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Un esquema institucional diferente

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Como he apuntado en otra oportunidad, en las primeras doce líneas del tercer tomo de la edición original de Law, Legislation and Liberty de 1973, Hayek escribe que los esfuerzos realizados hasta el momento por el liberalismo clásico para frenar los abusos del Leviatán han sido (y siguen siendo) un completo fracaso. Por ello es que en esa misma obra sugiere la implementación de lo que bautizó como “demarquía”, esto es la despolitización de una de las Cámaras en el Congreso, lo cual explica detalladamente en el libro de referencia.

En esta nota periodística queremos agregar dos aspectos que estimamos cruciales para el Poder Ejecutivo y uno para el Judicial, siempre en el contexto de la línea argumental de que el ideal de autores como Giovanni Sartori en cuanto a la democracia como un método de selección y alternancia de autoridades que preserva los derechos de las minorías se ha desvirtuado para convertirse en cleptocracia, es decir, el gobierno de los ladrones de propiedades, libertades y vidas (en lugar de la tradición lockeana que se dirigía a preservar esta valiosa triada).

Si compartimos la conclusión de Einstein en cuanto a que no resulta posible obtener resultados distintos aplicando los mismos métodos, se torna necesario explorar otras avenidas y agudizar el ingenio para evitar la grotesca parodia de democracia que hoy tiene lugar en prácticamente todos lados.

La democracia no dice cual sea el método de elección que prefiera el pueblo ni como deben configurarse los tres poderes siempre y cuando estén debidamente separados. La primera modificación que sugerimos se basa en las argumentaciones de los Padres Fundadores en Estados Unidos y en las que elaboraron algunos de los protagonistas de la Revolución de Mayo en lo que después fue la Argentina. En el primer caso la propuesta no prosperó aunque tuvo vigorosos patrocinadores y produjo vibrantes debates tal como, entre otros, documenta Forrest McDonald respecto de Edmund J. Randolph quien fuera gobernador de Virginia y el segundo Secretario de Estado del gobierno norteamericano.

En el otro caso, después de la Junta Grande y la Junta Conservadora, la experiencia duró relativamente poco no sin antes haber dispuesto medidas constitutivas del gobierno patrio de gran fertilidad. Se trata del establecimiento del Triunvirato al efecto de evitar la entronización de caudillos o de “el líder” y diluir el peso de una sola persona a través de un cuerpo colegiado en el que las decisiones se tomaran por mayoría lo cual requeriría negociaciones y dificultaría decisiones apresuradas, tal como previamente se consignó en debates sobre el triunviri en el derecho romano con la idea de mitigar el poder de un solo sujeto y diluir el peligro consiguiente a través de una comisión. (Actualmente, cada miembro del Triunvirato ejercería rotativamente -por ejemplo, cuatrimestralmente- el cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas).

La segunda medida sugerida para evitar las escandalosas situaciones que ocurren actualmente estriba en adoptar lo que antes hemos escrito sobre el consejo de Montesquieu en el segundo capítulo del Segundo Libro de El espíritu de las leyes donde afirma que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”. Si esto se llevara a cabo, la gente dejaría de relatar las bostezantes anécdotas personales de los candidatos que se proponen y proclaman en la contienda electoral y de tejer tediosas e inconducentes elaboraciones sobre los partidos políticos y, en su lugar, dado que cualquiera puede ser gobernante, se torna necesario centrar la atención en lo que no pueden hacer con las vidas, haciendas y libertades de los gobernados. En este caso, habría un cambio en el eje del debate y las ocupaciones y preocupaciones canalizarían las respectivas energías en establecer claramente cuales han de ser los límites del poder.

Siempre el tema institucional apunta a los incentivos. Del mismo modo que el imprescindible federalismo en materia fiscal -donde la coparticipación es de las provincias o estados al gobierno federal y no al revés- obliga a los respectivos gobernadores a aplicar impuestos que no ahuyenten a la población en busca de otra jurisdicción más sensata y tenderá -en provecho propio- a atraer inversiones lo cual, a su vez, empujará a reducir gastos públicos. Del mismo modo decimos, el sorteo incentiva la búsqueda de vallas y diques de contención al abuso del poder, en lugar de institucionalizar coaliciones que explotan a las minorías.

No se trata de apuntar a la perfección ya que esta no está al alcance de los mortales, se trata de minimizar problemas mientras se continua con la tarea educativa en el contexto del debate sobre lo que hemos denominado “el síndrome Hobbes” a través del atento estudio y la contra argumentación de la presentación convencional de los bienes públicos, las externalidades, los free-riders y el dilema del prisionero.

Finalmente, respecto al Poder Judicial, sería de interés permitir que, en el marco de arreglos contractuales, las partes pudieran designar los jueces que en primera, segunda e instancia definitiva resolverán los eventuales conflictos, sin regulaciones de ninguna especie (incluyendo la obligación de que los seleccionados sean abogados) y reservar los jueces gubernamentales allí donde las lesiones al derecho o las malas interpretaciones del convenio suscripto surjan sin que hayan mediado contratos previos, lo cual nos retrotrae a lo sucedido principalmente en los inicios del common law tan bien descripto por autores como Bruno Leoni en donde fallos judiciales en competencia operaban en un proceso de descubrimiento del derecho circunscribiendo las funciones del Poder Legislativo a la administración de las finanzas del rey o del emperador.

