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Una propuesta concreta contra el hambre en Argentina

El ECONOMISTA - Alberto Fernández iniciará su gestión con una política de Estado contra el hambre. Anunció la creación de un Programa Nacional de Seguridad Alimentaria, un Fondo Federal y la sanción de medidas y leyes que, pese a los anuncios, poco contribuyen a la solución del problema. En primer lugar, hay que destacar que un hogar hay hambre y/o necesidades básicas insatisfechas por el simple hecho que los ingresos de sus responsables (padres o tutores) no alcanzan para adquirir una canasta básica de bienes.comite contra el hambre Tenemos, por tanto, una solución de largo plazo que es el trabajo genuino, registrado y bien remunerado. Enfrentamos, pues, un problema en el mercado laboral (faltan incentivos a la contratación formal) y un problema en la productividad (faltan máquinas y/o educación). Tenemos, además, un problema monetario. Todo lo que generan los pobres es confiscado por el impuesto inflacionario. Sin solución a la inflación no hay solución posible al hambre. La solución al problema del hambre pasa por el trabajo. Todo lo demás son paliativos. Dentro de estos, que erróneamente el Gobierno venidero considera medidas de fondo, el reciente Consejo “Argentina Contra el Hambre” propone.   Precios Cuidados por ley. Esto significa que por ley se controlarán los precios clave de la canasta familiar. Un extraño mecanismo de precios máximos acordados o no con las empresas productoras. Dicho mecanismo tiene una historia de 4.000 años de fracasos. Cada vez que se intentó controlar los precios afloraron las mermas de calidad y, posteriormente, el desabastecimiento y los mercados marginales. Los consumidores supuestamente beneficiados terminan pagando precios más elevados si no acceden a los alimentos racionados.   Devolución de IVA mediante una tarjeta alimentaria. Esta medida es acertada pues el 45% de los precios de los alimentos son impuestos nacionales, provinciales y municipales. La presión impositiva sobre los alimentos atenta contra los pobres.   Reducción de precios de los productos saludables. La introducción del concepto “saludable” es hijo de la demonización de la industria de los alimentos y eso constituye un error conceptual con una carga ideológica del pasado. Un debate inservible.   Ley de Góndolas. La ley no tiene ninguna relación con la solución al problema del hambre. En primer lugar las grandes superficies explican sólo el 30% de los alimentos que se comercializan en blanco. Es decir que sólo dos de cada diez alimentos estarían alcanzados por dicha ley. En segundo término, esa ley parte de un error de diagnóstico respecto a la concentración económica y su eventual consecuencia. La inflación es un fenómeno monetario, nada tiene que ver la cantidad con la cantidad de jugadores ni con la calidad de los mismos. En otros países comercializan las mismas empresas y producen los mismos jugadores y no hay inflación. En tercer término, la Ley de Góndolas parte de la arrogancia de pensar que los consumidores pobres no saben qué producto elegir para economizar su presupuesto. Implica asumir que el funcionario desde el escritorio elije mejor la canasta familiar que el propio jefe o jefa de familia. Arrogancia fatal en estado puro.  

Una propuesta concreta

Todo programa de asistencia a los indigentes debe ser necesariamente transitorio. Plantearlo de manera permanente implica reconocer que no habrá reformas fiscales, monetarias y laborales que resuelvan de fondo el problema. Convivir con el hambre sólo es negocio para los políticos. En términos de asistencia paliativa y transitoria presentamos una propuesta concreta con impacto directo, inmediato y eficiente sobre la provisión de alimentos a los más necesitados. En la Argentina existen cerca de 620.000 empresas pequeñas y medianas. El endeudamiento del conjunto de tales empresas alcanza al 1,8% del PIB. Tal endeudamiento es fiscal (nacional, provincial y municipal) y financiero (bancos privados y públicos). Y por eso es crítico. En muchos casos está vencido, intimado, próximo a embargos y/o concursos preventivos y amenazas de quiebras. El endeudamiento traba todo el desarrollo de las empresas, genera rentas extraordinarias en abogados y peritos. Multiplica los costos vía intereses y genera problemas de sustentabilidad y quiebres en los índices de solvencia y liquidez. Dicha deuda empresaria es de corto plazo y, por tal, dada las circunstancias, de dudosa posibilidad de pago efectivo. La propuesta concreta es que se instrumente el pago de dichas deudas en especies (alimentos) en un plazo de diez años. Esto implica en primer lugar, cambiar “plazo corto por plazo largo” y “moneda mala” (pesos) por moneda buena (“alimentos”). Una pyme que acceda a dicho programa (el cual debería ser voluntario para las empresas) deberá consolidar toda su deuda (fiscal y financiera) y establecer un quantum de determinados alimentos seleccionados por la autoridad del Ministerio de Desarrollo Social, que deberá comprar y enviar a los centros alimentarios que se determine.  

