCRA en 1946, la inflación promedio anual se ubica en torno al 60%, ¿no debería Argentina de una buena vez formalizar su dolarización siguiendo los pasos de Ecuador?

La idea de dolarización es recibida con bastante rechazo en Argentina. No obstante, dicho rechazo se fundamenta en argumentos especulativos más que en la experiencia de países dolarizados. Seguramente hay lecciones que aprender de los 20 años de experiencia en Ecuador. A continuación, contrasto cuatro de las objeciones más comunes a la dolarización con lo que sabemos ha pasado en Ecuador.

Abandonar la política monetaria

Quizás la objeción más común a la dolarización es que se abandona la posibilidad de realizar política monetaria interna. Sin embargo, me parece que esta objeción erra al punto de la dolarización. Justamente una de las ideas detrás de una dolarización es abandonar una terrible política monetaria interna, no una eficiente política monetaria interna.

La preocupación es que, sin un banco central, el país dolarizado quedaría expuesto a shocks nominales externos. Por ejemplo, cambios de tasas de interés por parte de la Reserva Federal o movimientos súbitos de capitales. Sin embargo, debemos tener cuidado de no caer en una falacia de Nirvana, donde se compara una situación real con una ideal. La alternativa a la dolarización no es un banco central capaz de navegar shocks monetarios internos; la alternativa a la dolarización es un banco central que es fuente de recurrentes y serios shocks internos. El país en el cual la dolarización es un tema no es un país con un banco central eficiente, es un país con un banco central ineficiente. La dolarización en Argentina implica elegir entre dolarizarse y seguir con el BCRA, no implica elegir entre dolarizarse y tener el banco central suizo. En otras palabras, el trade-off relevante es entre shocks externos y shocks internos. No es obvio, entonces, que la dolarización sea una mala idea cuando el banco central ideal no es parte del menú.

Ecuador ofrece dos lecciones. La primera es que cerrar el banco central no implica renunciar en su totalidad a política monetaria interna. Siguiendo el caso ecuatoriano, se puede cobrar un impuesto al sector financiero específicamente aplicado a un fondo de emergencia que el gobierno puede utilizar para ofrecer liquidez en caso de ser necesario. Este fondo de emergencia puede ser administrado por un ente independiente del Tesoro. 

En el año 2008 se produjo un gran shock monetario. Según al argumento del peligro de abandonar la política monetaria interna, Ecuador debería haber sufrido una de sus mayores crisis económicas. Ecuador no sólo se enfrentó a la crisis del 2008, ese mismo año también su deuda soberana cayó en default. Sin embargo, la crisis económica del 2008 fue mucho menor en el Ecuador dolarizado que en la Argentina con su propio banco central.

Abandonar al prestamista de última instancia

Una segunda objeción a la dolarización es la pérdida del banco central como prestamista de última instancia. Este argumento se basa en la idea de que el sistema financiero es inherentemente inestable. La literatura de banca libre presenta serias dudas a la idea de que los bancos son inherentemente inestables. Un estudio cuidadoso de la historia bancaria muestra que las crisis se deben a regulaciones ineficientes o desequilibrios fiscales, no a las reservas fraccionarias en sí. Pero, más allá de las lecciones de la literatura de banca libre, lo importante es ver qué sucede con el rol de prestamista de última instancia en el caso de una dolarización.

La primera cuestión es definir cuál debe ser el comportamiento del prestamista de última instancia. Resumidamente, podemos pensar en dos tipos de prestamistas de última instancia. El primero cumple el rol clásico del banco central, que consiste en ofrecer ayuda financiera sólo a bancos ilíquidos pero solventes. Este comportamiento es conocido como la Regla de Bagehot. El segundo prestamista de última instancia busca evitar que cualquier banco quiebre, incluso los insolventes, por temor a un efecto dominó (similar a la doctrina too-big-too-fail). Es este segundo prestamista de última instancia el que genera problema de moral hazard y costos al contribuyente.

Si lo que se busca es un prestamista de última instancia que siga la Ley de Bagehot, entonces no hace falta tener un banco central propio. Además de la presencia de un fondo de emergencia como se menciona arriba, existen otras alternativas a la de un banco central a la Bagehot. Lo que el sector financiero necesita es acceso a crédito, no necesariamente a un emisor. Dicho de otra manera, el sector financiero tiene acceso a la totalidad del mercado financiero internacional para obtener préstamos. Claro, dichos préstamos se van a dar si el banco sólo tiene un problema de iliquidez transitoria, pero no de solvencia. Aprendiendo nuevamente de la literatura de banca libre, se podría argumentar que, en dicho caso (acuerdo entre privados), existen incentivos más fuertes a cumplir con la Ley de Bagehot que cuando se depende de un banco central.