Pensamos que una vez vencida la timidez por la sugerencia de una novedad para aquellas mentes anquilosadas en el pasado, se podrán adoptar estas cuatro sugerencias (una de Hayek, una de la historia estadounidense y la argentina, una de Montesquieu y otra del common law yla República Romana y los primeros tramos del Imperio) en base a lo disconformes que en general están los gobernados de todas las latitudes con lo que les viene ocurriendo en el sistema en vigente, por más que en toda campaña política machaconamente se reiteran promesas vacuas para terminar con la corrupción, la injusticia y la inseguridad siempre reinantes.

No parece posible ni serio continuar declamando una democracia inexistente mientras se arrasa con las autonomías individuales. Si se propusiera un sistema institucional distinto al sugerido en estas líneas para permitir el curso de la sociedad abierta, sería de interés conocer el andamiaje conceptual en el que se sustenta y discutirlo, pero si no se presenta proyecto alguno y el silencio fuera la respuesta, no insistamos tercamente con lo que a ojos vista nos conduce al despeñadero en la esperanza de que súbitamente ocurra un milagro.

Y tengamos en cuenta que lo propuesto es al efecto de dar rienda suelta a lo que Adam Smith denominaba la “libertad natural” en contraposición a los megalómanos que pretenden fabricar el “hombre nuevo”, tan bien representados en la obra teatral Calígula de Albert Camus en la que el personaje de marras vocifera sandeces típicas de los planificadores de vidas y haciendas ajenas: “Vamos a revolucionar la economía política”; “Mi plan, por su sencillez, es genial lo cual cierra el debate”; “Acabo de comprender por fin la utilidad del poder. Da oportunidades a lo imposible”; “¿De que me sirve este asombros poder, si no puedo hacer que el sol se ponga por el este?”; “Lo que deseo hoy con todas mis fuerzas está por encima de los dioses”; “Haré de este siglo el don de la igualdad”…“Y necesito gente, espectadores, víctimas y culpables”.

Por el contrario, tal como aconseja Norman Mailer en sus reflexiones sobre la escritura dirigidas al espíritu curioso, adherimos a que para mejorar el conocimiento hay que “ampliar lo que nos dieron, forjar (podría haber dicho clarificar) un mundo que siempre estaba ante nosotros de un modo distinto de cómo lo habíamos visto el día anterior. […] Estoy interesado, más bien, en que todos mejoremos en la tarea de pensar”.

*Publicado por Diario de América, Nueva York.

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Danza olfativa

Por Alberto Benegas Lynch (h)

No es infrecuente la crítica tan despiadada como ignorante a la Revolución Industrial en Inglaterra sin percatarse que precisamente en esa época, merced a las ideas prevalentes en cuanto a la libertad de comercio, comenzaron a revertirse las condiciones de la gente y, por primera vez en la historia de la humanidad se habló sobre “la cuestión social”. Ya no era posible que solo la nobleza viviera en condiciones razonables (aunque ella misma padecía infecciones incurables solo por una muela o debía hacer sus necesidades corporales en pajonales porque no existían baños). La Revolución Industrial tuvo lugar debido a que se eliminaron los carnets para comerciar dentro y fuera del país, los monopolios reales dejaron de imponerse, los precios se liberaron y la asignación de derechos de propiedad fue adquiriendo sentido. Se parlotea sobre este período como si antes de esta revolución los campesinos bailoteaban en torno a ollas siempre humeantes de espléndidos manjares alimenticios, sin tener en cuenta que la condición normal era la muerte prematura, las pestes y las hambrunas, maldiciones que quedaron atrás como condiciones normales de vida y la gente pudo pensar en educación y en los primeros signos de confort elemental fuera de la realeza y sus acólitos.

En el notable libro que comentaré  muy brevemente en estas líneas, se describe a las mil maravillas lo que ocurría en la Francia dieciochesca, es decir, en la época pre-capitalista, a través de los olores: “En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles interiores apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina […]; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios a sábanas grasientas […] Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia […] los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias […] El campesino apestaba como el clérigo; el oficial de artesano como la esposa del maestro […] porque en el siglo XVIII no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana […] que no fuera acompañada por algún hedor”. Así escribe Patrick Süskind en El perfume. Historia de un asesino, una novela que vendió doce millones de copias en cuarenta y seis lenguas (en Der Spiegel se mantuvo por nueve años en la lista de best-sellers). Todo el libro es un canto a las glándulas pituitarias. Todo se describe a través del olfato: una danza olfativa, aunque danza macabra por las características truculentas y malvadas del personaje principal que asesina para poseer los olores de la víctima.

