Agustín Etchebarne y Adrián Ravier en Las Verdades del Planeta. Etchebarne explica los comienzos del liberalismo y donde se encuentra en el espectro político. ¿Derecha o izquierda? "Los verdaderos progresistas somos los liberales".
Autor del libro Cinco Leyes para el Renacimiento de la Educación Argentina, Edgardo Zablotsky analiza el impacto de la pandemia, el rol del Estado y el sector privado, y cómo la inteligencia artificial ya está transformando la enseñanza.
En este episodio de Shot Financiero, Guillermo "Willy" Laborda conversa con Edgardo Zablotsky, Ph. D. en Economía en Chicago, Rector de la UCEMA y miembro de la Academia Nacional de Educación. Una entrevista sobre educación, pobreza y futuro, con la mirada de uno de los referentes más influyentes del país.
Autor del libro Cinco Leyes para el Renacimiento de la Educación Argentina, Zablotsky analiza el impacto de la pandemia, el rol del Estado y el sector privado, y cómo la inteligencia artificial ya está transformando la enseñanza.
Frases destacadas del episodio
"No hay otra forma de luchar contra la pobreza que no sea con educación"
"La educación debe ser financiada por el Estado, pero no gestionada por él"
"Soy un intenso usuario de la inteligencia artificial: mi profesor adjunto es ChatGPT"
"Argentina tiene muchos estudiantes, pero muy pocos graduados."
"Hay que tener una obsesión por la educación igual a la que tenemos por la inflación"
CLARÍN El Otoño del Patriarca es una novela de Gabriel García Márquez publicada allá por 1975, en la que el autor daba cuenta de ese proceso de decadencia política, institucional y moral que suponía la persistencia y resistencia en el poder de una persona -el dictador- cuyo poder era absoluto y los niveles de corrupción cruzaban límites impensados. Entrelazados, llevaban a una decadencia inexorable.
Avizorando tiempos mejores, la democracia llegó a una región que la añoraba. La democracia latinoamericana, hija de la tercera ola de democratización, atravesó diversas etapas y los estudios de la ciencia política fueron acompañando esa evolución: un enfoque en las transiciones condujo al estudio de la consolidación democrática, que luego dio paso a una preocupación por las democracias con adjetivos, con defectos o delegativas, que posteriormente dio lugar al estudio de la autocratización y, ahora, a una exploración incipiente de la resiliencia democrática.
¿Pueden nuestras democracias sobrevivir a los intentos de autocratización? ¿Podemos sobrellevar la fragmentación y la polarización sin caer en el autoritarismo? ¿Qué hemos aprendido?
En los últimos años, gran parte de los estudios de la ciencia política se han centrado y preocupado por el retroceso democrático. Los datos mostraban (aún muestran), un proceso de autocratización creciente. Sin embargo, incluso en este contexto, un cambio de enfoque sobre la democracia global está surgiendo tímidamente. Conceptos como autocratización, regresión, retroceso y recesión democrática dominan los debates sobre las tendencias políticas globales. Pero ¿existen reservas democráticas en las sociedades?
Las instituciones democráticas son susceptibles de ser capturadas y utilizadas para cambiar el campo de juego a favor de un gobernante electo pero autocratizador, esta es una historia que conocemos y que hemos vivido en estas décadas en América Latina.
Lo cierto es que los intentos autocratizadores no son hijos de las ahora llamadas derechas radicales, sino que comenzaron con las izquierdas (bolivarianas en este lado del mundo) que, llegados al poder, minaron y terminaron con la institucionalidad democrática. La izquierda rancia invitó a una derecha polarizada a jugar el juego.
Si bien la autocratización sigue siendo una preocupación, ha comenzado a surgir un enfoque paralelo sobre la resiliencia democrática. Esto se debe, en parte, a que muchas democracias han atravesado crisis sin caer en la autocracia, mientras que un pequeño número de estados que se autocratizaban han podido revertir el rumbo. Algunos casos de resiliencia tienen lugar en democracias consolidadas que resisten la autocratización, mientras que otros implican una reversión de dinámicas autocráticas arraigadas.
Tras dos décadas de declive democrático y avances autoritarios, la comunidad democrática mundial comienza a centrar su atención en las oportunidades de renovación democrática. Este interés refleja una importante contracorriente en la actual tendencia a la autocratización: un importante número de países donde los gobernantes autocratizadores han sido derrotados y la redemocratización parece posible.
En los últimos años, gobiernos considerados ampliamente responsables de la erosión democrática han perdido poder, en nuestra región, tenemos el caso de Bolivia, con las elecciones llevadas a cabo el domingo 17 de agosto. Existen ventanas, como esta elección lo demuestra, momentos específicos de oportunidad política para las fuerzas democráticas.