Algunas ventajas

 
  • Para las empresas es un alivio pues estira el plazo
  • Para el Estado, la renegociación de deudas no implica confiscación ni licuación
  • Para el sector financiero, también, pues se limpian todos los balances empresarios.
  • Para los bancos cambian una deuda de dudosa cobrabilidad por una compensación con el Estado.
  • Para el programa alimentario, implica recibir alimentos comprados eficientemente, en tiempo y forma, sin intermediaciones ni burocracias costosas. También sin “manos porosas”.
En números, para un PIB de US$ 400.000, la deuda fiscal y financiera de las pymes alcanza 1,8%, es decir, unos US$ 7.200 millones. Serían pagados en especies (alimentos) en diez años. Supone por tanto un flujo de alimentos de US$ 720 millones durante los próximos diez años, unos $3.600 millones al mes. La principal bondad del sistema es la finitud temporal (los mencionados diez años) pues la solución al problema del hambre está en la creación de riqueza y no en la distribución, por más eficiente que sea. Sin duda, una propuesta para tener en cuenta, mucho más efectivo que buscar la posición en las góndolas, medir la distancia entre alimentos, o crear consejos y fotos selfies de famosos más o menos bien intencionados.
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Bolivia vs. Chile

La renuncia de Evo Morales ha generado el predecible relato por parte de un sector de la izquierda de que lo que ocurrió fue un golpe de Estado. Los hechos muestran la ridiculez de tal aseveración y la profunda actitud antidemocrática de quienes la sostienen. Pero las narrativas importan a la hora de establecer o mantener la legitimidad. Es así tanto para las sociedades que estarían dejando el autoritarismo –como se supone que es ahora el caso de Bolivia– como para las democracias liberales como la de Chile, donde la izquierda radicalizada influye cada vez más en las decisiones del gobierno democráticamente elegido.bolivia y chile economia Los relatos pueden mostrar una buena dosis de hipocresía. La izquierda ideologizada demanda la renuncia del presidente chileno y alienta la violencia de una parte de los manifestantes. A la vez, denuncia que en Bolivia se haya “consumado un golpe de Estado” en palabras de Alberto Fernández, el presidente electo argentino, quien culpa en parte a “la pasividad del Ejército” ante las protestas de estas semanas en contra de Morales. No tenemos que ser partidarios del presidente chileno, ni desconocer que cierto malestar en Chile es justificado, para reconocer que en Chile existe una democracia legítima y en Bolivia no. Recordemos el historial de Morales en el poder. El mandatario fue elegido en el 2005 y luego de llegar al poder en el 2006, convocó a una Asamblea Constituyente que produjo una nueva Constitución ilegal porque se aprobó por una mayoría simple y no por los dos tercios que requería la Constitución vigente. No obstante, se llegó a un acuerdo político con la oposición en el que el presidente no podría ser reelegido más de una vez según la nueva Constitución. Esa garantía la violó Morales en el 2014, cuando la Corte Constitucional, bajo su control, le permitió ser reelegido por segunda vez al no considerar su primer período bajo la vieja Constitución. En el 2016, Morales convocó un referéndum para permitirle ser candidato otra vez, pero el pueblo lo rechazó. El presidente desconoció el resultado y el sumiso Tribunal Constitucional le permitió la reelección, desconociendo así la propia Constitución. A la hora de la elección el mes pasado, cuando era evidente que Morales no iba a ganar en primera vuelta, cometió fraude, cosa que los bolivianos llevaban semanas protestando y que este fin de semana una auditoría de la Organización de Estados