Süskind, alemán, hoy de 62 años de edad, hijo de un periodista que se empeñó en mostrar el espanto nazi, estudió historia medieval en las Universidades de Munich y en la Université d`Aix-en- Provence sin graduarse. Recuerdo que cuando yo enseñé en esta última casa de estudios en 1996, un colega me habló efusivamente de ese autor que ya había publicado en 1985 la obra de referencia y que, como queda dicho, traspasó inmediatamente todas las fronteras, hecho que en aquel momento no calibré en grado suficiente. Ese autor no concede reportajes (tal vez con un argumento similar al de Jack Nicholson que dice que eso conspira contra la función del actor que se descubre a si mismo y luego no resulta creíble en los personajes que encarna).

Tampoco Süskind permite que se lo fotografíe (nos recuerda el caso de Thomas Malthus que solo accedió a que lo retraten un año antes de morir en 1833, con la condición que el artista disimulara su defecto en la boca) y no le importa concebir ideas completamente incompatibles con lo “políticamente correcto” como cuando uno de sus personajes (el señor feudal de Tolouse, el marqués Taillade-Espinasse) propone la eliminación de todos los impuestos territoriales y de los productos agrícolas y expone la peregrina idea del establecimiento de “un impuesto regresivo inverso sobre la renta”, lo cual recaía con más fuerza sobre los pobres, situación que los obligaría “a un mayor desarrollo de sus actividades económicas”.

El personaje central de la novela a la que nos referimos, Jean-Baptiste Grenouille, se ejercitó y se aplicó con descomunal esmero en afinar las propiedades de su nariz y llegó a poseer setecientas fórmulas de perfumes, su capacidad olfativa era notable pero “su propia alma estaba sellada”, estaba muerto interiormente, ninguna otra cosa le proporcionaba satisfacción (ni siquiera le llamaba la atención) fuera de las brisas que alimentaban su olfato. Solo las aromas, solo los olores a través de los que reconocía personas, paisajes y situaciones varias. Todo le era referido a categorías y conceptos olfativos que retenía y acumulaba en la memoria de modo indeleble. En las noches más oscuras podía orientarse por los olores. Detectaba los peligros y los estados de ánimo ajenos por medio de sus pituitarias.

La descripción de los procesos de destilación y volatilización, los embudos, frascos, las mezclas, las esencias, tinturas, aceites, probetas y pipetas, la perfecta administración artesanal de las fragancias y bálsamos, las proporciones de alcohol y el manejo cuidadoso de las materias primas como el azahar, el jazmín, la rosa, clavel, bergamota y el romero entre tantos otros, le producía a Grenouille un efecto de orgía indescriptible, una explosión de alegría y satisfacción superlativa.

Sin duda Patrick Süskind en esta su primera novela (después escribió otras) conduce con maestría los ritmos y los tiempos, la arquitectura de su exquisita sintaxis y gobierna la técnica del narrador (que a veces se desdobla en dos o tres en un mismo párrafo). Una vez zambullido en el texto resulta difícil abandonarlo. Uno no puede menos que oler y oler y, por momentos se tiene la sensación que en estas expediciones y aventuras olfativas, el lector recibe una educación y refinamiento de su nariz que, como se dice en el libro, la mayor parte de la gente la usa solo para sonársela o, decimos nosotros, como una decoración más o menos inútil que se encajó accidentalmente en el rostro al solo efecto de poder respirar.

Como es sabido la ficción permite todo tipo de maniobras y acrobacias pero lo que no resulta admisible es situar toda una obra en cierta época y súbitamente dar un salto hacia delante, no como un juego con los tiempos (lo cual es habitual en este género) sino directamente como un error garrafal del escritor. Este es el caso en la obra comentada cuando el narrador describe el pensamiento del personaje principal de este modo: “No veía, oía ni sentía nada, solo percibía el olor a leña, que le envolvía […] Aspiraba este olor, se ahogaba en él, se impregnaba de él hasta el último poro, se convertía en madera, en muñeco de madera, en un Pinocho…”. En un Pinocho !!, como es posible si toda la obra transcurre en el siglo xviii, lo cual subraya a cada rato el autor. ¿Como es posible semejante traspié? Pinocho es decimonónico, irrumpe en escena de la mano del florentino Collodi (Lorenzini). Por más malabarismos que autoriza la ficción, este desliz no es permisible: un inaudito, abrupto, desconcertante y no previsto desplazamiento y espectacular brinco de más de un siglo (a las claras no previsto ni por el autor), ya que Las aventuras de Pinocho es de finales del xix. No hay treta literaria que quepa en esta fuga inconcebible al futuro por más benévolo que se sea con el abanico de las ricas  posibilidades que brindan las letras insertas en este tipo de narrativa.

