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Reflexiones sobre la India, útiles para los argentinos

INFOBAE - Hay que ser sumamente cuidadoso con los estereotipos puesto que existe la manía de agrupar a todos los que viven dentro de ciertas fronteras geográficas y tratarlos como si no existieran diferencias. En el caso que nos ocupa el equívoco se agrava aún más debido a que en la India conviven catorce lenguas principales y doscientas secundarias, tres religiones básicas -el budismo, los musulmanes y el hinduismo el cual, a su vez, se subdivide en monoteístas, politeístas y panteístas- al tiempo que las etnias y sus ramificaciones son muchísimas en sus mil cien millones de habitantes.

Como es sabido, la cultura occidental nació con valores y principios éticos en la Grecia antigua a los que se anexó la concepción jurídica romana y el common law inglés con mojones y puntos de referencia sustentados en la libertad a los que, en un contexto evolutivo y de descubrimiento, contribuyeron distintos pensadores liberales de muy diversas latitudes. La aplicación de este andamiaje conceptual dio por resultado un portentoso y notable progreso entre lo que cabe destacar la mejora radical en las condiciones de vida de las masas. Pero henos aquí que con el paso del tiempo no son pocos los que olvidaron o renegaron de su origen y estimaron que el progreso es automático con lo que se alteraron las prioridades y se pasó a concentrar toda la atención en lo material y a dejar de lado los principios rectores del espíritu. De este modo, en gran medida se perdió la brújula y Occidente vendió su alma.

En cambio, en el lugar (subcontinente) que denominamos India desde tiempo inmemorial muchos son los que cultivan el espíritu, otorgan prelación a la paz interior, la búsqueda de significado y el contacto con lo trascendente, pero desafortunadamente, en buena medida, han sido indiferentes a los sistemas sociales que permiten el respeto recíproco y, en última instancia, los que dan cabida a la vida interior no solo por la posibilidad de atender a las necesidades corporales sino al propio espacio para la vida contemplativa y la meditación sin sobresaltos ni angustias cotidianas. El correlato entre la vida espiritual y el progreso material es lo que caracterizó a Occidente, la escisión de ambos aspectos obstaculiza el libre desenvolvimiento de las personas. Lo importante es comprender y tener siempre presente que todo depende de valores y principios.

De todas maneras, la primera característica referida respecto a la preocupación y ocupación por el alimento del alma ha llamado y llama poderosamente la atención a no pocos occidentales, algunos con seriedad y responsabilidad, otros por snobismo turístico de superficie -que solo saben del Taj Mahal, que las vacas son sagradas y que hay quienes se bañan en el Ganges con la idea de purificarse- y también los que llaman a la necesidad del renunciamiento a todo lo material como una cáscara para despotricar contra el modo de vida occidental sobre el que nunca comprendieron sus fundamentos filosóficos y así patrocinan diversos modos de colectivismo y socialismo. Ahora hay algunas manifestaciones que reaccionan contra ese clima cavernario.

En la India, tienen lugar sistemas pesadamente autoritarios y burocráticos (recordemos que un burócrata es “aquel que encuentra un problema a cada solución”) y se basaron en su estrecha conexión con la Unión Soviética desde su independencia como colonia inglesa (hasta el colapso del Muro de la Vergüenza) y a la influencia de la Sociedad Fabiana, especialmente de Harold Laski y de los polacos Oskar Lange y Michael Kalecki con el apoyo logístico de sumas millonarias provistas por organismos internacionales financiados principalmente por los contribuyentes estadounidenses, todo lo cual ha hecho que esa tierra se poblara de mendigos, miseria extrema, analfabetismo inaudito y espantosas pestes.

Desde siempre, y desde luego antes de la irrupción de la East India Company -con sus monopolios y privilegios otorgados por la corona inglesa-, el sistema de castas imposibilitaba el tan necesario ascenso y descenso en la pirámide social. Precisamente, esto es lo que le llamó la atención a Alexis de Tocqueville quien dejó un centenar de páginas con anotaciones críticas para su proyectado tercer libro que, debido a su muerte prematura de tuberculosis, desafortunadamente nunca pudo ejecutar respecto de aquel milenario país.