Americanos confirmó. Luego de que saliera ese informe, de que renunciaran miembros de su gobierno y agencias del Estado, de que la policía en buena parte de Bolivia se sumara a las protestas y de que las Fuerzas Armadas se rehusaran a reprimir al pueblo, dimitió Morales. ¡Qué diferencia con Chile! La alternancia del poder en Chile se ha dado desde el regreso de la democracia en 1990, siendo la izquierda la que ha gobernado la mayoría del tiempo. Durante ese período, la Constitución ha sido cambiada numerosas veces y legitimada por los partidos de izquierda. Sin embargo, la izquierda extrema, que ahora quiere derrocar al presidente, dice que Chile ha vivido 30 años de fracaso, a pesar de los hechos que cuentan otra historia. Denuncia además que el Gobierno ha tratado de mantener la seguridad y el orden público ante el vandalismo y violencia que algunos manifestantes han desatado. Los hechos importan, pero también importa el relato. En Chile, el relato de la izquierda ha logrado que el Gobierno acepte convocar una Asamblea Constituyente. En Bolivia, importará cómo se retoma la vía democrática. Debe ser de manera legítima y ser vista así. La izquierda hará lo posible para deslegitimar el proceso. Podrán producirse áreas grises. El partido de Morales, por ejemplo, podría boicotear una sesión en el Parlamento, donde tienen mayoría, para determinar quién sucederá a Morales. Cómo se entienden los hechos importará para una futura democracia boliviana. Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 12 de noviembre de 2019
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Etchebarne: "Veo que se profundizará el cepo y puede haber un desdoblamiento cambiario"

IPROFESIONAL - Más allá del cambio en el rumbo político que comienza a plasmarse, los argentinos tienen como principal preocupación la incertidumbre que engloba la economía a futuro, donde las señales de las variables que sustentan el crecimiento son difusas y poco consistentes. Para tratar de analizar el complejo escenario que tendrá el próximo gobierno, iProfesional entrevistó al economista Agustín Etchebarne, que es director general y co-fundador de la Fundación Libertad y Progreso. En la charla con este experto en desarrollo económico, comercialización estratégica y mercados internacionales, que cuenta con más de 108 mil seguidores en Twitter, propone un plan para la próxima gestión y desglosa lo que puede ocurrir con el dólar, el cepo cambiario y la inflación, entre otras variables.Corrida cambiaria, tipo de cambio en argentina

-¿Cómo analiza el panorama para el corto plazo?

-Hasta el 10 de diciembre ya están cubiertos los compromisos con el FMI y se han reperfilado o reprogramado los vencimientos de deuda interna. Eso se encuentra manejado con el cepo para que no salgan fuertemente las reservas. Luego, en diciembre, cuando asuma Fernández, va a ser un mes complejo y ahí es probable que su gestión siga cubriendo las necesidades de caja del Estado con financiamiento del Banco Central. Así es posible que haya una emisión monetaria importante en ese mes, que va a generar una situación complicada para el año que viene.

-En este marco, ¿qué alternativas tiene Fernández para encauzar la economía?

-Las elecciones las ganó un grupo de personas que cree en una economía dirigida, por lo tanto es probable que mantenga el cepo o, en todo caso, lo va a profundizar y, tal vez, realice un desdoblamiento cambiario. Todas estas posibilidades serían en definitiva como ponerle un impuesto a las importaciones. Es decir, si hay un tipo de cambio financiero y otro comercial se estaría diferenciando el mercado interno del externo. Con lo cual, a Fernández lo veo en una situación compleja, donde no tiene mucho grado para inventar cosas nuevas.