En todo caso, entre las muchas vueltas y revueltas en la vida de nuestro perfumista, el libro describe sus horribles asesinatos (no hay asesinato que no lo sea) hasta su última fechoría criminal en la que finalmente es descubierto y condenado. Pero henos aquí que el reo, en el día de su ejecución, se impregna de un perfume que produce un atractivo irresistible en la gente a raíz de lo cual resulta absuelto (incluso por el padre de la víctima quien también cae subyugado por el perfume de marras) y, en su lugar, es condenado un inocente. En esta instancia del libro el lector acostumbrado a los atropellos del Leviatán puede fácilmente imaginar un final distinto dada la mente malévola del canalla en cuestión y las posibilidades que le brindaban sus mezclas olorosas para un poder ilimitado, pero el epílogo no cierra la obra de esa manera. Como este personaje repugnante es incapaz de sentir amor por su persona, es por tanto incapaz de amar a otros (el que se odia a si mismo no se permite la satisfacción de amar a otros), entonces resuelve internarse en un barrio de forajidos envuelto en un perfume tan atractivo que era imposible de resistir, situación que surte el efecto deseado: se le abalanzan y lo destrozan. Esos crápulas quedan sorprendidos porque “por primera vez habían hecho algo por amor”.

Conviene recrear el recuerdo de lo bien escrito y tramas mejor argumentadas, uno debe estar prevenido y en guardia de lo que alguien se refirió como “los chacales de la memoria” que a la más mínima distracción esas bestias de rapiña despedazan y engullen sin el menor escrúpulo lo que se ha disfrutado e imaginado con la buena lectura…claro que también eso constituye un buen pretexto para releer lo que ya había sido abordado con fruición.

*Publicado por Diario de América, Nueva York.
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Paradigma y Creatividad

Últimamente he visto que el tema de la creatividad intelectual se está debatiendo mucho. O, por lo menos, esa es la impresión que me dio viendo este video que ha circulado mucho: http://www.youtube.com/watch?v=17Ye368aQVk Por supuesto, estoy de acuerdo con casi todo lo que dice y con cómo lo dice. Pero el asunto es: vemos el video, nos reímos un poco, decimos que sí, que ok, ¿y después qué?

Yo he luchado toda la vida por fomentar la creatividad en mis alumnos. Pero me he enfrentado con la perplejidad de ellos mismos, de autoridades, especialmente, y remotamente de algunos padres. Porque el sistema escolar formal, desde la primaria hasta casi incluso el doctorado, parece estar diseñado especialmente para penar la creatividad intelectual. Se premia la repetición del paradigma.

Pero, ¿qué salida hay? ¿Vamos a hacer un sistema donde cada uno “cree” su propia lecto/escritura, su matemática, su física, su teología, su lógica?

En cierta medida, si uno está muy influenciado por autores como Popper o Feyerabend, uno se inclina por propuestas educativas innovadoras, que traten de incentivar el diálogo, la crítica, el debate, la creación de hipótesis. Pero todo lo que se haga al respecto parece siempre como “alrededor” del sistema formal, que parece intocable. Esto es, allí donde se tiene que “fijar” el paradigma, con todos sus espantosos hábitos: el profesor en posición dictatorial, el conocimiento como repetir pasivamente lo “recibido”, el premio a esto último con el 10, el castigo de nuevas ideas, preguntas, todo aquello que se “salga del paradigma”. Se pena la copia pero en realidad lo que el alumno aprende es a copiar el paradigma y repetirlo. Eso sí, de memoria, “sin copiar” del papel. Pero, oh sorpresa, la memoria no incluye el aprendizaje (sí al revés) y finalmente ese pobre niño llega a adulto, tiene que hacer una tesis de doctorado, se le “ordena” que sea creativo y, claro, eso no se “copia”……

De vuelta: ¿qué hacer?

Lo primero, que creo que no se dice demasiado, es comprender, junto con T. Kuhn, la función de los paradigmas. Una de ellas es esa “tensión esencial” que hay en todo filósofo y científico. Corremos el peligro de “aferrarnos al paradigma”, pero el paradigma es precisamente lo que permite compararlo con otro y, en ese caso, optar por otro. El paradigma nos permite, paradójicamente, la creación, nunca en el ser humano es creación desde cero, sino desde el paradigma anterior. Sí, es muy difícil, son muy pocos los que lo hacen, pero si no, te quedas en Leonardo y no en Copérnico. Copérnico era un humilde y tímido Ptolemaico al cual “se le ocurrió” cambiar una cosita de lugar y…. Produjo una de las revoluciones científicas más clásicas de la historia de la ciencia. Leonardo fue un genio absoluto, más que Copérnico, pero no manejaba el paradigma de la época, o al menos no mostró manejarlo, y todo lo que inventó se lo llevó a la tumba. Y no me refiero a los artefactos. Aún no sabemos cómo hacía para calcular la trayectoria de las balas militares que le hacía a los Medici.