En la última década se han producido algunas tímidas aperturas que dan espacios en medio de la asfixiante estructura impuesta por el siempre sediento Leviatán instalado en Nueva Delhi que maneja a su antojo los veintiocho estados con la apariencia de un sistema parlamentario bicameral en el que influyeron los ingleses en su larga estadía forzada, lo cual es alimentado por la economía subterránea que, especialmente en el área de los servicios, permite abrigar esperanzas para el futuro y ha permitido algunos marcados logros en el presente. La antedicha apertura se debe principalmente a los trabajos de siete economistas de reconocida trayectoria: Bellikoth Shenoy y su hija Sudha Shenoy, Peter Bauer, Milton Friedman, Mahesh Bhatt, Deepak Lal y Sauvik Chakraverti. Este último autor, en su prefacio a la edición india de la obra de Samuel Smiles (Self-Help) escribe en 2001 desde Nueva Delhi: “Este libro fue escrito en 1840 por un hombre que sostenía que la mayor de las filantropías reside en educar a las personas como hacer ellos mismos esfuerzos para mejorar su condición […], nos damos cuenta que el libre comercio y no los controles estatales son el camino a la prosperidad, especialmente para los pobres […] Este libro constituye una clara demolición de la tesis que el Tercer Mundo no se desarrollará sin educación estatal […], la educación estatal (que es propaganda, dañina a la mente) y una economía cerrada -el consejo de Amartya Sen- es una receta para el desastre”.

Confirma lo dicho más arriba que hay filósofos de fuste que no se han molestado en estudiar aspectos relativos a la convivencia en sociedad, con lo que terminan condenando precisamente los sistemas que establecen el indispensable respeto recíproco y abren las puertas para el progreso material para aquellos que lo quieran disfrutar. De este modo, también la propia riqueza espiritual queda amputada puesto que el desconocimiento de temas vitales se traduce en miseria para los congéneres ya que, de hecho, permiten que los planificadores de vidas ajenas detenten el poder omnímodo. Es el caso de subrayar notables pensadores indios como Radhakrishnan, Tagore y Krishnamurti quienes en buena medida escriben en dirección a la sociedad abierta.

El primero de los autores mencionados apunta con elocuencia en “The Spirit of Man” -que aparece publicado junto a otros trece autores variopintos en la suculenta obra Contemporary Indian Philosophy (The Macmillan Company, 1936)- que “el caos presente en el mundo se encuentra directamente vinculado al desorden en nuestras mentes […] La ciencia moderna tiene gran fe en los hechos verificables y los resultados tangibles. Todo aquello que no puede medirse y calcularse es irreal. Los susurros que vienen de lo más profundo del alma se descartan como fantasías anticientíficas […] Para satisfacer los destinos de las naciones se las convierte en máquinas militares y los seres humanos se utilizan como herramientas. Los líderes no se contentan con gobernar los cuerpos humanos, deben someter sus mentes […] Una anormal tensión moral y mental surge cuando se reemplaza el pensamiento libre por una obediencia servil, progreso moral por quietismo moral, sentido de humanidad por arrogancia […] La negación de lo divino en el hombre resulta en la enfermedad del alma […] Con un gran peso y cansado de su soledad, el hombre está preparado para aceptar cualquier autoridad […] La incertidumbre entre la fe dogmática y el descreimiento se debe a la inexistencia de una tradición filosófica o hábito de la mente”.

Tagore, que tantos valiosos ensayos ha producido, escribe una novela que constituye un canto a las catástrofes del nacionalismo (El alma y el mundo) donde dice: “No pueden amar a los hombres como a hombres, sino que tienen necesidad de lanzar gritos y endiosar a su patria. Querer dar a nuestras pasiones un lugar más alto que la verdad es un signo de servilismo. Nos sentimos perdidos en cuanto nuestros espíritus están verdaderamente libres. Nuestra vitalidad moribunda tiene necesidad de fantasía o de alguna autoridad que la empuje. Mientras seamos refractarios a la verdad y sensibles solamente a estímulos artificiales, somos, sepámoslo bien, incapaces de gobernarnos”.