-¿Entonces?

-Lo que va hacer, aparentemente, es un acuerdo social, que implica una especie de congelamiento de precios y salarios, tal vez por 180 días. Pero todos sabemos que eso no funciona, con lo que queda una sensación que se vienen cosas que ya hemos visto en el pasado, que pueden funcionar un tiempo pero no mucho más que eso.

-¿Para qué le serviría al nuevo gobierno ese plan a corto plazo?

-Creo que en ese tiempo que gana el nuevo Gobierno va a tratar de resolver el compromiso con el Fondo Monetario Internacional, donde se deberá pasar del stand by actual a un acuerdo de facilidades extendidas para tener mucho más plazo para devolver el dinero, y si es posible, con una tasa de interés bastante más baja al 4% acordado con el FMI, que ya de por sí es subsidiada. Por otro lado, queda por resolver el problema del resto de la deuda, que parte tiene legislación local, cuyo planteo puede ser bastante rápido en conseguir un alivio en los vencimientos para los próximos años. A la vez están los vencimientos de los bonos con ley internacional, que también es probable que tengan una propuesta de reperfilamiento amigable, por más que sufran algo de quita.

-¿Por qué indica que el reperfilamiento con quita sería positivo para los acreedores?

-Es que los precios de los bonos están tan bajos que ya los fondos de inversión estiman que va haber algún tipo de descuento, por lo que si esa reducción fuese del 20%, el valor de estos papeles subiría, claro, en caso de hacerse rápidamente. Sobre todo si se amplían los plazos, además de reducir los cupones de la tasa de intereses que otorgan, que son muy altos, aprovechando que en el mundo la rentabilidad es negativa.
En resumen, si Argentina muestra que la deuda es pagable -algo que ahora no se ve así-, y se la reestructura con un menor costo, los precios de los títulos igual pueden subir desde sus niveles actuales, ya que son muy bajos. Sin embargo, el tema central es que no hay mucha confianza del mercado y la prueba está en que el riesgo país se ubica en un nivel record, superando los 2.000 puntos básicos.

-Antes comentaba que ve la posibilidad de que el cepo no se relaje, ¿por qué considera esto?

-No veo posibilidades que se relaje el cepo porque el tipo de cambio se modificaría completamente. Hoy tenemos el problema que la demanda de los pesos se ha caído muy fuerte, y frente a eso no hay posibilidad de desdolarizar la economía. Los ahorristas quieren protegerse y para eso compran los dólares, pero el Gobierno quiere impedir que compren y para eso llama a desdolarizar los ahorros y también las tarifas. Algo que sería complicado porque si aumenta el tipo de cambio no se permitiría que se incrementen los precios de los servicios locales, que están atados al dólar. En resumen, se quiere desconectar el mercado interno del internacional, es complejo porque habría problemas muy grandes.

-¿Problemas de qué tipo?

-Por ejemplo, en Vaca Muerta, un cambio en las reglas de juego que disminuya los ingresos en dólares provenientes de la producción de los sectores petrolero y gasífero, haría reducir la inversión. Es que a diferencia de los pozos petroleros antiguos, que tienen un envejecimiento lento, en los casos que involucran al petróleo no tradicional (shale gas y shale oil) se necesita permanentemente inversión. Entonces, si cambian las reglas de juego habrá una baja en la inversión, algo que genera una reducción directa de la producción. Allí se necesitará algún tipo de negociación para solucionarlo.

-¿Cómo considera que puede ubicarse la inflación?

-De acá a diciembre tenemos un piso de inflación del 4%, y con alguna posibilidad de que suba más en algún momento por los ajustes de los combustibles. Y para los meses siguientes, siempre hay un aumento de la demanda de dinero en diciembre, pero vuelve a caer en marzo, es estacional eso pero hay que ver qué ocurre con los controles de precios en marzo. A mediano plazo vuelve a estallar, el problema es ese, podés estar acumulando una inyección de dinero con controles de precios y salarios, pero después con las paritarias de marzo la inflación se eleva y puede haber nuevos saltos de precios. Yo no soy optimista con la inflación a mediano plazo, creo que puede haber una crisis más profunda a lo que vemos hoy.