Esta es la situación que vemos tanto en Ecuador como en Panamá. El sector financiero debe mostrar solvencia al momento de pedir un crédito. Los bancos pueden recurrir a sus casas matrices, que tienen interés en ayudar financieramente a sus sucursales si realmente vale la pena. De hecho, la solidez del sistema bancario en Ecuador ha mejorado luego de la dolarización. Finalmente, un dato anecdótico pero representativo. Mientras la Gran Depresión llevó a la quiebra de miles de bancos en Estados Unidos bajo la mirada de la Reserva Federal, ningún banco quebró en Canadá sin un banco central que protegiera la estabilidad del sistema. La ausencia de un banco central en Canadá no es la única diferencia con Estados Unidos. A diferencia de este país, Canadá sí tuvo un genuino sistema de banca libre.

Abandonar el señoreaje

Otra preocupación es la pérdida de señoreaje, que son las ganancias de la autoridad monetaria por la creación de dinero. El banco central recibe ingresos por invertir sus reservas, y paga costos operativos y tasa de interés por la emisión de sus pasivos. En la medida que el mercado demande la moneda local, el banco central puede emitir pesos, comprar dólares e invertirlos en el mercado internacional. Sin embargo, en la medida que el mercado no demanda la moneda local, el banco central debe pagar altas tasas interés para mantener los pesos en circulación disminuyendo el señoreaje. De hecho, es posible que el banco central tenga déficit en lugar de superávit.

El principal problema de esta objeción es conceptual. Recordemos, una vez más, que la dolarización es un tema en países con serios problemas monetarios. La dolarización es tema en países como Argentina, donde la alta inflación lleva a que no haya demanda de (atesoramiento) pesos, no en países ordenados como Suiza.

Lo que un país que debe dolarizar pierde no es el señoreaje, es el impuesto inflacionario. Emitir dinero para financiar al Tesoro no es señoreaje, es impuesto inflacionario. Hay dos problemas con este tipo de impuesto. El primero es que es altamente ineficiente y regresivo. El segundo es que es un impuesto no legislado y, por lo tanto, posiblemente inconstitucional en una genuina república.

Más allá de la diferencia entre señoreaje e impuesto inflacionario, renunciar al primero no parece ser un alto costo a cambio de la tan ansiada y necesaria estabilidad monetaria.

Dolarización y reformas económicas

Quizás la objeción más elaborada a una dolarización consiste en reconocer que la misma no busca solucionar todos los problemas económicos del país. Por lo tanto, otras reformas como lograr equilibrio fiscal, son necesarias. ¿El problema? Si no se logra el equilibrio fiscal la dolarización no es posible o no es sostenible. Pero, al lograrse el equilibrio fiscal, la dolarización dejar de ser necesaria. De este modo, la dolarización es o inaplicable o innecesaria.

En primer lugar, nuevamente hay que evitar caer en una falacia de Nirvana. Si las reformas que se van a llevar adelante en un país donde se debate la dolarización son las ideales, entonces obviamente no hace falta dolarizar. Si Argentina fuera a aplicar las reformas que la transformarían en Suiza, claramente la dolarización dejaría de ser necesaria. Por las reformas posibles pueden no ser las ideales. Es posible que se lleven adelante reformas que hagan que la dolarización sea posible, pero que no sean lo suficientemente profundas para que la dolarización deje de ser necesaria. Lo que tenemos es una dolarización como reforma necesaria pero no suficiente para encarrilar la economía de un país.

Esta es la situación donde, por ejemplo, obtenemos equilibrio fiscal, pero queremos evitar que el Tesoro comience a monetizar nuevamente déficits fiscales. Recordemos que con la crisis del 2001 el Tesoro comenzó a tener superávit, no obstante, se volvió a un déficit financiado con emisión monetaria y confiscaciones como el caso de las AFJP. El equilibrio fiscal no es un sustituto de reformas institucionales que garanticen la independencia del banco central, la independencia de poderes, o la protección a la propiedad privada. Es importante tener presente que la dolarización cumple primero un rol institucional, y en segundo lugar un rol de política monetaria. Esta es otra lección que nos enseña el caso ecuatoriano.

En primer lugar, la solidez de la reforma. La dolarización en Ecuador no sólo sobrevivió a la crisis y el default del 2008, también sobrevivió a una década de déficit fiscal y al gobierno populista de Rafael Correa. Ya no es tan claro que una dolarización no pueda sobrevivir sin equilibrio fiscal.