Krishnamurti, en La libertad primera y última con prefacio del gran Aldous Huxley, sostiene que “el problema que se nos plantea a la mayoría de nosotros es saber si el individuo es un mero instrumento de la sociedad o si es el fin de la sociedad. ¿Vosotros y yo, como individuos, hemos de ser utilizados, dirigidos, educados, controlados, plasmados conforme a cierto molde, por la sociedad, por el gobierno, o es que la sociedad, el Estado, existen para el individuo? ¿Es el individuo el fin de la sociedad, o es tan solo un títere al que hay que enseñar, que explotar, que enviar al matadero como instrumento de guerra? Ese es el problema que se nos plantea a la mayoría de nosotros. Ese es el problema del mundo: el de saber si el individuo es mero instrumento de la sociedad, juguete de influencias que haya de ser moldeado, o bien si la sociedad existe para el individuo”.

Por último, al hacer referencia a la India no pueda soslayarse a Mahatma Gandhi para lo cual nada mejor que recurrir al revelador y muy documentado ensayo de Arthur Koesler publicado en el Sunday Times (octubre 5 de 1969) con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de Gandhi. Koestler apunta que Gandhi hizo retroceder a la India debido a su nacionalismo xenófobo que ilustraba con la insistencia en quemar géneros extranjeros (“considero que es pecado usar tela extranjera”, escribió) y combatir la industrialización (apuntó que “la rueca es aliento de vida”). Koestler concluye que Gandhi “denunció apasionadamente la cultura de Occidente” quien con una arrogancia superlativa dejó consignado que “India, como lo han demostrado tantos escritores, no tiene nada que aprender de nadie” . Asimismo, Arthur Koestler remarca que Gandhi la emprendía contra la educación por lo que no envió a sus propios hijos a estudiar pero él mismo anota: “Todos mis hijos se han quejado de mí en este aspecto. Cada vez que se encuentran con un licenciado o un posgraduado, o incluso con un estudiante, parecen sentir desventaja de no haber tenido una educación escolar” -todo lo cual no impidió que designara como su sucesor político al totalitario Jawaharlal Nehru que era graduado de Cambridge.

A pesar de todas estas contradicciones es menester destacar la enorme contribución de Mahatma Gandhi en cuanto a la resistencia civil pacífica la que ha sido imitada por tantos defensores de derechos pisoteados por los aparatos estatales, con la salvedad que marca Arthur Koestler, es decir, siempre y cuando se enfrente a sistemas con un resto de conciencia puesto que es “un juego noble que solo podía jugarse contra un adversario que aceptaba ciertas reglas de decencia común asentadas en una larga tradición; en la Unión Soviética o en la Alemania nazi equivaldría a un suicidio en masa”.

Guy Sorman en The Genius of India resume bien el espíritu que flota en esas tierras misteriosas donde convive mucha riqueza interior en la que subraya “la espiritualidad india” en la que “el alma apunta a algo más” que lo que se ve en la materia con “un país oprimido por el peso de su burocracia.”

En resumen, respecto al tema central de esta nota, lo que habitualmente se considera un enigma en la India que parece querer descifrarse a cada rato no es más que la sabiduría de quienes buscan en el interior de su espíritu la luz reconfortante de la paz y la plenitud, pero, como hemos subrayado, esto en modo alguno puede significar el rechazo al progreso material y mucho menos la imposición de sistemas que ahogan la creatividad y la vida confortable para quienes deseen sacar partida de ella, siempre que no se pierda de vista la prevalencia de valores y principios de decencia y consideración al prójimo.

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Para crecer, la Argentina debe converger con las economías desarrolladas

LA NACIÓN - Muchos países con bajo o limitado PBI han mostrado en las últimas décadas un patrón de convergencia, es decir, se acercan a los países más desarrollados. Sus economías han crecido mucho más rápido que las de los países con altos ingresos. El caso más evidente es el de China y países vecinos, pero no todos son del sudeste asiático. Puedo mencionar Cambodia, la India, Irlanda, Jordania, Laos, Mozambique y Sudán, que han crecido desde 1990 bastante más de 6% anual en promedio.

