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Obligatoriedad escolar y libertad educativa

CLARÍN En una interesante nota publicada en este mismo espacio en agosto 2023 volvió a instalarse el debate sobre la supuesta contradicción entre la obligatoriedad escolar y los vouchers educativos. Sin embargo, esa conclusión confunde dos planos distintos: el de la responsabilidad pública y el de la gestión de los recursos. Que el Estado sea quien financie la educación no implica que deba administrarla en forma monopólica. Lo importante no es quién provee el servicio, sino que cada niño efectivamente acceda a una educación de calidad.

La obligatoriedad escolar expresa un compromiso moral y jurídico: la sociedad se obliga a educar a sus hijos. Pero ese mandato no exige que el Estado sea el único proveedor de educación. Exige que asegure su acceso universal. Lo esencial es que la educación sea obligatoria y financiada con fondos públicos, no que deba impartirse exclusivamente en escuelas estatales. Lo que está en discusión no es el deber de educar, sino el modo más eficaz de cumplirlo.

Un sistema de vouchers o financiamiento a la demanda no suprime la obligatoriedad: la fortalece. Mantiene el principio de que el Estado debe garantizar la educación de todos, pero demuestra que es posible hacerlo de un modo más eficiente y justo.

La igualdad de oportunidades no se logra solo con la obligatoriedad de la educación, sino cuando cada familia puede elegir la mejor alternativa posible para sus hijos, con independencia de su nivel de ingresos. En el esquema actual, la realidad muestra justamente lo contrario. Quienes cuentan con recursos económicos eligen libremente; quienes no los tienen deben conformarse con lo que el Estado ofrece, sin importar la calidad. Esa desigualdad estructural —que solemos naturalizar— es la que un sistema de financiamiento a la demanda puede ayudar a corregir. Permitir que una familia de bajos ingresos elija la escuela que considera mejor para sus hijos no es una amenaza a la equidad, sino todo lo contrario: es su expresión más concreta.

La educación pública seguirá siendo pública si se financia con fondos del Estado, aunque los establecimientos que las familias elijan sean diversos. Lo verdaderamente público es el propósito, no el tipo de gestión. Por eso debemos preocuparnos menos por la palabra que viene después de escuela, ya sea pública o privada, y más por otorgar a todo niño la posibilidad de acceder a una educación de excelencia, independientemente de su estrato social.

La obligatoriedad escolar seguirá siendo la piedra angular del sistema educativo, pero su vigencia no depende de quién administra los fondos, sino de que el Estado asegure que ningún niño quede fuera del aula. En ese sentido, financiar la demanda antes que la oferta puede ser un modo más eficaz de cumplir la vieja promesa de Sarmiento: educación para todos.

El desafío de nuestra época es animarse a pensar la educación más allá de sus moldes históricos. Sostener la obligatoriedad es garantizar que todos aprendan; sostener el monopolio estatal no debe ser un fin en sí mismo. ¿Por qué habría de serlo?

Si la educación es un derecho, debe serlo también para quienes hoy carecen de la posibilidad económica de elegir. Financiar a las familias, y no a las escuelas, no es renunciar a la educación pública: es, precisamente, hacerla verdaderamente universal en los hechos. Lo contrario es continuar con discusiones pseudo académicas, mientras miles de niños ven cercenadas sus posibilidades de acceder a la educación de excelencia que el Estado tiene la obligación de garantizar.

política argentina, educacion argentina

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Argentina vuelve al equilibrio fiscal después de 15 años y avanza el desendeudamiento

El Gobierno Nacional mantiene el superávit financiero alcanzado en 2024 y lo consolida en 2025. Según datos oficiales, el resultado financiero acumulado entre enero y septiembre de este año fue superavitario en 0,4% del PBI, incluso después de pagar los intereses de deuda. Esta marca refuerza el cambio de régimen fiscal: Argentina está gastando menos de lo que recauda, incluyendo el pago de los intereses, algo que no se veía en décadas.

“Una familia o una empresa se endeuda cuando gasta más de lo que ingresa. Hoy el Estado argentino está haciendo lo contrario: no sólo no se endeuda, sino que le sobra para recomprar deuda”, señaló Iván Cachanosky, Economista Jefe de Libertad y Progreso.

En el gráfico se puede observar el desempeño financiero mensual acumulado entre 2017 y 2025. Sólo 2024 y 2025 exhiben superávit financiero al mes de septiembre, cuando vemos que entre 2017 y 2023 siempre la regla fue tener un déficit fiscal creciente mes a mes.