En segundo lugar, el rol de la dolarización como protección ante avances autoritarios del estado. Desde fines de los noventa y principios del siglo XXI una serie de gobiernos populistas han llegado al poder en varios países de América Latina. Chávez y Maduro en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua, por mencionar los casos sobresalientes. En todos estos casos se observan altos costos económicos. La excepción es Ecuador, el único país dolarizado de la muestra. Este resultado sugiere que el argumento institucional, donde la dolarización es un freno a los avances de un estado populista, tiene algún asidero. Una dolarización no busca sólo eliminar la inflación, es principalmente una forma de importar instituciones que el país no puede, o no quiere, generar.

Conclusiones

El debate en torno de la dolarización en Argentina es recurrente. Tras 20 años de experiencia en Ecuador (y otros países), la discusión debería ser menos especulativa y más empírica. ¿Cómo hacen los países dolarizados para hacer frente a los costos de la dolarización? El caso de Ecuador ofrece varias respuestas. También ofrece algunas preguntas. Si Argentina hubiese dolarizado en el 2001, ¿hubiese sido el kirchnerismo capaz de llevar el populismo a los extremos que vimos? ¿No hubiese estado Argentina más protegida del shock del 2008 como fue el caso de Ecuador? ¿Si Macri hubiese dolarizado de entrada, al inicio de su gobierno, hubiese podido llevar adelante mayores reformas económicas y ganar la reelección en el 2019?
Quizás sea oportuno un debate menos especulativo sobre los costos de la dolarización en Argentina y aprender de casos reales de dolarización.

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Hayek sobre la evolución biológica, cultural y el resultado de las acciones racionales

Analizamos las contribuciones de Hayek a las teorías evolutivas. Aquí un capítulo de su libro Derecho, Legislación y Libertad que se titula “Las tres fuentes de los valores humanos, indicando que además de los que sean de origen biológico y del acto racional, están aquellos que son el fruto de la evolución cultural:

El desafío que me ha llevado a reordenar mis pensamientos sobre este tema fue una afirmación insólitamente explícita de lo que ahora reconozco como un error implícito en gran parte de la polémica contemporánea. La encontré en un nuevo e interesante trabajo en el campo de la que se considera la nueva ciencia americana de la sociobiología, The Biological Origin of Human Values, de G. E. Pugli,3 libro que recibió muchos elogios del jefe reconocido de esta escuela, el Profesor Edward D. Wilson, de la Universidad de Harvard.4 Lo sorprendente es que toda su argumentación se basa en el supuesto explícito de que existen sólo dos tipos de valores humanos que Pugh designa como «primarios» y «secundarios», indicando con el primer término aquellos valores que están genéticamente determinados y que por tanto son innatos, mientras que con el segundo designa los que son «producto del pensamiento racional».

La biología social, obviamente, puede hoy considerarse como un desarrollo bastante largo. Los miembros más veteranos de la London School of (522) Economics recordarán sin duda que hace más de cuarenta años se creó en ella una cátedra de sociobiología. Desde entonces ha tenido lugar un gran desarrollo del fascinante estudio de la etología fundada por Sir Julian Huxley,6 Konrad Lorenz7 y Niko Timbergen,8 hoy en rápido desarrollo por obra de muchos seguidores de talento,9 y de numerosos estudiosos americanos. Debo admitir que incluso respecto a la obra de mi amigo vienés Lorenz, que he seguido de cerca durante cincuenta años, me he sentido a veces incómodo ante la aplicación un tanto apresurada de las conclusiones derivadas de la observación de animales a la explicación del comportamiento humano. Sin embargo, ninguno de ellos me ha hecho el favor de fijar como tema básico, para luego desarrollarlo de manera coherente, lo que en oíros parecían formulaciones ocasionales y apresuradas, es decir que estos dos tipos de valores son los únicos valores humanos.