Lo que quiero decir es: los paradigmas cumplen un rol necesario. Son “aquello desde dónde” la creatividad es posible. Son condición necesaria, pero no suficiente. Y esa es la clave: el drama de los sistemas educativos formales es que han endiosado a los paradigmas y han olvidado las condiciones adicionales, que el paradigma no da, para que el conocimiento sea conocimiento y además en progreso. La revolución educativa sería un proceso donde el paradigma sea aprendido, sí, pero precisamente porque puede ser libremente pensado y criticado, ¿Es posible? No sólo posible, es condición necesaria del aprendizaje. Pero no es fácil. Hay que formar a profesores en la historicidad de los autores que manejan, en el arte del diálogo, en la disposición a la escucha, y sistemas que incentiven la mutua crítica, donde cambie radicalmente el sistema de evaluación. ¿Es todo ello posible? Sí, pero no en el sistema educativo formal actual, y en todo caso lo único que salva la situación son sanas y santas trampitas al sistema. Pero la verdadera educación está hoy en la re-sistencia. Hoy la educación, el real conocimiento, la formación profunda en valores y en creatividad, y en el manejo concomitante del paradigma, pasa por secretas catacumbas. Mientras tanto seguimos habitando un castillo de ruinas invisibles, la vida se nos pasa y los futuros Newtons y Descartes mueren a los 3 años para convertirse en habitantes de la Matrix.

*Publicado en Filosofía para mí, Buenos Aires.
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La trampa de la dependencia económica

“From my tribe I take nothing. I am the maker of my fortune.” Tecumseh, legendario líder Shawnee.

“El gobernador Insfrán nos quiere callar poniéndonos un sándwich en la boca, pero nosotros vamos a luchar para que nos devuelvan nuestras tierras.” Palabras más palabras menos, escuché decir por televisión al cacique Qom, líder del corte de la calle 9 de Julio que afligió a los porteños durante esta semana en un reclamo dirigido a “Cristina”.

De inmediato asaltan preguntas en nuestras mentes, ¿Qué tenemos que ver los porteños o el gobierno de la Ciudad con este tema? ¿Qué tiene que ver Cristina? ¿Acaso no somos un país federal? ¿Si es un conflicto por la propiedad de la tierra, no debiera ser la Justicia de Formosa la encargada de resolver el conflicto? En todo caso, ¿no debiera ser la Justicia Federal que resuelva el conflicto si supera el límite de lo provincial?

El conflicto desnuda la fragilidad institucional de nuestro país; la lasitud del derecho de propiedad privada y pública; la exagerada centralización de las decisiones; las enormes fallas en el sistema Judicial, provincial y federal; además por supuesto de las fallas en el gobierno local de Formosa.

Sin embargo, quisiéramos  focalizar este artículo en el problema de los aborígenes, que no es un problema exclusivamente argentino sino que se extiende por toda América y más allá: Llamaremos a este problema: la trampa de la dependencia económica.

En febrero pasado tuve la fortuna de conocer al empresario y abogado canadiense Calvin Helin, miembro de la Nación Tsimhiana de Nativos Americanos “Native American Tsimshian Nation”, hijo y heredero del Jefe tribal. Calvin ha escrito varios libros sobre este tema, “Bailando con la dependencia: Salir de la pobreza a través de la Auto-Confianza” y la “Trampa de la dependencia económica”, con el que titulamos esta nota.[i] Su visión del tema me fue muy útil para profundizar mis opiniones.

Simplificando, el problema surge de la ocupación de tierras en América, Australia, Nueva Zelanda y otros lugares donde los pueblos originarios tenían generalmente sistemas de propiedad comunitaria de la tierra y fueron sometidos a sangre y fuego por los occidentales invasores. En algunos casos esos pueblos eran nómades, en otros sedentarios, y muchas veces guerreaban entre ellos y también subyugaban a tribus menos poderosas. En conclusión, al ser ocupados por los invasores occidentales sus derechos de propiedad comunitaria fueron avasallados.

Con el correr del tiempo todos los países reconocieron de algún modo el problema. En la gran mayoría de los casos la solución propuesta fueron variados aportes del Estado Benefactor, se les reconocieron tierras y muchas veces se instalaron a los indígenas en “Reservas”. Con las mejores intenciones se les brindó asistencia de todo tipo, alimentaria, viviendas, escuelas, sistemas sanitarios, etc. Sin embargo, estos pueblos originarios mantuvieron niveles de pobreza e indigencia muy superior a la media de sus respectivos países.  En muchos casos, la dependencia económica pasó de generación en generación. Así, en Nueva Zelanda, el 29% de los Maoríes en edad de trabajar viven del Estado Benefactor[ii]. Según un informe de la OECD esa cifra alcanza a 46% en el promedio de los Pueblos Originarios a nivel mundial, y en el caso de reservas aisladas, el índice se acerca al 70% u 80%[iii]. En Canadá, la situación fue resumida por un escritor local “…si el apartheid fuera medido por sus resultados en lugar de por intenciones, lo tenemos hoy en nuestro país”[iv]. En Australia, el 55% de los ingresos de los aborígenes proviene del Estado Benefactor[v]. Más de la mitad de los aborígenes australianos hombres, y el 40% de las mujeres, mueren antes de llegar a los 50 años[vi]; recordemos que el promedio de vida de la población en ese país es 81.1 años[vii]. Cedric Wyat, CEO del Departamento de Aborígenes Australianos, resume el problema “La paradoja es que el sistema de bienestar ha creado por sí mismo las condiciones que han perpetuado la pobreza y la dependencia”.[viii] Peter Saunders and Wendy Stone demuestran que esta tendencia naturalmente hace que los jóvenes tomen las costumbres de los padres. [ix]