-¿Qué margen de acción tiene Alberto Fernández para controlar eso?

-Lo primero es que la gente comprenda que no puede hacer milagros, acá no hay magia, la situación de la economía es muy complicada con o sin Fernández. Ya lo era con Mauricio Macri, los problemas siguen siendo los mismos, sólo que ahora es un poco más grave porque no hay confianza en Fernández, aunque también la perdió Macri. Por lo que los ejes en los que tiene que basarse el próximo presidente, como mínimo, es tratar de hacer un acuerdo con el Fondo Monetario y otro con los acreedores de la deuda. Para eso va a necesitar mostrar, por los menos, algún tipo de superávit primario, de al menos 1% o 1,5%, para llegar a conseguir algo de confianza externa.

-¿Y qué ocurre si el nuevo gobierno llega a alcanzar estos requisitos?

-Una vez que se llega a eso, igual hay un problema muy grande de stock y de flujos de divisas. El de stock sería el acuerdo por la deuda, pero también hay un problema de flujo, que es lo que está pasando en la economía real, donde hay 21,6 millones de personas viviendo del Estado y ocho millones en el sector privado formal, con lo cual el gran tema que tiene Fernández es reverdecer esa economía. Y eso lo tiene que hacer con un acuerdo con los gobernadores para que estos acepten algún tipo de ajuste del gasto público y de la política en las provincias. También que aprueben algún tipo de reforma previsional, como por ejemplo igualar la edad jubilatoria de las mujeres a la de los hombres, que ahorraría unos cinco años al Estado al subir el inicio del pago, al menos, hasta los 65 años a todos. En síntesis, se tienen que mostrar reformas estructurales profundas como la única chance que tiene el nuevo Presidente para salir adelante, que deben ser apoyadas por los gobernadores peronistas y acordadas con Cambiemos. Sin eso, Argentina puede lograr alguna mini reactivación, pero no va a lograr crecimiento y, por lo tanto, no vamos a salir de la depresión actual. Es decir, mantendremos la tendencia de la reducción del PBI per capita que viene operando desde 2012.

-Todo esto es lo que debería hacer Fernández pero, ¿qué considera que realmente pueda hacer él?

-Creo que Fernández va a salir a la cancha con un equipo de economistas heterodoxos que creen en dirigir la economía, donde el Estado pone controles en precios y salarios, y de esa manera determina quién gana y quién pierde. Le saca dinero al campo para financiar a la industria y al gasto social, que es algo que se viene haciendo permanentemente. Ahora, como ya no tendrá mucho espacio para implementar estas acciones, porque el nivel de gasto público es muy elevado respecto al PBI, le genera un problema adicional porque no es lo mismo realizar esta política en el presente que hace 15 años atrás. Hoy ya se está en una fase muy avanzada de populismo, entonces es mucho más complicado y las consecuencias son inmediatas. Por ejemplo, si lo quiere hacer desde el campo, éste deja de invertir o cambia el tipo de inversión que realiza (como generar más soja que maíz), y no se va a alcanzar una cosecha éecord.

-¿Cómo resumiría el panorama que nos espera?

-Fernández la tiene muy complicada desde un punto de vista heterodoxo. Y, para colmo, los que van a estar en el banco esperando para entrar a la cancha son los de La Campora, con lo cual la gente va a estar mirando que si al gobierno no le sale lo que se propone, se preguntará cuál será el segundo equipo económico que llegue y si será el de La Cámpora. Algo que sería más peligroso y le agregaría incertidumbre a todo el esquema. Por eso la salida que tiene Fernández es la de la política grande, lograr un acuerdo con los gobernadores y contemplar un trato con Cambiemos para ir por las reformas estructurales. Pero la probabilidad que eso ocurra no es muy alta. La historia del peronismo no es muy buena en ese sentido, las muy pocas veces que eso se logró fue con Menem y Cavallo, en alguna medida, y después nunca más. Más bien, la historia del peronismo consiste en conflictos muy grandes que terminan estallando internamente entre ellos cuando se acaba el dinero para repartir, que es el caso.
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Agustín Etchebarne: “Éramos cinco veces más importante que Brasil y desde 1950, uno de los que más recesión tenemos”.