Lo que más sorprende a propósito de esta opinión tan frecuente entre los biólogos,10 es que parecía lógico que éstos fueran más bien simpatizantes de ese proceso de evolución selectiva, análogo, aunque en muchos aspectos distinto, al que se debe la formación de estructuras culturales complejas. En realidad, la idea de evolución cultural es sin duda anterior al concepto de evolución biológica. Incluso es probable que su aplicación a la biología por parte de Charles Darwin derivara, a través de su abuelo Erasmus, del concepto de evolución cultural de Bernard Mandeville y David Hume, si no más directamente de las escuelas históricas contemporáneas de derecho y lingüística.11 Es cierto que, después de Darwin, aquellos «darwinistas sociales» que precisaron de Darwin para aprender la que era una tradición más antigua en sus propias materias, dieron al traste con todo al centrarse sobre la selección de los individuos congénitamente más aptos, selección cuya lentitud la hace comparativamente poco importante para la evolución cultural, y al mismo (523) tiempo descuidando la evolución selectiva de normas y usos, que es la realmente decisiva. Ciertamente no había justificación para que algunos biólogos descuidaran la evolución como proceso únicamente genético,12 y olvidaran completamente el proceso análogo, aunque mucho más rápido, de la evolución cultural, que actualmente domina la escena humana y presenta a nuestra inteligencia unos problemas que aún no hemos aprendido a dominar.

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Los problemas de la deuda cara en dólares

INFOBAE - Resulta una paradoja que el gobierno que decía que había que terminar con “la cultura que cree que es un derecho humano comprar dólares”, ahora esté cambiando deuda en pesos por deuda en dólares.

Paradoja dos: lo que los economistas del kirchnerismo criticaron durante los 4 años de gestión de Macri, el endeudamiento en moneda extranjera, es explícitamente lo que ahora está haciendo su gobierno: diciéndoles a los tenedores de títulos en pesos, para que no se vayan del país y compren dólares en el mercado del “contado con liqui”, que acá tienen unos lindos títulos denominados en Franklins.

La pregunta relevante en cualquier caso es por qué dichos fondos quieren irse. Pero ese es otro tema.Lo que los economistas del kirchnerismo criticaron durante los 4 años de gestión de Macri, el endeudamiento en moneda extranjera, es explícitamente lo que ahora está haciendo su gobierno

De acuerdo con algunos analistas, el problema económico fundamental no es el déficit fiscal, la inflación o la brecha cambiaria, sino tomar deuda en una moneda que no se puede emitir. Esto llevó al ex ministro de economía, Roberto Lavagna, a afirmar que el cambio de deuda en pesos por dólares era un error y que “las economías en desarrollo con amplios desequilibrios económicos y sociales, como la nuestra, renegocian sus deudas tratando de reducir la parte emitida en monedas duras y aumentar la emitida en moneda local”. Lo cierto, no obstante, es que incluso endeudándose en la moneda que el Banco Central emite puede haber crisis económicas.

En el fondo, el problema no es la moneda en la que te endeudás, sino endeudarte y no poder pagar, como frecuentemente les pasa a los gobiernos argentinos, que llevan al país a colapsos económicos y sociales.Roberto LavagnaRoberto Lavagna

Otro punto que se critica es la tasa a la que coloca el gobierno. Por más que desde el Ministerio de Economía se busque desmentir que la deuda paga 16% anual en dólares, lo cierto es que si se toma en cuenta la tasa de interés del bono y la diferencia de cotización entre el dólar oficial y el paralelo, no hay mucho para discutir.

Además, el gobierno no podría tomar deuda en el mercado a tasas muy diferentes. Cuando el riesgo país es cercano a 1.500 puntos y la deuda del tesoro americano paga alrededor de 1%, no se puede esperar pagar por debajo de 15% anual en moneda dura.

Esta situación refleja una realidad evidente y genera dos problemas.

La realidad es que Argentina hoy es un país marginal en el mercado de capitales global. Con nueve o diez defaults soberanos en su historia, prestarle al gobierno argentino es un acto de extremo riesgo, motivo por el cual se le exigen tasas desorbitantes.Tarde o temprano, habrá que repagar el capital más los intereses, lo que de no mediar un cambio en algunas variables fundamentales de la economía nacional, podría traer serias complicaciones a futuro

El primer problema que se deriva de aquí es que tarde o temprano, habrá que repagar el capital más los intereses, lo que de no mediar un cambio en algunas variables fundamentales de la economía nacional, podría traer serias complicaciones a futuro, igual que nos ha ocurrido en el pasado reciente. Fueron los propios economistas que hoy forman parte del gobierno los que se quejaban de la alta carga de intereses que el endeudamiento de Macri había generado.

Finalmente, una segunda consecuencia es que cualquier empresa que quiera acceder a créditos para invertir, producir y contratar nuevos empleados no puede hacerlo a tasas de interés razonables. Cuanto más alta la tasa, más proyectos se vuelven inviables, y por tanto menos producción y empleo habrá.

Ahora bien, este problema no se resuelve con el lanzamiento de algunas líneas de crédito subsidiadas por el Banco Central o algún ente del Ministerio de Desarrollo Productivo, como suele intentarse siempre. El problema de fondo es la falta de confianza, combinada con altísimos niveles de inflación, un control de cambios que genera una brecha de 70%, alto gasto público y presión tributaria, y un déficit fiscal enorme que el gobierno no tiene urgencias por reducir.