En EE.UU. podemos ver por ejemplo, que la Reserva Indígena de Pine Ridge, en Dakota del Sur tiene un PBI per cápita de apenas USD 7.000 al año (la sexta parte del promedio de su país), 80% son desocupados, y tienen 3 veces más altas las tasas de mortalidad infantil, la mitad de la población de más de 40 años tiene diabetes.[x] En su conjunto, los indios norteamericanos tienen la mayor tasa de violencia doméstica y también de adicciones al crack a la cocaína o alcoholismo. El Servicio de Salud Indígena calculó en 2005 que los indios norteamericanos tienen 517% más alcoholismo, 533% más tuberculosis, 203% más accidentes de autos, 210% más diabetes, 150% más heridas por accidentes, 87% más de homicidios y 60% más de suicidios[xi].

Herman Whitegrass consejero de la Tribu Blackfoot de Montana afirma “… creo que el sistema de bienestar social nos ha inhabilitado al permitir que la gente continúe comportándose autodestructivamente”. El resultado del sistema es que la pobreza en las reservas es 3.9 veces superior al promedio norteamericano.[xii]

Calvin nos explica que para comprender por qué ocurre esto hay que analizar el impacto de los programas sociales dentro de la familia. Cuando la familia recibe dinero sin dar trabajo a cambio, sino a través de planes de alimentación, de vivienda, o por tener hijos, o por tener hijos en edad escolar, etc… El jefe de la familia naturalmente pierde su autoestima, el amor propio, y el respeto de su cónyuge y de sus hijos. De ahí al aumento de las adicciones y de la violencia familiar hay un solo paso. Calvin nos dice “Una persona para ser feliz requiere sentirse útil para alguien que lo necesita”. Todo lo opuesto de percibirse como víctima, débil, lisiado, descamisado, incapacitado, necesitado de ayuda permanente.

Como dijo George Orwell “El mal de la pobreza no es tanto que hace sufrir a un hombre sino que lo corrompe física y espiritualmente”. La incapacidad de sustentarse a sí mismo y a su familia, corroe la dignidad del hombre como ser humano, destruye su autoestima, su amor propio, su honra y la conciencia de ser valioso.

Pero como también explica Calvin, este problema no ocurre sólo en las reservas indígenas: “Hay 80 programas en EE.UU. que proveen asistencia a las familias”.[xiii] Y hay 60.8 millones de estadounidenses que dependen del gobierno para la provisión diaria de vivienda, salud y alimento.[xiv] Es decir, 20% depende del Estado de Bienestar y un tercio de los norteamericanos no paga impuestos por estos y otros servicios.[xv] EE.UU. gastará la friolera de USD 10,3 billones en gasto social en los próximos diez años [xvi] Está claro que en Argentina tenemos el mismo problema donde ya hay 3 millones de empleados públicos, 2,3 millones de planes sociales, asignación universal por hijo, planes de ayuda de $450 a jóvenes de entre 18 y 24 años que no terminaron la escuela, y decenas de diferentes planes de ayuda familiar.

Aún más, Calvin amplía el problema a la ayuda a las empresas, poniendo como ejemplo el “Corporate welfare” por USD 90.000 millones anuales en EE.UU.[xvii] Subsidios que en Argentina son proporcionalmente mucho más altos.

Incluso un problema muy parecido ocurre con la Ayuda Externa a los países pobres, como bien señala Dambisa Moyo en su libro “Dead Aid”: 1 billón de dólares que recibió como ayuda externa África en la última década tal vez ha ayudado a perpetuar tanto el hambre como los gobiernos corruptos en muchos de sus países. [xviii]

Aún más, Calvin nos propone no ver este problema como algo muy lejano porque lo mismo puede ocurrir dentro de nuestras propias familias, donde nuestros hijos pueden tener un alto nivel de vida, tan alto, a veces, como su sensación de inutilidad que puede minar su autoestima, si ingresan en la generación NINI, de los que “ni estudian ni trabajan”. Esta enfermedad, que los psicólogos llaman “Affluenza” (abundancia) está tratado por Eillen Gallo en su libro “Silver Spoon Kids[xix]

En suma, tal vez ha llegado el momento de repensar la ayuda social, y analizar soluciones basándonos en el antiguo y simple proverbio chino que dice: “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida".

