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Luego del gran viraje, las reformas que vienen, por Aldo Abram

AGROSITIO Fue un gran avance que los argentinos empezáramos a entender que era falso que los gobiernos podían gastar permanentemente de más y no pasaba nada; mientras que si nosotros hacíamos lo mismo con nuestra familia o negocio quebrábamos. El Estado, también lo hace; pero el costo lo pagan los ciudadanos que tuvieron que sufrir las incontables crisis que causaron esas quiebras.

Ya sea porque se financiaban con deuda hasta llevarnos a nueve cesaciones de pago o, cuando nadie les quería prestar, saqueaban el Banco Central (BCRA), gestando alta inflación, debacles monetarias y cambiarias e, incluso, tres hiperinflaciones. La actual gestión ha conseguido ir recuperando la solvencia del Estado y la del BCRA; lo que permitirá que puedan cumplir con sus roles constitucionales. Por ejemplo, aspirar a tener un dígito de inflación anual en 2026.

Por otro lado, utilizando las escasas facultades delegadas por el Congreso y que le da la Constitución al Gobierno, se ha hecho un gran esfuerzo desregulador, para quitarle las ataduras absurdas que impedían o acotaban las posibilidades de progreso de los argentinos.

También, se avanzó en la reforma del Estado, para que pase a dedicarse a aquello que manda la Carta Magna y no a generarle beneficios indebidos a corporaciones políticas, gremiales, profesionales e intelectuales. Cierto, queda mucho por hacer.

Por ejemplo, una profundización de la legislación laboral, que está anquilosada y que desincentiva la creación de empleo en relación de dependencia. Un padre sabe que proteger a un hijo está bien; pero sobreprotegerlo está mal. En los países que prosperan entendieron que hay que proteger los derechos de los trabajadores; pero que, si se sobreprotege a quienes tienen un empleo, se excluye de tener uno al resto de los que quieren trabajar. Desde hace muchas décadas, esa es la historia argentina.

Por ejemplo, no tiene sentido que haya un convenio colectivo que rija obligatoriamente para todo el país; ya que las empresas de un sector no son todas iguales. Incluso, su situación puede variar mucho según donde estén ubicadas. Por ello, más allá que exista un convenio nacional, hay que permitir que las condiciones laborales se puedan negociar a distintos niveles, si así lo prefieren las partes, y que prime el que esté a un nivel más cercano al de los trabajadores que lo negociaron. Ellos y sus empleadores son los que más saben que es lo mejor para ambos.

Otra reforma que hay que realizar es la del régimen impositivo y la Coparticipación Federal. Lamentablemente, hay unos 45 impuestos nacionales que complican la vida de los contribuyentes y que hay que llevar, en un tiempo razonable, a no más de 10. Por otro lado, el régimen de Coparticipación les quita a los gobernadores el costo político de determinar y recaudar los impuestos que comprende, pero les deja el beneficio del gasto.

Esto incentiva que, sobre todo en las provincias chicas, se mal administren esos recursos. Así, lejos de ser una redistribución tributaria que les permita mejorar, ha terminado empobreciéndolas aún más. Nuestra propuesta es ir a un sistema donde las provincias recauden lo que gastan y haya un fondo que subsidie a las provincias pobres a las que se quiere ayudar a desarrollarse. Así, el costo político de recaudar más lo pagará quien quiera gastar más y se acercará la capacidad de reclamo mucho más a los residentes de cada provincia.

En el Congreso no dejan de “emparchar” el régimen previsional que, junto a los anteriores gobiernos, se encargaron de quebrar. Lo malo es que todo lo que se sigue sancionando sólo garantiza que los actuales y futuros jubilados cobrarán cada vez menos respecto de lo que les correspondería por sus aportes. Esa es la realidad hoy, hay que asumirla y ver cómo se maneja esta quiebra para que esos haberes sean los mejores posibles en el tiempo.

Hay proyectos presentados; pero la mayoría de los legisladores no quiere pagar el costo político de reformar el régimen de reparto. Prefieren continuar con la demagogia que sólo garantiza “pan para hoy, hambre para mañana” a los que aportaron.

La lista de reformas necesarias no se acaba acá e incluye temas que habrá que sumar a la discusión. Como la Salud, donde hemos desarrollado una propuesta muy buena. O la vital atención de la primera infancia y el necesario profundo cambio en la Educación, para abandonar el régimen actual que hipoteca el futuro de nuestros hijos. También, hay que continuar con las reforma y modernización de la Justicia, en Seguridad, en Defensa y mucho más.

Llevará tiempo; pero permitirá que los argentinos podamos tener cada vez más libertad y oportunidades de progreso para todos.