Así, los ingresos por habitante tuvieron crecimientos notables, reduciendo la pobreza. Por supuesto, la distribución del ingreso no es similar en cada uno, pero el crecimiento es indudable. Un caso a destacar es Vietnam, que pese a una guerra devastadora y décadas de comunismo, logró un crecimiento notable.

En todos ellos, el secreto fue (casi) el mismo: exportaciones y desregulación de su economía. Por supuesto, la dotación de factores, el acceso a tecnología, las políticas públicas y la recepción de inversiones fue diferente en cada caso, pero -insisto- es fundamental el rol del sector externo. Todos se dedicaron a producir para el mercado externo a la espera de que el crecimiento permitiera un mayor consumo interno (China se focalizó en el mercado interno sólo después de más de 20 años de su apertura).

En la Argentina hemos seguido un camino inverso, cerrando la economía durante décadas e intentando que el consumo interno fuera suficiente para generar empleo. Es extraño decidir vender menos y más barato, pero ha sido y es nuestra política, salvo breves períodos de apertura. Las regulaciones, el control de cambios, las retenciones y la escasa infraestructura atentan contra el aumento de las exportaciones.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón decidieron basar su crecimiento en exportaciones. Una estrategia así, de integración económica con el mundo, tiene dificultades, pero no hay nada que indique que la estrategia opuesta (sustitución de importaciones), sea simple. Eso sí, ya sabemos que los resultados tienen un límite dado por el tamaño de nuestro mercado, mientras que las exportaciones tienen un mercado potencial global.

Por supuesto, seguir el camino de apertura no garantiza estas elevadas tasas de crecimiento. En cambio, sí sabemos que si no se implementa, la espiral negativa en la que estamos inmersos no se detendrá. El impacto de introducir tecnología, capital o mejorar educación es fenomenal en los primeros años. En nuestro caso, ya existe una base exportadora con lo cual puede profundizarse (más de lo que ya exportamos) y ampliarse (en otros sectores). El salto en productividad sería notable ya que hay una base exportadora que nos da un ecosistema preparado. Es decir, estamos en mejores condiciones para crecer con exportaciones que lo que lo estaban los países mencionados al momento de iniciar esa estrategia.

Respecto a crecer en otros sectores adicionales o complementarios de los actuales, debemos tener en cuenta que para todo producto es necesario un conjunto de conocimientos, know-how y tecnología. Ninguna persona o empresa podrá contar con todo lo necesario, pero seguramente puede hacer cosas similares a su actividad actual. El concepto teórico se denomina "distancia para poder producir". Suena raro, pero simplemente indica la diferencia (o distancia) en las capacidades requeridas para producir dos productos. Un ejemplo claro fue el desarrollo de Vaca Muerta, donde muchas empresas metalmecánicas pudieron desarrollar insumos para el nuevo sistema de producción de shale gas. Otro ejemplo son las empresas textiles que rápidamente se adaptaron para producir barbijos.

El elemento fundamental para lograr un crecimiento equilibrado o inclusivo es la productividad. Si en la Argentina lográramos que más personas se incorporaran al mercado de trabajo y que realizaran tareas productivas, no sólo aumentaría la producción, sino el ingreso y concomitantemente la posibilidad de ahorrar. Para aumentar la productividad es necesario reducir miles de fricciones: desde el costo y tiempo de transporte de personas y bienes hasta el acceso a electricidad, saludo o educación. La falta de acceso a todo tipo de redes de servicios reduce drásticamente la posibilidad de aumentar la productividad.

Como la productividad es el resultado del esfuerzo de las personas, la organización de la empresa y las políticas públicas, el esfuerzo debería ser conjunto. En nuestro caso, sería bastante fácil modificar gran cantidad de las políticas públicas que reducen la productividad. La lista es larga, pero cada lector seguramente sabe qué temas burocráticos o regulatorios le cuestan tiempo y dinero innecesariamente.

Tanto a nivel teórico como empírico se demostró que la complementariedad entre países brinda beneficios a todos. El sector agropecuario tiene garantizada la demanda, aunque nunca los precios. Nuestra industria y tecnología puede beneficiarse de adaptar y adoptar tecnologías innovadoras aumentando sus actuales exportaciones.