EL INTRANSIGUENTE - Agustín Etchebarne, economista y Director General de Libertad y Progreso, dialogó esta tarde al aire de Radio Concepto para explicar en torno a una publicación que realizó la institución que dirige en la que, a base de una rica investigación, trató “el mito del modelo agroexportador” argentino y a cómo el país llegó a ser una potencia. “Nosotros tratamos de explicar que, si Argentina le está yendo mal es por algo, básicamente porque tenemos ideas que están equivocadas y no de una manera marginal, sino en la gran mayoría de la sociedad nacional. Si uno observa al país desde el año 1950 hasta acá, es el país que estuvo más tiempo en recesión, salvo el Congo“, aseguró. Pero su análisis no se detuvo ahí, sino que también afirmó que “Argentina es el país que menos creció desde esa fecha hasta el 2018”. En este sentido, el especialista se hace la pregunta del por qué se da este fenómeno: “Argentina tuvo un éxito fenomenal durante cien años, en cambio la forma en que los académicos lo tratan es porque se produce a través de un modelo agroexportador“. “Sin embargo, te dicen que es una forma de hacer un modelo en el cual Argentina creció pero solamente se enriquecieron unos pocos y la mayor parte siguió siendo pobre. Además, te dicen que eso no permitió el desarrollo de la industria, que sólo nos dedicamos a la producción agrícola y que si eso se agotaba íbamos a decaer y por eso no pudimos seguir creciendo, lo que es falso”, agregó. Etchebarne dijo que “hoy en día lo demonizan, le dicen sistema agroexportador que sólo ayudaba a la oligarquía y es mentira. Luego justificó su postura: “Los inmigrantes venían porque había trabajo y los salarios eran altísimo para la época. Éramos una industria cinco veces más importante que la de Brasil o México, realmente era una potencia industrial creciente“.
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¿La gestión económica de Evo Morales fue un éxito?

ÁMBITO FINANCIERO -La dinámica del crecimiento económico durante la última década se vio influenciada por distintos factores, pero, principalmente, por una suba de los precios de los commodities.