Economía Argentina, politica económica

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El año próximo habrá un índice anual de un dígito", según un economista

Aldo Abram en el programa Sin Verso, quien explicó que "no es que todos los meses se comportan de la misma forma. Por ejemplo, el mes de julio tiene una particularidadque son las vacaciones de invierno". 

"Y en las vacaciones de invierno, lo que suele subir mucho, y eso se ha notado tanto en el índice de la Ciudad de Buenos Aires como en éste, son todas aquellas cosas que tienen que ver con la recreación, el turismo, los restaurantes, y eso eso lo que sucedió", agregó.

Después aseguró que "eso después se corrige en agosto porque se acaban las vacaciones, y los restaurantes y todo lo que es recreación, tienden por ahí a ajustar incluso a la baja en los precios".

 

 

También indicó que "lo otro que aumentó es el transporte y las comunicacionesdos precios que son regulados por el Estado uno, y durante mucho tiempo por el Gobierno, el otro, que ahora están reajustándose. Nos están quitando los subsidios, sobre todo acá en la Capital Federal, donde se notó el mayor impacto, por eso tuvimos 2,5% de inflación. Es en todo aquello que estamos viendo disminuir los subsidios que nos daban, lo cual está bien, porque esos subsidios los pagaban los contribuyentes del interior, y no tenía ningún sentido que yo estuviera siendo subsidiado por el 60 o 70% de lo que pago del colectivo por alguien del interior, que incluso tiene menos ingresos que yo". 

¿Por qué vamos hacia una inflación de un dígito anual?

"Así que hay un proceso de desaceleración de la inflación todavía en julio. Creo que de todas formas, a pesar de estas dudas que surgieron por la suba del tipo de cambio, que mostró cierta depreciación de nuestra moneda en julio, el proceso de desaceleración se va a dar igual, porque va a afectar la inflación hacia adelante", opinó Abram.

Y consideró que "lo importante es que siga esta tendencia al descenso hacia adelante, porque la expectativa de todos es alguna vez ser un país normal, tener un dígito de inflación normal".

En cuanto a algunas apreciaciones de economistas que auguran una aceleración de la inflación por algún aumento del dólar, Abram expresó que "por el momento no notamos que haya una tendencia a la aceleración, aunque podría haberla en las próximas semanas, pero sería una aceleración mínima, y podríamos llegar a tener dos y un poquito más en el mes de agosto, pero no tres". 

En ese sentido reconoció que hay un problema con alguno de sus colegas, "porque siguen analizando la economía como si todo siguiera igual que antes, y no es así. Es cierto que una depreciación de nuestra moneda, que es en gran parte lo que vos has visto en lo que subió el dólar en julio, se va a pasar a los precios de alguna forma, pero será después de un tiempo largo".

Confianza de la gente en la moneda argentina

Abram analizó después que "cuando hay pilares sólidos en una economía, no hay tanta incertidumbre como teníamos cuando todo estaba volando por los aires. Hoy tenemos pilares sólidos porque el Estado no gasta más de lo que le ingresay se comporta como el de un país normal. También tenemos un Banco Central que hoy es solvente, que tiene capacidad de controlar la cantidad de pesos y además para darnos los pesos que necesitamos y no mucho más. No es como pasaba antes porque tenía que financiar al Gobierno y entonces nuestros pesos se depreciaban y no eran tan confiables". 

"Hoy la gente tiene más confianza en los pesos, y de hecho, desde más o menos el segundo trimestre del 2024 la demanda de pesos viene creciendo muchísimo. Antes no los queríamos, ahora los queremos", expresó el economista.

Y opinó que "eso marca un montón de diferencias que hace que este traspaso que hubo de una depreciación de pesos en julio va a ser mucho más lento, más de un país normal. En los países normales estas depreciaciones de su moneda pegan entre 9 y 24 meses después, y acá probablemente peguen más bien en 9 meses, pero van a ser décimas que se van a agregar en la inflación de los próximos meses".

"Somos un país anormal"

Después, dijo que "la mayoría de los países del mundo tienen un dígito de inflación anual, esos son los países normales, y en realidad, no es un milagro tener un dígito de inflación anual. Pero en los países como el nuestro, ¿qué es lo que pasa? Que somos anormalesteníamos gobiernos que hacían que emitieran todo lo que ellos quisieran gastar, que era muchísimo más de lo que nosotros queríamos demandar".

"En conclusión, la moneda se desplomaba en su valor y todo subía rápidamente con respecto a esa moneda. Bueno, ahora tenemos un Banco Central que por suerte ha recuperado la solvencia. Aunque este Gobierno lo recibió quebrado, ahora tiene reservas propias, que antes no las tenía y usaba como 11 mil millones de dólares de divisas ajenas", explicó.

"Creo que si realmente continúan en este camino, el año que viene vamos a tener un dígito de inflación anual", aseguró finalmente Abram en referencia a los aumentos de precios. 

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