Concentrarse en mejorar exportaciones tiene un beneficio adicional: indica a empresas y gobierno las prioridades de mejoras en procesos, regulaciones, infraestructura y condiciones de mercado de crédito y macroeconomía en general. Establecer prioridades es vital ya que todo al mismo tiempo no se puede. Todo tiene pros y contras. Afortunadamente tener como objetivo las exportaciones nos facilitaría la toma de decisiones..

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Se equivoca el presidente, Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal

INFOBAE - Alberto Fernández hizo referencias poco atinadas en el foro de Davos, cuando gestiona un país cuyos desequilibrios tienen diversas causas y un único origen: el déficit fiscal y la forma de financiarlo

Durante su exposición de la semana pasada en el foro de Davos, el presidente Alberto Fernández afirmó que «El capitalismo financiero donde se hacen fortunas en minutos por apostar a un bono o acción hace ricos a muchos pero posterga a millones de seres humanos en el mundo». En realidad habría que ver de dónde saca esa relación entre apuesta financiera como el motor del capitalismo, en todo caso ese tipo de “timaba” financiera son estimuladas por los gobiernos con el endeudamiento público. En el caso argentino, hay que repetir una vez más el fenomenal incremento del endeudamiento del BCRA para restringir la liquidez del mercado y frenar el tipo de cambio, generando inmensas utilidades para el sistema financiero el tipo caso que cita el presidente y hace el BCRA bajo su gobierno.

El presidente también citó el libro «Capitalismo Infeliz», de Luigino Bruni, afirmando: «tenemos que superar la infelicidad opulenta que descarta a los más débiles e idolatra la ganancia desenfrenada y deshumanizada de un modelo amoral”.

Más allá de la vaguedad que es hablar de ganancia desenfrenada. ¿A partir de qué monto es desenfrenada? ¿Cómo se determina una ganancia desenfrenada?, en rigor no es el capitalismo el que descarta a los más débiles, sino que los incorpora con la creación de puestos de trabajo. El que los fabrica y usa a los pobres es el populismo, que no ha hecho otra cosa que sumergir a la Argentina en una larga decadencia llevando la pobreza, la indigencia y la desocupación a niveles insospechados.

Cuando Argentina se acercó al modelo capitalista, su economía atraía inversiones e inmigrantes que venían a estas tierras a buscar una oportunidad para salir de la pobreza de sus países de origen. El sistema económico argentino no ofrecía planes sociales, sino oportunidades para progresar mediante la cultura del trabajo basadas en el capitalismo liberal.

Gráfico 1

A principios del siglo XX y hasta la década del 30, el PBI de Argentina llegó a representar el 27,5% del PBI de toda América Latina. Cuando Argentina se aparta del capitalismo y del mundo y comienzan las intervenciones del estado en la década del 30 y se aceleran en la década del 40, el país entró en una larga decadencia y actualmente el PBI de Argentina representa solo el 10% del PBI de LATAM. Y no es que los otros países hicieron las cosas mucho mejor que Argentina, sino que Argentina fue el peor y sigue siendo uno de los peores alumnos de la clase junto con la Venezuela chavista.

Cuando se compara la evolución del PBI per capita de Argentina con los de Canadá y Australia, países de inmigrantes y dotados de recursos naturales similares, se observa cómo a principios del Siglo XX el PBI per Capita de Argentina era muy parecido al de ambos países.

Gráfico 2

Tomando los datos de Angus Maddinson, en 1905 el PBI de Argentina era equivalente al 98% del PBI/habitante de Canadá y al 81% de la misma relación con Australia. Es decir, los PBI per capita de Argentina, Canadá y Australia eran similares. En 2018, el PBI per capita de Argentina era el 41% del de Canadá y el 37% del de Australia.

En 1900 el PBI per capita de Argentina superaba en un 70% al PBI/hab de España. En 2018 el PBI/hab de España era un 70% mayor al de Argentina. Si la comparación se hace con Italia, en 1900 Argentina tenía un PBI/hab que era un 40% superior al de Italia y en 2018 el PBI/hab de Italia fue un 85% superior al de Argentina, siempre siguiendo los datos de Angus Maddison. Por eso, cuando Argentina era capitalista, nuestros abuelos venían de Italia y España a la Argentina a trabajar, porque las condiciones del capitalismo liberal daban oportunidades de progreso. Hoy nuestros hijos se van a España, Italia, Australia, Nueva Zelanda y otros países en busca de un futuro que el populismo no ofrece. Solo ofrece someterse al puntero político para cobrar un plan social o tener un empleo público.