Ahora, al tener una estrategia de superávit fiscal, el gobierno puede avanzar con una estrategia inédita: la recompra anticipada de títulos públicos, muchos de los cuales cotizan a precios bajos por la desconfianza acumulada tras años de incumplimientos. En este marco, la deuda bruta consolidada acumulaba para noviembre del 2023 un monto de U$S 491.316 Millones, la cual se redujo a US$ 459.611 Millones. El hecho de tener superávit fiscal, permite ir saldando deuda que quedó barata producto de la desconfianza hacia Argentina.

“La historia nos dejó bonos que cotizan a valores ridículos porque nadie esperaba que los paguemos. Eso permite que hoy el Estado use lo que le sobra de sus ingresos, luego del pago de gastos e intereses, pueda rescatarlos con descuento. Es parte del saneamiento fiscal que permite bajar el pasivo que le dejaremos a las futuras generaciones”, agregó Aldo Abram, Director Ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso.

Se busca ordenar las finanzas públicas con foco en equilibrio estructural. “Es falso que el gobierno se está endeudando más. Incluso, está pagando intereses. Lo que sí está haciendo es buscar nuevos acreedores que quieran financiarnos en mejores condiciones para pagar los vencimientos de capital de la enorme deuda heredada. Hay que tener en cuenta que, en el pasado, el Estado le dejó de pagar 9 veces a argentinos y extranjeros y, luego, le reconoció mucho menos de lo que le prestaron. Con ese prontuario, muchos quieren que se les pague lo que se les debe y hay que pedirles a otros esos recursos. La alternativa es otra cesación de pagos y otra nueva crisis” concluyó Abram.

 

Déficit fiscal, Economía Argentina

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“El apoyo social consolida un escenario optimista para la economía”

PERFIL En conversación con Canal E, el economista Aldo Abram sostuvo que lo más relevante del reciente proceso electoral fue la consolidación del apoyo ciudadano al cambio de rumbo impulsado por el gobierno.

“Sin el apoyo de la sociedad, el aval de Estados Unidos hubiera valido de bastante poco”, aseguró. Según explicó, el resultado electoral otorga legitimidad política a las reformas económicas y refuerza la confianza de los acreedores internacionales.

“Con este respaldo social, uno puede plantear un escenario hacia adelante muy optimista”, destacó Abram, al considerar que el apoyo del Tesoro norteamericano “da una mayor certeza de que la Argentina podrá cumplir con sus compromisos externos”.

Los efectos del “riesgo cuca” y la respuesta de los votantes

Abram analizó también el impacto que tuvo en las elecciones la percepción de riesgo financiero que algunos sectores denominaron “riesgo cuca”. “La mayoría de los argentinos no tiene activos financieros ni cuentas en el exterior, pero ya vivimos lo que eso significó y terminó muy mal”, recordó.

A su juicio, el temor a una posible crisis cambiaria “debe haber jugado un rol importante” en la decisión de muchos ciudadanos de concurrir a votar y respaldar la continuidad del rumbo económico. “Creo que eso colaboró para que más gente apoyara al gobierno en esta elección”, afirmó.

Además, destacó que el oficialismo podrá apoyarse en partidos que también promueven una agenda pro mercado. “El gobierno no tiene mayoría propia, pero hay otras fuerzas que acompañan el cambio de rumbo y eso permitirá avanzar en reformas como la laboral y la tributaria”, sostuvo.

Recuperación de la confianza y expectativas de crecimiento

Consultado sobre las perspectivas a corto plazo, Abram señaló que el comportamiento del dólar y de los inversores refleja una dinámica psicológica más que estructural. “Cuando los argentinos vemos subir el dólar, recordamos que en el pasado eso desembocó en crisis. Es un comportamiento de manada: si todos corren, uno corre por las dudas”, explicó.

El economista indicó que el resultado electoral ayudó a “moderar ese temor” y a generar expectativas más estables. “Si se mantiene el rumbo, muchos de los que dolarizaron sus ahorros podrían volver a invertir en la economía doméstica”, afirmó.

Abram proyectó que esta mayor confianza podría revertir la tendencia recesiva observada desde el segundo trimestre del año. “La recuperación se va a fortalecer en la medida en que la confianza se traslade a decisiones de consumo, inversión y financiamiento interno”, aseguró.

Estabilidad cambiaria y política económica

Sobre la política cambiaria, Abram rechazó la necesidad de modificaciones inmediatas. “No creo que haya que corregir nada; lo que vimos fue más bien una reacción al temor”, explicó. En ese sentido, sostuvo que el objetivo del Gobierno debe ser “dar tranquilidad”, ya que si esa calma se consolida, “el tipo de cambio tenderá a estabilizarse y se alejará del techo de la banda cambiaria”.

Para el economista, mantener la serenidad en los mercados es clave para consolidar la estabilidad: “El objetivo no debe ser sostener niveles de precios o del tipo de cambio por miedo, sino generar confianza para que la economía pueda crecer de manera sostenida”.

Economía Argentina

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