Llegó el momento de explorar soluciones ligadas al trabajo. Trabajar por la autosuficiencia, la no-dependendencia del Estado o de cualquier organización social. Los héroes de este nuevo enfoque serán las pequeñas y medianas empresas. Será el proceso por el cual los pobres, honestos, trabajadores industriosos, con amor propio y decididos, progresarán como nuestros abuelos trabajando por su cuenta y responsabilidad, y contratando a otros tan trabajadores como ellos. Sus hijos, como nuestros padres, aprovecharán la educación de excelencia no para calentar asientos, sino para elevar su productividad como ciudadanos y padres de familia. La tarea del gobierno no será proveer ayuda, sino más bien levantar la presión y represión que ejerce sobre las empresas. Habiendo 1,3 millones de pequeñas empresas en Argentina, bastaría aliviarlas de los impuestos sobre el trabajo y la inversión, aliviarlas de gran cantidad de inútiles regulaciones y facilitar la creación de nuevas empresas. Como ejemplo, en Francia, con la reforma para facilitar la creación de empresas, se crearon más de 600.000 nuevas empresas el año pasado.  Si cada PYME toma un solo nuevo empleado por año, en un solo período presidencial cambia la Argentina.

Quisiera terminar con las palabras con las que Calvin Helin me dedicó su último libro: “To Agustín, Wai Wah”, que en su idioma natal de la tribu Tsimshian de la Costa Noroeste del Pacífico, significa: “Just do it”.

* Director General de Libertad y Progreso


[i] Calvin Helin (2011). The Eoncomic Dependency Trap. Breaking to self-reliance.RAVENCREST PUBLISHING
[iv] John Stackhouse, “First Step: End the Segregation”, Globe and Mail (December 15, 2001) F1.
[v] Cedryc Wyat, “Aboriginal People: Addressing Dependency in Australia”
[viii] Cedryc Wyat. Idem ut supra.
[ix] Reforma del Estado Benefactor Australiano. (2000)  http://www.aifs.gov.au/institute/pubs/saunders4.html
[x] Chris McGreal, “Obama´s Indian Problem” The Guardian (January 11,2010), http://www.guardian.co.uk/global/2010/jan/11/native-americans-reservations-poverty-obama
[xii] “Native Americans: Tribal Sovereignity, Devolution and Welfare Reform” (technical paper, W.K. Kellog Foundation, http://ww2.wkkf.org/pubs/Devolution/Pub823.pdf)
[xiii] Smelser, Wilson andMitchell, eds. Americabecoming: Racial Trends andTheir consequences, vol 2, No 154. http://www.nap.edu/openbook.php?record_id=9719&page=154
[xvii] Corporate Welfare and Earmarks, CATO Handbook for Policymakers, 7° Ed.(2009) http://www.cato.org/pubs/handbook/hb111/-26.pdf
[xviii] “Dead aid”. Dambisa Moyo. (New York: Farrar, Strauss and Firoux, 2009),47, http://www.deadaid.org/deadaid.html
[xix] Eillen Gallo, Ph. D., and John Gallo, J.D., Silver Spoon Kids (New York: Contemporary Books, 2002). Ralph Waldo Emerson, Self reliance: http://en.wikisource.org/wiki/Author:Ralph_Waldo_Emersonhttp://en.wikisource.org/wiki/Essays ­
 
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Felipe de la Balze en Libertad y Progreso

En el desayuno para socios de Libertad y Progreso del 31 de marzo de 2011, Felipe de la Balze, miembro de nuestro Consejo Académico, realizó una brillante disertación sobre economía política.

Comenzó su exposición mostrando dos mega-tendencias. La primera referida a la nueva oportunidad que brinda el contexto internacional  que se refleja en los precios agrícolas. Comparó su importancia con la situación del período de 1860 a 1910. Pero alertó que tener una oportunidad no implica aprovecharla.

“Ucrania tuvo la misma oportunidad que Argentina a fines del siglo XIX, incluso estaba mejor posicionada que nuestro país y tenía una pampa húmeda comparable. Pero no pudo aprovecharla. Para ello, se necesitan instituciones, el imperio de la ley, el respeto a los derechos de propiedad y la apertura económica entre otros elementos…

Se explayó también sobre las mega-tendencias demográficas. “En 2011, el 51% de los que nacen en EE.UU. ya no son blancos”. No es un comentario racista sino una constatación de cómo está cambiando la población mundial. La población blanca era el 35% del total en 1950; 20% en la actualidad y será entre de un 12% en 25 o 30 años.

La segunda parte de la charla se concentró en mostrar unos lineamientos para una Economía Política en Argentina.

Destacó la diferencia entre políticas económicas y economía política, que implica diseñar políticas que sean factibles y no estén condenadas a fracasar como las de los 90s.

Para ello, tenemos que buscar un modelo semejante al de Australia, Chile o Canadá. Es decir, economías que exportan un 35% de su PBI y con un sesgo de exportaciones concentradas en commoditties, lo que les da una alta volatilidad a sus términos de intercambio.

1 – Los países de este tipo, requieren una Macroeconomía Ortodoxa. Ahorrar cuando los precios son altos, para soportar la caída de los precios en las épocas difíciles. Tienen que mantener un nivel de deuda pública MUY baja. Como el caso chileno, cuyas exportaciones de cobre representan el 75% del total. Pero Chile, desde hace, un par de décadas mantiene una deuda cercana al 7% del PBI. Durante la expansión tiene un fuerte superávit fiscal y acumula un fondo anti-cíclico (que sumado a las reservas representa un 25% del PIB).