En 1911 el PBI/hab de Argentina era 4,4 veces superior al de Corea del Sur. En 2018, Corea duplicaba nuestro ingreso per capita. En 1901 la misma relación con Taiwán, el país al que se miraba con soberbia hablando de los paragüitas de Taiwan, Argentina la superaba en ingreso per capita en 4,3 veces. En 2018, Taiwan con sus paragüitas, tuvo un ingreso per capita 141% más alto que el de Argentina.

Se puede seguir con las comparaciones con Irlanda, Hong Kong, Irlanda o el mismo Japón y los resultados son igual de catastróficos para Argentina.

Cuando Argentina abandonó las ideas liberales que inspiraban la Constitución de 1853/60 y se sumergió en el populismo redistribucionista, castigando la cultura del trabajo y premiando la cultura de la dádiva, entró en una decadencia imparable.

Siempre van a saltar los que rechazarán el modelo de crecimiento de fines del siglo XIX y principios del XX argumentando que la riqueza se concentraba en pocas manos. En primer lugar no tienen datos del coeficiente de Gini de ese período, así que afirman sin demostrar, pero, ¿acaso hoy, con el populismo, la riqueza no concentra en unas pocas manos, en general de la casta política y sus socios de empresarios prebendarios y el resto vive en una pobreza que no se conocía en Argentina? ¿Alguien puede afirmar seriamente que este populismo que hace una cultura de la pobreza, mejoró la distribución del ingreso en Argentina?

Por otro lado, lo relevante no es que si el que menos gana tiene un ingreso 1.000 y el que más gana de 10.000, con una diferencia de 10 veces. Bajo un sistema capitalista el que menos gana pasa a ganar 11.000 y el que más gana 160.000, con lo cual aumenta la brecha entre el más rico y el más pobre a 14,5 veces, pero el que menos gana, gana más que el que más ganaba bajo el populismo. En otras palabras, el problema no está en el coeficiente de Gini, que es un pésimo indicador de distribución del ingreso. La clave está en que los que menos ganan, ganen cada vez más. No importa que el que más gana, gane mucho, como dicen los populistas. Eso es comparación de resentidos. De envidiosos. Lo que importa es que los pobres dejen de ser pobres y tengan movilidad social ascendente. Y eso no se consigue redistribuyendo ingresos. Se consigue generando más inversiones que creen puestos de trabajo y mejoren la productividad de la economía.

Es mentira que los que dicen preocuparse por los pobres realmente estén preocupados. En todo caso están preocupados por aumentar la cantidad de pobres para tener más electorado cautivo. Es el sistema capitalista liberal el que en realidad se ocupa de los pobres, pero no repartiendo lo que ganan otros, sino creando las oportunidades para que haya inversiones, la gente pueda desarrollar la capacidad de innovación y cada uno mejore gracias a su trabajo.

Además, el populismo denigra a las personas porque las hace depender del puntero político para que su familia pueda comer. El capitalismo liberal dignifica a las personas porque alimentan a su familia con el fruto de su trabajo.

En síntesis, no es el capitalismo al que hay que revisar. Ya ha demostrado ser el sistema más eficiente para mejorar el nivel de vida de la gente. Es el populismo que pretende vender que los políticos tienen el monopolio de la solidaridad y lo único que buscan es maximizar su beneficio político fabricando pobres e ignorantes para someterlos a sus caprichos.

Argentina progresó cuando se acercó al capitalismo liberal y entró en un subdesarrollo sustentable cuando adoptó el populismo redistributivo. Lo que hay que hacer para volver a crecer es tan sencillo como volver a la cultura del trabajo y abandonar la cultura de la dádiva que empobrece y denigra a la población.