Hoy Bolivia es noticia debido a los problemas políticos que se generaron en las últimas elecciones; ya que el expresidente Evo Morales luego de hacer sancionar una Constitución que el mismo propuso y que no le permitía una nueva reelección, hizo un referéndum para habilitarla y lo perdió. Por lo tanto, reclamó ante la Justicia, que hace mucho fue cooptada, porque consideraba que, dicha restricción de la Carta Magna que él hizo aprobar, violaba su derecho humano y falló a su favor. Después de algunos extraños sucesos en el recuento de votos que lo dieron por ganador en la primera vuelta y que fueron cuestionadas por la auditoria externa de la Organización de Estados Americanos (OEA), su legitimidad se puso en discusión y se sumaron pedidos de nuevas elecciones. Luego de un fuerte conflicto social, el domingo presentó su renuncia irrevocable a la presidencia de Bolivia.
Sin embargo, uno de los puntos fuertes de su gestión en el que basó su éxito y su demanda de seguir en el poder fue principalmente en el plano económico. Desde 1991, sacando las dos crisis del 1998-1999/2008-2009, Bolivia crece en promedio un 3,0% anual. Es más, desde 2006 la tasa de crecimiento pegó un salto hasta el 4,0% y este año se espera que sea uno de los países que más va a crecer en la región. Evo Morales se auto-adjudicó todo el mérito. No obstante, ¿Realmente a qué se debe el crecimiento económico de Bolivia? Lamentablemente, a un shock exógeno transitorio no a factores endógenos que permitan un crecimiento más de largo plazo. La dinámica del crecimiento económico durante la última década se vio influenciada por distintos factores, pero, principalmente, por una suba de los precios de los commodities. En Bolivia, los hidrocarburos son una fuente puntual de ingresos fiscales, tiene una producción concentrada geográficamente, destinada principalmente a la exportación y de fácil gravamen. El crecimiento de las exportaciones asociadas a un auge del precio de las commodities, por una mayor demanda de China e India, le dio un impulso a la economía. Cuando las economías son pequeñas y abiertas como la de Bolivia, la suba del precio de las commodities incrementa el ingreso por exportaciones que se traducen luego en aumento de la actividad económica, el empleo, acumulación de reservas internacionales, superávits comerciales, mayores recursos tributarios y una suba del gasto público con superávits fiscales. Cabe reconocer que, a diferencia de otros países de la región que también se beneficiaron por esta coyuntura internacional, Bolivia tuvo superávits gemelos (Balanza de Pagos y Fiscales) durante mucho tiempo y una acumulación de Reservas Internacionales Netas (RIN) con suba de los ingresos fiscales y, posteriormente, de la inversión pública. No obstante, basar la economía únicamente en los recursos que se le puedan sacar a la actividad extractiva no es sustentable ya que, precisamente, dependerá mucho de que ese shock en los commodities se estabilice en el tiempo, lo que es bastante poco probable dada la volatilidad de los mismos. Es muy probable que ante la creciente incertidumbre de la crisis geopolítica entre China y EEUU esto se revierta en cualquier momento. Por lo tanto, cabe preguntarse si hay algo más además de este boom de las materias primas que haga que Bolivia crezca por mucho tiempo. De acuerdo al economista Douglas North, los cambios institucionales explican el desarrollo económico sostenido de los países. Son las instituciones las que sirven para ordenar las interacciones entre los actores de la sociedad y permiten que la incertidumbre se reduzca al mínimo. Según North: “Instituciones son las restricciones que los seres humanos imponen a la interacción humana. Esas restricciones (junto con las restricciones estándar de la economía) definen el conjunto de oportunidades de la economía”. Desafortunadamente, las instituciones en Bolivia no son un punto para destacar. De 35 países latinoamericanos, Bolivia se encuentra en el puesto 29 del Índice de Calidad Institucional y a nivel mundial de un total de 191 países se encuentra en el puesto 154. Asimismo, en los últimos 20 años el país fue uno de los que peor desempeño tuvo con una caída de 100 lugares, destacándose de la mano de Evo Morales un debilitamiento de la democracia representativa, los derechos de propiedad privada y la cada vez mayor presencia del Estado. El historial de nacionalizaciones tampoco ayuda. Las pocas inversiones que se generaron fueron, como se mencionó al principio, atraídas a las industrias extractivas y cuando los recursos tributarios son escasos para mantener el tamaño del Estado, se las ha nacionalizado. En estos momentos, el nivel de seguridad jurídica en Bolivia desincentiva las inversiones extranjeras y es poco probable que su crecimiento sea algo sostenible durante mucho tiempo. Por su parte, cuando las instituciones son tan débiles que no favorece la gestación de una estructura productiva diversificada. No tener una fuerte calidad institucional provoca que el riesgo a invertir en el país sea muy alto y los inversores a cambio de la inversión exigen rendimientos altos. Por lo tanto, la inversión se produce únicamente en aquellos sectores más eficientes: el hidrocarburífero. Es por ello que aquellos países con una calidad institucional paupérrima se vuelven monoexportadores-monoproductores, impidiendo la proliferación de otros nichos productivos. En definitiva, en materia institucional, Bolivia no muestra avances. Es alarmante las escasas inversiones privadas, la productividad y la extrema dependencia a las actividades extractivas. Si se produce una caída del precio de las materias primas o el agotamiento de los recursos naturales que son limitados o se reduce productividad en el sector a falta de inversión, Bolivia entrará en un proceso de decadencia económica.
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