Hasta que estos problemas no se enfrenten –y no digo que sea fácil hacerlo– seguirá habiendo poco crédito para el país. Y, con ello, pocas esperanzas de un crecimiento económico sostenido de aquí en adelante.

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"La neoinquisición", censura del siglo XXI

Carlos Rodríguez Braun reseña el libro La neoinquisición: Persecución, censura y decadencia cultural en el siglo XXI de Axel Kaiser.

CATO - Si nos preguntan por tiempos, lugares o sistemas, que constituyan símbolos de la persecución, la censura y la decadencia cultural, nos apresuraríamos a subrayar la represión salvaje de personas e ideas, señas de identidad del comunismo, el nazismo y el fundamentalismo islámico. Este libro del pensador chileno Axel Kaiser (Santiago de Chile, 1981) nos trae una inquietante noticia: el mal está más cerca de lo que pensamos. De hecho, está aquí y ahora entre nosotros.

No padecemos hoy, por supuesto, gracias a Dios y a la libertad que animó y sucedió a las crisis de los totalitarismos, tiranías genocidas como las que ensangrentaron el siglo XX. Pero Kaiser nos invita a reflexionar sobre la corrección política, a la que podemos calificar de totalitarismo vegetariano contemporáneo. En concreto, nos llama a “tomar conciencia de los resultados a que pueden conducir los procesos de hipermoralización, colapso de la racionalidad en el espacio público y politización de la virtud”.

Se concentra especialmente en Estados Unidos y Europa en los últimos años, donde prevalece un llamativo narcisismo: las ideas hegemónicas nos animan a la autosatisfacción por los grandes logros conseguidos merced a la democracia, pero las páginas del libro desgranan una muestra tras otra de que los plácemes están infundados.

En efecto, muchos aseguran que hoy, por fin, prima el espíritu crítico, mientras rechazan toda crítica; presumen de pluralismo y diversidad quienes son realmente implacables uniformizadores; de defensa de la libertad de expresión sus peores enemigos; de no discriminar quienes discriminan sin cesar; de inclusivos los excluyentes; y de tolerancia los intolerantes.

Y lo más escalofriante es que eso no sucede en Corea del Norte sino en Harvard. Los ejemplos devastadores de la “emocracia”, el gobierno de las emociones, tienen lugar en envidiados templos del saber, debido a “un discurso autoflagelante que, explotando la culpa y el resentimiento a niveles a veces patológicos, se ha apoderado de las humanidades y de las ciencias sociales en muchas de las mejores universidades del mundo”.

No me han convencido del todo sus páginas contra la inmigración irrestricta. Soy consciente de que es incompatible con el actual Welfare State, y de que destacados liberales han argumentado razonadamente en favor de la limitación de la inmigración. Pero el ideal liberal no es que la limite el Estado, que de hecho la fomenta mediante el Estado de bienestar y otras regulaciones e intervenciones. La deberían limitar la libertad y el derecho de propiedad de los nativos, es decir, el mercado. Pero eso no significa, como dice Rothbard, creo que equivocadamente, que en un mundo sin Estado y con respeto a la propiedad no podría haber nunca fronteras abiertas. Es acertada, en cambio, la crítica del libro al multiculturalismo, y reveladora la idea de que a los inmigrantes no solo hay que ayudarles sino también exigirles. Por supuesto: eso es la sociedad libre.

Y la amenaza que para dicha sociedad representa la corrección política resulta diáfana en este volumen. Axel Kaiser señala el ambiente asfixiante de la cultura del victimismo, del feminismo antiliberal, y de los llamados delitos de odio, utilizados descaradamente para reprimir y silenciar las voces discordantes en la academia, la cultura, la política, y los medios de comunicación.

Los nuevos inquisidores, que son fundamentalmente de izquierdas, quedan expuestos en estas páginas, que denuncian con acierto sus falacias, trampas y tropelías. No son paladines de la justicia sino de la injusticia, no lo son del progreso sino de la reacción. Pero nunca podrían haber llegado lo lejos que han llegado si antes no se hubiera rendido buena parte de la población frente a las ideas antiliberales. Apunta Axel Kaiser: “los europeos esperan que sea el Estado el que lo resuelva todo”. Jamás habrían hecho los actuales inquisidores su agosto en caso contrario.

Este artículo fue originalmente publicado en El Cultural (España) el 8 de diciembre de 2020.

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