ESTA NOTA FUE ORIGINALMENTE PUBLICADA EN http://www.infobae.com

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No son los alimentos que suben, son los salarios que se caen por la emisión monetaria

INFOBAE - El enfoque de la inflación tiene dos miradas, según el lugar del que se lo analice

Durante la campaña electoral el presidente Alberto Fernández decía que la gente iba a llenar una plaza pero luego volvía a su casa y veía la heladera vacía. Luego creó la Mesa Contra el Hambre, convocando a figuras de diferentes sectores. Ya en 2019 se sancionó una ley de emergencia alimentaria, con legisladores llorando por la gente que pasaba hambre pero costando fortunas sus cargos en el Congreso.

También el presidente habló de bajar la tasa de interés de las LELIQs y con lo que se iba a ahorrar en el pago de intereses de LELIQs y Pases le iba a pagar los remedios a los jubilados y que entre los jubilados y los bancos, se quedaba con los jubilados.

Lo cierto es que Cambiemos dejó un stock de deuda entre LELIQs y Pases de $ 1 billón y en diciembre 2020 ese stock llegaba a los $ 2,7 billones. Desde el gobierno hablan mucho de la timba financiera y del endeudamiento de Cambiemos, lo cual fue cierto, pero ellos terminaron aumentando un 170% la deuda del BCRA con los bancos. Digamos que multiplicaron por 3 la “timaba” financiera al tiempo que les licuaron los ingresos a los jubilados con el cambio de fórmula de ajuste.

Pero ahora están preocupados por el aumento de los alimentos, en particular con el tema de la carne vacuna. Pero la realidad es que los alimentos no están caros, son los salarios reales que fueron pulverizados por la política monetaria expansiva del gobierno debido al enorme déficit fiscal.

De todas maneras, no fue Alimentos y Bebidas el rubro que más aumentó en 2020.

Gráfico 1

De acuerdo a los datos del INDEC, los rubros que más aumentaron durante 2020 fueron, en primero lugar Prendas de Vestir y Calzado, luego, Recreación y Cultura y recién en tercer lugar aparece alimentos y bebidas con un incremento del 42%.

De todas maneras, el gobierno parece estar apuntando los cañones hacia la carne vacuna. El argumento que siempre usan es que hay que desacoplar los precios internos de los precios internacionales, para eso se está buscando la forma de llegar a un acuerdo con los productores de carne vacuna e incluso el presidente llegó a afirmar que no entendía por qué un bife de chorizo costaba más en Argentina que en Alemania.

Buscar responsables en el exterior siempre es más fácil que reconocer las culpas propias. En primer lugar, del total de carne vacuna que se faena, se exporta aproximadamente el 27%. En 2020 se faenaron 3.233.492 de toneladas de res con hueso. Por otro lado, no todos los frigoríficos están habilitados para exportar, con lo cual cuando faenan, los cortes que se exportan quedan todos para el consumo de mercado interno. En otras palabras, no necesariamente restringiendo las exportaciones o separando el mercado interno de carne vacuna del mercado internacional los precios de la carne van a bajar.

Gráfico 2

El problema que tiene el gobierno es que está depreciando la moneda a paso acelerado. Si se considera que el déficit financiero en 2020 fue de $ 2,3 billones, incluyendo el invento contable de las rentas de la propiedad, tenemos que el 91% del déficit fiscal se financió con emisión monetaria que fue lo que le transfirió el BCRA al tesoro vía utilidades y adelantos transitorios, como puede verse en el gráfico 2.

El tema es si en este 2021 el gobierno podrá dominar el desborde fiscal que tuvo en 2020. Si se quitan las rentas de la propiedad, el déficit fiscal representa el 9,5% del PBI. Los llamados gastos sociales representaron el 64,3% del incremento de los gastos corrientes, es decir $ 1,7 billones de los cuales IFE y ATP representaron $ 460.000 millones. Suponiendo que este 2021 no se otorgan esos subsidios, el déficit fiscal bajaría 1,8% del PBI. Aunque la economía se reactive solo por una cuestión estadística, la recaudación no mejoraría tanto como para reducir notablemente el déficit fiscal. Y todavía hay que sumar gasto cuasifiscal, cerca de 3% del PBI, el déficit de las provincias y los municipios.