Pensaba Huntington que la tercera ola no tenía causas, sino causantes, ciudadanos que empujaban por esos procesos de democratización. ¿Estamos asistiendo a un fenómeno similar? ¿Son entonces los ciudadanos y no los partidos ni las élites quienes se han puesto al hombro la desautocratización? Decía la letra del tango “Siglo veinte, cambalache, problemático y febril. El que no llora no mama y el que no afana es un gil. Dale nomás, dale que va”.
Pareciera que, a la vanguardia de lo que fueron los gobiernos de la tercera ola, el tango predijo nuestra historia. Si volvemos la vista atrás, los líderes políticos, las élites políticas, tienen una enorme deuda con sus ciudadanías, izquierdas y derechas han estafado a sus electorados una y otra vez; la apatía y la eterna crisis de representación, son síntomas de algo más profundo.
¿Dónde encontrar entonces esa reserva de valor democrática? La supervivencia de la democracia, la resiliencia de la democracia, depende de ciudadanos convencidos de que, a pesar de los malos resultados, la democracia es mejor que el autoritarismo.
Hoy la crisis no es de los representados, sino de los representantes. Y aunque los partidos y sus líderes no se esfuercen, la democracia nos obliga a una preferencia normativa, donde siempre es mejor vivir en libertad.
Siegfried Herzog, Director para América Latina de FN Freiheit, Martín Kruase, Consejero Académico de Libertad y Prgores, y el Dr. Hans-Dieter Holtzmann, Director para Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, participan de la presentación ICI de RELIAL.
INFOBAE En diciembre de 2015, publiqué un artículo en el que en el que planteaba que el sistema de educación dual alemán podía ser una herramienta poderosa para que beneficiarios de planes sociales adquiriesen el capital humano necesario para reinsertarse en la sociedad productiva.
Hoy, 10 años más tarde, la realidad si en algo difiere, es en la mayor cantidad de argentinos que subsisten gracias al asistencialismo del Estado; una realidad difícil de sostener en términos fiscales y cuestionable desde el punto de vista ético. Por ello esta nota revisita y profundiza la propuesta.
Es claro que muchos beneficiarios de planes sociales no cuentan con capital humano; en ese contexto, el sistema dual alemán —que combina clases en instituciones educativas con entrenamiento remunerado en empresas— ofrece lecciones valiosas. Los participantes alternan de manera planificada períodos de formación teórica en un centro educativo con períodos de práctica en un entorno laboral, bajo la supervisión de instructores de la empresa. La enseñanza en el aula se concentra en los fundamentos técnicos, normativos y conceptuales del oficio, mientras que el entrenamiento en la empresa permite aplicar esos conocimientos a situaciones concretas, resolver problemas reales y desarrollar competencias interpersonales y organizacionales. De este modo, la teoría y la práctica avanzan de forma paralela, retroalimentándose para acelerar el aprendizaje y aumentar la empleabilidad.
En Alemania, cerca del 90% de los jóvenes que egresan del sistema dual consigue empleo en el año posterior a su finalización, y más del 60% es contratado por la misma empresa donde realizó la práctica. Aunque estos datos corresponden principalmente a jóvenes, muestran la capacidad del modelo para vincular capacitación y empleo, lo que en Argentina podría implementarse para beneficiar a adultos que hoy dependen de un plan social.
¿Por qué no pensar en una adaptación del sistema dual adecuada a nuestra realidad para incentivar a beneficiarios de planes sociales, ya no tan sólo a incorporarse a la sociedad productiva, como se podría lograr mediante incentivos fiscales y previsionales para las empresas contratantes, sino para que también adquieran el capital humano que les permita acceder a otra calidad de vida?
¿Por qué no pensar en un esquema donde puedan formarse en oficios y competencias demandadas por el mercado, mientras realizan prácticas remuneradas en empresas? De esta forma, la inserción laboral efectiva estaría favorecida por la experiencia adquirida; la asistencia se transformaría en inversión formativa; las certificaciones obtenidas tendrían valor real para el mercado; y la necesaria coordinación entre Estado, empresas y centros de formación garantizaría que la capacitación responda a las demandas concretas de la economía.
Por supuesto, un programa de estas características requeriría adaptar la duración, los contenidos y los incentivos a nuestra realidad, pero no así su espíritu: integrar la capacitación con la práctica y garantizar que cada hora de formación sea un paso real hacia la autonomía económica.
De este modo, la ayuda dejaría de ser un mero subsidio para convertirse en una herramienta concreta de formación y trabajo. Sería la llave para que miles de familias rompan definitivamente el círculo vicioso del asistencialismo y puedan construir, con esfuerzo propio, un futuro de dignidad y oportunidades para ellos y para sus hijos.