2 –  Valorizar las exportaciones.

3- La política en Argentina es muy inestable. Para poder estabilizarla, de la Balze sugiere repartir el beneficio extraordinario de los altos precios de los commoditties con el sector Industrial. Morigerar el Proyecto Exportador y compatibilizarlo con un Proyecto Industrial; a través de la política cambiaria y de la estructura de precios.

La tercera parte de la charla, consistió en una táctica para volver a tener una Argentina Liberal.

En síntesis, la propuesta es concentrarse en resolver los problemas de un subsector potencialmente muy importante: las PYMES que representan a 1,3 millones de personas cuyos intereses deben impulsarlos a un modelo más liberal. Con impuestos simplificados, desregulación, facilidades para contratar y despedir, bajos aportes patronales, no intervencionismo de los burócratas estatales,  etc. Es decir, un modelo con sesgo por-PYMES. “Crear liberalismo a partir de los intereses  y no de las ideologías”. Ello requiere cierta modestia de nuestra parte y no “explicar a los demás que están equivocados”… aunque lo estén…

En un fructífero intercambio de opiniones posterior, Manuel Solanet, agradeció la exposición y completó el desafío a los liberales, rescatando la idea de que también hay que concentrarse en los “consumidores” que son socios naturales del pensamiento liberal. Idea apoyada también por Aldo Abram. Jorge Bilbao profundizó sobre las capacidades de las PYMES para exportar, la necesidad de ayuda de cooperativas o corporaciones estatales para colaborar en el marketing y comercialización de los productos de empresas que no tienen suficiente economía de escala. De la Balze rescato un libro de Elvio Baldinelli sobre el tema y la idea de que muchas PYMES exportan a través de otras empresas más grandes, como en el caso del Sector Agropecuario.

Alfredo Boysen recalcó que la mejor política pro-industrial sería el superávit presupuestario y utilizarlo para cancelar deudas lo que reduciría las tasas de interés, el riesgo país y disminuiría la apreciación cambiaria.

De la Balze acotó que lo que en el mundo se conoce como la “enfermedad holandesa” en realidad es la “enfermedad Argentina” que lleva a la idea de que se puede vivir repartiendo la riqueza de los recursos naturales desalentando la inversión, el trabajo y la industria… Por ello, dijo que no hay que descartar el desaliento a la entrada de capitales, o incluso el control de cambios, etc. Y no quedarse con una ideología que no tenga en cuenta las particularidades de nuestra economía.

Jorge Tersoglio elaboró sobre el problema del enorme poder de los sindicatos. Aldo Abram recalcó que la mejor forma de negociar con ellos es con una política de mayor libertad y menor inflación. Recalcó que una política populista que se basa en resaltar la puja corporativa aliándose a la corporación de los sindicatos para combatir a otras corporaciones es lo que aumenta su poder.

De la Balze, se mostró optimista porque es la primera vez que los sindicatos en lugar de ser moderados se muestran desafiantes frente a la sociedad lo cual los va a debilitar en el corto plazo.

Jorge Grinberg, destacó la necesidad de desarrollar el mercado de capitales, como  en cualquier ejemplo de país desarrollado. De la Balze, dijo que es indispensable pero que solo se conseguirá a largo plazo, porque para ello hay que restablecer la CREDIBILIDAD.

Agustín Etchebarne preguntó sobre la reinserción internacional de la Argentina, en el sentido de ser parte de la América Latina que está en medio de una ola en la dirección hacia economías más libres y racionales. Donde las izquierdas se han moderado y han rejuvenecido sus ideas. De la Balze retrucó con un análisis internacional un poco más pesimista, en un mundo donde se ha perdido la Hegemonía de EE.UU. y surgen nuevos poderes en ASIA, y próximamente en África a medida que se acercan al capitalismo pero sin adoptar las ideas liberales. Donde hay una enorme población analfabeta pero con acceso a Internet y al Celular (en India ya hay 800 millones de celulares).

Aldo Abram mostró una faceta un poco más optimista de lo que está ocurriendo en China y la India. Destacó también las revoluciones que están ocurriendo en el Norte de África, donde los habitantes están muy comunicados con el mundo y entre ellos mismos. Tienen celulares, Internet, Facebook, al contrario de lo que ocurre en CUBA donde no hay WiFi o celulares y donde un locutorio cobra 3 dólares por media hora de Internet, en un país cuyos salarios son de USD 50 por mes. Son muy diferentes a la revolución islámica de Irán, esta vez son hechas por gente joven lideradas espontáneamente por profesionales, o ejecutivos como el director de Google en Egipto.

Sin embargo, De la Balze recalcó que por ahora el BRIC se abstuvo de apoyar la intervención en LYBIA y el BRIC es quien se está enriqueciendo y comprando armamentos…

Por ello concluyó sugiriendo que nos concentremos en recuperar una Argentina liberal, focalizando en nuestra gente, sumando como aliados a nuestras PYMES y a todos los individuos, los “consumidores”, más allá de lo que ocurra fuera de nuestras fronteras.

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