De lo anterior se desprende que si quieren bajar el déficit fiscal deberían reducir las transferencias a las provincias que no corresponden por coparticipación federal que representaron el 8% del aumento del gasto corriente y los subsidios económicos que explicaron el 14% también del aumento del gasto corriente. O sea, tendrían que meterse con las provincias y subir las tarifas de los servicios públicos en un año electoral para amortiguar algo el déficit fiscal y no emitir tanta moneda como este año.

En definitiva, no es que están subiendo los alimentos, sino que se está depreciando rápidamente el peso  como consecuencia de la emisión monetaria que licúa los salarios, producto de un enorme déficit fiscal que es consecuencia del populismo que aumentó el gasto público.

Obviamente que el gobierno culpará a la pandemia por el déficit fiscal, pero la realidad es que lo números fríos muestran que los IFE y los ATP no explican semejante desborde fiscal y monetario.

El gobierno tiene que entender que lo que hicieron en el período k anterior no es repetible. Es más, heredaron su propio problema que fue aumentar el gasto público consolidado en un 50% y ahora lo tienen que afrontar sin financiamiento externo, sin moneda y sin crédito interno.

El kirchnerismo se encuentra frente al monstruo de gasto público que él mismo creó en la época del viento de cola, con el problema que ahora no hay ni una brisa que los ayude a dominar semejante gasto. Y decirle a la gente que no hay más plata para repartir no está en el ADN del kirchnerismo, y menos en un año electoral.

Enorme desafío para un gobierno que no genera confianza para poder crecer y no sabe hacer otra cosa que gastar lo que no tiene.

Conclusión, ya no es que la heladera estará vacía. Directamente no habrá heladera si no hay un giro de 180 grados en la política económica y en el discurso político también, si es que la gente les cree el cambio de discurso.

ESTA NOTA FUE ORIGINALMENTE PUBLICADA EN http://www.infobae.com

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Más luz

CATO - Carlos Rodríguez Braun comenta el intercambio entre el PSOE y Podemos con Mariano Rajoy sobre el precio de la luz en España.

Sean auténticas o no las últimas palabras de Goethe pidiendo más luz –Licht! Mehr Licht!– lo cierto es que durante ese mes de enero hemos necesitado más luz sobre la luz, el clima y los impuestos.

Las autoridades fueron objeto de burlas porque el PSOE y Podemos atacaron a Mariano Rajoy, y aseguraron que si ellos gobernaban el precio de la luz bajaría. A este obvio incumplimiento se unieron algunas declaraciones poco afortunadas, como cuando la ministra de Hacienda sugirió que el Gobierno no puede bajar el IVA de la electricidad porque lo impide Europa, lo que no es cierto.

Pero el fondo del asunto es otro, y es la falta de luz sobre la luz. Curiosamente, en un mundo donde los Gobiernos presumen de transparencia, hay una notable opacidad sobre dos hechos incuestionables: uno es que son las propias autoridades las que establecen el llamado “mix” energético, que es crucial para la factura final de la electricidad; y el otro es que más de la mitad del precio que pagan los usuarios no tiene que ver con el coste de la energía sino que son impuestos y regulaciones. Dada esta realidad, los debates planteados este mes sobre la supuesta maldad de las empresas eléctricas o del sistema de subasta solo sirven para desviar la atención.

La segunda oscuridad es el clima. Aunque sabemos que una cosa es la borrasca Filomena y otra cosa el clima a largo plazo, resultó desconcertante que después de tanto tiempo en el que nos insistieron en que no nevaba tanto como antes por culpa del cambio climático, cuando se producen nevadas y enfriamientos históricos en el planeta nos digan que es un fenómeno meteorológico temporal.

Por fin, la tercera oscuridad son los nuevos impuestos, por ejemplo, sobre las tecnológicas o las transacciones financieras. Nadie nos aclara en qué medida los ciudadanos corrientes los terminarán pagando en última instancia.

Puede que se extienda la luz sobre estos asuntos. Pero también es posible que la frase de Goethe aludiera a que solo alcanzamos la luz que anhelamos en este mundo tan oscuro cuando lo abandonamos.

Este artículo fue originalmente publicado en sotogrande (España) el 22 de enero de 2021.

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